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Familia ( De nuevo en la ciudad ) 10 parte

Faustino siempre estuvo ahí, en la portería, observando. Pero esta vez, Carolina no pasó de largo. Se quedó. Y cuando apagó la luz, supo que la noche cambiaría para siempre. ¿Qué pasa cuando el viejo portero decide que ya no es hora de mirar, sino de actuar?

dulceymorboso9.2K vistas9.0· 24 votos

Apenas había podido dormir imaginando a Nikola durmiendo abrazada al viejo. Al llegar a la parada del bus donde lo cogía siempre para ir a la universidad, pasó de largo y al llegar al cruce de los semáforos giró a la izquierda.

Faustino se encontraba organizando la correspondencia de los vecinos dentro de la portería cuando escuchó su voz.

—Buenos días, Faustino.

Al escucharla giró la cabeza y se sorprendió al ver a Carolina allí fuera.

—Buenos días —saludó y volvió a mirar hacia la estantería de madera para seguir con lo que estaba haciendo —¿No tenías clase?

—Si pero no fui.

Al ver que Faustino no le prestaba atención, fue hacia la puerta y entró en la portería. Con la mano buscó el interruptor de la luz y apagó uno de los fluorescentes que iluminaban la estancia, dejando una de las esquinas a oscuras.

—¿Qué haces?

Al preguntarlo se dio la vuelta y le sorprendió ver que tenía puesta la malla que llevaba aquel día que le había tocado el coño por primera vez.

—¿Por qué te has puesto esa malla si hoy no tienes entrenamiento?

—Pensé que le gustaría verme con ella.

—Es la malla que llevabas aquel día que te toqué el chochete por primera vez —al decirlo llevó la mano entre las piernas de la joven —¡Joder, niña! Está ardiendo.

Carolina suspiró y dando tres pasos hacia la derecha se fue hacia la zona oscura. El viejo se puso cachondo al ver cómo ella apartaba la cintura elástica del pantalón de la piel y lo miraba con deseo.

—Tóqueme por dentro, por favor.

Se tuvo que abrazar a él cuando sintió que comenzaba a mover los dedos dentro de ella y estaba a punto de correrse.

—Necesitaba que me volviera a masturbar —le decia entre gemidos.

—Chssss… No hagas ruido. Acaba de entrar alguien en el portal.

Qué aquellas dos vecinas estuvieran a escasos metros hablando del programa del corazón que ponían por las tardes en televisión, al viejo le puso cachondo y no solo no paró de mover los dedos, sino que siguió haciéndolo con más rapidez haciendo que Carolina tuviera que taparse la boca con la mano cuando comenzó a correrse.

Sin perder el tiempo, Faustino la hizo arrodillarse y sacando la polla fuera se la metió en la boca.

—¡Joder! —exclamó cuando escuchó alejarse a las vecinas —. Haz que me corra, zorra.

La joven lo miraba mientras se abrochaba el pantalón. Acababa de correrse en su boca y de nuevo parecía ignorarla.

—¿Has dormido en casa de Nikola?

—Si —La miró —. Ella me lo pidió.

—Ahora, como está ella, ya pasas de mi.

—Te acabo de hacer correr como una cerda y te dejé chuparme la polla, ¿eso es pasar de ti?

—Antes me hubieras dicho de subir a casa a follarme. No soy tonta y se que Nikola te gusta mucho.

—Claro que me gusta mucho, como también me gustas mucho tú —Al verla triste se acercó a ella y la abrazó —. Cielo, llevaba años sin dormir dos días seguidos con una mujer. Tanto ella como yo nos necesitamos.

—Te entiendo —Lo miró —. Pero no me apartes de tu vida.

—No lo haré. Cuando me necesites ven y estaremos juntos.

Agarrándole la cara con las dos manos, Carolina se puso de puntillas y lo besó.

—Gracias —le dijo yendo hacia la puerta.

Faustino, sentado dentro de la portería con las piernas estiradas y los pies en alto encima de la mesa, pensaba en Nikola y en Carolina.

Había pasado un mes desde que había estado por primera vez con la joven rusa, y su relación se había estrechado de tal manera que dormía todas las noches en casa de la pelirroja.

Ahora, apunto de jubilarse, por fin había encontrado en esa joven lo que tanto había buscado a lo largo de los años. Con Carolina y Emi había conseguido tenerlas a sus pies, pero que una estuviera casada y la otra tuviera novio, había impedido una entrega total a tiempo completo como ahora si ocurría con Nikola.

Pensó en Carolina y le encantaba que lo buscara una vez a la semana para que la follara en casa de sus padres y se empalmó recordando como cada vez que quedaban, la joven le pedía que la azotara mientras le penetraba el culo.

Enfrascado en sus pensamientos, vio el teléfono vibrar y estirando el brazo lo cogió de encima de la mesa.

Sonrió al ver que era un mensaje de Nikola.

Nikola: “Hola, cariño. Estoy deseando que sea la noche para volver a estar contigo. Salí ahora de entrenar a los niños en el colegio e iré a hacer compra. Qué quieres cenar hoy?”

Tecleó en la pantalla para contestarle.

Faustino: “Hola, cielo. Yo también estoy deseando llegar a casa y verte. Por lo de cenar no te preocupes. Haz algo ligero, cualquier cosa. Lo que quiero comer no lo venden en el supermercado y ya lo tienes tú “

Nikola se sonrojó al leer el mensaje y recordó lo mucho que le gustaba tumbarse en cama boca abajo y que Faustino le comiera el coño y el ano haciéndola correrse sin control.

Nikola: “Y que es lo tengo yo que tanto deseas comer?”

Faustino: “Ese coño y ese culo rosaditos es lo que quiero comer “

La joven sintió mojarse las bragas al leerlo. Le encantaba que fuera tan descarado y directo.

Nikola: “Estoy deseando que me comas entera, cielo. Yo también deseo eso que tienes y comerte “

Faustino: “Y que tengo que tanto te gusta? “

Nikola: “Tu polla española que me gusta mucho más que la rusa “

Faustino: “Me encanta que prefieras mi polla “

Nikola: “Voy a dejarte que he llegado al supermercado. Hasta la noche. Un beso “

Faustino: “Hasta la noche, cielo “

Mientras iba metiendo las cosas en el carro del supermercado, Nikola pensaba en Faustino. Ese hombre había entrado en su vida como un elefante en una cacharrería rompiendo todos sus esquemas tanto morales como físicos. Nunca había imaginado que podría entregarse a otro hombre que no fuera Alexander y él viejo no sólo había conseguido que se entregara a él, sino que había logrado de ellas cosas inimaginables en su anterior vida.

Se sonrojó al recordar como la noche anterior le había abofeteado la cara y las tetas mientras la follaba, y como le había pedido por favor que no parara haciéndola convulsionar de placer mientras las manos impactaban sobre sus mejillas y la polla estimulaba cada fibra nerviosa del interior de su coño cada día más sensible.

Cuando Carolina se fue a la ducha, Miguel dejó sobre la mesa el libro que estaba leyendo. Fue a la habitación a buscar el teléfono para avisar a Emi que iría hacia el hotel en cuanto su novia saliera de casa a entrenar.

Llevaban tres días seguidos quedando y le ponía muy cachondo follar con esa mujer que cada día parecía más desesperada por sentir su polla.

Buscó en la ropa de trabajo y en la mesilla de noche tampoco estaba. Ni rastro del teléfono. Volvió al salón y nada. En la cocina vio un teléfono y cuando lo cogió era el de Carolina.

“Mierda “, pensó al recordar que cuando iba a marchar del taller había recibido una llamada y al terminar de hablar lo había apoyado en la mesa de la oficina para anotar en un papel la matrícula del cliente.

“Le escribiré con el teléfono de Carolina y luego lo borraré “, se dijo a si mismo volviendo a coger el móvil de la encimera.

El mundo se paralizó cuando al entrar en el WhatsApp para escribirle a Emi vio aquello.

Faustino; un mensaje sin leer.

El ruido del agua de la ducha seguía sonando.

Si abría el mensaje, su chica se daría cuenta que lo había leído. Con el corazón agitado rebotando en el pecho, volvió a la pantalla de inicio y vio en la barra de notificaciones el icono de la aplicación de mensajería.

El dedo índice temblaba cuando lo acercó a la pantalla y arrastró hacia abajo la pantalla.

Un sudor frío empapó su cara al ver el mensaje.

Faustino: “Hola, zorrita! Hoy después del entrenamiento ven con Nikola a buscarme. Quiero follaros a las dos de nuevo pero esta vez en mi casa.”

Le costó escribirle a Emi diciéndole que esa tarde no podrían verse.

Abatido se sentó en el sofá sin saber que hacer.

“No, no puede ser “, murmuraba desolado.

“Mierda, otra vez no “

Carolina apareció en el salón al rato con el teléfono en la mano. Parecía nerviosa mientras leía la pantalla.

—Cariño, hoy llegaré tarde, ¿vale?

—¿Y eso? —preguntó intentando disimular sus emociones.

—Nikola… me dijo de cenar juntas —al decirlo desapareció del salón y volvió con la bolsa de entrenamiento —. A ver si no llego muy tarde, cariño.

Le dio un beso y se fue hacia la puerta.

—Pasarlo bien.

—Gracias, mi amor.

Desesperado sin saber que hacer fue al taller a buscar el teléfono.

Una vez lo tuvo consigo, deseó llamar a Emi. También pensó en hacerlo a Mariana, a su padre. Pero lo único que le salió fue coger el coche e ir hacia donde estaba ese viejo al que tanto odiaba.

—¿Desde cuándo se está follando a mi novia?

Faustino se echó a un lado al ver aparecer por el portal al joven que venía hecho una furia.

—Tranquilito, ¿vale? —con los brazos extendidos se protegió de un posible ataque por parte del joven —. Yo no tengo la culpa de que tu novia haya venido a mi pidiéndome que me alejara de su madre.

—Es usted un hijo de puta —le gritó encarándose con él —. Primero se folla a la madre, ¿y ahora pretende que mi novia se aparte de mi?

—Eh, ¡no te confundas! Que yo estoy muy bien con la rusa y yo no quiero apartar a nadie de nadie.

—¿Nikola? ¿Qué quiere decir con que está muy bien con ella?

—Pues lo que escuchas. Estoy con ella de maravilla y si todo va bien se va a venir a mi casa a vivir. Si me follo a tu chica de vez en cuando es porque ella me lo pide, ¿entendido?

—¿Qué es eso de que mi novia se lo pide?

—Pues eso. Que si… Que al principio me aproveché un poco de que tu chica quería apartarme de su madre, pues si, no te lo voy a negar, pero ahora que llevo un mes de puta madre con Nikola es tu novia quien me pide quedar de vez en cuando.

El joven lo miraba sin poder dar crédito a lo que estaba escuchando.

—No me tome por tonto. Leí el mensaje que le mandó esta tarde y fue usted quien le dijo que queria quedar.

—Si. Reconozco que esta tarde fui yo quien se lo pidió pero ya viste su respuesta. Ah, ¿no viste lo que me contestó? —le preguntó al ver su cara de incredulidad.

—No. No vi su respuesta porque solo vi el mensaje que le mandó usted. Carolina estaba en la ducha y tuve que coger su teléfono un momento.

—Mira me jode hacer esto… —Fue hacia la ventanilla de la portería e inclinándose cogió su teléfono —… Pero para que veas que no te miento. Toma y léelo tú mismo.

Miguel leyó el mensaje que Carolina le había enviado al salir de la ducha.

Carolina: “Me he puesto cachonda al leer tu mensaje. Yo también quiero que nos folles a las dos. Aún recuerdo la semana pasada cuando te pedí que me follaras y lo mucho que me gustó. Nos vemos esta noche “

“Joder “, exclamó para si mismo en voz alta.

—¿Ves como no te miento? —le dijo quitándole el teléfono de la mano.

El joven miró avergonzado al viejo. Tenía razón con lo que le había dicho y ese mensaje era la prueba de ello.

—¿Desde cuándo…?

—¿Desde cuándo me follo a tu novia?

—Anda… siéntate ahí dentro que estás pálido —le dijo abriendo la portería.

Faustino le contó cómo después de ser descubiertos por Carolina a Emi y a él follando, la joven había ido a hablar con él pidiéndole que se alejara de su madre.

<<… como comprenderás, si dejaba de follar con Emi yo quería algo a cambio y tu chica aceptó. Es que no veas como estaba la madre de enganchada a mi polla —Sonrió —. Si hubiera querido, ahora estaría divorciada y viviendo en mi casa, pero tu chica consiguió que no se lo pidiera. Es que… perdona qué te lo diga pero Carolina follando y mamando polla es una máquina. Tienes que cuidarla, chaval. Tienes suerte que apareció Nikola y con ella puedo estar todos los días, porque si no… >>

—¿Qué está insinuando?

—Insinuando, nada. Afirmando —Le dio una palmada en el hombro —. Que si no hubiera aparecido Nikola en mi vida podría poner la mano en el fuego que tu chica, si se lo pidiera, te terminaría dejando por mi ¿Te imaginas a la madre y a la hija viviendo conmigo? —Soltó una carcajada —. Tienes suerte, chaval. Y si no te lo crees, te voy a dar la oportunidad de que hoy veas como me la follo y lo compruebes por ti mismo. Porque hoy, pongas como te pongas me la voy a follar. Eso tenlo claro si no quieres que nos llevemos mal tú y yo. Y como siempre te dije, te conviene llevarnos bien.

Aquello era una locura. Una extraña situación que creía que no podría vivir ni en sus peores pesadillas.

A las diez, Miguel desde el coche, vio como llegaban Nikola y Carolina a buscar al viejo.

Lo vio subir detrás al coche de la entrenadora y como el viejo las saludaba besándolas en la boca.

A una distancia prudencial para no ser descubierto, los siguió hasta verlos detenerse. Los vio bajar y como la joven rusa abrazaba al viejo con una sonrisa en la cara.

Al abrir el portal, Faustino las dejo pasar y aprovechó para darles una palmada en el culo haciéndolas sonreír.

Miguel se bajó del coche cuando pasaron aquellos interminables diez minutos que el viejo le había dicho que esperara antes de subir.

El portal no estaba cerrado y su corazón se aceleró al subir hasta el piso del viejo. Buscó la puerta que le había indicado y con cuidado la empujó sin hacer ruido.

“Entra en silencio. Dejaré la puerta arrimada y estaremos en la habitación del final del pasillo “, le había dicho.

La casa estaba a oscuras y al final del pasillo se podía ver la luz que salía de la habitación cuya puerta estaba arrimada.

Los fantasmas del pasado parecían arremolinarse a su alrededor burlándose de él cuando mientras caminaba de puntillas por el pasillo escuchó la voz de Carolina.

—Llevaba toda la semana deseando estar contigo otra vez.

—Pero hoy no estamos solos, cariño.

—No me importa, cielo. Aunque seas mayor, sabes cómo hacernos disfrutar a las dos.

El joven acercó la cara a la rendija que había entre la puerta y el marco de esta y la imagen le hizo tener que reprimir la sorpresa.

Nikola, la entrenadora de su chica, estaba desnuda de rodillas y con los ojos cerrados saboreaba el glande del viejo con expresión de felicidad. Carolina, también desnuda, abrazaba la cintura de este besándole y lamiéndole las nalgas.

—Sois como dos gatitas en celo —les decía acariciando con una de las manos la melena pelirroja y con la otra la cabeza de la morena —. Así, mis zorritas, me encanta sentir vuestras bocas.

El glande, cada vez más amoratado, aparecía y desaparecía lleno de saliva entre los labios de la rusa y esta, abriendo los ojos lo miraba con fascinación.

—Mira a tu amiga como disfruta chupándome la polla —le dijo a Carolina —. A tenido que venir a España para conocer lo que es una buena polla. Dile…dile a tu amiga lo que siempre me dices.

—Su polla me gusta mucho más que la de mi marido —dijo Nikola mirando a Carolina.

—Y que más. Cuéntale, cariño.

—El otro día le pedí por favor que me desvirgara el culo y me fascina sentirla dentro de él —Al decirlo le besó la polla.

—Creo que el patinaje os hace tener unos culos especialmente deseosos de ser follados —Estirando los brazos metió las manos entre las nalgas de las dos —. Y hoy os voy a romper el culo a las dos ¿ Queréis?

—Si, por favor —dijo Carolina haciendo sentir como una puñalada a Miguel —. Deseo que me lo folle.

—Yo también lo deseo, cariño —dijo Nikola.

¿Cómo era posible que pudieran estar tan enganchadas a un viejo como ese?, pensaba Miguel mientras veía como las follaba el culo alternativamente y cuando tenían que esperar su turno parecían desesperadas por volver a sentirlo.

Carolina gemía, casi gritaba, mientras el viejo le taladraba el culo cuando dijo aquella frase que Miguel desde la puerta creyó entender mal.

—Pegarme, por favor.

—¿Quieres que te azote como el otro día?

—Si, por favor. Pegarme fuerte, necesito que lo hagáis.

Tuvo que cerrar los ojos cuando vio las manos arrugadas del viejo golpeando con saña las nalgas de su chica. Esas nalgas que él siempre acariciaba con cariño, ahora estaban recibiendo azotes desmesuradamente fuertes haciendo que estas enrojecieran enseguida.

—Nikola… tú también, por favor ¡Pégame! Hacerlo los dos a la vez.

Y de pronto, no solo eran dos las manos que impactaban sobre los glúteos rojos de su chica, sino que eran cuatro y Miguel miraba aquella escena como una escena de terror en la que su chica era la víctima. Una víctima que en cualquier película estaría gritando de pánico pero los gritos de Carolina eran de placer.

—¿Quieres probar lo que a tu amiga le encanta? —le preguntó agarrándola del pelo y tirando hacia él, haciéndola encorvar la espalda.

—Hacer conmigo lo que queráis —respondió girando la cabeza para mirarlo.

—Hazlo, cariño —le dijo a Nikola —. Ya la has escuchado.

La pelirroja se puso delante de su amiga y agarrándola del mentón la miró nerviosa.

—Cielo, no sé si a ti te gustará —le dijo asustada.

—Hazlo, cielo —Le ordenó el viejo.

—Hacerme lo que queráis.

Carolina miró asombrada a su amiga cuando esta le dio una bofetada en la mejilla. Aquello no se lo esperaba y se quedó impresionada.

—Sigue, cariño —le dijo Faustino —. Siente lo que siento yo cuando te lo hago a ti.

Cuando recibió la cuarta bofetada, Carolina sintió que perdía el control de su cuerpo. Su cuerpo, siendo azotado en nalgas y cara dejó de pertenecerle. Ver la cara de Nikola mientras la abofeteaba era ver a una persona que se siente dueña de otra.

Gimió. Gimió al recibir la quinta bofetada y sentir que el dolor había desaparecido. Ya no eran golpes dolorosos y cada impactó lo sentía como una intensa caricia placentera.

—¡Dios! Pégame, Nikola —le pidió en un éxtasis de entrega que le hacía llorar de placer —. Hazlo, por favor.

Y estalló de placer haciéndole perder el control de su cuerpo. Se sintió flotar en una nube escuchando sus gritos de placer mezclados con el sonido de los impactos sobre su cuerpo.

—Mírala como se corre. Se está meando de gusto, cariño.

Nikola, fascinada, veía a su amiga temblar como si estuviera sufriendo un ataque epiléptico y como esta, con los ojos en blanco, intentaba mirarla sin conseguirlo.

—¡Joder! —exclamó la pelirroja y la besó en la boca —¿Estás bien?

—Muy bien —le costaba hablar —. Nunca había sentido nada parecido. Gracias.

—Ahora vengo —les dijo Faustino bajándose de la cama.

A Miguel apenas le dio tiempo de llegar al salón cuando escuchó la voz del viejo detrás de él.

—Ya lo has visto. Ahora si quisiera le diría que te dejara y se vendría conmigo.

—¡Váyase a la mierda!

—Tranquilo que no lo voy a hacer. No le pediré que te deje porque quiero tener una relación normal con Nikola. Pero deberías plantearte muchas cosas. Entre ellas dejar de follarte a la zorra de su madre. Si…, lo sé ¿Te crees que soy gilipollas? —le dijo al ver la cara que ponía —. Aquel día que me dijiste que ibas a hablar con Emi, os escuché detrás de la puerta. Hace buenas mamadas, ¿verdad? —Sonrió —. Sé un hombre y reconócelo ¿Llevas mucho follándotela?

—Desde que volvimos de las vacaciones del pueblo —reconoció —. Quería apartarla de usted.

—Ya, claro. Te la follabas por una buena causa. Cómo Carolina conmigo, ¿verdad? Mira, a tu chica le encanta que la folle y a ti te encanta follar con su madre porque la muy zorra está buenísima. Dejaros de poner excusas. Os tenéis que plantear si os queréis y seguir juntos o coger caminos separados ¿Quieres tener una novia que folle conmigo cuando le apetezca? ¿Crees que a tu chica le hará gracia enterarse que te follas a su madre?

Desde la habitación llegaron sonidos de gemidos.

<<… Ya están follando sin mi —le dijo —. Tu chica me dijo que su mayor ilusión es irse a ese pueblo a vivir contigo. No seas tonto, que como ella no vas a encontrar. Si su madre quiere follar conmigo podéis estar tranquilos que mientras esté con Nikola no lo haré. Y si se busca otro, será un problema de ella y de su marido. Ahora vete que quiero follarla otra vez. De ti depende que sea la última vez que lo haga >>

Miguel no sabía que decir. Avergonzado, lo miró dándose cuenta que tenía razón en todo lo que le había dicho.

—¿Le va a decir que estuve aquí?

—Eso es cosa tuya si se lo quieres decir o no. Si se lo dices deberás decirle también lo tuyo con su madre. No sería justo que ella quedara como la mala.

—Ella no me lo perdonaría.

—Pues entonces de esto ni mu —lo miró con seriedad —. Cómo me entere que le echas en cara esto y no le cuentas lo de su madre contigo, me encargaré personalmente de que lo sepa. Borrón y cuenta nueva. Iros al pueblo y ser felices. Hazme caso.

—No le echaré en cara nada.

—Espero que seáis felices y que la sepas tratar bien. Si no te vuelvo a ver, suerte —le dijo ofreciéndole la mano.

Miguel salió del edificio sin saber que hacer ni adonde ir. Se subió al coche y cogió el teléfono.

—¡Hola, cariño! Qué alegría escucharte ¿Qué tal estás? ¿Y Carolina?

Mariana estaba contenta de recibir la llamada de Miguel.

—Estamos bien —mintió intentando disimular su estado —. Aún no se lo dije a Carolina pero he decidido que nos iremos a vivir para ahí.

—¿En serio? ¡Dios, mío! ¡Qué alegría me acabas de dar! En cuanto se lo diga a tú padre se va a poner muy contento. Está muy ilusionado con la idea de que os vinierais y ya cambió el tejado de la casa de tu abuela. Ya verás como no te vas a arrepentir, cariño.

—Espero que Carolina no haya cambiado de idea y quiera seguir yendo para ahí.

—Seguro que si, cielo. Ella solo desea venirse para aquí y tener hijos contigo.

—Se lo diré el sábado. La llevaré a cenar y le daré la noticia.

—El domingo la llamaré, ¿vale?

—Vale, ahora tengo que conducir. Hablamos. Un beso muy grande.

—Un beso, mi amor. Te quiero mucho.

—Yo también te quiero.

(Continuará)