La vecinita es mi.... III (FINAL)
Lucía creía que su vida estaba marcada por la culpa y la rutina, hasta que Marcos encendió en ella un fuego que no podía apagar. Entre miradas desde la ventana y encuentros clandestinos, la línea entre la realidad y el deseo se difumina, llevándola a un abismo de sumisión y placer prohibido que amenaza con destruir todo lo que conoce.
Anteriormente en “Mi vecinita es mí…”
Lucía le cuenta a su hermana todo lo que había pasado con Marcos y lo que ello conllevó. Su hermana le da consejo sobre cómo afrontar la situación, pero ella se encuentra con Marcos y acaban follando inesperadamente, por otro lado, Lucía pilló a su hija follando con un chico en su propia casa y así como hizo cuando pilló a su hija Alicia, se quedó mirando como se follaban a su querida niña, se masturbó y fingió que regresaba a casa justo cuando Natalia salía del baño limpiándose la corrida de la cara.
***
Al día siguiente, Marta se despertó en su casa con un dolor en el culo enorme y recordó el placer tan inmerso que sintió al meterse esa polla en su culito apretado, pero la culpa en parte le comía la conciencia, se había follado al chico que su hermana se había follado días atrás. Ella que era persona de valores y conciencia, había mantenido relaciones con un cabrón como Marcos hasta tal punto, que se había meado del placer y había dejado que se le meara en la cara y en la boca.
Tras ese recuerdo, la boca se llenó de un sabor a orina que le dio una arcada, su mente estaba reproduciendo exactamente el mismo sabor de la orina que tuvo el día anterior, la culpa le había hecho reflexionar y llamó a su hermana para hablar y contarle todo lo sucedido.
Ese mismo día, en la tarde, Marcos llegaba a su casa tras una mañana en el hospital, había tenido que darle una mala noticia a un paciente demasiado joven y la situación le pudo, sintió impotencia al no poder hacer nada más para salvarle la vida al pobre chico pero era inevitable, se bajó del coche llorando y vio a Lucía que justo salía así que decidió quedarse en el coche esperando a que ella se fuera, pero esta le vio y se acercó al coche dispuesta a hablar pero vio que estaba llorando y se preocupó por él.
- Hola Marcos, ¿te ocurre algo?
- Nada tranquila, cosas del trabajo -le dijo bajando el cristal del coche.
- Oye que si necesitas contar lo que te pasa puedes contar conmigo.
- Son cosas del trabajo simplemente Lucía, no tiene preocupación alguna -le dijo secándose las lágrimas.
- No tienen preocupación alguna y por eso estás llorando, venga ya, cuando quieras hablar ya sabes dónde estoy.
- Me gustaría comer contigo Lucía, a solas, creo que ambos necesitamos hablar.
Lucía aceptó la invitación y quedaron para comer en un sitio pijo de la zona madrileña, un restaurante lujoso y aparentemente caro a lo que ambos debían ir vestidos de manera formal y elegante.
Pasaron los días y llegó el sábado, por lo que Lucía sacó de su armario un vestido precioso que guardaba para alguna ocasión especial o cuando a su marido le diera por salir a cenar a un sitio elegante, como era la ocasión, pero este nunca le había dicho de ir a cenar desde que su última hija nació.
Pero esta vez no se iba a quedar atrás, estaba dispuesta a usar ese vestido y a girar más que una cabeza mientras caminaba. Esa mañana se fue a una tienda de lencería y se compró una lencería en conjunto muy provocativa, llegó a su casa, hizo sus quehaceres, ese día su marido volvía a tener demasiado trabajo, por lo que llamó a su oficina y habló con él.
- Cari, ¿hoy no vienes a comer? -le preguntó Lucía con voz melancólica.
- No amor, tengo demasiado trabajo y el capullo de mi jefe quiere que nos quedemos toda la tarde, nos invita a comer, pero me hubiera gustado ir a casa y estar contigo, luego en la noche te veo.
- Oye cari, esta noche voy a salir a cenar con mi hermana, está demasiado triste por un asunto y no sé a que hora volveré, lo digo porque seguramente llegué mucho más tarde de lo normal, ¿vale?
- Bueno vale, ves con cuidado, pero intenta llegar pronto a casa amor, sabes que no me gusta que estés hasta muy tarde por ahí por si te pasa algo. Te quiero y dale recuerdos a tu hermana, chao.
Tras colgar, Lucía se quedó pensativa, su marido siempre había sido así de atento, se preocupaba por ella, era cariñoso y a sus hijas las adoraba, pero desgraciadamente eso no era suficiente para Lucía, en la cama era muy bueno y siempre la dejaba satisfecha, pero con el paso del tiempo y el nacimiento de sus hijas, se fue deteriorando la relación sexual, si a esto le sumamos la infidelidad de Lucía, ya no le frenaba nada y el poco atisbo de sensatez parecía que se iba poco a poco difuminando.
En la tarde, Lucía se metió en la ducha, previamente se había quedado mirándose en el espejo y vio aquel matorral de pelo que le salía del coño, cogió una cuchilla de afeitar y en la ducha, conforme le iba cayendo el agua, se fue depilando el coño poco a poco, la mata de pelo fue cayendo y su hermoso coñito se fue quedando al descubierto, lo cierto es que el roce del agua y el constante frotamiento de la cuchilla contra su piel, la iban poniendo poco a poco cachonda, hasta el punto que terminó masturbándose con el cabezal de la ducha.
Salió de la ducha y se puso el albornoz, previamente se observó bien el coño para ver si todos los pelos habían sido cortados con éxito y se metió a su habitación para comenzar a vestirse.
Sacó del armario la bolsa que contenía la lencería que había comprado esa mañana y la sacó. Se volvió a desnudar y se puso el conjunto. La lencería negra envolvió el cuerpo de Lucía y hacía parecer que estaba diseñado para el pecado. El sujetador ajustado, hacía parecer que las tetas querían escapar a toda costa, dejaba entrever la insinuación de la piel que latía bajo la delicada textura floral. Las correas finas abrazaban los hombros y se deslizaban por la clavícula como dedos invisibles, dibujando un mapa hacia la perdición.
El tanga, del mismo color, consistía en un provocador triángulo de encaje que jugaba con la transparencia, se encontraba anclado por ligas que descendían sensualmente hasta los muslos, como cadenas diseñadas para tentar y atar voluntades. Las correas que rodeaban las piernas eran como un desafío descarado, una invitación a cruzar una línea que ya no tiene regreso. Cada hebilla, cada costura, parecían hechas para provocar miradas que arderám y pensamientos que se escapan al control. Lucía, que estaba de pie frente al espejo, se veía y estaba segura de que ese conjunto, le hacía ser una fantasía vestida de realidad.
Sacó de su armario el vestido que llevaba guardado mucho tiempo y se lo puso, era un vestido color azul oscuro de una sola pieza, un poco ceñido pero resaltaban la elegancia de sus curvas y el contorno de su pecho, se le marcaba el culo pero sin dejar que se marque la ropa interior, parecía que no llevaba nada, era ligeramente escotado, con unos brillantes alrededor del cuello pero sin ser ostentoso, la cintura de Lucía se marcaba bastante bien, se puso sus pendientes dorados y unos brazaletes del mismo color, cogió sus tacones YSL y volvió al baño.
Ahí se arregló su melena rubia y se onduló el pelo, se puso un perfume bastante caro, cogió su bolso de marca, se subió al coche y puso rumbo al restaurante.
Marcos estaba esperando la llegada de Lucía, él iba vestido con unos pantalones de color beig ajustados, con un suéter blanco de cuello vuelto y una americana de un color parecido a sus pantalones, se había cortado el pelo y arreglado la barba, todo eso hacía que sus ojos verdes relucieran mucho más. Ambos se sentaron a cenar y empezaron a hablar.
- Caray que guapa vas Lucía, más de uno habrá girado la cabeza al verte porque estás tremenda así vestida.
- Gracias, una hace lo que puede con lo que tiene -dijo mientras se reía tímidamente- tú también vas muy guapo, me gusta tu corte de pelo.
- Gracias, me quedan bien la mayoría de las cosas que me pongo encima, como tú, por ejemplo -le dijo mientras le guiñaba el ojo.
- Uy, Marcos tengamos la fiesta en paz… que aún no hemos pedido.
El ambiente en el restaurante estaba tan tenso que se podía cortar la tensión con un cuchillo, pero era una tensión sexual enorme, provocaciones por aquí, provocaciones por allá, todo era realizado con el único fin de poner caliente al otro.
- Marcos, estoy aquí porque necesito hablar contigo, lo de la otra noche no se tiene que repetir, estoy casada y tengo 2 hijas, mi vida laboral está bien, en cuanto a lo económico no tengo queja, no voy a tirar todo a la basura por seguir con esta especie de juego tonto que tenemos.
- A ver Lucía, una cosa está clara, 2 no follan si uno no quiere y eso lo sé yo y lo sabe todo el mundo, yo desde un primer momento te ofrecí acompañarte a tu casa esa noche, pero decidiste quedarte y dejarte llevar, admite que fue el mejor polvo que has echado en tu vida desde que llevas casada ¿me equivoco?
- No a ver, si razón en parte tienes, no todo es culpa tuya, pero eso no es excusa para dejar de sentirme fatal por haber engañado a mi marido -dijo con tono firme
- Estoy seguro de que el cornudo de tu marido no te folla como te tienen que follar, a ese puto picha floja ni se le levantará cuando tú tienes ganas y seguro que te deja insatisfecha… ¿es cierto eso o no?
- A ver no voy a airear los trapos sucios de mi vida sexual aquí en el restaurante.
- Claro porque es más fácil decir que yo te provoqué y te incité.
- Empezaste tú.
- Pero fácilmente podrías haberme dicho que parara e irte a tu casa, pero no lo hiciste y seguiste, reconócelo, Lucía te pongo cachonda. Desde aquella vez que me miraste por la ventana como me hacía una paja, me metí en tu mente porque era lo único excitante que había en tu vida sexual, al igual que el otro día, cuando cruzamos miradas desde la ventana de mi habitación mientras estaba desnudo con la polla semi tiesa.
- Ese día te acabas de tirar a mi hermana cabronazo -dijo con rencor.
- ¿Y por qué te pones así? ¿tienes celos o algo?
- No, pero es mí hermana, no tendrías que habértela follado, me ha contado que se arrepiente mucho de haber follado contigo.
- Intuyo que te habrá contado todo lo que hicimos o me equivoco.
- Sí.
- Bueno pues sabrás que le abrí el culo, tu marido fijo que no te lo ha follado el puto maricón… -dijo con tono muy vacilón.
Durante la conversación, Marcos fue tomando una actitud chulesca, dominante y vacilona, cosa que le iba gustando a Lucía.
- Una vez lo intentamos, pero solamente me metió un dedo y le dio asco -dijo ruborizada.
- Pues a mí me encanta follar culos, es una pena que no lo hayas probado, a tu hermana le gustó mucho.
- ¿Sí? A mí me dijo que le dolió mucho y hoy le dolía el culo mucho más.
- Al principio se quejaba, pero poco a poco se fue acostumbrando a la dilatación y empezó a gozar, disfrutó hasta tal punto que se meó en mi abdomen.
- ¿Ah sí? -dijo con curiosidad.
- Sí, luego se desató y ella misma se metía la polla en el culo sin tocarla con las manos, tu hermana es una guarra en el fondo.
Lucía se iba imaginando toda la escena con lujo de detalles y poco a poco se iba poniendo cachonda, se imaginaba el culo de su hermana bien dilatado por el pollón de Marcos y le surgió la curiosidad de saber que se sentía que le follen el culo, al fin y al cabo, nunca lo había hecho y era algo que le causaba mucha curiosidad.
- ¿Y tú que sientes cuando la metes por el culo?
- Más presión, el culo está más apretado y el placer se intensifica.
Marta notó que se empezaba a poner más cachonda y sintió que el tanga se le empezaba a humedecer, su vagina estaba empezando a despertar poco a poco.
- Sobre todo, cuando es un culo virgen, que nunca ha entrado una polla, ahí, el placer se intensifica el doble por el morbo de ser el primero que se folla el culo. -dijo Marcos mirándole fijamente a los ojos.
De pronto, notó que sus jugos vaginales empaparon el tanga sin previo aviso, el cabrón había conseguido ponerla cachonda hasta tal punto que su tanga de encaje estaba empapado, por suerte no traspasó al vestido, pero ella ahora mismo ansiaba más que nada follarse a Marcos, al fin y al cabo, ella mismo se había puesto guapa para esa velada.
Pasó la cena intentando controlar el calentón, Marcos era consciente de la situación e iba calentado y dejando de calentar a Lucía a consciencia, ese juego estaba volviendo loca a la mujer, terminaron de cenar y el calentón era tal que ya no se podían aguantar.
- Tengo una sorpresa para ti Marcos -le dijo con tono juguetón.
- ¿Qué será? ¿Qué será? -dijo entre risas picaronas.
- La tengo en el coche, en un rato te la doy -le dijo guiñándole un ojo mientras recorría sus labios con su lengua.
Terminaron de cenar y ambos salieron a por los coches, salieron cogidos de la mano cuál pareja de recién enamorados. El coche de Lucía estaba a un par de metros del sitio donde cenaron, empezó a hacer un poco de frío, pero el calentón que llevaban ambos les impedía apreciarlo.
- Sube -le ordenó Marta.
Sin decir palabra, Marcos se subió al coche y ambos se sentaron, Lucía arrancó el coche y puso rumbo a las afueras de la ciudad.
Tras unos 10 minutos llegaron a un edificio y subieron, era la antigua casa de la madre de Lucía, que, tras fallecer, se la había dejado en herencia a ella y a su hermana, estaba vacío, pero aún conservaban parte de los muebles.
En el ascensor Marcos no pudo más y empezó a besar a Lucía, ambos se besaban frenéticamente, él le agarraba del culo, le magreaba las tetas y ella le agarraba de la polla por encima del pantalón, salieron del ascensor y Marcos tenía la polla dura, cogió a Lucía de la cintura y arrimó el culo a su polla, fueron caminando así los pocos metros que separaban la puerta del ascensor de la entrada de la casa, Lucía notaba en el culo el enorme bulto que provenía de la entrepierna de Marcos y como a cada paso que daba, se le hincaba cada vez más entre el vestido y su raja.
Abrió la puerta con prisa, entraron besándose y de un portazo cerró la puerta, a tientas ella encontró el interruptor de la luz y lo pulsó, el salón se iluminó. Fueron hasta el sofá y sentó a Marcos, encendió la televisión y conectó su móvil para poner música sensual.
- Báilame -ordenó Marcos con voz firme.
Lucía acató la orden y al ritmo de la música empezó a bailar sensualmente, se colocó al centro de la habitación, apagó la luz del salón y encendió una lampara. Iluminada por la tenue luz de la lámpara que proyectaba la sombra danzante en las paredes, la música comenzó a sonar, un ritmo lento y cadencioso que parecía marcar los latidos de su corazón. Respiró hondo, sintiendo cómo el calor le subía desde la base del cuello hasta las mejillas.
Sus ojos recorrieron la habitación, encontrando la mirada de Marcos fija en ella, en como empezaba a bailar. No había prisa, cada movimiento debía ser medido, cada gesto, una invitación. Dejó que sus manos recorrieran su propio cuerpo, comenzando por su cuello, como si estuviera explorando su piel por primera vez, Lucía emanaba sensualidad a montones y eso ponía muy cachondo a Marcos.
El compás de la música guió sus pasos mientras deslizaba un pie detrás del otro, sus caderas ondulando al ritmo hipnótico de la melodía. Con una sonrisa apenas perceptible, sus dedos alcanzaron el borde de vestido y empezó a recorrer el contorno del escote, poco a poco, con sensualidad, fue subiendo hasta llegar a los hombros y con un gesto delicado dejó al descubierto la curva de su clavícula. Luego, al compás de la música, condujo su mano hacía la espalda, mientras con la otra se mordía el dedo de forma traviesa, alcanzó la cremallera y de un movimiento la deslizó, dejando el vestido suelto, con sutileza fue bajándose el vestido y como por arte de magia, el tejido cayó suavemente por sus hombros, como si no pudiera resistir la gravedad de aquel momento.
Se quedó con esa lencería tan maravillosa que había comprado esa misma mañana, una lencería que parecía revelar no solo más de su piel, sino también de su confianza, su poder. El ambiente estaba cargado, el aire se sentía denso, casi eléctrico. Sus movimientos no eran apresurados ni torpes, sino calculados, como un secreto que iba desvelándose poco a poco.
Cuando finalmente quedó de pie frente a él, cubierta solo por esa lencería de encaje, Lucía levantó la barbilla y permitió que su mirada recorriera el lugar. No era un acto de vergüenza, era una declaración. La música disminuyó su intensidad, pero su presencia seguía resonando en cada rincón de la habitación, como si ella misma fuera la melodía encarnada.
- Wow, sin palabras -exclamó Marcos con la polla más tiesa que una barra de hierro- ven aquí.
Lucia acudió a él meneando el cuerpo cual prostituta de lujo, se sentó encima de su cintura y pudo notar como la polla de Marcos quería romper el pantalón de lo dura que estaba, empezó a frotarse contra ella y su coño dejó el pantalón de Marcos muy mojado, parecía que se había meado encima. Ambos se besaban, Lucía le quitó el suéter dejando al descubierto los abdominales y empezó a acariciarlos de arriba abajo.
- ¿Quieres chuparme la polla?
- Sí.
Lucía se arrodilló en el suelo y desabrochó el pantalón, le quitó los zapatos y acto seguido le bajó los pantalones, dejándolo solo en bóxers, se notaba como la polla de Marcos quería salir a como diera lugar, subió y le empezó a lamer los cuádriceps y pasó su lengua por encima de la polla cubierta por los calzoncillos, con la mano bajó el elástico y sacó la polla y empezó a acariciarla, de arriba abajo, con delicadeza mientras q con la boca le iba chupando los huevos, se los metía en la boca y jugaba con la lengua, fue subiendo poco a poco por la base de la polla hasta llegar al glande, la lengua le dio tímidos lametazos y sin decir palabra, se introdujo toda la polla hasta la garganta, Marcos soltó un bufido de placer.
La cabeza de Lucía subía y bajaba, se estaba comiendo la polla tan bien que Marcos estaba por correrse, a cada mamada que Lucía le daba a la polla, salía acompañada de un chorro de babas inmenso, Marcos no pudo más, Lucía era consciente de que no tardaría en correrse, aumentó la velocidad de su boca y cuando la respiración de Marcos empezó a ir más rápida y entre cortada, se metió la polla hasta el fondo, provocando que Marcos se corra y se tragase su corrida.
- Menuda mamada hija de puta, que guarra eres, me has vaciado solo con la boca uff -dijo dando un bufido- y ese conjunto, tú venías buscando guerra, pedazo de puta…
- Llevaba tiempo con ganas de que se repita este momento.
- Eres muy puta, ¿lo sabes no? Esa mamada es digna de una puta.
El que Marcos la llamase puta, le ponía más cachonda, sin darse cuenta estaba dando pie a que la denigre verbalmente y eso le gustaba.
- Quiero ser tu puta -le dijo Lucía mirándole de manera sumisa arrodillada ante los huevos de Marcos.
- ¿Quieres ser mi puta?
- Sí, quiero ser tu puta, quiero que me folles solamente tú, me gusta tu polla, me gusta tragarme tu leche, quiero que seas el primero que me folle el culo.
- Mientras seas mi puta, tendrás que venir a follar cada que yo quiera, no podrás follarte a nadie más, ni a tu marido ¿te queda claro?
- Sí, me queda claro.
Sin darse cuenta, Lucía le había dado rienda suelta a Marcos, se había postrado ante él de manera sumisa, le había negado tener relaciones con otra persona, ni siquiera con su marido, pero eso le daba igual, había sucumbido a sus instintos más básicos y el placer que encontraba en los brazos de Marcos, no lo tenía en ningún otro lado.
Marcos se puso de pie, con la polla otra vez dura y levantó a Lucía, la puso a 4 patas en el sofá y le quitó el tanga, dejando ver su culito cerrado y su chocho chorreante depilado, le abrió las nalgas con ambas manos y metió la cara, oliendo el maravilloso olor que desprendía, con delicadeza pasó el índice por el coño y este se impregnó de fluido vaginal, empezó a comerle el coño y Lucía empezó a gemir.
- Goza puta.
Marcos lamía el coño con saña, pero sin llegar al clítoris, sabía que, en el momento adecuado, iba a ser una bomba de placer para Lucía, con la mano derecha le desabrochó el sujetador, dejando libres las tetas de Lucía y con la otra le metió un dedo en el culo sin previo aviso, Lucía estaba muy cachonda que no se dio cuenta de que tenía un dedo metido en el culo.
- Dios que rico -exclamó Lucía.
Marcos seguía disfrutando del placer mientras le comía el coño a Lucía y le metió otro dedo en el culo.
- Auuu duele.
- Relájate, deja que se vaya dilatando poco a poco, luego será mejor.
- Fóllame por favor, méteme la polla, lo necesito.
Se puso de pie y le metió la polla de golpe por el coño, ambos gimieron de placer y estuvieron unos segundos inmóviles hasta que los cuerpos empezaron a moverse por si solos, Marcos le agarraba de la cintura y empujaba, el sonido de piel con piel resonaba por toda la casa junto con los gemidos de Lucía, sentía tanto placer que se corrió enseguida impregnando la polla de fluido vaginales.
Marcos siguió bombeando y a cada embestida, Lucía gemía mucho más.
- ¿Quién es mi puta?
- Yo, yo soy tu puta -dijo entre gemidos.
- ¿QUIÉN ES MÍ PUTA? -preguntó gritando.
- YO, YO SOY TU PUTA, SOY TU PUTA -gritó sin importarle que se escuchara por todo el edificio, ni siquiera reparó en que los vecinos sabían quién era ella, una mujer casada, fiel y con una familia muy unida- METEMELA POR EL CULO POR FAVOR.
Sacó la polla del coño y dirigió el capullo al agujero del culo, con un escupitajo dio en todo el ano y poco a poco le fue metiendo la polla.
- DIOS COMO DUELE AAAAAAAHHHH
Solo tenía la cabeza metida, poco a poco le fue metiendo más polla.
- ME DUELE MUCHO, ME ESTÁS ROMPIENDO EL PUTO CULO -gritó mientras su respiración se entrecortaba futo de la tremenda dilatación anal.
Con un ligero movimiento de pelvis, Marcos le metió toda la polla de golpe y la dejó dentro, le había desvirgado el culo.
- DIOS ME DUELE TU POLLA, SÁCALA MARCOS, SÁCALA.
- Aguanta, las putas tienen que aguantar que le rompan el culo, es su trabajo, para eso son putas y tú eres mía.
Lucía sentía un enorme ardor en el culo, pero Marcos le tenía agarrada de la cintura y le era imposible echarse adelante para sacarse la polla. Poco a poco el dolor fue disminuyendo y el placer fue llegando.
Marcos empezó a meter y a sacar la polla hasta la mitad y al cabo de un rato, los gritos de dolor eran gritos de placer. Lucía sudaba a borbotones y disfrutaba como auténtica puta, se esforzaba para complacer a Marcos y estaba tan cachonda que se meó.
Seguía con la polla metida en el culo y Marcos seguía embistiendo con rapidez hasta que en un momento, metió la polla de golpe y se quedó inmóvil, entonces notó como le llenaba el culo de leche.
- Seguro que el maricón de tu marido no te folla así pedazo de puta.
Sacó la polla y le dijo a Lucía que se tapase el culo con el pulgar, fue a la cocina, cogió un vaso y se lo puso en el año, entonces quitó el dedo de Lucía y el semen empezó a fluir en el vaso, todo eso mientras le comía la polla, probando el sabor de su culo y de restos de semen.
- Bébetelo -le ordenó ofreciéndole el vaso.
Lucía cató la orden y se bebió la leche que había salido de su propio culo, tenía un sabor asqueroso, retuvo un rato el semen en la boca y ante la atenta mirada de Marcos se lo tragó y acto seguido abrió la boca sacando la lengua, mostrándole que se lo había tragado todo.
Pasaron esa noche follando y Lucía no fue a dormir a su casa, se dejó el móvil en el coche y tenía varias llamadas perdidas de su marido a las que no le dio importancia.
Al día siguiente fue para su casa, no fue al trabajo porque estaba demasiado cansada como para trabajar, entró, se fue a la ducha y pensó en Marcos, estaba dispuesta a dejar a su marido.
Ese mismo día, Marcos seguía cachondo y fue a casa de Lucía, aprovechando que estaba sola volvieron a follar, en la cocina, en el salón, en la ducha. Sin darse cuenta de que su marido había llegado a la casa y al entrar oyó los gemidos provenientes de la habitación, entró angustiado y vio a su mujer cabalgando la polla de Marcos mientras la tenía metida por el culo. Este al ver tal panorama, tiró el maletín al suelo, haciendo caer en cuenta a los amantes de que él estaba viendo todo, Lucía rápidamente se bajó de la cama y cogió a su marido del brazo.
- ¿Qué haces aquí maricón de mierda?
- Eso, ¿qué hace este marica aquí? -exclamó Marcos desde la cama
Raúl no tenía palabras, estaba en shock y encima le estaban insultando.
- ¿Es que quieres ver como me follo a tu mujer puto gilipollas?
El pobre hombre estaba sin poder moverse ni decir palabra.
Lucía lo soltó y volvió a subirse a la cama, se puso de espaldas a Marcos y se metió la polla por el culo, todo ante la atenta mirada de su marido.
- Mira, esto es una buena polla, mira como me dilata el culo, este es un verdadero hombre, no como tú, que ni sabías comerme el coño gilipollas de mierda.
Ante tal humillación, Raúl no pudo contener las lágrimas y por el nerviosismo que tenía, se meó en los pantalones, su mujer se río de él, se volvió a bajar de la cama y lo sacó de la habitación con insultos.
Los gemidos se oían por toda la casa, Raúl no daba crédito de lo que estaba pasando, se preguntaba que había hecho mal para que su mujer hubiera tomado esa decisión.
Cogió las llaves del coche y se fue, condujo a toda velocidad y se suicidó chocándose con el tren que en ese momento cruzaba la ciudad.
Pero nada de esto pasó, todo esto era fruto de la imaginación de Lucía que observaba desde el balcón de su habitación como su vecino desconocido se estaba masturbando, su mente era el único lugar donde podía encontrar satisfacción, le entró la vergüenza y antes de ser descubierta, se metó en la cama junto a su marido. Al día siguiente habló con él sobre su vida sexual y ambos decidieron irse de vacaciones para retomar la magia de su relación, Raúl prometió abrirse a explorar nuevos placeres y gustos.
Fin
Espero que os haya gustado este relato, acepto vuestros comentarios tanto buenos como malos, solo así podré saber como puedo mejorar.
Un saludo.
SR.LEX
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