Patricia Morales, capítulo 6
David no está a su lado, pero tiene el control total de su cuerpo. Desde el hall de su oficina hasta los callejones más oscuros de Madrid, cada paso de Patricia está dictado por la voz en sus auriculares. No hay escapatoria, solo la obediencia y el riesgo de que el mundo entero vea lo que ella es realmente.
Muchas gracias por las valoraciones y comentarios, espero que disfrutéis de este capítulo.CAPITULO 6
Patricia estaba en el amplio hall del rascacielos madrileño en el que trabajaba, todavía recordaba las miradas extrañadas de la pareja joven con la que coincidió en el ascensor mientras bajaba, la calefacción del edificio estaba realmente alta en esta época del año y Patricia llevaba puesto un pesado abrigo de plumas abrochado hasta arriba para esconder su vestido con los pezones marcados. Sacó su móvil y llamó a David.
- Buenas tardes señor, estoy en el hall como me ordenó. – dijo ella
- Muy bien, lo primero de todo, espero que hayas traído los auriculares del móvil, póntelos inmediatamente.
La mujer comenzó a registrar sus bolsillos nerviosamente, estaba segura de que tenían que estar por ahí pero con los nervios tardó un rato en encontrarlos y ponérselos.
- Ya están puestos señor. – dijo en voz realmente baja, con los manos libres puestos no era necesario hablar muy alto y con la melena morena que tenía, nadie se daría cuenta de que los llevaba puestos.
- Muy bien, ¿Cómo vas de batería?
- 70% señor, lo he cargado esta mañana.
- Así me gusta, a partir de este momento tienes que estar siempre disponible para mí, si llamo y no me coges habrá consecuencias, las 24 horas del día, me he tomado la libertad de añadirme como contacto prioritario así que siempre sonará cuando te llame. ¿Queda claro?
- Muy claro señor. – dijo Patricia.
- Muy bien, pues activa la videollamada.
Al cumplir con la orden, Patricia vio en su pantalla a su señor David, tumbado cómodamente en un sofá. Y él la vio abrigada en el hall.
- Muy bien, sal fuera Patricia, pero lo primero de todo, abre la cremallera del abrigo, y deja que todo el mundo vea lo guapa que estás. Hasta nueva orden no puedes tocar esa cremallera.
Patricia obedeció y salió del edificio.
- Vamos a dar un paseo Patri, al fin y al cabo tú tienes tus propios horarios, no tienes una jefa hija de puta que te controle, ¿verdad? – dijo él
- No señor, puedo entrar y salir a la hora que quiera siempre y cuando haga todo el trabajo que tengo que hacer.
- Y te he mandado hacer muchas cosas Patri, que no se te olvide ninguna, especialmente el trabajo de mi jornada laboral, he oído que van a subirme el sueldo y no quiero fastidiarla. – le dijo David mientras se reía a carcajadas – Vamos a hacer una cosa divertida, quiero que vayas hasta la tienda de alimentación del final de la calle, pero quiero que lo hagas dando botecitos como cuando le enseñaste las tetas a Antonio, que todo Madrid las vea rebotar un ratito.
Ruborizada, la mujer comenzó a cumplir la orden
- Pero enfócate las tetas mujer, que las vea botar yo también. – djo David que seguía de buen humor.
- Pe- perdón señor. – dijo Patri mientras se apresuraba a hacerlo.
- Mientras vas caminando deja de mirar la pantalla del móvil y disimula, quiero que te concentres en la cara de los hombres con los que te crucen, fíjate a ver cuantos te miran a la cara y cuantos te miran a las partes de tu cuerpo que merecen la pena mirar.
El camino hacia el chino fue terriblemente largo, eran las 12 de la mañana en el centro de la Gran Vía de Madrid, una de las calles más transitada de la capital de España sino la que más. Patricia podía sentir su coño cada vez más mojado con cada par de ojos que se posaban en su bamboleante pecho (lo cierto era que de cada 5 hombres que se cruzaba, tan solo uno o dos la miraban a la cara) hasta que por fin, llegó a la pequeña tienda de alimentación que estaba en un callejón.
- Entra en la tienda Patri, vamos a comprar cosas, ábrete más la chaqueta, que se te vea bien. – ordenó David.
Patricia entró y por orden de su señor se puso a ojear la fruta.
- Bien, esos plátanos verdes servirán, coge un racimo, y ve hasta la caja.
- Muy bien señor. – dijo ella prácticamente susurrando para evitar que el dependiente chino la escuchase.
Estaba de pie al lado de las cajas, allí estaba el alcohol y también los condones y lubricantes, al parecer era de lo que más robaba la gente y el dependiente quería tener esa mercancía controlada.
- Aparte de los plátanos vas a comprar una caja de condones de sabores y un lubricante. Nada más. Paga con 50 euros y que se quede la vuelta. – ordenó David.
Genial, le habían mandado ir sin sujetador, con los pezones marcados, a comprar un producto fálico, condones y lubricante. A juzgar por la mirada que el hombre lanzaba a los tres ítems que estaban en la cinta transportadora, lo encontraba igual de divertido que David, al que oía reír en sus auriculares, Patricia nunca se alegró más de que no hubiese cola para pagar.
- ¿De qué sabor los has escogido? – preguntó David mientras seguía riéndose.
- Naranja señor. – susurró ella
- Que si quiere bolsa señora. – dijo el hombre algo molesto, al parecer se lo había preguntado antes pero no lo escuchó entre las risas de David.
- No necesitas bolsa Patri. – le dijo su señor en los auriculares.
- No, gracias. – dijo ella.
Pagó, se metió el racimo de plátanos en el bolsillo izquierdo y los condones y el lubricante en el derecho.
- Bien Patri, primera parte de la misión hecha, ¿Cómo de mojada estás? - preguntó David una vez terminó de reirse
- La verdad es que bastante señor – dijo ella mientras volvía a la Gran Vía.
- ¿Del 1 al 10? - volvió a preguntarle
- Un 7 o un 8
- Podemos trabajar con eso, gira a la derecha, métete en ese callejón donde están los contenedores del kebab.
El callejón al que se refería David era un lugar que siempre olía a orina, oscuro porque estaba entre dos edificios muy altos, no le extrañaría para nada entontrarse ratas o algo peor.
- Métete hacia el medio del callejón, entre dos contenedores.
Patricia iba avanzando esquivando contenedores, cada vez más asqueada por el olor.
- ¿Disfrutas del ambiente Patri? ¿Te apetece tumbarte un rato y relajarte?
- Por favor señor, se lo ruego, no lo haga, no me mande tumbarme el suelo está mojado y no ha llovido desde hace días, me está dando un asco tremendo. – dijo ella.
- Tranquila Patri, tengo otros planes para ti, apoya el móvil sobre un contenedor, vas a necesitar las dos manos para esto.
Una vez Patricia obedeció, David prosiguió.
- Quiero que te quites las medias que llevas, estas muy caliente y no creo que las necesites para entrar en calor.
- Por favor señor, es invierno y no estoy bien depilada, no me haga enseñar las piernas en la calle, se lo ruego.
- Eso te enseñará a estar siempre follable Patri, venga, no tengo todo el día.
Mirando nerviosamente a ambos lados y comprobando aliviada que los contenedores cortaban todo contacto visual con la calle, Patricia se quitó las botas con cuidado y puso los pies sobre ellas para no mojarlos, después metió la mano por debajo de la falda hasta su cintura y se bajó las medias, después, apoyando la mano en una pared, sacó ambos pies y se colocó descalza sobre sus botas, cuidadosamente dobló las medias y las sujetó contra su vestido negro.
- Estoy impresionado Patri, gran trabajo para no tocar el suelo, yo mismo eché una buena meada ahí antes de irme a mi casa. – comentó David.
- Gracias señor- dijo ella intentando no concentrarse en el terrible olor del callejón.
- Pero en la videollamada me pareció algo ver algo raro, apoya en el suelo las medias por favor.
- Se echarán a perder señor, ¿no puedo guardarlas en mi abrigo mejor? – preguntó ella.
- Tira. Las. Putas. Medias. Al. Puto. Suelo – replicó David enfadado.
Agachándose con cuidado, puso las medias en el suelo, pronto se empaparían pero eran tan gorditas que ahora tendría una superficie para apoyar los pies sin necesidad de hacer equilibrios.
- Bien, has tardado en obedecer pero lo has hecho, ahora levántate la falda hacia la cámara.
Agarrando el borde de su vestido, Patricia levantó la falda hacia la cámara, aprovechó para taparse la cara con las dos manos mientras enseñaba sus bragas blancas a su señor.
- Date la vuelta. – ordenó David, parecía enfadado.
Ella se giró, pese a estar tan cerca de la Gran Vía no parecía probable que nadie entrase en ese callejón, tan solo era frecuentado por vagabundos y borrachos, pero no era probable que a esa hora entrasen ni unos ni otros, aún así, el sonido de la gente constante mientras ella estaba con la falda levantaba la ponía nerviosa. Cachonda y nerviosa.
- ¿Qué ostias llevas puesto? – le gritó enfadado
- Tenía estas bragas en el cajón, como usted me quitó las que me puse esta mañana, pensé en ponérmelas señor. – contestó Patri llorosa.
- ¿Eso te parece un puto tanga? – volvió a gritar David
No hubo respuesta.
- Contesta cuando te pregunto, zorra - volvió a hablar su señor.
- No señor, no es un tanga, son bragas.
- Contéstame a otra cosa, ¿las mujeres decentes llevan bragas?
- Sí señor
- ¿Y tú eres una mujer decente?
- No señor, no lo soy – dijo ella entre muchas lágrimas.
- Bien, pues como sigues empeñada en portarte mal, voy a castigarte quitándote otra cosa, voy a quitarte el derecho a hablar bien de ti misma, a partir de este momento cuando estemos en privado vas a hablar de ti misma en tercera persona y no puedes llamarte “Patricia” ni “Patri” ni nada que no te merezcas, usarás alguna palabra humillante para ti, ¿queda claro?
- Creo que sí, señor. – respondió ella.
- ¿Qué se dice cuando te castigo? – la voz de David ahora sonaba menos amenazadora, con un tono ligeramente paternal.
- Muchas gracias señor, esta esclava siente mucho haberse portado mal.
- Haz el favor de quitarte esas bragas de mujer decente anda.
Bajando sus manos y su falda hacia la cintura, Patricia dejó caer su ropa interior sobre las medias en las que estaba de pie, después las cogió y se las enseñó a la cámara.
- ¿Qué debe hacer esta cerda con las bragas, señor? – preguntó Patri, teniendo mucho cuidado al escoger sus palabras.
- Me da igual, tíralas por ahí.
- Muy bien señor.
Patricia arrugó las bragas en una bola y las lanzó hacia el fondo del callejón, el frío madrileño comenzaba a hacer mella en las piernas desnudas de la mujer, y toda la humedad que había entre ellas hacía que de vez en cuando alguna ráfaga de viento la hiciese estremecer.
- ¿Cómo de mojada estás, cerda?
- Un 8 señor. – contestó ella sinceramente.
- Muy bien, sigamos, saca el racimo de plátanos.
Patricia obedeció temblando, se podía imaginar lo siguiente que tendría que hacer.
- Ahora vas a sacar la caja de condones y vas a abrirla, y colocarte el condón en la boca, después vas a ir metiéndote poco a poco uno de los plátanos. Básicamente vas a ponerle un condón a cada plátano con la boca, así practicas para no ser tan sumamente inútil comiendo pollas, es importante que no vomites, tienes un minuto por plátano. Tiempo.
La verdad es que justo eso no era lo que había pensado Patricia que tendría que hacer, rápidamente abrió uno de los preservativos y lo puso entre los labios, el sabor a naranja que se supone que tenían no era muy detectable, después cogió el racimo de plátanos.
- Empieza por los más pequeños. – dijo la voz de David en sus auriculares.
El más pequeño del racimo mediría un poco menos que el palmo de su mano, Patricia echó la cabeza hacia atrás mientras se lo metía, apretando los labios para que el condón fuese avanzando por la fruta, tras varios intentos logró ponerlo más o menos hasta un cuarto del plátano.
- No ha estado mal, tíralo al contenedor y prueba con el siguiente, quiero que esta vez llegues más lejos.
El siguiente plátano era prácticamente igual que el anterior, volvió a hacer el mismo movimiento que antes y tuvo que esforzarse bastante para reprimir el vómito mientras la fruta se acercaba a su paladar, pero tras varias acometidas logró avanzar un poquito más el condón.
Con el tercer y cuarto plátano Patricia tuvo que ayudarse estirando la lengua y haciendo un movimiento circular para colocar el condón, hasta que se encontró con el último plátano, tenía la forma curvada característica de una gran polla de unos 22 centímetros de grande, había conseguido que el condón avanzase unos 14 centímetros, estaba extrañamente orgullosa de sí misma por haberlo hecho.
- Un gran trabajo Patri, hora de tu recompensa. - dijo David.
- Muchas gracias señor.
- Coge un poco de lubricante, no necesitas mucho, a no ser que me hayas mentido debes estar cachonda como una perra, ¿cierto?
- Sí señor, esta perra esta muy cachonda y muy mojada.
- ¿Quieres correrte?
- Por favor señor, a esta perra le encantaría correrse. Mejor dicho, esta perra necesita correrse – Patricia no podía creer que acabasen de salir de su boca esas palabras
- Muy bien, pues fóllate con ese plátano, tienes mi permiso para correrte, pero solo tienes un minuto. Tiempo.
Patricia abrió las piernas y las puso en el aire mientras se sentaba en las medias apoyada en un contenedor, metió un dedo de su mano derecha en el coño mientras cogía el plátano por la parte al que el condón no había llegado, después dos dedos, después tres, y después cogió el plátano con esa mano y comenzó a penetrarse con él, comenzó a follarse una y otra vez, estaba casi desnuda, en enero en un callejón del centro de Madrid y no sentía ni frío ni vergüenza, tan solo estaba concentrada en ese orgasmo que tanto necesitaba y se había ganado. Estaba sintiendo el calor que recorría todo su cuerpo cuando escuchó la voz de David.
- Tiempo, levántate. Tienes 5 segundos. – ordenó su señor.
Patricia necesitó toda su fuerza de voluntad para obedecer esta vez.
- Ponte las botas. – volvió a ordenar David.
Un poco decepcionada por no haber conseguido su orgasmo pero todavía terriblemente cachonda, se puso las botas y descubrió que las medias estaban algo mojadas también por la parte de arriba, se acarició el vestido primero y el culo después y sintió alivio al ver que posiblemente seria su propio sudor. Echó la vista atrás y vio una serie de plátanos con un condón puesto, unas bragas arrugadas y sus medias en el suelo, ¿alguien podría descubrir lo que había pasado ahí?
- Coge el plátano grande y mételo en el coño, lo más profundo que puedas.
Cogiendo el plátano con la mano izquierda y separando un poco las piernas Patricia se empaló con la fruta todo lo que pudo.
- Muy bien, hora de volver al trabajo, coge el móvil y vuelve a enfocarte mientras caminas. Yo de ti me daría prisa, no sé la fuerza que puedes hacer para mantener el plátano dentro del coño pero no creo que la suficiente como para andarte con rodeos.
Sin perder ni un segundo, Patricia salió del callejón, sus pezones estaban todavía mas grandes que antes, y ahora estaba caminando con las piernas desnudas y unos cuantos pelos negros asomando por ellas. El abrigo que llevaba tan solo le tapaba los brazos porque no le estaba permitido abrochárselo.
- Vamos Patri, estoy seguro de que ese plátano está deslizándose poco a poco hacia fuera de ese coñito tan mojado que tienes, no te preocupes estoy seguro de que nadie se da cuenta de que estás mal depilada, al fin y al cabo ya sabes hacia donde apuntan los ojos de todo el mundo. ¿Verdad? – le dijo David
- Sí señor.
- ¿A dónde te mira?
- A mis tetas señor, me miran las tetas. - dijo Patricia jadeando mientras estaba casi corriendo por la calle.
- Sí, miran esas tetas gordas bamboleantes que tienes, venga, un último esfuerzo. Ya casi estás en el ascensor.
Apurando el paso muchísimo, Patricia entró en el ascensor, cuando se dio la vuelta dio un respingo tan grande que sintió el plátano como estaba saliendo, apretó las piernas todo lo que pudo para mantenerlo dentro. Había al menos 10 personas ahí dentro y muchos de los pisos estaban iluminados, iba a haber muchas paradas, no estaba segura de poder conseguir mantener al plátano oculto dentro de su coño, pulsó el 14 y cerró los ojos.
- Vaya, un ascensor lleno de gente eh, joder, con lo roja que te estás poniendo. – se rió David al teléfono.
Patricia tenía los ojos cerrados, seguía concentradísima en su plátano, el ascensor paraba en casi todos los pisos y ella sentía que el plátano se escurría cada vez más, podía sentir su flujo bajando libre por la cara interior de sus muslos y sabía que tenía la cara tan roja que iba a explotar.
- ¿Está bien señorita? – una voz de un señor mayor le sacó de sus pensamientos.
Al abrir los ojos descubrió que la mayoría de gente se había ido bajando y tan solo estaban ellos dos en el ascensor.
- Sí, gracias, tan solo tengo algo de calor, la calefacción está muy alta. – le contestó ella.
Piso 13, el ascensor se abrió tan solo a un piso del suyo. El señor comenzó a dar pasitos hacia fuera, a Patricia le parecía que pasaba una eternidad hasta que el hombre abandonó el habitáculo, una vez cruzó el umbral ella comenzó a darle al botón de cerrar puertas como una loca, de manera frenética.
El hombre se giró a paso muy lento para despedirse de ella y las puertas ya estaban cerrándose, con un sonido sordo el plátano cayó al suelo del ascensor al mismo tiempo que se cerraban las puertas, el ascensor comenzó a subir rápidamente mientras los ojos de Patricia se fijaban en el plátano con un condón que estaba en el suelo, de momento tan solo a la vista de sus ojos pero, ¿y si al otro lado del ascensor había gente esperando?
Como un rayo cogió el plátano del suelo y sin pensarlo dos veces lo volvió a meter en su coño de un solo golpe justo cuando se abrían las puertas. Roja como un tomate Patricia salió del ascensor tan rápido que por poco atropella a Nerea y Antonio que esperaban con sus abrigos puestos.
- Jefa vamos a ir fuera a por café. – comenzó a decir la joven recepcionista.
Patricia mientras echaba a correr a la oficina gritó que ella no quería nada y antes de cerrar la puerta pudo oír decir a Antonio.
- No pises ahí Nerea, parece que a alguien se le ha derramado el café en el suelo.
CONTINUARÁ
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- Relato #227395— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
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