Xtories

Cuando las ganas de follar aprietan...

Lara lleva años esperando que alguien le devuelva la pasión que su marido ya no le ofrece. Cuando Pelayo, el nuevo jefe, decide no irse sin antes dejarla marcada, ella descubre que su cuerpo recuerda lo que su mente había olvidado. Esta vez, no hay secretos ni miedos: su esposo será testigo de cómo otro hombre la posee.

Valenciano35K vistas9.4· 21 votos

El domingo después de la experiencia con Bibiana y Miguel Ángel, (RELATO ANTERIOR: ¿Existen las casualidades? Mis nuevos jefes) con toda la tranquilidad del mundo redacte mi dimisión o renuncia como lo quieran decir, porque era consciente de la tensión que se iba a producir, porque a Miguel Ángel le iba a suponer un día a día tortuoso. El lunes llego temprano y ya está en su puesto como la guardiana del castillo Lara, nos saludamos y ella está con una amplia sonrisa y viste de manera especial. Como conté en el relato anterior tiene 26 años y viste muy sensual sin ser provocativa, pero hoy está que se sale y le dije que le quedaba muy bien lo que llevaba, que estaba perfecta, lleva un conjunto de mini falta elástica y camiseta corta sexy, enseñando la tripa, ajustada como la minifalda y en color negro, lleva una blusa abierta de manga larga de color azul cobalto. Esa minifalda dejaba marcado su culo casi a la perfección y era un culo muy lindo. El pecho seguía sin estar muy claro, porque la camiseta corta con tirantes finos, oprimían demasiado los pechos y la camisa que llevaba no ayudaba. Al verme y después de saludarnos me pide que, si después de comer podría tener el resto del día libre por una celebración que tiene, le digo que sí y que si alguien le preguntara que lo tiene libre por horas que le debía y que haga un escrito con fecha anterior donde se lo concedía. No lo entendió muy bien.

Miguel Ángel como todos los lunes llegará sobre las once de la mañana. Estoy poniéndome en contacto con algunos conocidos para ir diciéndoles que estoy de nuevo en el mercado. Lo estoy haciendo por medio del correo electrónico. La puerta de mi despacho no está cerrada del todo y escucho a Lara con un tono más elevado de lo que es normal en ella, hasta que escucho —SIEMPRE IGUAL, pues sabes que te digo... QUE TE VAYAS A LA MIERDA, (silencio prolongado) es que siempre es igual, no se ha hecho la miel para la boca del asno (nuevo silencio) pues seguro que sí, a diferencia de ti, en cuanto me ha visto me ha dicho que me iba perfecta, (silencio) PUES LO MISMO, QUE TE DEN— no se escuchó nada más. Llamo a Lara, entró y le doy un soporte con la renuncia, para que lo pase e imprima con papel con membrete. No le digo que es y le pregunto si ya hizo el escrito suyo para dejarlo firmado y muy seria me responde —ya no hace ninguna falta— prefiero no preguntar, si acaso lo haré más tarde cuando se haya sosegado. Oigo un estallido a Lara y entra con cara de furia.

- Como me dijiste que tuviera confianza en decir lo que fuera, como que te marchas? que ha pasado? te lo has pensado bien?... - Para, tranquila, no más preguntas. Circunstancias especiales me han llevado a tomar esta decisión, ya me duele a mí, pero cuando hay que hacer las cosas bien, no hay que dudar y de todas maneras, a ti qué más te da? Tu pasa bien el día. - Claro que me importa, si tú te vas, vuelvo a mi cueva con el ogro y ya puestos pierdo una pasta, que por este puesto cobro más. VAYA DIA DE MIERDA QUE LLEVO. - Por qué dices eso? - POR NADA, que ya no me hace falta tomarme la tarde libre.

Y salió del despacho con un balanceo de culo que me dejaba embelesado. Firmé la renuncia y me fui al despacho de Miguel Ángel, su secretaria le dijo que quería verle y tuve que esperar pocos minutos. Entro y estaba con dos personas que se marchaban ya, me recibe muy cordial, educado como siempre y nos sentamos, le entregó el folio, lo lee y me dice. Ya te dije que no presentaras la renuncia tú, que lo arreglaba para que te lleves lo que está acordado por si te rescindía el contrato, pero es que además...

- Miguel Ángel, no puedo aceptar, porque me sentiría como si estuviera haciendo un chantaje o como si me estuvieran comprando. Ni una cosa ni otra es mi estilo. Lo que paso, paso y la vida continua. - Si me hubieras dejado terminar de hablar, te hubieras enterado de lo que quería decirte. No quiero que te marches, como bien dices, lo que paso, paso y no hay más. Respeto tu a hacer tu trabajo, yo el mío... - Está seguro? Bueno da igual, continuaremos, pero si en algún momento se sintiera mal o no estuviera cómodo, me lo dice y todo solucionado. O si su esposa se sintiera incómoda. - JEJE, Bibiana está encantada de lo que sucedió y para qué mentir, a mí también me gusto. Has revitalizado y despertado nuestra pasión.

Me marchaba del despacho y cogiendo el folio, lo rompe y me dice que esto es tuyo. Regreso a mi despacho y Lara tiene una cara de un palmo, la sonrisa ha desaparecido y le digo que tranquila que de momento seguiré. Mueve la cabeza sin decir nada más. Ese día no salió ni a comer, me dijo que se quedaba por quitarse de encima algún retraso, algo que era mentira, porque de momento y mientras mi antecesor no se termina de marchar, poco tenía que hacer. Regresé por la tarde y Lara estaba enfrascada escribiendo en el ordenador. Llamo a un restaurante que me gusta y reservo mesa para dos. Salgo y le digo a Lara que esa noche la invito a cenar, que se dé un sitio que le va a gustar. En principio dice un no, luego me dice —y por qué no, venga vamos, dame diez minutos— salimos y nos fuimos a tomar primero una copa. Ella pide varios tipos de alcohol y le van diciendo uno a uno que no tienen, hasta que pide bacanora, le dicen que sí, pide uno para ella y digo que para mí otro. Algo que nunca se debe de hacer si no se sabe lo que es. Se pega un lingotazo y como si nada, doy un pequeño trago y joder como pega, al pedir Lara otro, le pido que me deje ver la botella 55º que es de Sonora, México. Ella se tomó dos y si no fuera porque se la notaba con un poco más locuaz, nadie diría que se había tomado dos copas. Fuimos a cenar y pedimos vino. Aquí bebió algo normal, lo mismo que pude tomar yo y empieza una conversación de lo más entretenida.

- Ya se te ha pasado el mosqueo que habías pillado? Porque... menudo mosqueo. - Vamos a ver, tú que eres neutral y pareces sincero. Te parece normal en tu aniversario de boda dejar tirada a tu mujer? En tu caso, imagínate que estás casado y es tu mujer quien te deja tirado. - Lo mismo le ha sido imposible o algún imponderable se lo ha impedido. (intente que se tranquilizara y no meter mierda) - No, no, no, no y NO, no os defendéis por ser hombres. Que se ha quedado en Madrid con la excusa de estar agotado y que regresa mañana. Que viaja en tren, que no tiene que venir corriendo. - Ya me pierdo, no sé qué decir. Cuánto tiempo cumplís? - Es el segundo año de casados y el décimo desde que empezamos a salir en serio, por eso nos casamos el mismo día. Tiene la misma edad que tú? - Soy mayor por tres meses. - En el resto lo lleváis bien. (juro que no me refería al sexo, que me refería a su vida cotidiana) - En el sexo, pues lo hemos hecho todo juntos siempre, me refiero a que en todo fue nuestra primera vez. Él se queja de... - No quería preguntarte por eso, me refería a vuestra vida cotidiana. - Eso está muy bien, salvo la insistencia de ambas familias porque no tenemos hijos, pero es que no vienen y no porque no lo intentemos, que no vienen y ya vendrán. Pero tampoco queremos dar explicaciones, aunque como siempre si no vienen la mujer es la culpable. - No hagas caso a esas idioteces. - Por eso prefiero decirte donde cojeamos. Él se queja de que me falta “entusiasmo” y de eso nada, que se lo digo continuamente, que él también tiene que poner de su parte, que flojea un poco.

No quise seguir con esa conversación, aunque era interesante. Terminamos de cenar y nos íbamos a ir, pero ella me dijo que me invitaba a una copa ya que había invitado a cenar, que como nadie la esperaba en casa, no tenía ninguna prisa. Dudé un poco, pero rápido pensé en aceptar y lo único que elegí fue un sitio tranquilo para reducir las tentaciones. Intento volver a la conversación anterior, porque se la notaba muy indignada y cuando ya tenía encauzada la conversación hablando de interiorismo que me di cuenta de que le gustaba mucho y me explicaba con detalle lo que le preguntaba, esto iba así hasta que le llama su marido, en un momento de la conversación con su marido se puso en tono insolente y le dijo —no me iba a quedar en casa, no hijo no, he salido a cenar y ahora tomando una copa con mi jefe— siguen hablando ella se ríe sarcásticamente varias veces y acaba diciéndole —venga bonito, no te entretengo más, que seguro que estás muy agotado y necesitas descansar, que luego estas muy flácido— corta la llamada, me mira y me dice:

- VES, es que no le preocupa nada. Salvo él. Me tiene... - Tranquila, en todas las relaciones hay rachas, luego todo pasa y las aguas vuelven a estar tranquilas. - Luego cuando se pase eso, viene el que hacemos el amor poco y mal. - Eso es falta de comunicación entre vosotros. - Qué va, si otra cosa no será, pero hablar hablamos mucho y de forma continua, con mucha sinceridad. - Pues ya tenéis avanzado mucho para poder encontrar una solución. - Si es que él no se encuentra bien con su propio cuerpo, por eso le digo que saque tiempo para ir al gym y por lo menos mantenerse. Que ha cogido unos kilos, pero no muchos. Las rutinas, la ansiedad por el trabajo, todo eso hace que el deseo se vaya difuminando, que tengamos menos excitación y de nuevo más ansiedad, porque cree que no va a dar la talla en la cama y... llega el desastre. - (no quería ahondar mucho, pero algo tenía que decir) El diagnóstico lo tenéis ya hecho, lo que es un gran avance, lo tenéis casi solucionado, ya verás. - No creo, porque luego está lo más importante, nuestra diferencia en gustos y deseos sexuales. Porque sé que él me ama mucho, que quiere lo mejor para mí, pero en la cama me trata más como a una hermana que como a una mujer, no sé si me entiendes? - La verdad que no (y no la entendía, aunque imaginaba que podía ir por varios sitios) - Pues que una mujer necesita un poco más de “caña” y no que te corten el rollo preguntándote mientras estás en el “tema” es que me pone mala (ponía cara de enfado)

Y el que se estaba poniendo malo era yo, pensando la de cosas que se podían hacer con Lara y que seguro no había hecho. Me costaba que mi rabo no se pusiera contento. Por eso en su último comentario no quise decir nada. Me pregunta —como no tienes pareja, tu cuando haces el amor y al ser chicas distintas, como sabes qué hacer?— y le respondo con tacto, aunque pueda parecer que no —es que no hago el amor, simplemente es follar y se lo que debo hacer, según actúe la pareja, es muy fácil— me mira extrañada y con cierta timidez me pregunta —como que según actúe la pareja?— y le cuento que suelo tener muchas relaciones con parejas, lo que hace que me mire rara, asombrada. Ya que ha puesto cara extraña le añado —pero me gusta hacer de todo y descubrir lo oculto de la mujer— y le pregunto a ella qué límites tiene con su marido, donde me dice que son muy clásicos, poquísimas posturas y sota, caballo y rey.

- Pues eso es una de las cosas que tenéis que solucionar, tenéis que salir de la rutina. - Se que te voy a comprometer con esta pregunta, pero es mucha curiosidad, pero que lo que respondas no va con doble intención, es para saber lo que proyecto. Cuando me ves, en caso de que te guste como mujer, qué es lo que más te llama la atención? - Mejor no contesto, porque no te quiero mentir. (seguro que el alcohol, aunque no estuviera bebida influía para hacer esa pregunta) - No te hacía un hombre amilanado. - No soy amilanado, es que creo que es mejor dejar mi silencio. - Yo estoy siendo sincera y ahora tu no lo eres, me parece injusto. - Vale, tú lo has querido. Me llama atención tu boca, porque seguro que tienes que hacer unas felaciones (quise ser fino) que lleven a cualquiera al cielo. Pero el culo que te gastas lleva a pensar cualquier fantasía y como lo debes de mover. Ya no digo más, creo que con eso tienes bastante. - JO, sí que has sido sincero. Pero siento desilusionarte, porque cuando hago el sexo oral, no permito a mi marido que acabe en mi boca y lo del culito, jamás lo hemos hecho por ahí ni lo hemos intentado. Aunque lo hemos visto en películas y hay días que resulta morboso, pero a mi marido no le debe de llamar la atención. - Pues he querido ser prudente toda la noche, pero si tu marido no te ha hecho el culo, es un majadero y es para darle un par de guantazos con la mano abierta. - Jajajajaja, que entusiasmo al decir lo de los guantazos, pero estoy contigo.

Le propuse irnos y nos fuimos. La lleve hasta su casa, aparque mal y hablamos unos cinco minutos, no intente nada, pero cuando ella me dice que, si quiero tomar la última en su casa, me salió un SÍ, sin pensármelo. Nada más entrar en su casa, enciende la luz del salón y al sacar el móvil de su bolso, ve que tiene un montón de wasap de su marido. Va a la cocina y voy detrás, se pone a hacer café, porque es lo que le he pedido. Llama a su marido y me sorprende que le diga la verdad —no había visto tus wasaps, antes de nada, estoy con el altavoz que estoy preparando café, que mi jefe me ha traído a casa y lo he invitado a uno por traerme— y ella dice bueno Gonzalo mi jefe se llama Pelayo, él me dice buenas noches y al no contestar yo, se ríe pensando que su mujer se estaba quedando con él, le saludo y ya no se reía. Luego Gonzalo le dice a su mujer que quite el altavoz que le quiere decir algo de la familia. Me hace señas para que coja mi taza, me acerco y ya no lo puedo evitar, acaricio el culo de Lara por encima de la falda. Veo como se sonroja, veo que no se aparta ni me quita la mano. Lo que es una invitación es cuando ella se apoya en una mesa pequeña, quedando un poco más agachada. Por eso meto mi mano por debajo de su falda, su tanga está muy húmedo, se lo bajo un poco, mientras ella solo está diciendo —SI, NO, AJA, UHM...— al final bajo el tanga del todo y ella mueve sus piernas para que se le salga de las piernas. Levanto la poca tela de la falda y quedó ante mí, abro sus nalgas y tiene un anito en principio muy pequeño, lo veo delicado.

Acaricio su ano con mucha dulzura, no quiero asustarla, quiero que se sienta segura. Bajo mi mano por la raya que hacen las dos nalgas, las beso, las muerdo suavemente mientras compruebo que está muy mojada, no me hace falta meter mis dedos, solo pasándolos por la rajita se me empapan. Ahora introduzco suavemente un dedo dentro de ese culo tan delicado, expulsa aire con fuerza y su marido le pregunta, ella le dice con toda su cara, que ha sido por aguantarse por estornudar. Ahora pone el altavoz de nuevo y justo en ese momento le está diciendo —...no sé porque has invitado a tu jefe a nuestra casa, que seguro que está pensando cómo “beneficiarte” que ese tiene que ser muy cabrón y tú eres demasiado tonta— le dice que en el momento que se acabe (por mi) el café que me echara diplomáticamente. Cuando acaba de hablar son dos dedos los que tiene dentro de su delicado culo. Ya no habla y está en la misma posición, hasta que sin zarandajas le digo —conmigo vas a ser lo puta que no eres con el tonto de tu marido y lo que él no sabe ver, que es este precioso culo que tienes PLA, PLAS, (dos azotes) necesita que alguien lo estrene y si no es mentira de que lo tienes inmaculado, esta noche te lo voy a dejar bien abierto. Ahora ves desnudándote y vamos a tu cama, que te lo quiero romper allí, para que te acuerdes cada vez que te acuestes—

Antes de llegar a su habitación ya estaba completamente desnuda. Le digo que se ponga a cuatro patas sobre la cama y antes de hacerlo, saca del cajón de una mesilla una crema, que me parece que es para manos y se coloca un poco en su culo. Me desnudo y en cuanto ve mi rabo, se acerca con la crema, empieza a ponérmela y dice —joder que hermosura, la he visto y me he puesto a chorrear, que ganas de...— le dije que callara y se colocara como la había dicho. Al notar mi rabo rozándola por detrás le dio como un escalofrío, tenía en verdad el culito muy cerrado, apoyo la punta de mi rabo en la entrada, más que encajarla, la marcó y poco a poco voy presionando, ella mantiene la respiración hasta que no puede más y suelta una bocanada, vuelve a aguantar el aire y bocanada va. Ella de vez en cuando empujaba hacia atrás, de forma testimonial, pero lo hacía. Mujer dura y decidida. Hasta que teniendo mi rabo bastante metido me dice —quieres dejar de ser tan delicado y metérmela de una puta vez— lo que me gusta que me provoquen, que sean decididas, hasta el fondo fue mi rabo. Gritó y me dijo —PARA, PARA, ESPERA— hasta que empezó ella sus movimientos. Sacaba prácticamente el rabo y luego se lo metía de un empujón, los gritos pasaron a ser grititos, los grititos a ser gemidos y al final me la follaba sin piedad hechizado por su hermoso culo. Parecía que se iba a correr, pero no, subía en su escala de gemidos hasta lo más alto, pero no acababa, hasta que se puso tenso todo su cuerpo, se recortó su respiración y se corrió como si le estuvieran dando una descarga eléctrica.

Así dos veces y en la segunda me corrí con ella y fue algo de lo más apoteósico. Se quedó en blanco, tardó en reaccionar y fue cuando nos dimos el primer gran muerdo, besaba de puta madre. Nos fuimos a lavar y me pidió después de lavarme que la dejara un momento sola en el aseo. Suena su móvil y me dice —me lo puedes pasar, que, seguro que es mi marido, que le dolerá la cabeza por los cuernos— la escuchaba como le decía que ya me había ido hacía un rato, también que no le había insinuado nada y parece que eso le dejó más tranquilo, porque el resto de la conversación fue de lo más aburrida. Una cosa curiosa, que ella me llevó al salón donde había un sillón que no pegaba con el resto del mobiliario, era un sillón monoplaza que era de su marido y nadie se podía sentar en él, era una reliquia familiar, me hizo sentarme, se puso encima y follamos, no le pareció suficiente, porque luego se puso de rodillas sobre él, apoyada en el respaldo y me la folle con una buena dosis de azotes.

Cuando llego a trabajar hay movida, mi antecesor que no había firmado los papeles se niega en redondo a marcharse y por lo que se ve ha habido voces más altas que otras. Lara quiere aparentar normalidad, pero sus ojos están llenos de lujuria. Bibiana viene a ver a su marido y luego se pasa a verme. Nada más verla en mi despacho no sé qué quiere decirme. Pronto me saca de dudas, porque lleva un vestido muy sencillo, suelta un lazo y se abre todo, va desnuda debajo. Le hago una comida de coño que la vuelve loca y se pone hasta colorada, con cara de puta traviesa y luego me provoca apoyándose en un sillón para que me la folle, se corre y llama su marido, me quedo a medias. Se va y al rato entra Lara que no se corta nada —tan seria y tan formal, menudo putón la mujer del jefe, joder con la tía— le digo que no sé de qué habla y que no se monte películas.

Antes de comer me dice que se retrasara un poco y le digo que tranquila. Se acerca, me gira el sillón, me toca un poco y el rabo se pone duro al instante. Se mete debajo de la mesa, por si viene alguien y me hace una mamada hasta que me corro. Sale lamiéndose los labios de forma exagerada y me dice —no me había equivocado, te sabe a coño, pero sabe muy bien— y me sale la pregunta —es que también te gustan las mujeres?— y la respuesta me pareció muy sincera —si me lo preguntas hace 24 horas te hubiera dicho que no, que estás loco, pero también decía que era imposible que le pusiera los cuernos a mi marido y fíjate, jajajajaja— me eché a reír también y solo le comente que esperaba que se lo hubiera pasado bien y que tuviera pocos remordimientos. De nuevo la respuesta me dejó fuera de juego —de arrepentirme nada y claro que me lo he pasado no bien, MUY BIEN, que con mi marido la mayoría de las veces es un aprobado raspado—

Miguel Ángel quería hablar conmigo, me cuenta cómo está todo con mi antecesor y que mientras no se solucionase, podría impartir unas charlas formativas a parte del personal y a los iniciados. No me dio tiempo a decir nada, porque me pasó cuatro mamotretos para que me preparara las charlas. Eso si me expresó su disgusto por haberme follado a su esposa. Le dije que si uno no quiere dos no se peleaban. Me dio a disgusto la razón, pero su cara me demostraba que no estaba equivocado y que mi permanencia allí, le iba a desestabilizar. Que a mí no me resultaba incómodo. Me subieron unas empanadillas y fue lo que comí en mi despacho, mientras miraba distintas empresas. Como también analizaba una oferta que me presentó un conocido, pero que no llegaba al mínimo que pretendía. Me voy a marchar a ver un par de cosas y en la misma puerta me encuentro a Lara y a quien supongo que es su marido un tal Fabián. Nos saludamos cordialmente y por no resultar grosero digo de ir a tomar un café enfrente. Lara dice que mejor no y Fabián a la misma vez dice que sí. Lara dice que sube a dejar unas cosas preparadas y que baja, la noto nerviosa y me hace un gesto con los ojos que no entiendo, pero que pronto entenderé.

- Muy joven para ocupar el puesto que ocupas, no? - Es que no hay una edad concreta para eso, digo yo. - Tampoco para follarse a mi mujer, verdad? - Cómo? (le había oído perfectamente, era para darle de nuevo pie y tratar de saber si es que se lo imaginaba y estaba con un ataque de celos o que lo sabía) - Que sepas que Lara y yo nos lo contamos todo y además se le notaba, no le ha quedado más remedio que reconocerlo. (me quería avasallar y dominar) No creas que me lo intento, que sé que lo hicisteis en mi cama y en el salón. Qué tienes que decirme? - Para poder decirte algo, antes necesito que me contestes algo. Te ha dado Lara los detalles o se los has exigido tu?y la otra pregunta, por lo que he visto no te ha cabreado mucho? - Se los he exigido yo, pasa algo por eso? Y con Lara me he disgustado, pero no enfadado.

Aparece Lara con la respiración entrecortada de haber corrido y con cara de preocupación. Y voy a responder a su marido, pero antes pongo en antecedentes a Lara que se queda literalmente blanca. —Pues mira Fabian y te lo digo desde el más absoluto de los respetos. Si hemos follado ha sido nada más que por culpa tuya si es que alguien tiene la culpa. No se puede tener a una mujer como Lara desatendida y en una fecha tan especial dejarla tirada. Eso solo puede pasar por dos cosas: o que tienes otra por ahí o que hayas perdido fuelle. Como te ha interesado tanto que tu mujer te contara todo con detalle, es porque asumes que debes de ser un cornudo y no te molesta en absoluto, es más, seguro que hasta te has empalmado, que no es nada malo— como se acercó el dueño y se enrollo a hablarme de fútbol y el desastre que se avecinaba con el Valencia, no se habló más del tema. Miré la hora y me tenía que ir sin más dilación, pero antes de irme les dije —si queréis os invito a cenar a mi casa el viernes y celebráis vuestro aniversario pensarlo y ya me decís— me acerco para despedirme a Fabian y le digo al oído —eso sí, si venir, tienes que hacer que ella se vista como una buena zorrita, serás capaz?— y me marché sin esperar respuesta.

Al día siguiente Lara estaba con cara de disgusto y rápido me lo hizo ver. Porque se quejaba de haberle dicho eso a su marido y que lo último fue de traca. Le traté de explicar dos cosas, que eso no hubiera pasado si me hubiera avisado de que se lo había dicho y que su marido seguro que no estaba tan enfadado, es más le dije que si por la noche se la había follado hablando de lo que habíamos hecho ella y yo, es que su disgusto era una pantalla. Como no me contestó sé que acerté en lo que dije. Eso si lo que me afirmo con rotundidad —olvídate de lo del viernes por la noche y mucho menos lo de que me vista el cómo... ya sabes. Ya te digo que no, que le conozco muy bien— a las doce y poco entra en mi despacho —no pienses mal ni raro, Fabián ha dicho que aceptamos, algo que no entiendo, pero me ha dicho que te deje claro que es por compromiso y para que no pienses que le asustas— Lara puso cara de preocupación y le pregunte que le pasaba, dudó, pero me lo contó —pues que temo que saquéis el machito que lleváis dentro y os lieis a golpes en cualquier momento— intente tranquilizarla y no había manera hasta que le dije lo siguiente —tu marido lo que quiere es ver como follamos y para que no tengas dudas, vístete lo más puritana que puedas, sin enseñar ni insinuar nada. Si él te dice que vas mal y te elige un vestuario atrevido hasta a la indecencia, eso me dará la razón y prepárate para que te vea follar—

El viernes al mediodía le dije que no volviera y le añadí algo que no le dije el último día —Lara el otro día se me olvido decirte, que, si tu marido no te hace cambiar de vestuario, puede ser que tengas tu toda la razón y venga buscando bronca, por lo que si a última hora quieres, pon una excusa y no venís— y con tono de resignación me dijo que no conocía a Fabián, que si había dicho que iban a cenar irían a cenar. Llaman a la puerta y han sido puntuales, Lara trae una chaqueta de punto hasta un poco más arriba de la rodilla, va muy tapada, comparado a como viene a trabajar normalmente. Al abrir les digo que ahora les saludo que no quiero que se me queme lo que tengo al fuego, que no es que esté cocinando, estoy calentando la comida que he comprado hecha. Fabian viene detrás y deja dos botellas de vino encima de la encimera.

Lara se quita la chaqueta de punto y lleva una minifalda que si no es por la chaqueta y tosiera se le vería el culo. No lleva sujetador, porque se marcan los pezones y el movimiento que se ve con el escote también lo dice. Le doy la mano a Fabian y me acerco a saludar a Lara, que hace el movimiento para recibir dos besos, pero me la quiero jugar y saber por dónde va su marido, le doy un muerdo de un par de minutos, metiéndole la lengua y después del “susto” inicial ella juega también con su lengua. Fabian no dice nada y rompo el silencio diciendo que espero que les guste la cena. Cenamos y acabada la cena, les sirvo un licor de hierbas, Lara va al aseo y cuando regresa, le cojo de la mano y la siento sobre mis piernas. Sigo hablando con su marido, pero voy acariciando sus muslos y es cuando le digo a Fabián —a todo esto, has tenido muy buen gusto eligiendo lo que trae puesto tu mujer— y haciéndose la ofendida Lara me dice —oye, oye, que se me vestir sola, quien te dice a ti que no he sido yo?— y le respondo mirando a su marido —porque seguro que tu marido lleva días cachondo perdido y ahora lo está más, sabiendo que ha elegido bien y está esperando que suba mi mano más, a que si Fabian?—

Fabian no dice nada, pero en cuanto subo la mano y toco el coño de Lara, que da un gemido intenso, a su marido los ojos se le vuelven del placer que siente. Seguimos hablando el marido y yo, mis caricias van en aumento y mis dedos cada vez están más mojados. Llevo mi boca a su oído, para decirle que vamos a mi habitación. Le digo a Fabián que hay tiene los mandos de la TV, que ahora volvemos. Nos levantamos, a Lara se le nota que está muy cachonda, en su voz más y le dice a su marido como si estuvieran solos —luego te llevarás un regalito y ahora ME LO VOY A FOLLAR— se gira se viene hacia mí, me toca el paquete delante de su marido y me dice —no me hace falta ninguna explicación más, está claro que es un cornudo— llegamos a mi habitación, dejo todas las luces encendidas y la puerta abierta, me mira se sonríe y me dice —que malo que eres— se queda desnuda muy rápido y no me quede a la zaga, se subió a la cama y en cuando me acerque se agarró a mi rabo para empezar una mamada de vicio. Veo que su marido se asoma a la puerta y con mucho disimulo, le doy unos toques con mis dedos, para que se dé cuenta de que nos miran. Mira a la puerta y sin quitar la mirada de allí, me pasa la lengua por todo el rabo, es una invitación a su marido o más bien una dedicatoria.

Empecé suave con ella, estuve un rato comiéndome su coño y antes de que se pudiera correr me quite, lo que la puso muy burra, eso me gusta mucho. Mi rabo estaba muy duro, me reventaba. De momento estaba siendo tierno y suave, como seguro era su marido cuando estaba con ella. Lo hacía para provocar más a su marido que a ella, quería que él también estuviera cachondo como lo estábamos nosotros y sabía que lo estaba consiguiendo. Me gustaba ver la cara de salidos de los dos. Lara se pone boca arriba y no se corta, se abre bien las piernas, se acaricia con dos dedos y mucho descaro su coño. No solo lo veo yo, también lo ve su marido. Vuelvo a comerme unos segundos su coño, lo suficiente para que mi boca se llene de sus jugos. Luego me morreo con ella, me besa como mucho morbo, mi boca sabe a su coño y me devora la boca. Estamos en pleno morreo cuando acabo con las sutilezas. De golpe le clavo mi rabo hasta dentro. Lanza un grito con un sonoro gemido diciendo un SÍ extenso, largo y que retumba por toda la habitación.

Ya no había delicadeza, la follaba con “brutalidad” estaba siendo rudo, salvaje y penetrando sin parar ese coño tan mojado. Que hacía que sonara un chapoteo, convirtiéndolo en un sonido excitante. Por parte de ella era un continuo gemido gritando cada vez más fuerte, señalándome que pronto iba a llegar su orgasmo. Me sorprendió que agarrara mis manos y las pusiera en su cuello, apretándole ella, sabía a lo que quería jugar y jugamos, hasta que se pegó una corrida antológica. Cambiamos de posición y su marido ya se colocó detrás, con su rabo en la mano y ella ahora se iba a dedicar a follarme. Me decía que estaba muy sensible y se iba a venir de nuevo, creía que tardaría un poco más y nos podríamos correr los dos juntos, pero no, ella se corrió sin esperármelo. Se paro prácticamente, se echó sobre mi pecho, me mordía con mordiscos pequeños mi oreja y susurrando me dice —córrete en mi culo, pero que mi marido haga algo— sigue con su ligero movimiento sin levantarse y le digo a Fabian donde hay un lubricante, para que se lo pusiera a su mujer. —Estas seguro de que le puede entrar esa tranca, que tiene el culito muy pequeño— le doy varios azotes en el culo a su mujer diciéndole si le va a entrar —jajajajaja, tontorrón, ya verás hasta donde entra— y no le puso mucho, porque le dije que parara que tampoco era necesario tanto.

Se aparta, pero le digo que me ponga en mi rabo y Lara le dice —pero amor, hazlo con mucho cariño— hice que se pusiera a cuatro patas, coloco mi rabo en la entrada de su culo, Fabián está tan pegado mirando, que si me moviera un poco mi rabo le daría en la cara. Metí la cabeza del rabo, ya estaba bien encastrada, agarre su pelo, tiré de él y a la misma vez mi rabo entró en su culo sin ninguna consideración. Gritaba y movía su culo, follándome como si estuviera necesitada de rabo. Prácticamente ya no estaba cortada por estar su marido mirando y cuando eso quedó patente fue cuando le dijo —es el mejor aniversario, celebrarlo con un pollón rompiéndome el culo y el puto de mi marido mirando, joder que cachonda que me tiene este animal— no pude aguantarme más, empecé a correrme en su culo y ella de nuevo se corría conmigo. Cada empujón que le daba le echaba un chorro de leche. Me seguí moviendo suavemente, recuperé la tranquilidad y empecé a ser suave otra vez, con cierta ternura acariciando su espalda y Lara le dice a Fabian, —túmbate aquí, a mi lado, con la cabeza para este lado, que te voy a dar tu otro regalo de aniversario, el primero ha sido unos buenos cuernos y este te va a gustar mucho— me aparté y puso su coño en la boca de su marido, que pude ver como se lo comía con muchas ganas. Podía ver como mi leche salía de su culo y bajaba, cuando él se dio cuenta se quiso quitar, ella no se lo permitió y se pusieron a hacer un 69, ya no hubo más problemas y acabaron corriéndose los dos, primero Fabián y un poco después Lara.

Nos fuimos a la ducha ella y yo, pero no follamos. Fuimos a reponer fuerzas a la cocina y Lara le decía a su marido que ahora tenía que comprender porque se iba a comer mi rabo todos los días, para recibir su ración de leche y Fabian con buen juicio le decía —pero tenéis que tener mucho cuidado, que la gente no es tonta y al final... todo se sabe— para que se relajara quise añadir algo —no te tienes que preocupar, porque en muy poco tiempo no seré su jefe, porque me marcharé de la empresa— ella se consterna y para rematar nos dijo —pues que sepas, que no te vas a escapar ni un día, porque quiero que me folles todos los días mi culito, que quedara muy preparado para lo que venga— me eché a reír y Fabián también, pero como menos entusiasmo.

El primer día que nos vimos en el trabajo, ella venía vestida más formal que otras veces. Lo primero que hizo y que me hizo reírme, que llegó una compañera que traía más documentación y ella la ayudó, entraron juntas y cuando se marchaban, ella que iba detrás de la otra, levantó su falda por detrás, enseñándome el culo porque no llevaba nada más. Por eso, al regresar de almorzar le digo muy formal y serio —Lara, el trabajo que me ha entregado antes, contiene varios errores y hay que rehacerlo antes de las cuatro— ella que estaba con otras compañeras igual de solemne me responde —lo haré ahora mismo, discúlpeme don Pelayo— y se empiezan a marchar a comer y como mi puerta está abierta veo que entra en su despacho, cierra bien la puerta y se viene a mi despacho. Cuando entre el primer día en ese despacho había una varilla redonda de madera, que alguien se dejó y solía jugar con ella, cuando digo jugar, era por ejemplo si estaba leyendo o hablando por teléfono, me solía dar con la vara en la pierna, suavemente, lo hacía como si fuera un tic.

Nada más entrar la pongo en situación, —eres demasiado puta y te gusta andar provocándome, apóyate en la mesa y levántate la falda— le doy con la vara, que se nota que debe de doler, entre otras cosas porque se ve la marca que le queda. No tenía muy claro cómo iba a responder, ella no se gira a mirar, me provoca diciéndome —si no eres capaz de darme más fuerte, me lo dices que me doy yo, que quiero que me dejes bien marcada para que el cornudo de Fabian vea lo puta que soy— menudo cambio, la azote en algunos momentos con cierta “saña” hasta que se rompió la vara. Después directamente con mi rabo como una roca, me acerco a ella, nada de cremas ni lubricantes, follé ese culo sin miramientos, fui más salvaje que las otras veces y la corrida de ella, conteniendo sus gritos fue de terremoto. Sin acabar de correrse, me corrí dentro de ella. Días después ya me marché de la empresa, Miguel Ángel trató de convencerme de que me quedara, la verdad no con mucho convencimiento, pero si quedamos en volver a vernos y como se ofreció para lo que necesitara, le pedí que a Lara la dejaran si no en el mismo sitio, si con las mismas condiciones y me juró que así sería.