Xtories

Claudia: de fiel amante a fiel puta del vecino

El vecino mayor no solo quería su cuerpo, quería su silencio. Con fotos comprometedoras en la mano, Don Mario le ofreció un trato que ninguna esposa fiel podría rechazar: placer a cambio de dignidad.

Moni Sexy26K vistas9.3· 9 votos

Este es nuevo capítulo en la vida de Claudia a quien reconocerán de la historia de dos partes Claudia: de ama de casa fiel a fiel amante. Esta es la continuación luego del capítulo dos, el subtítulo irá variando conforme se vayan contando las experiencias sexuales de un ama de casa que sin querer descubrió todo lo que se perdía del sexo siendo fiel a su marido que la tenía desatendida y lo que descubrió cuando empezó a vivir su vida con intensidad.

Temas de este capítulo: Sexo con mayores, infidelidad, dominación.

********

Esa mañana luego del encuentro fugaz con Don Mario, mi vecino, llegué a casa con el corazón acelerado y la rajita húmeda.

Sus palabras lograron excitarme y ni siquiera sé porqué.

—Naa no puede saber nada, me dije, ha de ser mi imaginación.

Esa mañana mi esposo se había marchado más temprano que de costumbre así que me tocaba desayunar solita.

Al servirme mi café cogí la leche que sin proponérmelo le acepté al vecino, abrí la caja y le vacié un chorro a mi café. Mientras lo hacía no dejaba de pensar en la otra leche, la lefa caliente que tanto me gusta.

—¿Le abré entendido bien al vecino?

Seguía pensando en el viejo. Hasta ahora era un vecino más, un viejo más de los muchos que había visto en mi vida. Nunca pensaba en ellos como seres sexuales, pensaba que eran buenos para acosar muchachitas, viejos verdes, casi todos, pero que del dicho al hecho hay mucho trecho.

En verdad creo que nunca me tomé seriamente la idea de imaginármelos teniendo sexo.

Hasta esta mañana.

—Ya estás muy puta, mira que pensar eso del pobre viejo.

Pero de eso nada, había escuchado muy bien y estaba a punto de descubrirlo. Mientras tanto mi rutina diaria de ama de casa siguió como de costumbre, pero estaba arrecha, muy arrecha. Hacia media mañana no pude más con la calentura y me fui a mi cuarto y saqué la verga de plástico que me dejó César, me desnudé todita y empecé a jugar con ella.

Pasé el dildo por entre mis muslos, subiendo a mi entrepierna, y ya llegando al coñito que babeaba lo sobaba mientras con la otra mano le daba cariño a mi clítoris.

Después de un rato de jugueteo, empecé a metérmelo, disfrutando centímetro a centímetro hasta que me cabió toda, y empecé un mete saca frenético mientras me mataba frotando el clítoris.

Mientras me daba amor empecé a escuchar mensajes del Whatsapp pensé que era algún grupo o algo sin importancia pero cuando estaba por llegar a mi orgasmo empezó a sonar el teléfono de manera insistente. Tan insistente que pensé era una emergencia y me cortó todo el rollo.

Tomé el celular de mala gana y respondí

—Aló —constesté aún agitada

—Vecinita ¿la interrumpo? se le oye agitadita perdón que llame pero no respondía los mensajes del Whatsapp y pensé que tal vez necesitaba ayuda con algo...

—¿Quién habla? ¿Es usted Don Mario?

—Qué bien me recuerdas, chiquita. Mira tu WhatsApp.

Hasta ese momento había olvidado que mi número estaba en el Grupo de vecinos de la cuadra, seguro que el viejo Mario lo sacó de ahí.

Miré el chat privado que me envió y para mi sorpresa era un video de César saliendo en calzoncillo al patio a recibir el delivery. También un video de cuando salió horas después con el sillón y por último y no menos importante fotos mías con mi vestidito corto abrazando y chapando a César en mi patio al recibirlo esa mañana de miércoles.

Este viejo de mierda se pasa espiando a la gente pero no pensé que tanto así. De pronto no sabía que hacer pero a la vez mi miedo se mezclaba con excitación.

—Ya viste las fotos, chiquita —añadió, trayéndome de golpe a la realidad. Las había enviado con esa función que desaparece las fotos en 24 horas.

—No querrás que por error lleguen a tu maridito, tan trabajador él, o peor aún al Grupo del Barrio ¿no?

—Noo- por favor Don Mario, haré lo que me pida, pero por favor no las envíe...

—Así lo supuse, linda. Te espero en 10 minutos en mi casa. No hay ningún problema en que una joven y servicial vecina venga a atender a su vecino anciano ¿cierto?

—Noo-

Colgó.

—Viejo de Mierda —acoté para mí.

Las piernas me temblaban no sé si por excitación por rabia, por lo que fuera. Me volví a vestir. En casa ando sin ropa interior pero como soy una señora decente (o esa imagen me empeñaba en mantener) me la puse antes de ir a visitar al viejo cochino ese.

Salí y en menos de diez minutos ya estaba tocando el timbre del vecino.

—¡Qué rápido, vecinita! Pase, pase...

Al pasar cerró la puerta con llave y al llegar a la sala, me ofreció asiento. Me hice la digna y no acepté. Mi conchita estaba muy mojada.

—A ver pues vecinita, ¿te gustó mi lechita? Tengo más para ti, pero directamente sacada de su origen. ¿Esta te gusta más no? Dijo sacándose el cipote que aunque inclinado para un lado, ya estaba erecto.

—Viejo cochino, guárdese esa cosa y ábrame la puerta, ni sé para qué vine, gritaré si no abre ahora.

—Lo que se va abrir es tu boca para cerrar la mía, arrodíllate y chupa perra. No te hagas la digna conmigo.

Algo en su voz dominante pudo más que mi falsa dignidad... Me quedé mirando como boba su vieja pinga.

Se sentó en su sillón y me dijo

—Mamacita, andas provocando en el barrio con tus vestiditos cortos y hasta aquí se escucha como te cogió tu amante, no un día si no dos. Sabía que desatendida estabas pero pensé que primero confiarías en el barrio para apoyarte, si no para qué estamos los vecinos.

Me acerqué y me senté en el sofá del lado, bajando la mirada, con vergüenza y placer subiéndome a la cara y sin quitar los ojos de la verga que me era ofrecida

—¿Te gusta, cierto?

—S-sí asentí

—Es normal, a una de tu clase siempre le gustan las pingas, sean como sean.

—¿Una de mi clase? pregunté

—Sí, las perritas con caras de inocente como la tuya son las peores.

Un silencio incómodo llenó la sala por un momento.

Mi propuesta, continuó finalmente don Mario es que todo este percance es algo de lo que tu esposo que es tan trabajador no debe enterarse, lo mejor es que quede entre nosotros dos... —Se interrumpió porque vio que no dejaba de relamerme al ver su pene.

—Ven, chiquita, ya no te aguantes más, las niñas como tú necesitan lechita en abundandia para mantenerse jóvenes y bellas. Las perritas como tú necesitan su ración de pinga diaria. No te culpo —como dije— se nota que tu marido no te da la talla. No sabe apreciar la gran mujer que tiene en casa.

Cedí, la tentación fue más fuerte, y el hecho que me hablara como un padre comprensivo pero a la vez enérgico, pudo más dentro de mí y baje hasta encontrarme de rodillas delante de su polla.

Cogí su cipote de la base, le di un besito a su glande y abrí mi boquita golosa, me introduje primero toda su cabeza, y luego poco a poco, todo el largo. Se sentía extraño que fuera chueca a un lado pero me gustaba, la saqué luego de mamarla para besarla y lamerla, para lamerle los huevos. Don Mario me indicó que le lamiera no solo el perineo si no también el culo, fue el primer hombre al que le hice un beso negro. El viejo estaba que se retorcía de placer. Su sabor de viejo, me ponía.

Volví a metérmelo a la boca, me tomó del pelo con fuerza y empezó a bombearme duro.

—Ven párate que me voy a correr, me dijo, y quiero probarte la concha antes.

Me paré y pasé mis piernas entre las suyas, quedé con las tetas a la altura de su cara, lo cual aprovechó para comérmelas.

Cogí su pinga y la puse en la puerta de mi vaginita. Me clavé en una todo su pene. Una vez dentro me abrazó fuerte contra él, que aún estaba vestido, mientras mantenía un pezón en su boca.

—Cógeme hijita, me dijo, cabalga como si no hubiera mañana.

No hizo falta más. Empecé a cabalgar primero lento y luego más rápido. Encontré mi ritmo y aunque se sentía extraña esa verga empecé a disfrutarla mucho. Con el movimiento soltó mis tetas y dejó que botaran.

—Qué delicia, que conchita más rica, qué tetas, que hembra.

—Ahhhhh siiii qué rico su pene, Don Mario

—Mmmmm qué rico te mueves mi chiquita

—Sí soy tu chiquita, papi

—Uyy sí soy tu papi y te voy a castigar por ser una niña tan mala que le pone los cuernos al saco largo de tu marido.

—Sí castígame —le decía mientras botaba a mis anchas.

Al rato siento que el viejo hace ruidos raros y por un instante pensé se me moría de la impresión ahí mismo, pero no solo se estaba corriendo. Me inundó las entrañas de abundante lefa caliente.

—Ahí tienes tu lechita dijo con la respiración entre cortada.

—Me llenó toda Don Mario —dije con mi cuerpo apoyado sobre el suyo, abrazándolo feliz.

Lo besé en los labios por primera vez, como si fuera mi primer novio.

—Qué rico besas, bebita.

—Y usted también, me gusta su sabor de vi-...

—Sabor de viejo, chiquita, dilo con confianza.

—Pues sí. Es delicioso, me gusta mucho...

Me levanté y su verga ya estaba dormilona. Me indicó que me vaya a duchar a su habitación del segundo piso y que lo esperara con la puerta y las piernas abiertas. Eso hice.

Me duché rápido y en menos de diez minutos estaba subida en la cama con una toalla enrollada a mi cabello. Me senté en el respaldar de la cama dejando mis piernas abiertas.

De pronto entró Don Mario, se sentó y empezó a meterme los dedos a la panocha.

—Te gusta la pinga aún más de lo que imaginé, tanto que no me dejaste hablar más allá abajo. Te tengo una propuesta, vecinita, chiquita mía.

—Lo escucho don Mario —añadí, con la respiración entrecortada por la excitación que me brindaba con sus hábiles dedos.

—Vamos a solucionar esto bien fácil, como verás soy un hombre viudo y solitario, y ya viejo, no es nada extraño que alguien de mi edad requiera quien se ocupe de cuidarle, limpiar la casa, hacerle la comida. Tú, por otro lado, eres una ama de casa hacendosa que barre la acera, hace sus compras, en fin, pero también eres una mujer muy joven para vivir encerrada y dependiendo de tu marido, en estos tiempos tan complicados. Imagino que un sueldo extra no les vendría mal ¿no?

Asentí con la cabeza y prosiguió...

—Mira yo cobro mi pensión, la pensión de viudez que recibo gracias a mi difunta esposa que trabajó toda su vida y también tengo un par de propiedades ahí en mi pueblo que alquilo y recibo una renta bastante generosa por ello. Como vez vivo solo así que la plata es más que suficiente para mí.

—Mmmm.... s-siga...

—Te propongo algo, le dirás a tu marido que te pregunté si conocías a alguien que pudiera venir a limpiar y cocinar unas tres veces por semana y a darme una vuelta ocasionalmente fuera de esos días, para ver si me tomé la medicina o acompañarme al médico, yo a cambio te pagaré un salario completo, que es mucho más de lo que le pagaría a alguien que venga solo por unas horas, tres días a la semana a limpiar y cocinar...

—Ahhhh sí siga... Ahhhhh mmmm... qué rico... uff....

Sacó sus dedos de golpe.

—No pare, por favor.

—No más perrita, hasta que me escuches.

—Lo siento, lo escucho, diga.

—Como te venía diciendo te pagaré como si fueras mi trabajadora del hogar de cama adentro aunque el trato es por tres días fijos y visitas ocasionales, para que obviamente te metas dentro de mi cama. A cambio aparte del dinero, recibirás tu ración del pinga y leche que tanto te gusta.

Mis ojos brillaron con emoción ante su propuesta, mi corazón latía rápido y mi vaginita se mojaba aún más...

—Fuera de los tres días tendrás que estar disponible para mí en cualquier momento que se me ofrezca algo, y tu maridito no sospechará nada —mientras lo decía acarició mi monte de venus— hasta te puedo cubrir para hacer tus puterías en otro lado.

—Don Mario si yo no hago puterías en otro lado.

—Sí ya sé que eres tan conchuda hijita que las haces en tu casa, en la cama que duermes con tu marido —añadió acariciandome la pierna— pero tal vez ese amiguito tuyo quiera verte luego en otro lado o quizá naturalmente luego te consigas otro ¿no?

Me mordí el labio inferior me siento mal por César pero sí lo había pensado además qué rápido se me olvidó cuando de satisfacerme con don Mario se trataba. Eso sí, aparte de con el viejo no me animaba con nadie más por ahora.

Don Mario me tenía en sus garras y yo por supuesto fui muy colaborativa desde el inicio, mi poker face inicial no le engañó ni un segundo, y ya luego de cogerme nada tenía yo que hacer, mi suerte estaba echada.

Además no me iba a hacer la calzón con bobos a estas alturas conmigo misma, don Mario cogía bien rico y me gustaba su olor a viejo y su pene torcido. Y quería más de eso.

—¿Pero tendré que hacer de su sirvienta de verdad?

—Mi sirvienta sexual sí, lo otro lo vamos manejando entre los dos... Mira que no estás en condiciones de negociar mucho más y encima te pagaré putita... no tientes a tu suerte. Yo quiero apoyarte y a cambio te dejas apoyar, además, deseo saber qué tan puta puedes llegar a ser, así que otro punto de nuestro trato es que sigas con tu marido, sigas con tu amante y además te busques otro y me cuentes cualquier experiencia y cualquier fantasía que tengas.

—Pero yo-

—Shhhh... Ya no te hagas la digna, perrita y escucha. Le vas a decir a tu maridito que me dijiste que no conocías a nadie pero que me viste tan triste porque te comenté que me urgía encontrar alguien de confianza, que te ofreciste solita a tomar el empleo. Que no tuviste corazón para dejar solo a su suerte a este viejo y que igual y la paga era buena y les cae bien el dinero extra.

Afirmé con la cabeza, me acerqué hacia él y lo besé.

—Sí, Don Mario, gracias —respondí luego de besarnos— la verdad sí nos hace falta el dinero, así que mi esposo no se opondrá, le haré su comida favorita en la cena para decirle, pero por favor, ahora me puede meter los dedos una vez más...

—Haré algo mejor hijita, te comeré esa conchita tuya...

Nos colocamos de tal manera que tuvo mi coño a su disposición y qué sopa que me dio. Uff... qué bien sabía usar la lengua y los dedos el viejo. Me corrí toda en su cara, y mojé la cama como nunca antes, ni con César.

—Has sido una niña muy mala —me resondró al terminar mi squirt— Ahora en castigo así calatita, vas a tender la cama. Luego te vas a secar el cabello, encontrarás una secadora que era de mi mujer en el mueble del baño, tienes que salir como llegaste, para evitar habladurías, esta es una casa decente, no podemos decir lo mismo de la tuya... ¿verdad chiquita...?

—S-sí... —Sus palabras ya no me ofendían ni un poco, al contrario me prendían.

Se levantó abrió el closet y me pasó ropa de cama nueva, se sentó en una silla a un extremo de la habitación y me vio mientras calatita tendía la cama.

Luego me fui a secar el cabello como me ordenó.

Tenía aún el coño de leche.

—Qué perra eres ni siquiera preguntaste si podías bañarte o lavarte la concha, aprendes rápido, bebita, así llenita te quedas, tus puterías te las lavas en casa, pero mientras más lleves mi leche más feliz seré.

—Sí, Don Mario.

—Ahora vístete y vete, que esta vez te probé así nomás sin pastillita azul, no es que la necesite como ves, pero un poco de ayuda no me vendrá mal, quiero sacarle provecho a mi dinero y vaya putón que me resultó la chiquita de servicio que me he conseguido. Serás mi putita particular ¿te das cuenta de eso, perrita? Vas a cobrar porque te den lo que te gusta.

Lejos de sentirme humillada sus palabras me ponían más y más...

—Ahora vete y ven pasado mañana, que tengo que ir a un amigo médico por la receta y a hacer unas compras y tener todo listo para tu primer día de trabajo de puta paga, que diga, de empleada del hogar... cuidadora de viejitos, añadió esto último con sorna.

Me vestí rápidamente y me fui a mi casa.

Jugué con el pene de plástico sacando la leche y mis jugos de mi vulva y usándolos junto con el lubricante para meterlo en mi culo que no recibió nada hoy.

Luego de bañarme, seguí con mis labores domésticas, preparé la rica cena para esperar a mi esposo, me arreglé sencilla pero linda, y al llegar, le conté la noticia mientras le servía la cena.

No pudo estar más feliz. Me dijo que estaba preocupado que me aburriera de pasar todo el día sola y que no sabía cómo tocar el tema del dinero, que se sentía mal de pedirme que trabaje, cuando me había prometido al casarnos que él se encargaría de todo, le dije que no se preocupe, que todo estaría bien ahora, me besó con ternura y amor, como hace mucho no lo hacía, y luego de la cena, estaba tan contento que nos besamos como cuando éramos novios y me hizo el amor, hasta con más ganas que antes, igual no era como mis amantes, pero a él lo amaba o ya no sabía bien lo que sentía por él, pero era importante para mí. Llenó mi conchita y me dijo que si todo salía bien podíamos pensar en tener a nuestro anhelado bebé. Yo solo pensaba que si eso pasaba probablemente habría que hacerle prueba de ADN para saber quién era el padre, pero la idea de tener más de un donante me ponía.

Esa mañana era aún un ama de casa —infiel tal vez— pero aún digna, esta noche mientras mi esposo me miraba con ternura y me llenaba de besos el cuerpo, no podía dejar de pensar que había sido chantajeada y fácilmente convencida de prostituirme como sirvienta sexual de un viejo delicioso.

Mi vaginita llena de lefa de mi esposo babeaba ardía y babeaba nuevamente mientras él sujetaba mi rostro.

Lo besé con pasión e hicimos el amor por segunda vez.