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Esclavo de mi mujer: Maribel toma la decisión

Maribel ya no es solo una esposa, sino una Ama. Con la jaula de castidad puesta y el collar al cuello, Fernando ha dejado de ser un hombre para convertirse en su propiedad. Y lo peor: sus hijas están empezando a entender lo que significa pertenecerle.

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MARIBEL TOMA LA DECISIÓN CAP 6.

Fernando estaba desnudo en la bañera, quitándose el collar y las cosas, cuando entró su Ama Maribel, para quitarle su jaula de castidad, para lavarse el pene bien, viendo como en su presencia se le ponía dura. Su tamaño, era un poco más pequeño, y eso, le hizo gracias a Maribel.

–Dentro de poco serás un mini pene, esclavo. –dijo Maribel, riéndose de risa.

–Tengo la fantasía de masturbarte con mis dedos de mis pies, como a un perro en celo que eres, cerdo. –dijo Maribel, viendo que la polla se le ponía más dura, según iba humillándolo y denigrándolo.

Maribel, enjabonó la polla de su esclavo, masturbándolo con su mano, mientras Fernando, gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

No tardó nada en correrse en sus zapatos, por lo que, cuando terminó de correrse, se puso de rodillas, lamiéndoselos y limpiándoselos como un perro en celo. La puerta del piso, se abrió para ir entrando Isabel y Elisabeth, que venían de la universidad, y que se habían encontrado en el camino.

–Date prisa, perro. –ordenó Maribel, viendo como su esclavo, lamía las suelas rápidamente hasta dejárselas limpias totalmente.

–Muy bien, esclavo. –dijo Maribel, enjabonando el pene, y terminando de que echara el semen que quedaba.

No pudo evitarlo, y se arrodilló para limpiar unas gotas de semen en el suelo y dos de sus zapatos.

–Sé que has estado experimentando con diferentes Amas en el trabajo y luego con esa otra que me has comentado que te has cruzado con ella en un semáforo, y que te descubrió, porque no parabas de babear como un perro, mirándola sus pies. –dijo Maribel.

–Luego, me han contado, que te has encontrado con Susana y que la has llevado a su casa, esclavo. –dijo Maribel.

–¿Crees que soy una estúpida, esclavo? ¿Qué vivo en la inopia, esclavo? –preguntó Maribel.

–No, mi Ama Maribel. –respondió el esclavo de rodillas, besando sus zapatos, y lamiéndoselos.

–Por todas las marcas de tu cuerpo, y oliendo a mierda tu boca y a orina junto con fluidos vaginales de mujer, está claro lo que has hecho con Susana. –dijo Maribel.

–También, he notado tu ano muy bien dilatado, o sea que te han dado por culo, como una puta zorra guarra y asquerosa, esclavo. –dijo Maribel.

–No estoy enfadada contigo, porque eres eso, una puta zorra y un esclavo guarro y asqueroso al que le gusta, que toda Ama con la que se cruza, le deje someterse. –dijo Maribel.

–No sé si he hecho bien en proponerte esta clase de juegos pervertidos, esclavo. –dijo Maribel.

–Pero, viendo que estás disfrutándolo con más mujeres, yo puedo experimentarlo con hombres, así que, tu vida va a cambiar por completo, porque me vas a limpiar mi coño lleno de semen de otro hombre, esclavo. –dijo Maribel.

–Porque tú, ya no eres un hombre para mí, esclavo. –dijo Maribel.

–Eres un esclavo vulgar y corriente como todos los demás que hay en el mundo, y como tal, te voy a tratar, cerdo asqueroso. –dijo Maribel.

Maribel, le colocó el cinturón de castidad, una vez que ya había eyaculado, tenía uno tiempo limitado antes de que se le pusiera dura, y se lo puso con calma, saliéndose del váter, y dejándolo sólo.

–Además, desde ya vas a vivir una vida de esclavitud, y me servirás, porque como te gusta tanto y te has liado con tantas Amas, no sólo del trabajo, sino con las que te encuentras por la calle, nuestra relación de pareja se ha roto, esclavo. –dijo Maribel.

–Desde ahora, vamos a mantener una relación de Ama y esclavo, por lo que, nos vamos a separar. –dijo Maribel.

–¿Lo estás entendiendo todo lo que te estoy diciendo, esclavo? –preguntó Maribel.

–Si, mi Ama Maribel. –respondió Fernando.

–Lo he entendido todo y estoy de acuerdo con usted mi Ama y dueña Maribel, soy su esclavo y su perro para satisfacerla en todo lo que desee. –respondió el esclavo, besando sus zapatos, y lamiéndoselos.

–Muy bien, esclavo. –dijo Maribel.

–Nuestro acuerdo se va a firmar en un contrato y ante un notario, y todo será mío, mientras que tú, vivirás como lo que eres un esclavo y perro sin nada. –dijo Maribel.

–Ve a vestirte que no te vean las chicas desnudo y de rodillas, esclavo. –ordenó Maribal.

–Si, mi Ama Maribel. –respondió el esclavo.

–Quiero decírselo todo a las chicas y tranquilo que, a Jorge, no le diremos nada, pero como se va marchar a vivir a su apartamento, no habrá problema ninguno. –ordenó Maribel, mientras que su esclavo iba a la habitación para vestirse y poco después aparecieron Isabel y Elisabeth.

–Hola, chicas, ¿qué tal el día? –preguntó Maribel.

–Agotador, porque nos han puesto un examen sorpresa. –dijo Elisabeth.

–¿Y a ti qué tal te ha ido? –preguntó Maribel.

–Yo he tenido que entregar un trabajo, que era difícil, no sé, si me ha salido bien. –dijo Isabel.

–Oye, te iba a preguntar algo Isabel. –dijo Maribel.

–Si, ¿El qué? –preguntó Isabel.

–No veo a tu novio desde hace unas semanas. –dijo Maribel.

–Bueno, hemos roto al final. –dijo Isabel.

–Lo siento Isabel. –respondió Maribel.

–¿Qué es lo que ha sucedido? –preguntaron ellas.

–Creo que le ha comenzado a gustar otra chica, pero realmente creo que le hizo mucho daño psicológicamente cuando Ainhoa, le hizo una mamada hasta hacerle correrse. –respondió Isabel.

Las dos se callaron, pero sabían perfectamente lo que había sucedido. En parte, era culpa de ella, porque se lo propuso para humillarlo, y darle un castigo. Isabel, lo pensó que le había gustado y que sintió tanto miedo o se asustó que decidió huir, tomando esa salida.

–¿Crees que le gustó que Ainhoa le mamara su polla? –preguntó Elisabeth.

–Al descubrir que era Eugenio, que se había feminizado, hormonándose para operarse días después, puede ser un gran golpe psicológico para él. –dijo Maribel.

–Pienso que sí, que lo descolocó tanto que se asustó e hizo que tuviese una confusión grande. –respondió Isabel.

–Parte es culpa tuya Isabel. –dijo Maribel.

–Lo sé, mama y créeme que lo lamento, pero ya no se puede hacer nada. –dijo Isabel.

–Yo, también, quiero contaros algo que es importante para vosotras porque os afecta de lleno. –dijo Maribel.

–¿Qué es? –preguntó Elisabeth.

–Yo y vuestro padre, nos hemos separado. –dijo Maribel.

–¿Y cómo ha sido eso? –preguntó Isabel.

–Pero, si os llevabais muy bien los dos, o sea que vuestro matrimonio parecía desde fuera que iba bien. –dijo Elisabeth.

–Bueno, las tres sabéis que hemos comenzado a jugar con los juegos de BDSM, por lo que, nuestra relación de marido y esposa, se ha roto por completo debido a eso. –respondió Maribel.

–Le tengo cariño, pero no lo veo ya como un hombre, ni cómo mi marido, sino como mi esclavo y perro sexual personal. –dijo Maribel.

–¿Y qué es lo que opina él de eso? –preguntó Elisabeth.

–Pues, le gusta mucho ser mi esclavo y mi perro, por lo que, hemos iniciado una relación de Ama y esclavo. –dijo Maribel.

–Y hace unos minutos que se lo he comentado, y me ha respondido que sí, que está de acuerdo en dejar de ser mi marido para ser mi esclavo y yo su Ama y dueña. –respondió Maribel.

–Ya veo que ha ido todo muy rápido. –respondió Elisabeth.

–El problema es que vivimos todos juntos, durante ciertos meses, y al separarnos, tendremos vidas separadas muy diferentes a la de antes. –dijo Maribel.

–Como venís de vez en cuando a visitarnos, no estáis notando nada, pero es algo que no se puede ocultar. –dijo Maribel.

–Si, creo que llevas toda la razón mama. –dijo Isabel.

–Mirad, si estamos en el salón, y le ordenó que se ponga de rodillas y me lama las botas, como un perro, humillándolo y denigrándolo, no creo que os guste verlo así, delante de vosotras. –dijo Maribel.

–No es muy agradable, verlo como un esclavo y perro, siendo vuestro padre. –dijo Maribel.

–Por lo que, tenéis que volver a compartir piso como hace unos meses, y que, si venís a casa, veréis tanto a mi como a vuestro padre como Ama y esclavo. –dijo Maribel.

–Entendemos. –dijeron las dos.

–¿Y esto lo sabe Ainhoa y Jorge? –preguntó Elisabeth.

–Sabe que nos estamos separando, pero se va a vivir a su apartamento. –dijo Maribel.

–Sobre Ainhoa, ella sabe que vuestro padre ahora es mi esclavo y mi perro, porque el otro día se lo mencioné como a vosotras algo del tema, pero no de esta manera. –dijo Maribel.

–¿Y hasta cuándo has llegado con tu esclavo? –preguntó Isabel.

–Le estoy humillando y denigrándolo, diariamente, haciéndole muchas perrerías, de las cuales, disfruta y le gustan mucho. –respondió Maribel.

–Fijaros que antes cuando vino Ainhoa, sabía que le gustaban los pies de las mujeres, pero tuve una mini sesión, y me estuvo lamiendo los pies, y la verdad que me gustó mucho. –dijo Maribel.

–Fue cuando decidí, en decírselo a vuestro padre, para saber si le podría gustar o no que me lamiese y chupase mis pies todos los días. –dijo Maribel.

–¿Qué es lo que sucedió? ¿Por qué habéis ido tan rápido? –preguntó Elisabeth.

–Pues, a tú padre le comenzó a gustar muchísimo y yo poco a poco me comenzó a gustar, y fuimos profundizando tanto que, en unos días, se volvió muy intenso todo. –dijo Maribel.

–Luego, además ha estado sirviendo su esclavo a varias compañeras de su trabajo y hasta se ha dejado someter por una mujer negra, que se cruzó con ella en el semáforo. –dijo Maribel.

–Viéndolo todo, he dejado de sentir sentimientos como mujer, y lo veo como un vulgar y corriente esclavo más, al que debo de adiestrar y domar. –dijo Maribel.

–Jo… mama, hablas como una Ama profesional, y eso que llevas unas semanas o unos días, no sé cuándo comenzasteis con el BDSM. –dijo Isabel.

–La verdad que sí, he hecho de todo tipo de humillaciones y denigraciones extremas posibles con vuestro padre. –dijo Maribel.

–No me imagino hasta que extremo. –dijo Elisabeth.

–Pues, lo he adiestrado como un perro, lo he dado de comer como tal, lo he paseado por la calle con collar y cadena. –dijo Maribel.

–Lo he escupido en la cara y en la boca, ha comido los restos de mi comida y hasta le he meado en su boca como por su cara y en su cuerpo. –dijo Maribel, mientras que las hijas, se quedaba sorprendidas.

–Le he dado con la zapatilla en su culo, marcándolo muy bien, y le he dado latigazos con una correa mía, y con un látigo verdadero. –dijo Maribel.

–Luego, lo he humillado delante de mis amigas, como Susana y el resto que vamos hacer una fiesta y nos lo vamos a pasar bien con él, humillándolo y denigrándolo. –dijo Maribel.

–Joder… has hecho de todo con él, mama. –dijo Isabel.

–Y luego, le he cagado en su boca y en el suelo, haciéndosela comer. –dijo Maribel.

–De hecho, todas las mañanas y noches, se come mi mierda, por lo que, he dejado de verlo como un hombre, y para mí, es un perro, un esclavo y un gusano de mierda, que me da asco, acostarme con él. –dijo Maribel.

–Una cosa que he hecho es ponerle un cinturón de castidad, el más pequeño que encontré, poniéndole hielo para que su micropene de mierda, se meta al máximo. –dijo Maribel.

–¿Y cómo se satisface sexualmente? –preguntó Elisabeth.

–¿No lo adivináis? –preguntó Maribel, yendo a su habitación, mientras que su esclavo salía saludando a sus hijas para ir al salón.

–Con esto, me lo follo todas noches y todas las mañanas, por lo que ya tiene su culo bien abierto como una puta zorra, y gime de placer como tal. –dijo Maribel.

La verdad que la vida de sus padres, había cambiado completamente, por lo que se quedaron muy sorprendidas al escucharlo así tan abiertamente con ella.

–Además, os he pillado a la tres y he visto cómo Jorge os follaba tanto la boca un día como otro día os follaba vuestro sucio coño y vuestro ano, como putas esclavas de mierda. –dijo Maribel, poniendo las cartas sobre la mesa.

Esto, hizo que se pusiesen rojas sus mejillas, avergonzándose de que se hubiese enterado.

–Lo sentimos, mama. –dijo Isabel.

–No lo volveremos hacer y hemos aprendido la lección. –dijo Elisabeth.

–Ya, eso me decís ahora, pero lo que habéis hecho, no está bien y a Jorge, se lo he dicho, por lo que es una de las razones por las que se va de la casa. –dijo Maribel.

–La verdad que estaba muy excitada y muy cachonda, por lo que me metí en la ducha con Elisabeth, y debido a que estoy a dos velas, sin sexo, comenzamos a besarnos y comencé a lamerle su coño y luego, ella a mí. –dijo Isabel.

–Nos escuchó Jorge, y sucedió de esa manera. –dijo Elisabeth.

–La culpa en parte fue mía, pero es verdad que Elisabeth, me siguió el juego. –dijo Isabel.

–Ya, lo sé, pero he decidido que lo mejor es que cada una mantenga una distancia, porque si os quedáis vais a ver a un esclavo y a una Ama, y no a vuestros padres, y como está feo –dijo Maribel.

–Además, viéndoos a las dos tan sumisas y obedientes con Jorge, y habiendo probado la jaula de esclavos, creo que os va el tema de ser esclavas. –dijo Maribel.

Las dos callaban, guardando silencio, y un poco avergonzadas con las mejillas coloradas.

–¿O me equivoco? –preguntó Maribel, mientras que, tanto Elisabeth como Isabel, guardaban silencio avergonzadas.

–Quién calla otorga. –dijo Maribel.

–Pues, ya está todo dicho. –dijo Maribel.

–No os estoy echando, que os quede claro. –dijo Maribel.

–Pero, os quiero decir que cuando vengáis a mi casa, veréis a vuestro padre desnudo a cuatro patas con un collar al cuello, como un perro y un esclavo. –dijo Maribel.

–Y estaré jugando y divirtiéndome con él siendo su Ama. –dijo Maribel.

–Y desde ahora os quiero más participativas en casa, ¿Me habéis entendido? –preguntó Maribel.

–Si, te hemos entendido las dos. –dijo Elisabeth, aunque estaban un poco coloradas y avergonzadas, porque no esperaban que su madre, supiese sus gustos sexuales, que habían comenzado a sentir y a explorar.

–Poneos algo más ligeritas, y venid a la cocina que os voy dar cosas que hacer, porque eso de tumbarse viendo la televisión, mientras yo estoy cocinando, se ha terminado. –dijo Maribel.

Tanto, Elisabeth como Isabel, se fueron a su habitación y se pusieron un pijama ligerito como había ordenado su madre y obedeciéndola.

Maribel, estuvo esperándolas en el salón, cuando ellas llegaron.

–Tú, ve al armario y coge la mopa, la escoba y limpia la habitación, y tú, vas a ir a fregar el baño. –ordenó su madre.

–Cuando terminéis, os quiero en la cocina, y tu inútil, ve a por el pan y a comprar la lista que te he dejado. –ordenó Maribel, mirando a su esclavo.

Éste se levantó y se puso de rodillas para besar sus zapatillas de casa, repetidamente.

–Si, mi Ama Maribel. –respondió el esclavo, para levantarse e irse a comprar, mientras que las hijas se quedaron sorprendidas y alucinadas, pero obedecieron a su madre por el bien que les traía.

En ese momento, llegó Ainhoa, que la vio en la cocina, pero la miró con una cara, que dio miedo.

–¿Qué ha sucedido mama? –preguntó Ainhoa.

–Nada, que he roto con tu padre, nos vamos a separar, pero desde ahora, seré su Ama y él será mi esclavo. –respondió Maribel.

–¡Ponte, una ropa ligerita y ve a mi habitación y comienza a limpiarla! –ordenó Maribel, mirándola a Ainhoa que la intimidó, bajando la mirada.

–Muy bien, así me gusta que me reconozcas lo que eres Ainhoa. –dijo Maribel.

–¿Qué se dice Ainhoa detrás después de desviar la mirada? –preguntó Maribel, quedándosela mirando fijamente.

–¿Qué eres Ainhoa? –preguntó Maribel.

–Soy una esclava y perra sexual blanca mi Ama Maribel. –respondió Ainhoa.

–Pues, arrodíllate como la esclava que eres, puta zorra de mierda. –ordenó Maribel.

–Si, mi Ama. –respondió Ainhoa.

–Muy bien, así me gusta, esclava. –respondió Maribel.

Ainhoa se puso de rodillas, y se puso a besar sus zapatillas, comenzando a lamérselas, levantando ella la suela, disfrutando cómo la estaba dominando con unas simple frases.

–Así, muy bien, esclava. –dijo Maribel.

–¿Cuánto llevas sin Ama, esclava? –preguntó Maribel.

–Desde el mes de verano, mi Ama. –respondió Ainhoa.

–Pasar de tener varias amigas que eran tus Amas, siendo humillada y denigrada a todas horas, a pasar a no tener a ninguna, debe de ser muy difícil para ti. –dijo Maribel.

Maribel dejó caer su bailarina al suelo, dejando el pie en vertical.

–Mete la nariz entre mi pie y entre mi bailarina, y respira el olor de los pies de tu Ama, esclava. –ordenó Maribel, viendo como la obedecía toda cachonda perdida y muy excitada.

–Desde ahora, te voy a tratar como la puta zorra de mierda que eres, perra. –dijo Maribel.

–Me vas a llamar Ama, y desde luego, te quiero ver desnuda con el collar y las anillas, que te he comprado, esclava. –ordenó Maribel.

–Si, mi Ama, como me ordene. –respondió Ainhoa, respirando su olor, y quedando con su nariz metida, respirando profundamente.

–Si, mi Ama, muchas gracias. –respondía Ainhoa, excitada perdida como una perra en celo, porque llevaba tiempo sin jugar y se notaba que estaba muy caliente.

Maribel, se sonrió, dándose cuenta que había salido a la parte masculina, una puta esclava sexual, que era, y como tal, la iba a tratar. Ainhoa, respiraba su olor, impregnando su olor por su nariz, llegando hasta su cerebro, grabándolo en él.

Pero, Maribel mientras cocinaba, dejaba como su esclava, respiraba el olor de sus pies, y de sus bailarinas durante un buen rato, turnándose los pies, volviendo a hablar nuevamente.

–¡Lame mis plantas y saborearlas, y detrás me chupas los dedos y me limpias la suciedad que tenga, esclava! –ordenó Maribel.

–Si, mi Ama. –respondió la esclava, pasando la lengua desde el talón hasta los dedos, una vez y otra hasta completar su planta para terminar metiendo la lengua entre sus dedos, limpiando la suciedad que había entre sus dedos.

Detrás fue chupando cada dedo de sus pies, disfrutándolo su Ama, y suspirando de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –suspiraba de placer y de gusto. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –suspiraba de placer y de gusto.

–Venga, desnúdate y vete a tu habitación, esclava. –ordenó Maribel.

Sin embargo, cuando se desnudó y volvió a ponerse de rodillas y le ordenó ponerse con el culo en pompa. Y Maribel, comenzó a darle zapatillazos con la bailarina en su culo, haciéndola gemir de dolor, excitada y cachonda perdida. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Comienza a contarlo, esclava. –ordenó Maribel.

–¡Zas, Zas! –¡Uno, dos mi Ama Maribel! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Maribe! –decía la esclava.

–¡Zas, Zas! –¡Tres, cuatro mi Ama Maribel! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Maribe! –decía la esclava.

–¡Zas, Zas! –¡Cinco, seis mi Ama Maribel! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Maribe! –decía la esclava.

–¡Zas, Zas! –¡Siete, ocho mi Ama Maribel! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Maribe! –decía la esclava.

–¡Zas, Zas! –¡Nueve, diez mi Ama Maribel! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Maribe! –decía la esclava.

Estuvo hasta que le dio unos 25 zapatillazos, poniéndola a 100%, que no pudo evitarlo, y se corrió como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Ainhoa estaba tan feliz de correrse, porque las inyecciones experimentales de su Ama Belén, le habían convertido en una chica plena, por lo que se puso a besar sus pies y a lamérselos mostrando respecto, obediencia y sumisión.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Maribel, escupiéndola un gran escupitinajo de saliva que le cayó dentro de su boca y parte por su cara.

–Mantén la boca abierta, y no te la tragues, esclava. –ordenó Maribel, que iba comiendo cosas de la comida que estaba haciendo y se la escupía en la boca comida masticada, y escupiéndosela en el suelo, saliendo a por ella para comerla como una perra y lamer el suelo donde había caído.

–Me encanta tu sumisión y entrega, esclava. –dijo Maribel.

–Se nota que este verano te han domado y adiestrado muy bien, esclava. –dijo Maribel.

No lo sabían, pero sus hermanas habían acabado de limpia su habitación y el baño y habían ido a la cocina para decírselo, pillándolas por sorpresa, y durante un buen rato, se excitaron y se pusieron cachondas perdidas. Pero, como estaban de espaldas, no las vio.

–¡Ponte delante de mi vagina y abre la boca, esclava! –ordenó Maribel.

–Si, mi Ama Maribel. –respondió la esclava, pero Maribel, se puso a darle bofetadas fuertes, haciéndola que se pusiera a llorar, no soportando el dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Esto es para que te des cuenta, que sólo hablarás cuando te lo ordene, esclava. –dijo Maribel.

Pero, cómo no reaccionaba, le dio otro par más. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Maribel, viendo como su esclava la abría para acercarse a su boca y con una mano cogerla de la cabeza y restregarse su vagina, mientras que, la esclava comenzaba a lamerle su vaginal, saboreando sus fluidos vaginales, y haciéndola gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Comenzando a correrse, mientras que, la esclava se lo iba tragando todo, saliéndosele sus fluidos por la boca y chorreando por su cuerpo. Pero, lamía su vagina con mucho placer, notándola como le gustaba. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Prepárate, esclava. –dijo Maribel, comenzando a mearse en su boca, viendo como se tragaba toda su orina hasta que se alejó un poco y la meo por la cara por encima de sus pechos y por encima de su cabeza, escurriéndose la orina por encima de todo su cuerpo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Ahora, límpiame la vagina, esclava. –ordenó Maribel viendo como su esclava lamía y limpiaba su vagina, dejándola completamente limpia.

–Mira como está el suelo, y mis pies, límpiamelos, esclava. –ordenó Maribel viendo que su esclava, comenzaba a limpiarle los pies las gotas de su orina y continuar a lamer el suelo, según iba dejándolo limpio.

Todo lo que habían visto, las había dejado muy impactadas y muy excitada y cachondas perdidas. Tanto que se fueron, coloradas, y con las bragas mojadas, por lo que no sabían lo que hacer, ni Elisabeth, ni Isabel.

Sin embargo, Ainhoa terminaba de limpiar el suelo, y Maribel la estaba supervisando todo el rato.

–Ve a la habitación y pone las cosas, esclava. –ordenó Maribel.

–Hoy vas a comer en el suelo como una perra que eres, esclava. –dijo Maribel, viendo como besaba sus pies, repetidamente para irse a cuatro patas, desnuda, viendo los pies de sus hermanas, pero no les dijo nada. Sólo, les besos los pies y se fue a su habitación, dejándolas locas por verla tan sumisa y obediente.

Sin embargo, cuando besó sus pies, las excitó y estaban como si no supieran lo que debían de hacer, así que fueron a la cocina cogiendo algo de valor.

–Ya hemos terminado. –dijeron las dos.

–Vale, muy bien. –dijo Maribel.

–Vamos a ir, llevando la comida, que vuestro padre, y mi esclavo, no tardará en llegar de comprar. –dijo Maribel.

–Id poniendo la mesa. –ordenó Maribel, viendo como las dos la obedecían sin rechistar en absoluto. Mientras que, Maribel fue al baño para lavarse las manos, y ver como estaba su esclava, la cual veía que se ponía las anillas, las pulseras, el brazalete, lo anillos y el collar en el cuello.

Maribel, fue a la cocina, viendo a su esclavo, dejar las cosas, para volverle a hablar.

–Desnúdate y me sigues a cuatro patas, esclavo. –ordenó Maribel, mientras que sus Elisabeth e Isabel, llevaban las cosas de la cocina y lo escucharon.

No sabían si estaban en una película de ciencia ficción o qué, pero alucinaban, pero increíblemente, estaban muy excitas y cachondas perdidas, y no podían evitarlo, ya que tenían una mancha en sus bragas que se calaba en sus pantaloncitos, viéndoselos su madre.

Fernando, se desnudó y le hizo una reverencia mostrando su respeto, obediencia y sumisión, cogiendo de su cadena, y tirando de su collar, haciéndola seguirla como un perro.

–Muy bien, así me gusta, esclavo. –dijo Maribel, sentándose en la silla para comenzar a comer, mientras que su esclavo estaba a su lado, esperando que le diese de comer. De vez en cuando le tiraba comida masticada al suelo, y se la escupía en la boca, mientras que, éste disfrutaba comiéndosela.

Tanto Elisabeth como Isabel, estaban sentadas, flipando y alucinando, pero mojando sus bragas completamente. Mientras ambas, comían. En ese momento, entró Ainhoa que iba desnuda de rodillas con un collar como si fuese una perra hasta ponerse al otro lado de su Ama, besándola los pies.

–Ahora te doy de comer, esclava. –dijo Maribel, masticando comida y tirándosela al suelo un poco más lejos, mientras la hacía ir a por ella como si fuese una perra normal y corriente.

Detrás de un rato, les dio de comer su comida masticada y los restos del plato los puso en el suelo para que ambos los lamiesen y comiesen como perros fieles y obedientes.

Pero, quedaba un poco más de emoción, porque los restos de su comida lo echó a su esclavo, para que se los comiese y lamiese el plato como un buen perro. Sin embargo, los restos de los platos de Elisabeth y de Isabel, los cogió.

–¿Habéis terminado? –preguntó Maribel.

–Si. –respondieron ellas, viendo como dejaba los platos en el suelo para que su esclava, se lo comiese todo, y lamiese los dos platos.

–Así me gusta, esclavos. –dijo Maribel.

–Tú inútil ve a la habitación y coge eso y ve a la terraza, esclavo. –ordenó Maribel, viendo como se iba y volvía con un arnés en la boca con una polla negra descomunal.

Se levantó lo cogió de su boca, porque su perro se lo dejó como si fuese su Ama, y se lo puso, que inmediatamente, se puso con el culo en pompa, viéndosele los huevos hinchados con un cinturón de castidad, se echó lubricante y se la metió completamente, pegando unos gemidos de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Mientras, le tiraba de la cadena, arqueándosele la espalda, gemía como una puta zorra, y escucharlo, la excitaba, quedándose sus hijas, sin palabras.

–Vamos, esclavo. –dijo Maribel.

–Dime si te gusta y cómo lo estás disfrutándolo, como una puta zorra que eres, esclavo. –ordenó Maribel. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Si, mi Ama Maribel. –respondió el esclavo, con gemidos de dolor y de placer.

–Me gusta muchísimo, mi Ama Maribel, muchas gracias mi Ama Maribel. –dijo el esclavo.

–Silencio, esclavo. –ordenó Maribel, comenzando a darle latigazos en su espalda, haciendo que sonasen sus latigazos, como chasquidos rítmicos que iban sucediéndose, uno detrás de otro hasta que provocaron que se corriese sin tocarse su mini pene, por lo que soltó un chorreón de semen en el suelo que no paraba de salir de su cinturón de castidad. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Pero, Maribel, seguía dándole por el culo, abriéndoselo bien, y enseñándole quién mandaba ahora en casa. No pudieron evitarlo, y tanto Elisabeth como Isabel, se corrieron sin pretenderlo mojando sus pantalones, mostrando una gran macha producidos por sus fluidos.

Se fueron a sus habitaciones para cambiarse y al baño para limpiarse bien, mientras que su madre estaba follando a su esclavo, que era su padre. Toda una locura, pero volvieron para ir recogiendo las cosas de la mesa, pero no podían evitar de volverse a ponerse calientes, chorreando liquido vaginal tanto la una como la otra.

–Bueno, parece que os tenéis que ir hacer la tarea, y habéis limpiado la mesa. –dijo Maribel.

–Muy bien. –dijo ella.

Tenían que hacer los trabajos y estudiar, pero era difícil de hacer cuando habían visto todo eso. Estaban viendo cómo terminaba su madre de follar el culo de su esclavo, y veían como comenzaba a lamer su propio semen del suelo o como lo restregaba con sus pies, y éste, se lo lamía como un perro.

Sus hijas lo vieron, porque se habían quedado hasta que terminó, y éstas, se marcharon a la cocina. Mientras que, al esclavo lo mandó meterse dentro de su jaula de esclavo.

–Ahora, te toca, esclava. –dijo Maribel, viendo como su esclava iba y besaba sus pies y se los lamía.

–Venga a cuatro patas como te gusta, esclava. –ordenó Maribel.

–No querías ser mujer, pues ya lo eres, así que ahora, tienes que asumir no sólo lo que eres, sino para qué sirves, esclava. –dijo Maribel, hincándosela completamente y haciéndola gemir de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Maribel no sólo la follaba, si no que le daba con el látigo, marcándola una y otra vez mientras gemía de dolor y de placer, no tardando en correrse como una puta zorra que era. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Maribel, tiraba de su cadena, arqueándosele su espalda, e hincándosela bien, hasta hacerla gemir de dolor, abriéndola bien su vagina ante esa gran polla negra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Estuvo así, durante un buen rato, haciendo que soltara varias veces sus fluidos vaginales, y que tuviese varias squirts, que la enloquecían, dándose cuenta su Ama, que era la primera vez que sentía todo eso, y lo estaba disfrutando como una puta zorra esclava de mierda que es. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Cuando ya la dejó totalmente domada y sometida, se quedó en el suelo, jadeando como una perra en celo, ya usada. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Me ha encantado, esclava. –dijo Maribel.

–Comienza a lamer el suelo, déjalo todo limpio para luego irte a tu habitación para estudia, esclava. –ordenó Maribel.

Ainhoa, estuvo lamiendo el suelo y sus pies, mostrando su agradecimiento por la humillación y la denigración de su Ama, para irse a su habitación y meterse dentro. Sus hermanas, habían estado limpiando la cocina, los cacharros y se fueron a su habitación, quedándose Maribel, descansando, mientras, veía la televisión.

Al final, había sido un día excepcional y muy provechoso, que había disfrutado mucho, teniendo dos sesiones de BDSM con sus esclavos. Mientras, hablaba por teléfono con su amiga Susana.