Susana siente la necesidad de ser humillada
Clara siempre tuvo el control, pero esta vez la lección incluye a su mejor amiga. Susana creía conocer a Clara, pero la noche que las detuvieron reveló un secreto que enciende más que apaga. Ahora, Susana no puede mirar a su amiga sin ver a la Ama, y el castigo de la esclava se convierte en su propia tentación.
La noche había sido dura para las chicas, y más aún para Marta, la esclava de Clara, que no la había dejado hacer pis. Por la mañana, habían llamado a sus familiares más cercanos como sus padres para que pagarán la fianza.
Habían sido muy cabrones los policías y el juez de guardia, porque las habían detenido por ir Marta desnuda, conduciendo un coche que no era suyo. Pero, por darles una lección, les dejaron dormir la mona en los calabozos y les pusieron una multa.
Los padres, se cabrearon y desde luego, estuvieron riñendo a sus hijas, pero no pasó de ahí. Cada una se fue con sus padres, incluida Marta. En cambio, Clara estaba enfadada y molesta, porque no le daban su coche.
Tenía que pagar una multa, porque ella era la propietaria del coche, y aunque fuese un coche de segunda mano, que no valía mucho. Esa multa le picaba el bolsillo, por lo que estaba ideando un plan para que le saliese gratis.
–Sí, mamá. –dijo Clara.
–Estoy bien, lo que sucede que no me dejan sacar el coche. –dijo Clara.
–Pero, si no conducías tú, hija mía, ¿Por qué te castigan así? –preguntó madre.
–No sé, mamá. –respondió Clara.
–La ley es así, aunque iba conduciendo mi amiga Marta, que no había bebido, pero nosotras sí, les da igual. –dijo Clara.
–Nos pararon y nos hicieron el control de alcoholemia y nos dio positivo, y estando contentillas, dijimos alguna cosa, y no les gustó. –dijo Clara.
–Bueno, hija, ¿Quieres que te envíe el dinero para la fianza del coche? –preguntó su madre.
–Claro, mamá y gracias. –respondió Clara, colgando el teléfono, algo molesta y enfadada.
Les había escrito su teléfono en un papel y se lo había dado tanto a Isabel como a Sonia, dándole un toche cada una y diciendo de quien era cada número.
–Hola, puta zorra. –dijo Clara, a través del móvil en la puerta de la comisaria, aunque alejada para que no se escuchara.
–Hola, mi Ama. –respondió Isabel.
–¿En qué puedo servirla mi Ama? –preguntó Isabel, excitada y emocionada, y poniéndose más cachonda perdida.
Isabel había salido de su turno, y estaba en las duchas, saliendo por la puerta, cuando recibió la llamada.
–Mira, puta estúpida. –respondió Clara.
–Tú no hablas sin que te pregunten, esclava. –dijo Clara
–O sea, que no te atrevas a preguntarme nunca más nada, estúpida de mierda. –dijo Clara.
–¿Me has entendido, puta cerda de mierda? –preguntó Clara.
–Si, mi Ama, la he entendido y le pido perdón. –respondió Isabel, que estaba con Sonia.
–Voy al depósito y quiero que pagues la multa de mi coche, esclava. –dijo Clara.
–Así que pagadlo y cuando lo hagáis, os quiero aquí de rodillas a mis pies, y dile a la inútil de tu amiga que venga, también. –ordenó Clara.
–Si, mi Ama. –respondió Isabel, yendo a pagar en el depósito la multa del coche para poder sacarlo del aparcamiento de la policía.
Clara se fue al depósito para esperar a sus esclavas, y en pocos minutos, llegaron ambas. Habían salido del turno de su trabajo, algo cansadas y necesitando descansar.
–Hola, mi Ama. –dijeron ambas, arrodillándose ante ella, y besar sus zapatos como humildes perras en celo.
–Muy bien, así me gusta, esclavas. –respondió Clara, mientras dejaba que le besaran sus zapatos, y haber un asiento al lado, se sentó, dejando que tanto Isabel como Sonia, lamieran la suela de sus zapatos, limpiándoselas.
–Ya es suficiente, esclavas. –dijo Clara, quitándose la correa y doblándola, comenzó a darles azotes en sus traseros, pegando varios gemidos de dolor, comenzando a sentir placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Hasta que después de darles unos 25 correazos en sus culos, soltando sus fluidos vaginales, manchándose sus medias y sus faldas, gimiendo de placer, las dos putas zorras, se corrieron de placer, sintiendo cada latigazo de su correa. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
–Ya podéis iros a vuestra puta casa, y ya os diré cómo vestiros y que llevar puesto, esclavas. –dijo Clara.
–Si, mi Ama, muchas gracias. –respondieron las dos, jadeando de placer, y de dolor.
Las dos se fueron caminando, pensando en las palabras de su Ama. No sabían lo que iba a ordenarles o cómo iban a ir vestidas, estando algo nerviosas y alteradas por esos momentos de excitación, notándose las manchas de sus fluidos vaginales en sus piernas y en sus faldas, sintiéndose muy cerdas y asquerosas.
Clara se subió en el coche, una vez que el encargado lo sacaba a la puerta del depósito de la policía. En pocos minutos, llegó a su casa, encontrándose en casa con Susana, la cual, estaba mirando la televisión.
–Hola, ¿Ya te han dejado sacar el coche? –preguntó Susana.
–Hola, Susana. –respondió Clara.
–Sí, ya me lo has dado. –dijo Clara, dejando sus cosas y tumbándose en el sofá, mientras se descalzaba y se ponía cómoda, estirando los dedos de sus pies y moviéndolos, mientras veía la televisión.
–Guay, estupendo, Clara. –dijo Susana, mirando sus bonitos pies con disimulo.
–Han sido muchas emociones desde ayer. –dijo Susana.
–Ya, no me imaginé que todo se complicase tanto. –respondió Clara.
–Pero, mira el lado bueno, he sometido a dos putas zorras de mierda, y me han pagado la fianza del coche, así que, me ha salido redondo. –dijo Clara.
–Pues, sí. –dijo Susana, haciéndose un silencio.
–Oye, puta zorra. –dijo Clara, usando el teléfono móvil en mano.
–Si, mi Ama. –respondió Marta.
–Por tu culpa, nos detuvieron, así que ya sabes el castigo que te espera, esclava. –dijo Clara, mientras Marta tragaba saliva, y Susana, escuchando la conversación, se excitase, mirándola y observando sus pies como se movían.
No entendía lo que sucedía, pero desde el día anterior cuando conocieron a Marta, su vida y la de sus compañeras, había cambiado. A Susana, le daba morbo, excitación y también, sentía mucha vergüenza y tenía miedo de decírselo a su compañera de la facultad.
La conocía desde la infancia, y estudiaron juntas en la facultad, siendo compañeras. Lo que sucedía era que Clara, había mantenido en secreto desde hacía un año y medio, que era Ama dominante y que tenía una esclava sexual.
Otra cosa era que era amiga de ambas de la infancia, por lo que la descolocaba, pero como Clara y sus amigas como Laura, Begoña, Mónica, la trataban con un objeto y como una mascota sin opinión ni derechos.
Había aceptado rol de sumisa, y desde esa tarde, había dejado de ser su amiga, porque en presencia de Clara y de las demás, Marta era llamada esclava, puta zorra, cerda asquerosa, gusana inmunda…
Todo eso, le había parecido impactante, y extraño, pero había comenzado a excitarse y a ponerse muy cachonda al ver todas esas cosas sexuales. Mucho más de lo que se había imaginado, pensando que quizás le gusta también como a Marta ser humillada y denigrada de manera tan salvaje.
Era muy confuso, pero tampoco había que dramatizar, mientras Clara hablaba por teléfono con su esclava, humillándola verbalmente. No sabía el motivo, pero no había dejado de mirarle sus pies, moviéndose mientras su compañera de piso charlaba por teléfono hasta que colgó, retirando su mirada.
–Al final, nos han jodido el fin de semana. –dijo Susana.
–Bueno, tan malo no ha sido, porque hemos tenido la posibilidad de tener la experiencia de ver el sometimiento, la humillación y la denigración de dos mujeres que ahora se han convertido en dos esclavas sexuales. –respondió Clara.
–Si, eso es verdad. –dijo Susana.
–¿Qué te ha parecido? –preguntó Clara.
–Pues, si te dijo la verdad, me ha impresionado mucho. –respondió Susana.
–Jamás, me había imaginado nada parecido, y sobre Marta, no me lo esperaba. –dijo Susana.
–¿Y cómo te has sentido? –preguntó Clara.
–Pues, me he excitado y me he puesto cachonda perdida al igual que las demás, pero contrariada y confusa si eso estaba bien o no. –dijo Susana.
–Entiendo, que la primera impresión fue impactante. –respondió Clara.
–Pero, es algo que ha surgido desde un año y medio, y lo mantenía en secreto, y quería habértelo contado antes. –dijo Clara.
–No sabía que efectos puede tener en ti y en las demás, haberlo visto de sopetón y con tanta intensidad. –dijo Clara.
–Ya es verdad, tienes razón. –respondió Susana.
–Pero, desde ayer, mi esclava va a formar parte de mi vida. –dijo Clara.
–¿En que sentido lo dices? ¿Es que, ya no forma parte de tu vida desde durante todo este tiempo? –preguntó Susana.
–Si, lo formaba, pero estaba oculta, quedando a escondidas y delante de vosotras, seguía siendo una amiga más como vosotras, pero ahora ya no lo será. –respondió Clara.
–Me explico, si viene porque la llamo, actuara como mi esclava, yendo desnuda y con su collar, y así, la trataré en vuestra presencia, y no como antes. –dijo Clara.
–Entiendo, vale. –respondió Susana.
–Te lo digo, porque si te crea alguna ofensa o dificultad, por si quieres pensártelo y si decides irte a otro lado a vivir, lo aceptaré, no hay problema. –dijo Clara.
–No te preocupes, no me molesta, y no interferiré en tu relación con Marta. –respondió Susana.
–Vale, genial. –dijo Clara, cogiendo el mando de la televisión para hacer zapping, pasando los canales, mientras que Susana, se quedaba mirando a la televisión, pero miraba con disimulo a sus pies, para levantarse e irse a la habitación para acostarse.
La cabeza le daba vueltas a todo, y no sabía que pensar con lo que había dicho Clara. –¿Significaba que iría más a menudo a casa? –se preguntaba. –¿Y por qué había comenzado a sentir esa sensación extraña? –se preguntaba Susana.
–¿Por qué había estado mirando sus pies en la celda, viendo como Marta le lamía y chupaba sus pies con una devoción tan increíble que no lo entendía? –se preguntaba Susana.
Ahora, la había estado observando sus pies, cómo movía sus dedos, y sus tobillos, ya que, al llevar sus zapatos de tacón altos, le debían de doler. Por otra parte, había sentido el olor profundo de sus pies como otras muchas veces lo había lo había olido.
Sin embargo, ahora tenía un significado distinto que antes no le daba tanta importancia. Antes, el olor le molestaba y alguna vez en el pasado se lo había dicho, pero ahora, no.
Disfrutaba muchísimo, viendo sus pies, oliéndoselos a esa distancia, y la ponía en una situación extraña y confusa, excitándose y no sabiendo lo que podía hacer.
No sabía lo que le sucedía, y tenía mucho miedo de contárselo a su amiga, porque antes cuando era su amiga y compañera, se lo decía todo. Y eso era inversamente, proporcional.
Sin embargo, ahora siendo una Ama dominante, y viendo lo que había visto, no estaba asustada, pero sentía un mayor respeto hacia ella. Por otro lado, era algo excitante y morboso, porque cuando Clara se iba a la cocina o al baño o a su habitación, no solía ir en zapatillas de casa, sino descalza.
De esa manera, se le ensuciaban las plantas de sus pies, y cuando salía, poniéndose unas bailarinas u otro calzado, se mezclaba ese olor profundo y característico que había olido de siempre desde que eran compañeras de piso.
Pero, ahora, se excitaba no sólo al vérselos sino al olerlos, y era algo que no sabía el motivo o la razón. Vivían y compartían piso, por lo que, las tareas de la casa las hacían a mitad.
O eso, era al menos lo que Susana pensaba, porque no lo sabía. Cuando no estaba en casa, venía su esclava Marta, y hacía su parte, dejando a Susana, hacer la suya.
Pero, al descubrirse su secreto, Clara llamaba por teléfono a su esclava para que viniese estando ella delante o no, le daba igual. Y claro, los días pasaban, y ver a Marta desnuda con el calor que hacía, con los pechos duros, erectos al sentirse observaba por ella y por Clara, llevando unas anillas en cada pezón, junto con un brazalete, unas pulseras y unos anillos. Sin contar, su collar del que colgaba su cadena, era mortal.
Además, Clara era de las de antes, no tenían aire acondicionado, así que, al hacer tanto calor, su esclava estaba bien, aunque sentía calor. Pero, ellas, tanto Clara como Susana, estaban en bikini o en bragas con una blusa fina o hasta con las tetas al aire, porque tenían piscina.
Desde que se sabía el secreto, Clara iba desnuda por la casa, y tomaba el sol, mientras que su esclava venía todos los días y limpiaba la casa, la abanicaba, le traía las bebidas y la comida.
Vamos era como una sirvienta de la casa o una criada, haciendo la comida, comprando la comida, haciendo las camas, fregando los baños, y barriendo todo el piso.
Lo cierto era que Susana, le daba vergüenza desnudarse y se sentía mal, mostrándose, pero al ver a Clara, y al decírselo su amiga para tomar el sol, Susana iba desnuda, y tomaba el sol. Cerraban los ojos, mientras que Marta, daba la crema solar con sus manos a Clara.
–¡Dame crema solar, esclava! –ordenó Clara.
–Si, mi Ama. –respondió la esclava, dejando sus tareas para coger la crema solar, y acercarse a donde estaba su Ama, para darle crema en su espalda, en sus pechos, en su vientre, manos, piernas, quedándose los pies.
Marta se arrodilló e hizo una reverencia, mientras la miraba Susana. Entonces, comenzó a besar sus pies con una gran devoción y con mucha pasión. Parecía que la esclava lo disfrutaba y que eso, le excitaba, al igual que a Clara.
Debajo del toldo, en la sombra, estaban las dos hamacas, por lo que, Clara, comenzó a decirle órdenes a Marta.
–¡Pon las manos a la espalda, esclava! –ordenó Clara.
–Sí, mi Ama. –respondió la esclava, sumisamente y obedientemente, mientras Susana, se quedaba de piedra anonadada.
–¡Abre la boca y deja la lengua fuera, esclava! –ordenó Clara.
Clara comenzó a limpiarse la planta de su pie, restregando su planta desde el talón hasta la punta de los dedos. Una y otra vez, estaba limpiándose la planta de su pie, hasta meter los dedos en su boca. Mientras, Marta, lamía los dedos se los chupaba y limpiaba como si fuese una buena perra obediente.
Esto dejó a Susana, hipnotizada, mientras Clara, repetía lo mismo con su otro pie, dejando a Susana, excitada y cachonda perdida hasta que finalizó su ritual de adoración a su Ama.
Dejó esperar unos minutos con la cabeza agachada y su mirada, mirando a sus pies. Detrás, echó la crema en sus pies y comenzó a masajear sus pies hasta que estuvo totalmente con la crema dada.
Se notaba que Clara estaba tan excitada y cachonda que Susana, con los pezones duros y con el sudor calor atizando. Se puso al sol para tomarlo y miró a Susana, que iba a darse crema.
–¡Anda y deja que mi esclava te de crema, sino te vas a quemar Susana! –dijo Clara, mirando el cuerpo de Susana.
Clara, se fijó en la figura de Susana, era muy delgada con buenas curvas. Un culo bien proporcionado junto con unos pechos no grandes, pero tampoco pequeños. Pensó que sería agradable ver cómo se los tocaba su esclava, al darle crema.
–Vale. –respondió Susana, poniéndose de pie, mientras que Marta, le daba crema en su espalda en sus brazos y piernas, llegando a sus empeines. Para subir nuevamente, apretando sus pechos por detrás, sobándoselos.
Susana, gimió de placer, al estar excitada, y con los pechos duros, Marta, notaba lo caliente que estaba Susana, haciéndola disfrutar de su masaje.
Era una especie de masaje con la crema, que Susana, por su sensibilidad, se excitaba y la ponía cachonda perdida. Marta, le daba un masaje de la espada hasta la cintura y luego rodeaba la parte de los lados a la parte central.
Masajeando sus pechos con una maestría, que al tacto sus pechos se endurecían y se ponían duros, dándose cuenta Marta, y sintiéndose orgullosa por ello. Pues, había dado muchos masajes a su Ama hasta alcanzar esa maestría, pero ahora al hacerlo con Susana, que era su amiga y compañera de la infancia, le gustaba, mientras soltaba un gemido placentero. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer Susana. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer Susana.
–¡Muy bien, esclava! –dijo Clara.
–Hoy te has ganado un premio, esclava. –dijo Clara, siguiendo tomando el sol, mientras leía una revista.
–Muchas gracias, mi Ama. –respondía la esclava de Marta, bajando por el vientre, y alcanzando su vagina, pero no atravesándola, porque tenía vello púbico.
Sin duda, a Susana, le encantaba ese masaje que nunca le habían hecho en su vida. Era debido a que Marta era masajista profesional, había dado clases de masajes eróticos. Eso era algo que le había ordenado su Ama, que aprendiese para satisfacerla, y claramente, lo hacía.
Marta, seguía por sus labios, rozándolos, y haciéndose estremecer de placer a Susana, que cerró su boca, para no soltar un gemido placentero. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer Susana. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer Susana.
Marta, metía un dedo, dos y tres dentro de su vagina, sacándoselos rápidamente varias veces, controlando su placer, mientras Susana, soltaba sus fluidos vaginales por su coño, cayendo en la mano de Marta. Mientras, le metía los dedos y se los sacaba, masturbándola. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer Susana. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer Susana. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer Susana. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer Susana.
Susana, gemía de placer, manteniendo la boca cerrada, pero estaba ida alcanzando un placer que nunca había experimentado. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer Susana. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer Susana.
La imagen era la siguiente, Marta estaba detrás de Susana, follándola con sus dedos hasta hacerla correrse de placer, gimiendo como una puta zorra de mierda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer Susana. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer Susana.
Marta, se llevó su mano manchada a la boca de Susana, poniéndosela delante de su boca desde atrás de ella, y restregándosela, la abría y Marta, le metía los dedos, haciendo que Susana, le lamiese la mano, y chupara sus dedos.
Detrás bajó su mano y con sus dedos ensalivados de la boca de Susana, le metió los dedos en su ano, notando que Susana era virgen analmente para hacerla estremecer de placer, sacándoselos para bajar por las piernas, dándoles crema hasta llegar a sus empeines.
Detrás, dejó el bote, hizo una reverencia y se marchó para hacer sus tareas de la casa, mientras que, Clara estaba nadando y buceando dentro de la piscina. En el tiempo que le había dado crema a ella, Clara estaba metida dentro del agua.
Susana, suspiraba de placer y de alivio ante el masaje erótico que le había dado Marta, viendo como venía Clara a la orilla y la miraba, sentándose para tumbarse en la hamaca.
–¿A qué te ha gustado el masaje? –preguntó Clara.
–Si, no me lo esperaba, porque me he excitado. –respondió Susana, no evitando lo evidente.
–Lo sé, porque veo tus fluidos vaginales sobresaliendo de tu vello púbico. –dijo Clara.
–Al darte el sol en la piel, brilla y como no te has metido en el agua, veo que te has corrido con el masaje de mi esclava. –dijo Clara, haciéndose que se pusiese roja de vergüenza Susana.
Clara al notarlo, quiso quitarle agua al asunto, y siguió hablando, como no dándole ninguna importancia.
–Le ordené que aprendiese a dar masajes eróticos para darme placer, y he querido que lo probases. –dijo Clara.
–Gracias, por el masaje. –respondió Susana.
Clara, se metió en el agua y siguió dando nadando hasta la escalera, para subirse y salir de la piscina. Mientras que, Susana estaba tumbada tomando el solo desnuda.
De hecho, cuando terminó de hacer todas las tareas de la casa, la esclava venía para ponerse de rodillas ante ella, y besar sus pies.
–Te has ganado un premio por el masaje que le has dado a Susana, esclava. –dijo Clara, quitándole todo lo que llevaba puesto y comenzó a darle un masaje erótico a su esclava, haciéndola estremecerse de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
Era sensacional, porque recorría todo su cuerpo con sus manos, haciendo que se estremeciera de placer. Además, le daba crema con sus manos. Se situó detrás de ella, mientras le acariciaba la espalda, aproximándose a su culo.
Entonces, metió sus manos rodeándola y le sobaba sus pechos, pellizcando sus pezones, sintiendo la rigidez de sus pechos, al tacto, sintiéndolos duros y erectos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
Marta gemía de placer, sintiéndose en éxtasis. Mientras que, Clara, sobaba sus pechos, viéndolo Susana, poniéndose cachonda perdida y excitándose de placer al verlo.
Pero, Clara fue más allá, comenzó a bajar su mano a su vagina, depilada con láser permanente, para tocar sus labios exteriores, haciendola que se derritiese de placer, gimiendo como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
Clara, metía la mano y jugaba con clítoris, acariciándolos con sus dedos, mientras los metía y los sacaba, haciendo gemir de placer a Marta. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
Le rodeaba la cara, y la besaba en su cuerpo y su boca. Se notaba que había pasión y amor en ella, y Susana, alucinó de ver una conexión tan fuerte. Le dio la sensación de que era un juego lésbico entre dos lesbianas que se amaban y eso la desconcentró por completo, viendo que el BDSM, era algo más que sentir placer o dolor.
Sus piernas temblaron, cayéndose de rodillas, quedándose expuesta a cuatro patas. Momento en el que Clara, por detrás la metía tres dedos a cuatro dedos, volviéndola loca de placer hasta que metió su mano y un poco del brazo, sacándolo y metiéndoselo tan rápidamente, que hizo que se corriese de placer como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
Estando en esos momentos, la azotaba el culo, haciéndola gemir de dolor, y marcándola el culo, una y otra vez, soltando gemidos de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
–¿Te gusta verdad, puta? –preguntó Clara, provocándola para que hablase, y sabiendo que, si hablaba, la castigaría, y eso hizo.
–Si, mi Ama, me gusta mucho. –respondió la esclava, dándose cuenta que su Ama había traído unas esposas que le puso, colgándola del postre de uno de los toldos.
–¡Disfrútalo, esclava! –dijo Clara, comenzando a darle latigazos fuertes, uno detrás de otro, haciéndola gritar de dolor, mientras el sudor caía sobre su cuerpo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
–¡Zas, Uno mi Ama! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
–¡Zas, Dos mi Ama! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
–¡Zas, Tres mi Ama! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
–¡Zas, Cuatro mi Ama! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
–¡Zas, Cinco mi Ama! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gimió de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer.
Estuvo dándole latigazos, haciendo que los sintiera cada uno de ellos, mientras se corría de placer, soltando sus fluidos vaginales hasta incluso se meo hasta que terminó de darle unos 25 latigazos.
–Muy bien, esclava. –dijo Clara, cogiendo la botella de la crema que tenía para curarla de los latigazos. Había dejado las marcas rojas en su espalda y culo, pero no la dejaba marcada, porque usaba un latido especial, y se detenía cuando veía que superaba el límite.
Tan sólo tenía unas marcas grabadas cuando la sometió en la subasta, y se notaba que fue muy sádica con ella, pero una vez que la había domado y sometido, la tenía fiel y obediente como una perra fiel.
Y esa tarde, Susana, se corrió al ver una sesión tan sádica, pero se metió en el agua, y trato de ocultarlo, y sintiéndose celosa al verlo.
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