Mi vecina me domina (17)
No eres su pareja, ni su amante. Eres el perro que limpia el suelo de sus excrementos y bebe de su orina. Esta noche, Sara y Paqui han decidido que tu único propósito es servir, y el amanecer traerá nuevas formas de humillarte.
El día estaba llegando a su fin. Había sido un día de fiesta muy intenso y novedoso para mí. Las amigas de Sara se levantaron para ir a vestirse y marcharse, no sin antes acercarse a mi cara, mandarme abrir la boca y lanzarme unos escupitajos bien cargados de saliva y de flemas que agradecí.
Bueno Sara, ha sido una fiesta maravillosa. Espero que podamos repetirla pronto. Nos alegramos de que lo halláis encontrado, es una maravilla de esclavo.
Paula se acercó a Paqui, la abrazo y la beso introduciendo la lengua en su boca.
Paqui, me ha encantado descubrir tus inclinaciones. Creo que vamos a vernos muy pronto. Te dejo mi teléfono.
Bueno chicas gracias por venir. Nos llamamos pronto. Adiós.
Cerraron la puerta y Sara y su madre se sentaron en el sofá del salón, se encendieron un cigarrillo y posaron sus pies sobre mi espalda a modo de escabel.
¿Cuando vas a ir a comprar la celda?
Iré mañana. Me lo llevaré con el fin de que se ajuste a sus medidas.
Si quieres puedo acompañarte. Mañana no tengo nada que hacer.
Sí, me gustaría. Así la compramos a gusto de las dos.
Bueno, esclavo. Limpia el suelo y nos vamos a acostar.
Agaché la cabeza y pase mi lengua por el suelo recogiendo y tragando toda la ceniza de sus cigarrillos. Al terminar Paqui me llevo a su dormitorio.
Sara, me lo llevo conmigo. No te importa, verdad.
Bien, necesito descansar. Ha sido un día muy intenso.
Ya en el dormitorio de Paqui la acompañé al aseo para tomar su pipí antes de acostarse.
Solo lo bebes y me pasas muy despacio tu lengua para limpiarme bien.
Su coño no solo estaba impregnado de los restos de su orina sino que rezumaba aún el flujo de sus corridas. Lo lamí y lo limpié para después acompañarla a la cam, taparle con las sábanas y quedar echado yo sobre la alfombra en el suelo junto a su cama. La noche la pasé sin saber qué postura adoptar. Por un lado mi culo me escocía de los zapatillazos; mis pezones estaban en carne viva por las marcas de los cigarrillos; mi espalda con sus marcas me impedían echarme sobre ella y mi cara estaba muy pegajosa de los salivazos y el flujo de ellas. En fin como pude intenté descansar. Antes de que se despertaran me fui a la cocina para ir preparándoles el desayuno.
¡perrooo…!
Era Sara la que me llamaba. Fui a su dormitorio y al no verla supuse que estaría en el baño. Abrí la puerta del aseo y la vi sentada en el wc.
Que sea la última vez que te tengo que llamar a gritos por la mañana.
Me arrodillé frente a ella y recibí dos fuertes bofetones que me hicieron caer al suelo. Un golpe de tos de Sara le hizo escupir al suelo un escupitajo lleno de flemas verduscas. Cuando me iba a disponer a levantarme para limpiarlo, un golpe de su pie me lo impidió.
Aún no te he dicho que lo limpies, cerdo.
Desde el suelo vi como entreabría sus piernas para tirar del hilo del tampón, que arrojó a la flema del suelo. En lugar de ordenarme que lo lamiera vi como tomaba unos guantes de látex y se los enfundaba en sus manos.
Me gusta darte tu desayuno. Acércate y abre bien la boca. Está más bueno calentito.
Cogió el tampón con sus manos enguantadas y lo fue restregando por la flema. Ya lleno de su flujo de sangre mezclado con sus flemas lo levantó del hilo y colocándolo sobre mi boca…..
Ahora ya puedes tomar tu desayuno. ¡Chúpalo bien!
Ya en mi boca su tampón lo chupe llenando mi boca de esa mezcla caliente de sus flemas verdes y espesas con la sangre de su regla. Realmente me excitaba el que me usara aunque mi boca llena me hacía sentir un poco de asco. Así estuvo sacando el tampón de mi boca y comprobando que lo había chupado todo lo volvía a restregar en el suelo sobre lo que aún quedaba, quedando empapado de esa mezcla que había depositado en el suelo para mi. Cuando ya estaba casi limpio….
Ahora ya puedes lamer el suelo y dejarlo bien limpio. Pedazo de cerdo asqueroso.
Salió del baño y tirando de mi correa fuimos al dormitorio de su madre a la vez que me daba una tras otra patadas en mi culo.
Buenos días mamá, ¿qué tal has dormido?
Yo muy bien y el despertar ha sido maravilloso. Perro, enséñale a mi madre la boca.
Veo que ya le has dado su desayuno. Me gusta, lo haremos así todos los días. Por cierto acuérdate que le compremos dos bol de comida de perro. Han de ser hondos y grandes. ¿Has preparado ya nuestro desayuno?
Si, mi señora.
Bien déjamelo y ahora nos vemos para desayunar.
Sara se marcho a la cocina y mientras Paqui se levantó de la cama y poniéndose en cuclillas sobre mi me mandó abrir bien la boca.
Tienes la boca muy sucia. Quiero que te enjuagues bien con mi orina.
Comenzó a orinar en mi boca. Estaba muy caliente y espesa. Su sabor era muy concentrado. Fue tal la cantidad que hube de tragar bastante, dejando al final un poco para enjuagarme.
Así me gusta. Eres un esclavo como a mi me gusta. Mi cerdo. Vamos a desayunar. Espero que lo tengas todo preparado a nuestro gusto.
Mientras desayunaban permanecí arrodillado mirándolas como cualquier perro hace ante su dueña. De vez en cuando me lanzaban restos de sus tostadas al suelo para que las tomara. Otras veces vertían de su boca el desayuno masticado y mezclado con su saliva. De vez en cuando les daban unas toses que provocaban que salieran de su boca unas flemas mezcla de saliva y mucosidad que dejaban caer en mi boca y en mi cara.
Bueno, nos fumamos un cigarrillo y nos arreglamos para salir de compras.
Tomé el paquete de cigarrillos y ofreciéndoselo se los encendí para colocarme entre ellas con la boca abierta para ser usada por ellas. Daban fuertes caladas a sus cigarrillos echándome el humo de sus bocas a mi cara y al interior de mi boca.
- Bueno pues entonces iremos a la tienda que hay en las afueras que tienen de todo y que además conozco al dueño que es muy amable y seguro que nos asesorará con lo que queremos.
Continúa en
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