El Cuñado parte 1
Oscar siempre ha mirado a las hermanas con codicia, pero esta vez su mirada no se detiene en la elegancia intocable de Luz, sino en la plenitud carnal de su propia esposa. Mientras la familia juega a ser perfecta bajo el sol de Mallorca, Albert descubre que el deseo puede ser más peligroso que el odio, y que escuchar a través de las paredes puede cambiarlo todo.
EL CUÑADO Parte 1
_Como está la peque ¿Eh?_
La peque era Sofía mi esposa y quien decía estas palabras era Oscar mi cuñado.
Estaba acostumbrado a los comentarios un poco bordes de Oscar, pero nunca le había escuchado algo así referido a mi esposa. Su blanco preferido, por no decir su obsesión, era Luz, hermana de Sofía y nuestra cuñada en común.
_No es la primera vez que la ves, yo creo_
_Pero es que este año está impresionante, ya ha cumplido los treinta ¿No?_
Me reí divertido, Oscar era un cabrón pero siempre terminaba a las risas con él, era uno de esos golfos con los cuales es imposible enojarse.
_Si, los acaba de cumplir_
_Joder, no te digo, como todas las hermanas, pasan las treinta y más buenas se ponen_
Pensé en Ana, la propia esposa de Oscar, ella era la hermana mayor y ya estaba cerca de los cuarenta si no fallaban mis cálculos, luego estaba Luz de 35 y mi esposa, la peque, la hermana menor del cuento.
Luz siempre había sido la princesa de esta historia, era rubia, alta, 1,78, podría haber sido modelo pero era licenciada en filología, escritora, siguiendo cierto mandato familiar de que la cultura era un valor y estandarte. El dinero nunca había sido un problema para esta familia desde Alfonso XII para acá.
Hasta en su matrimonio había cumplido con lo que se esperaba de ella, Borja era todo lo exitoso, culto y guapo que se podía desear, dos años mayor que ella, filósofo, escritor, pijo en la medida justa, intelectual pero buen nadador, a veces aparecía una nota firmada por él en un periódico importante, profesor universitario, un tío majo, el yerno perfecto.
La mosca en la leche era Oscar, palurdo y además de golfo, argentino.
Como Ana tan fría y aristocrática había caído tan bajo era algo difícil de saber, pues cuando entré en la familia, seis años antes, Oscar ya estaba allí con su corpulenta y rechoncha figura, su calvicie incipiente, un pasado algo nebuloso como futbolista profesional en equipos de segunda B y luego representante y apoderado de jugadores de su propio país.
Tendría en la actualidad unos cuarenta y tantos años, cerca de los cincuenta y hacía más de veinte que vivía en España, su forma de hablar iba de un país a otro con soltura, más bien en una mezcla turbia de expresiones argentinas y españolas mixturadas a placer.
Y por último yo mismo el esposo de la peque, abogado a secas sin pretensión intelectual de ninguna especie. Mi padre había sido un filósofo del derecho y escrito libros, a los ojos de esa familia tan exigente en ese aspecto, ese detalle me salvaba un poco del escarnio, pero dentro mío yo sabía que no bastaba para lograr el respeto necesario.
Esa común indiferencia y leve desprecio familiar me había llevado a cierta complicidad con Oscar que Sofía a veces me reprochaba.
_Albert ven al agua conmigo _ dijo Sofía.
Estaba mojada y su bikini era muy pequeño, sus enormes pechos parecían que iban a eclosionar esa prenda apenas sujeta por unas tiritas de tela que se anudaban en su nuca.
Oscar me miró socarrón.
Tantas veces me había dicho guarradas acerca de Luz que ya podía imaginar lo que estaría pensando de mi esposa.
Mi esposa no era tan alta como sus dos hermanas, era en ese sentido también la peque, pero medía 1,68 y aunque lamentaba esos dos centímetros que la separaban del 1,70, aventajaba a Luz y a Ana en otros atributos.
Sus pechos eran colosales, había estado a punto de operarse cuando adolescente para quitarse un poco. Agradecí que no lo hubiese hecho.
Su figura era estilizada y sus piernas largas y magnificas, emergían imponentes desde la pequeña cintura y las curvadas caderas. Todo en ella era una mezcla de miniaturas y exageraciones.
Su nariz y su boquita pequeñas, pero sus ojos almendrados eran grandes y asombrados por largas pestañas, como un poco grandes eran sus dientes blancos, casi de conejillo, para esa boquita tan bien formada.
Su culo era para volver loco a cualquiera, dos montañas carnosas y pulposas que emergían de su pequeñísima espalda y estrecha cintura como los de una diosa de la fertilidad.
_Venga Albert ven al agua joder_ dijo Sofía, quién llevaba el pelo muy corto, hacía poco había recortado su melena castaña
_Andá Albert, no seas boludin, ve hombre que si te lo piden así, mi esposa en cambio mirá como pasa de mi_ dijo Oscar mezclando las expresiones idiomáticas.
Ana la hermana mayor, era más alta que mi esposa pero un poco más baja que Luz, mediría 1,74 y su longilíneo cuerpo se mecía en una colchoneta inflable que derivaba en la piscina bajo el sol de Mallorca.
Ella era la deportista de la familia por excelencia, largas y flexibles piernas de corredora y nadadora, algo menos rubia que Luz, tenía un hermoso rostro al que su frialdad de carácter arruinaba un poco. Sus pechos eran pequeños y ahora llegando a los cuarenta era una tabla prácticamente. Uno de sus fibrosos brazos se hundió bajo el agua y remó un poco, con las gafas de sol puestas.
Me sumergí en el agua con mi esposa. Oscar me sonrió y brindó con una caipiriña en la mano a la distancia.
_ ¿Qué cotilleabas con él?_
_Nada, cosas del fútbol, a ver si está enterado de algo que todavía no sale en el Marca_
_Por lo que dice Ana, hace tiempo que no concreta ningún….ninguna transferencia_
_Supongo que con una buena que se marque al año debe ganar una buena pasta_ dije yo
Sofía se encogió de hombros y se giró, las montañas carnosas de su culo emergieron sobre la superficie y volvieron a hundirse en el agua luego.
Mi esposa tenía un carácter dulce y adorable, creo que era la única que se mostraba razonablemente afectuosa con Oscar sin juzgarlo ni hablar mal de él.
En cambio Luz no dejaba de mostrarse un poco irónica y cínica con Oscar en su presencia y más aún a sus espaldas, siempre en los límites de la buena educación.
Parecía que entre ellos existía una guerra no declarada.
La verdad es que Luz me intimidaba un poco, por su gran belleza y su inteligencia, sus ojos eran verdes, como piedras preciosas, gemas o esmeraldas y tenía una melena rubia y sedosa que le caía por la espalda, su cuerpo era de infarto aunque no tenía los pechos del tamaño de mi esposa, todo en ella era armónico y bien puesto.
Largas piernas, la marca registrada de la familia y un buen culo, un cuerpazo que conservaba a pesar de tener dos hijos ya.
Pasé nadando al lado de Ana quien seguía flotando en su mundo, ella tenía siempre para conmigo una tolerancia algo desdeñosa. Alcancé a Sofía en el borde de la piscina, apreté sus melonazos contra mi pecho y la besé.
Miré hacia donde estaba Oscar pero este tenía los ojos cerrados.
_ ¿Que? ¿Estás un poco cachondo o qué?_ me dijo ella sonriendo
_Lo normal con una tía como tú en la piscina_ le dije
_ ¿Ah sí? ¿O será que has estado hablando guarradas con tu amiguete? _ dijo ella divertida
Alguna vez le había contado las cosas que decía Oscar de Luz, que lo buena que estaba, que si él pudiera le enseñaría un par de cosillas y alguna frase en argentino que nos había hecho gracia a Sofía y a mí: “Como me garcharía a esta flaca agrandada” o “esta le va de fina pero seguro que le gusta la pija como a todas”
_Seguro te ha dicho alguna cosa de Luz ¿no es verdad?_
_No, esta vez me ha dicho algo de ti_
_ ¿Si? ¿Qué te ha dicho?_
_Como está la peque ha dicho y que después de los 30 las hermanas os ponéis más buenas que antes_
_Que bobo es, si Ana supiera lo mata_
_ Igual lo sabe_
_No…que va_
_Bueno hace mucho que están juntos, tienen un niño…que se deben conocer bien digo yo_
_Si puede ser…_ dijo ella abstraída, estaba de perfil, observe su naricita perfecta, las aletas nerviosas de su hermosa naricita, el pliegue de sus labios.
Si, realmente Sofía estaba más hermosa que nunca, era guapísima, pero ahora es como que su rostro se hubiese transformado, siempre había sido muy aniñada, un poco como su carácter, alegre y franco. Ahora había en ella, por momentos, como una sombra de cierta gravedad y seriedad que antes no tenía. Era realmente una mujer llegando a la plenitud de su belleza y su femineidad.
De pronto tuve como un ramalazo de temor, de que ella cambiara demasiado o de no poder seguirle el paso de alguna manera.
Nunca se me había pasado algo así por la mente.
_ ¿Qué tienes tonto?_ dijo Sofía sacándome de mi ensoñación.
Ahora fue ella quien se pegó a mí bajo el agua, rozó levemente mi polla con una de sus piernas y tuve una repentina erección.
_ ¿Quieres que vayamos adentro?_ dijo y me besó en la oreja, echándome los brazos al cuello.
Otra vez sus tetones se pegaron a mi pecho y mi polla volvió a responder.
_Joder como estás amor_ dijo
Ana levanto la cabeza del respaldo de la colchoneta y nos miró levantando un poco las gafas de sol, su mirada era un poco dura y amonestadora.
_Te espero arriba_ dijo Sofía y fue nadando hasta la salida de la piscina.
Subió la escalerilla chorreando agua, tuve una visión de sus nalgas demarcadas por la tira del bikini-tanga de color azul.
Fue a buscar unas toallas a la tumbona de al lado de donde estaba Oscar, este la miró con interés y me guiñó un ojo. Estaba realmente panzón, su tripa había aumentado, era innegable.
Entonces le habló a Sofía, no pude escuchar que le dijo.
_ ¿Qué?_ dijo ella volviéndose hacía él, seguía secándose el pelo, ella de pie y él recostado en la tumbona con la copa en la mano.
Oscar le dijo algo, ella sonrió. Sus pechos se agitaron y sacudieron
_Eres terrible_ dijo ella sonriendo.
Vi las delicadas plantas de sus pies desnudos caminar por el piso de lajas en dirección a la casa.
Esperé que bajará mi erección, pero esta no cejaba.
Ana volvió a mirarme.
Salí de la piscina ya sin importarme si mi erección se notaba o no.
_ Empalme villa constitución_ dijo Oscar sin mirarme, siempre recostado en su tumbona mientras yo cogía una toalla.
_ ¿Qué?_ le dije
_Es un pueblo de Santa Fe, de ahí salieron varios buenos jugadores_ dijo el riéndose
_ ¿Si?_
_Empalme…empalmarse….empalmado, no sé si me seguís Albertito ¿te hago un dibujito?_
_Si claro_ dije yo sonriendo también, Oscar lograba ese efecto en mí, aunque no pillara demasiado sus chistes
_Pasala lindo Albertico_ dijo mientras ya me marchaba.
Sofía tenía unos pezones grandes con aureolas rosadas y carnosas. Mientras le comía las tetas sentía sus dedos jugando con mi pelo.
_Ay amor como me gusta_ dijo ella suspirando
Después, mientras ella se duchaba, me acerqué para verla y hablar.
Estaba impresionante, tenía razón Oscar, estaba mejor que nunca, yo sabía que había ido mucho al gimnasio antes del verano, pero era algo más que eso, sus curvas, la lisura de su piel, sus tetones bajo el agua que caía eran impresionantes, un poco de su vientre parecía empujar hacia adelante a pesar de ser tan liso y plano y su culo se impulsaba hacía atrás en la curvatura de su espalda.
_ ¿Qué te ha dicho Oscar?_ le pregunté
_Que no te cansara demasiado, que luego quería jugar al paddle contigo_
Pensé luego que había sido demasiado rápido en verdad, estaba muy excitado, extrañamente excitado y no tardé mucho en correrme. Luego hice que Sofía se corriera comiéndole el coñito.
Por último me había pajeado ella con sus tetones, algo que no solía hacer a menudo y yo me había vuelto a correr de esa manera.
El sexo con Sofía era bastante bueno o al menos eso creía yo hasta ese momento.
Pero de pronto era como si sintiera que estaba con una nueva mujer, más la observaba bajo la ducha y más increíblemente guapa me parecía, era como si se me hubiese caído una venda de los ojos y notara, después de tantos años, lo buena que estaba mi esposa, el pedazo de mujer de bandera que tenía a mi lado.
_Esta tarde llega Luz, a ver si hacen alguna escenita con Oscar como la última vez_ dijo ella mientras se enjabonaba.
_Ya cansan un poco_ dije
_Luz es demasiado para él, pobrecillo_
_Te da pena entonces_
_Bueno no debe ser fácil para él, una familia como la nuestra_ dijo ella
_ ¿Qué te pareció a ti cuando lo conociste?_
_Bueno fue hace como quince años, si, por lo menos, todavía jugaba, era portero suplente de no sé dónde, creo que del Almería_
_Si, me ha dicho que estuvo allí _
_Bueno, en esa época no estaba tan mal, siempre fue alto y como todavía jugaba se entrenaba y eso_
_Todavía me vas a decir que te gustaba_
_ ¿Qué dices? No…siempre me dio un poco de cosilla…nunca entendí como mi hermana….._
Sofía salió de la ducha y cogió una bata
_Bueno algo tendrá, supongo_ dije yo
_Me da un poco de asco de solo imaginarla con él_ dijo ella mientras se secaba el pelo, muy corto, ese suave pelo castaño claro.
_Hoy no das golpe Albert, algo te ha quitado piernas me parece_ dijo mi cuñado riendo
Jugar al paddle uno contra uno en pista de dimensiones normales es complicado.
Me sorprendía lo ágil que se mantenía Oscar a pesar de su edad y su sobrepeso.
_Vamos a dejarlo mejor_ dije yo, pensando en los increíbles tetones de mi esposa bajo la ducha
_Qué diferencia mi mujer con la tuya_ dijo Oscar acercándose, parecía que me hubiese leído el pensamiento
_ ¿Por qué lo dices?_ dije fingiendo ingenuidad
_Me he cogido muchas tetonas en mi vida, son la ostia, una buena cubana no se compara con nada ¿Eh?_ dijo guiñándome un ojo y acomodando la raqueta en su bolso
_Tu peque es una tetoncita divina, tenes suerte Albertito_ remató
Acusé el golpe y fingí una sonrisa.
_Bueno Ana es una mujer muy interesante también_
Si…si…… no sabes lo que era hace quince años, una mina muy elegante, esas piernas fibrosas y las ganas de coger que tenía en esa época_
_Las tres son bellísimas_
_Un poco reprimidas todas, mucha historia de chupacirios, demasiado catolicismo_
_ ¿Si? ¿Cómo sabes de las demás?_
_Me lo imagino, a Anita, que cuando la conocí tenía más de veinte fui el primero en hacerle el culito ¿Qué me contas?_
Era típico de Oscar esas confidencias que nadie le pedía, siempre provocando
_Luz no sé, también la veo bastante mojigata a pesar de que la va de diosa del sexo_ agregó
Pensé en Sofía, nunca habíamos hecho sexo anal con ella y por la poca experiencia que tenía antes de mí, imaginé que nunca lo habría hecho con nadie. Ni siquiera me había atrevido a preguntárselo directamente.
_ ¿Y la peque que tal?_ dijo
_De mojigata nada, eso te lo aseguro_ dije sin convicción, más para salvar la ropa que por otra cosa.
“Tetoncita divina” había dicho mi cuñado, pensaba en esa frase mientras miraba yo el discreto escote por donde asomaba el canalito de los pechos de mi esposa, un vestido liviano de verano, ella sentadita en el sofá de la sala- comedor al aire libre, sobre una terraza que dominaba la cala.
El lugar era uno de mis sitios preferidos de la casa, cenar o desayunar allí con las vistas del mar y la cala era una auténtica pasada.
Esperábamos la llegada de Luz desde el aeropuerto, Ana la había ido a buscar.
¿Y Borjita porque no viene?_ preguntó Oscar mientras preparaba unos tragos, era el único que seguía en bañador y camisa de manga corta.
En esa casa todavía se seguía la costumbre de ponerse algo más formal para la cena y las chicas la mantenían a pesar de no estar mis suegros presentes.
_Tenía que dar unas conferencias sobre Schopenhauer y unos cursillos de verano_ dijo mi esposa que admiraba sinceramente a Borja como todo el resto de la familia.
_Ah! schopenaguer mi preferido, gran interior derecho de la selección alemana del 74_ dijo Oscar alcanzándome una copa
No pude evitar sonreír, Oscar se enorgullecía de su propia ignorancia, era un mecanismo de defensa claro.
_Tu tómalo a broma, pero Borja es fenomenal como profesor, yo fui alumna suya en la universidad_ dijo Sofía
_ ¿Ah sí? ¿Fuiste alumna suya? espero que no hayas seguido el caminito de muchas alumnas suyas, ya sabes lo que se comenta_
_ ¿Que se comenta?_ dije yo, Sofía me fulminó con la mirada, sus tetones respiraron incomodos dentro del vestido.
_Después te explico_ dijo Oscar
Se escuchaban voces que subían por la escalera.
Ver a Luz siempre me provocaba la misma sensación, a pesar de que ya hacía años que la conocía.
Por un instante se me cortaba el aliento.
_Como vais mis cuñaditos del alma_ dijo ella con una sonrisa irónica
Un mechón de pelo rubio sedoso y pesado le cayó en parte sobre la cara. Se lo apartó con una mano de dedos largos y fuertes, las uñas pintadas de rojo sangre. Sus brazos largos y estilizados meciéndose suavemente al costado del cuerpo, llevaba un pantalón de traje que embutía sus piernas interminables.
Se giró para saludar a Sofía y pude ver su culazo marcado por la prenda, la fina cintura y una camisa de seda, de talle corto que dejó ver un poco de piel suave y tersa de la espalda, cuando se inclinó.
_Como está mi bella peque_ dijo cariñosa con su hermana.
_Hala tu siempre guapa_ dijo Sofía, yo sabía que admiraba a su hermana más que a nada.
_El tránsito estaba fatal_ dijo Ana un poco fastidiada.
Luz giró un poco la cabeza y una cascada de pelo rubio se agitó en torno suyo, lo llevaba largo casi hasta la cintura.
La mano tosca y regordeta de Oscar se posó sobre el brazo de ella cuando le dio un beso en la mejilla, ella apartaba casi su cara en vez de acercarla para que él la besara en la otra mejilla.
Me daba cuenta que, hasta mi cuñado que todo el tiempo jugaba a ser un bufón, estaba un poco cohibido en esos primeros instantes en su presencia.
_Pensé que no estarías aquí tu_ dijo un poco despreciativa
_ ¿No? ¿Por qué?_ dijo él ya un poco amoscado
_Bueno, como esta es la época donde se venden y compran jugadores_
_Se inventó el teléfono ya ¿tal vez no te has enterado?_ dijo Oscar, pero ella ni le contestó.
Conmigo tenía buena relación, más que nada porque me consideraba un apéndice de su hermana pequeña a quien ella protegía todo el tiempo. Tenían adoración mutua entre las dos.
Mientras nos saludábamos advertí la mirada torva de Oscar detrás de ella, pero duró solo un segundo.
_ ¿Quiere beber algo la princesa?_ dijo Oscar
_Lo que sea que esté fresquito_ dijo Luz y se dejó caer sobre el sofá al lado de Sofía, era una mujer de 1,78 tan bien proporcionada, tan estilizada, pero a su lado mi esposa parecía realmente pequeña y ella gigante, colosal.
Juntó sus piernas de costado y apoyó su largo brazo en el respaldo del sofá, por dios era guapísima, era como una aparición.
_ ¿Quieres cambiarte antes de comer Luci?_ dijo Ana
_No…..tengo hambre…...prefiero comer_
Ana fue hasta la cocina que estaba en esa planta de la casa.
Apareció Elisa la mujer que permanecía todo el día de servicio, con una gran fuente de gambas y otros mariscos.
Luz se incorporó desde el sofá para besarla.
_Como estás mi niña_ dijo Elisa quien era una mujer bajita y morena que hacía más de treinta años que trabajaba para la familia.
_Ahora que te veo, sé realmente que estoy en casa_ dijo Luz con una gran sonrisa que iluminó esa terraza frente al mar.
_ ¿Y Borja cuando viene?_ pregunté
_Supongo que el fin de semana, si no se enrolla en alguna otra cosa que le pidan_ dijo ella con desgano
_Está muy solicitado el chaval_ dijo Oscar recuperando parte de su aplomo
Luz enarcó una fina ceja sin decir nada.
_ Hoy hable con mamá, están flipados de tener a los nietos para ellos solos_ dijo Ana
_Los van a malcriar bastante que es lo suyo_ dijo Luz
Sofía me miró, hacia un par de años que veníamos buscando quedar y no lo habíamos conseguido.
_Luego de cenar podemos hace una video llamada_ dijo mi esposa
Elisa trajo unas fuentes más hasta la mesa, venía un aire fresco del mar, pero aun así estaba caluroso.
La cena transcurrió con cierta normalidad, salvo algunas pullas e ironías lanzadas como dardos entre Oscar y Luz.
Lo peor fue cuando otra vez Oscar sugirió que seguramente Borja estaba muy solicitado y tal vez no viniera el fin de semana.
_Bueno, al menos él, es útil en alguna parte_ dijo Luz
Ana sonrió con ironía como dando la razón a su hermana en contra de su marido.
_Hay que ver como son de demandantes estos estudiantes…… y estudiantas sobre todo_ dijo Oscar
La cara de Luz cambió a una expresión de acritud.
_Borja es una autoridad mundial sobre Schopenhauer, habrá más catedráticos que estudiantes en esas conferencias_ dijo Sofía
_Ese es el que decía aquello de la voluntad, algo así ¿no?_ dije
_El mundo como voluntad y representación_ dijo Sofía, quien también había estudiado filología para seguir los pasos de su hermana yo creo. Luz le sonrió con dulzura, me pareció que estaba un poco cansada ya por el viaje y la comida. Sus pómulos prominentes y su boca, las líneas y los hoyuelos sensuales que se le marcaban, el ovalo perfecto de su cara era algo bestial de bello a pesar del cansancio que se le notaba
_Si se le pone voluntad se puede lograr cualquier cosa, es lo que siempre digo yo_ dijo Oscar
_Mejor trae un poco más de vino tú y dile a Elisa que ya puede servir el postre que Luci está cansada_ dijo Ana.
Me acosté, dormí dos o tres horas y me desperté, tenía una erección, pensaba en mi mujer bajo la ducha, las frases de Oscar “es una tetoncita divina” y la figura increíble de mi cuñada, creo que incluso había soñado con ella.
No podía dormir, la casa tenía diez habitaciones, las habitaciones que ocupábamos estaban alejadas entre sí, para mayor privacidad.
Me levanté para beber agua en la cocina y mirar un poco el mar desde la terraza.
Pasé por la habitación de Luz, apliqué el oído sobre la puerta pero no escuché nada, ni el sonido de su respiración al dormir.
Llegando a la cocina me pareció escuchar voces, susurradas casi.
Me asomé sin hacer ruido desde la cocina, había luna llena sobre el mar, desde la terraza venía una luz tenue, sentada en el sofá, sobre la barandilla que daba a la cala, estaba Luz, mi cuñada, con una bata de toalla y descalza, su largo pelo rubio esta mojado, seguramente había nadado en la piscina en medio de la noche.
_A ver explícame algo ¿él puede acostarse con todas las estudiantes veinteañeras que se le antojen y vos le seguís siendo fiel? ¿Qué sos? ¿La pelotuda del año?_
Era la voz de Oscar mi cuñado
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