Familia ( De nuevo en la ciudad ) 9 parte
Nikola nunca imaginó que su vida cambiaría tan drásticamente con la llegada de una amiga inesperada. Lo que comenzó como un encuentro íntimo se transforma en un espectáculo de poder donde los límites se borran y el deseo se vuelve una cadena. Faustino no solo quiere su cuerpo, sino su obediencia total, y esta vez, la mirada de Carolina es parte del juego.
Sentado en el sofá con las piernas abiertas, acariciaba la suave melena pelirroja mientras Nikola le chupaba el glande mirándolo a los ojos. Él la miraba con una sonrisa pensando en lo mucho que le gustaba a la rusa hacerle aquello. Desde que había visto su polla hacia dos días, había perdido la cuenta de las mamadas que le habia hecho y la joven parecía no cansarse de saborearle el sexo y no perdía la oportunidad de hacerlo a la mejor ocasión.
El teléfono de Nikola comenzó a vibrar y Faustino estiró el brazo para cogerlo de la mesa de cristal y le mostró la pantalla para que viera que era una llamada de Carolina.
—Coge la llamada —le dijo a la joven ofreciéndole el teléfono.
—Hola, cielo —respondió mientras se acariciaba la cara con la polla —¿Qué tal?
—Hola, cariño. Terminé ahora de estudiar y estoy cerca de tu casa ¿Puedes quedar y tomamos algo?
—Ah, pensé que irías a casa a junto de Miguel.
—Está en casa de mis padres y ya quedé con él de vernos esta noche.
—No sabía que podrías quedar y…
—Dile que venga —le susurró el viejo.
—… Y no estoy sola, cielo —siguió diciendo.
—Ah, bueno… No pasa nada. Mañana nos vemos en el entrenamiento.
—Dice Faustino que vengas —al decirlo se sonrojó.
—¿Estás con él? —preguntó sorprendida.
—Si ¿Quieres venir?
—No. Da igual. No pasa nada.
Faustino cogió su teléfono del bolsillo y escribió un mensaje.
—Dile que lea el mensaje que le acabo de mandar —le dijo el viejo a la pelirroja.
—Me dice que leas el mensaje que te acaba de mandar.
—Espera.
Abrió el WhatsApp y vio que tenía mensaje del viejo.
Faustino: “Hola, mi zorrita. Vente para aquí que quiero follarme a Nikola delante de ti. Cuando llegues desnúdate y le vas a comer el coño mientras me chupa la polla, ¿entendido? Quiero ver cómo la haces correrse con tu boquita. No tardes.”
Después de leerlo, le contestó con un escueto “Vale. Iré. “
—Cielo, ¿sigues ahí? —le dijo a Nikola después de enviar el mensaje.
—Si, cariño.
—Voy para ahí. Ahora nos vemos.
—Vale. Hasta ahora.
Nikola se quedó extrañada de como Carolina había cambiado tan pronto de idea y miró a Faustino.
—¿Qué le puso en ese mensaje?
—Le dije que viniera. Luego ya lo verás.
Apenas habían pasado un par de minutos y sonó el timbre del portal.
—Ábrele, cariño. Deja la puerta de arriba abierta y vente para aquí —le mandó el viejo.
Carolina, a pesar de desear verlos, al llegar arriba vio la puerta arrimada y se puso nerviosa cuando entró. Al llegar al salón, le impactó aquella imagen de Nikola desnuda y el viejo agarrándole la melena con ambas manos y como le estaba follando la boca de forma profunda.
Faustino la miró y su presencia pareció excitarlo porque comenzó a moverse más rápido haciendo que la rusa sintiera arcadas.
La morena, recordando lo que le había pedido que hiciera, se quitó la camiseta y el sujetador.
—Como te gusta que te folle la boca, ¿verdad?
Incapaz de responder por tener la polla ocupándole la boca, Carolina vio como su amiga asentía con la cabeza mientras ella se terminaba de desnudar.
Ya desnuda, se acercó a ellos y arrodillándose detrás de Nikola vio en el suelo aquel charco.
—Se acaba de correr hace un momento —le dijo el viejo al darse cuenta de lo que estaba mirando —. Haz lo que te pedí.
La pelirroja gimió al sentir la boca de su amiga lamiéndole el coño.
—¡Joder! Eso es. Cómele el coño, que nunca vi a una tía comerle el coño a otra mujer.
Nikola se creía morir de la vergüenza y sus mejillas se sonrojaron al sentir cómo Faustino miraba como otra chica le comía el coño y como le hacía gemir cuando comenzó a temblar porque se iba a correr en la boca de su amiga. Agarrándose a las piernas de él lo miró con la cara desencajada por el placer.
—Eso es, bonita —le acariciaba la cara mientras ella gemía contra el amoratado glande —. Córrete en su boca. No tengas vergüenza.
Carolina se quedó mirándolos y esperaba que el viejo le dijera que podía acercarse a él. Ella también deseaba abrazarlo y poder besarlo como estaba haciendo la pelirroja pero el viejo agarró la mano de esta y los vio levantarse.
—Limpia eso, anda —le dijo a la morena señalando el suelo donde se habia corrido su amiga —. Nikola necesita que la folle en su cama. Ven cuando termines.
Los vio ir hacia la habitación y ella fue deprisa a la cocina a buscar un paño húmedo. Estaba limpiando el suelo cuando escuchó los gemidos y con rapidez limpió para poder ir junto a ellos.
La cara de placer de la pelirroja era indescriptible mientras el viejo la follaba; los ojos en blanco, la boca abierta intentando coger aire y aquellos gemidos que parecían sollozos, hicieron que Carolina se acercara a la cama y viera sus lágrimas.
—¿Estás bien, cariño? —le preguntó preocupada limpiándole la cara.
Al escucharla, Nikola la miró y se sonrojó mientras afirmaba con la cabeza.
—Claro que está bien —le dijo el viejo mientras la follaba con fuerza —¿No ves como se estremece y gime? Llora de placer y de felicidad. Llevaba un año echando de menos a su marido y se está dando cuenta que nunca nadie la follara como yo, ¿verdad, mi niña?
—Si, es verdad —Gimió —. Me duele por Alexander pero es cierto. Fólleme, por favor.
—Claro que te follo —La besó — ¿Quieres fuerte? No tengas vergüenza en decirlo porque esté ella delante.
—Hágamelo fuerte.
La morena, al ver desencajarse el rostro de Nikola cuando empezó a follarla fuerte, se preguntó si a ella también le pasaba lo mismo cuando el viejo la follaba. Solo lo había visto follar una vez y aquella vez lo viera desde la puerta embistiendo a pollazos a su madre. Ahora era diferente porque estaba ahí con ellos y podía imaginar lo que estaba sintiendo su amiga mientras veía la polla del viejo abriéndose paso en el dulce coño.
Aquella era una comunión perfecta entre dos cuerpos que se fundían en uno solo y sintió que su coño estaba celoso. Quería ser ella quien estuviera abierta de piernas recibiendo el grueso glande en su interior.
Pero ellos estaban tan entregados uno al otro que parecían ignorarla.
Excitada, se subió a la cama y pegándose al cuerpo del viejo buscó su boca.
—Bésame, cielo. Yo soy tu niña, tu zorra. Mira como me tienes de cachonda.
Desesperada, agarró la mano de Faustino y la llevó a su coño.
—Espera, cariño —Se soltó la mano y la llevó a las tetas de la pelirroja —. Mastúrbate tú. Ahora tengo que centrarme en Nikola. Mírala, se está corriendo otra vez.
Avergonzada se masturbó mirándolos sintiéndose ignorada por el viejo.
Nikola, al escuchar los gemidos de Carolina, miró hacia ella y vio que se estaba masturbando frenéticamente y tenía el coño empapado. Estiró el brazo para ayudar a su amiga y cuando Faustino vio que le estaba acariciando el coño le apartó la mano.
—Que lo haga ella sola —La miró a los ojos y de repente sacó la polla de dentro del coño y se bajó de la cama —. Está bien. Si eso queréis ahí os quedáis.
—No, por favor —Intentó agarrarlo del brazo para que no se fuera —. Sígame follando.
—Mientras te piensas que quieres, voy a follarle el culo a Carolina ¿Quieres que te lo folle, cariño? —le preguntó a la morena.
—Si pero no quiero que ella se enfade —contestó mirando a Nikola.
—Ella no se enfadará ¿Verdad, bonita? —Besó a la pelirroja y luego miró a Carolina —.Tú eres mi perrita y ella todavía tiene mucho que demostrarme. Ponte a cuatro patas, cariño.
Nikola vio como su amiga hacia lo que le pedía el viejo y se ponía en posición para que le follara el culo.
—Ábrele las nalgas y mójale el culo con saliva.
Carolina hundió la cara en la almohada al sentir las manos de su amiga separándole las nalgas y escuchar la voz del viejo.
—Mójalo bien con saliva.
La rusa llevó la mano a la boca y con los dedos llenos de saliva los pasó por el agujerito.
Faustino sonrió al ver cómo le pasaba los dedos mojados por el ano y empujó la cabeza de Nikola hacia el culo de la morena.
—Hazlo bien y déjate de deditos. Qué pasa, ¿cuándo estáis solas nunca os comisteis el culo?
Carolina suspiró al sentir la cara de la pelirroja entre las nalgas y como la boca de esta entraba en contacto con él sensible agujerito. Se avergonzó al notar la lengua lamiéndoselo ya que era algo que nunca habían hecho.
—Muy bien. Ahora ábrele bien las nalgas. Vas a ver qué culito tragón tiene esta zorrita.
Le pasó el grueso glande por el ano y Nikola miraba nerviosa.
—Pero siendo tan gordo, ¿entrará? —preguntó sorprendida.
—¿Si entrará? —Sonrió —. Este culo está más que acostumbrado a que lo folle. No te imaginas cómo se abre cuando siente mi polla —Suspiró al presionar y comenzar a penetrarlo —. Mira… Mira como se lo va tragando.
Con los ojos como platos y la boca abierta por el asombro, Nikola vio como la polla fue adentrándose en el ano y como este se abría.
Carolina gimió al notar el glande dentro de ella.
—¡Joder!
—¿Te duele, cielo? —le preguntó la rusa a su amiga.
—No… No me duele… —Gimió de nuevo —. Es… es una sensación que me encanta.
—¿Ves lo que te decía? Es increíble follar este culo.
Le dio una fuerte palmada en la nalga mientras la follaba, haciendo estremecer a la joven.
—¡Dios, cariño! Si… Dame más fuerte.
—¿No has quedado con el cornudo de tu novio después? No quiero que llegues a casa marcada.
—Da igual. Deme más fuerte, por favor.
Ver a Faustino azotándole las nalgas a su amiga mientras le follaba el culo con fuerza, hizo que Nikola se excitara. Aquella imagen de Carolina entregándose de esa forma tan animal al viejo era increíble y no podía apartar la mirada de las nalgas poniéndose rojas y con las marcas de los dedos.
—Hazlo tú también —le dijo a la rusa.
—¿!Qué!?
—Azótala, conmigo.
Nerviosa le dio una pequeña palmada en la nalga izquierda.
—Dale fuerte ¿No ves como se está retorciendo de placer?
Carolina gemía y se estremecía de placer al sentir como le estaban azotando entre los dos. La vergüenza que sentía al principio, se vio eclipsada por el placer que estaba sintiendo y los orgasmos que le estaban provocando las manos golpeando sus glúteos y la polla moviéndose cada vez más rápido en las entrañas.
—¡Dios! ¡ Si! Más fuerte… Me corro otra vez… ¡Joder! Darme más fuerte.
Se le hizo raro marchar de casa de Nikola y ver a su amiga que se quedaba con Faustino y saber que él iba a dormir con ella. Nunca había imaginado que llegaría a ver follar a su entrenadora con el viejo y mucho menos que Nikola iba a ver en directo como le follaba el culo.
¿Qué tenía ese viejo que su madre había estado apunto de separarse de su padre por culpa de él? ¿Nikola estaría dispuesta a dejar a su marido por Faustino?, se preguntaba mientras caminaba con el placer incrustado entre las piernas. Recordando como lo miraba mientras la follaba, supo que si. Su amiga había caído en el sexo adictivo con el viejo y por experiencia sabía que una vez caías en el era muy difícil salir de ahí.
Faustino salió del baño y vio a la pelirroja que lo miraba desde la cama.
—¿Le gusta más que yo? —le preguntó.
—¿Quién? ¿Carolina?
—Si.
—Las dos sois preciosas. A ella la conozco desde hace años. Me gusta follarla y ya viste que puedo hacer con ella lo que me dé la gana.
—¿Quiere follarme el culo?
—Nikola, no es necesario. Ya lo hemos hablado y me dijiste que nunca dejaste que tú marido lo hiciera a pesar de que a él le haría feliz desvirgarte el culo.
—Quiero que me lo desvirgue usted.
La joven rusa miraba a Faustino que se había dormido después de estar follando hasta la una de la madrugada. Llevando la mano atrás, se acarició la nalga y esta todavía le ardía después de los azotes que le había dado. Podia sentir las marcas de los dedos en la pálida piel. Con los dedos buscó entre las nalgas y se tocó el ano. Todavía estaba bastante dilatado y aún salían restos del semen. Se ruborizó recordando como se había corrido varias veces sintiendo como la follaba con fuerza por su hasta esa noche ano virgen.
Se acurrucó contra el pecho varonil y llevando la mano izquierda entre las piernas de él, acogió con suavidad en la palma de la mano los gordos testículos. Le encantaba dormirse así y cerró los ojos.
Al terminar el entrenamiento, a Carolina le pareció extraño que Nikola se quedara sola en la pista haciendo estiramientos.
La morena retrasó el momento de desnudarse y esperó que se fuera la última de sus compañeras para desnudarse ya que no quería que pudieran ver aquellas marcas en las nalgas.
Se estaba terminando de duchar, cuando vio llegar a la entrenadora y esta la miró sorprendida.
—Pensaba que ya te habías ido —le dijo sentándose en los bancos de madera.
—No quería que pudieran verme —Miró hacia atrás para que supiera a qué se refería y se sonrojó —¿Qué tal con Faustino?
—Bien —Se ruborizó —. No sé que tiene ese señor que…
—No es necesario que me des explicaciones —La interrumpió acercándose a donde estaba —. Sé muy bien de lo que me hablas.
Se comenzó a secar y al ver que la pelirroja seguía sentada sin desnudarse la miró.
—Cariño… ¿A ti también… y por eso no te desnudas?
Avergonzada asintió.
—Se lo pedí yo —Reconoció sonrojándose.
Carolina la hizo levantarse y la giró. Al bajarle la malla se quedó impresionada al ver aquellas marcas. Al ser su piel muy pálida, todavía se le notaban más que a ella.
—¡Joder, cariño! —Las acarició con cuidado —¿Por qué se lo pediste?
—Queria saber que se sentía —Se giró para quedar frente a su amiga —. Cielo…, quería darle lo que tú le das.
Se abrazó a Carolina con fuerza apunto de llorar y apoyó la cabeza en el hombro de ella.
—Le pedí que me desvirgara el culo —dijo mientras las lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas —. Mi esposo me lo había pedido muchas veces y nunca le dejé. Faustino no me lo había pedido y fui yo quien se lo dijo. Qué me lo desvirgara y que me azotara.
—Tranquila, cielo. Pero, ¿te arrepientes de habérselo pedido?
—No. Si estoy así, es por Alexander. Sé que si estuviera conmigo, nada de esto estaría pasando, pero está a miles de kilómetros y con Faustino estoy sintiendo cosas que nunca había sentido.
—¿Estás enamorándote de él?
—Estoy enamorándome del sexo con él, de su polla, de su forma de tratarme tan bruta y a la vez cariñosa. No sé explicarlo, cielo.
—Ay, mi niña. Te comprendo. Estás enganchada a él. Siempre lo consigue con todas. Ven, deja que te ayude a ducharte.
Con dulzura la desnudó y la llevó a las duchas. Allí la enjabonó con cuidado de no hacerle daño y Nikola se dejaba hacer mirándola agradecida. Después de lo sucedido la noche anterior, lo que más necesitaba era ternura.
Carolina la hizo apoyar las manos en la pared y arrodillándose detrás de su amiga le besó con cariño las nalgas. Con cuidado se las separó y pudo ver el ano enrojecido. Al verlo se lo besó despacio y no dudó en acariciárselo con la lengua.
Nikola se corrió sintiendo la boca de su amiga lamiéndole el ano y el coño.
Ya en el coche subidas después de haberse corrido juntas en las duchas del vestuario, Nikola encendió el motor y arrancó.
—¿Te dejo en casa? —le preguntó.
Carolina la miró y estiró el brazo para acariciarle la cara. Le sonrió.
—¿Quieres que vaya a la tuya y seguimos?
—Cielo, quedé con Faustino de pasarlo a recoger al trabajo. Pero puedes venir, a él no le importará —Le acarició la pierna al ver que su sonrisa había desaparecido —¿Quieres venir?
—No, mejor no. Miguel me estará esperando.
A Carolina le pilló por sorpresa saber que iría a buscarlo y se quedó en silencio mirando como las luces de las farolas pasaban fugaces iluminando el rostro de su amiga.
—¿Va a dormir en tu casa?
—Supongo que si, cariño —La miró —. Una de las cosas que más odiaba durante este año era dormir sola.
—¿Le pediste que durmiera contigo esta noche, o te lo pidió él?
—Se lo pedí yo —reconoció —. Pero ya sabes cómo es y me dijo que ya vería. El muy tonto se hace de rogar.
—El muy tonto, no… El muy listo. Hará que hagas lo que él desee y como premio se quedará contigo.
—Lo sé.
—¿Y harás lo que te pida para que duerma contigo?
—Todo lo que me pide o me hace me gusta.
Habían llegado a casa de Carolina y aparcó el coche en doble fila. Nikola la miró y la abrazó.
—Nunca creí que pudiera terminar gustándome estar con ese hombre, cielo.
—Sé lo que estás sintiendo, cariño.
Mientras Carolina cenaba pensativa con Miguel, Nikola, en esos momentos que su amiga pensaba en ellos, a cuatro patas en la cama, era follada con fuerza de nuevo por el ano y recibía fuertes azotes sobre sus todavía nalgas marcadas la noche anterior.
—Eso es, perrita. Creo que te has ganado que me quede a dormir contigo.
—Gracias —Gimió al sentir que se corría otra vez —. Pégueme fuerte.
(Continuará)
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