Debí echarme novia fuera del grupo 6
Adriana siempre ha sido juguetona, pero esta noche sus límites se desmoronan. Mientras el grupo bebe y baila, ella permite que sus amigos toquen su cuerpo en público, y cuando la fiesta llega a su punto más caliente, la promesa que le hizo a Alan se cumple frente a todos. No es solo sexo, es un juego de poder, humillación y validación que ninguno de ellos puede controlar.
Una noche, salimos de fiesta varios del grupo. Luis, que trajo a su novia, que iba con una amiga suya, Diego, Alan, Adriana y yo.
Estuvimos bebiendo y bailando en distintas discotecas. La novia de Luis y su amiga medio apartadas del resto del grupo. Eran bastante rancias. Luis se repartía entre nosotros y su novia, ya que no había manera de hacer piña. Se notaba que Luis se divertía más con nosotros.
Con Adri había estado habiendo alguna broma sexual de vez en cuando, pero a medida que estábamos más bebidos, Adriana toleraba más bromas y los chicos se lanzaban más.
- Si te viera con ese vestido el padre de Diego, le pedía el divorcio a su madre.
Bromeó Luis en un momento en que se había acercado a nosotros. Adriana iba guapísima. Un vestido rojo pegado al cuerpo, con un poco de escote en el que el pequeño tamaño de las tetas de ella no resaltaban demasiado, pero como lo llevaba sin sujetador, se marcaron sus pezoncitos toda la noche. Donde más escandaloso quedaba era en el culo. El vestido resaltaba sus caderas y sus grandes nalgas, y justo terminaba al acabar las nalgas. En respuesta al comentario de Luis, Adriana llevó, sonriente, los ojos al cielo, como estando medio harta de esas bromas, y bebió un trago de su copa a través de la pajita.
- Luis es gilipollas por decir lo de mi padre, pero es verdad que hoy estás buenísima, Adri.
Dijo Diego, que se acercó a ella, con su cabeza calva brillando en la discoteca, y le cogió una mano que subió sobre sus cabezas para que ella girara sobre sí misma, presumiendo de cuerpo. Ella lo hizo, algo torpe por sus tacones, pero riendo halagada. Todos la mirábamos embobados. Diego le soltó la mano y bajó su propia mano acariciando la espalda de Adriana hasta llegar a su culo, donde dejó una mano. Ella no se inmutó. Yo, cabreado, llevé mi mano a su culo y aparté la de Diego, y así, la estreché contra mí y al oído le pregunté:
- Mi amor, ¿no te parece mal que Diego te estuviera tocando el culo?
Ella me besó intensamente.
- Lo siento, cielo. Sé que te pones muy celosito con estas cosas. Como tenemos la coña que tenemos, no le doy tanta importancia. Si pasase todos los días… pero hoy estamos todos de fiesta, bebidos, y bueno… Me ha estado tocando el culo cada vez que podía.
- ¿Cómo? ¿Más veces?
- Sí… creí que te habías dado cuenta.
- Pues no. ¿Pero cuándo?
- No sé, en momentos random. Cuando llegamos a esta discoteca, por ejemplo, iba subiendo las escaleras detrás de mí y debió tener buena vista de mi culo, así que, al llegar arriba, me lo tocó. Yo iba de la mano contigo hacia la barra. Le aparté la mano por descarado. Y antes cuando estuvimos bailando posó las dos manos un rato, pero bueno. Sin más.
- No lo ha hecho delante de mí. A veces he visto que bailabas un poco más con él, como haces con todos, pero no te tocó el culo.
- Ah bueno, igual fue cuando fuiste al baño. Lo habrá aprovechado a propósito para que no le des una paliza. Mi chico celoso.
Y me morreó. Realmente no le daba importancia, era alucinante.
- No te enfades porfa.
Dijo, acurrucándose contra mí mientras apretaba fuertemente sus nalgas con mis manos. Noté que Diego y Alan no quitaban ojo al trasero de Adri.
- ¿Te quedas enfadado?
Me preguntó, cariñosa.
- Sabes que no me gusta, amor. Te quiero tanto…
Me besó:
- Yo también, pero tómatelo distinto, mi amor. No te cargues la fiesta. Ya sabes que tenemos estos juegos que a veces son un poco sexuales. Pero al final del día, aunque me calienten un poco y me suban la autoestima, quien me lleva a la cama, a cenar, al cine… eres tú.
Y me morreó otra vez. Le dije que me contendría, pero que no les dejase que se pasasen. Ella dijo que no, que solo sería un poco mala para que se fueran con los huevos morados a casa.
Ella, feliz, se acercó a Alan, que era respetuoso por su personalidad y porque estaba enamorado de ella. Y se puso a bailar con él. Él se movía torpe y sin gracia pero hacia el esfuerzo por mantener su atención. Tras un rato de contonearse delante de él, se pegó a su cuerpo echando su culo hacia atrás, hacia su paquete, para lo cual, toda ella quedó pegada a su barriga. En esa posición, ella entrelazó sus dedos con los de él y movía sus manos delante de ella, en un baile abrazo. Él se movía con los ojos cerrados, feliz.
Diego y yo bailábamos y hablábamos un poco. A pesar de que a menudo quería matarlos, seguían siendo mis amigos. Diego, para sacar conversación, se puso a hablarme de una chica que no le hacía mucho caso y que parecía jugar con él, en la uni. Mientras hablábamos, ambos mirábamos de vez en cuando a ese destello rojo que era mi sensual novia. Vimos que acababa el baile con Alan y que, antes de separarse, giraba su cabeza hacia arriba y le daba un pico cariñoso.
Adri volvió a mis brazos. Brillante, feliz. Realmente ganaba belleza con esos éxitos para su ego femenino. La abracé contra mí mientras hablábamos todos un poco. Diego seguía contando sus batallitas con esa chica con la que tenía un tira y afloja. Me fijé en que una mano la tenía en dirección a Adriana, a la que yo abrazaba con un brazo sobre sus hombros, y ella tenía un brazo abrazándome en la cintura.
Miré hacia el culo de Adriana desde arriba y ahí estaba la mano de Diego. Mientras el gilipollas contaba sus mierdas sobre la tonta esa de la uni.
Adri notó mi mirada y me hizo como un gesto con la cabeza y los ojos que quería decir “ya sabes qué pesado está con tocarme el culo, déjale que sea feliz”.
Y, teniendo en mente la conversación de antes, me tuve que contener.
Alan, amigo preocupado, le preguntaba cosas a Diego y se interesaba por su problema. Adri intervenía de vez en cuando. Yo, a cada poco, miraba hacia el culo de mi novia. Diego movía su mano por todo su culo. De una nalga a la otra. A veces, apretaba un poco los dedos, palpando más. De últimas, vi que había bajado la mano hasta el muslo y la metía bajo el vestido, tocando directamente la carne. Adri no le detenía y yo me ponía enfermo. Estaba cagándome en todo para mis adentros, en silencio, cuando Adri giró su cara para hacer contacto con mi mirada y, sonriente, me besó. Un pico. Luego otro. Luego la lengua. Y ella, mientras tanto, con la mano de Diego palpando su culo bajo el vestido. Alan trataba de conversar pero también se había dado cuenta. Parecía no quitar ojo. Debía estar también celoso de lo que hacía Diego y él no se atrevía.
Finalmente, fue Diego de propia voluntad quien acabó sacando la mano. Entonces recuperé el territorio y llevé la mía a su culazo.
Seguimos bailando y bebiendo. Diego estuvo un rato con Luis y luego volvió con nosotros. Adri bailó otro poco con Alan, que tímidamente tocó su culo como de pasada mientras se movían, un par de veces. No se atrevía a ser un descarado como Diego.
Después, volvió Luis un rato con nosotros y seguimos bebiendo. Adri otra vez en mis brazos. Al poco, Luis dijo que iba a mear y Adri dijo que ella también tenía que ir, así que fueron juntos a los baños.
Nosotros seguimos a lo nuestro hasta que, después de un rato largo, volvieron. Había mucha cola en el baño de chicas, como siempre.
Luis volvió con la novia y estuvimos otra vez los cuatro. Adri me pidió que fuéramos a por una copa y nos alejamos un poco los dos solos.
Estando ya en la barra me comentó:
- Amor. Ha pasado una travesura en el baño pero no quiero que te enfades. ¿Me lo prometes?
Dios, me temía lo peor.
- ¿Cómo te lo voy a prometer sin saber qué has hecho? Joder, Adri, ¿en serio?
- No, mi amor, no te pongas así, bobo. Ha sido algo un poco travieso pero además ya sabes que Luis está pilladísimo de su chica y yo de ti. ¿No confías en que yo te quiero?
Y me acarició y me besó. Yo me serené y le pedí que me contase.
Me dijo que Luis se puso a esperar con ella en la cola de chicas por solidaridad. Y, aprovechando, le sacó conversación:
- ¿Sabes? Algo que me jode de estar con Rocío es perderme algunos planes del grupo. Somos un grupo cojonudo. Cuando me contaron lo de Nochevieja, me cagaba en todo, en serio. No le dije nada a ella porque me mata, pero ojalá haber estado con vosotros.
Adri se rio y le dijo que le aportaría otras cosas buenas, aunque a ella no le cayese demasiado bien porque era muy sosa.
- Sí, si me aporta cosas muy buenas. Pero te veo hoy con este vestido y me doy cuenta de las cosas que me pierdo. Ojalá haber estado dentro de ti otra vez, eres un pivón, Adri.
Esto se lo dijo acariciando su costado, bajando la mano de hasta su cadera y yendo finalmente hacia su enorme culo.
- Esta noche estás muy buena -añadió.
A Adriana le gustó que Luis cayese también a sus encantos aun cuando había ido con novia.
- Cosas que te pierdes por escoger mal a tu chica -le dijo bromeando.
- Bueno pero tú estás felizmente enamorada de Ángel, y yo me alegro, ¿eh?
- No digo que me escogieses a mí. Digo a una chica que quisiese ser parte del grupo, y no como Rocío, que se aparta con su amiga y te aparta a ti.
- Ya, Rocío es así…
Todo esto con Luis palpando su culo.
- ¿Qué, te gusta lo que tocas? Me vas a gastar el culo.
Luis se rio y le dijo que las manos se le iban solas. Y aprovechando que ella estaba delante, llevó cada mano a una nalga. Y así, esperaban en la cola, avanzando poco a poco y moviéndose un poco al son de la música. Pronto, Luis no tuvo suficiente y metió las manos bajo el vestido para tocar carne directamente. El vestido se le subió y ella estaba con el culo al aire, avanzando lentamente en la cola. Luis se pegó a ella para camuflar un poco la desnudez de su trasero. Me contó que Luis se puso las botas amasando sus nalgas.
Adriana me contaba, risueña, su travesura, y yo mascullaba insultos hacia mi amigo.
- Tras un rato así, Luis me dijo que pasase del baño de chicas, que era una cola insufrible, y que me colaba él en el de chicos. Yo tenía ganas de hacer pis y estaba harta de esperar, así que me dejé llevar de la mano por él.
- ¿Y el culo lo seguías teniendo al aire?
- Ah pues sí JAJAJAJA dios, no me di ni cuenta. Pues me verían las chicas y pensarían cualquier cosa…
Y siguió contando.
Nos metimos los dos en un cubículo y él, con las manos amasando mi culo, me morreó. Yo le dejé un poco porque estaba muy cachonda con la situación, pero enseguida le corté:
- No he venido aquí a esto, sal, que tengo que hacer pis, y vigilas la puerta.
- Adri, yo es que no puedo mear con la erección. Y quería pedirte un favor: si me dejases volver a meterla dentro de ti, por lo que me perdí en Nochevieja…
- Tío, tienes a tu novia esperándote fuera. Ángel también está esperando por mí, ¿y me quieres follar en los baños?
- No, no, no como follar, pero como en el juego…
- Ya pero ahora no estamos jugando.
- No follar, solo déjame meterla un momento, para recordar cómo se siente dentro de ti.
- Con eso solo te excitarás más y seguirás sin poder mear -respondió ella divertida.
- No, la saco y me hago una paja, me quito el calentón y listo.
Y Adriana accedió. Me llevaban los demonios mientras me lo contaba, así que me acarició el brazo con ternura, me tranquilizó y siguió. Él se sacó la polla. De tamaño normal, tirando a larga y delgadita. Ella la ojeó y se puso contra la pared, sacando el culo hacia afuera. Él amasó sus nalgas otra vez y le bajó el tanga. Iba a metérsela cuando, bruscamente, se agachó un poco y le pegó un lametón del coño al culo.
- ¡OYE! Eso no te lo he permitido.
- Perdona, Adri. No pude contenerme, quería ver cómo sabías. Deliciosa.
A ella, a pesar de todo, le agradó el piropo.
Luis se posicionó y empezó a penetrarla. Cuando chocó su pelvis contra su culo, la dejó quieta.
- Dios, Adri, es la gloria.
Ella estaba muy cachonda. Él hacía movimientos mínimos para no vulnerar lo hablado, pero buscaba sentir algo de roce.
- Podría correrme dejándola así, tía, en serio.
- Ni se te ocurra.
- No, no. Tranquila. Solo quiero que lo sepas. Pero no estamos follando, así que no estamos siendo infieles.
- Entonces se lo contarás a Rocío, ¿no?
Preguntó ella, traviesa, con él llenando su coño.
- No, no. No le digas nada, por favor. Me mata.
- Le voy a decir que me follaste en los baños.
Y le dijo esto empujándole con su culazo para luego volver a meterse el trozo de polla que se había salido. Le dio un par de empujones así, fingiendo gemir.
- No, no, Adri por favor. Para que me corro.
Ella estaba muy divertida con la situación.
- Si de verdad quieres a tu novia, no te correrás dentro de mí.
Y siguió follándose ella misma su polla.
- Joder, Adri, en serio, me voy a correr.
Y ella siguió, sin hacerle caso. Luis entonces le apretó las tetas por encima del vestido y comenzó a gemir y a disparar su semen dentro de ella. En cuanto sintió que había acabado, se separó de él.
- Tanto no la querrás. Pero igual lo entiende cuando se lo expliquemos.
- Tía, ya. Para. No me hace gracia. Joder, no sabes cuánto necesitaba esto. No tiene nada que ver con Rocío ni con Ángel, pero es que ese culo no es de este mundo.
Y se rieron los dos. Ella entonces le apartó para agacharse a mear, delante de él. Se lo hacía fuertemente y ya no iba a esperar más, y además, llevaba ya un rato sin bragas y con el vestido remangado, así que era muy sencillo. Me contó que Luis no apartaba la mirada, como si le molase verla mear. O quizás solo quería mirarle el coño. Ella se lo limpió con papel higiénico y se acomodó el vestido.
Él fue perdiendo la erección y, cuando ella terminó, se acercó al vater para mear. Ella se quedó mirando. A él no le salía el pis y ella le preguntó:
- No te dará vergüenza ahora.
- No, no sé. Un poco quizás. Calla, que me concentro y sale.
Y, cerrando los ojos, con la polla todavía semierecta, comenzó a mear fuertemente. Un chorro que, me contaba Adri, salpicó bastante.
- ¿Te dio con el pis? -pregunté, medio traumatizado.
- No, no. Lo habría matado. Pero sentí algunas gotitas en las piernas y los pies. Involuntario, por estar en ese cubículo tan pequeño.
- Le voy a matar, Adri. No respeta nada. ¿Ahora va a ser la tónica habitual, que te lleven mis amigos a los baños a follarte?
- Joder, Ángel. Haces que me sienta como una puta. ¿Crees que no tengo voluntad y que tus amigos pueden hacer conmigo lo que quieran? ¿Crees que no tengo mis límites y que mi amor por ti no significa nada?
- No digo eso, Adri. Pero joder. ¿Qué te parecería que me follase a Rocío en los baños?
- Pues igual le quitabas tanta tontería a esa rancia. Pero creo que me quieres por encima de todo eso, y del sexo y de los juegos que tenemos a veces. Te lo conté todo porque confío en ti, porque, como me dijiste tú, eres bueno y comprensivo, y el chico que más quiero en todo el mundo.
- Pero tienes que entender que me da miedo lo que pueda pasar, mi amor. O que al final yo me convierta en uno más y dejes de quererme y considerarme especial.
Tuvimos entonces un momento romántico. Ella me juraba entre lágrimas, en parte a causa del alcohol, que le partía el corazón escucharme decir eso, que pudiese pensar por un solo instante que yo no era especial para ella. Nos dijimos más cosas intensas y pastelosas y nos morreamos sin parar. Al agarrarla del culo, sentí que ya no notaba las tiras del tanga. Al preguntarle, me dijo que en estos momentos Luis podía perfectamente estar besando a la tonta de Rocío mientras llevaba en el bolsillo su tanga húmedo, que no se lo quiso devolver. Sentí que era parte de su duelo particular con las mujeres que le caían mal. Parte de sus necesidades de validación y autoestima. Y estos defectos de mi novia, esta vulnerabilidad, también me enternecía. Mi pequeña chica, rota a su manera, por más que yo no pudiera comprender que semejante mujer pudiese sentirse de menos ante nadie, física ni intelectualmente.
Luis no se nos volvió a juntar en lo poco que seguimos de fiesta esa noche y mi novia siguió bailando con nosotros sin que casi nadie supiera que llevaba dentro restos de su corrida. Cuando nos despedimos, le dije a Rocío delante de Luis que tenía una cosa que decirle. Quería que mi amigo se sintiese amenazado, que no se sintiese impune. Se quedó pálido cuando me acerqué a Rocío. A ella le dije una tontería sobre que me gustaría integrarla más en el grupo, si ella quería, y quizás organizar algo algún día de ver una película o jugar a algún juego de mesa, ya que Luis era amigo mío desde hacía mucho tiempo y sentía que a ella todavía no la conocía bien. Después, fui a él y le despedí con un abrazo y varias palmadas en la espalda. No era tan cabrón como para contarle a su novia lo que había hecho, pero quería mandarle una señal.
Mi novia se despidió supercariñosa de los dos. A Luis llegando a llamarle cariño. Cuando se despidió de Diego, él le agarró el culo con ambas manos, a lo que ella le dijo que se había pasado de sobón toda la noche cuando todavía ni me había perdonado lo de su padre, pero se lo decía juguetona. De Alan se despidió con un pico, las manos de él bajaron tímidamente a su culo y enseguida las quitó, inseguro. Yo, por mi parte, la acompañé a casa, donde follamos tratando de no despertar a sus padres. Con una mezcla de rabia y excitación, sentí la humedad de mi amigo dentro de ella cuando entró mi polla. Una rabia que solo se me fue cuando sentí a mi chica correrse conmigo. Luis podía habérsela metido, pero era ella quien se lo había follado a él, y no por su placer físico ni mucho menos por cariño, sino por sentir que humillaba a Rocío. Y yo, al final del día, era a quien está valquiria escogía.
El siguiente cumpleaños fue el de Laura. En los últimos meses, la habíamos sentido bastante fuera del grupo, y era para todos un momento importante para mantener esa amistad que, a veces, ella parecía no valorar demasiado. Se mostró muy contenta de que fuéramos a ir todos, Luis incluido, aunque sin su novia (Laura les había dicho a Adri y a Marina que temía que él no fuese por el rollo que habían tenido, que había enrarecido un poco las cosas entre ellos).
La fiesta de cumpleaños se organizó en su casa, un chalet pijo bastante amplio. La sorpresa de la noche fue que no estaríamos solo los de siempre, sino que nos iba a presentar al chico que estaba conociendo. Un pijo algo tartamudo llamado Pelayo, con las pintas típicas de los pijos, náuticos incluidos. Nos cayó bastante mal de primeras, pero a espaldas de Laura apostamos que no durarían juntos más de 3 meses.
Por supuesto, en esa fiesta no habría ningún juego raro. Nos lo dijo por el grupo todas las veces que se acordó. Iba a ser un cumpleaños normal, cosa que yo le agradecía profundamente al conservadurismo de Lau.
Las chicas estaban preciosas. Marina se había ondulado el pelo y se había puesto un vestido verde, escotado, con medias negras y tacones, y muy bien maquillada, era algo que se le daba super bien. Adriana se puso un vestido granate con mangas largas. Para compensar lo tapada que iba arriba, el vestido cubría hasta poco más abajo del culo, con una falda que se abombaba de lo lindo con su gran trasero. Iba sin medias y con sandalias de tacón, negras, con los deditos de los pies pintados del mismo color que el vestido. Por su parte, Laura era se había puesto impresionante, con el vestido más escotado que le hubiésemos visto nunca. El suyo era también verde, pero verde clarito. El torso eran dos grandes tirantes que salían desde la cintura, ese vestido no podía llevarse con sujetador, por lo que se veían sus enormes tetas moverse libremente bajo la tela. También iba sin medias y con sandalias de tacón. Claramente quería impresionar a su chico. Los chicos tratamos de ir elegantes, pero ninguno estaba a la altura de ellas. Pantalones de tipo traje o vaqueros, camisas y deportivas. Excepto el pijito de Lau.
La fiesta era la típica. Música, bebida, pizzas para comer y cosillas de picoteo. Le dimos los regalos a Laura y estuvimos bailando, bebiendo, charlando… Yo no me separaba de mi niña, y Pelayo, a su vez, no soltaba a su rubia. Yo creo que estaba deseando que nos fuésemos para comerle las tetas. Los demás, bailaban todos con Marina, mirándole embobados el escote y recibiendo con gusto los besitos cariñosos que les iba dando cuando alguno le decía algo bonito o la hacía reír. Las miradas, no obstante, se nos escapaban a todos al escote de Laura. Hasta Adri me comentó que se había dado cuenta y que lo entendía, que le entraban ganas de que le comiésemos una teta cada uno. Solo de imaginarlo tuve una erección.
Quien tampoco se separaba mucho de Adri era Alan. Le tenía cariño como amigo, pero qué puto pesado, macho.
Como pasa a veces en las fiestas, la noche fue pasando casi sin darse cuenta pero enrareciéndose poco a poco. Llegó un momento en que Diego se había quedado dormido en el sofá. Luis parecía entenderse muy bien con su rival, Pelayo, y hablaron bastante tiempo los tres, muy divertidos, hasta que Luis hizo pila con Daniel y bailaban con Marina arrimándose todo lo que podían. Alan estaba en plan intenso con mi chica, contándole sus penurias y depresiones, aprovechándose de la ternura de mi chica, yo aburriéndome soberanamente. Y Laura y Pelayo cada vez más salidos. Estaba pensando en mis cosas, evadiéndome de la conversación de mierda de Alan con mi chica, cuando vi que, con el alcohol y la calentura, Pelayo se ponía las botas con Laura. Se morreaban salvajemente, bailando, él había empezado a meter sus manos por dentro de los tirantes, tocándoselas directamente. Yo miraba con disimulo. Ellos dos estaban tan enfrascados que no se dieron de que todos los estábamos mirando, divertidos y, me atrevo a hablar por todos, calientes. Ese pito pijo estaba teniendo el mejor día de su vida.
- Venga Alan, reconoz que te cambiarías por Pelayo encantado -le dijo mi novia.
- A ver, Adri, asco no me daría, obvio. Laura es hermosa y tiene un pecho increíble, pero no creo que haga falta que te diga que tú eres mi tipo más que ella.
- ¿Aunque tenga mis minitetitas? -preguntó ella riendo.
- Me encantan. Perdona Ángel, no quiero ofenderte.
- No es lo peor que le has dicho o hecho a mi novia, Alan, tranquilo -respondí yo, cínico.
Adriana me acarició el brazo, mirándome con amor, y llamándome, en voz baja y mimosa “mi chico bobo”.
- Tío, lo siento, no sé a qué te refieres. Siento si te ha ofendido algo. Creo que todos los demás sí que se pasan cuatro pueblos siempre.
- Alan, le he enseñado lo de tu vídeo con el pañuelo. Creo que mi chico se refiere a eso, aparte de las otras cosas que todos sabemos.
Alan se puso colorado.
- Qué vergüenza. ¿Te estabas riendo de mí entonces?
- ¡Nooo! No te pongas así. Tú me escribiste e hiciste esas cosas porque quisiste.
- Lo de tragarme mi… eso fue porque me lo pediste y me prometiste que… bueno… ya se lo habrás contado a Ángel, seguro.
- Sí, hijo, sí. Si aquí, con tal de pillar cacho, no os cortáis ninguno. Los demás al menos no van de buenos chicos -le dije.
Su cara era un poema. Sabía que no estaba siendo del todo justo. Después de todo, Alan era el mejor de todos. El que menos abusaba y el más correcto. Así como el más inseguro. También con el que menos sentía que tuviese que competir, fruto de mi prejuicio hacia su cuerpo.
- Chicos, yo… tengo un lío. Tan pronto pasan cosas loquísimas en las que participamos todos, que me siento un degenerado si resulta que hay cosas que solo hablé yo contigo, Adri. No tenía intención de superar ninguna barrera. Me pareció que tú también entrabas…
- Aish, por favor, no os enfadéis. Sí, yo sabéis que entro. Como entré con lo de las bragas en año nuevo. Soy juguetona y a veces me paso. Lo de la promesa era en serio, Alan. No me reía de ti. No más de la cuenta -añadió riendo.
- Pero nunca lo cumplirás porque Ángel me mataría.
- Yo cumplo mis promesas y mi chico me quiere tal y como soy. Una cosa es que a veces le entren ganas de pegaros, porque sois telita, pero es un hombre seguro de sí mismo, capaz de disfrutar conmigo de mis juegos, sabiendo que, al final, siempre me voy con él, porque es él a quien amo con locura -y me besó.
En parte me sentía identificado con sus palabras, pero en parte las sentía una simplificación de lo que yo sentía por dentro. A ella le resultaría más fácil convencerse de que yo lo llevaba así de bien, eso sin duda.
- ¿Y si quisiese que la cumplieses hoy?
Con lo que le costaba tener iniciativa, no iba a desaprovechar la ocasión de reclamar la promesa ahora que ya había salido el tema. En cuanto Alan dijo eso, supe que ese día iba a pasar, que ya no podía quedar todo en palabrería.
- Pues hoy la tendrías. ¿Quieres que sea hoy cuando me trague tu semen, Alan?
- ¿¡Quéeee!? -chilló Marina.
No nos habíamos dado cuenta de que los chicos llevaban un tiempo atendiendo a nuestra discusión. Hasta Laura y Pelayo nos miraron en cuanto escucharon a Marina. Mi chica, despojada de toda timidez, contó brevemente el contexto.
- Ostia Alan, no tienes dignidad, qué pena das, tío -Daniel tuvo una de sus intervenciones, que, sin que sirviese de precedente, agradecí escuchar.
- Pero si a ti te gusta que te escupan, ¿qué coño dices? -se defendió Alan.
- Pero no me trago mi propia corrida, “loser”.
- Pero a cambio, Adri me lo va a hacer también. Cosa que no os ha hecho a ninguno de vosotros. Bueno, excepto a Ángel, claro, pero no cuenta.
Estaba espabilando el puto Alan.
- Adri, tía, tienes que enseñarnos el vídeo de Alan -dijo Marina, con la voz algo alterada por el alcohol.
- Yo siento tanto asco como curiosidad por ver a Alan humillándose así. ¡Ese vídeo tiene que ser público, Adri! -intervino Luis.
- Qué locos estáis -dijo el pijo, flipando.
- Venga, Adri. Por petición popular, enseña el vídeo -se sumó Daniel.
- No, no, no. Adri, no. Era algo privado -suplicó Alan.
- No puedo, chicos, lo siento. Tiene razón Alan -dijo ella.
- ¡¡Venga tía!! ¡Ellos tienen fotos nuestras! -insistió Marina.
Alan parece que se rindió, abrumado por el grupo, así que Adri lo puso en el móvil y todos se acercaron a ver. Alan estaba colorado, viéndose a sí mismo tragando su propia corrida. Seguramente era la primera vez que veía el vídeo. No se habría atrevido a verlo antes de la vergüenza. La gente estalló en carcajadas. “Chupito de leche” gritó Daniel. Vi que Adri se estaba arrepintiendo de haberlo enseñado, miraba culpable a Alan.
- Alan, estos chicos porque son gilipollas, pero a mí me parece excitante que un chico se atreva a hacerlo. Luego bien que nos lo pedís a nosotras -le dijo Marina.
- Es que sois muy hipócritas. ¿A qué no os da tanta risa cuando os lo hacemos nosotras? -se sumó Adri.
- Bueno, le habías prometido a Alan que se la devolverías, ¿no? Si tan mal te sientes… -provocó Daniel.
- Es que se lo voy a hacer. Venga, Alan, vamos arriba -respondió, orgullosa, mi novia.
- No, no. ¡Si lo de Alan lo hemos visto todos, lo justo es que también veamos el pago todos!
Era sorprendente que fuera Marina quien esta vez subía el nivel. Lo esperaba de Daniel o de Luis, pero ella no solía ser tan cabrona. La gente empezó a aplaudir su idea. Alan pasó de estar sonriente cuando mi novia le dijo que subirían arriba a estar colorado de imaginarse viviéndolo en público.
- ¿Qué creéis, que no tengo coño para hacerlo? Acércate, Alan -le ordenó mi novia.
De golpe, volvió a acordarse de mí, me abrazó, me dio un pico y me dijo que tenía que cumplir su palabra, que no me enfadase. Que yo era el único y que solo era una travesura. Y avanzó hacia Alan la distancia que los separaba.
- Se os va mogollón -escuché que le decía Pelayo a Lau.
- A mí no, no te vayas a pensar, pero tengo unos amigos muy locos -le respondió ella, sonriendo ligeramente, como con vergüenza.
Adriana le bajó de golpe los pantalones a Alan, arrodillada entre sus piernas, con sus piernas desnudas rematadas por sus hermosos pies dentro de sus sandalias de tacón. Las piernas gordas y blancas de Alan quedaron a la vista, junto con su polla, flácida.
- Creí que me tenías más ganas -dijo ella, riéndose de la flacidez.
Alan no dejaba de estar colorado.
- Venga, empieza a pajearte. La promesa era que me la tragaría, no que haría yo el trabajo.
Y Alan comenzó a tocarse la polla mirando a la cara a mi chica, que estaba a un palmo de ella. Adri, para tratar de estimularle, le acariciaba los muslos con las manos. La polla de Alan ganaba lentamente grosor. Mi novia, tratando de acelerar las cosas, subió una mano hasta sus huevos y comenzó a acariciárselos con las uñas. Alan gimió de gusto. “¿Qué coño?” Escuchamos a Diego decir, que acababa de despertarse y miraba la escena ojiplático. Se acercó al corrillo y Daniel le susurró el contexto, sonriente. Su mirada y la mía se cruzaron, la de Daniel reflejaba cierta malicia divertida. Al mirar otra vez hacia Adriana y Alan, vi que mi novia ya estaba masturbando a Alan.
- Si no te ayudo, parece que no acabamos nunca. ¿Tanto corte de da que nos miren?
- Sí, Adri, lo siento… -respondió él, cohibido.
- ¿No te mueres por llenarme la boca de leche? -preguntó ella, sensual, abriendo la boca y sacando la lengua.
- Si él no te la echa, me ofrezco yo, Adri -dijo Luis, tocándose el paquete.
- ¿Qué pensaría Rocío si te escuchase? -le recriminó Lau, que se apretó contra Pelayo, que la abrazaba desde atrás.
- Mira que eres corta rollos -le respondió, deteniendo la mirada en sus enormes tetas.
Tras un rato provocando a Alan con la boquita abierta y pajeando su polla, Adri se giró y buscó mi mirada, me hizo un gesto con la cara y los hombros como de “no acaba, tendré que hacer algo”, se giró hacia Alan y se metió su polla en la boca. Los chicos y Marina vitorearon. Pelayo y Lau se comían la boca, él sobándole las tetas sobre el vestido a ella.
Adri tenía la polla de Alan metida en la boca, pajeandole la parte superior de la misma con sus labios y usando una mano para pajear el resto de la polla, acompañando sus movimientos. La otra mano, agarrando el culo gordo de Alan. Hubo un momento en que llevó la mano con la que le estaba pajeando también a su culo, metiendo y sacando más cantidad de carne de su boca. Estaba en el movimiento de tragar cuando Marina se acercó super rápido y empujó la cara de mi novia contra el vientre de Alan, haciendo que se la tragase entera. Su nariz y frente clavadas en el vientre y la barriga gordas de Alan. Marina se meaba de risa, y el resto de mis amigos miraban ojipláticos, excitados, hambrientos y divertidos. Pelayo ya tocaba las tetas de Lau por dentro de su vestido.
Marina aflojó un poco la presión sobre la cabeza de Adri y mi chica comenzó a retirarse, pero otra vez se la volvió a empujar la cabrona de su amiga. Y todavía se lo volvió a hacer una tercera vez. Al aflojar, dejó que mi chica se la sacase de la boca, soltando un montón de babas y tosiendo.
- ¡Puta! -dijo Adri, pegando un manotazo a Marina en la pierna, mientras tosía.
Tras recuperarse, sonrió, no se había enfadado, y se lanzó de nuevo a tragarse la polla de Alan, que la tenía durísima.
- Me voy a correr, Adri… -avisó él.
Mi novia, entonces, apretó la boca entorno a la punta y comenzó a pajearlo hasta qué él empezó a gemir. Estaba corriéndose en la dulce boquita de mi chica, delante de todos. Cuando le ordeñó hasta la última gota, escupió la lefa en sus manitas y nos las enseñó. Era una buena corrida. Basculó todo el contenido en una de sus manos y vació su contenido de nuevo en su boca. Nos enseñó su boca abierta, llena del semen de Alan, cerró la boca y tragó.
- ¿Veis? Soy una chica que cumple su palabra -dijo ella, levantándose y dando un pico a Alan, que brillaba de felicidad.
- Claro, sobre todo si hay una polla de por medio -la vaciló Daniel.
- ¿Qué estás diciendo sobre mi novia, hijo de puta? Ten los cojones de decirlo sin indirectas -le encaré yo.
- Joder, tío, parece que desde que es tu novia no le podemos hacer las coñas de siempre. No te puedes pasar la vida amenazando -me respondió.
- No, tienes toda la razón. En algún momento tendré que pasar de las amenazas a algo más. Me la pela lo que le dijerais cuando no era mi chica. Ahora os andáis con cuidado, que bastantes cosas os pasamos para que insinúes que es una puta.
Adri se había acercado a mí y me había abrazado un brazo:
- Gracias por defenderme, amor. Pero no quiero que os peguéis, en serio. Daniel, no voy a tolerar que unas veces te aproveches de mi forma de ser y otras lo utilices para humillarme. ¿Podemos estar de acuerdo en eso?
- Sí, Adri. Perdona, no pensé que fuera a ofenderte.
De golpe, todos nos fijamos en Laura y Pelayo, que se habían apartado un poco. Pelayo tenía a nuestra amiga con los tetones al aire, que no dejaba de manosear. Con la otra mano, la cogía suavemente del cuello para girarla hacía sí y morrearse. Ella estaba también en la gloria, sin pensar en que nos estaba mostrando sus tesoros, con una mano agarraba a su chico de la nuca, con la otra, le estrujaba la polla encima del pantalón. Cuando les llamó la atención el silencio, nos miraron, pusieron caras tímidas y nos dijeron que ya nos podíamos ir de la casa, que muchas gracias por venir y por la fiesta. Todo esto, Laura en tetas, tapadas por las manos de su chico pijo. “Cerrad la puerta cuando salgáis, chicos” y subieron por las escaleras a acabar lo que habían empezado.
- Joder. Podía follársela aquí. Lo que botan esas tetas es delicioso -dijo Diego.
Alan, Adriana, Luis y yo, nos marchamos de la casa. Los demás, dijeron que enseguida se marcharían también. Alan y Luis se fueron por su lado y nosotros nos fuimos juntos a la casa de mis padres, donde mi chica me tranquilizaría, como siempre, me diría mil palabras bonitas y me echaría uno de sus polvazos.
Estábamos apunto de dormir cuando nos llegó a ambos una notificación del chat grupal. Era un video de casi 10 minutos, enviado por Diego. Le dio al play mi novia, en su móvil. El vídeo estaba grabado en la casa de Laura. Grababa Diego, y estaban con él Daniel y Marina, riéndose mucho.
- Hola chicos. Lau y su novio pijo deben de creer que nos hemos ido todos, pero vamos a subir sigilosamente a ver qué nos encontramos.
- ¿Os imagináis que han dejado la puerta abierta y vemos cómo empotra a Laura como una perra? -decía Marina.
- Vamos a comprobarlo -dijo Daniel.
Subían sigilosos las escaleras, con risitas bobas. Arriba, buscaron la habitación de Laura. Tenía la puerta cerrada y se oía ligeramente algo. Apareció Marina en el vídeo pegando la oreja a la puerta.
- Solo se oye un poco de movimiento en la cama. No sabría decir qué hacen. Si están follando, son muy silenciosos.
Se quedaron otro rato escuchando. Se comenzó a escuchar que hablaban: “Para, para, que si sigues me corro. Qué tetas tienes…”, “¿Es tu primera cubana?”, “No, pero la primera con unas tetas así. Dios” y se escuchaban ruidos de besos y lametones.
- Le estaba haciendo una cubana, la guarrilla -dijo Marina riendo.
- Joder. La próxima vez que juguemos a la ruleta ponemos a las chicas a hacernos cubanas -susurraba Daniel.
- Uff sí. Con Marina y con Lau tiene que ser la ostia. Y Adri que lo intente con esas tetitas tan monas -añadió Diego.
Adri se llevó una mano a una de sus tetitas. Esa conversación le había generado inseguridades a la pobrecita.
- Son perfectas, mi amor. ¡Además, las tuyas no están caídas y se verán igual de preciosas dentro de 40 años! -y la besé en las mejillas, el cuello, los hombros y, por supuesto, sus dulces tetas.
Adri me acarició la cara, agradecida, aunque todavía algo tocada, y volvió a darle al play. En el vídeo se escuchaban todavía besitos y risas. Lau empezaba a soltar gemidos y a incitar a Pelayo a que siguiera.
- Ahora debe estar comiéndole el coñito, mmm… -narraba Marina.
- Joder, me estoy poniendo cachondo. Primero la tragada de lefa de Adri y ahora esto.
Este era Daniel, a quien Diego apuntaba con la cámara y se le veía frotándose la polla sobre el pantalón.
- Yo también. Esperad -dijo Marina.
Diego apuntaba la cámara hacia ella y se la veía bajándose los tirantes del vestido y sacando sus pedazo de tetas fuera.
- Venga, os dejo que me las comáis un poco.
Y Daniel se lanzó a amasarlas y a lamerle uno de los pezones. La cámara se movió de forma caótica y empezó a temblar sin mostrar nada en concreto. Diego debió lanzarse también a comerse la otra teta de Marina. Como el móvil estaba al lado de la puerta, empezamos a escuchar los ruidos de la cama contra la pared y los gemidos de Lau. Claramente, Pelayo había empezado a follarla. “Sacad las pollas fuera” se oyó decir a Marina.
La cámara volvió a enderezarse. Marina se había arrodillado, con sus melones fuera. Con una mano se acariciaba el coño por dentro de las medias, con la otra se estrujaba sus propias tetas.
- Quiero que os corráis sobre ellas.
De fondo, los gemidos iban en aumento. Daniel se había pegado a Marina, y aparecía pajeándose a toda velocidad, concentrado en las tetonas de nuestra amiga. Diego apuntó un rato hacia abajo, hacia su propia polla, que también se pajeaba.
- Rápido, chicos, que como nos pillen, nos matan -susurró Marina.
La mano de Diego temblaba. Ahora, apuntaba a Marina, que estaba colorada, parecía cercana también a su orgasmo.
- Joder, me corro, Marina -dijo de pronto Diego.
Y se acercó junto con el móvil. Ahora se veía de cerca parte de la cara de Marina y parte de sus tetas, y, en primer plano, la polla de Diego, que enseguida comenzó a escupir semen sobre el cuello y las tetas de Marina. Marina gimió.
- Aparta, que voy -dijo Dani.
Y Diego grabó cómo Daniel se corría sobre parte de la cara, el cuello y las tetas de Marina.
- Dios, te mato, os dije que en las tetas -dijo Marina, con la respiración agitada, gimiendo suavemente.
Laura empezó a correrse también a voces. Lo que, unida a la sensación del semen sobre su cuerpo, pareció precipitar el orgasmo de Marina. Diego no se perdió nada. Marina agitando su mano en su coño, con los ojos cerraditos, guapísima, gimiendo con la boca abierta.
Cuando acabó, Daniel se acercó a ella y le besó la boca, ante la sorpresa de Marina.
- Estás preciosa cuando te corres.
- ¡Gracias! -a Marina le sorprendió la muestra de cariño de Dani, que no era dado a ellas- ayúdame a levantarme, porfa.
Daniel la cogió de la mano y la ayudó a levantarse. Incluso le dio un pañuelo para que se limpiase. El vídeo se cortó mientras ella se limpiaba el semen de la cara y el cuello.
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