Descubriendo un nuevo placer Capítulo 2
Sabe que su novio la espera en la cama con amor, pero su cuerpo aún arde por el otro. Cada beso de Martín es una mentira que saborea, y cada encuentro con Fer es un riesgo que no puede dejar de tomar. La pregunta no es si la descubrirán, sino cuánto tiempo podrá mantener el equilibrio antes de que todo se derrumbe.
Capítulo 2
Esa noche volví a casa tipo 5 de la mañana. Fui directo a ducharme; tenía que sacarme el olor a sexo y el perfume de Fer. Mientras el agua caliente recorría mi cuerpo, vi mi reflejo en el espejo y noté que aún tenía la cola un poco roja y algunos moretones. Me excitó recordar lo que había vivido, pero al mismo tiempo me puse nerviosa pensando en cómo ocultarlo de Martín. Era una mezcla de excitación y miedo.
Me metí en la cama y ahí estaba él, el chico que amaba, durmiendo plácidamente. Me puse un jogging que uso cuando estoy en mis días, me acosté a su lado, lo abracé y lo besé. Estaba de vuelta en mi zona segura. Pasé de ser una putita a una novia cariñosa en un instante. No me sentía realmente mal, pero tampoco quería perderlo. Martín era lo más lindo que había tenido.
Al día siguiente, cuando volvió del trabajo, charlamos.
—¿Cómo te fue anoche, amor? ¿Qué tal la pasaste? —me preguntó mientras me abrazaba.
—Re bien, bebé, fue una noche hermosa. Me la pasé bailando con las chicas hasta tarde. Las extrañaba. Magi estaba re borracha —le respondí con una sonrisa.
—Qué lástima que no pude ir. No me dejaron pedir el día esta vez. Pero bueno, qué lindo que te pudiste divertir. Mandale un feliz cumple a Magi de mi parte.
Si supiera lo mucho que me divertí, pensé mientras nos besábamos.
Los días pasaron con normalidad, hasta que una noche, mientras cenábamos, Martín me miró serio.
—Nena, tengo que hablar con vos... Ayer, al final de la clase, una amiga me paró y me dijo que tenía que contarte algo.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Ya imaginaba hacia dónde iba la conversación. Mis manos empezaron a sudar.
—Me comentó que te vio salir de una habitación con un chico en la fiesta. Yo sé que eso no puede ser real, pero quería compartirlo con vos para que me des tu punto de vista.
Mi mente trabajó rápido.
—No sé quién te habrá contado eso, pero obvio que es mentira. Esa noche solo estuve con las chicas. Vos sabés que solo te quiero a vos y que nunca haría nada para lastimarte.
Para mi sorpresa, solo sonrió, no le dio más vueltas al asunto, y me besó con ganas. Luego, me llevó a la cama y comenzó a cogerme con más intensidad de lo habitual. Tal vez era mi imaginación, pero lo disfrutó como nunca. Y yo también. Había estado al borde de que me descubrieran, y ahora volvía a mi zona "segura".
Pasó aproximadamente una semana de lo sucedido. Fer me respondía algunas historias y me ponía me gusta en otras, hasta que una noche me escribió para invitarme a su casa otra vez. Solo pensar en su pija y en el sexo que habíamos tenido me mojaba entera. No quería hacerle daño a mi pareja, pero la calentura me podía más. Así que le dije que sí, que el viernes a la noche lo vería.
Ese mismo día hablé con Martín y le dije que me juntaría con mis amigas. Él, como siempre tan bueno, me dijo que no había problema, que se quedaría terminando su tesis, y que la pasara lindo.
Llegó el viernes. Me empecé a vestir y, en mi emoción, olvidé que en teoría no debía vestirme tan sexy. Me puse una lencería que había comprado hacía unos días, y justo en ese momento entró Martín. Me miró de arriba a abajo y sonrió.
—Bua, estás que partís la tierra con eso. ¿Vas así a lo de tus amigas?
Mi pecho se agitó. Tuve que responder lo primero que se me ocurrió.
—Oh, bebé, era una sorpresa para vos. Quería despertarte así cuando volviera y que cogiéramos rico.
Él rió y me besó.
—Perdón, nena. Pero igual lo podés hacer, te espero cuando llegues.
Se estaba calentando, pero lo separé y le dije que me tenía que ir. Que se aguantara hasta más tarde.
Me había salvado por poco. Otra vez esa sensación de riesgo, de emoción, de ser un poco mala. Me excitaba, pero al mismo tiempo no quería lastimar a Martín. Lo amaba, era la persona que había elegido para mi vida. Pero también quería lo otro. Quería sentir a Fer otra vez... aunque fuera solo una vez más.
Llegué a su casa. Me abrió la puerta con una copa de vino en la mano, sin remera y con un jogging gris que le marcaba todo el paquete. No podía dejar de mirárselo. No llegamos ni a la mitad del vino cuando ya estaba entre sus piernas, chupándosela.
Esta vez me tomé mi tiempo. Media hora, tal vez más. Lamí cada centímetro, le comí las bolas, su cola, su pija, su cabeza. Quería hacerlo enloquecer. Y lo hice. El sexo fue aún mejor que la última vez. Me cogió de todas las maneras posibles, con una intensidad que me hacía gritar. Perdí la noción del tiempo. Cuatro polvos después, me di cuenta de que tenía que volver rápido a casa. Martín me esperaba y no iba a creer que había estado con mis amigas hasta más de las tres de la mañana.
Pedí un Uber y me despedí de Fer con un beso larguísimo y la promesa de volver a vernos pronto. Él sabía que yo estaba de novia, pero no parecía importarle. Era un toro, solo quería hacerme suya cada vez que pudiera.
Llegué a casa y recordé que otra vez estaba toda sucia. Iba a ir directo al baño, pero Martín estaba despierto, esperándome. Apenas me vio entrar, me abrazó y comenzó a besarme. Me puse nerviosa, pero tenía que actuar con la mayor normalidad posible.
Nos fuimos besando hasta la habitación, tirando la ropa por todos lados. Rogaba que no se diera cuenta de nada. Y así fue... creo. Cogimos como siempre, con amor, con pasión. Se sintió hermoso. Me encantaba el contraste entre uno y otro. Me sentía mala, feliz, enamorada, sexy. Eran demasiadas emociones juntas como para describirlas.
Terminé durmiendo abrazada en su pecho, completamente exhausta después del polvo con él... y, obviamente, los otros cuatro que me había echado con Fer.
Justo cuando estaba por quedarme dormida, lo escuché decir:
—Amor, qué flojita... antes te la aguantabas más, jaja.
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