Prácticas de Empresa
El olor a aceite y gasolina aún le revuelve el estómago. Ve a Héctor cruzar la calle y el tiempo se detiene; no es el mismo hombre, pero la misma lujuria la paraliza. ¿Qué pasó realmente en ese laboratorio hace veinte años?
Alina iba de la mano de su hija por el centro de Barcelona mirando tiendas. Buscaba algún vestidito para ponerle en Navidad.
- ¿Alina?- Oyó a su lado una voz masculina desconocida. Despegó la cara del aparador y por instinto colocó a su hija detrás suyo
- ¿Si? ¿Te conozco?- Aquella presencia la impresionó.
- ¡Hostia! ¡Alina, cuanto tiempo! ¡Sí, soy Héctor!
- ¿Héctor?- La niña sacaba la cabeza por un lado para verlo. Alina frunció el ceño intentando adivinar quién era ese sesentón con aires de motero. Vestía muy por el estilo de su amante Luís, con una chupa de cuero ya agrietada llena de insignias moteras, pantalón tejano negro y botas de moto de caña larga. Llevaba un casco en el codo. El pelo ya plateado, antaño negro por lo que relucía, y largo hasta los hombros, caía por sendos lados de las patillas de unas gafas marrón oscuro. Su cara, llena ya de arrugas prominentes, se ocultaba tras una barba también larga y plateada
- No…no caigo…
- Vaya, mala cosa que no te acuerdes de mí. – Dijo apenado.- Héctor, de las prácticas de laboratorio.
- ¡Coño!- Se le escapó al recordar. Habían pasado más de 20 años.- ¡Sí, ya caigo! ¿Qué tal estás?- Se acercó a darle dos besos
- Bien, bien, haciendo. ¿Vives por aquí?- No le dio tiempo ni a negar que se dirigió a la niña.- ¡Hala, que niña tan bonita! Es tu hija, ¿no?- Asintió
- Sí, es mi hija. Y no, estoy aquí sólo por compras.
- Pues como yo- Miró el reloj- Siempre con prisas, me tengo que ir que me cierran la tienda. ¿Estarás por aquí y charlamos un rato? En media hora vuelvo a por la moto, esa de ahí- Señaló una motaza chopper grande como un camión.- Así nos ponemos al día- Ya daba pasos adelante esperando el sí.
- Lo siento, pero también tengo prisa, he de volver a casa y que ésta cene…- Soltó.
- Joder, qué pena. Mira, te doy mi móvil- Sacó una libretita y un boli del bolsillo superior de la chaqueta- y cuando quieras me llamas. Me haría ilusión volver a saber de ti- Dijo mirándola de arriba abajo. – Me voy. ¡Adiós guapa!- Agitó el pelo de su hija y se marchó Portal del Ángel arriba, no sin girarse una vez más.
Alina estaba en shock. Había pasado todo muy rápido y fue como si una oleada de recuerdos del tamaño de un elefante le entrase en la cabeza a través de un embudo estrecho como una canica y de la presión reventase.
- ¿Quién es mamá? – Le preguntó inocente su hija. Más presión de recuerdos.
- Un antiguo compañero, de cuando mamá empezó a trabajar.
Como decíamos, hacía más de 20 años. Alina tenía por aquel entonces 19, era una mocita bajita, rechoncha, algo menos que ahora pero ya se sabe que el parir te ensancha todo. Piernas anchas, cadera ancha. Cabello castaño ondulado, entonces hasta media melena. Aún le iban bien los sujetadores de 90C y esos pechos estaba más duros y subidos que ahora, ya algo caídos por la vejez.
Llevaba un par de años de pareja con Manuel. Ambos se querían con locura y salvo algunos escarceos con terceros (pasa en las mejores familias, comer siempre patatas fritas es aburrido y seguro que Manuel tampoco era un santito) Alina había mantenido a raya su sexualidad desmesurada.
Había empezado las prácticas del ciclo en un laboratorio no muy lejos de su pueblo. No recordaba a prácticamente nadie de allí, cosa buena y mala a la vez. Sólo tenía la sensación de haber estado de paso. Recordaba partes del laboratorio, dos arpías tocapelotas que le enseñaban de malas maneras, que no le pagaban y que encima, la última hora se quedaba sola limpiando trastos.
Lo que sí recordaba era a los chicos de producción; Dos hombres fuertes, muy simpáticos y bromistas. Eran los que amenizaban esa hora solitaria, venían a visitarla, a cogerle vasos de precipitados para beber agua, a toquetear muestras y a charlar con ella.
Héctor era un cuarentón muy bien plantado, casado y con dos hijos pequeños. Estaba fuerte, era alto y tenía unas greñas heavy muy graciosas. Motero hasta la médula siempre le preguntaba por su novio. Manuel, en aquel entonces, tenía coche pero casi no lo usaba porque era un pozo sin fondo de gastos, y se desplazaba con ella encima de una “chicharra” que apestaba a aceite y gasolina cosa mala. Cuando venía a buscarla por la tarde, los dos se quedaban largo rato charlando de motos.
Era verano. El compañero de Héctor estaba de vacaciones y aprovechaba para escaquearse del trabajo y venir a verla. Se notaba que le gustaba.
Hablaban de todo mientras ella fregaba; a veces salía el tema sexo, siempre bromeaba sobre si Manuel la complacía.
- Ui…sí…es un cerdete
- Como todos los hombres
- Él más…
- ¿Y tú te dejas?- Preguntaba pícaro bien cerca de ella.
- Bueno, no soy una santa.
- Ah…o sea que te gusta…
- Pues sí.- Sentenció
Fueron unas semanas en que cada día había un poquito más de morbo. A Alina le gustaba el tonteo cosa mala y él, como buen tío, no dejaba pasar la ocasión de subir el tono los diez minutillos de café que venía a visitarla antes de que se fuera con Manuel y él tuviera que cerrar las vallas y seguir produciendo.
Le preguntó por lo bajini sobre alguna “trapellería” como solía decir. Alina le contó que hacía un par de tardes, al salir de las prácticas, no aguantaba el calentón y le hizo parar la moto y que la jodiera en un caminito que daba a la carretera principal, y que los pillaron en plena faena unos policías. Por suerte no hubo represalias pero les aconsejaron irse a un hotel. Héctor se reía, mirándole las tetas bamboleando y rascándose la entrepierna con disimulo. Él no paraba de preguntarle detalles.
- Pues…salí caliente y en la moto le iba toqueteando. Le hice parar y nos bajamos, tuvimos sexo pero nos cor….
- No, no, pero detalles. ¿Dónde fue?
- La carretera que va por el río, a la altura del Pryca, a la derecha…un parking
- ¡Ah! ¡ya sé dónde es!
- Pues paramos, nos fuimos al lado del puente y allí….
- ¿Se la mamaste?- Preguntó poniéndola roja
- No
- ¿Él te lo comió?
- No, fuimos a lo que fuimos.
- Vaya, ¿No te lo come?
- Ui sí, ¡claro! ¡Y muy bien! Pero teníamos prisas y me moría de ganas de lo cachonda que estaba.
- ¿En qué posición?
- A cuatro patas. Con esta ropa no se puede de muchas más formas- Se sorprendía de la facilidad que tenía para hablar de aquellas cosas con él. Dejó el alcohol en la mesa para hablar más directa, y él se apoyó mirando al techo y cerrando los ojos. “Me está imaginando follando”
- Mmmm… yo nunca follo a cuatro, y me encantaría…ahí ver el chochete lisito y rosa antes de…
- Yo no me depilo, sólo me lo recorto- Dijo Alina poniéndose muy roja
- Vaya, pues serás la única de tu edad… Te dejo que ya te queda poquito para salir. Avísame para cerrar - Dijo dirigiéndose a la puerta y tirando la taza de papel a la papelera. Justo antes de desaparecer se asomó.-. Oye, ¿Ibas cachonda por estas charlas?
- Bueno….- Dijo Alina sin mirarlo, volviendo a fregar enseres. Oyó un “je je” en el pasillo
Aquella tarde cuando la recogió Manuel con el chicharro la conversación entre los chicos fue breve, Alina le metió prisa. Como el otro día le hizo parar y se lo llevó a rastras, esta vez más cerca del río donde los cañizos los cubrían.
- Vamos, dale que no aguanto más.- Dijo a su novio que raudo se bajó los pantalones y bóxer, apuntaló la polla en su empapado coño y empezó a follarla con saña.- ¡Ah…! ¡Así! ¡Fóllame!
- ¡Joder cariño! ¡Qué calentón llevas!
En casa de sus padres se dio una ducha larga, aprovechando que estaba sola, y se masturbó de nuevo aunque su novio la hubiera corrido dos veces en escasos diez minutos. “¡Dios!” Se decía con la manguera de la ducha dirigida al clítoris y dos dedos bien metidos.
- ¿Ayer que tal?- Preguntó Héctor entrando al laboratorio. Ella había empezado a meter trastos en la fregadera
- Bien bien
- ¿Hubo tema?- Dio acercándosele
- Algo…
- Si es que no se puede hablar de guarradas. Yo insistí hasta que mi mujer me dejó magrearla, y nada más, así que voy que reviento- Sin pudor se agarró el paquete. Ambos rieron, Alina con esa sonrisilla de chica cachonda.- Y encima las tiene pequeñas y me he de conformar
- ¿Pequeñas?
- Sí, no podía ni dar el pecho. –Soltó mirándoselas.- Tú sí que podrás darlo bien ¿eh?
- ¿Lo dices por estas?- Alina se agarró las tetas por encima de la bata y las levantó graciosa.- No son tan grandes
- Grandes son “joía”, y eso que no puedo verlas con tanta ropa.
Los separaban más de dos metros. La distancia le daba seguridad y aumentaba el morbo.
Alina miró de reojo a Héctor, después el reloj para asegurarse del tiempo para limpiar todo aquel desastre. Se desbotonó la bata blanca marcando pechos en su camiseta amarilla ajustada. Casualmente se había olvidado de ponerse sujetador, dado que la misma camiseta los aguantaba, y los pezones se marcaban cosa mala. “Qué casualidad”
Héctor se quedó embobado los pocos segundos que se las marcó; ya había visto sus pechos encerrados en sujetador y camisetas anchas, pero no así.
- ¡Hala!- Dijo al fin. - ¡Ya tengo con qué pelármela esta noche.- Ella tenía una risita tonta y volvió a su faena
Volver a la faena era decir mucho. Limpió cuatro veces el mismo vaso. Estaba nerviosa, sofocada, en extremo caliente. Le ardía el coño, notaba las bragas mojadas al aire, y un fresquito se le colaba por las piernas. Esperaba no haber mojado también el pantalón corto tejano. Sólo pensaba en follar, en liberar esas ansias. Miraba el reloj de la pared y el de su muñeca contando los minutos para ver a su novio.
- Ale, ya me la he pelado.- Dijo Héctor entrando al laboratorio
- ¿En serio?- Preguntó roja como un tomate secando los últimos utensilios
- ¡Qué va chiquilla! Aunque cuando llegue a casa no prometo nada. Entre esos cocos y mi imaginación volando con un chichi peludo…por cierto, ¿Castaño o negro?
- Jajaja…- Dudó en responder.- Negro.
- Mmmm…qué delicia….
Rieron sin saber por qué. La tensión sexual era evidente. Sin embargo sonó la alarma y tenía que ir saliendo, Manuel seguramente ya estaría fuera
- Alina, ¿Cuánto te queda de prácticas?- Preguntó cuándo se iba al vestidor a dejar la bata
- Ahora que lo dices…- Rebuscó en el bolso y sacó el librito verde.- Por cuentas, hasta el viernes.
- Vaya, voy a echar de menos estas charlas….Anda, sal que tu chico te estará esperando- Le guiñó un ojo y esperó a que saliera del vestidor para seguirla.- Uff…qué tetas niña…- dijo bajito pero lo suficientemente alto para que se enterase y la ruborizase
Se montó en la chicharra de Manuel, despidiéndose de Héctor. Su novio ya fue directo al sitio donde habían follado la última semana. Casi sin hablar llegaron al cañizo, Alina se bajó el pantalón y las bragas y se dispuso de modo que la pudiera penetrar a placer. Sus gemidos, demasiado sonoros, atrajeron un par de mirones a la lejanía pero no les hicieron caso.
- ¿Qué tal preciosa?- Dijo Héctor desde la puerta agitando el café al día siguiente
- Como siempre. Bien. ¿tu?
- Cachondo perdido- Soltó. Rieron a carcajadas- Tendrías que trabajar siempre con la bata abierta.
- ¿Así?- Dijo de broma tonteando con él, desabrochándosela como el anterior día. Llevaba un top blanco, también sin sujetador, y se había puesto una minifalda, de la cual se arrepentía porque sus grandes muslos rozaban y con el sudor al final de la tarde se enrojecían. Héctor se acercó pero mantenía las distancias.
- ¡Ui! ¡Qué minifalda más chula!- Le dijo.- Pero llevarás bragas…
- Sí claro
- ¿Seguro? Sujetador no llevas…
Alina se levantó un segundo la minifalda haciéndole una mueca para que viera las bragas blancas.
- Jajaja- Sonrió él.- Vaya, pues hubiera estado mejor sin.
- Sí, en eso pensaba…anda, vete que tengo mucho que recoger
- Ya veo ya
- Además yo te estoy enseñando y tú no enseñas nada- Le dijo haciéndose la loca
- ¡Ah! ¿Qué quieres ver?- Se desabrochó el pantalón y le enseñó el bóxer por la bragueta. Alina se ruborizó al ver que calzaba un buen miembro- ¿Te gustan? Son Calvin Klein
- Son chulos.
- Si quieres también te enseño lo que guarda- Le guiñó el ojo. Ella clavó la mirada en los vasos limpiándolos.
- Deja bribón. Venga, vete, que si no, no me da tiempo a recoger
- Jajaja, con lo bien que nos lo estamos pasando. Anda, hagamos una cosa. Yo te ayudo a recoger
- ¿y qué quieres a cambio?- Preguntó pícara
- Ummmm… ¿Qué estás dispuesta a hacer?
- ¡Eh! Sin pasarse
- Jajaja, es broma, es broma.- La tranquilizó (aunque no quería tranquilizarse)- Venga, yo te ayudo y tu…me das tus bragas
- ¿Cómo?- Preguntó roja de indignación y morbo.
- Vale, vale, ya me voy…- Sonreía caminando hacia la puerta sabiendo que se había pasado en el tonteo.
Alina no quiso dejarlo pasar por hacerse al inocente.
- Espera- Le detuvo pasando por su lado y entrando en el vestidor, él sin quitarle ojo a las tetas bamboleando con los pezones de punta. Ni un minuto después salió directa hacia él, cogiéndolo de la mano y abriéndosela para estamparle las bragas en la palma. Héctor se quedó alucinado por la osadía.- Ale, a limpiar- Le señaló la mesa con la cabeza.
Se pusieron el uno al lado del otro limpiando en silencio unos minutos.
- Vas muy lento- Rompió el silencio Alina con el recochineo
- Chica, no me puedo concentrar como entenderás. Y me duelen los huevos…
Alina tuvo que dejar lo que hacía para reírse.
- ¡No te rías! Estos pantalones aprietan mucho- Se giró hacia ella mostrándole el bulto- Alguna cochinada más y tendría que soltarla
- No serías capaz.- Le miró retándolo.
- Prueba- Pensó en qué decirle.- Si viera tetas quizá….
- Jajaja, ¡Si ya las estás viendo!
- ¡Pero digo fuera!
- ¡Sí hombre!
Alina estaba rezumando flujos. Miraba de reojo con deseo aquel bulto, necesitaba verle la polla. Héctor siguió limpiando, ella se quedó unos segundos dudando.
- Héctor…- Le llamó la atención y cuando la miró, ella cogió el top con ambas manos y se lo levantó un segundo, volviendo a taparse riéndose
- ¡Eh! ¡Eso no vale! ¡Ha sido muy rápido!
- Haber estado atento…- Dijo volviendo a limpiar más inquieta que antes
Unos segundos de reflexión.
- Puaj, no puedo más, me voy a aflojar esto- Soltó quitándose el cinturón y los botones. Alina miraba de reojo expectante
- ¿No ibas a soltarla?- Preguntó pícara
- Ah, ¿Quieres verla?- Alina hizo un gesto de indiferencia
- Yo te he enseñado las tetas…
- ¡Pero ni un segundo!
- Enséñala tú lo mismo…
Héctor reía. Le hizo un “tss tss” y le enseñó el bóxer al completo. Asomaba la punta por encima “Uff…es grande…” pensó Alina viéndola así. Después lo confirmo, se bajó rápidamente el bóxer descubriendo una polla grande, larga y dura, depilada y bonita, y al instante la tapó de nuevo. Alina Salivó.
Se hizo un silencio sepulcral. Héctor acabó de limpiar la zona que le había dicho y se marchó resoplando. Alina sonreía.
Cuando salió ni esperó a que los chicos acabasen de hablar de la última revista de motos que ambos leían. Instó a Héctor a que cerrara las vallas y se metiera dentro, y se llevó a Manuel de la mano a la esquina de la nave, que daba a una calle industrial muy poco transitada e hizo que la follara por detrás apoyada en la pared. Él no se dio cuenta de que ni llevaba bragas, o no le dio importancia; Cuando estaba tan en celo solía mojarlas y a veces se las quitaba al final del día.
Ya en su casa, después de cenar y antes de irse a dormir tenía costumbre de leer un rato. Estaba echada de costado, en pijama, tapada hasta la cintura con la fina sábana, hojeando un libro sin enterarse de nada porque tenía la cabeza en otro sitio.
Lo cerró. Suspiró. Se acarició los pechos encima del pijama. Estiró el brazo, cogió el cepillo de pelo con mango de madera liso, alargado, con forma de cono con base redondeada y lo miró con deseo, metiéndolo dentro de la sábana y dejándolo cerca de sus rodillas. Se bajó un poco el pantalón del pijama, lo justo para descubrir su trasero y, con las rodillas hacia adelante, puesta haciendo la cucharilla, también quedó fuera de la ropa su coño.
No necesitó ni lubricarlo con saliva; se separó el cachete y se penetró de costado.
- Oh…Héctor…-decía bajito, ocultando la cabeza en la almohada. Se frotó el clítoris con el mango metido hasta las cerdas del peine y se quedó relajada con un maravilloso orgasmo.
Al día siguiente el rato con las arpías se hizo eterno; esperaba con ansia la visita de su compañero y seguir tonteando. Había tomado por costumbre vestir camisetas ceñidas y minifalda
- Tus bragas olían muy bien…- Dijo en tono burlesco cuando apareció
- Cerdo. – Le sonrió.- Podrías devolvérmelas
- Mejor no, no quedaron muy bien paradas.
El saber que se había pajeado en sus bragas la puso a mil.
- Oye- Dijo acercándose por detrás. - Si te ayudo a limpiar hoy también… ¿Me vuelves a enseñar las tetas? Pero más ratito por favor
- ¿Y tú lo tuyo?- Héctor asintió como un niño y se puso a limpiar con ella.
Cuando acabaron, se miraron. “Venga, es el momento”. Quedaron uno frente al otro, un metro les separaba. Alina se apoyó en la mesa que hacía escuadra y se desabrochó la bata, para después poco a poco y con carita de niña buena, subirse la camiseta plegándola sobre sí misma. Héctor tenía la boca abierta, no respiraba.
- ¿Y tú?- Le dijo sacándolo de la ensoñación de mirarle las tetas
También con lentitud se desabrochó la bragueta y el cinturón, bajándose el bóxer poco a poco descubriendo su polla sin dejar de mirarle las tetas.
- ¡Qué tetas tienes!- Dijo- Me…dejas… ¿Me dejas tocarlas?
- Vale, pero un poquito solo
Héctor se le acercó vacilante. La mano temblaba y primero notó el contacto suave de la yema de sus dedos. En el tiempo en que se conocían, aparte de manotazos en la espalda y algún saludo, era la primera vez que la tocaba. A Alina se le erizó la piel.
Las acariciaba como si se fueran a romper. Al ver que ella no le decía nada, se atrevió a usar la palma entera y sopesarlas. Alina estaba en la gloria, y veía la polla moverse de la presión sanguínea. No preguntó; Echó mano a ella.
Su tacto era suave, cálido. Él no reaccionó hasta que la mano le descubrió el glande tirando de la piel lentamente
- ¿Te gusta?- Alina asintió moviéndosela un poco adelante y atrás. Él no dejaba de manosearle los pechos- A mí también me gustan tus tetas
Los movimientos pasaron a ser una paja en toda regla. Héctor se relamía sobándola.
“Uff…no puedo más” Se dijo Alina. Soltó la polla y se subió a la mesa. Puso los pies encima de ella y levantando el trasero al arquear la espalda se quitó las bragas ante la atónita mirada de Héctor.
Alina se relamió. No mediaron palabras. Al incorporarse se besaron apasionadamente. Las manos se lanzaron a acariciarle los pechos; los besos pasaron a ser mordisquitos en el cuello y fueron bajando a las tetas, que comió con deseo.
No se paró ahí, siguió bajando. Con las manos le subió más la falda y separó lo que pudo las piernas, se quedó embobado un segundo mirándole el rosado coño entre la mata de vello juvenil y después se lanzó a comérselo medio agachado. Alina le acariciaba el pelo, arqueada hasta dar con la pared en la espalda, disfrutando de la comida de coño que le estaba dando, deleitándose con sus jugos, repasando con la lengua la raja de arriba abajo, parándose a darle con la punta de la lengua en el clítoris. Alina gemía sin pudor moviendo las caderas follándole la boca.
Sonó la alarma y dejó de comérselo alertado. Ella, al borde del orgasmo, ignoró el ruido y tiró de su polo haciendo que le prestase la debida atención. Rebuscó entre los cuerpos hasta dar con la polla, la agitó y de un bote se colocó más a la punta de la mesa calibrando la altura.
Estaba completamente espatarrada encima de la mesa, con las tetas al aire y los ojos cerrados de placer, deseo y pasión. No pensaba. “Rápido” Sólo le dijo.
Héctor, al verla así, no dudó llevado por sus instintos de hombre. La abrazó y la echó encima de la mesa cubriéndola con su cuerpo, y de un certero movimiento se la encajó hasta los cojones en su peludo coño veinteañero
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH! –gritó aun sabiendo que su novio estaba al otro lado de la puerta metálica, ni a diez metros
Se quedó unos instantes dentro de su coño, saboreando la victoria tanto tiempo reprimida. Después se incorporó y le miró y tocó las tetas. Sacó y metió lentamente disfrutando de su cuerpo juvenil
Alina tenía que salir, aunque quería continuar toda la noche. En aquella posición las penetraciones no eran muy profundas así que volvió a erguirse. Abrió los ojos y lo miró directamente, no con pasión; con furia. Se mordía el labio inferior y tenía el ceño fruncido. Metió la mano por el pantalón agarrándole la cadera y clavando las uñas, atrayéndole hacia ella y al sentir de nuevo la polla bien adentro cerraba los ojos sin cambiar la expresión de “fóllame”
Pam. Una vez. Pam. Dos veces, más rápido. Al quinto pollazo pudo soltarle la cadera y lo dejó que la jodiera a su antojo agarrada a la mesa.
- ¡Ah! ¡Ah!....¡Así!...¡Sí!...-Gemía.
- Mmm….ummm….mmm…- Hacía él
La polla entraba y salía a un ritmo lento, estaba disfrutando de joderla. Ella, agarrada a la mesa, alzó la vista al techo y cerró los ojos. Llevó tres dedos al clítoris; con dos se separó los labios y con el corazón hacía círculos
Alina empezó a convulsionar del orgasmo. Boqueaba, respiraba entrecortado con pequeños grititos y tomó de nuevo conciencia. Notaba a Héctor también a punto. “¡Manuel!” Pensó, pero no por lo que estaba haciendo, sino porque resultaría sospechoso que no follasen al salir, y obviamente se percataría si venía con un regalito dentro.
Se incorporó aún más y le cogió de la cabeza. Sus ojos no se separaban de las tetas y como a un bebé se las dio a comer. Así mismo, la mano que había acabado con el clítoris se agarró a la polla en un descuido, sacándosela y agitándola muy rápido.
- Ah…oh….oh…….mmm…- Gemía él entre mordisquitos en sus pechos.-uffffff……..-Soltó finalmente
Un líquido caliente caía en su muslo y pelos. Dejó de comerle las tetas y se miraron, respirando ambos cansados.
- Venga, es tarde- Dijo Alina bajándose la camiseta y separándolo de su cuerpo. Le había regado cerca del coño y se limpió el estropicio con papel secante para muestras
-….Alina….- Balbuceaba mirando al suelo, metiéndose la polla en el pantalón. Ella sabía lo que pensaba, sólo le hizo el ruidito de silencio.
- Hoy espérate a que nos vayamos para cerrar la valla.
Recogió y se puso las bragas, echó un último vistazo y salió corriendo al vestidor para dejar la bata. De allí dio cuatro zancadas hasta la puerta. Fuera esperaba Manuel encima de la chicharra fumando. Le dijo que estaban hasta arriba de faena y que perdonase el retraso, que ya cerraría Héctor más tarde y se largaron.
Por el camino, antes de llegar a su zona de folleteo, le preguntó si quería “tema”. Ella asintió
- Mañana será mi último día, no vengas a recogerme.- Le dijo cogiéndole de la mano y arrastrándolo por los caminillos hasta la cañada- Me han dicho que harán una fiestecilla.
- ¡Qué pena! ¡Se me acabaron los polvetes!
- Ni hablar, ya buscaremos el modo pero no hay que dejar las buenas costumbres.- Soltó bajándose las bragas y poniéndose a cuatro, levantándose la minifalda
- Uf….cariño…¡Qué mojada y abierta estás!- Dijo él clavándosela
- Estoy en mis días fértiles- Replicó para evitar sospechas de que le habían dado polla pocos minutos antes.
La jodió como necesitaba, duro, sin contemplaciones, dándole un orgasmo genial que necesitaba horrores.
Era su último día. Las arpías habían preparado un pequeño buffet de pastas y pusieron la cafetera a disposición de todos, en honor a ella. Estaban todos, Héctor incluido, y no dejaba de mirarla a la lejanía
Antes de irse Sara, la mayor, le firmó el librito y puntuó. También le dijo que se fuera ya si quería, pero Alina quería ganar puntos por si la contrataban y se quedó a limpiar como siempre.
- Hola- Dijo entrando al laboratorio.- Esto…he estado pensando mucho en lo de ayer…no quiero que te vayas con una mala impresión de mí, una cosa es tontear, otra…y yo estoy casado.- Alina dejó de fregar para girar la cabeza al lado donde se colocó y escucharlo atentamente- ¡Que me lo pasé muy bien eh! Y….uf…si no fuera por…bueno porque te vas y por mi situación….te….
- ¿Te qué?- Preguntó al fin
- No sé tía, te….algo. ¡Joder! Me lo paso súper bien contigo, aunque no hubiera pasado nada…y no vuelva a suceder, estaría bien que te quedases
- Tú lo que quieres es “pincharme” más veces, condenado
- ¡No, no! ¡De veras!- Se apoyó en la mesa riendo- Con charlas guarras me conformo
Ambos rieron a carcajadas.
- ¿Queda alguien más por aquí?- Preguntó misteriosa y ya seria
- Administración
- Pero salen por la puerta principal- Soltó su pensamiento en voz alta.- Cierra las vallas, y la puerta
Héctor obedeció sin rechistar. Al volverse hacia ella se quedó petrificado; A la distancia le miraba fijamente y se quitó poco a poco los botones de la bata y después la dejó caer.
Se bajó sensualmente el pantalón quedándose en bragas y camiseta ajustada
- Entonces ¿Sólo quieres charlar?
No respondió, se le fue acercando poco a poco. Alina le sonrió y justo se quitó la camiseta por encima de la cabeza mostrando sus grandes tetas, él ya estaba a su altura babeando.
- ¡Cómo me tientas!
Alina abrió la boca y sacó la lengua, y ambos se besaron lascivamente. Héctor le agarró las tetas y las estrujó. Ella le desataba el pantalón y buscaba dentro su polla, y no paró hasta soltarla y cogérsela.
Dejaron de besarse para él poder quitarse el polo de trabajo. Alina se agachó a bajarle pantalones y bóxer; le agitó la polla ya bien dura y se la llevó a la boca
- Uff….oh….oh…- Gemía Héctor acompañándola en sus movimientos, moviéndose adelante y atrás
Alina paraba de chupársela para pajearlo mirándole a los ojos. Sonreía y volvía a metérsela en la boca
No quería correrlo. Le apretujó los huevos y lamió del bajovientre en arriba; el estómago, el pecho, el cuello, la cara y finalmente, de pie, se comieron la boca.
Le tocaba a él; empezó a comerle las tetas y fue bajando. Al llegar a las bragas, Alina se las apartó y él metió la lengua entre la pelambrera.
Ella no se reprimió, y sabiendo que en su estado no tardaría más de unos segundos en recuperarse, explotó en un delicioso orgasmo al lamerle como un perro el clítoris. Boqueaba, respiraba a trompicones y sus piernas temblaban.
Cuando acabó de correrse se giró y anduvo hasta la mesa, apoyando las manos en ella y girando la cabeza para mirarle. Héctor se secaba las babas con el dorso de la mano sonriendo.
Le expuso mucho el culo y lo zarandeó “¿Quieres?” Venía a decirle. ¿Quién se hubiera negado a follarse a una chica de la mitad su edad ofreciendo el trasero después de una chupada mutua?
Se colocó detrás. Alina se bajó las bragas y volvió a cogerse a la mesa.
Cierto era que no follaba a cuatro; le costó unos segundos eternos encontrar la entrada frotando el capullo por toda la zona.
Estaba nervioso, temblaba. Quiso tranquilizarlo
- Héctor, ¡Que soy yo! ¡Tranquilo! Tenemos tiempo, disfruta- Le acarició el muslo y el, sonriéndole, empezó a meterla.- Ah…así…ummm…poco a poco….que rico….
Cerró los ojos y disfrutó de una follada lenta y calmada. Aunque siempre prefería los polvos rápidos y salvajes, estaba disfrutando del sexo suave. Se estuvo más rato de lo que esperaba dándole polla.
Héctor le agarraba las tetas y la penetraba
- Oh….uff….no…no aguanto…
- Mmmm…Héctor….un poco más…dijo llevando unos dedos al clítoris y frotándoselo con furia- Uf….uf…sigue…no pares…
Normalmente sólo follaba con su chico, y se conocía su compás. A Héctor no lo conocía bien follando, así que ante la duda se frotó lo más rápido que pudo corriéndose ella primero. “Ale, ya te puedes correr cuando quieras” Pensó
- Me…me corro…- Le anunció aflojando el ritmo
Lo notó dudar en sacarla. Ella se agachó más y se abrió las nalgas ofreciéndole bien el coño para descargar. Héctor se la clavó bien al fondo unas veces más y convulsionó llenándola de leche.
Cayó rendido en su trasero acariciándole la espalda. Los dos reían como bobalicones
- Voy a echar de menos nuestras charlas- Soltó
Se había hecho tarde; lo que debía ser un polvo rápido se extendió más de la cuenta y Héctor aún tenía faena.
Se vistieron mirándose y sonriendo, haciéndose muecas y tirándose una bola de papel en la que Alina se había secado.
Héctor abrió la valla y la dejó salir. Se miraron fijamente. Pese a la diferencia de edad había mucho feeling
- Bueno, ya sabes dónde estoy, por si un día quieres pasar a verme….o al salir
- Sí, claro- Le besó suavemente en los labios y se marchó saludando atrás un par de veces hasta que la cabeza desapareció dentro de la nave.
Fue la última vez que lo vio hasta esa tarde-noche por la céntrica Barcelona. Por el camino cogió el librito verde y lo ojeó para leer los comentarios, todos excelentes. Le escribieron una carta de recomendación general y una muy específica; añadieron la dirección de un laboratorio socio que buscaban personal, ya que con ellos no podía quedarse porque eran una empresa pequeña y andaban más que sobrados de gente. “Conocemos muy bien al jefe, Severino. Es un gran hombre” Dijeron las dos arpías mirándose y riendo.
Cada pasito que daba era como si borrasen con goma una letra de la historia de sus prácticas de empresa y la sonrisa con la que salió cambió a una más sagaz, quitándole la ensoñación y calculando sus posibilidades y cómo actuar ante el camino que se le abría. Se vio reflejada en un stand de carteles y tenía una cara maquiavélica y calculadora.
Los siguientes días fueron exámenes, más exámenes y también exámenes, y por la tarde a follar como conejos con Manuel. Y cuando decimos como conejos, era que desde que se veían hasta que llegaban sus padres a casa se lo pasaban jodiendo.
Cuando pudo tener un rato libre se dirigió a esa empresa que le anotaron y el jefe de personal, una chica de recursos humanos y el director mismo le ofrecieron un puesto en pruebas; salió contenta y expectativa, era un gran sitio con futuro.
- Mamá, ¿quién era ese hombre?- Preguntó su hija justo cuando llegaban a la estación de tren.- Da miedo, tiene la barba muyyyyyyyyyyyyy larga
- Un antiguo compañero de mamá
- ¿Del cole?
- Bueno, de trabajo pero no era trabajo…ya lo entenderás
- ¿Trabajaba contigo?
- Sí cariño, sí….-Dijo- Y me trabajaba también- Susurró
- ¿Qué?
- Nada mi amor, vamos que perderemos el tren- Cogió el papelito del bolsillo, lo estrujó y lanzó a la papelera
Intentó olvidar pero la edad hacía que las vivencias pasadas se elevasen a memorables, y no se sacaba de la cabeza la pequeña empresa de donde salió, ordenando los sucesos en su mente, recordando los buenos y malos momentos. Y a Héctor. Y a las arpías “¡Joder, cómo las odiaba!” y no por malas o exigentes o bordes…sino por sus piedrecitas a las espaldas y siempre criticando cualquier cosa que hacía, por lo que le sorprendió la carta tan exacerbada de elogios hacia ella.
- Seve…- Preguntó mirando hacia atrás- ¿Recuerdas cuando empecé aquí?
- Sí, claro- Dijo su jefe metiéndosela hasta la mitad en el coño haciendo que pusiera una mueca de placer y dolor por su inmensa polla
- ¿Qué tratos tenías con el “tienducho” del que salí?
- Jajaja- Pensó sonriendo. Le levantó más el trasero y se la hincó bastante más- Me sacaban algunas muestras
- ¿El laboratorio o las dos jefecillas?- Preguntó Alina entre bufidos de placer, empezaban los escalofríos.
- Jajaja- Volvió a reírse y las penetraciones fueron más profundas y rápidas.- Lucía….y Sara….tengo buenos recuerdos de ellas sí.
Alina empezó a tener su “orgasmo raro” que sólo le provocaba aquella inmensa polla. Mordía y abrazaba el cabecero del sofá para no chillar y por si se desmayaba. La sacó por fin muy lentamente y cada centímetro que se retiraba de su coño era un poco más de sangre en el cerebro y aire en los pulmones. Acabó dándole un pequeño azote en la nalga
- Eran dos zorras malfolladas, típico de casadas con cargo.
- ¡Eh!- Replicó Alina sintiéndose incluida.
- No va por ti, tu eres especial…en todo, que ya nos conocemos…- Le dijo agitándose el gran manubrio e inclinándose para darle un besito en el trasero.- tu eres la única que aguanta mi “culebra” hasta el fondo- ¿A qué viene ese brote de melancolía? No tendrás pensado irte ¿verdad? Volver allí seguro que no, cerraron hace años.
- No hombre- Se colocó sentada en el sofá y se subió las bragas y el pantalón- Que ayer vi a un antiguo operario
- ¿Su nombre? – Se metía la polla en el pantalón y ella se anudaba la bata de laboratorio
- Héctor
- Héctor….Héctor… ¿Alto? ¿Fuertote? ¿Moreno de pelo largo?
- Sí
- Trataba más con el otro, el feo tontorrón, y con su jefe, un tal Jeremías. Total, nosotros “gestionábamos” más directos con Laboratorio que con ellos. Pero sí, Héctor era un buen currante. ¿Teníais mucho trato?
- Echamos un par de polvos- Soltó desde la puerta aún sin abrir
- ¿Qué edad tenías entonces? ¿Dieciocho?
- Diecinueve
- ¿Y él?
- Cuarenta y pico
- ¡Qué cabrón!- Dijo, como si él no le sacase también una ristra de años
Alina sonrió abriendo la puerta y largándose con un saludo al aire, viéndolo ordenar papeles y pensando en la orden del día y cómo gestionar las líneas de producción.
- He mejorado sustancialmente- Dijo por el pasillo en susurro, sólo escuchándose ella
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