Todo por Él [Capítulo VII]
Él ha cambiado las reglas: la calle es el campo de batalla y las bragas de otra mujer son la prueba de victoria. Pero cuando la competencia se vuelve personal, la línea entre la estrategia y la complicidad se desdibuja.
La atmósfera en la sala seguía cargada, pero ahora había un aire de expectativa diferente. Mi propietario se había acomodado nuevamente en su sillón, y sus ojos brillaban con esa chispa de autoridad que siempre hacía que mi cuerpo respondiera de inmediato. La puta de Luna y yo permanecíamos en silencio, esperando las próximas palabras que nos dirigiría, sabiendo que, como siempre, tenía algo más planeado para nosotras: "Vamos a cambiar las reglas esta vez, putas" dijo con una sonrisa suave, pero su tono dejaba claro que lo que venía era un desafío: "Quiero ver hasta dónde podéis llegar por mí" - Luna y yo intercambiamos una mirada rápida, anticipando lo que vendría: "Vais a salir a la calle, zorras" - continuó Él "Y la primera que regrese con las bragas de otra chica recibirá una recompensa especial" - Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran hondo: "La que pierda... se quedará contra la pared, castigada, sin poder mirar siquiera. ¿ He hablado con claridad, zorras?" Mi corazón comenzó a latir más rápido. Sabía que cuando mi propietario proponía un desafío, siempre lo hacía con un propósito claro, y que esa recompensa que prometía no sería cualquier cosa. Y no quería su castigo: "La que gane, cerdas... " - añadió con esa calma que siempre lograba ponerme nerviosa - "Tendrá el privilegio de lamer esas bragas lentamente... para mi disfrute." Luna parecía ansiosa por empezar, pero yo, aunque emocionada, sabía que esto no sería tan fácil. Salir a la calle y conseguir las bragas de una desconocida no era algo que se lograra solo con atrevimiento. Se necesitaba algo más... algo que yo sabía que tenía. "Podéis iros, putas" dijo con un chasquido de dedos y su mirada fija en nosotras, sabiendo que su orden era la única que necesitábamos para ponernos en marcha. Sin más palabras, las dos putas más ansiosas de la cuidad salimos de la casa, nuestras mentes enfocadas en el desafío. La noche estaba fresca, y las calles casi desiertas. Luna, siempre impulsiva, comenzó a caminar rápidamente hacia un grupo de chicas que pasaban por la acera, dispuesta a intentarlo de inmediato. Yo, en cambio, sabía que esto no sería suficiente. Necesitaba algo más seguro, más confiable... y lo tenía en mente. Había una vecina, otra guarra, Sofía se llama. Ella no solo conocía bien los juegos de mi Propietario, sino que también los disfrutaba. Era la perfecta cómplice para este desafío. Recordé los momentos en que la había visto intercambiar miradas cómplices con mi Propietario, una mujer rubia, de cuerpo perfecto y actitud desenfadada. Sabía que no me negaría su ayuda. Mientras la puta desesperada de Luna se esforzaba por convencer a una chica en la calle, con resultados obvios de fracaso, yo me dirigí a la puerta de Sofía. Sabía que si había alguien que podía ayudarme a ganar, era aquella puta. Toqué suavemente y, después de unos momentos, la puerta se abrió, revelando a Sofía con su característica sonrisa divertida: "¿Qué haces aquí tan tarde, putilla?" preguntó, inclinando la cabeza con curiosidad, pero en su tono había un destello de complicidad. Sabía que no era una visita casual. "Necesito tu ayuda, Sofi" - le dije, mirándola con la misma intensidad con la que siempre trataba de complacer a Mi propietario: "Mi señor nos ha propuesto un desafío... y necesito conseguir las bragas de una chica para ganarlo. Pensé en tíde inmediato" Sofía sonrió, comprendiendo de inmediato lo que estaba en juego. La muy zorra me dijo: "¿Y qué gano yo con esto?" Me puso algo tensa, aunque sabía que solo lo hacía por diversión: "¿Qué obtengo si te ayudo a ganar?" - Sabía que Sofía no sería difícil de convencer: "Puedes mirar, zorrita curiosa" le dije, sonriente, sabiendo que eso le interesaría: "Puedes estar presente cuando reciba mi recompensa... podrás ver cómo disfruto. Y así disfrutar también tú". Sofía se mordió el labio, claramente intrigada por la propuesta: "Está bien, zorra. Bien jugado " dijo, con una sonrisa que dejaba claro lo mucho que le divertía la idea: "Pero quiero asegurarme de que merezca la pena mirar" Con una pequeña risa, Sofía desapareció por un momento en su casa y volvió con algo en la mano. Me entregó sus bragas, una pieza delicada de algodón blanco, suave al tacto, con un pequeño lazo en la parte delantera. El estilo era sencillo, pero tenía ese toque elegante y sutil que sabía que a mi Propietario le encantaba: "Son tuyas, reina mía" dijo Sofía, ofreciéndome las bragas con una sonrisa traviesa: "Ahora, vamos a ver qué tan bien te desenvuelves." Agradecida, feliz de tener mi trofeo delante, tomé las bragas y me dirigí rápidamente de vuelta a la casa de mi Propietario, sabiendo que el tiempo era esencial. Sofía me siguió de cerca, emocionada por lo que estaba por venir. Al llegar, encontré a la puta de Luna aún en la calle, sin haber tenido éxito en su intento. La miré con una mezcla de alivio y satisfacción, sabiendo que yo había conseguido lo que ella no había podido. Entramos en la casa, y mi Propietario nos esperaba en el salón, su mirada calculadora pasando de una a la otra, evaluando los resultados: "¿Y bien, cerdas?" preguntó, con esa calma que siempre lograba ponerme nerviosa. Con una sonrisa, me acerqué a Él y extendí las bragas que Sofía me había dado: "He ganado, mi Señor," dije, orgullosa de haber cumplido con el desafío. "Estas son de Sofía... nuestra vecina." Sentí cómo la golfa mirona de Sofía se acercaba detrás de mí, observando la escena con una sonrisa divertida. Mi Propietario tomó las bragas en sus manos, estudiándolas por un momento antes de asentir lentamente: "Has hecho bien, mi puta" - dijo, con su voz cargada de satisfacción - "Y tu recompensa será merecida." Me giré hacia Sofi, quien me lanzó una mirada aprobatoria antes de tomar asiento en un rincón del salón, lista para observar lo que sucedería a continuación. Sabía que mi Propietario ya había decidido mi premio, y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo en anticipación. Me acarició el oído con su voz diciendo: "Prepárate, Conejita" mientras sostenía las bragas de Sofía frente a mí: "Tienes una recompensa que disfrutar."
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