Descubriendo un nuevo placer Capítulo 1
La fiesta bulle, el alcohol corre y la música atronadora es solo el preludio. Cuando sus ojos se cruzan con los de un desconocido, la promesa de una noche prohibida la arrastra hacia una habitación vacía, donde el control se pierde y el deseo crudo toma el mando.
Capítulo 1
Hola, gente. Mi nombre es Estefy, tengo 24 años y vivo en Buenos Aires. Estoy de novia hace dos años con Martín. Lo que les voy a contar es 100% real, y lo hago porque necesito expresarlo. No es algo que pueda compartir fácilmente con amigos o familiares, así que esta es mi manera de desahogarme.
A Martín, o Tincho, como le dicen sus amigos, lo conocí en la universidad. No voy a decir exactamente en cuál porque no quiero revelar demasiada información, jaja. Compartíamos clase y yo era amiga de uno de sus amigos. Una noche salimos en grupo a un boliche en Capital. Con Martín pegamos muy buena onda, charlamos y nos conocimos mejor, pero él tuvo que irse temprano, tipo 2 de la mañana, porque al día siguiente se levantaba temprano. Yo seguí de fiesta, bailé con otros chicos y, bueno... Terminé en la cama de uno que conocí esa noche. Vamos a llamarlo Fernando.
El sexo con Fernando fue increíble, rudo, justo como me gusta. A los dos días, cuando volvimos a clase, Martín y yo empezamos a hablar más seguido. En un momento, me preguntó qué tal la había pasado en el boliche. Le dije que bien, pero sin entrar en detalles. Entonces él se rió y me soltó que su amigo le había contado que yo había estado "apretando" con alguien toda la noche. Me puse roja como un tomate, pero él me tranquilizó diciéndome que no pasaba nada, que para eso eran los boliches, para divertirse.
Las cosas fueron fluyendo. Unos días después, salimos a tomar unos tragos y terminamos en su casa. Esa noche tuvimos sexo. Fue muy distinto al que había tenido con Fernando: más amoroso, más dulce, pero igual de placentero. Congeniamos perfectamente, y desde ese momento no nos separamos más. Me enamoré de él por completo. Con Martín sentía que todo estaba bien, que finalmente había encontrado a alguien especial.
Antes de seguir, me voy a describir un poco. Soy flaquita, morocha. No tengo los pechos más grandes, pero mi mayor atributo es mi cola. Voy al gimnasio cuatro o cinco veces por semana, y se nota. Me encanta vestirme sexy y sentirme deseada, aunque esté en pareja y sepa que mi novio está loco por mí.
Martín también es muy lindo. Alto, flaco, con rulos estilo Gustavo Cerati, para que se hagan una idea. Siempre le dicen que se parece. Pero más allá del físico, es una persona súper amorosa y compañera.
Desde la secundaria me gustó calentar a los chicos y disfrutar del sexo. Había tenido algunos novios antes, pero, para ser sincera, siempre terminaba engañándolos, peleándome y cortando. Nunca fui buena con las relaciones serias. Esta vez quería que fuera diferente porque realmente me gustaba Martín. Pero, bueno... A veces la carne es débil. Y a los ocho meses de relación, me mandé mi primer "moco".
Fue en el cumpleaños de una amiga. Martín no pudo acompañarme porque al día siguiente trabajaba temprano. La fiesta se armó en la casa de mi amiga y había unas 70 personas. Yo estaba bailando con mi grupo cuando, de repente, vi a lo lejos a un chico rubio, grandote, muy lindo. A medida que se acercaba, me di cuenta de quién era. Era Fernando. No podía creer mi suerte.
Se acercó y me sacó a bailar. Al principio estuve reacia, pero entre la música, los tragos y el porro, empecé a calentarme. La casa tenía varias habitaciones vacías. Lo agarré de la mano y lo llevé a una en el segundo piso. En ese momento, no pensaba en nada más que en volver a tener a ese hombre encima de mí.
Nos sacamos la ropa con desesperación. Cuando se bajó el bóxer y vi lo que tenía, recordé lo increíble que había sido la vez anterior. Su pija era levemente más larga que la de mi novio, pero mucho más gruesa. Me agarró del cuello y me cogió con furia, con un deseo desenfrenado. Fue un sexo completamente diferente al que tenía con Martín. Me tomó en todas las posiciones posibles. Nos echamos tres polvos. Dos veces terminó adentro, y una en mi boca. No podía parar de chupársela; era adictiva. Obviamente, me cuido y tomo la pastilla, así que lo disfruté al 100% sin preocupaciones.
Después de despedirnos, anoté su número y su Instagram. Bajé las escaleras con una sonrisa imborrable. Algunas chicas de la fiesta me vieron salir de la habitación, pero pensé que no iban a atar los cabos. Aunque, claro... estaba equivocada.
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