Xtories

María es una puta infiel

El viaje de trabajo prometía ser solo una reunión profesional, pero la habitación compartida y el vino abrieron la puerta a lo prohibido. Ahora, con la mirada de su hija grabada en la memoria y el deseo aún ardiendo, María sabe que la tentación no ha terminado: el baño del camino de vuelta es el escenario perfecto para repetir el pecado.

bertus198519K vistas8.9· 11 votos

Mi mujer, María, tiene 42 años, pero no llega al 1,6m, está algo gordita, tiene el pelo largo ondulado castaño y ojos marrones, piel muy blanca. Sus kg de más la hacen una mujer voluptuosa, ya me entendéis, ancha de caderas, culona y con unas tetas grandes y tersas talla 100 C. Ella es administrativa en una gestoría online, y casi siempre trabajaba desde casa

Sergio es un amigo de su padre, van mucho en bici juntos. María lo conocía de haberlo visto con él y de algún paseo en bici, pero poca cosa. Era arquitecto. Alto, fuertote, pelo corto canoso y con gafas, es un buen tío, de 45 años casado y con tres hijos

Ella, como administrativa de una gestora de fincas tuvo que ir una noche a Huesca para ver el estado de unos daños de un edificio con un périto y hablar con el banco. En la agencia buscaron un arquitecto para corroborar el peritaje, pero no sabían de ninguno de confianza ya que el que tenían había muerto unas semanas antes. Su padre le recordó que Sergio era un arquitecto reputado, y que podía ayudarla. Además, al ser amigo, no le cobraría parte de los honorarios. Él aceptó de buena gana, casi siempre tenía trabajo de oficina y el salir a campo le pareció buena idea

Fueron en el coche de él, saliendo muy pronto. Por el camino charlaron y charlaron como nunca antes. Hubo mucho feeling. Ambos se quejaban de lo dura que era la maternidad y paternidad

Llegaron a plena mañana, el arquitecto les esperaba con el informe, fotos y demás. Ambos arquitectos discutieron sobre algunos temas y luego Sergio le contó las conclusiones a María. Después fueron con él al banco para el pago del seguro, que iba a ser astronómico.

Al acabar se fueron a comer. Siguieron con la charla muy amena entre colegas, sobre todo por el tema de trabajo hasta que brindaron, asqueados del problema, jurando no hablar más de ello hasta la vuelta. Iban a disfrutar de un merecido descanso de trabajo y familia. Sergio era ante todo un caballero, cortés y amable, disciplinado y buen cabeza de familia. No parecía mostrar ningún interés por María

Llegaron al hotel con ganas de ducharse y cambiarse, especialmente María, que estaba en sus días de celo y se mojaba fácilmente, y ya durante la comida, observando el fibrado cuerpo de su compañero cubierto por un espectacular traje negro con camisa blanca impoluta, tuvo sus momentos de calentón ayudada por el vino de la casa.

En recepción hubo una confusión con la reserva; les habían cogido una habitación de matrimonio en vez de dos individuales. Confusión o racanería del jefe, le supo mal que encima que le hacía ese favor no le hubiera cogido una buena habitación. Convinieron que no pasaba nada, que ya se apañarían.

Entraron a la habitación con sus pequeñas mochilas. Era muy básica, cama, baño con ducha, mesita con silla para trabajar. María observó la cama, no mucho más grande que una individual, y se imaginó en ella echada follada por Sergio. Y encima de la mesita. Y en la ducha. Agitó la cabeza para sacar esos pensamientos. Sergio dejó sus cosas en la mesa y le ofreció pasar a la ducha. Ella negó, tenía que llamar a su marido e hija.

Omitió lo del hotel. Su hija se había lastimado la rodilla pero no era nada.

Se giró al oír ruido de la ducha, su marido le hablaba por el teléfono. Sergio se había dejado la puerta entreabierta y le pudo la curiosidad; haciendo que iba al otro lado de la cama para dejar sus cosas y poner el cargador en la mesita, miró por la abertura. Casi no vio nada; un poco de la ducha y el agua mojando la mampara. Y a Sergio, turbio por el vapor pero se intuía muy bien la silueta y rasgos, enjabonándose la cabeza, marcando pectorales y colgándole una polla marrón clarita acabada en un matorral de pelo que ya flácida la hizo salivar y mojarse. Estaba tan cachonda que sólo quería colgar y meterse con él en la ducha. Tuvo que reprimirse mucho.

Salió de la ducha sólo con la toalla y se vistió en el aseo bajo la atenta mirada de María que ya había colgado y hacía que trasteaba el cargador.

Sergio se vistió elegante pero cómodo, con un pantalón tejano y otra camisa azul. María le relevó en la ducha y casi se hace un dedo bajo el agua caliente.

Ya vestida con falda y blusa se dispusieron a dar un paseo por la ciudad y buscar un sitio para cenar

Encontraron un bonito restaurante y pidieron a su antojo, todo regado con un excelente vino. La conversación se hizo más picante gracias al alcohol, llegando al tema sexo. Ambos reían contándose que por su actual estatus habían perdido fuego. María confesó que antes era muy fogosa, pero que la niña la agotaba hasta tal punto que sus polvos con su marido eran rápidos y sencillos. Algo similar le pasaba a Sergio, que raro en él, se estaba yendo de la lengua y se partía de risa a cada comentario.

Volvieron tambaleantes al hotel, y entre risas surgió el tema de cómo iban a dormir.

- (S) No hay sofá, así que tendremos que dormir en esa mierda de cama

- (M) Bueno, no pasa nada, somos adultos. ¡Mientras no me violes!

- (S) ¡Jajaja! ¡Tranquila! ¡Que estoy casado!

- (M) ¡Y yo!

- (S) Pero hay un problema…no contaba con esto, y no traje pijama porque duermo desnudo…

- (M) Pues quédate en ropa interior

- (S) No puedo dormir con ropa.

- (M) Bueno, pues alejadito

María se metió en el aseo a ponerse el pijama de dos piezas corto y holgado de Mickey. Cuando volvió a la cama, Sergio ya estaba tapado hasta el cuello. Se miraron sonriendo. Ella abrió la sábana para meterse y llegó a ver todo el lado de Sergio desnudo, estremeciéndose.

- (S) Para lo que llevas podrías quitártelo, mujer. Deberías probar alguna vez de dormir desnuda

- (M) Duermo desnuda sólo cuando….follo

- (S) Eso se puede solucionar

Lo soltó de broma, ambos rieron a carcajadas, no era típico de él o al menos no parecía un mujeriego. Insistió. “¡venga! ¡Quítatelo y verás que se duerme mejor!” “Pensaba que eras más atrevida….”

- (S) Te juro que no pretendo nada, de veras. Es solo por…joder…el morbo… ¿No estás aburrida de siempre lo mismo? Esto al menos será una tontería graciosa.

María apagó la luz entre risas. Se agitó la cama, sus brazos se rozaban de lo cerca que estaban. Movimiento y más movimiento. Algo se estrelló en la cara de Sergio.

Él estiró la prenda para cerciorarse; era la parte de arriba del pijama. Con la siguiente no tuvo que hacerlo, era obvio que le había lanzado el pantalón.

María se sacó las bragas y las mantuvo unos segundos en la oscuridad oyendo a su compañero reírse, dudando si echarlas al suelo o también lanzárselas. Olían mucho a hembra, desde la distancia lo notaba. “Venga, por qué no, estamos de coña” Y se las lanzó también

Las risas cesaron. Fue sutil, pero notó los movimientos de su compañero sujetándolas, y el respirar lento y profundo.

- (S) ¿Son un regalo?

- (M)¡Déjate de coñas! ¡Échalas con lo demás!

- (S) No creía que me fueras a hacer caso. Así no podré dormir.

- (M)¡Te jodes por bocazas! ¡Anda, duerme!

Se puso de costado y deseo que le hiciera la cucharilla, pero ahí acabó la cosa como prometió.

Se despertó sudando tras un sueño húmedo. Le latía rápido el corazón y le ardía el coño. Agarró el reloj que dejó en la mesa y lo miró; casi las 4 de la madrugada.

Sergio roncaba levemente. Al volver a ponerse boca arriba sus brazos se tocaron y temió despertarlo, pero no fue así. “Ufff…estoy a mil” Se dijo sabiendo que su compañero estaba desnudo a su lado.

Con movimientos felinos se acarició los pechos, notando los pezones de punta, pellizcándolos y estirándolos.

La otra mano llegó al monte de venus, jugando con su vello recortado, sintiendo el calor que desprendía su raja. Primero un dedo la repasó mojándose. En la siguiente pasada se coló entre los labios llegando al clítoris hinchado.

Pensó en su marido y en su hija. Seguramente se habrían quedado dormidos juntos en el sofá, tapados con una manta, viendo una película de dibujos. Ella tocó suavemente la pierna de Sergio para ver si se despertaba. Ronquidos

Se metió dos dedos hasta el fondo del coño y al sacarlos los separó notando el flujo entre ellos. Juguetona se los acercó a la nariz y los bufidos de Sergio se suavizaron. Se le escapó una risita tonta.

Se puso de costado, las tetas tocaron su brazo. Los pezones se pusieron más de punta al contacto con su piel cálida. Pasó un minuto, dos, tres. No se movía.

Lentamente cogió su mano, que notaba en las rodillas, y separando sus piernas la colocó entre los muslos al borde de su coño. Si se despertaba con un leve movimiento se podría separar de él. “Intenta ver algo, pasártelo bien, aunque sea por trabajo sales poco…aprovecha” Recordó las palabras de su marido moviéndose para que las tetas se frotaran en el brazo de Sergio, y su mano le rozara el húmedo coño

Volvió a acariciarle la pierna. Muy lentamente, saboreando cada milímetro conquistado, fue deslizándola hasta llegar a su vello. Un poco más, algo caliente rozaba sus nudillos y se estremeció.

Repasó el largo de la polla con la yema de los dedos, muy suavemente. Era grande y larga, suave y caliente.

Sergio dormía como un tronco; no pudo reprimirse y se la cogió. Empezó a pajearlo con una suavidad extrema, notaba cómo se le ponía dura en la mano. María jadeaba de morbo, con un leve cambio de posición consiguió que el meñique de Sergio quedara justo entre sus labios vaginales y se movía desplazando su coño arriba y debajo de ese dedo.

Le hacía una suave paja. Los ronquiditos pasaron a ser pequeños suspiros, con una cadencia más rápida

No podía más. Dejó sus pesquisas y como un gato se metió dentro de la sábana. “Cariño. ¿Qué te apetece cenar hoy?” Oía a su marido decirle en su cabeza

Llegó a donde quería. Olía a macho. Con la lengua lamió la punta, la sujetó y empezó a introducírsela en la boca. Cuando se la metía, bajaba la piel con la mano. Estaba salivando y el coño le lubricaba a mares

Sergio ya gemía y se agitaba. De repente notó un sobresalto y oyó que decía “¿Qué co…?” Pero María no dejó de chuparla. Notó una mano en la cabeza acariciándole el pelo. La otra se fue a la espalda tanteando su posición hasta llegar al culo. María le facilitó el trabajo, estaba deseando que le tocase el coño.

No tardó en sentir los dedos colándose en su interior. Se sacó la polla de la boca para gemir y pajearlo con furia, y volvió a lamer

Se sentía joven de nuevo; normalmente las mamadas que le hacía a su marido eran sólo un juego previo, y luego él le daba unas chupaditas al coño. Ambos, procesos indecorosos necesarios antes del sexo normal y corriente. Pocas veces hacían cosas raras.

Se dejó llevar, estaba muy excitada. Sin temor a partirle las costillas fue moviéndose de rodillas por la cama, destapando la sábana, y colocó una pierna a cada lado del pecho de Sergio. Deseó que encendiera la luz para que viese su coño abierto y deseoso de sexo, pero habría desaparecido la guarra de 18 años y volvería la casada de 42.

Bajó su gordo culo. Sergio le cogió las nalgas y notó la calidez de su lengua en la raja

Dejó de pensar en la mamada, sólo chupaba y pajeaba por instinto y a desorden. Lo único que controlaba a voluntad era sus caderas frotándole el coño en la cara a ese hombre que le repasaba la raja con su lengua, dándole un placer inmenso cuando llegaba al clítoris.

“Cómetelo todo cariño, no te dejes nada” Se recordó diciéndole a su hija mientras se abría el coño y se lo encastaba a Sergio en la boca. “¿Ves? Mamá ya casi acaba la cena” Y se metió la polla hasta el fondo, pajeándolo con furia. María se corrió como hacía mucho no se corría. Sergio no dejaba de comérselo y la sensación de placer no se apaciguaba, sólo se detuvo un instante para gemir

- (S) ¡Uff! ¡Ohhh!

María empezó a notar un sabor salado en la boca. Pensó en retirarse como hacía con su marido pero no había preparado pañuelos para el caso. “Bueno, habrá que hacerlo bien…” Y siguió chupando y chupando. Notaba cada vez más sabor en la boca y cómo palpitaba en su interior. Aunque le daba asco, también le dio mucho morbo irse tragando todo lo que le soltaba en la boca hasta que dejó de palpitar. Se la dejó bien limpia

Sus corazones latían con fuerza. Se habían quedado los dos quietos sin saber qué hacer; aún muy cachonda, parte del encanto de la lujuria había desaparecido y la cordura volvía a su sitio.

Como si el silencio hiciera que aquel pecado no hubiera sucedido, María, poco a poco, se bajó de Sergio, buscando la sábana con la mano y tumbándose de nuevo en la cama boca arriba. “¿Lo hablamos?” “No…mejor no… ¡Joder qué he hecho!” Pensaba, aún caliente, pero nerviosa. “María, te quiero” Oyó a su marido decirle antes de besarla con amor.

Los resoplidos de Sergio menguaron. Contaba que haría como ella, que había sido un calentón y que aquello no había sucedido

Pero se giró hacia ella. Primero la besó en la cara, luego el cuello. Una mano empezó a sobarle las tetas y al notar que tenía los pezones erectos se animó. “No sigas…no sigas…” Pero siguió. La mano bajó lentamente por su estómago haciéndole cosquillas

Al llegar a su vello púbico cerró las piernas. Eso no lo detuvo, primero un dedo llegó al clítoris. “No sigas…no sigas…uff…” Y al instante “Sigue…sigue…” y abrió bien las piernas, girando la cara para besarlo y enroscar sus lenguas. María buscó con su mano la polla de Sergio, y al encontrarla pajeó aquel trozo de carne que seguía duro como las piedras

Él incorporó agarrando la sábana para no destaparla y se colocó entre sus piernas. La besó y amasó un pecho. María notaba el calor de la polla rozando sus genitales. Un nuevo beso, un nuevo movimiento.

Miró hacia la puerta de la habitación, el único sitio con una pequeña iluminación, y vio a su hija de pie, mirándola. “¿Qué haces mamá?” Le preguntaba justo cuando notó que aquella polla que no era la de su marido, bastante más grande por cierto, se le colaba en su interior sacándole un fuerte gemido

Se cogió de las rodillas para abrirse más de piernas, quería sentirla entera dentro y aún los huevos no habían llegado al tope

- (M) ¡Ahhhhh! - Gimió de placer. “A mamá le están dando polla, hijita” Pensó.

- (S) ¿Te he hecho da….?- María detuvo la frase con un beso húmedo esperando que acabara de clavársela.

Gimieron aliviados cuando sus vellos púbicos se juntaron y ya no entraba más.

Se la sacó lentamente haciendo que se sintiera vacía, pero fue sólo un momento; volvió a meterla hasta el fondo, esta vez más rápido. Nuevo gemido

Y otra vez, y otra, cada vez más rápido. Cuando llegaba al fondo, ella gemía o resoplaba a la par del golpe del cabecero en la pared. Más rápido, más rápido.

Primero se reprimió, por decoro y por las horas. Después pensó…”¡Al carajo!” y gritaba a antojo con cada penetración. Pam, pam, pam, rápido. Hacía mucho que no la follaban así, en menos de un segundo tenía polla dentro y fuera y el cabecero daba un golpe seco en la pared

Sergio se mantenía con ambos brazos levantado para penetrarla bien. Ella lo agarraba del trasero bien espatarrada. Se corrió como no recordaba en años

Los gritos y golpes hicieron que sus vecinos de habitación golpearan la pared. María sonrió y siguió gimiendo a gritos, el placer no disminuía. Al final acabaron cansándose de quejarse y los golpecitos y palabrería que no entendía cesaron; sólo se oían los golpes del cabecero y sus gritos.

Aquella polla le estaba dando un placer inmenso. “Mamá, ¿Estás bien?” Pensó en su hija al lado de la cama. “Sí mi amor, ¡Mejor que nunca! A mamá se la están follando como a una puta!” Volvió a correrse. Normalmente se corría a la vez que su marido y descansaban; Sergio, sin embargo, seguía y seguía penetrándola, encadenándole orgasmos. Era la diferencia de las folladas maritales, en las que se calentaban lo suficiente para un polvo rápido conjunto y a dormir; Como lo había corrido con la mamada, Sergio le estaba durando mucho en la cama.

Con el tercer orgasmo follando María se movía como una loca en la cama; le metía los dedos en la boca y se los llevaba a las tetas, tirándose de los pezones. Le arañaba la espalda, le estrujaba el culo, y aquel hombre no dejaba de darle polla y correrla.

Sergio acabó tumbándose encima de ella, dándole penetraciones más lentas y confusas. María lo quería adentro y ella misma acompañaba las penetraciones apretando el trasero hacia sí.

Empezó a gemir primero suave, luego más fuerte. Suspiraba. Dejaron de besarse, notó que él se mordía el labio inferior y la penetraba lo más hondo que podía.

Empezó a temblar quedándose muy adentro de ella. María notó calor y humedad, notaba que la polla patinaba aún más en su coño y que se ablandaba

“¡Se ha corrido dentro!” Pensó. Su marido se había hecho la vasectomía y no tomaba nada, rezó porque su fertilidad hubiera menguado con la edad. No temió que le pegara algo aquel hombre casado. De todos modos, la puso cachondísima que se le hubiera corrido dentro.

Pararon unos instantes para besarse, él se negaba a salirse del interior. Al minuto volvió a moverse. “¿Más?”

La besaba, estrujaba el pecho y se lo lamía y mordía. Sergio pensaba disfrutarla todo lo que pudiera, y ella no iba a negarse. El mal ya estaba hecho, ¿Qué problema había en que follaran como dos colegiales? Su hija la miraba con el ceño fruncido agarrada a la cama, muy cerca de sus cuerpos enroscados. Sus pequeñas manitas se movían con la cama con cada penetración que la hacía encastarse más hondo en el colchón y cerrar los ojos. Aun así, seguía viendo el fantasma de su pequeña, preguntándose qué le estaba haciendo ese hombre a su madre.

“Follarme, hija, follarme. Este hombre que no es papá me está follando. ¿Ves? Su polla…umm…sí…esa polla que no es la de tu papá….ummm…se está metiendo en el coño de mamá….ohhh…y quiere hacerle un bebé….” Se corrigió en sus pensamientos. “¡Quiere hacerle muchos bebés!”

- (M) ¡Ahhh! ¡Sí! ¡Fóllame!- Se le escapó en voz alta cuando se corría por enésima vez

Y lo hizo. Lo hizo una y otra vez. Le dolían las tetas, estaba disfrutando mucho de jugar con ellas, comérselas y amasarlas, como si nunca hubiera tocado unas así. María sabía que sus tetas eran su mayor atractivo, pero ¿tanto? Sergio no se las dejaba mucho rato en paz.

Gritó de nuevo corriéndose. No cabía en su asombro de las veces que se había corrido con su polla. Sergio ya le daba muy rápido, como cuando su marido ya quería acabar, pero a diferencia de él, aún con lo empapada que estaba de flujo y semen, seguía notando bien la polla ensanchándole el coño.

Empezaba a cansarse de tanto placer y orgasmos. Le dolían las tetas y el coño. Sergio volvió a empezar a moverse inconexo y a clavarla hasta el fondo en estocadas secas. Le mordió el cuello y se quedó de nuevo quieto dentro de ella.

Sudoroso y jadeante se la sacó y rodó a su lado de la cama. “¡Por fin!” Pensó ella empezando a relajarse.

Oyó cómo se bajaba de la cama e iba al aseo. Una rendija de luz salía entre la puerta y el marco. María se tapó con la sábana avergonzada, oyendo cómo meaba, cogía papel y tiraba de la cisterna. Abrió la puerta de par en par y la luz tenue alumbró toda la habitación. Le miró con vergüenza; él estaba serio. “¿Qué estaría pensando?”

Admiró su cuerpo y su polla a contraluz. Se acercó a ella, María temblaba, como si la luz hubiera hecho real aquello que podía haber quedado en un sueño.

Agarraba la sábana tapándose hasta el cuello. Sergio llegó al borde de la cama y la cogió tirando hacia abajo. Ella se resistía, pero al final la soltó y dejó que bajo la suave luz del aseo pudiera verla desnuda.

Sus ojos no se desviaban de las tetas. Con tiento las acarició. “Está disfrutando del trofeo…” Pensó María. Pero vio cómo la polla, poco a poco, se levantaba. “¿No querrá más?”

Se subió de rodillas a la cama doblándole a ella las piernas. La cogió del brazo y la pierna izquierdos y tiró hacia la derecha. María se dejó hacer, acompañándole en su voluntad y dándose la vuelta como una marioneta. Le acarició y besó la espalda la cogió de los hombros y tiró. María se puso de rodillas, sus grandes tetas quedaron colgando.

Sergio le colocó el trasero a su gusto y la hizo separar las piernas. María, con la frente en la almohada, veía sus tetas colgando entre sus brazos, y a Sergio detrás de su trasero expuesto de aquella manera tan vulgar.

Lo vio cogerse la polla. Notó calor en sus nalgas, un bulto rozándolas, hasta su coño, donde jugueteó moviendo la punta entre sus labios para mojarla. Ayudado por la mano empezó a meterla, y María notó un placer acentuado por el morbo de la posición que casi nunca ponía en práctica por ser tan de cerda y puta. Se la encajó hasta los cojones de una sola estocada agarrándose a su culo.

Gimió, levantó la frente de la almohada y gimió de placer. Tenía la polla tan grande y se le clavaba tan hondo que le molestaba; Acabó apoyando la cara y manos en la pared. Más golpes del cabecero y más gemidos

Oyó que la pared temblaba con unos golpes que no eran suyos, y una voz masculina que decía “¡Joder! ¡Parad ya que quiero dormir algo!”

Sergio, en vez de aflojar, la separó un poco de la pared y se agarró a las tetas de María, clavándosela cada vez más rápido y profundo. Ella igual, en vez de aflojar los gemidos, chilló más y más. Otro orgasmo.

Siguió y siguió, los minutos pasaban, ya llevaban horas entre juegos y folladas. Los primeros rayos de sol empezaban a colarse por la pequeña ventana de la habitación anunciando el amanecer. Justo iba a llegar al orgasmo otra vez más, Sergio la embistió con fiereza y ambos se corrieron al unísono.

María dejó caer la cabeza a la almohada y miró con detenimiento sus geniales bien unidos. Él se salió poco a poco de su interior y un espeso chorro salió de entre sus piernas. Volvió a imaginarse a su hija observando el hilo de semen y flujo que caía a la cama. “¿Qué es eso mamá?” Le preguntaba. “Cariño, es semen, este señor le ha llenado el coño de semen a mamá”

Sonó el despertador y ambos se sobresaltaron.

María lo apagó tocando la pantallita del móvil con taquicardia. Sergio se sentó al borde de la cama jadeando de cansancio, pensativo. Ella, avergonzada, lo imitó

- (M) Voy…voy a ducharme.- Dijo con voz trémula

- (S) María…yo…

- (M) Tsss….no pasa nada- Le soltó.

Cogió ropa de su mochila y se la llevó al aseo. Cerró la puerta. Se quedó unos segundos mirándose desnuda en el espejo. Tenía el pelo alocado, arañada en cuello y mejillas; las tetas estaban enrojecidas y el pelo de su coño brillaba. En el centro, los labios colgaban enrojecidos. Se giró para verse la espalda llena de arañazos. “¡Dios! ¡Me ha destrozado!” Se dijo sonriendo.

Una buena ducha caliente limpiándose bien todo el cuerpo, especialmente sus genitales. Luego, crema hidratante. Se volvió a mirar al espejo peinándose. “Ya no pareces una furcia”

Salió ya vestida. Sergio seguía al borde de la cama desnudo, con la polla flácida colgándole. Como si nada se levantó y entró él a la ducha llevándose su mochila.

Mientras recogía sus cosas oía el agua caer.

Salió bien vestido, se miraron.

- (S) ¿Nos vamos?

- (M) Sí, vayamos saliendo a ver si llegamos a casa antes de la comida.

Bajaron primero al buffet, pasando rápido por la habitación de al lado temiendo que saliese el vecino a recriminarles, y desayunaron juntos en silencio. Les podía la vergüenza. Sólo cruzaron mirada una vez y ambos sonrieron. “Será nuestro secreto” se decían.

La ruta fue también silenciosa al principio. El coche parecía devolverlos a la normalidad. Poco a poco empezaron a entablar conversación evitando el tema.

A medio camino pararon en un bar de carretera a tomar un café y a que Sergio descansase de tanto coche.

- (S) María.- Le dijo pensativo mirando su café- lo de esta noche…

- (M) Sí, no se ha de repetir. Lo…lo siento, me dejé llevar…no es tu culpa

- (S) Tampoco me negué. Me gustas. Tenía ganas, la verdad

- (M) Bueno, que quede en eso, un patinazo y noche loca. Fin.

María le sonrió y guiñó un ojo. “Sí, sólo había sido una noche loca”

Pero se volvió a calentar. Notaba sus pómulos rojos, su entrepierna, follada durante horas, volver a desear polla. Volvieron a mirarse. “Sí, solo…una…una noche loca” Se repetían ambos. Sergio le devolvió la sonrisa.

- (M) Voy al baño.- Dijo ella

Sergio pidió la cuenta, María salió al exterior siguiendo el borde del edificio hasta los aseos públicos de aquel paradero.

Aparte de ellos y algún camionero no había nadie. El aseo de mujeres estaba impoluto, no había sido usado desde que lo limpiaran. Entró en el último de los cuatro cubículos, cerró la portezuela, se bajó el pantalón y las bragas, ya manchadas de flujo, y se sentó a orinar.

Se secó el coño con un trozo de papel doblado y se levantó. El roce aún la había puesto más cachonda. Lo tiró al váter y tiró de la cisterna, viéndolo rodar antes de irse por el desagüe, con el pantalón y las bragas en los tobillos, no pudo evitar llevar de nuevo la mano al coño y masajearse el clítoris, apoyando la mano en la pared para aguantarse.

Sus dedos daban vueltas al clítoris sin parar, a toda velocidad. Se le escapaban gemiditos, se mordía el labio.

Oyó pasos fuera hasta su cubículo, y unos suaves golpes de nudillo en la puerta. Por instinto soltó la pared y sin dejar de masturbarse descorrió el pestillo.

Ella y Sergio se miraron fijamente un segundo. María volvió a agarrarse a la pared dándole la espalda, oyó cómo pasaba y cerraba la puerta, se desabrochaba el cinturón y bajaba la bragueta. Cuando notó el calor de sus muslos en las nalgas dejó de tocarse y se apoyó con ambas manos en la pared.

Un leve movimiento y ya la tenía encastada en el coño. Placer. Mucho placer y morbo.

Sergio la jodía con ímpetu, empujado por el morbo del momento y el lugar; como quinceañeros follando en un lavabo donde podían pillarlos. Sólo se oían las penetraciones, el flujo y los golpes de carne con carne; evitaba gemir. Le levantó la blusa metiendo la mano por debajo y le sacó una teta del sujetador para estrujarla.

La follaba a toda velocidad, iba a ser un polvo rápido, y agradeció el gesto; no estaba con fuerzas ni era el lugar para entretenerse. María cerró con fuerza los ojos, se mordió el labio pero no pudo evitar gemir al correrse.

Le flaquearon tanto las piernas que Sergio tuvo que agarrarla. No dejó de penetrarla hasta que empezó a correrse él también, clavándosela bien al fondo.

Él se salió de su interior y apoyó la espalda en la puerta jadeando. Ella cogió un poco de papel para limpiarse lo poco que le podía haber dejado ya dentro.

Se miraron, sonrieron. Ambos se recolocaban la ropa y salieron rápido del aseo. Por suerte nadie los vio.

Volvieron al coche y acabaron la ruta. Quedaron en que seguirían en contacto.

- (M) ¡Hola mi amor! ¿Qué tal has estado con papá? ¿Me has echado de menos?- Preguntó a su hija al entrar a casa cuando se le lanzó al cuello

Le dijo que sí, que mucho. Su marido, limpiándose las manos con un trapo de cocina, vino a darle un besito. Le preguntó cómo había ido

- (M) Bien, cielo, bien. Trabajo y más trabajo, y una de horas de conducir…pero bien