La vida de María (Parte 4)
María se esconde bajo el escritorio, escuchando cómo su jefe la desviste con palabras mientras otro hombre la toca. No es solo un juego de poder; es el inicio de una obsesión que la llevará a Roma, al baño de la oficina y a descubrir que su madre ya caminó por ese mismo camino de sumisión.
Me llamo María y tengo 34 años, pero la historia que os voy a contar ocurrió cuando solo tenía 25 años.
Me escondí debajo de la mesa. Cuando abrió la puerta, Gómez.
_Somoza, hemos acabado abajo y ya nos vamos. ¿dónde tienes al bombón que has traído de directora? - preguntó Gómez.
_Pues la mandé para abajo que empezara ya a trabajar – contestó Jorge, mientras se desabrochaba el pantalón y se sacaba su polla dura por debajo de la mesa.
_Pero Somoza, ¿te has fijado las tetazas que tiene? Y esa carita de inocente, esos ojazos verdes, con esos labios carnosos ideales para que me coma la polla, qué morbazo.
_Seguro que hace unas mamadas de infarto – contestó Jorge entre risas.
Ese comentario hizo que escondida debajo de la mesa cogiera su polla con la mano y empezara a lamerle los huevos.
_No sé cómo voy a controlar a los tíos de esta empresa; se la van a querer follar todos, empezando por mí.
Mi lengua empezó a deslizarse por la polla de abajo hacia arriba, lamiéndola como si de un helado se tratara.
_Po oor fa vooor, controoolame esta jauría – respondió Jorge con la voz entrecortada.
_Sí no te preocupes, jefe, no dejaré que ningún animal de estos se acerque a ella. Pero a mí como se me ponga a tiro, le voy a poner las tetas perdidas con mi leche – contestó con una carcajada.
Escuchar las guarradas que ese cincuentón estaba diciendo de mí, sin saber que yo lo estaba escuchando. Me estaba poniendo muy caliente.
Me empecé a tragar esa verga dura sin parar, mirando las caras que Jorge ponía intentando disimular.
_Gómez tienes que pensar en tuuu matrimoooonio - dijo Jorge intentando mantener la compostura como podía.
_Me lo pones difícil, Somoza, me traes esa diosa con esos melones, pues me vuelvo loco. Mira hoy el polvo dominguero con mi mujer lo echaré pensando en ella.
Mi coño se hizo agua escuchando ese dato, algo que hizo que la polla de Jorge entrara muy profunda dentro de mi boca.
_Procura que la respeten, Gómez -dijo mientras se aguantaba sin gemir.
_Lo intentaré, jefe, pero mira ¿te acuerdas de Almudena, la que estaba en recursos humanos? sería como esta de edad, modosita, baja también, pelirroja, gafas de pasta, delgadita, que tenía un culo redondito muy rico; le faltaba algo de teta para mi gusto, pero era un pivón. Bueno, pues el día de la cena de Navidad, fui al baño a echar una meada y en el inodoro de al lado estaba el argentino este que tiró los quesos ahora, con ella, follándola por el culo. Tendrías que ver a la modosita cómo disfrutaba. Encima, la chica se casaba ese verano, pero luego no sé qué le pasó, que se fue a los dos meses de la empresa. Cómo me hubiera gustado echarle un polvazo.
Escuchar la historia de David follándose a esa tan Almudena me había puesto aún más cachonda. Haciendo que se la succionara más rápido.
_Sí la recuerdo.
_Bueno, jefe, me voy a ir ya para casa. Que tengas buen domingo. - dijo Gómez mientras salía del despacho.
_Joder, qué rico la chupas, María – exclamó Jorge nada más quedarse solo en el despacho.
Sus manos empezaron a agarrar mi cabeza con fuerza, haciendo que me atragantara.
_Mmmmmm... - dije atragantada mientras le echaba una mirada de lujuria.
_Me pones muchísimo, María.
Saqué la polla de la boca y me quité la camiseta y el sujetador, quedándome desnuda de cintura para arriba.
_¡¡Dios mío!! Tienes las tetazas más preciosas que vi nunca. Me tienen loco.
Coloqué su polla totalmente dura entre las tetas y comencé a masturbarlo agarrándome el pecho por los laterales.
Él solo pudo reclinarse en la silla y disfrutar de la cubana.
Se la fui agitando más rápido hasta que...
_Uffffff, me corro – balbuceó exhausto, echando cuatro fuertes chorros de semen que cayeron sobre mi barbilla y por mi escote.
Le sonreí, mientras me limpiaba la corrida y fui a mirar el móvil.
_¡Ay, Jorge! Que son las dos y veinte, no llegamos. - le dije, nerviosa por miedo a no llegar a la estación.
_¿Qué? - se levantó instantáneamente – vamos, que si llegas.
Me vestí frenéticamente, sabiendo que la estación no estaba cerca y el tiempo jugaba en nuestra contra.
Entramos en el coche; yo lucía mi coleta un poco despeinada y Jorge salió a toda prisa con destino la estación de Chamartín.
_Me da mucha pena que te vayas, María, espero que no dudes en aceptar la oferta que te he propuesto. Me encantaría que formaras parte de mi equipo. Eres una chica genial.
_Lo tengo que hablar con mi familia y te diré algo en los próximos días. - contesté mientras me hacía una nueva trenza.
_Vamos sabes que es una oportunidad que no puedes perder; no vas a estar toda tu vida en esa taberna. Ese tren solo pasa una vez y te aseguro que lo vas a coger – dijo soltando una carcajada mientras adelantaba muy rápido a otro coche.
_Bueno, lo tengo que hablar con ellos; primero me gustaría que tuvieran alguien que me sustituya.
_Está bien, piénsalo.
_¿Sabes qué me pasó ayer cuando escapaba por la terraza?
_Sí, que viste a Aladdin con la alfombra mágica y salisteis volando. - respondió riéndose.
_No, tonto, ví a los que estaban en la habitación de al lado haciendo prácticas sexuales un poco diferentes a lo convencional.
_¿Qué dices? ¿Qué estaban haciendo? - me preguntó con curiosidad.
_Pues estaba el hombre bastante gordo, esposado a cuatro patas, amordazado, con un antifaz rosa y un plug anal con una cola de zorro en su culo, mientras una mujer con una máscara lo azotaba como si fuera un caballo.
_No te creo, María – dijo muerto de risa - pero tú sabes quien estaba en la habitación pegada a la mía.
_No sé quién era, pero me pareció muy gracioso.
_Era Jesús Montejano, el suegro de Alicia; es el concejal que me está dando largas para los permisos del terreno y ella supongo que sería su mujer.
_Mira, son estos dos – le dije mientras le enseñaba la fotografía que había hecho con el móvil.
_¡Sí! - contestó riéndose – son ellos, llevan antifaz, pero se puede ver claramente que son ellos. Qué bueno, no me imaginaba yo que Montejano tenía esos gustos tan peculiares.
_¿Falta mucho? Es que el tren sale en veinte minutos - pregunté nerviosa.
_Sí unos 50 minutos – contestó riéndose mientras aparcaba justo al lado de la estación.
_Idiota.
_Me encanta esa carita que pones de indignada cuando me meto contigo, aunque la que pones cuando te metes mi polla en la boca, esa me vuelve loco.
Le di un pequeño puñetazo en el hombro. Mientras salía del coche.
_Espera, María, no te vayas así. Tengo que darte una cosa. - me dijo mientras me agarraba la mejilla besando mis labios – te voy a echar de menos y piensa lo que te dije.
_Venga, ya hablamos, tonto. - le dije saliendo del coche.
Compré un libro y un bocadillo para un viaje en solitario que me sirvió para pensar en todo lo que me había pasado. Desde la infidelidad de Marcos, el sexo con el padre de Alicia, el trío con esos chicos tan amables, el guarro del taxista, la oferta de trabajo, hasta incluso pensaba en el cabrón de Bruno que me había roto el culo y lo notaba en el duro asiento del tren.
El viaje se me hizo corto y ameno; pude conocer a una señora que viajaba a Gijón para ver a su nieta que acababa de nacer y disfrutar del paisaje que pasaba de la llanura suave de Castilla y León a las pronunciadas colinas verdes hasta llegar a Oviedo.
Al salir del tren y poner un pie en el andén de la estación, escuché que alguien me llamaba.
_¡¡MARÍA!!
Era Marcos con un ramo de rosas rojas. Mi cara de asco creo que fue bastante visible.
_¿Qué te pasa? - me preguntó dándome el ramo de rosas.
_¿Que, qué me pasa? Todavía tienes los huevos de venir aquí con un ramo de flores - le dije dándole con las flores en la cabeza, mientras caminaba a la salida de la estación.
_Pero, tía, ¿de qué hablas? Te has vuelto loca en Madrid. Mira deja de montar el numerito aquí y vamos a casa.
_Esto me pasa – le respondí mientras le enseñaba el video que salía follando con una chica en el baño de la discoteca.
_Pero ¿¡quién coño me ha hecho ese video!? ¡¡le voy a romper la cabeza al hijo de puta que haya sido!! - me dijo enfurecido mientras le daba una patada a una papelera.
_Mira, Marcos, déjame en paz, no me vuelvas a hablar nunca más y deja de montar el numerito.
_Espera, por favor, te lo puedo explicar.
_Olvídame – le contesté subiéndome a un taxi directo al bar de mis padres. Me sentía totalmente liberada después de dejar al cabrón de Marcos.
Tras quince minutos de trayecto llegué al bar de mis padres; esta vez sí pude pagarme el taxi sin ningún problema. En el bar solo estaba Marcelino, un barrendero jubilado del barrio que solía emborracharse todos los días con mi madre, que estaba fregando la cocina del bar.
_¡¡Hola, mami!! - la saludé, con un efusivo abrazo como si hiciera dos años que no la viera.
Ella siempre fue mi confesora y la que mejores consejos me daba. Tenía en aquel momento 50 años, peinada con estilo bob y teñida de rubia para tapar sus canas; de ella había heredado la estatura, las tetas, la nariz respingona y pequeñita y los ojos grandes y verdes. Suele vestir de forma recatada, aunque conserva una figura muy buena con curvas pronunciadas.
_¿Qué tal estás, hija? Parece que traes mala cara ¿todo bien en la boda?- me preguntó preocupada.
_Verás, he roto con Marcos, me he enterado que me ha puesto los cuernos y lo he mandado a tomar por donde tú ya sabes.
_Pero ¿qué me dices? Lo siento, cielo, bueno, tengo que confesarte que Marcos a mí nunca me gustó; siempre lo vi un soberbio y creo que te va a ir mejor sin él. ¿has comido? ¿quieres que te prepare algo?
_Sí, mamá, comí en el tren.
_Pero, ¿estás bien? Te noto diferente, ¿es por lo de Marcos? Ya sabes que puedes contarme lo que quieras.
_No, es por Marcos, me siento genial por haberme liberado de ese inmaduro.
_Pues no sé, pero te noto rara.
_¡¡Pilar, cóbrame la cerveza!! - gritó el hombre que estaba tomando la cerveza desde el fondo de la barra.
_Son 1,80, Marcelino.
El hombre dejó el dinero en la barra y salió del bar, quedando yo sola con mi madre.
_Los domingos por la tarde, si no hay fútbol, el bar se queda vacío. - me dijo mientras recogía el vaso.
_Verás, mamá, el padre de Alicia me ha ofrecido un puesto de directora en su empresa, me da muy buenas condiciones y quiere que me incorpore la semana que viene.
Escuchar esas palabras hizo que cambiara el gesto de mi madre y se le resbalara el vaso al suelo que estaba recogiendo.
_¡¡Mierda!! - exclamó.
_Tranquila, mamá, le he dicho que hasta que aquí no tengamos una sustituta para mi, no voy aceptar ese puesto.
_No es eso, hija.
_Mamá, es una buena oferta y es para lo que me estuve formando, entiendo que te cueste que me vaya a Madrid, pero cada vez que pueda me vas a tener aquí.
_Es otra cosa, pero no puedo contarte.
_Bueno, pues si no me la puedes contar, aceptaré el puesto y la semana que viene, me iré a Madrid.
_Está bien, te contaré todo con pelos y señales. Después de tantos años es algo que puedes saber. Esto ocurrió un año antes de que Jorge Somoza cerrara la empresa aquí y decidiera trasladarla a Madrid. Por aquel entonces, la relación con Jorge y Eugenia era solo la de unos padres que se conocen de llevar a sus hijas al mismo colegio y de vez en cuando coincidíamos en los entrenamientos del baloncesto. ¿te acuerdas cuando jugabais en el equipo del colegio?.
_Si, mamá, pero ¿qué tiene eso que ver?
_Bueno, Eugenia, siempre me miró por encima del hombro, y se notaba que no estaba a gusto con que Alicia y tú os llevárais tan bien. En cambio, Jorge estaba encantado, te invitaba a pasar los veranos en Luanco y siempre se mostraba muy amable conmigo, algo que a tu padre no le hacía mucha gracia. Por aquel entonces, tu padre trabajaba en la construcción y yo estaba aquí en la taberna con tu abuelo. Pero vino una crisis económica que hizo que tu padre perdiera el trabajo. Estuvo un tiempo bastante depresivo y su único entretenimiento era beber y eso. - dijo señalando la máquina tragaperras – Yo le di un ultimátum a tu padre: o dejaba los vicios y empezaba a trabajar o lo echaba de casa. Me acuerdo que estuvo un tiempo llevando currículums por empresas de la zona, pero sin mucho éxito. Así que un día, ya harta de esa situación, me fui a hablar con Jorge. Era mediados de junio. Ese día me puse unos tacones de aguja y un vestido rosa de flores que tengo ¿te das cuenta del que te digo? - me preguntó.
_Sí. uno muy llamativo con escote en forma de V, que va ajustado al cuerpo en la parte superior y tiene la faldita justo por encima de la rodilla con algo de vuelo. Es muy bonito; me acuerdo que cuando lo llevabas a mis partidos de baloncesto, los padres de las niñas se les iban los ojos.
_Sí ese, tu padre siempre que lo ponía decía que... bueno, eso no te lo puedo contar – dijo entre risas.
_Mamá, ya no soy una niña; me imagino que le gustaría cómo te quedaba.
_Sí, bueno, se volvía loco al vérmelo puesto; siempre que buscaba pelea con él, me lo ponía. Pero es bastante celoso y no le gustaba que lo pusiera por la calle. El caso es que fui a ver a Jorge así vestida con el fin de que pudiera darle un trabajo a tu padre. Al pasar delante de los trabajadores, todos se giraban para verme mover las caderas; algunos ya me conocían cosa que me incomodaba al recibir tantas miradas. Estaba cansada de verlos babear por mí aquí en la taberna.
_¿Y qué pasó cuando viste a Jorge? - pregunté con curiosidad.
_Jorge por aquel entonces, no sé cómo estará ahora, pero era un guaperas, se parecía a Paul Newman cuando era más joven, alto, muy arreglado; a todas las madres del baloncesto nos llamaba la atención. Siempre iba perfumado y con el pelo perfectamente arreglado. Piqué en su despacho; me acuerdo que estaba hablando por teléfono y me hizo un gesto con los dedos para que pasara. Me quedé delante suya un poco acobardada. Nada más colgar, me dijo.
_Pero, Pilar, ¿a qué debo esta bonita sorpresa? Qué guapa estás. - me dijo levantándose para darme dos besos.
_Hola, Jorge, pues verás, esta situación me da un poco de vergüenza.
_Anda, mujer, toma asiento y dime qué ocurre – me dijó quedando sentado en el pico de la mesa, mientras yo tomaba asiento.
_Verás mi marido José está pasando por un momento de mala suerte.
_Tu marido es el hombre más afortunado del mundo teniendo una mujer como tú.
Escuchar esas palabras de un hombre tan apuesto me había sonrojado.
_Ha trabajado toda su vida como albañil y, por la crisis, lleva ya unos meses sin empleo.
_Eres una mujer de admirar, te preocupas por el bienestar de la familia y vienes tú a buscar el empleo de tu marido. - me dijo apoyando una mano sobre mi pierna.
Notar su mano encima de mi muslo me resultaba excitante. Perdón por contarte este tipo de detalles, pero quiero qué entiendas que clase de persona es.
_Sé que tendría que estar él aquí, pero creo que por orgullo no quiere pedirte a ti el empleo.
_Si él no viene a pedirme empleo, tendré que dártelo a ti, que te has presentado aquí tan bonita; tu presencia sería una buena imagen, sin duda, para la empresa.
_Gracias por tu cumplido, me vas a poner roja. - le contesté con una sonrisa nerviosa.
_Pilar, tú sabes que yo quiero ayudarte en todo lo que quieras, pero tu marido igual no está de acuerdo en trabajar para mí. - me decía con su mano acariciando mi muslo.
_No te preocupes, si tú puedes hacerme ese favor, él va a tragarse su orgullo y venir a trabajar de lo que haga falta; ahora mismo necesitamos el dinero o nos quedamos sin el piso.
Se levantó del pico de la mesa y se colocó detrás mía, poniendo sus manos sobre mis hombros.
_Estoy pensando dónde puedo contratarlo.
_Él tiene carnet de camión, por si necesitas algún transportista.
_Nah, camioneros ya tengo muchos, ¿tiene conocimientos informáticos? - me dijo mientras empezó a masajear mis hombros.
_Qué va, es negado para esas cosas, todas las gestiones de ordenador las resuelvo yo - le respondí entre risas.
_Tengo otro puesto, entonces, para él.
_¿En serio? – le dije emocionada.
Sus manos empezaron a deslizarse por mi cuello, haciendo que me respigara entera.
_Sí, Pilar, los amigos estamos también para los favores.
Me levanté y le di un abrazo, pero al abrazarlo pude notar que estaba completamente empalmado.
Yo respetaba a tu padre, pero reconozco que esa situación me excitaba mucho, verlo con una mirada lujuriosa y con su polla que se notaba bien grande rozando mi cuerpo...
_Te agradezco mucho tu ayuda. - le dije dándole un beso en la mejilla.
Ese beso encendió la mecha que hizo que se lanzara a mi boca.
Me empezó a comer la boca, mientras sus manos agarraban con fuerza mi culo.
_Hija, reconozco que caí rendida, estaba fuera de mí – me dijó mi madre.
_ ¿qué más ocurrió? - le pregunté con curiosidad.
_El resto ya es una historia que igual no debo contarte.
_Anda que ya no soy una niña.
Me sentó encima de su mesa de trabajo, haciendo que mi falda se subiera, dejando visibles mis braguitas. Y sus manos se fueron directas a mis tetas, mientras me comía el cuello.
Notar sus labios en mi cuello y sus manos magrearme las tetas hizo que empezara a gemir.
Su paquete no paraba de rozarse contra mi entrepierna, haciendo que la humedad de mi vagina creciera.
Hasta que no aguantó más y se bajó los pantalones y los calzoncillos, dejando a la vista una enorme verga.
_No te puedes imaginar el tamaño – me dijo mi madre haciendo el gesto con los dedos de lo que medía.
_Claro que me lo imagino – pensé para mi.
Me arrancó las braguitas de un tirón, dejando mi vagina al aire.
_Estos pelitos, Pilar, no me gustan. - me dijo mientras fue hundiendo sus dedos dentro de mi húmedo coño.
Solo podía responder con gemidos, abrazándome a él. Hasta que colocó su polla en la entrada de mi vagina.
La fue frotando por fuera, haciendo que mi deseo fuera en aumento. Hasta que me dijo al oído.
_Vamos, Pilar, pídemelo.
Escuchando a mi madre, no me podía creer que el cabrón de Jorge le hubiera dicho lo mismo que me dijo a mí antes de follarme.
_Hija, no me pongas esa cara de rabia; fue un momento de necesidad, que, sumado con el calentón, desembocó en eso. - me dijo mi madre. - y se lo dije, rogué que me follara, estaba tan caliente que su pollón entraba sin dificultad. Disfrutaba como nunca; me dejé caer encima de la mesa mientras él me follaba de pies. Hasta que tuve un orgasmo, algo que con dificultad conseguía tener con tu padre. Me dio la vuelta dejando mi culo en pompa y continuó dándome embestidas sin descanso.
Ese hombre había conseguido que tuviera un segundo orgasmo, hasta que no aguantó más y terminó corriéndose encima de mi culo.
_Pero, mamá, porque hayas tenido una aventura con él, no quiere decir que no pueda trabajar en su empresa. - le dije sin entender cuál era el problema.
_Ese no fue el problema – me contestó – tras el polvo, nos limpiamos la corrida y me dijo “si quieres el trabajo para tu marido, también te quiero a ti en mi empresa”.
_Pero, Jorge, yo tengo por las tardes que atender la taberna y aquí no sé qué podría hacer.
_Pues serás mi asistente personal – me dijo dándome un beso en los labios – mañana os quiero a tu marido y a ti a las nueve aquí.
Al llegar a casa se lo expliqué a tu padre qué le había conseguido el empleo. No me había explicado qué puesto había buscado para él. Pero tenía que aceptar lo que fuera, no le quedaba otra.
A las nueve menos veinte ya estábamos en la puerta de la nave; yo me había puesto un pantalón largo negro y una blusa granate, bastante discreta. Fueron llegando los empleados que entraban a trabajar; algunos nos iban saludando ya que eran vecinos del barrio que solían parar en la taberna.
Hasta que finalmente llegó Jorge con un Audi estilo ranchera.
_Hola, pareja - nos saludó cordialmente dándole la mano a tu padre y a mí con dos besos. Mientras sacaba dos bolsas de su maletero.
Entramos en la nave detrás suya y nos presentó al encargado de la empresa; era un hombre de mal carácter con los empleados, se llamaba Fernando Gómez.
_Buenos días, Gómez, quiero que llames a Rosario y le presentes a este hombre que será su nuevo ayudante. - ordenó Jorge – espera llevar la bolsa blanca que dentro está el uniforme.
Nosotros entramos en el despacho con la otra bolsa.
_Bueno, Pilar, esté es tu uniforme, quiero que te quites toda la ropa que llevas y pongas la que te compré. - me dijo entregándome la bolsa.
Me puse a salir para cambiarme en los vestuarios.
_Cámbiate aquí - me ordenó.
_Jorge, ¿cómo me dices eso?
_Soy tu jefe y tú mi asistente personal; tienes que hacerme caso si quieres que José no se pase el día bebiendo y sin empleo.
Me tuve que morder la lengua y obedecer su orden. Me quité la blusa y puse la camisa que me había comprado.
_Espera Pilar, ya te dije que tienes que quitarte toda la ropa y poner lo que te compré.
Me quité un poco avergonzada el sostén, quedando mis pechos al aire. Mientras él me observaba con las manos en los bolsillos. Me abotoné la camisa blanca sin nada debajo, pero cuando llegué a la zona del escote ya tuve problemas para poder cerrarla. Quedando mis tetas apretadas con los botones a punto de salir volando y dejando la parte de arriba sin poder cerrar, quedando a la vista un enorme escote y marcándose mis pezones. Me quité el pantalón y las bragas que había llevado.
_Un momento, Pilar – cogió unas tijeras de su escritorio y se acercó a mí.
_¿Qué haces? - le respondí un poco asustada.
_Ayer te dije que esto no me gustaba – me dijo mientras se agachaba delante de mi coño y empezaba a cortarme el vello púbico, que caía sobre el suelo del despacho. También aprovechó para acariciarme el clítoris, acelerando los latidos de mi corazón.
Mientras estaba recortando mis pelos, fuera del despacho se escuchaban silbidos, vítores y carcajadas. No sabía que estaba pasando.
Cuando terminó, miré en la bolsa y tenía preparado un diminuto tanguita negro de encaje, una minifalda de tubo negra, que se ajustaba perfectamente a mi culo y unos tacones negros.
Jorge salió del despacho y, como por arte de magia se acabaron los vítores y las risas.
_¡Gómez! Reúne a toda la plantilla. - dijo mientras me mandó con la mano salir del despacho.
Al salir entendí por qué era todo el escándalo y las risas. A tu padre lo habían contratado de limpiador y llevaba un mandil rosa igual que su compañera Rosario, una mujer de más de 60 años que estaba a punto de jubilarse. Podía verse que estaba completamente avergonzado, además no sé cómo llevaría ese trabajo, teniendo en cuenta que nunca había limpiado en casa.
Las miradas de toda la empresa dejaron de centrarse en tu padre, para ser mi escote y mis pintas de buscona el centro de atención de los hombres de la empresa.
_Bueno, señores, os voy a presentar a José, que a partir de hoy será el ayudante de Rosario en las labores de limpieza, y Pilar, que ocupará el puesto de ayudante de dirección. Quiero que les den una cálida bienvenida y un fuerte aplauso- anunció Jorge a todos los empleados.
Los trabajadores nos aplaudieron diciendo alguna barbaridad entre la ovación y volvieron a sus puestos de trabajo.
_Rosario y José, por favor, necesito que limpien mi despacho. - ordenó Jorge.
Desde fuera podía ver cómo entraba Rosario con un carro de la limpieza y le iba diciendo a José cómo tenía que limpiar. Rosario limpiaba los cristales, mientras José limpiaba la mesa donde el día anterior me habían follado; después pasó la mopa limpiando mi vello púbico. Me estaba resultando muy humillante, tanto para mí como para tu padre. Cuando terminaron, Jorge los ordenó que bajaran a limpiar el vestuario y ya entré con él al despacho.
_Jorge, esto está siendo humillante. - le dije.
_No entiendo por qué dices eso. Os estoy ofreciendo trabajo, que es lo que me pediste.
_A mi marido lo has puesto a limpiar mis pelos del coño y a mí me has vestido como una actriz porno.
_Tu marido no sabe utilizar un ordenador, que es donde necesito alguien; como él no sabe, te lo ofrezco a ti que eres válida para ello, y en dos meses se jubila Rosario y voy a necesitar alguien que la reemplace.
_¿Y por qué me has vestido así?
_¿Qué tiene? yo te veo estupenda. Necesito una cara bonita para las reuniones con los clientes y tu eres preciosa y muy atractiva. Tienes que sacarte partido y llegarás muy alto. Mira, hoy vas a trabajar a mi lado y te iré diciendo que quiero que hagas. Venga, instálate en esa mesa que tengo libre ahí. - me dijo, señalándome un pequeño escritorio que había en su despacho en frente del suyo.
La jornada laboral transcurrió atendiendo llamadas y aprendiendo todo lo que Jorge me iba explicando. Cuando terminó el día, José y yo nos fuimos a casa sin casi hablarnos, cenamos sin casi mirarnos mientras tú nos contabas cosas del colegio y nos acostamos.
Al día siguiente, me volví a vestir como me había mandado Jorge, pero cambié la camisa que me quedaba pequeña por otra con un estampado de corazones, un poco más floja, me maquillé de forma elegante y nos fuimos a trabajar juntos en coche.
Cuando entré en el despacho ya había llegado Jorge. Estaba especialmente elegante; se había puesto un traje que podía notarse que había sido caro, un perfume muy rico y estaba engominado.
_Buenos días, Pilar, menuda camisa de enamorada te has puesto hoy. - me comentó nada más entrar en el despacho.
_Buenos días, verás, la camisa que me compraste ayer me quedaba muy justa y tuve que cambiarla por esta; espero que no te parezca mal. - le contesté disculpándome.
_No tienes que disculparte, te queda preciosa, pero vamos a tener que irnos de compras.
_¿de compras? - le pregunté con curiosidad.
_Si tenemos una reunión importante y necesito que luzcas como tú sabes. Vámonos.
Salimos del despacho y ya estaba todo el mundo trabajando. Pasamos por un pasillo donde estaba José con Rosario fregando el suelo.
_Muy bien, José, lo estás haciendo muy bien. - le dijo mientras pasábamos a su lado, mientras yo le decía adiós con la mano, sin que él levantara la mirada del suelo.
Nos fuimos a una elegante boutique donde una dependienta muy pelota me fue sacando modelitos muy bonitos y también muy caros, que iba probando mientras Jorge daba el visto bueno.
_Jorge, este me encanta – era un vestido corto en tono coral con tirantes finos y un escote sugerente que realzaba más mis pechos.
_Estás preciosa – me contestó mirándome con deseo - déjatelo puesto.
Cogimos algunas prendas más y nos fuimos a una reunión que tenía en un despacho en el centro.
_Verás, estos clientes son los dueños de unos importantes supermercados y necesitamos que la reunión salga bien para que empiecen a vender nuestros productos.
Llegamos a la reunión donde tres hombres de unos cincuenta años nos esperaban.
Nos presentamos educadamente y todo salió a pedir de boca. No es que se cumplieran nuestras expectativas, es que las mejoramos con creces. Jorge me decía que me los había ganado yo solita.
Salimos del edificio eufóricos, parecía que habíamos ganado la copa del mundo. Llegamos al parking donde había aparcado Jorge y, antes de montar en el coche, nos empezamos a besar como dos enamorados.
No volvimos a la nave, sino que fuimos a la casa de verano en Luanco; allí estuvimos toda la tarde follando sin parar. Lo hicimos en su cama, en la cocina, incluso acabamos desnudos dentro de la piscina.
Los días fueron pasando en la empresa y siempre acabábamos saliendo antes para irnos a echar un polvo; me agasajaba con vestidos y alguna joya, que procuraba que tu padre no me viera.
La relación con tu padre había pasado a ser inexistente, casi no nos hablábamos y yo cada día estaba más enchochada de nuestro jefe.
Hasta que un día Jorge vino con una noticia que no iba a saber cómo contar en casa.
_Pilar, mira qué traigo aquí. - me dijo emocionado, enseñándome un sobre.
Miré con curiosidad y dentro había un vuelo a Roma para dos personas, alojándonos en un hotel de cinco estrellas en el centro de la capital italiana. Por aquel entonces nunca había montado en avión, ni había salido de España. Pero no sabía cómo se lo tomaría José.
_Pero no voy a poder ir, mi marido se va a volver loco si le digo que voy contigo a Roma.
_Es un viaje de negocios, no es de placer. - me dijo agarrándome de la cintura. - Tengo que reunirme con unos ganaderos de una cooperativa de leche de búfala, para empezar a comercializar nuestra propia mozzarella y necesito a mi querida ayudante. Tú eres la que más entiende de leche. - me susurraba mientras su paquete duro se frotaba contra mi entrepierna, comenzó a darme besos por la oreja.
_Jorge, detente, está la empresa llena de empleados, entre los que está mi marido.
_No te imaginas las ganas que tengo ahora de follarte.
Empezó a besarme el cuello, que es mi punto débil. Cuando picaron a la puerta y me aparté de él.
_¡Adelante! - dijo Jorge.
_Soy José, si no estáis ocupados, quería limpiar el despacho.
_Sí, pasa, no hay problema. - le respondió Jorge.
_Voy a ir al servicio, parece que no me encuentro bien. - les dije, no quería estar en el mismo despacho con los dos con la braga mojada del magreo que acababa de recibir y del que casi nos pilla de pleno.
_Si yo voy a salir también, necesito revisar cómo va el pedido que tiene que salir a Santander. José, voy a pedirte que limpies también los cristales. - ordenó Jorge antes de salir.
_Sí, señor, ahora lo haré.
Me fui al baño de mujeres a refrescarme un poco; estaba cachonda perdida y mi corazón iba a cien por hora. No pasaron ni dos minutos y cuando entró Jorge, directo a mí. Me subió en el lavamanos y empezó a besarme el cuello; él sabía que cuando me besaba ahí, no era capaz de frenarlo. Me quitó las bragas que estaban totalmente mojadas, se bajó el pantalón y los calzoncillos, mostrando un pene duro y enorme.
_Vamos ahí, que nos va a pillar alguien – le dije señalando el inodoro.
Entramos y cerramos con pestillo. Se sentó encima de la tapa del váter con su polla dura como una roca. Yo me desnudé entera y me senté encima, quedando cara a cara. Su polla entró con facilidad; estaba deseosa de sexo. Fui botando y gemiendo al ritmo de las cabalgadas. Cuando oímos la puerta del baño abrirse. Entraba hablando por teléfono Isabel, que era una de las queseras de la empresa. Jorge me metió mis bragas en la boca para que no se escuchara los gemidos y continuó follando sin parar.
El peligro de ser descubierta me había puesto más cachonda; nada más que salió del baño Isabel, escuché que saludaba a alguien.
_Hasta luego, Isabel – era José, me puse nerviosísima.
_Cariño, ¿estás ahí? - me preguntó, picando a la puerta del inodoro.
No me lo podía creer, iba a ser descubierta.
_Si, mmmmm – respondí como pude, mientras que le hacía un gesto a Jorge para que cesara con las embestidas, ante lo que hacía caso omiso; se le notaba que le calentaba la situación.
_Me pareció que tenías mala cara en el despacho ¿te encuentras bien?
_No – respondí con Jorge levantándome en brazos y apoyándome contra la puerta del inodoro. Su polla estaba totalmente dentro de mí con José al otro lado de la puerta.
Esa situación estaba excitando muchísimo a Jorge.
_¿Quieres que pida algún medicamento?
_¡No! - grité cuando Jorge me metía un dedo por el culo.
_Cariño, quiero decirte que este tiempo he estado mal contigo, no te lo mereces, que entiendo que estés enfadada por mis malas contestaciones, mis celos y mi problema con la bebida. Te prometo que voy a cambiar. Esta noche, si te encuentras mejor, quiero invitarte a cenar al restaurante del barrio y arreglamos todo.
_¡Siii! - grité de placer llegando al orgasmo.
_Me alegro que te guste la idea.
Jorge me bajó de sus brazos, yo me puse de rodillas y me metió su polla en mi boca soltando varios chorros de semen, provocando en mí una arcada.
_¡¡Aaaagh!! - exclamé atragantada.
_Sí que estás mal, cariño, le voy a decir a Jorge que te mande para casa. Ya nos vemos luego. - me dijo saliendo del baño.
_Mira qué bien, esta noche puedes decirle a tu marido en la cena que te vienes a Roma conmigo. - me dijo dándome un beso en la frente.
Jorge salió del baño con cuidado de no ser descubierto; yo me quedé en el baño vistiéndome y refrescándome la cara cuando entró José otra vez.
_Cariño, ¿cómo estás? - me preguntó.
_Mejor, mejor.
_Me acabo de encontrar por el pasillo a Jorge Somoza, le expliqué que estabas vomitando en el baño y me ha dicho que te lleve a casa y que nos cojamos la tarde libre. Pensé que este hombre era un crápula y me parece que estaba totalmente equivocado, se ve un hombre bueno, con valores y muy disciplinado.
Ese mismo día nos fuimos a cenar al restaurante. José no bebió nada de alcohol, se le notaba más alegre y le expliqué que tendría que viajar a Roma con Jorge para cerrar un acuerdo con unos ganaderos italianos. Pensé que se pondría hecho una fiera, pero parecía entusiasmado con el viaje. Decía que estaba contento de verme progresar en la empresa, que había escuchado rumores de que iban a abrir una fábrica nueva y se empezó a hacer la idea que me pondrían a mí de gerente y que él podría cambiar de puesto.
Tras la cena nos fuimos a casa, donde me hizo el amor que terminó por mi parte con un fingido orgasmo.
(CONTINUARÁ...) ©
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