Debí echarme novia fuera del grupo 4
Durmiendo a sus pies, él escuchó el roce húmedo de sus manos y el gemido ahogado de ella. No sabía que, mientras soñaba, sus amigos estaban decidiendo quién tenía derecho a tocarla. Y mucho menos que, al despertar, la traición ya había llegado a su teléfono.
Adriana se dejó puestas las bragas llenas de esa mezcla del semen de todos los hombres de la casa. Zubi se fue con su novia al dormitorio que compartieron. Marina y Rockberto compartieron otro. A los demás nos tocó compartir el salón. Adri y yo cogimos el sofá cama. Alan durmió en un sofá que quedaba en perpendicular al nuestro, a nuestros pies. Daniel y Diego compartieron dos colchones finos que pusieron entre los dos sofás. Todavía estuvimos charlando un poco hasta que nos despedimos para dormir. Los chicos dieron las gracias a Adriana por esa noche y por empezar así el año con ellos. Ella agradeció sus palabras y nos abrazamos fuertemente los dos. Yo contra el respaldo del sofá, en posición de cucharita, con ella mirando hacia afuera. Se hizo el silencio y pronto se escuchó a Alan roncar y, en general, la respiración fuerte de cuatro personas durmiendo o a punto.
Tras un rato abrazados, por la comodidad de mi brazo, que se me empezaba a dormir, me puse boca arriba. Empezaba a quedarme dormido cuando noté un ligero movimiento proveniente de Adriana. Tenía su culazo, caliente y carnoso, pegado a mi costado. El movimiento seguía, escuchaba además un ligero roce de la manta. De repente, noté más movimiento: Adri estaba moviendo un brazo. Escuché sonido con su boca. Poniendo más atención, me di cuenta de que era sonido de estar lamiendo. Solo podía significar una cosa, había estado masturbándose y ahora llevaba su mano a la boca para lamer la mezcla de fluidos que debía empapar su coñito. Si era eso, y no podía ser otra cosa, ahora mismo estaba lamiendo el semen mezclado de todos los amigos. Volvió a mover el brazo y volvieron los sonidos tenues, y al rato, otra vez a la boca. Todos nos habíamos vuelto a correr en sus braguitas, pero ella se había quedado con el calentón y, al no habernos podido quedar con un cuarto porque perdimos en el reparto a suertes, no pude satisfacerla y hacer que se deshiciese de esas bragas pringosas. Se había ido a la cama cachonda pérdida y la sensación de todo esa lefa en su coño era un recordatorio constante del sexo. Varias veces noté su mano subir y bajar. Se estaba poniendo las botas con el semen mío y de mis amigos. Ellos empezaban de manera inmejorable el año, pero yo podía tener esa dedicación solo para mí, ella era mi amada, y por culpa de estas mierdas que pasaban en mi grupo, me veía compartiendo a mi novia en juegos que para mí superaban muchos límites. Pero Adriana era así, me enamoré de ella siendo así, esa chica de cara angelical y culo de amazona que mostraba un lado sexual mucho más vivo de lo que aparentaba. Tendría que aprender a quererla así o dejarla a ella y, por consiguiente, a todo mi grupo. Y la quería tanto…
La escuchaba respirar más fuerte, sus movimientos se aceleraron, empecé a notar el movimiento de su cuerpo contra el mío. Debía pensar que estaba dormido. Se puso boca arriba y noté que el brazo que tenía estimulando su coño lo llevaba a su boca de nuevo, pero seguía notando su ligero movimiento. Con el otro brazo debía seguir dándose placer. Y, de golpe, escuché cómo reprimía un gemido con su mano metida en la boca. Se estaba corriendo con los dedos impregnados en esa sopa de semen metidos en su boquita de ángel. Tras eso, se durmió, y también yo, con mil sentimientos contradictorios en mente.
Me desperté con el sol que empezaba a invadir la habitación, todavía ligero, debía ser el amanecer. Yo seguía bocarriba pero mi Adri dormía abrazada a mí. Me era tan difícil encajar ese rostro adorable con las guarradas ocurridas anoche… Escuché cuchicheos y moví ligeramente la cabeza en dirección a los chicos.
- Hasta los pies le huelen rico. Era la voz de Diego, susurrando.
Me fijé en que, a la altura de los pies de Adri, había dos cabezas. Eran Diego y Daniel. Sus piececillos habrían quedado al aire al moverse con esa pequeña manta. Yo no hice notar que estaba despierto, trataba de discernir lo que pudiera en esa penumbra. Alan también estaba despierto. Observaba sin participar.
- Tíos, dejadla. Ella es muy buena con nosotros cuando se lo pedimos. Respetadla ahora que duerme -les dijo.
- No seas imbécil. ¿Qué te crees que le vamos a hacer? Solo estamos contemplándola y oliéndola. Seguro que si nos pillase se sentiría halagada. Acércate y huélele los pies. Cómo me gustaría lamérselos un día.
Ese había sido Daniel. Alan se movió y se acercó él también. La adoración que sentía hacia mi novia era demasiado fuerte.
- Huele como un ángel.
- Y la muy cerda duerme con nuestra lefa en el coño. Se me pone tiesa de pensarlo. Es la puta ostia.
- Dani por favor, no la insultes o hago ruido para que se despierte.
- Joder Alan. Eres un cortarrollos. No la insulto en serio. Es casi un piropo. Me mola que sea así de guarrilla. Me alegra que sea mi amiga pero que sea la novia de otro.
Diego le rio la gracieta a Daniel. Les vi moverse y pronto vi lo que hacía Daniel. Había levantado suavemente la manta a la altura del culo de mi chica, que apuntaba hacia afuera al estar abrazada a mí, y había metido la cabeza dentro. La sacó y susurró:
- Joder, apesta a lefa aquí dentro. Nos lleva con ella y no le da ni asco. Cómo le gusta la polla en realidad.
- A ver -y se metió Diego.
Vi que se encendía una luz bajo la manta. Diego había encendido la luz del móvil para verle mejor el culo a mi chica.
- Joder, yo me la voy a cascar otra vez. Adriana me saca litros de leche entre unas cosas y otras.
Alan se puso entre Diego y Daniel y acercó también su cabeza al culo de Adri.
- Qué bonita que es -dijo.
- Bueno, quita, que me voy a hacer una paja mirándole el culo.
Y, apuntando su móvil con una mano, con la otra debía estar sacudiéndosela. Seguía bajo la manta, por lo que no podía ver más que el relieve de su cabeza y la luz del móvil. Daniel y Alan esperaron casi en silencio. Daniel con alguna risita baja. Diego comenzó a gemir en voz bajita y, tras satisfacerse por completo, se apartó, dejando caer otra vez la manta.
- Quita -le dijo Daniel.
Y le vi claramente, de pie, con las piernas ligeramente flexionadas. Tuve que entrecerrar los ojos para que no me viese despierto. Con una mano levantó la manta y con la otra se pajeaba. En poco tiempo, estaba gimiendo y echándose hacia adelante para apuntar su corrida sobre el culo de mi novia. El muy hijo de puta.
- Tío te has pasado. Es esa clase de cosas las que no deberíais hacer si la respetáis un poco -le recriminó Alan.
- Ni que lo hiciéramos todos los días. Por un poco más de lefa en sus bragas, ella ni lo notará y yo me quedé bien satisfecho. ¿Tú vas a hacerlo también o solo vas a estar ahí de Pepito Grillo?
Alan permaneció en silencio un rato.
- Deja la manta bajada, pobrecita. Le voy a volver a oler esos dulces pies que la casualidad ha querido que queden al descubierto. Pero yo no hago lo que vosotros.
Daniel y Diego rieron y volvieron a tumbarse en su colchón. Alan tenía su cara pegada a los pies de mi chica, oliendo su dulce aroma. Se masturbaba embriagándose de su olor. No tardó casi nada en comenzar a gemir. Al igual que Diego, se cortó un poco y no echó contra ella su corrida, sino que lo hizo contra el sofá o el suelo. Y se volvió a acostar.
Volvimos a dormirnos todos y despertamos unas horas más tarde. A Adri le dejé mi camisa para que no tuviera que estar en sujetador o con su vestido de fiesta. Estábamos sentados en el sofá cama, con las piernas estiradas, Adri, yo, Alan y Diego. Daniel estaba recostado en el sofá en el que había dormido Alan. Charlábamos amistosamente, yo recordando para mis adentros lo ocurrido hacía un par de horas sin que Adri supiese nada, y los demás bien risueños, cuando comenzamos a escuchar gemidos.
- ¿Creéis que Marina se está zumbando a su primo? -sugerí, con malicia.
Me alegraba que el sexo tuviese otros protagonistas.
- Qué bruto eres -dijo Adriana dándome un golpecito cariñoso y riendo.
- Voy a ver -dijo Daniel, y se levantó.
Al poco volvió y nos dijo que eran Zubi y Harley.
- ¿Le habrá dicho a su novia que se corrió en tus bragas? -preguntó Diego.
- Es un cobarde. Ni de coña. Quizás se lo cuente yo un día -yo me desquitaba diciendo maldades.
- ¿Te imaginas? Me daría algo de pena por ella pero me gustaría ver qué ocurriría -Adri me siguió el juego.
- Pobrecillo. Casi nos obligaste a llenarte las bragas de lefa, no seas mala ahora -Daniel, como siempre, tocando la polla.
- Cabrón -sentenció ella.
- ¿Todavía llevas las braguitas mojadas, Adri? No veas qué morbo me da pensarlo -añadió Diego.
Se habló un poco del tema y volvimos a callar escuchando a Harley correrse. Tras ello, poco a poco fueron apareciendo todos por el salón. Desayunamos todos juntos, recogimos las cosas y nos marchamos de la casa. Ese capítulo de nuestra relación, por fin, había llegado a su fin. Empezaba el año abrazado a mi chica, recorriendo la ciudad que nos daba la bienvenida. Si evitaba pensar en la costra que estaría formada en sus braguitas, la mañana era perfecta.
- De ellos no espero otra cosa, pero chicas, se os va. Cómo os dejasteis engañar otra vez???
Laura alucinaba en el chat. Luis casi no intervenía, pero le conocía bien, estaba más callado por rabia que por buen novio. Se habló también de los tres que se nos habían unido. Las chicas hicieron bromas sobre el tamaño de la polla de Zubi. También preguntamos a Marina si se había vuelto a follar a su primo en el dormitorio y si se la había chupado en el balcón cuando salieron a hablar. Sabíamos que en el balcón no había pasado nada porque entró ansioso por unir su leche a la de los demás en las bragas de mi novia, pero se lo dijeron para picarla, y además, nadie le dijo nunca nada a Marina acerca de esa cerdada en la que participamos todos. Ella dijo que no y que no. Que hablaron de lo que había pasado y de sus inseguridades, porque Rockberto, a pesar de su apariencia y modales, tenía muy buen fondo y una relación muy especial con ella.
Hubo muchas tomaduras de pelo y comentarios guarros. También se volvió a comentar que los chicos se hacían pajas recordando o viendo fotos de las que habían circulado antes de Nochevieja. Se pidió alguna foto más pero ninguna de las chicas atendió.
- Yo a Harley volvería a dejarle el coñito al rojo vivo -dijo un día Daniel pasando una foto de ella en bikini.
La había robado de su Instagram. Las chicas, unánimemente, dijeron que era más bien feúcha, aunque tuviera algo de chica mona. Casi todos los chicos habían empezado a seguirla en insta. Ella me mandó a mí petición. También intercambiamos seguimientos con Rober y con Zubi.
Un día, en la cama, abrazados, tras haber follado, comentamos el tema de Instagram y Adri me confesó cosas que no sabía. Zubi le hablaba casi todos los días. Insistía en volver a hacer todos un plan y en que había sido una pasada esa Nochevieja. Me contó que también Alan llevaba tiempo escribiéndole con cualquier pretexto. Esto último no me sorprendió, pero quise saber qué hablaban. Con respeto a su intimidad pero deseando que me contara lo más posible. Ella me puso ejemplos, divertida pero condescendiente. Ni las conversaciones de Zubi ni las de Alan le importaban.
Otro día, estaba yo en casa jugando a la consola cuando me llamó:
- Mi amor. No sé ni cómo me siento. Mira la captura que te he pasado al móvil.
Puse manos libres y entré al chat, que no había mirado por estar pendiente del juego. Era el chat con Zubi en Instagram. Había una foto de un primer plano de su pollón blanquecino, erecto. Y un par de mensajes en los que le decía que le había llegado una foto increíble de su culito abierto, mostrando su coño, y que sentía que era injusto que no estuvieran en igualdad de condiciones.
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