Xtories

Mi primera vez, con casi 40 años

Casi cuarenta años y nunca lo había hecho. El miedo y el deseo lo consumían mientras esperaba a Nuria. Cuando la puerta del hotel se cerró, la fantasía virtual se volvió carne y hueso, revelando que la realidad superaba cualquier imaginación.

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El viaje de ida lo hice en coche. Fue un viaje distinto a los que solía hacer. De un modo u otro, no dejaba de pensar en que al día siguiente iba a acostarme con una mujer con todas las de la ley y eso me producía nervios, miedo, morbo y deseo a partes iguales. Llegué al Hotel hacia las 8 de la tarde del Domingo. Había quedado con Nuria a las 10 de la mañana del día siguiente en la puerta del hotel. Como era de esperar dormí poco y mal, con ganas de que llegase la hora señalada. Ella no se hizo esperar. A las 10 en punto llegó al hotel, se bajó del coche vistiendo un vestido de tirantes blanco y largo. Apenas se bajó del coche empezamos a besarnos. Lo que iba a ser un beso de saludo se convirtió en incesante momento de besos cada vez más intensos largos y lascivos. No teníamos prisa pero queríamos disfrutar cada instante del día.

Como pudimos nos recompusimos y decidimos ir a desayunar a un bar cercano, pues teníamos claro que una vez dentro del hotel no íbamos a salir. Desayunamos y aprovechamos para hablar sobre lo que sentíamos, si estábamos convencidos, de las ganas de que llegase el momento y de hacer realidad lo que tantas veces habíamos recreado de forma virtual.

Como era de esperar el desayuno fue corto. Al llegar a la habitación mi intención era la de ir poco a poco y ver cómo iba subiendo las ganas y el morbo, pero apenas cerró Nuria la puerta de la habitación se echó sobre mis brazos y comenzamos a besarnos apasionados. Ir hasta la cama me parecía una distancia enorme de recorrer, así que le subí el vestido, tocando sus muslos, sin dejar de besarla constantemente, mordiendo su labio mientras mis manos descubrían su culo bajo las bragas. Mi boca empezó a explorar su cuello, la subí del todo el vestido y la senté en una mesilla. Sus piernas abrazaron mi cintura y me llevaron hacia ella. Notaba que ella me dejaba hacer. Desabrochó mi camisa y empezó a comerme el pecho,mientras yo acariciaba su rizado pelo sin permitir que se separara de mi. Sus manos descubrieron mi polla, dura como pocas veces la había notado. Le gustó notar lo que tenía entre las manos. Con la voz entrecortada me pidió el preservativo. Lo saqué del pantalón y se lo dí, mientras ella me bajó el pantalón, me la chupó con dedicación y entre los dos colocamos el preservativo. Supongo que por la inexperiencia del momento colocar el condón me resultó costoso y me sentí torpe. No era tan fácil como parecía o como te enseñaban en los videos de youtube. Descubrí que mi polla era especialmente grande para el condón que tenía, cosa que le hizo bastante gracia a Nuria. Mientras se reía colocándolo me decía que ya sabíamos que mi talla era la XL. En cuanto tuve el preservativo puesto Nuria se incorporó, me cogió de la mano y me llevó a la cama. Se quitó el vestido y se quedó desnuda delante de mí mientras yo hacía lo propio. Ella se tumbó boca arriba y me invitó a disfrutar su cuerpo. Nuria no era una sílfide precisamente. Era una típica mujer de su casa, entrada en años, con tetas excesivamente grandes para mi gusto personal y un cuerpo gordo. Tampoco es que me importase en exceso en aquel momento. No tenía intención de casarme ni mantener relación con ella más allá de la sexual.

Comencé a devorarla. Metí mi boca entre sus piernas y lamí su coño metiéndole mi lengua dentro de ella. Sus gemidos, el placer que mostraba me volvía loco por momentos. cogía mis manos y las llevaba a sus tetas, mostrándome de algún modo que en sus pechos había también botones que debía tocar. Entendí el mensaje y después de asegurarme que su coño estaba empapado, mi boca subió despacio besando cada parte de su piel, recreándome en sus tetas y llegando hasta su boca, momento en que la besé metiendo mi lengua en su boca todo lo que podía. Estaba desatado. Sin dejar de besarla, encima de ella, mis manos fueron a sus muslos. Los levanté y ella entendió que quería que sus piernas me aprisionasen contra ella. Lo hizo, y antes de que pudiera darme cuenta mi polla la penetró. Estaba tan mojada que realmente no tuve la sensación de que mi polla estaba follando un coño. Sencillamente, se deslizó de tal modo que no noté presión ninguna en la polla. Me dieron ganas de preguntarle si la tenía dentro, si sentía algo, porque yo, entre el preservativo, la humedad de su coño, los nervios y mi total inexperiencia no sentía especialmente gran cosa. La prudencia y los gemidos que empezó a emitir Nuria hicieron que no preguntase nada. De forma autómata mi culo empezó a embestirla. Nuria llevó sus manos a mi culo animándome a embestirla. Comencé a sentir cómo la base de mi polla golpeaba su coño y realmente sentí placer. Aceleré mis embestidas. Nuria gemía cada vez más. No dejaba de gritarme que la follase bien y yo me esmeré en las embestidas, sabedor de que estaba disfrutando tanto o más que yo. De repente noté que me corría. No me dio tiempo a más. Mi sémen inundó la cavidad del preservativo, provocando un placer especial en mí. La embestí con fuerza gimiendo mi orgasmo y me quedé ahí, dejando que los espasmos de mi polla acabaran de vaciarme del todo. Apenas habían pasado unos segundos. Sabía que ella no se había corrido por lo que le pedí perdón. Ella comprendió perfectamente la situación y me calmó diciéndome que venía preparada para eso, que incluso no le hubiese extrañado que me hubiese corrido en los preliminares.

Nos relajamos desnudos en la cama, sin movernos. hablando y describiendo nuestras sensaciones. Para mí todo aquello era realmente nuevo. Follar, relajarse, hablar de la experiencia, verte desnudo con una mujer sin miedo a que te puedan descubrir era algo impensable para mí unos meses antes.

En menos de lo que yo creía, mi polla volvió a excitarse. Parecía que Nuria sabía que eso podía pasar. Despacio y sin prisa me acariciaba y me masturbaba hasta que volví a estar completamente empalmado. Esta vez fue Nuria la que llevó las riendas. Me colocó otro preservativo y me montó cabalgándome. Mis manos en sus caderas acampasaban sus movimientos de adelante hacia atrás. Ella me miraba desde arriba, tocándose las tetas y pellizcándose los pezones. Esta vez no hablaba. Quería follarme. Notaba mi polla moviéndose al compás dentro de su coño. Sus gemidos empezaron a ser gritos de placer. Notaba que le gustaba. También eso fue nuevo para mi. Cuando quedé con ella pensé que ella me “iba a hacer un favor” a mí, pero viendo sus movimientos cabalgándome y oyendo sus gritos, el favor se lo estaba haciendo yo o, como poco, era un favor mutuo. El hecho de haberme corrido minutos antes y que estaba boca arriba hizo que durase más. De hecho, notaba que boca arriba tenía menos necesidad de correrme. Ella llegó a correrse, sin dejar de frotar su coño contra mi polla. Aquello me excitó sobremanera. subí mis manos por su espalda, la acerqué a mi. La besé con pasión y la puse de lado. Apreté mi culo y la embestí todo lo rápido que podía. no quitaba mis ojos de su cara mientras la follaba fuerte, buscando mi placer una vez supe que ella había encontrado el suyo. Volví a correrme y volví a abrazarme a ella al terminar. En menos de media hora había tenido dos orgasmos.