Vivencias de una mojigata parte 2
Bea ya no es la misma chica tímida; su cuerpo responde con voracidad a los placeres que antes ignoraba. Cuando Ramón la espera en su coche, la intimidad se vuelve carnal y sin límites, desafiando sus propias inhibiciones en un juego de sumisión y deseo.
Llegué a casa, entré y comprobé mis padres estaban ya durmiendo, entré al baño y cuando me miré en el espejo lo que ví me sorprendió, tenía cara de lujuria, la cara de mojigata había desaparecido. Aún tenía en mente lo sucedido y para haber tenido mi primer escarceo en el terreno sexual estaba muy satisfecha y contenta, aunque no hubiera habido penetración, no estaba mal, había visto una polla por primera vez, la había tocado, besado, chupado e incluso masturbado, vi salir el esperma de una polla y no solo lo había tocado si no que lo había probado y tragado una parte para comprobar su sabor, el cual no me desagradó y me excitó sobremanera el hacerlo. Para nada me sentía mal, al contrario decían otras chicas habían tenido su primera experiencia, sé que fuí yo quien le dio placer a él y eso me supuso un chute de autoestima, el patito feo ya no era tan feo al menos para un chico, que si bien era un tío gordo y físicamente poco agraciado, a mí me gustaba, me trató bien y me sentí muy a gusto además de los orgasmos que tuve. Me cambié las bragas que estaban empapadas de flujo y las eché a lavar, tenían algunos pelitos de mi coño en ella y los quité. eran en verdad bragotas ya que tenían que alojar un culo redondo y panadero con dos enormes lunas que hacían de glúteos, los cuales eran gelatinosos y mantecosos muy blancos con una raja cubierta de pelitos que se extendían por mi zona perianal hasta conectar con los del coño, que era una pelambrera más abundante con pelos rizados que se extendían para arriba, y encima un flotador de carne de los llamados Michelin, pero nada flácido y un ombligo dentro del cual cabía casi un dedo índice de lo profundo estaba, empecé a asearme y dejarlo todo limpito. Sonreí yo sola al acordarme de lo que dijo Ramón, por favor no te depiles.
Ese chico además de gustarle yo le gustaban los pelos, le daría el capricho. Ya en mi dormitorio, frente al espejo de nuevo, me saqué la camiseta y vi un sujetador que parecía una alforja por las dos moles en forma de tetorras que tenía que sujetar, dos globos enormes, que cuando me lo quité cayeron por su peso, dejando al aire dos pezones rosaditos que se endurecían rápidamente cuando me excitaba por algo, mis tetas quedaban orientadas un pezón como si marcara las 2 y en otro las 10 en un reloj de pared, no eran tan caídas, juventud divino tesoro, las axilas las tenía peluditas de pelos finitos y rizaditos, pobladas pero sin exagerar, me pasé una mano por ellas a modo de comprobación y no las vi tan desagradables, en verdad era la única zona donde tenía pelos, por las piernas apenas tenía y en los brazos y cara casi ninguno. La chica gorda que veía frente a mí estaba dispuesta a seguir experimentando en el sexo y dejarse hacer de todo por ese chico maravilloso había conocido, total igual no se me presenta otra oportunidad.
Me metí en la cama y me costó conciliar el sueño por todos los acontecimientos vividos, los cuales cuando recordaba me hacían excitarme otra vez. A la mañana siguiente, me levanté más tarde y cuando lo hice estaban ya mis padres en la mesa desayunando, cómo mi padre llegó después yo saliera por la noche, no lo había visto, me acerqué a él por la espalda y lo vi todo gordo allí sentado en una silla apenas cabía su gran cularro, tenía puesto un pijama que apenas cabía su cuerpo y dejaba ver por arriba la rajita de su “hucha”, era un culo blanquito con pelitos por la raja y lo comparé con el mío y dudé de cuál de los dos era más grande. Se levantó no sin esfuerzo por su peso y me dijo, Bea, hija cómo estás, me dio un abrazo y bajo su pijama pude notar las enormes lorzas de carne se le salían debajo de las axilas, me abracé a él y me agarré suavemente a esas lorzas blandengues que le colgaban hacia su cintura, aunque por su enorme cuerpo no pude llegar a abrazarme totalmente a él, apoye mi cabeza en un lado de su pecho, por llamarle así ya que tenía allí unas protuberancias que eran sus tetas, unas tetas caídas y más grandes que muchas mujeres, eran muy blanditas y mi cabeza se sentía muy bien allí, me acariciaba la cabeza mientras me decía que me quería. En eso que mi madre dice, me voy aponer celosa a lo que mi padre respondió ven tú también aquí, Rocío, mi madre se llama así, nos abrazamos los tres y éramos tres moles de carne y grasa, pero estaba muy a gusto con ellos y me sentía protegida, siempre se han portado muy bien conmigo.
Al terminar de desayunar, ayudé a mi madre con algunas labores, siempre lo hacía, lo que no hacía es lo que me pasaba ahora, cuando los veía, ahora sentía curiosidad por sus cuerpos, por como tendrían sexo, si lo tendrían y miraba a mi madre con la curiosidad que antes no tenía, se la chuparía a mi padre. Era lógico que sí, mi madre tenía 47 años y mi padre 48, nunca los había escuchado mantener relaciones, nunca me planteé eso. Intenté quitarme eso de la cabeza, pero me fijaba en el enorme cuerpo de mi madre, mientras se agachaba se distinguía un enorme trasero que ese si era grande, mucho más que el mío y sus tetorras eras enormes y tenía que comprarse sostenes especiales.
Me fui a mi cuarto y me conecté a internet, tenía voracidad por conocer cosas del sexo y empecé a buscar cosas relacionadas con ello, en eso estaba cuando sonó el teléfono, mi madre me dijo era mi prima. Hablé con ella y me dijo estaba abajo, bajé y lo primero me dijo, cómo te fue con Ramón, bien, no le conté nada de nuestro encuentro, lo que si le dije es que me pidió salir y le dije sí, hablamos y quedamos para el sábado por la noche.
La semana transcurrió lenta e interminable, hasta que llegó el viernes y por la tarde a eso de las 7 sonó el teléfono, era Ramón, dijo mi madre, mis ojos se abrieron como platos y mi coño destiló flujo nada más escuchar su nombre. Me puse y me saludó quedamos para el sábado a las 8 y colgué.
Estaba deseando verlo y entregarme a él, cuando llegó el sábado por la tarde, me puse unas mallitas negras y una blusita negra ancha con mangas para que no se notaran mis pelos en las axilas, bajé y allí estaba sentado en su coche esperándome, con todo su enorme cuerpo, un cuello parecía un toro y una papada muy sexy. Me monté y al estar cerca de mi casa no me besó, pero pasados unas calles, paró y me dio un morreo antológico que me dejó casi sin sentido y con mi coño encharcado, cielos, que caliente me ponía, le cogí la cara y se la acaricié mientras me besa, bajé mi mano por su cuerpo y toqué toda su panza enorme incluidos los michelines laterales. Se hizo de noche y nos fuimos a un sitio apartado, paró y allí se desató ya el frenesí me dijo lo que me había echado de menos y lo que le excitaba, me propuso pasar a los asientos de atrás, yo estaba un poco indecisa ya que no estaba preparada aún para que me metiera su polla por el coño, lo intuyó y dijo no te preocupes que no haremos nada que tú no quieras, él se puso recostado sobre la puerta de atrás y yo ya estaba deseando hacerle una mamada, pensaba me comportaba como una zorra pero me daba igual, quería su polla en la boca, le desabroché o intenté desabrocharle el cinturón pero con el peso de su triporra encima y su barriga sobresaliendo no pude y me tubo que ayudar él, le baje la cremallera y con bastante esfuerzo levantó su culo para bajarse aún más los pantalones, le palpé los genitales por encima de los calzoncillos y comprobé su pedazo de rabo, le puse la cinturilla de los calzoncillos enganchados a los cojones y empecé a sobarle polla y cojones por igual, empecé con una masturbación torpe pero rápida que le gustaba ya que lo oía resoplar, de su glande ya salía el liquidito en abundancia y acercando mi lengua se la pasé por encima limpiándolo, que caliente estaba, me metí un poco de polla y empecé a chupar como me dijo la última vez igual que si sorbiera de una cañita de refresco, sus gemidos se escuchaban bien alto y yo me sentía contenta dándole ese placer a mi hombre, me metí más polla dentro y me produjo una arcada al llegarme tan adentro, le pasaba la lengua por todo su cilindro de carne que estaba super duro, le envolvía el glande con ella y bajaba hasta su base donde mi lengua se mezclaba con su pelos rizados y abundantes, estaba tan dedicada en mi mamada que me sorprendió cuando me cogió de un brazo y me susurró para un poco que voy a correr, estaba super contenta, me había convertido en una chica que sabía complacer a su hombre, no sé cómo, imagino fruto de la excitación le dije córrete cuando quieras, me miró y dijo prepara pañuelos de papel, te aviso y así te la sacas de la boca, con su polla en la boca lo miré y afirmé con mi cabeza, saqué su polla de mi boca y recordé sus cojones, los chupé y con los labios atrapaba sus pelos y tiraba suavemente, eso le estremeció y me dijo voy a tardar poco. Tomé la decisión de intentar tragarme su corrida, me volví a meter su polla en la boca, seguí con la chupada y lengüeteaba su glande, cuando me tocó en mi brazo avisando se corría me la metí mas adentro y sentí vibrar su polla dentro de mi boca y sentí en mi lengua y paladar unos trallazos de semen o leche, como me dijo, enormes, eran muy espesos y parecía se estaba meando en mi boca, yo aguante a pesar de que ya no me cabía más semen y lo fui tragando sin atragantarme con muchas ganas y mucho cariño ya que era la esencia de mi hombre que fabricaban sus cojones.
Cuando paró de salir leche sorbí lo poco salía de su punta y algo de semen me resbaló por la barbilla, pero no llegó a caer, se quedó allí pegado por su viscosidad, miré su cara y tenía los ojos cerrados del placer, ese gordo había disfrutado de lo lindo, bufó un bufff y dijo la “ostia” que placer me has dado, mientras yo me limpiaba mi barbilla y su polla le dije, te ha gustado amor, ha sido la mejor mamada me han dado, no es que me hayan dado muchas, pero esta ha sido la mejor.
Fin de la segunda parte. Comentarios son bienvenidos. Continuará
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