Sueño cumplido, disfruté viendo mis cuernos III
Él creía que era un viaje de descanso, pero ella tenía otros planes. Encerrado en una jaula de plástico, sin poder tocarla, solo podía mirar cómo ella se entregaba a extraños frente a sus ojos. La humillación era el precio de su placer.
Después del último encuentro con nuestros amigos, pasaron varias semanas donde el cambió de Alicia fue notorio. Cada día se vestía más sexy que el día anterior. Estaba más cariñosa y más atrevida, además se le notaba que estaba más caliente que antes, si es que eso era posible.
Como he dicho se empezó a vestir cada vez más sensual y atrevida, cada vez más putona tal y como me gusta a mí. Se ponía faldas más cortas, tangas más minis con camisas más sueltas y para más INRI me preguntaba siempre al salir de casa con cara de puta:
¿te gusta asi cariñito??
Mostrando que salía sin sujetador y juraría que en alguna ocasión sin tanga. Esa pregunta y esa cara de zorra me volvía loco. Me ponía totalmente cachondo.
Pero de tener contacto con otras personas nada de nada, pero nosotros todos días nos comíamos como leones.
Después de una semana, había unos días festivos en mi ciudad y no trabajamos, los dos planeamos hacer una escapada a otra ciudad para hacer algo de turismo, cosa que a ella le encanta. Pasear por las calles, visitar de museos, buena comida y bebida. Así que planeo unos días fuera de casa y pronto tuve el viaje organizado.
La noche antes de la salida estábamos preparando maletas y todo lo necesario para esos días. Yo pensando que serían unas vacaciones bien normalitas, cuando de repente ella me llamó desde el cuarto baño. Voy para allá y la veo sentada en una silla de baño con las piernas bien abiertas y una cuchilla de afeitar en la mano.
Alicia. _ toma quiero que me afeites el coño como tú quieras. Para que quede bien bonito.
Paco. _ como yo quiera?
Ali_ sí como tú quieras, pero déjame bien sexy cariñito.
Entonces me puse manos a la obra. Aunque estaba bien cuidado le afeité todo de nuevo y dejé sólo un poco de vello en la parte de arriba como una punta de flecha o como una señal de dirección. Estaba lindo, no pude resistirme y después de terminar empecé a lamérselo allí sentado en el suelo, hasta que ella se corrió en mi cara y cuando yo quise lo mismo ella se negó diciendo que con el calentón que me había dejado ella tendría un perrito detrás de ella para sus deseos. Protesté, pero ella sabía que yo obedecía sin rechistar.
A la mañana siguiente muy temprano salimos de viaje, al llegar a la ciudad nos tocaron unos días de mucho calor y la zona de casco viejo estaba llena de gente ya que era una ciudad muy visitada durante todo el año. Llegamos al hotel, me duché y me prepare para salir a recorrer la ciudad y ella entró también a ducharse y al salir desnuda de la ducha estaba super bonita. He tenido mucha suerte con la mujer que tengo a mi lado.
Estando aún desnuda empezó a buscar ropa en la maleta y saco un vestido muy veraniego de lino blanco que era súper transparente y que nunca se lo había visto antes. Me dejó sin palabras cuando vi a mi esposa ponérselo sin bragas y sin sujetador. Ella me miró y se reía de la cara de tonto que se me había quedado y me dijo que este viaje iba a ser diferente a otros que habíamos hecho.
Salimos del hotel y en seguida me di cuenta de que todos los hombres se la quedaban mirando y no era para menos, de primeras se le notaba que no llevaba sujetador porque sus tetas se movían libremente y sobre todo porque sus pezones eran notorios, yo sé de buena fe que cuando los tiene así es porque mi esposa ya está muy excitada. Y eso me puso muy nervioso.
Pasamos la mañana paseando por la ciudad y entrando a algún museo, nos hicimos muchas fotos y, entre miradas de la gente no faltó algún atrevido que le dijera algo aún estando yo junto a ella y eso a ella la puso cada vez más crecida como más putona. Estaba deseando llegar al hotel para follarla como loco.
Cuando caminábamos de vuelta al hotel por una calle que era muy estrecha, ella se quedó mirando un cartel de un sexshop y me pidió que entráramos ya que ella nunca había visto ninguno.
Entramos al sexshop. Un lugar lindo bien dispuesto con varias vitrinas y expositores de artículos variados y al fondo algunas puertas con cortinas que llevaban a otras habitaciones. En el local había dos clientes, un hombre de unos 50 años bien vestido con traje de oficina y otro de unos 30 algo más hippie. La dependienta era una joven vendedora y nos recibe un cordial saludo poniéndose a disposición y diciendo que se llama Marí. Era una chica bajita de unos 22 años morena con una cintura pequeña pero un lindo culo respingón, que hacía que la falda corta que llevaba se quedar más corta de lo normal.
Mi mujer se puso a mirar todos los artículos, los tocaba y quedaba como sorprendida por los tamaños de estos. La vendedora Marí se acercó y nos quiso dar un pequeña presentación del local. Empezó por el sector de los consoladores donde algunos eran de formas divertidas y otros super realistas. Mari los cogía y se los daba a mi mujer para que los cogiera con sus manos. Enseguida noté que entre ellas había una buena química.
Mi mujer al tener tanta polla de goma en sus manos se le notaba que estaba cada vez más pervertida y cachonda. los pezones la explotaban. La vendedora le pasaba consoladores y le habla de sus características y cualidades y mi mujer los tocaba y los miraba de manera pícara y me miraba y reía con cara de puta.
De repente los dos hombres dejaron de mirar las vitrinas y se pusieron a observarlas a ellas dos, mirando cómo se deleitaban cogiendo consoladores cada vez más gordos y grandes. Yo me dí cuenta de sus miradas enseguida.
Llegamos a una sección masoquista donde estaba la ropa de cuero, látigos, esposas, máscaras, etc... Las chicas miraban la diferentes ropas y de repente la vendedora le muestra una jaula para el pene a mí esposa Ella me mira y le dice a la dependienta con toda la cara de puta que puede.: "Esta la compro ya para mí maridito y es más se la vamos a poner ahora porque lo veo algo calentito y quiero tenerlo controladito."
Todos la escucharon y todos me miraron yo no sabía qué hacer y me puse como un tomate de rojo, sólo acerté a decirle a mi esposa: “bueno si tu quieres lo compras y me lo pones en el hotel”. “¿qué hotel? Ahora vamos para el probador”, dijo mi esposa de forma dominante.
Voy para el probador con ella, entramos y corre la cortina. me bajo los pantalones y como realmente estaba algo excitado tenía mi polla morcillona y aquello lógicamente no entraba. Después de un rato intentándolo mi esposa corre la cortina de golpe y llama a la vendedora Marí y la llama pidiéndole ayuda papa enjaularme la polla.
La vendedora con toda dulzura se acerca, me mira y como una nueva cómplice de Alicia le dice que tiene que encogerme algo más la polla para que entre bien y la mejor manera según ella es dando un golpe fuerte en mis bolas. Mi mujer sin pensarlo me da un golpe con la mano en los huevos y realmente del fuerte dolor y la sorpresa aquellos se encogieron del golpe. Mi esposa con rapidez me puso la jaula y la cerró con candado. Mi mujer ríe y me dice que ahora se queda más tranquila de que no voy a ir con el pito todo empalmado como perro en celo.Todo esto ante la atenta mirada de los dos hombres de la sala que miraban con mucha atención.
Con mi polla ya encerrada Marí, la vendedora, nos llevó a la sección de ropa donde le mostró todo tipo de lencería, corsés, ligueros, bragas, medias, etc. El ambiente estaba ya que explotaba, había mucho flirteo entre la dos y yo con mi jaula que me apretaba del calentón más todavía.
Mi mujer eligió unas medias de rejilla y unos ligueros y la vendedora le dijo que fuera a probarlos a los probadores, ella me llevó de la mano hasta allá y me hizo sentar en una sillita que había dentro del mismo y para mí sorpresa no corrió la cortina, la dejó así para que todos la pudieran ver. Me hizo quitarle el traje y quedó toda desnuda por completo. Se puso uno tras otra toda la ropa que eligió y a veces salía del vestidor para pasear y preguntar a la vendedora como le quedaba, los hombres se acercaron un poco más para ver mejor la escena. Después de varios paseos el ambiente era ya insoportable de tanta tensión sexual.
Eligió un liguero muy sensual y se lo dejó puesto, se vistió con su traje y luego preguntó a la vendedora que había detrás de las cortinas y Mari le dijo que había unas cabinas para ver películas y una zona se gloryhole. Mi mujer le pidió que le mostrará y allá fuimos.
Entró mi mujer con la vendedora y esta le mostró cómo funcionaba. Allí uno entraba y ponía la película que uno quisiera y si te apetece habilitabas las pequeñas puertas del gloryhole.
Mi mujer me llamó, despidió a la vendedora y entramos. El lugar tenía un sillón enfrentado a una televisión y varias puertas a los lados en las paredes. Cerramos la puerta y me pidió que eligiera una peli yo estaba que explotaba ya. ¡¡¡Le dije que me daba igual que eligiera ella y entonces eligió una película de una mujer que era follada por dos hombres, que casualidad!!!
Nos sentamos, ella estaba ya super caliente, comenzó a besarme y a tocarme la jaula tirando de ella. Empezó a decirme que se sentía como una puta y que necesita una buena polla, a lo que le contesté que me quitara la jaula de la mía, pero ella dijo que no, que me haría sufrir un rato por mirar descarado a la vendedora.
Entonces abrió la puerta de los costados y surgió una polla ya bien dura. Mi mujer se sorprendió y me miro y empezó a acercarse hacía ella y la cogió, sin decirme nada comenzó a chuparla mientras me miraba. Era una polla como la mía ya bien dura de seguro que era del hombre del traje. Ella chupaba ese capullo una y otra vez, se la metía y la sacaba de la boca, pasando la lengua por la punta mordiendo el prepucio era una auténtica puta.
Abrió la otra puerta y salió otra polla, empezó a chupar de una a otra polla, la escena ya era mejor que la peli que salía en pantalla. De una a otra pasaba su boca compartiendo la saliva entre ellas. Yo en ese momento ya explotaba, pero la jaula no me dejaba empalmarme del todo.
Llegó un momento que el calentón de ella era tal que me dijo que necesitaba polla de verdad y que abriera la puerta. Entonces me hizo bajar los pantalones, me sentó y aparecieron los dos hombres del salón. Y yo como bien cornudo le subí la falda delante de ellos. Su coño sin tocarlo manaba fluido de lo caliente que estaba.
Mi esposa se sentó sobre mí, abrió las piernas y se ofreció para que le chuparan su coño empapado. El más joven empezó a comerle mientras yo le sujetaba las piernas abiertas. En ese momento creo que tuvo ya ella su primer orgasmo por los gritos de placer que comenzó a dar. El otro sujeto, el de traje, se acerca con la polla ya enfundada con un condón y se pone de rodillas y se la mete de una vez. Entraba y salía violentamente con locura y sus huevos grandes cuando metía su polla hasta el fondo tocaban con mis huevos. Así durante un buen rato,hasta que se corrieron los dos, mi mujer por segunda y el hombre del traje.
Después sin descanso, ocupó su lugar el joven, este más delicado pero con una buena polla que le entraba hasta bien al fondo en el coño de mi esposa. Después de un rato mi mujer se levantó se puso a cuatro apoyando sus brazos sobre mis hombres ofreciendo su coño por detrás a ese desconocido y mientras le daba me iba besando y preguntando si me gustaba. Eso me volvió loco. Después de un rato follándola el joven se corrió con fuertes gritos le dio un beso y se fue.
Mi mujer tomó un poco de aire se recompuso, se vistió y salimos de las cabinas. Le supliqué que me quitara la jaula y me dijo que no tenía la llave. Me quería morir del calentón y del dolor de huevos que tenía. Así fuimos a caja para pagar por todo.
La vendedora hizo los cálculos y pagamos y mi mujer la pidió la llave. Se la da y allí mismo delante de la dependienta me pidió que me bajase los pantalones para sacar mi polla enjaulada en medio del salón. Agarró la llave, quitó el candado y me masajeo mi polla dolorida delante de la dependienta y riéndose de mi me dijo: “pobrecito has aguantado como un campeón y con dos meneos a mi polla me corrí avergonzado delante de la vendedora que no dejaba de mirar.
“Bien por mi niño”, me dijo “y ahora limpia este desastre que nos vamos cornudito”.Todo esto ocurrió delante de aquellos dos extraños que me miraban fijamente.
Salimos de allí hacía el hotel y yo con una cara de enamorado que no podía ocultar.
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