Xtories

Rivales

Él la mira con desdén en la sala de juntas, pero su oficina es otro mundo. Cuando el vestido rojo cruza la puerta, la hostilidad se quema en lujuria y el escritorio se convierte en el escenario de un secreto que ambos han guardado durante años.

Daniela5.3K vistas9.7· 7 votos

-¡Muchísimas gracias por está oportunidad señor Hernández! Le juro que no se arrepentirá.- Expreso con extrema alegría a mi jefe, un hombre entrado en años que es bastante alegre y siempre me ha tratado como a una hija.

-No hay de qué Raquel, sabes que confío en ti, ya verás que todo irá bien, espero grandes cosas de ti.-Me sonríe con ternura y me da un abrazo.

A mis 24 años soy afortunada de formar parte de una casa editorial muy importante en mi país en el área de marketing, y la razón por la que estoy tan entusiasmada es porque le acabo de presentar a la junta de ejecutivos una nueva forma de difusión en la que había estado pensando hace meses y todos lo aceptaron.

Bueno, casi todos.

Un gruñido hace que nos separemos del momento íntimo y volteó a ver a la única persona que se ha quedado junto a nosotros en la sala de juntas, Manuel, hijo del señor Hernández, vicepresidente de la Editorial y la única razón por la que mi proyecto no fue aceptado por unanimidad.

Lo miro por el rabillo del ojo intentando imprimir todo el desdén que siento por él, es algunos años mayor que yo, apenas acaba de pasar los treinta pero la verdad es que desde la primer vez que nos vimos nos caímos fatal.

Él me veía sólo como un culo y una cara bonita que estorbaba y yo lo veía a él como lo que era, un tipo grosero y demandante que no le ponía corazón a su trabajo. Naturalmente el señor Hernández se encargaba de decidir que publicar y a quien junto a su grupo de asistentes mientras que Manuel únicamente ve números, tengo entendido que tiene una carrera en Administración y otra en Finanzas, entre otros muchos estudios que es lo que hace que el negocio se mantenga a flote, lejos de los sentimientos de mi adorable jefe.

-Pues bien, Raquel. Veamos si eres capaz de lograr algo en este empresa, después de dos años, ya te estabas tardando.- Su ronca voz me eriza la piel, le tengo miedo a como sus ojos me miran con molestia, ni siquiera sé por qué me trata tan mal. Podría sólo ignorame como a los demás empleados, pero a mí me hace comentarios desagradables cada que puede.

-Hijo.-Le advierte el señor Hernández pero antes de que pueda comenzar a reprimirlo, él le detiene.

-Papá ¿Me darías un momento con Raquel por favor?- Despega su mirada de la mía y voltea con su padre, ambos comienzan una batalla de miradas pero me es muy difícil de averiguar qué es lo que están pensando.

La mirada verdosa de mi jefe, similar a la mía, se deja vencer por los ojos muy oscuros de Manuel. Mi jefe me dedica una sonrisa débil antes de salir de la sala y cerrar la puerta.

Me quedó mirando la puerta aún cuando ya ha salido porque no quiero enfrentar al demonio de piel apiñonada que se encuentra enfrente de mi.

-Raquel.-Me llama y volteó, está muy cerca. Toma mentón con dureza y hace que voltee a verlo. Siempre es así, no es la primera vez que me toca, siempre invade mi espacio personal pero para no molestar a mi jefe no he dicho nada hasta ahora.

"Y porque te gusta." Mi subconsciente se burla de mí. Conozco a la familia Hernández desde hace muchísimo tiempo, mi padre y su padre son muy buenos amigos de los clubes sociales que solemos frecuentar y yo conocí a Manuel cuando él tenía 16 y yo tan sólo 9. Él no me prestó mucha atención, como era de esperarse, pero yo me quedé prendada de él con un enamoramiento infantil tan fuerte que me persiguió a tal punto que todas mis amigas de la época lo sabían. Claro que dicho enamoramiento sólo duró hasta que entré a trabajar a la empresa hace dos años cuando me enteré que mi hermoso platónico de cabello oscuro era la encarnación del hijo del diablo.

Sigo esperando expectante a que continúe pero él sólo me ve, directo a los ojos. Tengo la sospecha de que usa el mismo perfume que a los 16 porque huele exactamente igual.-Quiero que me escuches bien.-Hace una pausa.-Espero que ese cuerpo que te cargas sea suficiente para lograr tu proyecto porque si la cagas, seré el primero en firmar tu carta de renuncia ¿Me entendiste?-Me amenaza mientras su agarre en la barbilla se endurece.

-Sí señor.- Estoy encabronadísima, pero no quiero dejarlo ver.

-Bien.-Hace una pausa y yo me congelo, siento las yemas de sus dedos recorrer mis muslos vestidos por un jean hasta que se detiene en el dobladillo de la blusa blanca que traigo puesta.-Y por favor, cambia tu ropa por una más decente, ahora que vas a ser jefa del área de marketing no quiero que los inversores te vean como una universitaria en plena semana de finales.-Mi paciencia llega. Así tope cuando introduce su mano por debajo de mi blusa y comienza a acariciar la piel de mi cintura. Reúno la poca dignidad que me queda y sumado a un repentino arranque de valor le empujó con todas mis fuerzas.

-Quedo más que claro.- Le digo fuerte y claro, mientras que por primera vez le veo como siempre he querido, haciéndole saber que somos iguales y que no debe faltarme al respeto.

Antes de que él pueda decir algo tomo mi carpeta y salgo a toda prisa del estudio.

La jornada laboral ha terminado y por fin estoy en mi hogar, tomando una ducha caliente en la bañera que se encuentra en el baño de mi habitación. Dios, hoy ha sido un día extraño, primero por la euforia de mi proyecto aceptado y segundo por la turbia pero extraña sensación que me invadió al estar a solas con Manuel, acariciándome.

Me resulta bastante extraño el hecho de que sea así conmigo cuando a las demás mujeres de la oficina rara vez les dirige la palabra y evita en toda medida cualquier mínimo roce. Y conmigo, el cabrón llega y me intenta tocar con cualquier excusa. Llegue a pensar que le atraía y eso ciertamente me emocionó pero era tan poco probable que lo descarte de inmediato sin hacerme ilusiones.

Ese pensamiento evoca a el recuerdo de sus manos en mi piel, al beso que me dió en la cena de navidad de la empresa el año pasado cuando él ya estaba muy pasado de copas y que en verdad dudo que recuerde.

Pero yo lo recuerdo a la perfección.

Ya todos se habían ido de la fiesta y el señor Hernández me pidió que le ayudara a llevar a cuestas a Manuel escaleras abajo hacia el estacionamiento. La idea original era que los tres esperaríamos por un taxi para que nos llevara a Manuel y a mi a nuestras respectivas casas pero él se negó porque quería manejar, así que no hubo más remedio que esperar un par de horas a que se le bajara la borrachera y que él manejara.

Al cabo de unos minutos le dije al señor Hernández que se fuera a su casa porque ya era entrada la madrugada y se le veía muy cansado, él accedió dejándome con su hijo como un bulto.

Resultó que su hijo en realidad no estaba en estado de bulto porque en cuanto su padre desapareció me pegó a la puerta de su automóvil y me besó. Fue un beso muy extraño, él estaba literalmente comiéndome la boca y sus manos apretaban mi trasero con ansías. Mis manos tiraban de su cabello para alejarlo de mí, por más que me pusiera lo que estaba haciendo no me sentía bien de aprovecharme de su estado.

-Estas tan rica.-Jadeo acariciando uno de mis pechos, arrastraba las letras cuál borracho.

Me envalentone por su estado.-Eso sólo lo piensas porque estás borracho.-Me burle pero volví a atraerlo a mis labios para seguir besándolo. Lo hizo pero volvió a detenerse.

-No, de verdad lo pienso. Quiero hacerte tantas cosas cuando te veo, yo.-Se detiene e hipa.-Algún día vas a estar en mi cama

Y con esa promesa en la mente vuelvo al presente dónde ya he empezado a frotar mis muslos entre sí por debajo del agua de la bañera, Dios, deslizo una de mis manos a mi zona íntima para acariciarme y un gemido brota de mi garganta. Quisiera que sus manos fueran las que me tocaran, él es tan rudo que me pone el hecho de pensar que también es así en la cama.

Subo mi mano a mi cuello, quisiera que fuera la de él apretándome. Sonrio con malicia, si él quiere que me vista mejor pues eso haré, seré una chica obediente.

Al día siguiente me preparo para llegar a la empresa manifestando la que soy, la próxima directora del área de marketing. Me visto con un vestido rojo cereza de manga tres cuartos ve me llega un poco más abajo de la mitad del muslo y que es todo ceñido. Me calzo unos tacones de color piel y peino mi cabello en una coleta alta. Quiero verme sexy, segura y elegante, que la gente deje de verme como una niñita que está en los puestos bajos y comience a percibirme como alguien importante y que sabe lo que hace.

En realidad sólo me interesaba que una persona en particular dejara de verme como niñita y había escuchado que el rojo era su debilidad.

Media hora más tarde me encuentro cruzando las puertas de la editorial con varias miradas curiosas encima de mí.

Tomo el elevador que me lleva directo a la sala de juntas donde seguramente ya están todos los inversionistas, a quienes les presentaré mi proyecto.

Entro a la sala y en efecto, se encuentran ahí más de diez hombres perfectamente trajeados, incluyendo a mi jefe, el señor Hernández. Todos son enormes personalidades en el mundo de la literatura, todos grandes conocedores de la materia creativa, gente que he admirado toda mi vida por saber valorar el talento de escritura. A quién no puedo visualizar es a su hijo, el señor amargado con la vida.

Comienzo saludando a todos y presentandome, apenas voy a comenzar con mi explicación cuando Manuel entra por la puerta.-Disculpen la tardanza, estaba arreglando unos asuntos.- Se excusa pobremente.

-No se preocupe licenciado Hernández.-Le volteo a ver para captar su atención, seguramente no esperaba que le dijera nada, nunca nadie lo hace.-En esta mesa siempre habrá espacio para todos los inversionistas, incluso para los menos creativos.-Le lanzo una pedrada directa que hace a todos carcajear debido a que es el único en esta sala que no se dedica al proceso de creación de los libros sino únicamente a las finanzas.

Pero no se queda callado, me regala la mirada más fría posible.-Veo que hoy ha amanecido de buenas, señorita Raquel, veamos si su buen humor dura lo que resta del día.-Me reta de vuelta y tras darme una mirada profunda veo que quiere prácticamente asesinarme.

Decido comenzar con mi presentación. Una hora más tarde el proyecto ha sido explicado y todas las dudas resueltas, me siento infinitamente contenta porque me permitieron avanzar con esta idea y además me felicitaron por mi personalidad inovadora.

-Deseo felicitarla señorita.- Se acerca Francisco Dávalos, nuestro inversionista más joven. Un hombre rubio y de piel bronceada que es apenas uno o dos años mayor que yo pero que ha heredado una gran fortuna y es aficionado de los libros. -Jamás había visto a una mujer tan joven hablar con tanta seguridad y profesionalismo frente a un grupo de adultos mal encarados.-Le sonrió con gratitud pero justo antes de que me permita agradecerle continúa hablando.- Además de que, si me lo permite, es usted muy guapa.-Me da un repaso de pies a cabeza y en mi mente no puedo evitar celebrar, mi vestido fue todo un éxito, he notado varias miradas masculinas sobre mí durante este rato, incluyendo la de cierto jefe de Finanzas que se acerca hacia nosotros.-Me preguntaba si algún día...-Comienza a hablar y presiento que me invitará a salir pero cierto demonio lo interrumpe.

-Francisco, un gusto verte.- Manual se para justo detrás de mí y puedo sentir su delicioso aroma colándose en mis fosas nasales. Francisco apenas va a contestar pero le vuelve a interrumpir.- ¿Cómo está tu prometida? Supe que tiene algunos meses de embarazo.-Suelta con voz venenosa y yo abro los ojos de par en par. Este desgraciado estaba haciéndose el coqueto conmigo y tiene prometida.

Sus mejillas en seguida se encienden y murmura un rápido.-Ella está bien, gracias por preguntar.-Sin mirarme a los ojos.

-Me parece estupendo.- Dijo Manuel con un tono de que no podría importarle menos.-Si no te molesta, debo llevarme a Raquel para discutir algunos asuntos.-No espera respuesta y tira de mi mano hasta salir de la sala de juntas, mi corazón late muy rápido porque es la primera vez que estamos así.

Mientras me arrastra por los pasillos hasta su oficina me permito observar sus manos, tiene unas manos muy varoniles que me gustaría que me apretaran contra él.

Entramos y no me pasa desapercibido como Manuel cierra la puerta con un golpe y le echa seguro.

-¿Se puede saber qué carajo estás pensando?.-Me mira demasiado molesto, puedo notar que las formalidades no tienen lugar en la intimidad de su oficina porque me tiene bien agarrada de los antebrazos.

Mis nervios sacan lo peor de mi y en lugar de ser inteligente y quedarme callada decido decirle.-¿Ahora estamos tuteandonos? Me parece que esa no es la manera correcta de llamarle a su jefa de Mercadotecnia.-Le miro directamente a los ojos y para mí sorpresa los suyos caen rápido a mi escote, y con toda la sinvergüenza del mundo mantiene la vista ahí.

-¿Qué demonios estaba pensando al usar este vestido? ¿Quería presentar un proyecto o causar erecciones?- Siento su respiración muy cerca, está oliendo la piel que sobresale de mi escote.

Maldita sea, le tengo unas ganas a este hombre. Miro sus manos que se marcan al estar apretando mis brazos y las imagino mejor apretándome las muñecas. Respiro su olor y tengo ganas de pedirle que me coja pero me siento juguetona, quiero que me ruegue para cogerme. Le empujó con tanta fuerza que su cuerpo queda cerca de su escritorio, en el que se recarga pra recuperar el blance.-A usted no le molesta el vestido que yo traigo puesto, lo que le jode es que sabe que jamás verá más allá de esto.-Le reto caminando hacia él, quedando peligrosamente cerca.

-No me interesa en lo absoluto tocarte Raquel.-Me dice pero sus manos apretadas en el borde del escritorio me expresan lo contrario.

Me acerco más, ahora nuestros pechos se rozan y yo me vuelvo más atrevida inclinando la cabeza hacía él.-No le creo para nada.- Puedo escuchar como sostiene la respiración cuando mi mano baja traviesa a su entrepierna.-Su cuerpo no sabe mentir tan bien como usted.-Aprieto ligeramente y siento como crece un poco bajo mi mano.-Pero seré un alma caritativa y le ayudaré.-Me separó un poco.

Puedo observar el morbo en sus ojos creciendo a medida que me pongo de rodillas frente a él, con manos expertas quito el cinturón de su pantalón y deshago el botón. Quiero tenerlo en la boca ya, que sepa lo que puedo hacerle sentir y se desespere.

Él saca mi lado más sucio y hace que pase la lengua por encima de la tela oscura de su ropa interior, la carne se endurece debajo de mi lengua y ya quiero sentirlo entre los labios, dejar la marca de mi labial cerca de su base.

-No andes con juegos Raquel, si me dejas a la mitad no te la vas a pasar nadie bien, no juegues conmigo.

Le regaló una sonrisa burlona desde mi posición hincada y no dejo de mirarlo a los ojos. -¿El jefe de Finanzas dudando de su habilidad para controlarse? Eso sí que es una sorpresa.- Mascullo juguetona.

Mi mano continúa acariciando su miembro por encima del boxer.-Grata sorpresa, he de imaginar.- no pasa desapercibido para mí que su voz se ha suavizado varios tonos.

-He de decir que después de aquella experiencia navideña ya lo esperaba un poco.-Suelto con la esperanza de que recuerde cómo me beso y apretó contra su cuerpo esa noche.

Deja de apretar el escritorio y sus ojos se abren mucho. Al parecer si lo recordaba.-Todo este tiempo pensé que había sido uno de los sueños húmedos que tengo contigo y que me hacen despertar encabronado, con razón en esa ocasión no me sentí así de molesto.-Me sorprende que dice "uno de los sueños".

Extiende una de sus manos y acaricia mi cabello con ternura.-¿Se arrepiente?- le pregunto para distraer los furiosos latidos de mi corazón al sentir como me está acariciando.

-Sólo me arrepiento de dos cosas sobre esa noche, de haber estado tan borracho como para no recordar el sabro de tus labios.-Sus dedos acarician mis labios.- Y de no haberte cogido contra el capo de mi auto esa noche para que todo quedará grabado por las cámaras del estacionamiento y tener un muy buen recuerdo de los dos.-Mi corazón tiene una batalla con mi sexo, no sé si morir de amor porque quiere besarme o bajarle los boxers y comérsela de una vez por todas. Un lado gana.

Me pongo de pie hasta quedar frente a frente, con los tacones apenas alcanzo a llegarle a la nariz.-Entonces déjeme refrescarle la memoria.-Tomo sus hombros y me inclino hasta que nuestros labios se rozan juntos. Él toma mi nuca y me besa con dureza, casi al instante abre mis labios con los suyos y su lengua tibia se abre paso entre mis labios. Con su otra mano se aferra a mis caderas y me pega más cerca de él. Es extraño pero siento como esos sentimientos que tuve hacía él toda mi vida se arremolinan como un torrente desatado en mi pecho, cómo si por fin le hubiese quitado el candado a la llave que guardaba mi enamoramiento hacía él.

Nuestros labios por fin se separan y no quiero que vea cuan asustada estoy de que me guste de nuevo.-Ponte de rodillas otra vez.-Me pide muy cerca de mis labios y aún aturdida por mis pensamientos anteriores me pongo de rodillas frente a él sin saber muy bien qué hacer.-Sé una buena niña y metelo en tu boca de una vez.-Me dice cuando ya he vuelto a mi posición anterior. Ve que no me muevo un milímetro y sólo lo miro. Él se baja la ropa interior y mi hambre vuelve.

Tomo su erección con mis manos e introduzco sólo una parte en mi boca, le miro y veo como echa la cabeza hacia atrás, comienzo a salivar y eso me permite ir más rápido que antes.-Raquel.-Jadea mi nombre y el orgullo se me va a los cielos porque sé que lo estoy haciendo sentir muy bien.

Me toma de los hombros y me separa de él, se sube los boxers y se deshace de su pantalón.-Quitame la camisa.-Me pide. Vuelvo a levantarme y comienzo a desabotonarla. Él me mira muy atento.

El miedo comienza a invadir me, no quiero comenzar a desarrollar sentimientos por él de nuevo sabiendo que para él sólo seré una más.

Me alejo un poco.-Manuel, creo que deberíamos parar.-Agacho la mirada.

Él toma mi mano y lo miro a los ojos.-Me sorprende ver qué tiene la mirada de un cachorrito herido.-Por favor Raquel, no me dejes así.-Me toma de las caderas y me aprieta para que sienta su erección.-Si no me meto en ti voy a volverme loco de verdad.-Tiene una mirada tan intensa que creo que sí no me estuviera sosteniendo caería de rodillas, de verdad parece que se morirá si no me toca.

-He querido quitarte ese vestido desde que te ví entrar por esa puerta.-Acaricia con las yemas de los dedos la parte dónde la falda de mi vestido termina. Hace rato que estoy chorreando, quiero que meta la mano en mi ropa interior y compruebe lo que me hace sentir. Ojalá pudiera meter una mano también a mi corazón para ver lo rápido que está palpitando.

-Hazlo.-Le pido y el niega mientras apoya su frente en mí.

-Hay algo que quiero hacer primero.- Me sonríe y tiene una sonrisa preciosa. Debería sonreír más a menudo, o mejor que no lo haga. No estoy segura de poder concentrarme en mi trabajo si lo veo así todos los días.

Mete sus manos por debajo de mi vestido y acaricia mis trasero, yo termino de quitarle la camisa y la dejo por ahí. Sus manos se sienten calientes contra mi piel desnuda. Siento como comienza a bajar mis bragas hasta que por si solas caen al rededor de mis pies. Salgo de ellas y el me toma de las caderas, nos hace girar y me sienta en su escritorio.-Yo tampoco he comido Raquel.-Me dice.-No seas egoísta y dame un poco.-Se hinca frente a mi y comienza a comerme despacito con mis piernas encima de sus hombros.

Humedad inmediata se acumula en mi intimidad. Con sus manos en mi trasero me acerca más a la orilla para comerme con facilidad. Los gemidos no dejan de brotar de mis labios y trato de callarlos porque no quiero que todo el piso se entere de que estamos cogiendo.-No te calles, se separa, que todo el mundo sepa lo que estamos haciendo. Que todo el mundo sepa que la única maldita persona que me hace perder el control eres tú.-Se levanta y yo instantáneamente le abrazo las caderas con las piernas pegándolo a mí, se baja los boxers.

-Hazme tuya.- Le suplico mirándolo a los ojos con mis brazos enganchados en su cuello.

-No te equivoques Raquel.-Dice mientras se introduce lentamente en mí, para que sienta toda su deliciosa extensión.-Tú eres mía desde aquella vez que te paseaste en bikini por mi casa, sé que querías que te observara.-Me dice de manera agitada porque ahora si me encuentro rodeándolo, suelto un gemido.-Esa noche me masturbe pensando en el cuerpo de mujer que tenías, en tus pechos y tus nalgas y en lo bonita que te verías debajo de mí.-Las palabras que me está diciendo me están poniendo a tope, imaginarlo hace un cinco años tan sólo, que fue cuando hicieron una reunión privada nuestros padres en el jardín de su casa. Era una albercada pero él no pudo asistir porque se quedó encerrado en su habitación estudiando para los exámenes. Aparte de huraño, nerd.

No parece un nerd ahora que se está moviendo dentro de ti ¿No?-Se burla mi subconsciente.

Esa vez estaba tan decepcionada, los días en el gimnasio por fin habían dado frutos y mi cuerpo se veía mucho más esculpido. Claro que quería que me viera. Así que cree el plan más estupido de la tierra. Fingir que estaba perdida y entrar a su habitación pensando que era el baño.

-Vienes a esta casa desde que tienes nueve años ¿Y en serio esperas que me crea que no recordabas dónde estaba el baño?-Un Manuel de 23 años me observa incrédulo.

Para ese momento pensé que mi plan había fallado pero ahora, con él empujandome para quedar recostada en su escritorio, penetrandome con toda la fuerza que puede y arrancandome gemidos de los labios tan fuertes como mi mano en mis labios los dejan escapar, con él confesandome que ese día se masturbo pensando en mí, me doy cuenta que estaba muy equivocada.

Nuestras respiraciones se han vuelto completamente desacompasadas, él se inclina delante mientras se sigue moviendo dentro y fuera y lame el valle de mis pechos.-Que bonitas las tienes.-Me adula.-Y que mojadita estás, me puedo meter muy fácil en tu, mira.-Para probar su punto comienza a moverse más lento. Se endereza y observa mi entrepierna abierta por su miembro que sigue invadiendome. Miro con lujuria como una de sus manos suelta mis caderas y comienza a jugar con mi clítoris. Es lo único que hacía falta para que yo también comenzará a agotarme de más. Observo sorprendida como desde su altura escupe y la saliva cae justo encima de mi clítoris, continúa frotando velozmente.

Ese es mi punto débil, no falta mucho para que me corra y dejo de preocuparme por mis gemidos. Quitó mis manos de mi boca y comienzo a apretarme los pechos aún prisioneros de la tela del vestido rojo.-Me voy a venir...-Le aviso

Manuel levanta mis piernas a sus hombros y las sensaciones son aún más intensas, se las arregla para seguir frotando mi clítoris.-Dámelo princesa, dame lo que quiero.-Me pide.-Sé una buena niña y correte para mí.-Me pone tanto tener su aprobación que en el momento que me pide que me venga comienzo a hacerlo, quiero que sepa que puedo ser una buena chica.

-Que mojado está aquí abajo Raquel.-Me gruñe y comienza a hacerlo más rápido. Sale de mi y comienza a llegar en mi abdomen con chorros calientes. Ve su rostro contraerse por el placer y quisiera tomarle una foto para tenerlo enmarcado en algún lugar.

Se sale de mí y después de unos minutos de silencio me pongo incómoda, no sé que hacer. ¿Qué se supone que diga? No es como que espere un besito pero un "bien hecho" no estaría mal.

Busco mi ropa interior y cuando la tomo por fin me la arrebata y la guarda en sus cajones.-Ey, eso es...-Me interrumpe

-No olvidó mi promesa, señorita Cortés, algún día estará en mi cama.-Se acerca y me da un beso en la frente.

-Pero acabamos de...

-No.-Me interrumpe-Acabamos de coger en mi escritorio, aún falta que estés en mi cama.-Me mira con una sonrisa maliciosa.-Fue una promesa.-Hizo una pausa.- Y yo nunca rompo mis promesas.

No sé que decir.-Vuelva a su área, señorita Cortés. La gente ya debe estarla buscando.-No sé qué decirle, estoy tan aturdida por el beso en la frente que me acaba de dar más que por el maravillo orgasmo que tuve.

Me giro para salir de su oficina y me da una nalgada que me hace brincar y mirarlo.-Te mando mensaje en la noche, bonita.-Sin quererlo una sonrisa se extiende en mis labios y él me guiña un ojo.

Salgo de su oficina con el corazón a mil por hora, como una adolescente con las hormonas alborotadas. Ya me enamoré otra vez.