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Nunca lo hubiera imaginado (4)

Guillermo creía tener la vida bajo control hasta que una coincidencia en el parque le reveló la verdad. Ahora, lejos de casa y frente a la indiferencia de su esposa, debe decidir si el amor vale más que la traición o si el orgullo lo empuja hacia un nuevo comienzo.

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Nunca lo hubiera imaginado

Capítulo 4

Desde el accidente, las cosas en casa habían cambiado, y mucho, Victoria ya no fue la misma, y la situación con Sofía no ayudaba en nada, al contrario, lo complicaba todo de una manera que esa chica ni siquiera podía imaginar.

Venía cuando se le antojaba, contestaba los mensajes o llamadas de Victoria cuan le venía en ganas, si es que los contestaba, pero cuando quería algo, ahí sí que llamaba o venía.

La relación con Victoria, dentro del contexto en el que estábamos viviendo, se podría decir que era buena, yo estaba pendiente de cada cosa, al principio me hacía cargo de todo, y además atendía a Victoria, tratando de apoyarla, de entenderla, de que saliera adelante, superando la pérdida de Emmita.

Para mí no era nada fácil tampoco, por momentos me imaginaba lo que hubiera significado para mí, tener a mi hija en los brazos, hacerla dormir, bañarla, pasear con ella y tantas otras cosas, y siempre terminaba con lágrimas en los ojos.

Hubo días en que Victoria no quería ni hablar, y podía entenderla, sin dudas se perdería en sus pensamientos y en su angustia, y trataba de estar ahí para ella.

Cuando comenzó a trabajar nuevamente, aunque suene feo, tuve un poco de alivio, al menos por unas horas, su cabeza estaba en otro lado.

Luego comenzó con sus caminatas por el parque, y le hacía muy bien. Y yo poco a poco fui retomando mi vida habitual, en el trabajo, los viernes con los amigos, y las visitas a mi madre, que había tenido un poco abandonada, aunque entendía mi situación y tan solo hablábamos por teléfono.

En una visita a su casa, tomábamos unos mates en el balcón de su departamento, cuando me hizo mirar hacia la vereda de enfrente, un hombre detenía el auto y se bajaba.

-Ese es Mario, el hijo de Estela, el más grande, Rafael, el más chico vive en Montevideo.

-¿Y que es de la vida de Estela?

En verdad mucho no me importaba, pero por darle conversación hablamos de Estela y de su reciente novio, un señor aún más grande que ella.

Esa mujer era amiga de mi madre, se habían conocido cuando mi madre se mudó a ese departamento hacía como siete años, era viuda, y de unos setenta y cinco años.

Me quedé un rato más con ella, y pude ver como media hora después, ese hombre se subía a su auto y se iba.

En otra de mis visitas, mi madre me contó que Estela se había peleado con su novio, y que Mario hacía días que no la visitaba, como si en verdad me importara, pero por hablar con ella, escuchaba lo que me contaba.

Casi un mes después, salí de mi trabajo en una de las camionetas de la empresa, para llevarle unos documentos a un cliente a eso de las tres de la tarde.

El cliente era de Los Hornos, uno de los barrios más grandes de la ciudad, y para ir hacia allí, tomé por calle 50, bordeando el Parque San Martín, y al pasar, vi a Victoria sentada en un banco, hablando con un hombre. No me detuve porque tenía que llegar al cliente antes de que cerrara.

La cara de ese hombre me resultó familiar y luego de unas cuadras lo recordé, era Mario, el hijo de Estela. ¿Se conocían con Victoria? ¿Sería algún “caminante” con los que me cuenta que a veces suele conversar? ¿O sería casualidad y no se conocían?

De regreso a la empresa, volví a pasar por el parque, incluso lo rodeé para ver si volvía a ver a Victoria, pero no la vi, ni tampoco a ese hombre.

Al llegar a casa, como en otras ocasiones lo había hecho, creí que me contaría de la conversación con ese hombre, pero no fue así, y no le di importancia.

Si otro revés le faltaba a Victoria, llegó en una visita de Sofía, vino a casa a decirle a su madre, que para sus quince años no quería fiesta, lo que ella quería era viajar a Disney, en esos viajes que una empresa de turismo organiza para las quinceañeras.

Victoria puso el grito en el cielo, si hubiera sido hija mía, también lo hubiera puesto, pero Sofía le dijo que ya lo había decidido con su padre, y que él pagaría el viaje, que ella lo único que tenía que hacer, era firmar la autorización para que saliera del país.

Lógicamente terminó en discusión, porque para Victoria, Sofía era muy chica para hacer ese viaje sola, y que tendría una conversación con su padre, para hacerlo entrar en razón.

Tan áspera fue esa discusión, que Sofía a los gritos, y yéndose de casa, le dijo que si no le firmaba la autorización para viajar, que se olvidara que tenía una hija.

Victoria quedó enojada con el padre, con Sofía, y con esa maldita manía de aparentar que tenía su ex.

En el mes de febrero, uno de los pocos clientes viejos que aún me quedaban, en la ciudad de Pehuajó, me llamó por teléfono para avisarme, que a finales de ese mes, era el aniversario de la empresa, cumplían treinta años de existencia, y para dicho aniversario, inaugurarían un nuevo galpón con instalaciones anexas, y ampliarían la flota de camiones, por lo que necesitarían ampliar los contratos de cobertura, y además, en la noche de ese viernes, se haría un asado para todos sus empleados, clientes y proveedores, por lo que también yo también fui invitado.

Ante esa invitación, pensé que tendría que quedarme en aquella ciudad hasta el sábado, no sería buena idea, volver a La Plata, luego de un asado, que seguramente terminaría tarde, y en el que me tomaría un par de vinos, más vale prevenir que curar, pensé.

Esa noche mientras cenábamos, se lo comenté a Vicky, y me dijo que estaba muy bien lo que había pensado, a ella también le daba miedo que volviera de madrugada por la ruta luego de un asado.

Esa semana en que tenía que viajar, preparé toda la documentación que necesitaría, había pensado en dejar a Victoria en su trabajo, y de ahí irme para Pehuajó.

El viaje hasta allí era de más o menos cinco horas, con lo que llegaría al mediodía, buscaría un lugar para pasar la noche, y luego pasaría por la empresa. Podría haber buscado un lugar por internet, pero decidí buscarlo allí, una vez que estuviera en la empresa, preguntaría por algún lugar.

La noche anterior al viaje, cuando terminábamos de cenar con Victoria, llamó Sofía, luego de casi un mes de aquella trifulca por el viaje a Disney, y en el que finalmente se había salido con la suya, ya que luego de la conversación que tuvo Victoria con Mauricio, este le dijo que él también viajaría con su mujer y los dos hijos de esta, que Victoria no tuvo más remedio, que aceptar que Sofía viajara a Estados Unidos.

En esa llamada de Sofía, que no había aparecido, ni llamado, ni enviado mensajes, le pidió a Vicky, qué le hiciera una transferencia para hacerse un tatuaje. Por supuesto Victoria no estuvo de acuerdo, pero Sofía le dijo, que aunque su padre no le había dado permiso aún, lo terminaría convenciendo, pero que necesitaba que le hiciera esa transferencia de dinero.

Entre idas y vueltas, Victoria terminó haciéndole la dichosa transferencia, la verdad, me cayó muy mal, tanto que cuando cortó la llamada, le dije que no me parecía correcto lo que hizo, quizás no tendría que haber dicho nada, pero me salió así, y tan enojada estaba Victoria, que terminó en una situación tensa entre nosotros, casi una discusión.

La mañana del viernes, mientras desayunábamos, la cosa no estuvo mejor, y ante mi parecer, Victoria me dijo cosas que en verdad no me gustaron, que me dolieron, tanto que al terminar el mate que estaba tomando, agarré mi bolso, le di un beso y me fui de casa sin decir más nada.

Estaba ya de camino a la avenida que sale a la ruta, cuando recibí un mensaje, y al ver la pantalla de mi teléfono en un semáforo, vi que era de Victoria, pero decidí no leerlo en ese momento.

Sí, me fui dolido por sus palabras, si no tenía una hija, era por ese accidente de mierda.

Llegué a Pehuajó casi a la una del mediodía, busqué un lugar para comer algo, y luego fui para la empresa.

Para las tres de la tarde, ya teníamos todo resuelto, y el entusiasmo por la fiesta de la noche, era notorio en todos los allí presentes. Pregunté al dueño de la empresa, dónde podría encontrar un lugar para pasar la noche, y me dio la dirección de un pequeño hotel, que no era gran cosa, pero que era lo mejorcito del lugar.

Una vez terminadas todas mis tareas en la empresa, di unas vueltas por la ciudad y me detuve en una calle cualquiera a pensar.

La situación con Victoria no había estado bien en la mañana, y pensando en que quizás se hubiera quedado mal, decidí que ya terminado lo más importante de mi viaje a Pehuajó, podría poner una excusa para no quedarme a su fiesta.

Paré en una estación de servicio a tomar un café, y sin pensarlo más, decidí volver para La Plata. Antes pasaría por la empresa, para avisarle al dueño que me había surgido un problema familiar y que tenía que volver, agradeciéndole por su invitación, y deseándole lo mejor, en esta nueva etapa de su empresa. Lo entendió perfectamente, y me dijo que no faltaría oportunidad para comer un buen asado en mi próxima visita, que siempre sería bienvenido.

Pasé nuevamente por la estación de servicio, le llené el tanque al auto, y emprendí el regreso a casa, a las cinco y cuarto de la tarde. Si no había ningún problema en la ruta, para la hora de la cena estaría en casa, y si me demoraba, al menos llegaría antes de que Vicky se durmiera.

La ruta estuvo tranquila y llegué a casa a las diez y veinte de la noche. Al llegar a nuestro piso y abrir la puerta, todo estaba oscuro, y creí que Vicky ya estaría durmiendo, pero al entrar en nuestra habitación, ella no estaba y la cama estaba perfectamente tendida.

Miré mi teléfono por si tenía algún mensaje de ella, diciéndome que esa noche salía, pero no había nada. Y decidí enviarle un mensaje para ver su respuesta, intentando saber dónde estaba, pero como la situación había estado tensa en la mañana, tan solo le puse:

-Buenas noches, que descanses.

No hubo respuesta al mensaje, y me dio por pensar que si había salido con alguna amiga, quizás tuviera el teléfono en la cartera y no lo había escuchado.

Abrí la heladera para ver si encontraba algo que comer, pero no había nada, por lo que decidí salir a comprar algo.

Me comí tres empanadas y me tomé una cerveza, en una pizzería de la avenida, y cuarenta minutos después volví a casa, pero Victoria aún no había vuelto ni contestado el mensaje.

Cuando se hicieron las doce de la noche, pensé que en cualquier momento llegaría Victoria, y me quedé sentado en el sillón esperándola, viendo televisión.

Me llamaba la atención, qué hubiera salido sin comentármelo, pero como las cosas habían terminado tirantes en la mañana, quizás por eso no lo había hecho.

Cerca de la una de la mañana, ya se me cerraban los ojos y en el sillón, me dormité hasta las tres y media, y Victoria aún no llegaba.

Empecé a pensar en las opciones, qué hubiera salido con alguna de sus amigas o compañeras de trabajo, y que para no volver tan tarde, sabiendo que yo no estaba, se hubiera quedado a dormir en la casa de alguna de ellas.

Me volví a dormitar y me desperté con las primeras luces del día, seis y media de la mañana, y en mi cabeza comenzaron a aparecer otras cuestiones, ¿Victoria haría esto cada vez que me voy de viaje? ¿Saldría sin comentármelo?

No quería pensar mal, pero no veía normal, que mi mujer saliera, no pasara la noche en casa, y yo no lo supiera. Si me dijera que saldría con alguna amiga o compañera, y para no regresar sola se quedaba en su casa, lejos de molestarme, me dejaría más tranquilo, ¿sería este el caso?

A las ocho de la mañana, ya me comenzaba a inquietar, si bien ella sabía que yo volvería cerca del mediodía, supuse que vendría antes.

No sé por qué, pero me parecía que algo no estaba bien, como que presentía algo, a eso de las ocho y cuarto bajé, me subí al auto y lo estacioné a una cuadra, en una calle transversal, volví caminando, entré nuevamente a casa y nada.

En la misma cuadra, pero en la vereda de enfrente a unos treinta metros, hay un bar que suele abrir a las ocho, y bajé para tomarme allí un café. Me senté en una mesa, tras la ventana del frente, desde donde podía ver el frente de mi edificio. Pedí un café con leche con dos medias lunas, y tomé uno de los diarios para leer mientras esperaba, ya me intrigaba saber a qué hora volvería Victoria.

A las nueve y diez de la mañana, vi parar un auto en la puerta del edificio, y a pesar de la distancia, coincidencia o no, era un Fiat blanco como el que tiene Mario, el hijo de Estela, la amiga de mi madre, y con quién, casualmente la había visto conversar en el parque hacía unos días.

Un momento después de lo que me pareció un abrazo dentro del auto, fue Victoria quién bajó, y caminó hacia la entrada del edificio.El auto arrancó y pasó por delante del bar, por lo que pude comprobar, que efectivamente, quien conducía ese auto era el tal Mario.

Y en ese momento, mi vida tal cual la conocía, se trastocó de una manera que nunca hubiera imaginado.

Me dio una puntada en el pecho, y se me revolvió el estómago, tanto que tuve que levantarme, ir al baño del bar, y vomitar lo que había desayunado.

Quizás no encuentre las palabras para expresar lo que sentía en ese momento, pero quizás lo podría resumir en una, dolor.

Con lágrimas en los ojos me miré en el espejo del baño y me pregunté a mí mismo, ¿y ahora qué?

Salí del baño y me volví a sentar en la mesa, a pensar que hacer.

Con un nudo en la garganta, con las lágrimas que amenazaban con volver a salir, pensé en cuál podría ser la situación. Si pensara de buena manera las cosas, podía creer que efectivamente mi esposa se hubiera quedado en casa de alguna amiga, y que por casualidad se hayan encontrado y la haya traído a casa, o quizás el caso de que no conseguía un taxi para volver y llamó a su "amigo", si fuera el caso para que le hiciera el favor de traerla a casa, aunque si era su amigo, nunca me había comentado de su existencia.

Ahora bien, si un amigo me dijera que su mujer salió en la noche sin decírselo, que no pasó la noche en su casa, y que en la mañana la trajo otro hombre, decididamente le diría que pasó la noche con ese hombre, y eso era justamente lo que sentía, lo que creía qué había pasado, y por eso este dolor en el pecho.

Me lo volví a preguntar, ¿y ahora qué?

Puedo entender que mi esposa tenga un amigo, como también supongo que ella tendría que entender si yo tuviera una amiga, pero cuando las cosas no se dicen, no se aclaran, indefectiblemente, se complican.¿Qué tenía que hacer? ¿Entrar a casa y pedir explicaciones? ¿Montar el numerito del esposo traicionado? ¿Armar un quilombo e irme a la mierda?

Estaba en esos mambos mentales, cuando entró un mensaje en mi teléfono, y sin mirarlo sabía que era de ella. Lo confirmé, pero no lo leí, en ese momento no pude, ¿qué me podría decir en ese mensaje? ¿Me explicaría el motivo por el que no pasó la noche en casa? ¿La razón por la que ese hombre la haya traído a las nueve de la mañana? ¿O tan solo haría como si nada hubiera pasado?

Pagué mi consumición en el bar y sin siquiera mirar hacia el edificio, fui caminando hasta el auto, me subí, lo puse en marcha y me alejé de casa, no podía tomar una decisión en ese momento, mi descalabro mental, no me lo permitía.

Manejé sin rumbo y a unas veinte cuadras de casa me detuve en una plaza. Eran casi las diez de la mañana, hora en que supuestamente tendría que estar volviendo de Pehuajó, entonces pensé, si me hubiera quedado a ese asado, y estuviera volviendo de Pehuajó, ¿me contaría Victoria al llegar lo que había pasado en la noche, y el motivo de su llegada a casa con ese hombre?

Mi finada abuela solía decir, piensa mal y acertarás, y en ese momento yo pensaba mal.Si la confrontara, diciéndole la verdad, de que había vuelto en la noche y no la había encontrado, varias podrían ser sus explicaciones, excusas quizás, pero en el fondo de mi corazón, sabía que salvo la verdad, ninguna otra explicación cuadraría, y quizás esa verdad, terminaría con lo nuestro.

¿Qué había hecho mal? Siempre creí que teníamos una relación sincera y profunda, pero visto lo visto, me preguntaba si era la primera vez que me ocultaba lo que hacía cuando yo estaba de viaje.

Después del accidente, y la pérdida de Emmita, a pesar de mi dolor, de mi frustrada paternidad, hice todo lo humanamente posible, lo que estuvo en mis manos para sostenerla, para entenderla, para apoyarla, acompañarla a salir de ese pozo en el que había caído, entonces me pregunté, ¿sirvió toda esa dedicación para con ella?

Nunca esperé reconocimientos ni agradecimientos, tan solo lo entendí como lo que tenía que hacer, como el hombre con quien Victoria comparte su vida. Más allá del dolor, sentí una profunda decepción, ¿cómo pudo ser capaz de algo así?

Decidí en ese momento que no volvería a casa, no tenía cuerpo ni alma, para enfrentar la situación, sobre todo si me mentía en la cara, puse en marcha el auto, y tomé la avenida 44 para salir de la ciudad.

Al llegar al cruce Etcheverry, tomé la ruta 2 en dirección a Mar del Plata, la verdad, sin saber dónde terminaría.

Mal dormido como estaba, no era buena idea manejar tantas horas hasta allí, y cuando llegué a Chascomús, puse la luz de giro y entré a esa ciudad.

Eran casi las doce del mediodía, y parando el auto frente a la laguna, tomé mi teléfono y leí su mensaje.

-Hola Guille, supongo que estarás por volver o ya en la ruta. No escuché tu mensaje anoche, recién lo veo. Te espero para almorzar.

No lo contesté en ese momento, sin dudas en la noche habría estado muy ocupada como para leer mi mensaje, ¿ocupada en qué? ¿Ocupada con quién? Además, nada dijo de lo que había pasado en la noche, ni que había vuelto a casa a las nueve de la mañana, y con otro hombre, por lo que entendí, que la cosa venía de ocultamiento.

Me quedé al borde de la laguna hasta la una del mediodía, y en ese momento decidí escribirle un mensaje, aunque no sería directo, nada diría de lo que sabía, y en el mensaje le dije:

- Victoria, hoy no volveré a casa, supongo que imaginarás por qué, necesito tiempo para pensar.

Sin duda lo podría interpretar de dos maneras, podría pensar qué lo que le decía tenía que ver con el altercado de la mañana de ayer, antes de mi viaje, o también por lo que había pasado en esa noche, pero si yo no estaba en la ciudad, ¿de qué manera podría saberlo?

Al momento llegaron un par de mensajes, un audio, que no leí ni escuché, y luego tres llamadas telefónicas consecutivas que no contesté, y luego dos audios más.Arranqué el auto y me puse a buscar un lugar para quedarme, en un principio hasta el lunes por la mañana, de allí mismo me iría a trabajar, eso me daría tiempo para pensar en cómo seguir.

Hice unas cuadras por la costanera de la laguna, y en una de las calles transversales vi un par de cabañas con un cartel de alquiler por día, semana o quincena, y otro cartel más pequeño debajo que decía consultar y la dirección, que era justamente la casa de al lado.

Estacioné el auto y toqué timbre de esa casa. Abrió la puerta una mujer de unos pocos años más que yo, cuarenta o cuarenta y dos quizás, que con una sonrisa me dijo:

-Hola, buenas tardes!

-Buenas tardes! ¿Cómo le va? Le quería consultar si tenía disponible alguna de las cabañas.

-Por favor tuteame! ¿Para cuántos días precisás?

-Me iría el lunes por la mañana.

-Tuviste suerte! La había reservado un matrimonio de Buenos Aires, pero ayer me llamaron para decirme que no podían venir. Busco las llaves y vuelvo.

Salió de su casa con las llaves y fuimos a la pequeña cabaña, que como podía imaginar desde afuera, no era muy grande. Un amplio espacio, a manera de estar comedor con la cocina a un costado, un pequeño pasillo donde estaba el baño, y un dormitorio con una cama matrimonial y una individual.

En verdad estaba muy bien, todo muy arreglado, bien amueblado, y equipada con todo lo necesario.

-¿Te parece bien?, son dieciocho mil pesos por día.

-Está perfecta! Me quedo, si es posible!

-Buenísimo, entonces, por favor, vamos hasta casa y te tomo los datos para el registro.

Volvimos a su casa, y en la mesa del comedor, anotó todos mis datos en una especie de libro de actas. No tenía ese dinero en efectivo, entonces le pregunté:

-¿Te podré transferir el dinero?

-Sí claro!

Me dio los datos de su cuenta y le transferí el dinero, terminado el trámite volvía para la cabaña, y antes de salir de su casa me dijo:

-Soy Mónica, y por cualquier cosa que precises, me tocas el timbre.

-Perfecto Mónica Muchas gracias!

Antes de entrar a la cabaña bajé del auto mi bolso y la mochila con la notebook, necesitaba mandar un par de correos electrónicos.

Lo primero que hice fue darme un baño, y mientras lo hacía pensé en que tendría que comprarme algo más de ropa, hacía calor y necesitaría un short y un par de remeras.

Me terminé de cambiar y salí con el auto hacia la zona comercial. Compré la ropa que me hacía falta, también algo para comer y varias cervezas.

Cuando volvía para la cabaña eran las siete y media de la tarde, y antes de llegar me detuve al borde de la Laguna, desde donde se vería el atardecer.

Tomándome una cerveza dentro del auto, no podía dejar de pensar en cómo seguir con mi vida. Lógicamente tendría que hablar con Victoria, y seguramente lo haría el lunes en la tarde al llegar a casa.

Volví a la cabaña, preparé un sándwich con lo que había comprado y me senté a comerlo con otra cerveza, pensando en lo que sería la conversación con Victoria. ¿Cuál sería su explicación? ¿Me diría La verdad?

Tampoco podía dejar de pensar en ese tipo, si se conocía con Victoria, si habían hablado, tenía que estar al tanto de que Victoria era una mujer casada, y si a pesar de eso, tuvo algo con ella, era merecedor de mi desprecio.

Supongo que a muchas personas no les importará, pero en mi caso, en mi forma de pensar, aunque estuviera solo, jamás podría estar con una mujer casada.

Conocía a ese tipo tan solo de vista, de verlo frente a la casa de mi madre, y quizás al conocer a Victoria, se haya aprovechado de su situación.

Luego del accidente, Victoria no había vuelto a hacer la misma, y quizás la encontró con la guardia baja y se aprovechó.

Todo me decía, que algo había pasado esa noche entre ellos, de no ser así, ¿cuál hubiera sido la situación? Llegado el caso de que Victoria me hubiera sido infiel con ese hombre, y de esa manera, ocultándolo, sin decirme que lo había conocido, y que hablaba con él y que se veían, era motivo suficiente, para que nuestra relación se terminara, aunque muy a mi pesar, porque la amo como a nadie en el mundo, no podría seguir con ella, no después de confirmar su infidelidad.

El lunes en la tarde noche, luego del trabajo volvería a casa, y tendría con ella, quizás la última conversación.

Ese sábado en la noche me terminé tomando todas las cervezas que había comprado, anestesiando mis pesares con el alcohol, porque si luego de esa conversación, nuestra relación se terminaba, no sabía cómo carajo iba a seguir con mi vida.

El domingo desperté al mediodía, con un terrible dolor de cabeza y una acidez que me mataba, maldita resaca.

Comí algo de lo que me había quedado de la noche y salí de la cabaña. Fui caminando hasta la laguna, y me senté en el pasto, apoyado en un árbol, viendo ese inmenso espejo de agua.

No quería molestar a mi director un domingo, pero necesitaba avisarle que el lunes llegaría un poco más tarde, ya luego le explicaría los motivos.

Me quedé varias horas allí sentado, tratando de imaginar mi futuro.

A eso de las cinco de la tarde, caminé por la costanera hasta una linda confitería sobre la costa de la laguna, donde me tomé un café, hacía calor, pero lo necesitaba.

Volví a la cabaña casi como a las siete y media, de camino compré algo para comer, y me senté en el sillón con la notebook, para enviarle un correo electrónico a Anibal. Intenté conectarme a internet, pero no podía, reinicie el router y nada.

No quería molestar a Mónica, pero necesitaba enviar ese correo, para que Aníbal lo viera en la mañana a llegar. Salí de la cabaña y toque timbre en la casa de Mónica, que un momento después abrió la puerta, iba con una remera ajustada que dejaba ver una porción de su panza y un short corto, bastante corto, que dejaba a la vista unas buenas piernas.

-Hola Guillermo!

-Perdón que te molesto Mónica, necesito enviar un correo electrónico, pero en la cabaña no puedo conectarme a internet, ya reinicié el router, pero no hay caso.

-Ay! Qué macana! Voy a llamar a la empresa para hacer el reclamo!

-¿Sabés de algún lugar donde me pueda conectar a Internet?, necesito enviar un correo electrónico!

-El café que está en la costa, seguramente debe tener, pero si es urgente podés venir aquí, y conectarte?

-No te quiero molestar...

-No es molestia Guillermo, si no anda la conexión de la cabaña, al menos por hoy que puedas resolverlo.

-Te agradezco! Voy a buscar la notebook y vuelvo!

Fui hasta la cabaña y un momento después regresé con la notebook, me dijo que podía sentarme en la mesa del comedor, y me dio la contraseña de su wifi. Mientras me conectaba me dijo:

-Estaba tomando unos mates, ¿querés uno?

-Bueno dale!

-Me tomo un mate mientras envío este correo, no quiero molestarte.

- No es molestia Guillermo, al contrario, vivo sola, y muchas veces no tengo con quién hablar...

Me convidó un par de mates mientras enviaba el correo electrónico, cuando terminé y cerré la notebook, me dijo que si no tenía nada que hacer, que arreglaba el mate.

En verdad no tenía nada que hacer y decidí quedarme. En esa nueva ronda de mates, me contó que estaba separada hacía casi cuatro años, porque su marido se acostó durante meses con una amiga suya. Y que en la separación de bienes, ella se había quedado con esas dos cabañas, y una casa más grande que también alquilaba para turismo.

Mónica resultó ser una mujer amable, de conversación amena y agradable, y le terminé contando mi situación, sin demasiados detalles, pero le conté lo que había visto.

Se hacía la hora de cenar, y decidí volver a la cabaña, cuando se lo dije, me preguntó:

-Tenés algo para comer? Si no, si querés te podés quedar a cenar aquí, hoy hice pastel de papa, solo tengo que calentarlo, pero por favor no me digas que no querés molestar, porque desde ya te digo que no molestás, al contrario me gustó hablar con vos, y así podemos charlar otro rato.

Finalmente decidí aceptar y me quedé a cenar con ella, el pastel de papa estaba buenísimo, y se lo dije.

Nos contamos otras cosas de nuestras vidas, y a eso de las once de la noche volví a la cabaña.

Resultó una mujer interesante, en la conversación me dijo que tenía cuarenta y tres años, que no había podido tener hijos con su ex marido, y que desde que se había separado, no había estado con ningún hombre.

Le dije que el lunes me iría a eso de las siete y media de la mañana, y me dijo que a esa hora ella ya estaba levantada, que lo hacía muy temprano, le gustaba salir a caminar por la laguna bien temprano, sobre todo en los días de calor, antes de que apretara el sol.

Temprano toqué el timbre de su casa y cuando le entregué la llave, me dijo:

-Anotá mi número de teléfono, por si algún día querés volver.

-Seguramente volveré...

Luego de agendar su teléfono, nos despedimos con un beso en la mejilla, y me deseo suerte para lo que vendría.

Llegué al trabajo casi a las nueve y media, y aunque tenía varias cosas que hacer, mi cabeza estaba en otro lado.

Al mediodía paré para tomar un café, y pensando en Victoria y ese tipo, decidí qué me iría a las tres de la tarde, y pasaría por el parque para ver si los veía juntos.

A las tres y cuarto estaba rodeando el parque, y sobre calle 50 me pareció que era el auto de ese tipo, seguí bordeando el parque, y lo vi trotando. Estacioné de mi auto, a unos treinta metros del suyo, y me quedé esperando a ver si veía a Victoria con él.

Eran las cuatro y cinco de la tarde, cuando por el espejo retrovisor lo vi venir caminando, esperó que pasaran un par de autos, y cruzó la calle en dirección al suyo. Me bajé del auto y caminé hacia él, y antes de que se subiera desde atrás le dije:

-¿Mario?

El tipo se dio vuelta y me miró con cara de no conocerme.

-Sí! ¿Nos conocemos?

-Soy Guillermo, el esposo de Victoria!

-Guillermo…

-Mirá Mario, quería hablar con vos para que dejes de ver o hablar con Victoria, ella no está en un buen momento y es mejor que no se compliquen las cosas!

-Guillermo, no te conozco, pero si dejo de ver o hablar con Victoria, será porque ella misma me lo pida…

-Espero me hayas entendido…

-Te entendí perfectamente, pero ya te digo, si ella me lo pide, dejaré de verla o de hablar con ella, nos conocemos hace mucho tiempo, incluso antes de que conociera al padre de su hija…

-Eso me da lo mismo, te lo estoy pidiendo bien…

-Mirá Guillermo, no sé lo que pasa en tu matrimonio, de hecho no hablamos de eso con Victoria, pero supongo que las cosas no deben estar muy bien, para que ella, hable conmigo, venga a mi casa a tomar mate, salgamos a cenar o…

Lo corté para que no siguiera hablando.

-Eso no es tu problema!

-Claro que no! Pero por algo terminó en mi cama…

-Dejate de hablar boludeces!

En ese momento el tipo sacó el teléfono de su bolsillo, hizo algo y girando la pantalla me lo mostró y fue como un puñal en el pecho.

En esa maldita foto, estaba el tipo desnudo en una cama, junto a Victoria, también desnuda y entre ellos, un preservativo usado, la cara de los dos se veía perfectamente, aunque Victoria estaba dormida.

No le quise mostrar mi dolor a ese hijo de puta, y ya más caliente que una pava, le dije:

-Te lo estoy diciendo por las buenas, la próxima vez que te vea, no será en estos términos!

-¿Me estás amenazando Guillermo?

-No! Te lo estoy advirtiendo!

-Mirá, no te conozco pero no te tengo miedo!

-Deberías!

Me di media vuelta y sin mostrarle lo afectado que estaba por lo que había visto, me fui caminando, alejándome de él. Caminé una o dos cuadras, no sé, ni puedo recordar, pero luego volví a mi auto, me subí con ese terrible dolor en el pecho.

Esa tarde noche iba a ir a mi casa para hablar con Victoria, para escuchar lo que tuviera para decirme, en lo más profundo de mi ser, esperaba que hubiera una explicación valedera de lo que había ocurrido en la noche del viernes, una razonable razón que evitara que nuestra relación se fuera al carajo, pero luego de ver esa foto, con ese puñal clavado en el pecho, lo que menos quería era verla.

Saqué mi teléfono del bolsillo y le mandé un mensaje a Mónica.

-Hola Mónica! ¿Está desocupada la cabaña?

-Hola Guillermo! Sí, sigue desocupada!

-Ok, llegaré a eso de las siete!

-Te espero!

Arranqué el auto y me volví a ir para Chascomús.

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Mientras me secaba el pelo, pensaba que tendría que contarle todo a Guille, él tenía que saberlo, significaría un enorme problema, incluso podría llegar a la separación, pero si no lo hiciera no podría verlo a los ojos, no podría ocultar algo así, pero el solo hecho de pensar que al saberlo, decidiera separarse de mí, hizo que mi mundo se viniera abajo.

Tendría que encontrar el momento y la forma de decirle, lo que en verdad no recuerdo.

Me puse a preparar el almuerzo, deseaba que Guille llegara, al menos para poder resolver el incordio que teníamos desde antes de su viaje, ya luego vería la forma de contarle todo.

La comida ya casi estaba lista, y escuché la entrada de un mensaje, sin dudas sería de Guillermo avisándome por donde andaba y cuándo llegaría.

Era un mensaje suyo, pero al leerlo, se me detuvo el corazón, todo se me vino encima, en el mensaje me decía que no volvería a casa, que yo supondría el motivo y que necesitaba pensar, y mi mundo se desarmó.

Luego del accidente y la pérdida de nuestra hija, sumado a la relación complicada con Sofía, habían hecho que nuestra vida no volviera a ser la de antes, me encontraba en un momento difícil de mi vida y Guillermo había estado ahí todo el tiempo, quizás no había sido consciente de que a él también le había afectado, y de qué manera.

Guillermo ha sido fundamental para mí en estos tiempos, sin su apoyo, sin su comprensión, si su dedicación a mí y a lo que estaba viviendo, no lo hubiera logrado, el ha sido y es, mi sostén, pero releyendo su mensaje, entendía que quizás la discusión antes del viaje, había provocado que algo se rompiera entre nosotros, algo que quizás no pude ver en Guillermo.

Sumado a eso, la culpa que me atormentaba desde el momento en que me desperté desnuda en la cama de Mario, aunque de eso Guillermo no podría estar al tanto, estaba a kilómetros de la ciudad, y nadie más sabía de mi encuentro con Mario, solo él y yo, y Guillermo ni sabía de la existencia de mis conversaciones o encuentros con él, y ni siquiera se conocían.

Lo llamé varias veces, le envié muchos mensajes y audios, pero no respondió ninguna llamada, ni respondió ningún mensaje.

Me senté en el sillón a llorar, había hecho todo mal, ¿por qué no le había contado de Mario? Lo tendría que haber sabido desde el principio, ¿cómo le explicaría lo que pasó, si ni yo me lo podía explicar?

Jamás se me pasó por la cabeza estar con otro hombre, nunca imaginé siquiera la remota posibilidad de serle infiel, lo amo con locura, Guille es mi mundo, sin él, ya nada tiene sentido.

Fue un fin de semana de mierda, lo llamé muchas veces más, la tarde del sábado y todo el domingo, pero nada. Le envié también varios audios, pidiéndole que volviera a casa para que hablemos, los que tampoco fueron respondidos.

El lunes fui a trabajar como siempre, pero al entrar Ana, seguramente viendo mi cara, me preguntó que me pasaba, le conté de la situación con Guillermo, pero no tuve el coraje de contarle lo que había pasado con Mario el viernes.

Ese lunes no fui al parque a caminar, y pensé en que ya no lo haría allí, de seguir haciéndolo, sería en alguna otra plaza.

Esperé a que Guillermo volviera, pero no lo hizo, como tampoco respondió mis llamadas ni mis mensajes, y empezaba a pensar en que nuestra relación estaba en un momento muy delicado.

No tuve noticias de Guille ni el martes ni el miércoles ni el jueves, aunque lo llamé todos los días.

El jueves al salir del trabajo, intentando poner un poco de orden en mi vida, le envié un mensaje a Mario, quería hablar con él para decirle que ya no seguiríamos viéndonos ni hablando por teléfono o por mensaje, necesitaba enfocarme en solucionar mi situación con Guille.

-Hola Mario. Necesito hablar con vos!

-Hola Victoria! ¿Cómo estás? Claro que sí, pero estoy en Buenos Aires y vuelvo mañana a la tarde, si te parece, te aviso cuando estoy ahí.

-Perfecto, avisame y nos vemos en el centro.

Entendía que ese sería el primer paso, un paso necesario, lo ocurrido con él me hacía sentir la peor de todas, y necesitaba cortar definitivamente el contacto con él.

Ese viernes estuve esperando que me avisara, no sería un encuentro muy extenso, quería estar en casa por si Guillermo decidiera volver, tenía que hacerlo en algún momento, después de todo esta es su casa y aquí están todas sus cosas, el no saber donde estaba y lo que estaba pensando me tenía al borde de la locura.

El mensaje de Mario me llegó a las siete y diez de la tarde, diciéndome que a las siete y media estaría en el centro, le di la dirección de un café, salí de casa y en un taxi, y a las siete y media estaba allí.

Unos minutos después lo vi entrar, se sentó a mi lado luego de saludarnos con un beso en la mejilla, pedimos café para los dos y le dije:

-Mario, necesitaba hablar con vos para decirte que ya no nos veremos ni hablaremos, tengo que resolver la situación en casa y es mejor así, espero que lo entiendas.

-Está bien Victoria, si así lo has decidido, lo respeto, sabés que está lejos de mi causarte algún problema, pero de todas formas sabés que podés contar conmigo para lo que sea, en cualquier momento…

-Te agradezco…

Terminé el café y le dije que ya me tenía que ir, se ofreció a llevarme, pero le dije que me iría caminando.

Salí del bar a las ocho menos cinco y caminé hasta casa, pensando y pensando, un paso ya estaba dado, ahora necesitaba hablar con Guillermo, solo deseaba que volviera a casa para que habláramos y buscar la forma de que nuestra relación continuara, aunque era consciente de que al saber lo que había sucedido con Mario, tendríamos problemas.

Entré a casa a las nueve menos veinte de la noche, y con la ilusión de encontrarlo, fui a la habitación, al baño, al otro cuarto, pero no había rastros de él.

Pero cuando fui a la cocina, al encender la luz, me encontré con una nota suya, la puta madre, había estado en casa hasta las ocho y media, y maldije mi suerte, y como si poco fuera, en vez de quedarme esperándolo, me había encontrado con Mario.

Nada me salía bien la puta madre, nada…, y como si fuera poco, la tensa relación con Sofía, que cada vez era más complicada, y en la que mucho tendría que ver su padre.

Continuará…

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