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Una vieja amistad reforzada por el paso del tiempo

Llevaban años sin verse, pero el baile en la discoteca encendió una chispa que ninguno pudo apagar. Ahora, en la intimidad de un baño público, la vieja amistad se transforma en un encuentro carnal sin restricciones.

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Durante los veranos me suelo ir con mis padres y con mis hermanos a un apartamento todos los años. Más que un complejo turístico, se trata ya de un complejo residencial, prácticamente, que cuenta con un par de piscinas y está situada muy cerca de varias playas. En general, la zona donde solemos ir ya está más destinada al turismo nacional que extranjero y vive mucha gente debido a la crisis que hubo en su momento hace ya varios años, que todos estos complejos turísticos se han ido transformando en zona residencial.

Como digo, suelo ir prácticamente todos los años a este mismo sitio. Por ello, al igual que muchos que van a este complejo, con el paso de los años he ido formando varios grupos de amigos ahí o bien por la zona, al pasar más tiempo en la playa a veces que en el propio complejo. De esta forma, siempre he estado con amigos, los cuales algunos por distintos motivos han dejado de ir con el paso del tiempo u otros han ido con menos frecuencia de la que solían hacerlo.

En consecuencia, mi grupo de amigos ya era más uno en el que nos juntamos varios en la playa, nos ponemos a hablar, recordando anécdotas o de cosas que nos van pasando día a día, jugamos a las cartas, a las palas o al fútbol, según cómo esté el tiempo y la marea en la playa.

En este caso, un día regresando a mi apartamento después de estar en la playa con mis amigos, para almorzar y echarme una siesta, me crucé con una amiga, que pertenecía a un grupo que tuve desde mi infancia formado por sus hermanos, primos y otros amigos. Para mí fue toda una sorpresa encontrármela, igual que para ella, ya que hacía tiempo que no nos veíamos. Al final, como dije antes, por cosas de la edad y las responsabilidades académicas o profesionales de unos y de otros ese grupo fue desapareciendo poco a poco.

Yo: “Hombre, pero qué sorpresa verte”.

Ella: “Sí, cuánto tiempo mi niño”.

Yo: “¿Qué haces por aquí?”.

Ella: “Mi familia que ha vuelto a venir y estoy aprovechando que tengo ahí varios días de vacaciones para estar con ellos”.

Yo: “¿Sí? Pues a ver si los veo a ellos también, que yo últimamente estoy más en la playa que aquí dentro”.

Seguimos charlando un poco más, poniéndonos un poco al día con nuestras vidas, que aunque nos tenemos en redes sociales. La cosa quedó ahí en ese momento, ya que yo tenía hambre y sueño y ella, por su parte, tenía prisa porque había quedado para almorzar con unas amigas suyas. Por tanto, nos despedimos diciéndonos el típico “a ver cuándo hacemos algo”, quedando la cosa por el momento ahí.

Pasaron varios días, en los que yo aprovechaba y seguía haciendo la misma rutina diaria con mis amigos, hasta que una tarde después de comer, al no entrarme el sueño me puse con el móvil a ver fotos y vídeos en Instagram.

Uno a veces dice que las cosas pasan por algo. La verdad que tiene bastante razón ese dicho, debido a que justo en ese instante pude ver una foto que había subido a sus historias de Instagram posando en la piscina que hay en el complejo. Sin duda alguna, la foto era espectacular.

Para que se la imaginen como es físicamente, mi amiga es un año más joven que yo, teniendo 26 años en ese momento. En cuanto a su estatura, mide aproximadamente 1.68 metros, teniendo un cuerpo bastante bonito y bien cuidado, se notaba que también hacía deporte, porque cuando la vi pude ver que tenía un culo grande, firme y bien duro. Respecto a sus pechos, eran un poco más grande de lo normal, bien firmes también. Además, de piel blanquita y con el pelo castaño así, un poco mi tipo de mujer. La foto, por su parte no dejaba nada para la imaginación, porque salía con un bikini provocador de color negro.

A todas estas, debo decirles que en el grupo nuestro de la infancia, entre el mayor y el más joven había como mucho 4 años de diferencia, pero como les dije, ese grupo estaba formado más por sus hermanos y primos y conmigo de manera fija. También había más gente, pero iban poco tiempo, por lo que pasábamos más tiempo juntos, eso hacía también que fuéramos muy unidos. En consecuencia, sus padres, durante un tiempo, se imaginaban que en un futuro estábamos juntos, cuando ambos fuéramos más mayores. Además de que me conocían a la perfección y sabían el tipo de persona que soy, al igual que mi familia.

Como había dicho, al ver esa foto, si tenía un poco de sueño en ese momento, pues me despertó de golpe. No me lo pensé mucho y le contesté a la historia que había subido, total estaba aburrido sin nada que hacer y no me entraba las ganas de echarme una siesta.

Yo: “Deja el postureo que eso ya pasó de moda anda”.

Ella: “No lo puedo evitar jajaja”.

Yo: “Pues mira a ver que ya tenemos una edad eh”.

Ella: “Te recuerdo que tú eres más viejo que yo”.

Yo: “Cállate que solo nos llevamos meses”.

Ella: “Pero somos de años distintos jajaja”.

Yo: “Mira cómo trata de ofenderme de verdad”.

Estuvimos así un rato haciéndonos varias bromas, hasta que me pregunto que estaba haciendo en ese momento.

Ella: “¿Qué estás haciendo? ¿Dónde andas?”.

Yo: “En el aparta, que me quería echar una siesta pero no lo consigo”.

Ella: “Pues vente a la piscina un rato, como los viejos tiempo”.

Yo: “Me lo pienso jajaja”.

Ella: “Venga anda, que estoy yo aquí. ¿No me quieres ver o qué?”.

Yo: “Si insiste jajaja venga voy ahora en 5 min”.

La verdad que para estar tirado en la cama sin nada que hacer, no era mala opción ir a la piscina un rato a darme un baño y estar tranquilamente ahí. Por lo que me cambié, poniéndome un bañador, la toalla, las gafas de sol y una gorra. Al estar listo, me fui directo para la piscina, busqué a ver dónde estaba colocada, haciendo una seña de que dejara las cosas en una hamaca que había libre junto a la suya, ya que ella estaba metida en el agua con sus padres.

Padre: “Coño, pero mira quién tenemos por aquí”.

Madre: “Anda, sí que hace tiempo que no te veíamos. Mira que a tu familia varias veces pero a ti imposible”.

Yo: “Que alegría volver a verlos. Sí, es que llevo un tiempo que voy a la playa con unos amigos de por aquí”.

Aprovechando ahí el momento con los padres, pues además de saludarnos, nos estuvimos poniendo al día de cómo había ido todo en estos años. En ese instante, yo no pensaba nada más, me sentía ahí en confianza, con una amiga que hacía tiempo que no nos veíamos, aprovechando el rato de charla con su familia. Vamos, que no pensaba en nada extraño, ni que fuera a pasar algo. Porque, como digo, estábamos todos así con la alegría de volver a vernos, contando anécdotas de cuando éramos niños y disfrutábamos ahí con toda su familia.

Tras un rato así, sus padres se marcharon debido a que su padre tenía que preparase para ir a trabajar más tarde y querían también descansar un poco en el apartamento. Por nuestra parte, nos quedamos ahí en la piscina, indagando un poco más en la vida del otro.

Yo: “Dime, ¿sigues saliendo con aquel hombre que vivía cerca de mí?”.

Ella: “Que va, hace un par de años que lo dejamos. Desde entonces he estado soltera”.

Yo: “Bueno así más tranquila, menos problemas”.

Ella: “Y, ¿tú?”.

Yo: “Este es mi primer verano soltero de nuevo”.

Ella: “Vamos, que estamos en las mismas los dos”.

Hablando un poco del tema, parecía que los dos estábamos en el mismo punto, de estar tranquilos sin ponerse uno loco de estar conociendo y liándose con cualquiera, parecía que iba a ser un verano tranquilo para ambos. A modo que si surgía algo pues se disfrutaba y si no, tampoco pasaba nada.

Yo: “Oye, vamos a la playa. Estamos un rato y te presento a la gente”.

Ella: “Venga, así algo diferente un rato”.

Dicho eso, empezamos a recoger nuestras cosas, metiendo ella todo lo que tenía en su bolso de playa. Pasamos por el apartamento de ella, que estaba más cerca, para beber un poco de agua y, de paso, avisaba a sus padres que iba a estar en la playa conmigo un rato.

Al llegar a la playa fuimos directamente a donde estaban mis amigos, los cuales ya notaba a la distancia cómo se quedaban extrañados mirando e intentando averiguar de quién se trataba ella. La misma sensación la noté por parte de algunos de sus padres, por no decir que hasta a mi madre le extrañaba que estuviera en la playa con ella, ya que como hacía tiempo que no iba ella por aquí y que el grupo ya prácticamente no nos reuníamos, a lo sumo lo típico cuando te ves por ahí, que saludas y tienes una breve charla.

Por tanto, para evitar más miradas extrañas, nada más llegar se las presenté a los del grupo, que se levantaron y la saludaron con un par de besos. Casualidad que conocía a una de las chicas del grupo, por lo que al menos ya tenía dos caras conocidas para hablar y pasar el rato. Así, en un momento de la tarde, mientras ella estaba con mi otra amiga y su hermana, a la vez que jugábamos a las cartas, varios de mis amigos me preguntaron si había algo entre nosotros, recordándoles que era una amiga de toda la vida.

De esta forma, pasamos la tarde así con mi grupo de amigos. Al terminar, alguien preguntó si se iba a hacer algún plan esa noche, diciendo muchos que no les apetecía y unos pocos que ya habían quedado para salir a tomar algo por ahí. Entonces volviendo al complejo, como éramos los únicos de esos apartamentos estuvimos hablando, de qué tal se lo había pasado y demás.

Yo: “Oye, aunque los demás no hagan nada, ¿qué tal si vamos a tomarnos algo después de cenar?”.

Ella: “Sí, me gustaría mucho. Así seguimos pasándolo bien juntos”.

Después de haber aceptado mi plan, quedamos en vernos sobre las 22:00. Así, cada uno podía cenar tranquilo en su apartamento y preparase con calma para salir a tomar una copa por alguno de los bares o terrazas que hay por la zona.

Nada más llegar al apartamento, me preparé la cena como siempre. Estuve cenando mientras veía una serie de fondo en la televisión, con mis padres sentados en el sofá. Al terminar, recogí todo y me fui directo a la ducha para empezar a prepararme. Cuando ya estaba listo para salir, después de ponerme un vaquero corto y una camisa veraniega de color blanco, le escribí para saber si ella también estaba preparada, indicándome que solo necesitaba 5 minutos más, por lo que aproveché para echarme un poco de colonia, de la que tanto me gusta.

Estando ya preparado, salí y la esperé fuera de su apartamento. Cuando salió, la verdad que me asombró por completo como iba vestida, me dejó sin palabras. Iba con un top negro, que sin duda le realzaban aún más sus pechos, notándose que no llevaba sujetador puesto, todo ello junto con una minifalda del mismo color, bastante ajustada, marcando bien su culo. Todo ello junto con unas sandalias con tacón, las típicas que suelen llevar muchas mujeres en verano.

Ella: “Te gusta como estoy vestida, ¿verdad?”.

Yo: “Estás espectacular”.

A su vez, le cogí la mano y haciendo que diera una vuelta sobre sí misma. Por su parte, como respuesta a mi gesto, solo se rio y me dio una leve colleja. Después de bromear un poco más, nos despedimos de su madre que estaba dentro del apartamento, poniendo rumbo a un local tranquilo, con buen ambiente, que tiene una terraza amplia, una zona de billares y de dardos. Este sitio se encuentra en un centro comercial cercano a nuestros apartamentos y la playa, junto a un hotel que está en primera línea de la playa.

Nada más llegar al local, nos sentamos en unos sillones con una mesa en la terraza del local. Al llegar la camarera me saludó, debido a que suelo ir con mis amigos con frecuencia a este local, por lo que ya me conocía. Tras mirar los cócteles que tenía, le pedimos un par de mojitos, ofreciéndonos, si lo queríamos, de sabores. En mi caso, se lo pedí de fresa, mientras que mi amiga lo quería de sandía.

Así, pasamos unas cuantas horas en el sitio este, donde seguimos hablando, riendo al recordar viejos tiempos, a la vez que nos gastábamos alguna que otra broma. A pesar de ser un sitio tranquilo, por lo general va mucha gente, por lo que, en ocasiones, ponen música en directo. Esta noche había un grupo tocando música latina, de distintos géneros. Por lo que el ambiente se empezó a animar un poco más, la gente bailando alrededor de sus mesas o cerca del escenario que había, así como divirtiéndose un poco.

En ese instante, recuerdo que empezó a sonar una canción nueva que a ella le gustaba muchísimo.

Ella: “Ven, vamos a bailar un poco”.

Se levantó y, cogiéndome de la mano, fuimos hasta donde estaba el escenario. Al llegar ahí, con el resto de las personas que había a nuestro alrededor bailando también, empezamos a bailar. Al principio era como dos simples amigos bailando juntos y respetando las distancias, uno frente al otro. Sin embargo, a medida que iba pasando el rato, al igual que las canciones, en un movimiento, al cogerle la mano y hacer que se diera la vuelta, nos acercamos un poco más. Quedando ahora su culo pegado a mi cintura. No duramos mucho bailando así, porque nuevamente se dio la vuelta, pero sin despegarnos seguimos bailando, dejando cruzadas nuestras piernas.

En esa posición, yo la había empezado a agarrar por la cintura, mientras que ella había puesto una de sus manos en mi hombro. Nos mirábamos y nos sonreíamos, ambos estábamos disfrutando del baile juntos. Después de un rato, al cambiar nuevamente de pose, dejando su espalda apoyada en mi pecho, mi cintura se volvió a pegar junto a su culo, pero esta vez más aún, por lo que ella podía sentir mi polla sin ningún tipo de problema. En esta ocasión, ella por momentos me bailaba perreándome, pegando más su culo a mi polla, moviéndolo de un lado para otro.

La forma de bailar entre nosotros había cambiado por completo, de pasar a un baile entre amigos a un baile típico cuando estás ligando en una fiesta.

Por eso no era de extrañar que en el momento que pararon con la música, se podía percibir que algo había cambiado entre nosotros también. Más aun cuando, aprovechando el parón de la música, volvimos a sentarnos en el sofá que estaba en nuestra mesa, ya que nos quedamos sentados muy juntos, uno cerca del otro, mirándonos y cogiendo un poco de aire fresco. En ese instante me fijé que ya no nos quedaba nada de nuestras bebidas, por lo que le pregunté si ella quería otra copa, en su lugar me dijo que prefería tomar una cerveza bien fría. De esta forma, llamando al camarero que había cerca, le pedí si nos podía traer un cubo de cervezas, donde venían 5 cervezas.

Ya con las cervezas en nuestro poder y después de habernos hidratado un poco, estuvimos hablando largo y tendido de manera cariñosa y juguetona. Recuerdo que al ver que se había despeinado un poco, con mi mano le recogí el pelo, dejándoselo detrás de la oreja. Al hacer eso, ella se me quedó mirando de manera cariñosa y yo sin dejar de mirarla, le di un beso. Fue un beso lleno de pasión, de dos personas que se conocen y que se estaban deseando en ese momento.

Al terminar de besarnos, nos quedamos mirándonos nuevamente, volviendo a darnos un beso más breve. Después de eso, hubo más momentos de caricias, besos y juegos con nuestras manos, así como abrazos. Durante todo ese tiempo, nos bebimos el cubo de cervezas entero, teniendo que pedir otro más, ya que aprovechamos que el billar quedó libre para poder jugar alguna que otra partida.

Ella: “Te voy a dar una paliza”.

Yo: “¿Quién?”.

Ella: “Pues yo. Prepárate”.

Yo: “Ni en tus sueños me ganas guapa”.

Ella: “Te vas a enterar. ¿Nos apostamos?”.

Yo: “Lo que quieras. Total voy a ganar yo”.

Acordamos hacerlo al mejor de 3 partidas, así determinábamos mejor quién era el vencedor. A modo de resumen de las partidas, en la primera que jugamos, salí yo claramente vencedor, sin tener rival alguno, ofreciéndole una retirada a tiempo. En su lugar, lo rechazó, picándose un poco más. La segunda partida se hizo un poco más larga, pero la terminó ganando ella, debido a que sin querer metí la bola negra en el sitio que no tocaba. Esto solo hizo que ella se viniera arriba, ofreciéndome ella ahora la retirada o si todavía quería seguir con la apuesta. Obviamente yo iba a seguir con la partida, visto lo visto, tenía todas las de ganar.

Para la última partida, el pique ya estaba en su punto más alto, a la vez que la tensión entre nosotros, ya que no parábamos de darnos besos, caricias, algún que otro acercamiento para tocarle el culo o incluso ella a mí me tocaba la polla por encima del pantalón, intentando distraerme para ganar ella. Finalmente, terminé ganando la partida yo, un poco con un final parecido a la anterior, ya que en esta ocasión fue ella la que metió la bola negra cuando aún le quedaban un par de bolas más en juego. Esto hizo, que me acercará a ella, agarrándola por la cintura.

Yo: “Vaya mira tú por dónde, ha ganado el que ya sabíamos que iba a ganar”.

Ella: “Eso ha sido suerte”.

Yo: “Yo he ganado, tú has perdido. Ahora toca reclamar mi premio”.

Ella: “Ah sí, ¿cuál premio?”.

Yo: “Pues no sé eso me tendrás que decir tú”.

En ese instante, ella aprovechando que le daba la espalda a las personas que estaban en el local, así como al resto de mesas, llevó su mano a mi entrepierna, agarrándome los huevos y la polla.

Ella: “Pues… lo que quieras”.

Yo: “Mm… se me ocurren muchas cosas la verdad”.

Ella: “¿Cuáles? Sorpréndeme”.

Yo: “Pues… por ejemplo, tú”.

Tras decirle esto, volví a darle un beso más. Ella, por su parte, no dejaba de agarrarme la polla mientras nos estábamos besando.

Ella: “Hay un problema, en nuestros apartamentos están nuestras familias”.

Yo: “Cierto. Pero podemos ir a los baños del centro comercial”.

Ella: “Pero nos pueden pillar”.

Yo: “A estas horas no creo. Los restaurantes ya están cerrados, solo queda la gente de los bares”.

Ella: “Bueno es eso o nada”.

Después de habernos decidido a ir a los baños del centro comercial, fuimos a nuestros sitios para recoger nuestras cosas que estaban ahí, acercándonos posteriormente a la barra, dentro del local, para pagar nuestra cuenta. Al salir del local, íbamos cogidos de nuestras manos, caminando con normalidad. Fuimos a una planta inferior, debido a que esa era de las pocas que no tenían bares cerca y solo había uno o dos restaurantes como mucho. Aun así, antes de entrar, estuvimos mirando a ambos lados para ver si no había nadie cerca que nos pudiera ver entrar juntos al baño de minusválidos, que era el más cómodo. Se trata de un baño amplio, bastante más limpio que los demás, donde nadie te puede molestar, por lo que era perfecto para aprovechar el momento.

Nada más entramos al baño, cerrando la puerta con el seguro por dentro, empezamos a devorarnos nuestras bocas, besándonos como locos. Se notaba la tensión que se había creado durante la noche. Mientras nos besábamos, la llevé contra la pared, a la vez que nuestras manos iban recorriendo nuestros cuerpos, explorando cada detalle del cuerpo del otro. Sin dejar de besarnos, ella llegó al cinturón de mi pantalón, desabrochándolo al igual que el botón y la cremallera.

Ella: “Prepárate, aquí tienes tu premio”.

Yo: “Estoy deseándolo”.

Así, ella me giró dejándome a mí ahora de espalda, a la vez que comenzaba a desvestirme de cintura para abajo. Primero me quitó el pantalón, dejándolo caer hasta mis tobillos, para luego hacer lo mismo con mis calzoncillos. Todo ello mientras se iba relamiendo los labios. Teniéndome ya completamente desnudo de cintura para abajo, con su mano en mi polla empezó a pajearme, a la vez que se ponía de rodillas delante de mi polla. Una vez se puso en esta posición, mirándome fijamente a los ojos le dio una lamida a toda mi polla, desde la base hasta la punta. Cuando llegó a la punta de mi polla, se la fue metiendo poco a poco en su boca, comenzando a mamar de manera épica.

Yo: “Uff… que maravilla”.

Estaba jadeando de placer mientras ella me estaba comiendo la polla sin parar, estaba claro que esa boca era una auténtica experta en tragárselas. Además, se la notaba hambrienta, porque no se despegaba de mi polla. Por mi parte, me limitaba a agarrarla de la cabeza, con alguna caricia o le colocaba el pelo bien, fue un buen rato que estuvo comiéndome la polla.

En una ocasión, agarrándola de la cabeza, empecé a follarle sin parar su boca, si paraba era para provocarle alguna que otra arcada. Esto hacía que apenas pudiera respirar, pero se notaba que le estaba gustando, por la expresión de su cara y por sus ojos llenos de deseo cuando me miraba. Prueba de ello, cuando dejaba de follarle la boca, sacándosela, tras respirar un poco, enseguida volvía a meterse mi polla en su boca.

Llegó un punto de tanto estar así, que tenía la sensación de que si seguíamos un poco más, no iba a tardar en correrme en su boca. Más si sabemos que la noche no había hecho nada más que empezar. Por ello, se la saqué por última vez.

Yo: “Ahora me toca a mí”.

Nada más decir esto, la ayudé a levantarse para, luego, darnos un beso guarro en el que podía notar los fluidos de mi polla en su boca. Mientras íbamos compartiendo nuestras babas, le comencé a subir un poco su minifalda, tocándole el coño por encima del tanga que llevaba puesto. Un tanga que se notaba bien empapado de su coño que no paraba de chorear. Para tener un mejor acceso, le hice para un lado el tanga, jugando con mis dedos sobre su clítoris, hasta que se lo fui metiendo en su vagina, la cual no era difícil de lo mojada que estaba.

Ella: “Ahh… que rico”.

Tras un rato de besos mezclado con una follada con mis dedos en su coño, la levante por la cintura, haciendo que nos quedáramos abrazados, al poner ella sus pies rodeando mi cintura, para no caerse. Aprovechando que el lavamanos del baño tenía una amplia encimera, la senté sobre esta. Para estar un poco más cómodos, me desprendí por completo del pantalón y de mi ropa interior, que aún se encontraba en mis tobillos, dejándolos a un lado del lavamanos.

Sin dejar de besarnos, me situé entre sus piernas, manoseando otra vez su cuerpo por encima de la ropa, para luego desvestirla como ella me había hecho a mí. Primero le quité el top que traía puesto, dejando libres sus pechos, con los cuales me puse a jugar un rato con mis manos. Tras un rato, me acerqué hasta sus pezones, lamiéndolos y mordiéndolos suavemente con mis dientes.

Después de haber jugado lo suficiente con sus tetas, continué bajando por su cuerpo, deteniéndome en su cintura. Ella aún llevaba puesto su minifalda y su tanga, por lo que lentamente le fui quitando el tanga. Por fin su coño se encontraba liberado para mí, que se encontraba rasurado y empapado. Al verlo así, me puse más cachondo, bajando por completo para comérselo, como un desesperado. Me puse a darle lengüetazos a su coño, recogiendo sus fluidos, para comenzar a jugar con su clítoris. No paraba de darle pequeños mordiscos y succionando sin parar, mientras le iba metiendo un dedo en el interior de su coño, para pasar más tarde a meterle dos dedos.

Ella: “Mm… sigue… que ricooo”.

Ella no paraba de jadear, se encontraba gimiendo en todo momento, como una perra en celo y hambrienta de sexo, agarrándome de mi cabeza y apretándome contra su vagina, con el fin de que no me despegara de ella.

Tras un buen rato así, en una ocasión, con el fin de parar un poco, aproveché para quitarme el resto de mi ropa, tirándola junto a la suya y lo que ya había de mi ropa. Así, de esta forma, yo ya me encontraba completamente desnudo, mientras que, por su parte, únicamente contaba con su minifalda, la cual se había recolocado por encima de su cintura para estar más cómodos, ella por la ropa y yo para que no me estuviera molestando mientras me comía su rico coño. Una vez me deshice de mi ropa, volvimos a besarnos por otro rato, mandándome ella a volver a comerle el coño.

Ella: “Sigue comiéndote tu premio”.

Yo: “Vaya, parece que te estaba gustando”.

No hubo replica por su parte, únicamente un empujón a mis hombros, haciéndome bajar para volver al ataque con su coño. Como antes, no solo era comerle el coño, era follarla también con mis dedos, preparándolo para lo que venía después. Para su sorpresa, no solo le comí el coño, sino que con mi lengua me puse a jugar con su ano, lamiéndolo y recorriéndolo.

Ella: “Ah… no solo lame coños… sino que… ah… también culos”.

Yo: “El pack completo”.

Aunque al principio se sobresaltó al sentir mi lengua en su ano, poco a poco, lengüetazo a lengüetazo, le empezó a gustar y a pedirme que no parara de comerla, ya que se estaba poniendo más cachonda y se iba notando. Después de un largo rato, ya tenía muchísimas ganas de follármela sin parar.

Yo: “Que ganas tengo de follarte ya”.

Ella: “A qué estás esperando entonces”.

Me acomodé, situándome entre sus dos piernas, dejando mi polla a la altura de su coño, pero antes de metérsela, me puse a darle leves roces a su coño, soltando ella leves gemidos, aumentando sus ganas de sentirla en su interior.

Mientras hacia esto, ella no paraba de mirarme, mordiéndose el labio y esperando el momento en el que al fin se la metiera completamente. Por lo que esperando el momento en el que ella menos se lo esperara, se la metí de una entera, provocando que ella soltara un fuerte gemido, haciendo que le pusiera la mano en la boca, por si había alguien fuera que nos pudiera escuchar.

Así, comencé a follarla con calma, pero con embestidas bastantes profundas, permitiéndola que sintiera bien mi polla en su interior. Poco a poco, comencé a aumentar las embestidas, besándola con el fin de que no se escuchara tanto sus gemidos por fuera, por lo que se dedicó a agarrarme fuerte con sus piernas en mi cintura, para hacer que no me escapara de ahí, cosa que no pensaba hacer. Mientras la besaba y la follaba, yo la tenía agarrada de su cuello, haciendo que su cabeza estuviera apoyada contra el espejo que tenía detrás suya.

A cada rato que parábamos de besarnos, ella no paraba de gemir, pidiéndome más y más, halagando la rica polla que tenía, por lo que se notaba que estaba hambrienta de una desde hace tiempo. Tal era la desesperación que tenía, que una de sus manos se estaba tocando a la vez, en busca de tener un orgasmo o varios, estallando de placer al correrse después de un rato, mientras yo seguía follándola.

En mi caso, no quedaba mucho para correrme, pero antes de eso, le pedí que cambiara de postura, por lo que se levantó y se apoyó sobre donde estaba antes, de esta forma, entendió rápido que postura quería, por lo que apoyó sus manos al lavamanos, dejando su culo y coño completamente expuesto. Esta situación solo hizo que le soltara un fuerte azote en su culo, para agarrarla de las cinturas y metérsela otra vez. El ritmo era frenético, mientras le ponía mis dedos en su boca para que los chupara. Una vez lo hizo, y haciendo que ella me viera a través del espejo, con mis dedos lubricados por ella, puse uno de ellos en la entrada de su ano. Al ver lo que pretendía, asintió con su cabeza, por lo que comencé a introducirlo poco a poco, se notaba que no había entrado nada antes por ahí, estaba muy estrecho, por lo que esperé a que se adaptara, para seguir luego metiéndole otro dedo más, follándole así su culo mientras que mi polla le follaba su rico y apetitoso coño.

Yo: “Ah… me voy a correr”.

Ella: “Hazlo dentro de mí… ahh…”.

Ella terminando esa frase y yo comenzando a inundarle por completo su coño con mi semen, mientras suspiraba del placer que estaba sintiendo en ese momento. Tras terminar de correr, seguí un rato más con mi polla dentro suya, hasta que perdió su fuerza. Al sacársela, se volvió a sentar sobre el lavamanos, dejando sus piernas abiertas, para agarrarme del cuello y hacerme hacía ella para besarnos otra vez.

Después de besarnos, al separarnos, pudimos ver como mi semen empezaba a salirse de su coño, por lo que, sin pensárselo, recogió lo que pudo con su mano para llevárselo a su boca, enseñándome como se lo tragaba por completo.

Yo: “Vaya… eres toda una golosa”.

Ella: “Putilla golosa jeje”.

Volviéndole a soltarle un beso otra vez, notando la mezcla de mi semen en su boca. Al terminar, notamos que estábamos completamente sudados, pero literal que empapados en sudor. También un poco por el calor que hacía en ese baño. Ella se empezó a asear un poco con agua, retocándose el pelo lo que pudo y vistiéndose, a la vez que yo hacía lo mismo por mi parte. En el momento en el que se estaba vistiendo, me fijo que se iba a poner el tanga, lo cual se la quité rápidamente de la mano.

Yo: “De aquí sales sin el tanga puesto”.

Ella: “Uh… bueno así noto un poco de aire”.

En ese punto, con el calor que teníamos y que hacía, le propuse si nos íbamos a bañar a la playa.

Ella: “Pero no tenemos bañador”.

Yo: “Pues… nos bañamos desnudos”.

Ella: “Pero nos pueden ver o algo”.

Yo: “No creo, ahora no hay nadie y si tal vamos a la zona que está más apartada”.

Ella: “Bueno… visto así, ¿por qué no?”.

Tras aceptar mi propuesta, se lo tomó como una aventura más, para convertirse en una anécdota entre nosotros y en un futuro. Por lo que, al terminar de vestirnos, salimos del baño, después de ver que no había nadie por la zona, poniendo rumbo a la playa cogidos de la mano, antes de volver a nuestros apartamentos para dormir.