Xtories
Dominaciónene 2025

Me usa cómo, cuándo y dónde quiere. Ruth. (4)

Él no pide permiso, solo toma lo que quiere. Con los ojos vendados y las manos esposadas, ella aprende que su cuerpo no le pertenece, sino que es un instrumento para el placer ajeno. Y lo peor: le encanta.

Track11K vistas9.0· 6 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

(Muy recomendable leer las otras partes antes)

Apenas podía moverme. Si, podría arrastrarme por el suelo. Quizás incluso podría haber intentado ponerme de pie, pero con los ojos vendados iba a ser inútil. Así que no me moví, me quedé tirada en el suelo, de medio lado. Seguía con su corrida en la boca, la notaba pastosa. Por mi mente pasaba la idea de tragarla, pero, sinceramente, quería disfrutarla, me veía como una actriz porno. Joder lo que estaba haciendo el calentón conmigo, no me reconocía a mi misma.

Oía cómo se movía por mi casa. Le oí abrir la nevera, abrir una lata y volver donde estaba yo. No hablaba, no decía nada, pero sabía que me estaba mirando, me sentía observada.

Se sentó en el sofá, supongo que con la cerveza. Se descalzó y puso sus piés sobre mi. Primero sobre mi cadera. Humillante, vejatorio, pero al menos a mi coño le encantó, porque volví a notar ese escalofrío, ese cosquilleo que me hacía descubrir cosas nuevas. Joder, no podía imaginarme que esto, que esta situación, que este uso, me estuviese gustando tanto.

Empezó a mover los piés. Primero, pisó mis tetas. Al principio suave, luego, cada vez con más fuerza. Con la boca “ocupada” no podía ni quejarme.

Un empujón, casi una patada, hizo que me pusiese boca arriba.

“Abre las piernas, cosa” - Obedecí en el acto.

Sus pies empezaron a jugar con mi coño. Joder, que humillante. Joder, como me estaba mojando. Joder, como me estaba gustando.

Quería correrme, estaba deseándolo, notaba que se acercaba ese orgasmo que tanto ansiaba. Él también lo notaba, seguro, mi cuerpo se retorcía buscando más contacto. Joder, estaba buscando correrme con los dedos del pié de un tio, en mi vida hubiese podido imaginármelo. El plug del culo no solo no estorbaba, si no que ayudaba a la sensación que estaba sintiendo.

“¿Quiere correrte, cosa?”

Asentí con todas mis fuerzas.

“Así no, cosa, habla”. Mi cabeza colapsó. Quería correrme, lo deseaba. Pero no podía hablar sin tragarme su corrida. Dudé medio segundo, tragué la primera corrida de mi vida y, completamente derrotada, solo pude decir: “si, por favor”

“Si, por favor ¿qué?. Sé más explícita, cosa”

“Si, por favor, quiero correrme”

“Pídemelo un poco mejor, cosa, que así no me motivas”

La humillación me explotó la cabeza pero tenía que correrme, lo necesitaba.

“Por favor, quiero correrme, por favor. Esta cosa no puede más, necesita correrse ya”

“Te dejo correrte, cosa, pero quiero copia del vídeo que estás grabando”

Mi mente no procesó esa frase hasta un rato después. Un orgasmo brutal se estaba fraguando entre mis piernas, con el clítoris siendo masajeado por un pié. Cuando explotó fue, sin duda, el mayor de mi vida, durando más que ninguno y sacando de mi unos gritos que nunca había dado. Los vecinos debían de estar flipando.

Me costó un rato recobrar la respiración. No podía moverme. Ya no solo por las esposas, mi cuerpo no me respondía, estaba agotada.

Según fui recuperándome, balbuceé un “desátame, por favor”, apenas audible. Él debía de estar cerca, porque me oyó.

“Aún no, cosa, aun no he terminado de usarte. Te he regalado un orgasmo, pero no te acostumbres, lo normal será que tus orgasmos no me interesen, tú estás aquí solo para mi placer, nada mas. Por ahora lo estoy disfrutando, eres muy follable, voy a disfrutar mucho de ti de ahora en adelante”

Joder, otro puto escalofrio. Hablaba con frialdad, con seguridad, dejando claro que se hacía lo que él quería, sin darme opción a opinar. Hace un mes me habría vuelto loca si alguien me hubiese tratase así. Ahora, mi coño había tomado el control y no me dejaba bajar del calentón.

“¿Sabes una cosa que me encanta, cosa? Usarte cuando ya no estás de calentón. Cuando te he follado la boca, tu coño chorreaba, estabas como una perra en celo. Ahora estás pidiendo que te suelte, que acabe la sesión. Pues que sepas que este es el punto que más voy a disfrutar: usarte únicamente para mi placer, nada más y nada menos.”

No se si estaba asustada, entregada o ya resignada, pero ni respondí. ¿Para qué? Podía hacerlo y sabía que lo iba a hacer. Y no solo no me parecía mal, si no que, en parte, quería que me usase, que se quedase a gusto. Quería sentirme aun más sucia. Joder como estaba patinando mi neurona.

“Culo en pompa, cosa”

Tras un par de segundos procesando esa sencilla orden (mi cerebro estaba fundido) y con esfuerzo, me puse en posición: rodillas en el suelo, piernas abiertas, culo levantado y cara apoyada en la alfombra. Mis tetas rozaban los pelos de la alfombra y noté que los pezones seguían bien duros. No pensé, simplemente obedecí.

“Bien hecho, cosa. Tienes un gran culo, otro día me traeré algunos juguetes para azotarlo, pero hoy me apetece, simplemente, follármelo"

Me estremecí. No es que fuese la primera vez, ya me había follado por ahí hacía unos días, pero esta vez estaba menos excitada, temía que me fuese a doler.

Sin muchos miramientos, sacó el plug de un tirón, que sonó como un tapón y me hizo soltar un quejido, más por sorpresa que por dolor. Noté un chorro de lubricante. ¡Estaba frio, joder!

Inmediatamente, sin miramientos, sin delicadeza, sin compasión, noté su polla entrando. Sin esfuerzo alguno, se deslizó dentro totalmente hasta que noté su cuerpo contra el mío. Me estremecí al notarme llena de nuevo, no me desagradaba la sensación.

Me agarró de las manos que aun llevaba esposadas a la espalda, tiró de ellas y comenzó a follarme como nunca lo habían hecho: duro, sin delicadeza alguna, solo metiendo y sacando polla como si fuese una simple muñeca hinchable.

No había sentimientos, solo sexo. Salvaje. Sin posibilidad de que yo lo disfrutase, solo contaba lo que él sintiese, nada más. Me concentré en eso, manejando mi esfínter para que le gustase aún más.

No sé cuánto duró, no demasiado, pero en un momento dado, sacó su polla de mi culo, noté como se quitaba el condón y como se corría en mi espalda con un gruñido.

“Que culo más follable tienes, cosa, voy a usarlo mucho”

Al soltarme, volví a bajar al suelo. Sucia, con el culo abierto, sudada, caliente, usada… no me atrevía a pedirle que me soltase.

Sin moverme, le oí vestirse y recoger. Cuando estaba empezando a preocuparme y pensaba pedirle que me soltase, me volvió a hablar:

“Te voy a quitar la venda, cosa. Te dejo tu teléfono aquí al lado. Cuando llegue a mi casa, te mandaré un mensaje diciéndote dónde está la llave de tus esposas, por si quieres soltarte. En cuanto lo hagas, me encantaría tener el vídeo de la sesión, pero no es obligatorio. Ten las esposas a mano, las volveré a usar.”

Apenas pude verle yéndose de mi casa. Cerró la puerta dejándome ahí, tirada, asumiendo que volvería a usarme.

Y estaba deseando que volviese a hacerlo.

Continúa en