MI PROFESORA: El tamaño sí que importa y mucho
Morgana no era solo su profesora; era la mujer que había despertado su deseo más prohibido. Ahora, con la promesa de volver a tocarla, Pietro acepta un juego peligroso: dominar a la hija de su amante, quien creía que nadie podría doblegarla.
Me presento y me describo, esto no sucedió hace mucho tiempo y prácticamente mi físico es el mismo. Usaré un nombre que empiece por la misma letra que el nombre real o lo mismo es el verdadero, Pietro es el nombre, castaño oscuro mi color de pelo, ojos azules, 1.88 de altura, 123 cm de busto, 44 cm de bíceps, peso 80 kg. Deportista, mis deportes favoritos AMM o MMA, fútbol, esquí, boxeo y entrenamientos de alta intensidad, mi físico en general es definido y musculado. Soy simpático y seductor según dicen. Mis circunstancias son que, debido al trabajo de mi padre, he hecho demasiados kilómetros y he vivido en infinidad de sitios. A parte de por salud es por verme bien yo mismo y si yo me veo bien, el resto también.
Tanto viajar, tanto cambiar de residencia, tanto para mi hermana como para mí era un trastorno, sobre todo de pequeños. Hacer nuevas amistades, nuevos colegios... causaba trastornos en los estudios, sobre todo. Todo tiene un final y mi padre POR FIN se quedaba de forma definitiva en una ciudad española, no era la nuestra de origen, pero la verdad que daba igual, porque donde nací solo estuve siete meses. Si la conozco más que otras es por ir de visita familiar. Mientras nosotros acabamos el curso, mi madre se adelantó, para el tema de vivienda y el escolar. Esperaba ir a un instituto, mi hermana a la universidad. Mi madre me apuntó a un colegio concertado religioso, menos mal que era mi último año antes de ir a la universidad, que tampoco lo tenía muy claro.
La vivienda nos gustó a todos, mi madre acertó de pleno, una urbanización con piscina, pistas de pádel, un gym completo... un sitio bastante céntrico dentro de lo que cabe y playa. Todo lo que mi hermana y yo deseábamos. El problema del colegio, que entre con mal pie. Me veía un poco como un bicho raro, comentarios, miradas estúpidas, también dentro de lo normal. Primer incidente, estamos en clase y entra nuestra profesora de tecnología e ingeniería, que además será nuestra tutora. La describo... Morgana (entre 44 y 48 años, 1,73 m — 55 kg — busto 100 — ojos grises — color de pelo y tamaño, pelirroja intensa y pelo largo, alborotado y con muchas ondulaciones — piel clara — culo generoso y de forma perfecta — labios generosos — pecosa — la estructura de su cuerpo con formas atractivas). Me quedé petrificado, no la conocía de nada y cuando la escucho que se dirige a mí me hubiera gustado que la tierra me tragara —quiero que le demos la bienvenida a Pietro, que este último año estará con nosotros y Pietro no te preocupes, que ya he hablado con tu madre y te ayudare en lo que te haga falta, cualquier cosa ya sabes—
Por detrás escuchaba —Pietrito no llores que mamá te cuidara. Pobrecito Pietro, si se te caen los moquitos ves corriendo a ver a Morgana. Pietro si hay que limpiarte el culito solo...— había risas y me gire de tal manera que el idiota que llevaba la voz cantante, se cortó, me miro y me lanzo un beso. Más risas y cachondeo. En el cambio de clase me dirigí a Álvaro que así se llama el listo que te encuentras en todos los sitios. —Te voy a pedir un favor Álvaro, te pido respeto y que me dejes en paz, solo eso. Quiero pasar este año tranquilamente y si tú me haces el favor, ni te enteraras de que existo— aumento el tono de sus gracias, aumentaron las risas y no dije nada más, aunque escuché como les decía a su grupi —tan grande y tan tonto, mucho musculito, pero pura fachada— no se si lo dijo para que lo escuchase o no, lo que tuve claro no hacer ningún comentario. Pero la cosa no quedó ahí, al salir unos chavales que no estaban con este grupito me dijeron de ir a tomar algo a un sitio al que iban habitualmente.
Llegamos a la cafetería en cuestión y había algunos más, nos presentamos, me contaban cómo era todo por ahí y les respondía a preguntas típicas de un primer contacto y todo iba bien hasta que llegaron Álvaro y compañía. Burlas al aire y como si no los escuchara, pero todo cambió cuando Vicentin uno de nuestra edad, pero de 1.55 de estatura y cuerpo enclenque, fue al aseo, Álvaro le hizo caer al suelo y risas de todos. Eso fue la gota que colmó el vaso porque me levanté y le dije que le pidiera perdón a Vicentin, se puso fanfarrón porque estaba con los demás, se vino hacia mí, mientras Vicentin me decía Pietro no pasa nada y cuando lo tuve a un palmo de mi... se montó una buena trifulca, pero que duro segundos, lo que tardo mi puño en dar en su nariz. Lo que sí escuché fue —SALVAJE, ASESINO, MATÓN, ANIMAL...— que cuando pregunté a quién se lo decían todos callaron. Reanime a Álvaro del nocaut técnico, le ayude a levantarse, lo senté y le di una toalla que pasó un camarero para que se la pusiera en la nariz, que sangraba como un cerdo. Una vez que logramos parar la sangre, le repetí que pidiera perdón a Vicentin y vaya que se lo pidió.
Me entretuve más de la cuenta y de camino a mi casa, mi hermana me envió un wasap en el que me enviaba un extintor con una casa, que quería decir que había problemas en casa. Pensaba que era con ella como siempre, porque las únicas broncas que había en casa eran por ella y yo, aunque era un año mayor que yo, siempre la apoyaba y la defendía, porque según ella su hermanito, o sea yo, era el hijo perfecto, no daba ningún problema. Nada más entrar por la puerta, mis padres, los dos al unísono, —no nos lo podemos creer, ¿qué ha pasado?— y me encojo de hombros y miro a mi hermana que se aguanta la risa, hasta que preguntó qué a que se refieren, —me ha llamado mi amiga Morgana, para decirme que en tu primer día de clase le has roto la nariz a otro alumno— me dice mi madre. Antes de contestar a lo que me decía, le digo que ya me podía haber contado ese pequeño detalle de que mi tutora era amiga suya y sin esperar a que me dijera nada le conteste —lo más importante no le he roto la nariz, no ha sido en el colegio y se lo estuvo buscando todo el día, pero no fue por meterse conmigo, fue por abusar del más débil—
Lo que me extrañaba es que hubieran llamado a la tutora, pensaba eso hasta que mi hermana me chivo todo, fue la hija de la tutora quien se lo contó y cuando me dijo que la hija se llamaba Tamara supe enseguida quien era... (de mi edad, 1,73 m — 55 kg — busto 105 — ojos azules — color de pelo y tamaño, rubia pajiza dorado y pelo largo, liso y con flequillo — piel clara — culo con forma de corazón — labios generosos — la estructura de su cuerpo es lo más parecido a un reloj de arena) fue la que más me puso a parir y era la churri de Álvaro según mi hermana. La cabrona estaba muy buena y cuando se lo dije a mi hermana se echó a reír, diciéndome que se la presentara, lo decía en todos los sentidos porque mi hermana era bisexual, eso sí, sin consentimiento de nuestros padres. Al día siguiente estando en clase me dieron un aviso de que tenía que acudir a tutoría.
Álvaro llegó empezadas las clases y traía la nariz bastante inflada, no sabía si por los tapones que llevaba o una inflamación propia. Antes de irme a la tutoría, Álvaro me paró para decirme que él no había dicho nada ni a sus padres. Me hicieron pasar a una sala acristalada donde había una mesa, con una silla por un lado y dos por otro. Era como una sala de interrogatorios de las películas. Estaba sentado esperando cuando entró Morgana, con un escote en U que hacía que tuviera que hacer un gran esfuerzo para no mirar por ese “balcón” tan sugestivo. Jamás había sentido tanta atracción por una mujer madura y mis relaciones con las chicas de mi edad eran muy pasajeras, las que había conocido carnalmente, bastante insulsas, para mi gusto el sexo fue mediocre y no es que les eché la culpa, que tan culpable como ellas lo fui yo.
—Vamos a ver Pietro, cuéntame qué pasó con Álvaro y no omitas nada. —No tengo nada que decir. —¿Como que no tienes nada que decir? Parece que no me has entendido, no te he preguntado... te he ordenado que me digas que paso. (Su voz, su tono eran inaguantables y su chulería imperdonable) —Es que yo que recuerde en el colegio no ha pasado nada, si no ha pasado nada pues no tengo nada que contar y de haber pasado algo fuera del horario lectivo y fuera del centro escolar, es mi vida privada y no estoy obligado a responder, creo yo. —A mí con esa chulería ¡NO! Otros antes que tú se sentaron en esa misma silla y lo intentaron y te lo repito... ¡A MI NO!
Desde ese mismo momento, me limité a mirar la decoración y a tener mis labios sellados. Morgana a ponerse roja de ira contenida y poco después cambió de táctica, hablándome de mi madre y que no se merecía esos disgustos, también me decía que mi madre decía que yo era un “niño” dulce, amable, atento y muy responsable, que nunca les había dado ningún problema. Mi actitud es seguir mirando para el decorado, entre otras cosas para no mirar sus tetas. Me acabó echándome de allí teniendo la última palabra, que lleva cierto toque de amenaza —a mí que seas tan grande y fuerte no me asusta y ya te lo aviso... estaré vigilante y no te quitaré el ojo de encima—
Regreso a clase y al terminarlas me está esperando Álvaro, tenemos una conversación de lo más edificante, me reconoce lo gilipollas que era a veces y resultaba que no era tan mal tío, solo eso, un poco gilipollas. Me dice si nos tomamos algo para sellar la paz y acepto, nos vamos al mismo sitio del día anterior y cuando llegamos está su gente, entre esa gente Tamara y mirándola le digo a Álvaro que mejor lo dejamos para otro día, que hay gente que no em gusta, que me revuelve las tripas, él se da cuenta de por quien lo digo —olvídalo, es mi novia y se lo dijo a su madre pensando que me hacía un favor, es buena tía— y mi respuesta fue contundente —pues quédatela para ti— pero yo la quiero a distancia de mí. Me aparté y fui con el otro grupo, Álvaro hablaba con Tamara y ella me miraba con ojos de odio. Pasaron los primeros cuatro meses, donde afiance mis amistades entre esas amistades la de Álvaro que dio un cambio de 180 grados. Tamara, niña consentida, me tenía mucha manía y su madre, supongo que, por comedura de cabeza de su hija, me puteaba todo lo que podía y más.
En esos cuatro meses tuve dos rollos de fin de semana con dos chicas y se corrió la voz del tamaño de mi polla, todos pensaban que exageraban y alguno de mis nuevos amigos me preguntaban, obteniendo de mi la respuesta de que eran bulos, pero a pesar de eso se corrió la voz como la pólvora y de cachondeo me llamaban de todo —el hombre del arado, el tres piernas, el hombre elefante...— que me lo tomaba con humor y lo aguantaba, también porque yo gastaba mis bromas a los demás y siempre lo hacíamos entre nosotros. Con la llegada del buen tiempo y la primavera todo se fue de madre. Tamara viene en son de paz o eso decía, porque no me proponía nada, me exigía el tener una buena relación y venía tan altanera que le respondí con un toque de cachondeo —eso solo ocurrirá cuando me la chupes, aunque según dicen te falta mucho para hacerlas bien—. Se fue super mosqueada y luego Álvaro me decía que me había pasado un poco, le explique que su novia no pedía, exigía y mandaba, él se ríe y me decía que le iba a contar a él que él no supiera.
Esa pequeña tormenta se transformó en un huracán, porque al llegar a mi casa mi madre estaba que rabiaba, que tampoco era que tuviera una gran amistad con Morgan, pero a mi madre era fácil comerle la oreja. Me dijo que al día siguiente que era sábado tenía que ir a casa de Morgana a hablar. Por lo que me chivateo mi hermana, lo habían decidido Morgana y mi madre, para que no fuera en el entorno del colegio y fuera una conversación más distendida. No quería ir, porque eso sería un tanto para Tamara y no estaba dispuesto, hasta que mi madre me dijo que la hija no estaría. Vivían relativamente cerca, en otra urbanización próxima y me fui para allí. Su vivienda era un dúplex, sabía que su marido era abogado y poco más. Me abrió la puerta un hombre bien vestido, se veía le veía con clase, pero nada que ver con su mujer, él estaba avejentado. Al darme la mano me fije que tenía dos dedos amarillos, señal de que era un fumador empedernido Xavier.
Llamó a su mujer que bajó del piso de arriba, le regañó por fumar dentro de la casa y él con resignación le dijo que si le necesitaba para algo estaba en la terraza. Donde podía ver un asiento o confortable, un portátil, cenicero y tabaco. Morgana no vestía como en el colegio, más bien conservadora, iba completamente cambiada. Minifalda negra, que permitía ver unas piernas bien torneadas y enseñaba buena parte de unos muslos fabulosos. Lo más llamativo lo bien que se le marcaba el culo y una blusa sin botones, con un escote redondo con una ligera abertura, que dejaban ver mucho mejor sus grandes tetas. Me dice que vayamos a la planta de arriba que tiene su despacho y que hablaremos más cómodos. Sube delante y prácticamente le veo el culo, vi algo que me puso cachondo de inmediato, llevaba medias y se veía el borde ancho de las mismas, luego el muslo desnudo. Creí que me había pillado mirándole el culo descaradamente, pero parecía que me había equivocado porque no me dijo nada, ni un comentario.
El despacho debía de ser de su marido, porque estaba lleno de fotos de él con personas importantes y relevantes. Nos sentamos en el único sillón que había, era de dos plazas. Al sentarnos de lado y ella subir un poco más una pierna, me permitía ver mucho mejor sus muslos. Tenía la polla a reventar y me daba palo que se me notara tanto el paquete, que ahora era paquetón. No me enteraba bien de lo que me decía y se levanta, se va a una estantería, se estira para coger una carpeta y al estirarse se le ve el inicio del culo. Estaba a punto de morirme de una estrangulación de mi polla, porque no me cabía. En la carpeta hay un informe mío, donde tanto profesores como alumnos me ponían por las nubes. Notaba como se me había quedado cara de tonto después de mirarle el culo y suponía que una mujer como ella se daría cuenta. Lo que me hacía pasar vergüenza.
Después de hablarme un rato solo le llegue a entender —...y Pietro, no te preocupes que yo te ayudare, seré como una segunda madre— y no sabía qué decirle, porque no entendía lo que me acababa de decir, mi cara debió mostrar estupidez y ya no sabía dónde mirar, a su escote, a sus piernas, a su cara... como no sabía que decir, solo se me ocurrió decir que el dúplex parecía muy bonito. Se levantó y me hizo levantarme para enseñarme una vista especial desde una ventana que daba a la terraza donde estaba su marido. Pero la realidad es que tal como estaba colocada ella, no cabíamos los dos, hasta que no me quedó otra que pegarme un poco a ella. No supe en ese momento si fue un accidente o accidental, pero echó su culo para atrás y dio con mi paquete. Hasta mi respiración cambió, mi pulso se aceleró y me daba miedo que se escuchara mi corazón. Estaba analizando en mi cabeza eso, cuando se remenea bien contra mi polla y me cede el sitio para que pueda ver lo que ella me decía y que le dijo a su marido que me indicara.
El marido señalaba distintos sitios y me iba diciendo y explicando detenidamente todo y en mitad de las explicaciones, noto una mano, que nada más podía ser de Morgana acariciando mi paquete. Escuchaba un susurro por detrás de mí —tranquilo, tranquilo... solo disfruta...— y empieza a desabrochar mi pantalón, no paró hasta que sacó mi polla. Una vez que su marido término de enseñarme todo, me quite de la ventana, mi polla estaba fuera, mi pantalón y mi bóxer medio bajados, me mira a los ojos, con ojos de deseo diciéndome —no sabes cómo me pierde una buena polla, pero has superado mis expectativas... GRAN POLLÓN... creo que ha sido la más grande que he tenido—, era una verdadera PUMA. Se echó saliva en la mano y empezó a pajearme, lo hacía con vicio, pero lo hacía requetebién. No me quitaba la mirada de mis ojos —mi hija decía que le habían dicho sus amigas que estabas bien armado, pero ni se lo imagina—
Y de pronto como si me atacara, se metió mi polla en la boca, no era como las chicas hasta ese momento —me cuesta, luego me va a doler la mandíbula, es imposible...— Morgana la devoraba, manejaba su boca y su lengua como una auténtica zorra experta. Se levanta la blusa y deja sus tetas grandes al aire, no duras, tampoco blandas y coloca mi polla entre ellas. Sus pezones están duros, pero son prácticamente blancos. Después de un rato dice —este mástil necesita una bandera—, me hace sentarme en el sillón y se sube encima, agarra mi polla, me mete una teta en la boca y se mete mi polla. Muerde mi hombro para evitar que se oiga su rugido, porque no era un gemido sino mucho más. No se movía deprisa, lo hacía suavemente, saboreándolo y contorsionando su cuerpo, mi placer era indescriptible, nunca había follado o mejor dicho me habían follado de esa manera. Nos vamos acelerando los dos, se muerde los labios, me mira se acerca y me muerde los míos, me mete la lengua hasta la garganta y empieza a correrse, esta vez las bocanadas de sus rugidos me las echa dentro de mi boca, mientras a mí me pasaba lo mismo, porque nos corríamos los dos a la vez.
Una vez se fue normalizando nuestra respiración y ella que seguía moviéndose me dice —esto tenemos que volver a repetirlo, pero con más tranquilidad y libertad, no te parece?— le contesto que sí, sin quitarse de encima, se estira, de una caja sacó unos pañuelos de papel y se sale evitando manchar nada. Mi polla estaba igual de firme que al empezar, se relame los labios diciéndome —menuda joya que tienes y menuda fuerza que sigues duro para empalar a quien sea,— se recompuso, se miró a un pequeño espejo, se tocó con los dedos los labios y luego me acarició el paquete diciéndome que las jóvenes y las tontas nunca sabrán aprovechar mi tesoro. Teniendo luego una conversación de lo más extraña en ese momento para mí.
—No seas muy malo con mi hija Tamara, que ya tiene bastante con lo que tiene. Ya sabes... —Pues no sé lo que pretendes decirme. —Que la pobre está enamorada hasta las trancas de Álvaro y no es que sea mal chico, ni su familia tampoco, que eso también hace que se cuelen por él, pero la realidad es que Álvaro no la podrá satisfacer a ella nunca ni a ninguna otra. —¿Por qué dices eso? —Porque la tiene muy normalita según dicen y lo peor no es eso, que la tiene blandiblú. Que dicen que no, pero la experiencia es un grado, EL TAMAÑO QUERIDO MÍO SÍ QUE IMPORTA Y MUCHÍSIMO. Ten esto presente porque tu tesoro te aseguro que además de abrir muchas piernas, te abrirá muchas puertas y tú ya tienes mucho terreno ganado, porque ha corrido como la pólvora que estas super dotado y que las chicas no pueden contigo. —Pero tu hija y perdóname que te lo diga, es un poco “jodidilla” —No te equivoque que mi hija no es jodidilla como tú dices... MI HIJA ES MUY CABRONA y le hace falta que alguien le dé un par de hostias bien dadas, esas que se las tuvimos que dar su padre o yo y no se las dimos, porque es una malcriada consentida y la culpa nuestra.
Una vez me fui, tuve la impresión de que era como si me hubiera dicho que fuera por su hija, pero pensaba que una madre que se acaba de follar a un tío no le diría ni le insinuaría que se follase a su hija. El lunes, primer día de clase después de conocer mejor a Morgana y estando en su clase, mi polla se puso dura, viéndola dando su clase, imaginándome que me la follaba sobre la mesa. A Morgana no se le notaba nada, tenía mucha templanza dando la clase, es como si todo hubiera sido fruto de mi imaginación. Diez minutos antes de acabar la clase, como en otras veces anteriores, nos puso un trabajo para hacer por con otros alumnos y nunca se repetían, mi me coloco con su hija, que al verlo apuñalaba a su madre con la mirada y cuando nos íbamos porque era la última clase de la mañana, escucho —Señor Pietro, quédese un momento que tiene un trabajo pendiente—
Está recogiendo sus papeles, los guarda todos y se va a la puerta, cierra y se viene hacia mi —cabronazo, llevas toda la mañana mirándome como un puto salido y me has puesto las bragas empapadas, me pones muy perra y por eso ahora te toca “comer” de lo lindo—, la mesa del profesor era pequeña, Morgana debía de ser contorsionista, porque se tumbó, abrió las piernas y en cuanto me puse entre ellas, la dejo sobre mis hombros, atrapándome el cuello y apartándole sus bragas, me empecé a comer su coño chorreante, de nuevo se aguantaba los gemidos y cuando se corrió le falto poco para estrangularme con sus muslos, creía que habíamos terminado pero me equivocaba, porque me dijo que siguiera comiéndoselo y así estuve hasta que se corrió dos veces más. Se puso de pie, me acaricio mi paquete que estaba por reventar y mientras me lo tocaba, me besaba y me dice —no te voy a solucionar este problema que tengo entre manos, porque quiero que te lo montes con mi hija, pero no quiero que se enamore de ti, solo que sepa lo que es bueno, que siga si quiere con Álvaro y eso sí, cuando te lo montes porque te lo montaras, dale dos hostias de mi parte—
Se marchó tan feliz y a mí me dejó jodido, con mi boca sabiendo a su coño y ahora me tocaba disimular. Al primero que me encuentro es a Álvaro, que ahora nos llevábamos muy bien, el encuentro no ha sido fortuito me estaba esperando. Compungido habla conmigo —Pietro te esperaba, porque te quiero pedir el favor de que hagas lo que quiera Tamara, no la enfades que si no...— y sospechándolo le pregunto si es que ella ha dicho algo, no me lo niega, pero no me contesta hasta que logre convencerle y me contestó —no lo tomes a mal, Tamara no es mala chica, es especial, le gusta salirse con la suya y tengo que convencerte como sea para que te portes bien— y le digo —para que sea como tú y el resto, un sumiso más en su rebaño— su expresión me decía que había acertado. Termine diciéndole —por mí no te preocupes, te juro que me comportare como me debo de comportar—
Quedamos en que cada uno haría un preliminar del trabajo encargado, luego nos juntaremos los dos y le daríamos forma a un trabajo definitivo. Antes de reunirnos habíamos quedado en intercambiar una copia de nuestros trabajos preliminares. Ella no me dio ninguno y yo sí le entregué el mío. Echamos a suertes donde nos reuniremos y toco en mi casa, pero el día que teníamos que reunirnos, a través de Álvaro me comunica que será en su casa. En su casa cuando llegue estaban sus padres que de forma improvisada dicen que se van, su hija vuelve a mirar con odio exacerbado. Desde luego el look elegido no era de lo más discreto. Camiseta corta enseñando la tripa, ajustada marcando más tetas que su madre y en una de sus tetas una boca de unos labios rojos mordiendo un lado, muy sexy y leggins de color gris claro, lo siguiente a ajustados y marcando todo lo que se podía marcar. Se había puesto también unas sandalias con cuña súper alta para tratar de ser más alta que yo y llevaba su melena recogida en dos coletas.
Me lleva a la planta superior y está jugando conmigo, porque sube delante y mueve el culo exageradamente, agachándose en el último escalón para coger algo que seguro había dejado ella. De tal manera que marcaba el culo en su máxima potencia. No iba a pasar como con su madre, que jugó conmigo, ella no era mi profesora. Vamos al mismo despacho que lo deben de usar todos y nada más entrar veo mi trabajo en la papelera. Hago como si no lo hubiera visto. Lo que no sabe ella es que juego con doble ventaja, la de haberme follado a su madre y su encargo, pero también la ventaja de conocer a Álvaro, que era solo fachada en todo. Me da su trabajo y me dice que ese será el que presentaremos. Lo leo con detenimiento y el caso... es prácticamente perfecto. Si no hubiera visto la papelera con mi trabajo, hubiera aceptado con los ojos cerrados. Lo malo para ella es que no podía tolerarlo. Por eso le contesto que no estaba mal, pero que había que mejorarlo y como era de esperar la expresión de su cara era de estar enfurecida, con los ojos entrecerrados y los labios apretados en una línea delgada. Sus cejas estaban fruncidas, y el color de su rostro parecía haber cambiado, tornándose más rojizo a medida que contenía su ira. Cada rasgo de su rostro denunciaba la tormenta que se desataba en su interior, como si estuviera a punto de estallar en una explosión de emociones reprimidas. Era evidente que la había molestado profundamente y acabó estallando:
—¿TE ATREVES A DECIRME QUE NO ESTABA MAL, PERO QUE HAY MEJORARLO Y TE QUEDAS TAN ANCHO? (Alterada) —No entiendo tu tono y ese enfado. (Tranquilo) —Pues lo vas a entender ahora cretino... ESTE ES EL TRABAJO QUE VAMOS A PRESENTAR Y... ¡¡¡NO SE VA A TOCAR NI UNA SOLA COMA NI UN SOLO PUNTO!!! ¿LO TIENES CLARO? DON NADIE. (Super alterada) —Lo que tengo claro y según las normas de tu madre, que no creo que vaya a hacer ninguna excepción porque quedaría muy mal... que todos los trabajos sean en pareja o por equipos, tienen que ir firmados por todos los integrantes, de lo contrario, el trabajo se dará por no realizado y que sepas que no lo firmare. —JA y JA... TU LO FIRMARAS. —Que equivocadas estás. No lo firmare y el que mi trabajo este en la papelera afianza mi postura, pero es que además me revientas, estas acostumbrada a tratar y manejar al sumiso Álvaro, que es como tu puto esclavo.
Se levantó enfurecida, vino hacia mí y me puse rápidamente en pie, no me dio tiempo a parar su mano que golpeo fuertemente contra mi cara, mientras me profería insultos —MARICÓN... CABRÓN...— una vez que recibí el guantazo, me puse preparado para el segundo que me venía, pero esta vez lo paré e hice un movimiento con mi cuerpo y mis manos, de tal manera, que la reduje que la coloque encima de mis piernas, sentándome en el mismo sillón donde me había follado a su madre. A continuación, azotaba su culo que estaba duro como una piedra, mientras le decía —(PLAS, PLAS, PLAS, PLAS) A MI NO SE ME PEGAS, A MI SE ME RESPETA, (PLAS, PLAS, PLAS, PLAS)— ella me gritaba y se quejaba diciéndome que me iba a matar, que me iba a tirar por la terraza, continué con mis tandas de azotes de cuatro en cuatro, —(PLAS, PLAS, PLAS, PLAS) A MI NO SE ME AMENAZA, PEQUEÑA ZORRA (PLAS, PLAS, PLAS, PLAS)— y así estuve un rato, hasta que me di cuenta de que aflojaba, se contenía algo parecido a un gemido, la iba a dejar tranquila cuando de nuevo se encabritó con nuevas amenazas. Esta vez lo que hice fue bajarle parte de los leggins, dejando su culo al aire, que estaba bastante rojo y ahora mi mano le daba el azote piel con piel.
Dejó de decir nada, salvo que de su boca salía como una respiración, como un silbido que demostraba que estaba gozando. Dejo de azotar su culo que estaba como un tomate y empiezo a acariciar sus nalgas, se le escapa un —Mmmmm...— y cuando se da cuenta trata de disimularlo, pero sabe que ha sido tarde. Dejo que se levante, una vez se ha incorporado me quedo pasmado, porque de su camiseta hay dos salientes de un centímetro como mínimo, Tamara tiene la lengua levantando un poco su labio superior y de nuevo me pilla desprevenido, se echa encima y me empieza a comer la boca de forma salvaje. Pone la misma cara que su madre cuando desabrocha mi pantalón y ve mi polla, rápidamente se quiere quitar sus leggins y agarro sus manos para que no lo haga. —Tranquila Tamara, hoy no será el día. Primero tendrás que ser obediente hasta ser mi puta— y no sé a qué conclusión llego porque me dijo —si lo que quieres es que deje a Álvaro vas mal, porque le amo y no le dejaré y menos por ti— por eso tengo que aclararle las cosas, —te has equivocado otra vez, no quiero salir contigo y menos que dejes a Álvaro, es simplemente follar.— Otra vez que se desconcertaba y me decía solemnemente que si hubiera pasado algo se lo hubiera contado a Álvaro.
Miro a sus ojos intensamente y le digo —pues si quieres que follemos otro día, en vez de decírselo después, se lo tendrás que decir antes— y Tamara estaba más desconcertada aún, hasta el punto que con cierto enfado e incluso rabia me decía —no he entendido nada ni te entiendo, muchos hombres hubieran dado cualquier cosa por acostarse conmigo y tu... me has despreciado— le aclaré que no era desprecio, todo lo contrario, que en sus manos estaba que sucediera algo o no sucediera. Me decía cosas que no se relacionaban, pero todas con una misma cuestión, que se sentía despreciada. Al final se lo deje más claro —sé que Álvaro es un buen tío, su maldad es pura fachada y tus amigas cuentan que solo tiene un fallo por llamarlo de alguna manera, que flaquea en el sexo por tamaño e ímpetu— Tamara no confirmo lo que le acaba de decir, pero tampoco lo negó.
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