Debí echarme novia fuera del grupo 3
La casa estaba llena de risas y alcohol, pero el juego que propusieron prometía algo mucho más peligroso. Él sabía que al decir que sí, no solo compartiría a su novia, sino que perdería el control de lo que ocurriría entre sábanas y miradas. Esta noche, la fidelidad se mide en orgasmos y el amor, en capacidad de aguante.
Estas son las cosas que estaban pasando cuando llegó Nochevieja.
Desde hace unos años, solemos alquilar una casa para pasar la noche juntos, comer las uvas, beber barato y luego ya salir de fiesta. Este año, hicimos como los anteriores. Alquilamos la casa todo el grupo menos Laura, que se iba con su familia a ver a su hermana a Tenerife, y Luis, que quedaba con su novia. Para compensar, Marina acopló a su primo y a una pareja que eran amigos de él también. Yo estaba algo nervioso por lo que venía sucendiendo en los últimos tiempos. Los años anteriores nunca había pasado nada, ya que salíamos de fiesta y alguno desaparecía, mientras los demás, llegábamos en distintos tiempos a la casa, casi siempre de madrugada, hechos polvo. Me daba confianza el hecho de que casi la mitad del grupo fueran a ser desconocidos para la mayoría.
Llegó el día y cada uno fue llegando con algo para la cena. Entonces conocimos a los nuevos. El primo de Marina, al que llamaban Rockberto, era como ella de complexión, pero en hombre, era el más alto de nosotros, probablemente de la altura de Luis. Era grandullón y tirando a gordo, con melena metalera y mucha barba. Imponía pero era muy cachondo y era un friki de los videojuegos, El Señor de los Anillos y esas cosas. La otra pareja, amigos de Rockberto, eran un chico delgaducho, que se había puesto lentillas de un azul casi blanco, llevaba el pelo algo largo, rizado y teñido de color azul, y su novia, una chica muy muy pálida, muy delgadita, vergonzosa, con gafas grandes, los paletos con cierta separación que la hacía verse más mona, y el pelo castaño tirando a pelirrojo. Se hacían llamar, él Zubi, porque tenía un apellido vasco que empezaba así, y ella, que se llamaba Alicia, se hacía llamar Harley.
Estuvimos cenando, comimos las uvas comentando guarradas de la Pedroche, y, sobre todo, estuvimos bebiendo y jugando a juegos de beber. Para cuando vimos que eran las 2 y que ya era hora de salir de fiesta, vimos que llovía a cántaros. Estuvimos debatiendo un poco y decidimos seguir la fiesta en casa, con música y bailes. Todavía estuvimos una hora así hasta que se nos fueron acabando las ideas y algunos amagaban con irse a la cama. Fue entonces que Diego, que había bebido bastante, dijo que todos conocíamos un juego con el que seguir la fiesta y con el que no nos quedaríamos dormidos. Daniel y Rockberto comenzaron a reír muy fuerte. A Marina le sorprendió la complicidad de su primo, así que preguntó:
- No me digas que te lo han contado.
- Sí, prima. La locura viene de familia. No te juzgo. Sois la puta ostia.
- ¿De qué va esto, qué hablais? -preguntó Zubi.
- Pues mira, Zubi, lo que me han contado es que un día les dio por jugar a una cosa que llaman ruleta sexual o algo así. Que va de que los chicos se sientan en círculo, con la picha fuera, y las chicas van rotando y se van montando sobre cada uno. Gana el que más aguante sin correrse. Aunque yo me consideraría ganador con aguantar una ronda y catarlas a todas, la verdad -y soltó una risotada-. Y me dijeron que mi prima era la más fogosa.
- Joder, tíos, es mi primo, qué vergüenza. No se lo cuentes a nadie, por favor -le pidió Marina.
Harley estaba roja y con cara de incredulidad. Yo empezaba a temerme lo peor. Adri estaba risueña, tenía pinta de que se dejaría llevar sin problema. Zubi parecía fingir rechazo pero le noté muy curioso:
- ¿Cómo que montando a cada uno? ¿Queréis decir que los van follando a todos hasta que se van corriendo dentro?
- Básicamente. Es divertido, competitivo, se conoce gente... -dijo con sentido del humor Daniel.
- Venga, ¿qué os parece? Buena forma de empezar el año, ¿no? -apremió Diego.
- A mí me parece de puta madre -respondió rápidamente Rockberto.
Alan intervino:
- ¿Incluso con tu prima?
- Qué más da. No es como follar en plan íntimo, es un puto juego. De niños probamos los primeros besos, ¿te acuerdas?
- Ostia Rober, pero esto no son besos. Yo no creo que juegue si está mi primo. Una cosa es el grupo, pero así...
- Tranquila, tía, que no me voy a enamorar ni se lo voy a decir a nadie. Es un juego sexual, como la botella o cualquier otro. Además, hay más chicas -respondió Rockberto- venga, ¿qué decís los demás?
Y Adriana intervino, dándome un vuelco al corazón:
- Yo qué sé. Por mí vale. Nos echamos unas risas y no nos vamos ya a la cama, que si no, vaya tristeza de Nochevieja.
Que una de las chicas dijese que sí, inclinaba bastante la balanza. Diego, Daniel y Rockberto, vitorearon. Zubi habló a continuación:
- Por mí también. Es un juego morboso ¿qué opinas, cielo? -y se giró hacia su novia y le dio un pico. Me parecía que su novia le parecía poco, que quería probar otra carne y aprovechaba esta forma "legal" para hacerlo. Ella se puso aún más colorada.
- Yo... me da mucho corte, Zubi, acabamos de conocer a esta gente, a Rockber le conocemos de hace muchísimo y hacer esto delante de él y los demás...
- Como no se sume nadie más, esto acaba siendo un bukkake con la pobre Adriana -dijo de risas Rockberto. Me apeteció matarle. Adriana se rio.
- No, no. Si no hay ninguna chica más, cada uno a su cama y buenas noches -dijo mi chica.
Marina entonces intervino, tras lo que parecía que había sido un debate interior:
- Venga, está bien. Pero por dios te lo pido, Rober, esto a nadie. Se decantaba por no quedar por detrás de Adriana. Rockberto le dio seguridad a su prima y se estrecharon las manos en un pacto.
- Venga, Adri dijo que con una chica más, había juego. Si los demás no quieren, a la cama y jugamos los demás -dijo Daniel, metiendo prisa.
Adriana, que llevaba un rato buscando mi aprobación con la mirada, me buscó la mano, la estrechó y me dijo "amor, ya lo hicimos una vez y no fue tan mal, nos divertimos y no pasó nada, seguimos siendo unos novios felizmente enamorados, sin ti yo no voy a jugar, pero creo que es mejor esto que irnos a la cama, ¿qué dices?". Dios, me estaba jodiendo la vida esta situación otra vez. Otra vez mis deseos contra la diversión de mi grupo. Y yo tener que ser el que decantaba una cosa o la otra. Nuevamente no me atreví a quedar de aguafiestas con mi novia, que me había conocido siendo igual de atrevido que mis amigos.
- Venga, está bien. Jugamos -me rendí.
- Yo también, no me quiero ir a la cama todavía -añadió Alan.
Tras un tiempo decidiendo, Harley acabó hablando:
- Está bien, no voy a ser la única que se vaya a la cama. Pero con respeto, por favor, chicos. Quiero que pasemos un rato divertido, nada más.
Y todos la vitorearon, incluida Adriana. En el fondo, sentía que Harley decidía igual que yo. Por no irse a la cama mientras su novio se beneficiaba del cuerpo de otras mujeres y por no quedar como una rancia.
Y así, comenzó por segunda vez el endiablado juego en el que todos mis amigos se follaban a mi novia. Caí en la cuenta de que éramos un hombre más que la última vez y la misma cantidad de chicas. Eso me generó una punzada de rabia y celos en el estómago. Nos quitamos pantalones y calzoncillos, aunque Rockberto dijo que él ya tenía calor y se quitó la camiseta negra que llevaba, de un grupo metalero, quedándose con su cuerpo grande, gordo y peludo, todo desnudo. Su polla era normal de tamaño, al menos en flacidez, y asomaba bajo la barriga y una gran mata de pelo púbico. En un rato, mi chica estaría follando con ese orangután. No habíamos empezado y ya lo estaba pasando mal. Zubi, como emulando a su amigo, también se quedó desnudo, mostrando su cuerpo delgado, bastante raquítico, de friki que sale poco de casa. Se había afeitado el pelo púbico y su polla, blancuzca, colgaba libre, bastante grande. Los demás nos quedamos con nuestras camisas puestas. Marina, que se había puesto un pantalón ancho como de traje, con una blusa elegante, sin sujetador, en la parte de arriba, se quitó pantalón y tanga, mostrando su enorme y orgulloso pandero. Harley llevaba un vestido negro bastante normalito, con escote que mostraba la piel delicada y blanca de sus pechos, que se veían pequeñitos y algo caídos, se quitó las bragas con dibujitos pero decidió que remangaría el vestido. Adriana, que llevaba un vestido bueno de fiesta, dijo que no quería mancharlo, por lo que se lo quitó, junto con el tanga, y se quedó con su precioso culo blanco y su coñito al aire y llevando solo el sujetador, color carne. Nos sentamos en las sillas, comentamos las reglas y pusimos música.
El orden en que estábamos sentados era, hacia mi izquierda: Daniel, Diego, Rockberto, Alan y, por último, pegado a mi derecha, Zubi. De las chicas, en primer lugar iba Adri, después Marina y tras ella Harley. Por tocarnos los cojones, dijeron que empezasen de manera que las chicas no comenzasen con los novios, así que las primeras parejas fueron Diego con mi chica, Marina con su primo y Harley con Alan. Los chicos habíamos empezado a tocarnos para que el ritmo del juego no se viese afectado si alguno no estaba ya duro. Rockberto, con su prima delante, cuando ya iba a empezar el juego, comentó, pretendiendo crear una situación agradable:
- Bueno, prima, empezando nosotros, ya nos quitamos el palo desde el principio. Que sepas que, sin que signifique nada, me pareces una mujer muy bonita.
Dijo esto mientras se acariciaba la polla para tenerla lista ante el juego, lo cual le quitó elegancia a su comentario, pero Marina lo agradeció igual, ya que le respondió, con ternura, “gracias, eres más tonto…”.
Y comenzó el juego. Mis ojos estaban clavados en el blanco culo de mi novia, que bajaba en el regazo de Diego, metiéndose ella misma la polla dentro. Él enseguida llevó sus manos a sus nalgas y la guiaba en su movimiento, clavando bien sus dedos en su deliciosa carne. Rockberto tenía las manos quietas, no quiso incomodar a su prima, que lo cabalgaba enérgica, haciendo botar sus carnes. Por último, Harley montaba con timidez y lentitud a Alan, que, respetuoso, tenía las manos bajadas y sonreía con los ojos cerrados.
Daniel gritó tiempo y añadió “me toca”, mientras se movía obscenamente en la silla de manera que su polla apuntase bien hacia el cielo, apretando sus nalgas encima de la silla. Tenía a Adri a mi lado, la notaba con la respiración ya agitada, empezaba a calentarse, tras su primera follada. Me miró con amor, sonriéndome, antes de girarse hacia Daniel y comenzar a insertárselo. Qué doloroso me resultaba esto. Y, sin embargo, mi polla agradecía la estimulación manual que le daba ante dicha visión. Me fijé en que Zubi miraba también atento a mi novia mientras acariciaba su salchicha blanca, la más grande del grupo. Marina montaba a Diego y, una novedad importante, Rockberto veía hundirse su miembro en el coñito de su amiga, pareja de su otro amigo. El contraste era bestial. Él enorme, ella tan poquita cosa. Lástima que no se le veían más que las piernas y sus piececillos descalzos, así como sus hombros y sus brazos desnudos, al permanecer con el vestido puesto. Tras un vistazo general, volví a centrarme en Adri y Daniel. Daniel, como el imbecil de Diego, también había llevado las manos a las nalgas de Adri, que bajo ningún concepto parecía molesta. Casi hacia el final de su turno, Daniel trató de besar los labios de Adriana, pero ella se apartó sutilmente mientras seguía botando.
Grité tiempo y pude tener a mi amor conmigo. Me besó intensamente y me preguntó si estaba bien. Le dije que sí, que no sufriese, pero que preferiría tener a mi amada solo para mí todos los días de mi vida. Agradeció el cumplido besándome aún más y más intensamente, mientras, cachonda, muy mojada, me montaba. Noté que Zubi seguía sin apartar la vista. Estaba de lleno en mi ensoñación cuando escuché a Daniel decirle a Marina “venga, tía, déjame verlas, son la ostia” pero no presté más atención, mi atención era para mi Adri.
Rockberto cantó tiempo y, con mohín de pena, Adriana se levantó, sosteniendo mi mano hasta que llegó ante Zubi. Ante mí, apareció, espléndida, con la blusa abierta, dejando ver su magnífico escote con sus enormes tetas libres, Marina. Nos sonreímos y me dijo “tu turno”. Se introdujo mi polla en su coño y comenzó a botar con cara de guarra. Mis manos en sus muslos, por no incomodarla. Al poco de estar follando, ella misma apartó la blusa hacia los lados para que viera sus tetas por completo. No quería resultarle antipático y sentí que debía agradecer su gesto, por lo que besé caballerosamente, su escote. No fui más lejos. A mi lado, mi novia se montaba al friki de Zubi, con su gran salchicha blanca entrando y saliendo. Justo cuando giré mi cara para observarles, Zubi subía sus manos de sus nalgas a sus pechos, que seguían ocultos bajo el sujetador. Sabía que el cerdo este iba a aprovechar la ocasión para ponerse las botas con otras mujeres. Sus ojos abiertos de par en par, con sus lentillas, mirando de arriba abajo al mujerón que era mi novia, con la boca también abierta. Por último, pude captar también que Harley estaba bastante pendiente de lo que hacía Zubi con mi chica. Vio su magreó con cara de póker, aunque empecé a observar rubor en sus mejillas. Por muy tímida y reacia que fuera, también ella debía ir poniéndose cachonda. Daniel fue sorprendentemente respetuoso con ella, tenía las manos en sus muslos, bastante arriba, perdidas bajo el vestido, pero no llegaba a tocarle las nalgas. Le estaba dando su tiempo.
Rockberto gritó otra vez tiempo y cambiamos. Ante mí, Harley, con su cuerpo y carita vulnerables, su piel blanca y delicada, su escote, con esos pechos imperfectos, sonreía con timidez. Se remangó el vestido y pude ver su coñito. No lo llevaba completamente rasurado, pero le había dado forma. Era un vello algo más rojizo que el de la cabeza, muy bonito. Pegada a mí, esa chica flaquita se introducía mi polla en el coño. Con los ojitos cerrados y suspirando de placer. Abrió los ojos y sentí su timidez al verme mirarla fijamente. Para relajarla un poco, le dije: “amo a mi chica, pero puedo decirte que me pareces una mujer muy bella” y le sonreí con sinceridad, yo también comenzando a respirar más aceleradamente por la excitación. Le gustó mi piropo, la noté follarme más desenvuelta. Llevé mis manos a sus muslos y ella misma las movió a su culo. Era un culo mucho más pequeño que el de mi chica, me gustaba menos, pero era agradable igualmente. Un culito menos voluminoso pero con formas femeninas. De alguna manera, su delicadeza me estaba excitando mucho. Mientras tanto, Zubi llevaba ya un rato follando con Marina, con sus tetas botando libremente y el chico con sus zarpas agarradas a esas masas de carne, con cara de salido. Más allá, Alan disfrutaba de mi chica, de la que sospechaba que estaba enamorado. Ella, de vez en cuando, le daba un beso en los labios mientras botaba sobre él. Quiso la casualidad que justo mirase cuando, tras un pico, ella llevó sus manos a su culo. Aparté la mirada y me centré en la boquita abierta con los paletos separados que gemía suavemente sobre mí.
Y Rockberto y Daniel cantaron tiempo a la vez. Harley se levantó y me quedé con la polla húmeda y al frío, mientras casi de frente podía ver a mi chica entre las piernas del enorme Rockberto. Se subió sobre él y se introdujo su verga, mientras él, cuando todavía no estaba dentro de ella, ya acompañaba sus movimientos con las manos en sus carnosas nalgas. El culo de mi novia atraía a las manos como el dulce a los niños. Las manazas de Rober no permanecían sobre sus nalgas, sino que palpaban. Ella botando, con las manos en sus hombros, no tan poquita cosa como Harley, pero igualmente superada por su volumen. La bella y la bestia. Giré un momento para observar a Zubi con Harley. Me sorprendió ver que ella estaba con el vestido remangado en su cintura. Zubi con sus manos aferradas a sus tetitas. Todo el torso, blanquito y delgado, de Harley, a la vista. Se comían los morros con voracidad. Sospechaba que esa desnudez habría sido decisión de Zubi. Volví a mirar a mi novia y vi que se estaba besando con Rockberto. Una ronda entera de pollas la habían calentado para pasar a la siguiente fase. Me sentí muy mal. Lo acabábamos de conocer ese mismo día y se estaba follando a mi noviecita y comiéndole su dulce boca. Pero también me jodía cuando eso pasaba con mis amigos de siempre. Sencillamente, la quería para mí pero me veía obligado a compartirla. Si hubiera sido listo como Luis y me hubiera enamorado de una chica de fuera, hoy estaría follándome a tres chicas hacia las que no sentía nada, de haber decidido participar en el juego. Pero no, no podía imaginarme, en ese momento de mi vida, la vida sin Adri. Perdido en esos pensamientos, escuché a Daniel cantar tiempo.
En esa ronda, Alan tuvo a Harley en tetas, las cuales pude ver por fin, algo caídas y pequeñitas, pero monas, coherentes con toda ella, con un pezoncito muy lamible. Rockberto y Marina repetían, él, de hecho, señaló “joder prima, vaya bufas”. Y Diego volvió a gozar de mi chica. Palpó sus nalgas, llevó las manos a sus pechos y se morreó con ella. Nuevamente cantó Daniel y pude ver el siguiente paso de mi chica. Tenía el sujetador por encima de sus tetas, que asomaban blanquitas y rosadas por debajo. Ni se lo colocó. Estaba visiblemente cachonda, muy cachonda. Me miró con ternura y se mordió el labio inferior con lujuria. Las dos caras de mi chica.
- Pero qué rica que estás, Adri.
Le dijo el subnormal de Daniel. Que, mientras ella botaba, amarró una de sus tetas con la boca.
En el vistazo que eché a los demás, comprobé que Marina ya estaba completamente en pelotas. Se había desprendido de la blusa en algún momento entre su primo y Diego. Mientras tanto, Rockberto parecía también estar devorando las tetitas de Harley, ya que la atraía hacia sí con una manaza en su espalda mientras la otra parecía perdida bajo el vestido, a la altura de su culo.
Al rato, canté tiempo y recuperé a mi chica. Ella me montó rapidísimo, cuando las otras chicas todavía estaban colocándose. La notaba extremadamente cachonda. Ella misma se quitó el sujetador y enterró mi cara en sus tetas. Yo se las comí y subí hasta su carita. Me comí su lengua mientras amasaba su culazo. Notaba, con preocupación, que empezaba a acercarme al momento en que me correría. Ella estaba muy cerca también. De haber seguido un poco más, nos habríamos corrido juntos, pero cantaron tiempo.
A Zubi le brillaron los ojos al recuperar turno con mi chica. Marina, con sus tetazas bamboleándose libres, se me montó encima y me comió la boca, mientras yo amasaba su culo. Estaba 100% centrado en no correrme. Quería durar hasta la siguiente ronda con mi chica. Que me llevase dentro, no como la última vez. Que se corriese conmigo. Aunque la noté muy cachonda y quedaba una ronda entera para recuperarla. Pensé que quizás yo lo tendría más fácil para esperarla que ella a mí, y me jodió. Como Marina me follaba con los ojos cerrados, pude prestar atención a lo que ocurría a mi derecha cuando escuché, casi al principio del turno, a Zubi diciéndole a mi chica:
- Te quieres correr, lo noto. Qué buena que estás. Voy a hacer que te corras conmigo.
Adriana no le llevó la contraria, solo botaba y gemía. Se dejaba llevar. Le daba igual con quién correrse mientras se corriese. Zubi llevó una mano a su nuca y la atrajo hacia él pasa morrearla. La otra mano, aferrada a una nalga. Soltó la boca y le lamió las tetas con cara de verdadero salido mientras llevaba la mano que estaba en la nuca a su clítoris. La iba a hacer correrse así, estimulándola directamente. Una mano en su culazo y otra acariciando su clítoris. Los dos frente con frente, con la boca abierta. Y entonces Adriana empezó a gemir. Y, con ella, el puto friki de pelo azul. Corriéndose en su delicioso coñito, cumpliendo su sueño de follar con una tía más buena que su novia. Se corrieron dentro del tiempo. La gente les dio algo de tiempo para reponerse. Diego abucheó a Zubi por perdedor, pero en plan de risas. Harley tenía una mueca rara. Los demás, festejaban. Mi chica, roja como un tomate pero orgullosa y satisfecha. Primera corrida suya y primera leche en su coño. Parecía que volvía a ser la campeona en eso. Resplandecía de orgullo femenino. Estaba guapísima recién corrida. Y Zubi se echó hacia atrás y cerramos el círculo.
Adri se saltó a Alan, que puso cara de fastidio, y se fue hacia Rockberto, Marina con Alan y Harley conmigo. Harley estaba ya completamente desnuda. Qué bonita era, en realidad. Creo que yo le caía bien, quizás le gustaba. Empatizábamos mutuamente. Nuestras parejas nos habían arrastrado a ese juego con el que no estábamos del todo conformes. Se metió mi polla en su coñito, que se sentía glorioso, y comenzó a botar. Sus tetitas, sugerentes dando pequeños botes. Agarré su culito y lamí sus tetas, todas enteras, para luego centrarme en sus pezoncitos. Enfrente de mí, mi novia cabalgaba el cuerpo simiesco de Rockberto, con el que se morreaba salvajemente. Harley alzó mi barbilla y me besó. Metió su lengua en mi boca y la saboreé, no la había visto morrearse más que con su novio. Pasé mi lengua por sus dientes, por esa linda separación de sus paletos. Dios, me estaba yendo por completo. Para cuando quise volver a la realidad, notaba que, irremediablemente, me iba a correr en su interior. Justo empezaba a correrme cuando Zubi, mero espectador, gritó tiempo. El juego se detuvo mientras yo disparaba en la vagina de Harley, Alicia, la tímida chica friki que acababa de conocer. Si no era con mi Adri, me alegraba que fuera con ella. Vi que Adri, como la vez anterior, festejaba mi corrida. ¿No sé sentía ni un poco celosa? Cómo me jodía eso. Había amor en su mirada, pero hubiera deseado ver un reflejo de mis emociones.
Me salí del círculo y hubo rotación. Adri con Diego, que la esperaba sonriendo, sobando su polla. Marina con su primo. Harley con Alan. Antes de que Harley pudiera montarse sobre él, Alan le pidió perdón y se quitó la camiseta. Estaba muy acalorado y eso acabó venciendo su complejo de gordo. Ya con él completamente desnudo, la flaquita Harley se lo introdujo dentro. Alan con su panza al aire y sus tetillas de gordo, tomando a su opuesto. Era extrañamente excitante ver el contraste. Era un contraste distinto al de Harley y Rockberto, que la superaba por volumen y tamaño. Alan era de estatura normal tirando a bajo, sin barba ni mucho pelo por el cuerpo. Y con sus manos regordetas, apretaba el culito de Alicia mientras con su boca mamaba una de sus tetitas. Ella, con las manos tras su cabeza, lo acogía en su seno. A mitad de turno, Marina le dijo algo a su primo y él soltó una risotada:
- Vale, cochina.
Soltó, a todo volumen. Rockberto no tenía el registro de hablar bajo. Pronto comprobé lo que le había pedido Marina. Roberto bajó un poco más una de las manos que tenía en el inmenso culo de su prima y enterró una falange en su ano. Marina cabalgaba como loca, gimiendo cada vez más alto. Diego, que lo había escuchado, se aventuró con mi Adri y, tras darle a lamer el dedo corazón, se lo enterró un poquito en el culo. Adriana siguió botando sin inmutarse ni protestar, mientras Diego le comía la boca. Y entonces, gimiendo a voces, Marina se corrió en la polla de su primo. Acabó el turno y, antes de que ella se levantase, Rober acarició su cara y le dijo:
- Como te cuida el primito, ¿eh?
Y se rieron los dos. Apareció entonces, brillante y dura, la polla morena de Rockberto, llena de los fluidos de su prima, esperando por el siguiente coño, que era el de Harley. Adriana se montó sobre Daniel y Marina sobre Diego. Al poco de estar follando, Daniel le dijo a mi novia:
- Cómo me gustas cuando estás así de cachonda -ella gemía, encantada de lo que le decía.
Daniel metió un dedo en su boca y ella lo chupó con ganas.
- Chúpalo bien, que sabes a dónde va a ir.
Y ella siguió chupando, sonriendo un poco incluso. Daniel sacó el dedo de su boca, se lanzó a comerle la lengua y, mientras tanto, comenzó a enterrar el dedo babado por mi Adri en su rico culito. Harto del espectáculo, canté tiempo.
Adri estaba colorada. Me miró y me dijo, cómplice, amorosa, como otras veces en mi cama, los dos solos, “cariño, estoy muy cachonda”. Solo que esta vez, no era para que yo la saciase, era a título informativo. El siguiente en follarla sería Alan, y luego Rockberto, y luego Diego, y así hasta que se corriera el último. Polla tras polla pasando por el lindo coñito de mi novia. Y yo me tenía que quedar mirando, tras escuchar a mi chica decirme eso. Se fue hacia Alan y se lo metió de golpe. Se lanzó a comerle la boca y, sin llevar casi tiempo follandoselo, le cogió una mano rechoncha y la alzó hasta su cara, donde comenzó a mamarle uno de sus dedos.
- Métemelo en el culo, Alan, voy a correrme.
Le imploró. Alan se lo metió, la cara desfigurada de placer. Un par de botes más, al poco de empezar a hurgar en el apretado culito de mi novia, él empezó a gemir con fuerza y a correrse. Y entonces se disparó también el orgasmo de ella.
Tras correrse con Alan, Adri se fue con Daniel, Marina con Diego y Harley con Rockberto.
Otra vez el precioso culo blanco de mi novia botando sobre la polla de Daniel, con un dedo nuevamente en su culito. Y, sin que yo hubiera estado pendiente de ellos, de repente retumbó en la sala el orgasmo chillón de Harley, que se frotaba con vicio encima de su amigo Rockberto, que la tenía aferrada contra sí, una mano en su culo, la otra en su nuca, con delicadeza pero firme, comiéndole la boquita. Vi entonces que, con los ojos abiertos de par en par, miró al novio de la criatura que se corría encima de él, a Zubi, que observaba incómodo, y también vio a mi novia, con uno de los dedos de Daniel enterrado en el culo. Entonces, moviendo ligeramente a Harley como a una muñequita, la frotó lo suficiente sobre su polla para empezar a bramar y soltar chorros en su interior. La corrida de Rockberto quedaba fuera de tiempo, pero se respetó igual. Ya solo quedaban Daniel y Diego.
Ya habíamos cantado tiempo cuando Diego comenzó a gemir, corriéndose dentro de Marina, que lo exprimía sin contemplaciones. Adriana, aprovechando ese tiempo de tregua, siguió cabalgando a Daniel con el dedo dentro de su culito. Estaba decidida a provocar la corrida de Daniel, pero no ocurrió.
Era el último que quedaba y ahora le tocaba follarlo a Marina. Notaba cierto pique entre Marina y Adriana. Marina quería empatar con las otras chicas. Adriana quería volver a ser lo que quiera que supusiese llevarse más leche en el coño, la reina del semen o yo qué sé. ¿Por qué era así en estos juegos? ¿Por qué era tan competitiva sexualmente? Harley, una chica dulce e insegura, seguía jugando más por acabar que por otra cosa. Se montó Marina sobre Daniel y trató de hacerle polvo. Lo asfixiaba entre sus tetas, lo morreaba, le pedía que le metiese el dedo bien adentro del culo, pero no consiguió hacerle eyacular. Yo creo que el cabrón se hacía dos o tres pajas el día que sospechaba que iba a haber juego.
Cantamos tiempo y se montó encima de él Harley. Él, en contraste con la primera vez que follaron, la magreó sin ninguna consideración. Las tetitas, el cuello, los hombros, la espalda, los muslos, el culo. No se atrevió a meterle un dedo en el culo, pero le acarició el ano mientras la morreaba.
- Dios, escúpeme -le pidió de pronto Daniel.
- ¿Cómo? -preguntó ella extrañada, sin parar de botar.
- ¡Escúpeme! En la cara, en la boca, donde quieras.
Ella tardó en reaccionar, pero acabó acumulando saliva y le escupió en la cara. Daniel gimió más fuerte.
- Más, no pares de escupirme.
Y ella, extrañada pero algo divertida, acumuló más saliva y volvió a escupirle en la cara. Y una tercera vez. Daniel estaba llegando al orgasmo.
- Abre la boca, sucia rata -le ordenó Harley, metidísima en su papel, tras toda esa noche de locura. Él la abrió y ella, acumulando toda la saliva que le fue posible, se la echó poco a poco en su boca, directamente en su boca, asegurándose de que se la fuera a tragar y no se quedase nada por su cara. Y Daniel comenzó a correrse. Saboreando la saliva de esa delicada chica friki que en principio pocos verían como una mujer atractiva.
El juego había terminado.
Adriana parecía molesta. Se fue desnuda a por sus bragas y sujetador, se los puso y, después, fue a por una copa y se bebió la bebida espumosa de un trago. Me acerqué a ella, la estreché contra mí y le pregunté qué le pasaba. “Nada”, me dijo, y se quedó callada. Me estaba encontrando fatal con toda esa situación. Ella lo notó y volvió en sí misma. Me abrazó y me besó. “Me da vergüenza reconocerlo, mi amor, pero quería ganar otra vez, yo qué sé. Me siento validada con esto. Siento si te hace sentir mal”. Le pregunté si mi amor no era suficiente, si el hecho de saber que toda mi leche futura se la quería entregar a ella, no le valía. Ella me respondió que claro que sí, que mi amor era todo lo que necesitaba en el mundo, y que me pediría mucha mucha leche, pero que en estos juegos se picaba y se sentía insegura cuando no ganaba. Le dije que era la mujer más bella del mundo y, desde luego, de esa casa esa noche. Ella aseguró que no, que desearía ser delgadita y mona como Harley, o tener las tetas de Marina o de Laura. Estábamos hablando cuando el círculo de amigos pareció reunirse a nuestro alrededor. Cada uno a medio vestir.
- ¿Ha pasado algo? ¿Te has sentido mal, Adri?
Preguntó, preocupado Alan. Negamos los dos. Daniel quiso tocar las narices:
- Le jode que nos corrimos más chicos dentro de Harley que de ella.
Adriana le miró furiosa. Yo le dije que era un gilipollas.
- Tía, no te enfades, pero es eso. Si te sirve de consuelo, yo estuve apunto de correrme contigo, pero Harley también tiene novio y dentro de ti ya me corrí una vez.
Harley se había ido al baño. Los demás, prestaban atención a la conversación.
- Adriana, es una tontería. Nos vamos excitando con todas y no escoges donde te corres, menos este subnormal. Mi prima solo se llevó una, por ejemplo.
- Ya, pero yo la entiendo. ¿Podemos hablar aparte? -le pidió Marina a su primo. Y salieron al balcón.
- Adri, si es por eso, yo sigo estando cachondo -añadió Diego.
- Tú deja de tocar la polla. Que ya habéis tenido el juego que queríais. Ya se acabó y punto -intervine yo, furioso y protector.
Adriana me acarició con cariño.
- Adri, yo te pido disculpas por ser tan cretino a veces, no lo puedo evitar. Si volviéramos a jugar, Ángel nos mata. Pero si te vas a ir a dormir más tranquila, se me ocurre que, ya que seguimos cachondos y tú en ropa interior, podemos pajearnos y corrernos dentro de tus bragas. Sin penetración ni nada. Y así, te llevas más corridas que ninguna de las chicas en tu coño. Lo he visto en vídeos japoneses.
- Yo también, es una fantasía que tengo, los putos japos inventan de todo -intervino Zubi.
- Los cojones. Nos vamos ya a la cama. ¿Verdad cielo? -atraje a Adri hacia mí y la besé.
Ella entonces se giró hacia mí. Me temía lo peor.
- ¿Te molestaría mucho? Es solo correrse en mis braguitas. Sin sexo.
“Correrse en mis braguitas sin sexo” ¿en qué momento a Adriana le pareció que eso no era sexual? Me llevaban los demonios.
- Mira, Adri, yo ya estoy duro -dijo Diego, sacándose la polla del canzoncillo y masturbándose.
- Venga, os doy las bragas y os las pasáis.
- ¿En serio, cielo?
- Jo, cariño, haces que me sienta mal. Si de verdad te hace daño… no quiero que te sientas mal.
La interrumpió Zubi para decir:
- Pero yo lo que entendía era que, como en los vídeos, la chica no se quita las bragas. Se las deja puestas y extiende el elástico dejando hueco para que el chico se corra en ellas, disparando sobre su pubis.
Miré a Adriana fijamente para ver cómo reaccionaba.
- Sí, a eso me refería -dijo Daniel- pero sin tocar ni penetrar, solo una paja y listo.
Adri aceptaba, así que me miró buscando mi consentimiento. Yo suspiré y me rendí, una vez más.
- Y luego a la puta cama, Adri, por favor.
Ella se puso muy feliz:
- Sí, mi niño -y me besó en los labios.
Los chicos se sacaron las pollas, todas ya duras, y empezaron a masturbarse mirando a mi novia, que permanecía a mi lado, cogiendo mi mano.
- ¿Tú no, cielo? -me preguntó.
No quería contrariarla, me bajó el calzoncillo y enseguida atrapó mi polla con su mano.
- ¿Te giras para que podamos verte el culo? Nos ayudará a corrernos -pidió Diego.
Ella lo hizo, soltó mi polla y se giró, echando el culo hacia atrás. Los demás le soltaron piropos.
- Sepárale las nalgas, Ángel, que ese culo hay que verlo entero -sugirió Daniel.
- Lo que vas a ver son mis puños, que últimamente os estáis pasando cuatro pueblos.
- No peleéis, porfa, mi amor. Ya sabes cómo son. Me las separo yo y no peleáis.
Y con sus manitas se separó ambas nalgas, dejando ver algo de sus gorditos labios del coño y parte de la raja de su culito, sin que se viera el ano. Los chicos habrían querido seguir pidiendo pero sabían que yo ya había marcado la línea roja, así que se conformaron con eso.
- Adri, ven, que me corro -dijo Diego.
La hizo acercarse, lo que para mí era una forma simbólica de poder. Y ella fue. Yo fui tras ella, tratando de controlar la situación. Cogió el elástico de sus braguitas y dejó hueco. Diego se acercó mucho a ella y comenzó a pajearse a toda velocidad hasta que sé corrió. Solando chorros contra su pubis, pringando su vello recortadito y llenando la parte inferior de sus braguitas de semen. Alan entonces se acercó rápidamente y pidió a Adriana que se girara. Y comenzó a disparar contra ella. El primer chorro tenía tanta fuerza que le saltó a Adriana al ombligo. El resto se acumularon a los de Diego.
- Dijisteis que sin tocar, así que… -dijo de pronto Zubi, arrodillándose tras Adriana y acercando su cara a su culo, olfateando.
Adriana se rio mucho. Con esa recompensa a su osadía, Zubi llegó a su orgasmo, se levantó y disparó a tiempo contra el coño de mi novia, pringando también parte de su manita. Y entonces se acercó Daniel con su polla dura, dispuesto a disparar. Estaba frente a ella cuando Adriana le escupió en la cara. Daniel se rio y la llamó puta. Rieron los dos y ella le pidió que abriese la boca. Él lo hizo y ella escupió dentro. Estaban así cuando volvió Rockberto, que miraba perplejo la escena. Daniel empezó a gemir y a correrse sobre el coñito de mi novia, acumulando todavía más semen en las bragas.
- Joder, yo también quiero, pero rápido, que si me ve Marina no creo que le siente bien.
Y se acercó Rockberto, rabo en ristre.
- Déjame ver tus tetitas por favor, que me corro rápido si vuelvo a ver esos pezones rosaditos.
A Adriana le gustó el piropo sobre sus tetas, así que se subió en sujetador sobre ellas, que apuntaban aún más al tener la presión de la tela sobre ellas.
- Dios santo, qué gominolas -respondió Rober.
Y, al poco comenzó a rugir que se corría y a impactar sobre mi novia. Debido a la altura, los primeros chorros dieron en la tripa de ella, haciendo que le fuera cayendo el semen por todo su vientre hasta su coñito, los últimos, sí cayeron directamente sobre su pubis. Y finalmente, se acercó a mí mi amada. “Ahora la de mi rey”, me dijo, y ella misma me ordeñó la polla. Veía su coño pringoso, su vello púbico, tantas veces devorado por mí, la rajita de su coño, abajo del todo, empapada en fluidos, y las braguitas, un charco blancuzco y ligeramente amarillento. Y sumé mi corrida a la de mis amigos, gimiendo desesperado.
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