Xtories

Fiestas en Vitoria

La multitud grita, el vino mancha las camisetas y el alcohol nubla los sentidos. En medio del caos de las fiestas, una voz familiar lo tapa los ojos y le recuerda una noche que quedó inconclusa. Ahora, entre la gente que baila y el riesgo de ser vistos, ella promete cerrar la cuenta pendiente.

Deverano200313K vistas8.9· 14 votos

Las calles están abarrotadas de gente. Las fiestas de la virgen Blanca están a punto de empezar y gracias a mi amigo Joseba tengo la oportunidad de disfrutar de una de las mejores fiestas del país. Serán días de fiesta intensa que espero se graben en mi memoria como momentos inolvidables. Por las referencias de otros amigos que han tenido la misma experiencia, las fiestas son “de puta madre”. Los encierros de los toros, las charangas, la vida en las calles, las continuas visitas a bares y sobre todo los bailes hasta el amanecer, son ingredientes para pasar unos días de fiesta fuera de lo normal, yo vengo con ganas de “llevarmelo todo”.

Para los recién llegados a la fiesta, la tradición manda que reciban su correspondiente bautismo iniciático. Éste consiste en verter sobre la cabeza el contenido de una jarra de cerveza o un buen vaso de vino peleón. Joseba me presenta a la peña indicándoles que no pueden terminar las fiestas sin que yo sea uno más de la cuadrilla y que asimile al máximo el espíritu de la misma.

—¡Ojito con el menda!…que no se nos pierda, que no termine borracho y tirado por ahí sin que nosotros no sepamos donde está…¿entendido?— son algunas de sus recomendaciones.

Y acto seguido empezamos la ronda con las visitas de rigor por toda la zona antigua. De la múltiple oferta de bares vamos saltando de uno a otro sin ningún orden establecido…totalmente aleatorio…posiblemente al terminar el día los habremos visitado todos. Nos apetece este, pues entramos en este…aquí hay buen ambiente, buena marcha y buena música, pues entramos… En este otro hay un grupo de chicas enrolladas… también entramos a ver si pescamos algo.

En todos los bares la consumición es: un corto de cerveza o de vino, siempre acompañado con algo más, cacahuetes, olivas, montaditos, chistorra, gildas, pimientos o setas. Estoy alucinado, todo entra super bien y el alcohol nos mantiene eufóricos. Al principio estaba algo cohibido, soy el forastero y solo conocía a Joseba. Enseguida me he dado cuenta que aquí todo el mundo es acogido “fácil”, con alegría y que el único requisito es querer pasarlo bien. Tras unos cuantos tragos, la lengua se me va soltando, la timidez inicial ha desaparecido y ya estoy integrado en el grupo como uno más…es muy fácil, solo tienes que poner las ganas y dejarte llevar.

De pronto, en medio del jolgorio y desenfreno que hay en la callejuela abarrotada de gente, alguien me tapa los ojos desde atrás y me pregunta:

—¿quién soy? ¿a que no lo adivinas?— la voz suena alegre y con cierta excitación

Siendo visitante en la ciudad y teniendo en cuenta que sólo conozco a mi amigo Joseba, no puedo ni imaginar quien es la que pregunta. Por la voz y el tacto de sus manos sobre mi cara adivino que quien pregunta es una mujer. Le sigo la broma y le digo varios nombres que me vienen a la cabeza. Alguno es bien raro e improbable en este lugar y se lo digo para demostrar que no tengo ni idea de quién puede ser.

—No, no, nooo—se ríe ante cada uno de mis intentos fallidos

Por fin libera mis ojos y se da a conocer. Ante mí aparece una cara que me resulta familiar pero no atino a situar en el tiempo, ni entre mis amistades y conocidos. Ella se da cuenta de que no la he reconocido, pone cara de decepción y a continuación se identifica por sí misma.

—Soy Blanca, ¿no me recuerdas? El verano pasado en Lloret... la discoteca CyE ¿no te acuerdas?— me dice como debiera reconocerla como lo más normal del mundo.

Tras la sorpresa inicial, de pronto su recuerdo me viene a la cabeza. Se enciende una luz en mi cerebro, recupero imágenes archivadas y la reconozco de inmediato. Se me ilumina la cara, nos fundimos en un fuerte abrazo y nos damos unos besos en la mejilla a modo de saludo.

Blanca está muy guapa y también “muy sucia”. Es costumbre que ensucie las típicas camisetas blancas con vino como paso iniciático a la fiesta. Superado el trámite ya no debes preocuparte si te cae un mancha más o menos. Blanca lleva el “uniforme” más adecuado, manchas de color morado de vino tinto por todo el cuerpo.

Me recuerda que ella es de Vitoria y que me da la bienvenida a su ciudad en fiestas. Tras la apoteosis del reencuentro, ya más calmados, se disculpa por haberme dejado aquella noche con la miel en los labios. El verano pasado la maldije, me enfadé mucho con ella. Nos conocimos en un pub y pasamos una noche fabulosa, bailando y bebiendo por todos los sitios de monda. Para mi desgracia y de una forma totalmente desconcertante, cuando más acaramelados estábamos, cuando yo ya me imaginaba una noche de sexo memorable, me dejo plantado sin ninguna explicación. Estaba convencido de que ella lo deseaba tanto o más que yo, y no supe entender porqué desapareció de esa manera. Eso me dolió mucho.

—Perdona que te dejase así, de repente, sin darte ninguna razón. Realmente no pude hacerlo mejor… tenía mis motivos ¿me perdonas?

He revivido la amarga sensación de aquel día, pero eso ya es pasado y ahora ¡estamos de fiesta!, me alegro mucho de encontrarme con ella. Ahora ya me siento mucho más integrado al grupo…¡Qué siga la fiesta!

Sin darme más detalles, se une a nuestro grupo y pasa a ser una más, con la particularidad de que va conmigo, como si fuésemos pareja,más. Hace bromas a mis amigos y las recibe de ellos, se nota que domina el ambiente. De vez en cuando se vuelve hacia mi y delante de todos me da un piquito muy rico. Estando entre tantísima gente los apretones y empujones son constantes. Si la circunstancia lo permite nos morreamos con pasión. Le gusta meter su lengua en mi boca y juguetear con mi lengua. Si soy yo quien le mete la lengua ella me la chupa de una forma muy especial. ¡qué suerte que Blanca esté conmigo!

Hay tanta gente a nuestro alrededor que nuestros cuerpos se apretujan uno contra el otro igual que en un íntimo abrazo. Blanca está tan cerca de mí que en ocasiones noto el pulso de su corazón que late acelerado. Nos gusta el mutuo contacto, nos buscamos. Me encanta sentir como su pecho se aplasta contra mi cuerpo, meter mi pierna entre las suyas haciendo que su pubis se acomode sobre mi muslo y mi paquete de golpecitos en su cadera. Poco a poco nuestra excitación va creciendo, aprovechamos cualquier circunstancia para sobar el cuerpo y mantenernos bien unidos. No hay peligro de ser descubiertos por el remolino de gente que nos envuelve y sobre todo, porque cada cual va a la suya, tratando de aprovechar el tiempo al máximo.

Llega el momento de invertir la proporción entre comida y bebida, es decir, vamos a cenar... La propuesta es: un suculento bocadillo mixto de lomo y tortilla de patata para reponer fuerzas. En ese momento, en el chiringuito de los bocatas que está suber abarrotado de gente deseosa de cumplir con el trámite, hay bastante desorden en mi grupo, y pierdo de vista a Blanca. Por muchas vueltas que doy, y por mucho que pregunto a los nuevos amigos sobre ella, no la encuentro. ¡Menuda frustración! ¡cuando empezaba a estar en lo mejor!...parece que ha desaparecido…que se ha disuelto entre la gente.

Después de un buen rato buscándola entre la muchedumbre me doy por vencido y trato de consolarme dando fuertes mordiscos al bocata. Mientras lo hago me voy haciendo a la idea de que la he perdido definitivamente…igual que me pasó el verano pasado.

Despues de reponer las fuerzas continúa la fiesta. Para retornar al puntillo que teníamos antes de comer el bocata, nos tomamos un cubata de garrafón bien cargado, y ya estamos preparados para continuar la marcha. Echo muy en falta a Blanca, siento que algo se ha roto y estoy un poco decepcionado. Con el calentón tan rico que tenía, me pregunto cómo lo podré remediar. Ya es la segunda vez que me pasa con ella.

El grupo gana en alegría y todos nos movemos como átomos excitados… buscando con quien combinarnos. Yo me siento un tanto desplazado y solo… un poco abandonado. Las parejas ya constituidas empiezan a ir cada una a lo suyo, y los/las que están solos, se están repartiendo y acoplando rápidamente. No hay ninguna chica que quiera venir a “consolarme”.

Abriéndose paso entre la gente descubro como Blanca se acerca hacia mí.

—Perdona…perdona…perdona me. Me fui sin decirte nada. Tuve que salir corriendo. Mire el reloj y me entro la prisa, se me había hecho tardísimo. Con la fiesta no me había dado cuenta que se me había hecho tarde y tenía que ir a preparar la cena a mi marido y a los niños— me explica con naturalidad antes de darme un beso de tornillo que me deja sin aliento.

—Ahora ya estoy libre hasta mañana a la hora del desayuno— añade abrazándose a mi cintura.

He quedado atónito con su excusa…mi cerebro no la puede procesar ¿será que no lo he escuchado bien?. La miro con cara de: “Explícate mejor. Yo no entiendo nada”.

Blanca me da un piquito cariñoso y me dice:

—En vacaciones de verano y durante la fiesta grande “estoy soltera” y vivo como tal…me divierto a mi manera sin tener que dar explicaciones y sin limitaciones

No necesito, ni me atrevo a pedirle más aclaraciones. Para mi es la mejor explicación del mundo. Siento que ella domina la situación y para mí es más que suficiente. A partir de ese momento nos comportamos como una pareja de novios llenos de amor enardecidos por la pasión. Ella se abraza a mí cariñosamente y me besa cada vez que tiene oportunidad. Yo me siento un hombre dichoso y halagado. Algunas chicas nos miran con envidia y todos los chicos desearían estar en mi lugar.

Blanca conoce bien como va la fiesta y me conduce en medio de la gente. Bailamos cuando podemos, seguimos el son de la música cuando las apreturas lo permiten, y cuando no es posible nos abrazamos y nos besamos como si no hubiera un mañana. Sabe perfectamente cómo mantenerme caliente y expectante. Como anfitriona parece que quiera hacer que disfrute de las fiestas más inolvidables de mi vida y al mismo tiempo ella se concede un capricho.

Bien entrada la noche vamos hacia el parque donde hay organizado un baile popular. La gente ya va muy colocada y apenas nos reconocemos unos a los otros. Cada cual va a su rollo, las parejas se van despistando por los distintos rincones y los demás tratan de conseguir una pareja para pasar la noche bien acompañados.

Blanca estira de mi mano sabiendo hacia donde va. Va muy contenta, debe imaginar lo que va a pasar y la idea le agrada. Cada diez o doce metros se detiene, me abraza y me besa apasionadamente como si quisiera calmar su deseo para poder continuar. Me lleva hasta un rincón tranquilo y discreto rodeado por unos setos que proporcionan una cierta intimidad. Me besa y nos tumbamos sobre la hierba. Nuestra pasión se desata. Besos, abrazos y revolcones como dos animales en celo. Me saca la polla y la acaricia pensando en hacerme una saludable paja que me devuelva un poco de sosiego.

—¿te parece bien?... Esto es lo que puedo hacer por ti

La miro extrañado. Con el calentón que llevo ¿nos vamos a conformar con una triste paja?

Me mira, deduce lo que estoy pensando, sonríe y se lo piensa mejor. Deshace el boton de su pantalon, baja la cremallera y con cierta dificultad se lo baja hasta las pantorrillas. Con cierta dificultad se sienta a horcajadas horcajadas sobre mi. Se inclina hacia delante y me besa en la boca como si estuviera hambrienta de mi saliva. Al volver atrás y apoyar su trasero sobre mi pubis, ha echado las bragas a un lado y mi polla se clava en su jugoso coño.

Con mucha lentitud y parsimonia va moviendo sus caderas haciendo que mi polla frote en el interior de su vagina dándome mucho gusto. Después de un rato de juego no me puedo contener y aprieto los muslos y el culo, mientras dura mi eyaculación. Blanca se acerca hasta que su cara queda junta a la mía, me besa en el labio superior, luego me lame la oreja y termina por poner su mejilla junto a la mía.

—Gracias cariño... me siento muy a gusto contigo— me dice susurrando al oído—¡que polvo tan rico. Te lo debía!

Se tumba a mi lado dandome la espalda, la abrazo y la atraigo hacia mi hasta que nuestros cuerpos se hacen uno y comparten calor en la fresca madrugada. Cierro los ojos, su pelo huele a vino, su culito está pegado a mi pubis, nuestros brazos entrelazados delante de su cuerpo y nuestros corazones palpitan acompasados.¡Blanca…es delicioso!

Estamos tumbados de costado, Blanca me da la espalda, su culito pegado a mi pubis y yo la rodeo con mis brazos para mantener su cuerpo pegado al mío. Estoy tan excitado que mi polla se recupera en enseguida. La pongo entre sus piernas y empiezo a moverme muy despacio adelante y atras, haciendo que frote sobre su vulva. Blanca alarga la mano entre sus piernas, busca la cabeza de mi pene y lo situa a la entrada de su vagina.

—Uhmmm, cariño… ¡qué alegría me das!... creí que ya habias tenido suficiente fiesta— susurra empezando a culear suavemente para acoger mi polla de nuevo.

—El mérito es tuyo… contigo no me cansaría de follar nunca— le respondo aumentando la amplitud del movimiento para que el miembro casi se salga y luego entre toda por completo.

—Uhmmm ¡que rico!... damela toda— dice en voz baja.

Asi follamos un buen rato, disfrutando del contacto de nuestros cuerpos, hasta que ella me pide:

—Mas fuerte…mas fuerte…dame mas fuerte.

Nos sincronizamos, nuestros cuerpos chocan con violencia, se oye el típico chasquido de las carnes mojadas que contactan una y otra vez. Blanca está gimiendo…está gimiendo muy fuerte…me coge la mano y se la lleva a su boca para que yo la tape y amortigüe el sonido. Una vez que lo consigue lleva su mano a su entrepierna y se frota el clítoris de forma enérgica. Yo bombeo todo lo rápido y fuerte que puedo.

—Ohhhhhh…cariñoooooo

Se ha corrido. Estira su mano hacia atrás para frenar el movimiento de mis caderas, se acurruca y atrapa mis manos sobre su pecho. A medida que mi polla se va aflojando, se va retrayendo y saliendo de su vagina. La abrazo, es una “cucharita” perfecta, nuestros cuerpos están unidos formando uno solo.

Me despierto con la primera claridad del día. Blanca está acurrucada a mi lado durmiendo plácidamente. Me siento muy feliz y satisfecho. Según me dijo anoche mi amigo Joseba para seguir el ritual de las fiestas, ahora nos deberíamos encontrar en el bar de la estación de autobuses para comer unos churros con chocolate. Voy a despertar a Blanca.

Deverano.