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Patricia Morales, capítulo 5

Patricia está desnuda en su despacho, arrodillada sobre su ropa, sabiendo que está a un paso de librarse del chantaje de su jefe. Pero David ha subestimado su poder y ahora ella pagará las consecuencias. Mientras se prepara para exhibirse ante su compañero Antonio, la tensión crece y la línea entre la sumisión y el deseo se difumina.

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CAPÍTULO 5

Patricia estaba en su despacho, todavía desnuda y arrodillada sobre su ropa, estaba tan cerca de librarse del chantaje, pero había subestimado a su señor y ahora pagaría las consecuencias.

Se levantó y abrió el cajón de debajo de su escritorio de roble, allí estaban una caja de tampones y unas bragas blancas dobladas, eran totalmente planas, tan solo tenían un pequeño lazo en la parte delantera. Mientras deslizaba la ropa interior por sus piernas no pudo evitar fijarse en el gran marco de fotos que acompañaba a su portátil en el escritorio. Había 4 imágenes, que pertenecían a la mujer que anteriormente era Patricia Morales. La primera de ellas estaba tomada en un chiringuito de la playa en Málaga, ella llevaba un sombrero y un vestido de verano, en otra salía ella junto con su hijo Simón, cuando éste era un bebé. La tercera era la foto de su boda con Bernardo y la última era una foto de los tres que componían la familia. Todas las Patricias de esas fotos parecían mirarla, juzgándola, seguro que ninguna de esas Patricias estaba tan mojada como en este momento, tal vez, antes de conocer a David, nunca había estado tan cachonda y eso la avergonzaba muchísimo.

La mujer se subió las medias y levantó su vestido del suelo buscando el sujetador, no aparecía por ninguna parte. Revisó su móvil por si acaso no era casualidad, y efectivamente allí había un mensaje.

- Ya llevas un vestido de monja, no te hace falta sujetador, alégrale la vista a Antonio, voy a preguntarle mañana, más te vale que se haya dado cuenta de que vas con las tetas libres. – Era lo que decía el whatsapp de David.

- Muy bien señor, así lo haré. – Respondió ella.

Los pezones de Patricia ya de por sí eran grandecitos, pero cuando estaba tan cachonda como ahora se ponían muy duros y aumentaban un poquito más su tamaño, usando su móvil como espejo, comprobó que, pese a que era un vestido de color negro y podía disimular algo, la excitación y el no llevar sujetador hacia bastante evidente la posición exacta de sus pezones. No obstante, decidió poner el cinturón justo por debajo de sus tetas y apretarlo mucho, de esa forma su pecho tenia una forma muy grande y bonita, cualquier hombre heterosexual se vería obligado a dedicarle más de una mirada.

Para asegurarse de que Antonio la viese, decidió salir bastante a menudo de su despacho, al caminar intentaba dar pequeños botecitos con sus botas que se traducía en un hipnótico movimiento de sus tetas, la situación seguía siendo muy excitante para ella, los pezones sobresalían cada vez más y como siguiese estando tan mojada, iba a necesitar otras bragas más de repuesto, menos mal que llevaba esas medias gordas, sino temía llegar a mojar el suelo.

A media mañana, cuando salió, Nerea inclinada hacia Antonio, al parecer el hombre tenía que firmar algunos documentos para ella, hoy la recepcionista llevaba puesto un jersey verde bastante ajustado que dejaba su ombligo al aire, no tenía el pecho excesivamente grande, tendría una 85B como mucho pero ese jersey realzaba verdaderamente su forma y tamaño. Al agacharse arqueaba la espalda y atraía todas las miradas hacia su culo, que no estaba nada mal. Seguro que ella llevaba los tangas que le gustaban a David. La verdad es que era una mujer muy joven y muy atractiva, podía entender perfectamente que un hombre como David se fijase en ella.

- ¿Todo bien jefa? – la voz de Nerea la sacó de sus pensamientos, Patricia esperaba que no se hubiese dado cuenta de la mirada descarada hacia su culo.

- Sí, Nerea gracias, tan sólo necesito hablar un segundito con Antonio.

Entonces Patricia se agachó al otro lado y apoyó las manos en la mesa, y para hacer sus intenciones todavía más obvias, juntó un poco los codos para levantar todavía mas esos pezones que amenazaban con romper su vestido.

Antonio comenzó a tartamudear antes de responder la trivialidad que Patricia le había preguntado, fue ahí cuando ella descubrió que su misión había sido cumplida. Con una sonrisa disimulada, volvió a su despacho. ¿Estaba sonriendo? Le estaban obligando prácticamente a exhibirse y ella no solo lo hacía de buena gana sino que lo estaba disfrutando. No se reconocía.

Llegó a la mesa de su despacho para descubrir una notificación en el móvil. Llamada perdida de David. Eso no eran buenas noticias. La jefa pasó el cerrojo a su despacho y se apresuró a llamar a su empleado.

- ¿Te llamo y no contestas? ¿Estabas haciendo algo más importante que atenderme? Para ti no hay nada más importante que yo, que te quede claro. – dijo David.

- Lo siento mucho señor, estaba haciendo lo que me ordenó y olvidé el móvil sobre mi mesa.

- ¿Cuál de mis órdenes? Te he mandado varias cosas y espero que las hagas todas sin falta.

- Estaba alegrándole la vista a Antonio.

- ¿Ah sí? Cuéntame Patri, cómo lo has hecho.

- Pues me aseguré de apretarme bien los pechos con el cinturón para marcarlos bien y me balanceé un poco para que se moviesen, además me acerqué a su mesa y los levanté disimuladamente delante de él mientras le preguntaba una cosa.

- Muy bien Patri, sólo un fallito tuviste.

- ¿Fallito señor? Dígame – preguntó intrigada

- Te has referido a tus tetas como “pechos”, las mujeres respetables tienen “pechos”, pero las que se mojan al ser humilladas y le piden a sus maridos que las llamen por un nombre que se supone que no les gusta antes de follárselos como nunca lo han hecho, no parecen mujeres decentes, ¿verdad?

Patricia no respondió, acababa de darse cuenta de que al tener acceso a sus whatsapps, David había leído las conversaciones salidas de tono que tuvo con su marido el viernes después de llegar cachonda a casa.

- Dime Patri, ¿tú eres una mujer decente? ¿Una mujer decente le hubiese dado un beso a su marido con la misma boca con la que una hora antes intentó hacer una mamada a otro hombre?

- No señor, no soy una mujer decente – respondió ella con tristeza.

- Y entonces, no tienes pechos, ¿que tienes? – le preguntó David

- Tengo tetas señor. – dijo ella

- En tu caso tienes tetazas la verdad, todo hay que decirlo, son una maravilla, de hecho hazme un favor, no cuelgues la llamada, sácate las tetas, hazte un selfie tirándome un beso y mándamelo.

- ¿Ahora?

- Sí, ahora, no creo que sea tan difícil de entender, pero no saques la foto directamente desde el whatsapp, quiero que la tengas guardada en la galería. Ni se te ocurra borrarla.

Patricia se bajó los hombros del vestido y bajando la tela dejo que esos pezones duros viesen la luz. Después puso el móvil en modo selfie, sonrió y se sacó la foto. Entró en la convesación con whatsapp de David y se la mandó.

- Anda! Mira que duritos esos pezones, que maravilla de tetas Patri, esta foto es muy bonita, felicidades. – le dijo David divertido.

- Muchas gracias señor, me alegra que le gusten mis tetas, pero la verdad es que hacen que me duela la espalda muchas veces. De hecho para el mes que viene tengo consulta en el médico para hacerme una pequeña reducción de pecho.

- ¿Cómo has dicho? – preguntó David enfadado

- Que el mes que viene voy a hacerme una pequeña reducción de pecho señor. – dijo Patricia con el tono más humilde que pudo

- No vas a hacer eso Patri, esas tetas no se cambian, vas a llamar y a cancelarlo todo, ¿queda claro?

- Pero, mi espalda me duele señor, es por salud. – se quejó ella

- Mira zorra, a ver si te entra en esa cabecita que tienes, no es salud, es por comodidad en todo caso, y no tienes derecho a tener comodidad, tu objetivo en la vida no es estar cómoda, es estar follable para mí, y desde luego jodiendo tu principal activo no vas a contribuir a eso, en el gimnasio vas a contratar a un entrenador personal que haga que no te duela tanto la espalda y que tu culo se rellene un poco más. Además quiero que entiendas que tienes que entender que ya no puedes tomar decisiones que influyan en tu vida, las mujeres decentes pueden tomar decisiones por ellas mismas pero las esclavas no. ¿Qué eres tú? – David sonaba enfadadísimo

- Yo no soy una mujer decente señor, soy una esclava. – dijo Patri.

- ¿Y ahora estás mojada esclava?

- Sí señor, llevo toda la mañana mojándome cada vez más. – admitió ella.

- Bien, eso es bueno para tu educación, coge tu abrigo y sal de la oficina, cuando estés en la calle me llamas, tengo que responder a un whatsapp que me ha mandado Antonio. – David colgó el teléfono sin dejar responder.

Patricia se levantó un poco el vestido y metió su mano bajo sus medias, por dentro de sus bragas, estaba mojadísima, comenzó a meterse un dedo pero tras pocos segundos le llegó un mensaje, era una foto de David. Dejó de masturbarse y cogió su móvil abriendo la conversación con mucha curiosidad.

Era una captura de pantalla del móvil de David, estaba hablando con “Antonio trabajo”.

- Antonio trabajo: Ostia David, no se a donde fuiste pero ojala estuvieses hoy por la oficina, la Moralista esta rarísima, antes estaba hablando yo con Nerea y vino ella, se quedó un rato mirándole el culo y luego me puso las tetas prácticamente en la cara, y se le notaban los pezones muchísimo, seguro que iba sin sujetador la muy guarra. No sé que le dio.

- David: Sí? Joder va siempre tan tapada que no sabía ni que tenía tetas. ¿Qué tal están?

- Antonio trabajo: 5 emojis de fuego

- Antonio trabajo: Son enormes, flipas.

Después David le envió un whatsapp a ella.

- Parece que lo has hecho muy bien, te felicito, ¿debería mandarle el selfie a Antonio? – preguntó David.

- Por favor se lo ruego, no le envíe esa foto a nadie señor. – dijo Patricia.

- Jajajajajaja, tranquila tus tetas de momento no son para Antonio. Corre para fuera y llámame, intenta no exhibirte a nadie más si puedes.

Patricia cogió su abrigo y se apresuró a cumplir las órdenes.

CONTINUARÁ

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