El avión
El vuelo era largo, pero la mirada del italiano a su lado prometía un destino mucho más excitante. Entre el murmullo de los motores y la mirada cómplice de los pasajeros, Ángela sabía que esta vez no se contendría. ¿Qué pasaría cuando la altura y la prohibición se unieran al deseo?
El viaje a Valencia
Me llamo ángela y tengo 47 años. Soy rubia con una melena abundante que llama la atención,aunque con los años he pasado a un poco más a entre dorado y pelirroja, ojos verdes mido un metro con sesenta y siete centímetros, de aspecto delgada y esbelta con unas piernas largas y bien torneadas y un culito respingón que les encanta a los hombres y a mi me gusta y me excita que me lo miren y se giren a hacerlo, me excita verlos babear al verlo, y también unas preciosas tetas grandes operadas, soy muy atractiva o eso creo a la vista de los signos de admiración que me tributan los hombres, siempre le he gustado mucho a los tíos, en mi trabajo en el hospital no hay día que los médicos y todos los demás hombres me miren y me dedican miradas como si me quisieran comer, me echan piropos o miradas lascivas cuando me ven o me chiflan cuando me marcho a coger mi coche como muestra de su admiración hacia mi, se ve que me ven como mujer muy atractiva. De hecho muchos han intentado ligar conmigo y a muchos me han dado ganas de seguirles el rollo y dejarme llevar por la lujuria a saber que cosas hubiese hecho con alguno de ellos, alguno estaba para follármelo la verdad, pero me he contenido, aunque reconozco que a veces me ha costado trabajo no entregarme a más de uno que por su atractivo y que me ponían muy cachonda y bastantes veces me han mojado las bragas.
Tenía que ir a valencia a llevar a mi hija a casa de sus tíos en la playa para pasar unos días con ellos. Fuimos en avión y al regreso ya iba yo sola, a entrar al aeropuerto vi a un tío muy elegante y atractivo al que no pude dejar de marcar, siempre he sido muy mirona, decía mi marido, y es que me gusta mirar a los hombres y que ellos me miren a mí, me encanta y me pone muy cachonda estas situaciones cuando un hombre me gusta no lo puedo evitar y suelo buscar al tío elegido y soy capaz de descaradamente volver la cabeza si este se encuentra incluso detrás de mí.
Él también me miraba descaradamente como con atracción, se ve que le había gustado y no paraba de buscarme entre la gente antes de ponernos en la cola de embarque. Primero embarcó él y para cuando yo subí él ya estaba sentado en su asiento, no dejaba de mirarme mientras yo buscaba mi butaca, yo le correspondía con miradas de mutua atracción, busqué mi asiento y justo coincidió el de al lado del suyo que estaba junto a la ventanilla. Aquella casualidad me puso muy feliz y a él lo noté también contento. Me senté y coloqué mi bolso en el portaequipajes. Le di las buenas tardes y me sorprendió su saludo que tenía un acento extranjero pero latino. Una vez despegamos ya habíamos cruzado algunas palabras y me había aclarado que era italiano y que venía a Sevilla por motivos de negocios, cuando lo vi en el aeropuerto vi que llevaba una pequeña maleta y un maletín que colgaba de su brazo, a la altura de sus caderas por lo que también pude observar que tenía un buen paquete que resaltaba imponente bajo su elegante pantalón. Despegamos y cruzamos algunas palabras de cosas triviales. Yo veía que el tío no dejaba de mirarme y que le gustaba y mucho y eso se nota mucho es como un ambiente sensual que se va creando por momentos, yo también estaba ya un poco nerviosa porque ya había entrado en el juego al darme cuenta del ambiente que se estaba creando entre los dos. lo miré y pude observar cómo su bulto había crecido y ya se notaba evidentemente su tronco enorme bajo su pantalón, hablamos un poco más y el ambiente se iba caldeando hasta el punto de que a la vista de aquella polla empalmada y enorme mi coño empezó a mojarse y creo que mis bragas ya estaban empapadas. Me ofreció cambiarme de asiento por si quería ver por la ventanilla, le dije que sí y él se levantó y su polla ya estaba a la altura de mi cara y se le notaba el glande lo que me puso más caliente todavía y él ya sabía que yo estaba tan caliente como el, cuando me levanté él se pegó a la silla y yo pasé de espaldas a él hacia el otro asiento en ese momento aprovechó para restregarme la polla por mi culo y con una mano sobarme mi precioso culo en un acto descarado de entrar en acción, yo me entretuve en pasar despacio para asegurarme de notar bien su polla en mi trasero y me dejé tocar bien mi culo. Yo llevaba un pantalón vaquero muy ajustado como si fuese unos leggins que dejaba ver perfectamente las formas de mis piernas y mi culo.
Ya sentados de nuevo abrió un poco su chaqueta con el fin de tapar su mano al señor que iba en la otra fila que iba entretenido leyendo un periódico.
Deslizo su mano hacia mi rodilla y poco a poco fue subiendo y sobando mis muslos al ver que yo le dejaba hacer, pronto estaba manoseando mi pubis y rozaba ya mi coño en especial la zona de mi clítoris, yo ya estaba suspirando en silencio para no ser oída y mi coño ya palpitaba totalmente mojado y me daba espasmos previos a un orgasmo inminente, me atreví y desplace lentamente mi brazo al que ocultaba su chaqueta abierta mientras el señor seguía leyendo el periódico, llegué a su abdomen al que ocultaba una impecable camisa italiana como el, y fui bajando hasta alcanzar su polla a la que recorrí en toda su longitud, era enorme, gruesa y con un tremendo glande, el seguía sobándome el coño y en un momento desabroche mi cinturón y abrí mi cremallera para facilitar el acceso a mi coño al que el manoseó con un suspiro de agradecimiento, disfrutó de mi pubis bien recortadito y llegó a mi clítoris que estaba a punto de estallar, seguí frotando su miembro enorme y de me decidí a abrir su bragueta y cogerlo ya sin ropa y al que empecé a menear, ohh dios que placer tocar esa polla maravillosa, le di con fruición mientras notaba que crecía más y más y el tiraba la cabeza hacia atrás en señal de un tremendo placer, por mi lado entre el sobeo que me estaba pegando y mi coño ya con los labios inflamados a tope ya casi convulsionaba y llegué a un orgasmo tremendo que ahogué con un susurro, mis piernas temblaban y casi me caigo del asiento, pero el seguía tocándome el coño disfrutando de él, por un momento sacó su mano y se restregó mis jugos por sus labios, saboreándolos como si fuera miel, eso le puso aún más tiesa la polla que yo seguía meneando y sobándole los enormes huevos de vez en cuando, rápidamente siguió tocando mi coño que aun quería más y más, y pronto llegué a un segundo orgasmo igual de bueno que el primero que me llevó a hacer cruzar mis piernas como contención del placer que sentía, mientras tanto el estaba ya a punto de estallar y pronto sacó un pañuelo para detener que el semen saliese disparado al asiento de en frente o manchara su preciosa vestimenta, lo colocó sobre mi mano y pronto noté como se corría y como las venas de su polla se inflaban y desinflaban por momentos durante un largo tiempo que duró casi dos minutos, la cantidad de semen que echó era enorme y sus chiquetazos fueron interminables, creo que debió mancharle la ropa mientras el seguía acariciando mis inflamados y lubricados labios mayores y mi clítoris que no tardó en volver a temblar y traerme un tercer orgasmo no antes de retirar de su polla mi mano llena de una cantidad enorme de semen que disimuladamente girándome hacia la ventanilla, pase por mis labios mis dedos y chupe aquella deliciosa leche blanca y espesa, mientras el seguía tocándome y al probar su espesa leche tuve mi tercer orgasmo tan bueno como los anteriores.
No abrochamos los pantalones los dos, justo a tiempo cuando nos avisaron que estábamos a punto de aterrizar en Sevilla.
Ha sido el viaje más placentero que he tenido en mi vida.
Cuando aterrizamos y antes de salir a la sala de salida donde debía estar mi marido esperándome, nos despedimos y con un beso largo y cariñoso me dijo que había sido el mejor viaje de su vida y yo una de las mujeres más hermosas y atractiva que había conocido, le había puesto caliente desde el primer momento que me vio en el aeropuerto.
Me dio su número de teléfono y me dijo que estaría en Sevilla una semana y que podríamos quedar en vernos en un hotel para pasar un buen rato y me dijo que me daría el polvo de mi vida. Yo me derretía pensando en poder mamar aquella tremenda polla e imaginando como me podría follar como un animal y varias veces durante una larga tarde.
Salimos a la sala de salida y allí estaba mi marido esperándome, no salimos juntos, él iba un par de pasos detrás mía, cuando me acerqué y le di un beso a mi marido el pasó por el lado y me miró con una mirada cómplice y yo respondí con lo mismo mientras tenía mis labios en la cara de mi marido que no se dió cuenta de nada. Aquella noche de sábado mientras mi marido y yo follamos ya sin el inconveniente de la niña, me corrí como una posesa pensando en que era ese hombre y su magnífica polla quien me empotraba a cuatro patas, aunque terminé cabalgando a mi esposo tal y como me gustaba a mi follármelo.
Los siguientes días y pensando en lo que me había dicho y pensando en llamarlo me pajeé hasta dos y tres veces al día con la ayuda de un consolador que mi marido me había regalado. Cada vez la idea de llamarlo iba cogiendo fuerza y urdí una idea que cada vez cuajaba más solo con imaginarme mamando esa preciosa y gran polla llena de venas y ser follada y empotrada salvajemente por aquel macho italiano. Para el martes ya tenía decidido hacerlo, pero eso es otra historia.
Continuará.
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