Fantasías finalmente echas realidad (II)
Ella sabe exactamente qué palabras encender la lujuria más oscura de él. Entre el reflejo del cristal y la promesa de un tercero, la línea entre el placer y la sumisión se desdibuja. Esta noche, ella no solo quiere ser poseída; quiere controlar quién y cómo lo hace.
Ya de vuelta al hotel, en la habitación, me quité la blusa y el pantalón, colgué todo en el armario, dejé el sujetador y las bragas sobre la cama, del equipaje recogí mi nuevo “amigo”, siempre alguno me acompaña en los viajes, pasé al baño y, entre en la ducha. Una inquietud traviesa se apoderó de mi, dejé que el agua recorriera mi piel, cerré los ojos. Me levanté con las manos jabonosas los pechos provocando una cascada hacia mi vientre, abrí las piernas, para que chorreara a mi pubis, una mano se deslizó, acaricié los labios, entré dos dedos y gemí, coloqué a mi “amigo” en la repisa sujeto por la ventosa, me incliné, levanté una pierna para introducirlo más profundo.... “Ábre bien el coño, puta “, yo misma me decía...., los dedos de la otra mano pasaban entra las nalgas, un culo mojado y deseoso... Y tal como demandaba, el dedo indice entró.... Imaginé a mi hombre, sujetandome con ambas manos la cabeza, besándome con pasión y empujándome contra la pared, comiéndose los pechos mientras frotaba su verga en mis labios vaginales, abrí las piernas, dirigí el chorro concentrado de la ducha para estimularme el clitoris, gemidos, suspiros de gozo, que se escapaban de mis labios entre susurros entrecortados, mezclándose con el sonido del agua que caía a mi alrededor. Y mientras, mi mente se perdía en pensamientos lujuriosos, tuve un orgasmo tan intenso que caí rendida en el suelo de la ducha, me sentía exausta pero llena de vida, cuando recobré las fuerzas para ponerme de pie me emvolví en la calidez del albornoz y, con una sonrisa de completa satisfacción me tumbé en la cama.
Me desperto el sonido del movil, era Franc, estaba camino al hotel. Nada más entrar, se quitó la chaqueta y vino a buscarme, me acerqué a él y le besé, respondió rápidamente, con mimo, me mordisqueaba los labios despacio. ¡ Oh.., cómo me gusta que me lo haga!. Se le notaba euforico y entre risas murmuró que estába loco por mí. Solté el cinturon del albornoz, no llevaba nada debajo y, sin apartar los ojos de los míos, susurró:
- No sabes cuánto te necesito, te deseo.
- Házmelo saber.
-¿Quieres que te folle o que te haga el amor?.
- En estos momentos prefiero que me folles....que me hagas disfrutar como la zorra que soy.....! Hazme sentir guarra¡
No lo pude remediar, desnuda, obediente, sumisa y sin mediar palabra, caminé hacia el ventanal que da a la calle, aparté la cortina quedando expuesta a una mirada indiscreta. Por el reflejo del cristal, ví como se desnudaba con urgencia, fuí para girarme pero no me lo permitió, sus manos me tomaron firmemente las caderas, su erección apuntando en medio de mis nalgas, la piel desnuda de mi culo pudo apreciar el calor que emanaba su viril miembro así como su firmeza. Me incline hacia delante apoyando mis manos en la cristalera levantando mas el culo para ser poseída, le cedí el control y me entregé a su placer. Me dió unas nalgadas, no me importa recibirlas. Su hinchado glande encontró sin dificultad por la humedad que mi vulva emanaba, se abrió paso lentamente sin resistencia alguna, emití un quejido apenas audible de satisfacción por sentirla en el interior de mi coño, me incliné más, solo se oían los chasquidos de su pelvis chocando contra mis nalgas. Apenas pudímos reparar que estabamos completamente expuestos a la posibilidad de ser vistos, más no me importaba en ese momento estaba embebida en el placer que el bombeo de mi hombre me estaba prodigando. Tomó firmemente mis caderas y arremetió con mas fuerza, mi cara y mis senos desnudos se presionaron contra el frío cristal haciendo que sus embestidas literalmente me elevasen del suelo, oleadas de placer me invadían el bajo vientre, me temblaban las piernas. Con pasmosa facilidad me giró, me alzó en vilo, me afiance con fuerza de sus hombros y crucé mis piernas alrededor de su cintura, caminó cargándome hasta la cama, nuestros cuerpos volvieron a fundirse y nuestros fluidos a mezclarse. Secretamente daba gracias por estar ahí con él, disfrutando de su virilidad la cual me llenaba hasta el ultimo espacio de mi intimidad, levanté la pelvis para darle mayor acceso.
- Venga quiero oírtelo decir, quiero que me digas. ¿Te gustaría sentír otra polla en tu coño?-, me cuestionaba en forma perversa, mientras me tiraba de los pezones.
- Calla...... y sigue follándo a tu puta.
- Vamos dímelo, ¿te gustaría follar con él?-. Entendí perfectamente adonde se dirigian sus preguntas.
- Si... -, dije, entre gemidos.
- Sí, ¿qué?-, gruño.
- Si, joderrrrrrrrrrr....., me gustaría que me follase Diego
Mis caderas se movian de forma descontrolada, logrando que su verga prácticamente topara en el cuello de mi cervix. Una inmensa sensación de placer, me hizo gritar enloquecida al sentir el orgasmo golpearme, perdí el control de mis emociones, mi cuerpo temblaba espasmódicamente, su polla seguia palpitando dentro de mi vagina. Y cuando salió de mi, una gran cantidad de semen se escurrió entre mis piernas. Recostada a su lado lamí la punta, aún bastante ergida me la introduje en la boca, saboreé los restos de su fluido y, cuando empezó a perder rigidez, me pase la lengua por los labios relamiendo.
- Trágatelo todo, como lo guarra que eres.
- Soy tu puta....soy una guarra....¿te gusta que lo sea?.
- Me encanta ¿Estamos locos?
- Bueno, ciertas locuras nunca son malas, ¿no?.
Ya recuperados despues de una ducha, para mí la segunda en poco espacio de tiempo, pasó a comentarme el mótivo de su euforia. El contrato que llevaba negociando en sus viajes a MD, estaba a punto de cerrarse, tal solo quedaban pequeños flecos y la participación de Diego había sido fundamental. No sólo conseguir el contrato sino que además sentamos las bases para otros futuros acuerdos. Además cotinuó:
- A Diego le gustaría invitarnos a cenar en su casa mañana.
- Caramba con Diego, la cosa parece interesante.
- Bueno, visto así...¿Aceptamos la invitación?.
- Te veo un cierto interes...., ó es imaginación mía....-, pregunté con sonrisa maliciosa.
- No sé...., ¡¡ es una cena!! que hay de malo en ello.
- No hay nada de malo, disfrutaremos de su ofrecimiento.
Bajamos a cenar en el mismo hotel, el comedor estaba bastante concurrido, despues nos acercamos al bar a tomar una copa, nos sentamos en un sofa, siempre nos ha gustado observar a la gente y, hacer comentarios sobre ellos. Le indiqué una pareja sentados en los taburetes de la barra, parecian estranjeros, deberían rondar no más de los 40, los dos tenían un buen porte fisico, ella sentada de costado, el tamaño de la minifalda y el cruce de sus piernas dejaba al descubierto unos buenos muslos. Me acerqué al oido de Frank y le susurré
- Si se te presentase la ocasión ¿Te la follarias? -, le pregunté con sonrisa maliciosa.
- Pues..., está buenisima, desde luego tiene un buen polvo -, soltó a bocajarro.
.- No me cierro a nada, no me opondría a que disfrutases de ella.
- Te noto muy generosa conmigo, ¿no tendrias celos?.
- Porqué tenerlos.....
- Y si él tiene una buena polla, entonces.....
- Por descontado, sería un placer que me follase.
Todo aquel morboso y calenturiente dialogo lo teniamos alli sentados. Me incliné sobre él, no pudé evitar comerle la boca, me devolvió el beso, el sabor de su boca me embriagó y, activó mis terminaciones nerviosas, su erección era evidente, difícil de ocultar, se le notaba a través del pantalon. Me puse de pie y le tendí una mano
- Vienes....
Nada más entrar en la habitación me dirigí al baño, le dije que al salir quería verlo desnudo sobre la cama, lo dejé un poco perdido pero a la vez excitado ignorando lo que pretendía. Me froté la piel con crema, rocié el cuello, las axilas y el pubis con un perfume fresco de aromas silvestres. Calzada con zapatos de tacón, un sujetador de tiras de cuero, que tan solo servían para mantener en alto los pechos y un arnes tanguita que sujetaba a mi "amigo". Ya dispuesta salí y, me planté delante suyo.
- ¿Que te parece?-,. mientras hacía el acto de masturbar el pollón.
- Joder...., estás buenísima....,increible.
- ¿ Te gusta?..., la compré pensando en ti.
- Me gusta...., me gusta lo nuestro.¿Quieres que me arrodille?
- Conoces las reglas.
- Lo que desee la zorra de mi mujercita...
- ¡Eso es!..
Sin duda, los dos sabiamos a lo que jugamos, teniamos placeres compartidos y, de rodillas se humilló ante su mujercita metiéndose la polla en la boca, movía mis caderas follándole, le rozaba en la garganta, la sacaba y vuelta a empezar. Me daba mucho morbo verlo tan sumiso.
- Ahora, date la vuelta.
A sí que hizo lo que le pedí, cambiamos de posición. Él se puso a cuatro patas apoyado en la cama frente al espejo, piernas abiertas, su culo en pompa, le dí un par de fuertes nalgadas, introduje el dedo corazón en el hueco apretado del ano mientras le acariciaba el pene con suavidad, mis maniobras le habian provocado una tremenda erección. Acto seguido, le unté con lubrificante el trasero, primero un dedo y fueron tres finalmente dentro de su recto, cuando consideré tenerlo preparado, unté la falsa polla. Cruzamos la mirada a través del espejo, ví la lujuria en sus ojos, sin lugar a dudas lo estaba deseando tanto como yo.
- Por favor, hazlo ya...Metemela....Follame....
Me gustaba verle suplicar, me acomodé detras de él y me dispuse a penetrarle, su esfínter no tardó en acoplarse al grosor de la polla y, sujetándole de las caderas, lo follé despacio, lento, sin prisas, quería disfrutar, no sé el porqué pero en aquellos momentos sentía un placer diferente de otras ocasiones.
- Te gusta como te estoy follando, ¿verdad?, maricón quieres más -. Insultarle en aquel estado de excitación me ponía mucho.
- Sí, sí.... lo soy..., quiero más...., sigue por favor.
Me animé, le follaba sin contemplaciones, le golpeé de nuevo las nalgas. A traves del espejo veía su polla absolutamente en erección, con una mano empezé a masturbarle, mientras seguía sodomizandole. Sus gemidos me anticipaban que su final estaba cerca, le temblaban las piernas, gemía, aceleré el movimiento de la mano y cuando ya no pudo más, se tensó, rugió de placer y quedó tumbado sobre la cama. Caí sobre él, quieta abrazada sobre su espalda, lentamente fuí sacando la polla de su culo. Me quité el arnés dejándolo caer al suelo y me tumbé a su lado, cuando nuestras respiraciónes se tranquilizaron tiró de mí hasta colocarme encima suyo.
- Eres una zorra insaciable.
- No va a ser fácil saciar a esta zorra.
- ¡Joder, estas mojada! -, su mano se había deslizado entre mis piernas abiertas
Mientras con dos dedos le follaba la boca a través de sus labios fruncidos. Sabía lo que yo quería. Sonriéndome empezó a girar su cara hacia mi sexo que ardiente le esperaba.
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