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La Flama Púrpura 07: Las Amigas Y Los Amigos

Dani siente una chispa peligrosa al recordar a Eizo, el joven compañero de su hijo, mientras sus amigas la presionan con preguntas indiscretas. A cientos de kilómetros, su esposo Eduardo ignora las advertencias de su colega y corre hacia la habitación de su amante, Rena, donde el sexo es rápido, sucio y sin amor. ¿Cuánto tiempo podrá mantener Eduardo sus dos vidas separadas antes de que la verdad,

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“Amigas, yo pienso que ya era hora que nos juntáramos todas, ¿Cuándo fue la última vez? Hace más de un mes, fácil”.

Estela era una de las amigas de Dani. Ella fue la primera vecina que conoció cuando se mudaron y habían seguido como amigas desde entonces. Al igual que Dani, Estela estaba casada y tenía un par de gemelos. Era un poco mayor que Dani, y se le comenzaba a notar. A pesar de que Estela estaba un poco pasada de peso, lo compensaba con un sentido del humor que agradaba a todas. “Pues a mí no me molestaría si quedáramos en vernos una vez a la semana, quizás una vez cada dos semanas si es que estamos todas ocupadas” Tania había sido amiga de Dani desde la preparatoria, e incluso había sido su compañera de equipo de voleibol. De cabellera rizada, Tania había estado comprometida una vez y la boda se canceló al último momento. Desde entonces, Tania había decidido ser más estricta al momento de salir con alguien, e incluso decidió que se tomaría las cosas a su ritmo. Ella no tomaría una decisión tan importante sin estar absolutamente segura que es lo que ella quería. “Yo estoy disponible para lo que quieran, cuando quieran, solo necesito que me digan con tiempo para organizarme” Ylianova, con quien días atrás Dani había tenido una conversación, era quizás la más flexible de todas en el grupo de amigas. Vivía su vida sin preocupaciones y, al momento, era la confidente de Dani, aunque nadie más sabía eso. “Es que con eso de los niños y los esposos, pues realmente no da mucha oportunidad de planear las cosas, Estela sabe a lo que me refiero” Con una sonrisa, Dani había mirado a Estela, mientras que ella asentía. Era la única con la que podía identificarse en el aspecto familiar. Aunque Estela rara vez tiene problema alguno con su marido, al menos eso es lo que pensaba “Pues mis angelitos ya están por irse a la universidad y entonces yo tendré más tiempo libre, lo siento por Dani porque a su chico todavía le quedan un par de años, ¿Verdad?” Dani hizo una mueca “Ni me lo recuerdes, y con lo que le pasó hace poco solo me pone más nerviosa”.

Las amigas se habían quedado de ver en la misma cafetería donde días antes Ylianova y Dani habían tenido su plática, aunque el ambiente no era tan tenso como lo fue en ese día. Ylianova actuaba como si nada hubiese pasado, ni siquiera le hacía miradas inquisitorias a Dani. Ella era una mujer muy práctica: Si alguien necesitaba hablar con ella de algo en particular, entonces hablarían, y si no hablaban es porque no era necesario. Ella había dicho lo que tenía que decir. “Ay, Dani, pero eso es parte de la vida de cada chico. Acuérdate en nuestros tiempos había por lo menos una o dos peleas a la semana en la parte de atrás de la preparatoria” Tania estaba sonriendo, intentando que Dani se relajara. Ella entendía que, como madre, las preocupaciones de Dani eran diferentes “Sí, yo entiendo. Pero eso nunca le había pasado a mi Carlos, y más porque la pelea pasó por no tener tiempo de atender a ese chico, Eizo” Estela frunció el ceño “¿Y quién es ese Eizo? Con eso que mis chicos no van a la misma escuela, el nombre no me suena… Aunque creo que es la primera vez que lo escucho, es exótico”. Dani recordó al chico: Alto, atlético, bien parecido, y con una fragancia de la cual no se había podido olvidar. “Le apodan el Samurái, la verdad no sé qué le dieron de comer porque es un chico enorme, hace que el pobre de Carlos parezca más bajito de la que ya es, es muy musculoso para su edad, y sus facciones son una combinación de Japonés por parte de su madre, y latino por parte de su padre” hubo un silencio general, hasta que Tania habló “¿Y está bueno?” Las cuatro comenzaron a reír, y Dani se sonrojó, momento que Estela aprovechó para intervenir “¡Tania, no chingues! ¿Qué no ves que es compañero de escuela de Carlitos?” Tania simplemente se encogió de hombros “¿Y? Dani misma acaba de decir que el chico es enorme, pues hay que saber de una vez si el chico está bueno para seguir hablando de él, o si mejor cambiamos el tema” Las amigas volvieron a reír, aunque Estela no se veía tan divertida “Pero, ¿Y qué tiene que ver si el chico está bueno o no? Es lo suficientemente grande como para haberle dado una golpiza al pobre de Carlitos, claramente es lo único que necesitamos saber” Con una sonrisa pícara, Tania meneó su dedo índice en negativa “¡Pero claro que no! Si tienes a un tipo de dos metros de altura y de más de doscientos kilos de peso, sabes que el tipo es una bestia, pero lo más seguro es que tiene sobrepeso y eso no significa que esté bueno, ¿Verdad?” Ella miró a Dani después “Además, amiga, no me lo tomes a mal, la verdad es que Carlitos pues… Le sacó toda la herencia a su papá. Chaparro y flaco. La única diferencia es que no le gustan los deportes, aunque si no lo voy a negar, el chavito es bien inteligente. Pero, pues, dudo mucho que eso le ayude mucho si lo que quiere es conseguirse a una chica”.

Ese tipo de comentarios normalmente herían a Dani. Desde la preparatoria, muchos veían su relación con Eduardo como si fuese un poco desproporcionada, aunque fueran una pareja ideal. A pesar de que él también era deportista y practicaba el fútbol frecuentemente, ella era la que sobresalía. Evidentemente, la costumbre siguió con sus propios hijos, mientras que Jessy tiene una presencia muy fuerte y un carisma innegable que le permitía ser sociable y tener un amplio círculo de amigos, Carlos era el completo opuesto de su hermana. Solitario, callado, tímido al punto de la ineptitud social, pero también altamente inteligente. A su mente vinieron las imágenes de Eizo, quizás no era el estudiante más dotado, académicamente hablando, del grupo, pero era claramente dotado en todas las áreas donde Carlos o no había sido dotado, o no había mostrado interés en cultivar. A pesar de los problemas con Carlos ese día en la oficina del Director, Eizo mostró sinceridad y arrepentimiento, y al mismo tiempo se veía tan bien cuando se disculpó con ella y sus ojos se posaron sobre los de ella. Por alguna razón, y en lugar de sugerir que cambiaran el tema a cualquier otra cosa, ella comenzó a comparar a Eizo y Carlos en su cabeza, cada quien con sus virtudes, cada quien con sus cualidades.

“No sé ustedes, pero la verdad yo prefiero a alguien en forma, que cuide de sí mismo y que sepa lo que hace” La conversación continuaba a pesar de que la mente de Dani se había desconectado por unos momentos al recordar a Eizo “Pues sí Tania, eso lo entiendo, pero estás hablando de un abusón y de un chico problema” Tania sonrió de forma pícara de nuevo “Si, y los abusones y chicos problemas son los que saben lo que hacen” Sorprendentemente, Ylianova miró a Dani con una sonrisa “Bueno, y a todo esto… ¿Si está bueno el chico? Porque si no nos dices nos vas a tener a todas intrigadas, y no creo que eso sea justo. ¿Tiene todo en su lugar?”.

Dani se sonrojó una vez más cuando se dio cuenta de que ella estaba de nuevo en el centro del escenario, la atención de sus tres amigas estaba concentrada en ella, y aunque Estela parecía no estar completamente de acuerdo con la dirección que había tomado la conversación, ella sentía la suficiente curiosidad para no objetar a la pregunta de Ylianova “P-pues… Sí…. Digo, considerando lo joven que es, es obvio que está en buena forma física, él juega baloncesto y supongo que va al gimnasio a entrenar también” La respuesta parecía haber satisfecho a las amigas, pero Tania no dejaría que las cosas se quedaran tan vagas “Sí, y eso está bien, pero ¿Qué tal está de nalgas? ¿Y de paquete? ¿Se le notaba, o es más discreto? Como dice Ylia, ¿Tiene todo en su lugar? Vamos, amiga, suelta la sopa” Estela soltó una carcajada, viendo a Tania “¡Eres una cabrona, Tania!” Sin embargo, esta vez era la misma Estela quien presionaba a Dani, quizás empujada por la misma curiosidad, o quizás envalentonada por el claro efecto embriagante del té helado no alcohólico que se estaba bebiendo “Bueno, para acabar rápido, ¿Entonces está nalgón el chico? ¿Vergudo también?” Tania gritó, con la risa siguiendo instantes después, estaba más que feliz con la inesperada complicidad de Estela, quien era normalmente la más reservada y sensata del grupo. Ylianova vio a Dani con una mirada que le recordaba que no tenía que responder, ya que había dicho lo suficiente, y Dani lo consideró, pero hubo algo dentro de ella, algo que quizás había ignorado durante mucho tiempo que hizo que contestara.

“Pues la verdad que si se le notaba, no estaba duro, pero tampoco estaba flácido, y de nalgas… ¡Ay, amigas! Van a tener que disculparme, pero no tuve oportunidad de verlo como yo hubiera querido sin que pareciera una pervertida” Las cuatro soltaron sonoras carcajadas de tal manera que una mesera tuvo que pedirles que bajaran su entusiasmo. “¡Quién diría que Dani no pierde tiempo en apreciar algo digno de recordarse!” Tania seguía disfrutando de su café mientras el ambiente seguía “Oigan, pero creo que no está de más recordar que solo estamos bromeando, ¿De acuerdo? Lo que menos queremos es que haya problemas entre Dani y Eduardo si se hacen chismes. Lo bueno es que mi Francisco es muy comprensivo y no le afecta nada de esto” Dani estaba por decir algo, cuando Tania se le adelantó “Amiga, sin ofender, pero aunque a Francisco le afectara, él no tiene derecho de sentirse ofendido, mira que haberlo atrapado con las manos en la masa mientras te engañaba, ¡Eso es no tener madre! Tiene muchísima suerte que pudiste perdonarlo y decidiste seguir tu vida con él” Hace seis años Francisco engañó a Estela. Lo que debió haber sido una sola instancia se convirtió en algo regular hasta que Estela notó cambios en el comportamiento de su esposo y eventualmente lo descubrió. Las repercusiones del engaño fueron tales que la posibilidad de un divorcio era cada día más grande. Estela se acercó a sus hijos y se aseguró que nada les faltara, y después de tomarse un tiempo para ella, finalmente pudo encarar a su esposo. Después de una conversación que bien pudo haber durado días, Estela decidió darle a su familia una oportunidad más para estar juntos, mientras que su esposo juró que jamás volvería a cometer ese error y que nunca limitaría a Estela cada vez que saliera con sus amigas. Juramento que, hasta la fecha, parecía haber cumplido.

“O él es muy suertudo, o yo soy muy pendeja” Las palabras de Estela tenían cierta amargura, ella tomó un sorbo más de su té helado “Estela, no digas eso. Tú decidiste hacer lo que casi nadie puede hacer en tu lugar y le diste una oportunidad más a él, y a tu familia” Dani estaba intentando animar a su amiga, pero el tono de la conversación ya había cambiado “Te lo agradezco Dani, pero no puedo evitar dudar de él, ¿Sabes? Es muy difícil quitarme la inquietud. Cada vez que trabaja horas extra, o cuando su jefe lo manda a alguna conferencia un fin de semana, siempre me lleno la cabeza de pendejadas, ¿Con quién estará? ¿Y si le llamo para escucharlo? Créeme que intento no pensar en eso, es mi esposo, el padre de mis hijos, me pidió perdón. No tengo razones para dudar de él… Pero por más que lo intento, no puedo dejar de dudar” Hasta Tania, quien siempre tenía algo que decir, se había quedado callada. Era un silencio incómodo que se había generalizado. Estela suspiró, forzando una sonrisa “Perdón, amigas, no quise tirar el humor de la reunión… Dani, no sabes lo afortunada que eres al no tener un problema de estos con Eduardo” Por toda respuesta, Dani abrazó a su amiga, pensando para sí que ella tenía razón, ella era afortunada.

Mientras tanto, a unos ciento cincuenta kilómetros de ahí, una escena similar, pero con tintes diferentes estaba tomando lugar. Eduardo estaba almorzando en un restaurante adjunto al hotel donde se estaba hospedando, pero no estaba solo. Terry Jones era un empleado de la misma marca internacional de motocicletas para la cual Eduardo trabajaba, pero la diferencia era que Terry Jones era un gerente de ventas que había solicitado una transferencia hacía unos años atrás para forjarse nuevas oportunidades de crecimiento, pero terminó enamorándose del país y de la cultura. Poco tiempo después de su transferencia, conoció a Eduardo y ambos entablaron una inesperada y sólida amistad. Terry era un genio en ventas, podía diseñar efectivos planes que mostraban resultados a las pocas semanas de ser implementados, y también estaba a cargo de promociones y descuentos, su físico también demandaba atención y le daba una poderosa presencia al momento de cerrar tratos y ventas. De más de dos metros de altura, la piel de Terry era oscura como el ébano, la cual hacía que su sonrisa resaltara aún más. Él poseía una barba tupida y cuidada con esmero y tenía un físico marcado por años de haberse dedicado a jugar fútbol a nivel colegial en su país. Quizás lo que más llamaba la atención era que el cabello de Terry era largo en el estilo de las rizadas y trenzadas rastas, lo cual le daba un aspecto contradictorio. Terry también era altamente inteligente, siendo fluente en el inglés, francés, alemán, y español. A pesar de tener un acento claramente extranjero, Terry podía hablar, escribir, y comprender el español casi sin problemas, incluyendo palabras en inglés ocasionalmente y de forma inconsciente.

“Ed, ¿Puedes por favor explicarme de nuevo el problema con tu esposa?” Terry se había convertido en el confidente de Eduardo, a pesar de que había permanecido soltero hasta el momento, tenía la cualidad de ver un problema desde diferentes ángulos y ofrecer una perspectiva única. ¿Quién diría que una aptitud para el trabajo sería tan útil en la vida cotidiana? Con un gruñido, Eduardo dejó de lado su bistec por un momento y habló acerca de su relación con su esposa. Como a pesar de que él trabajaba tan duro para asegurarse que no le faltara nada a su familia, para su esposa no era suficiente, e incluso remarcó como una vez ella prácticamente lo forzó a tener sexo. Terry escuchaba con atención mientras que ocasionalmente comía de su ensalada de fruta, de vez en cuando fruncía el ceño y seguía escuchando hasta que Eduardo terminó de explicar, de nuevo, su situación.

“Entonces, si lo entendí bien, ¿Tu problema es que tienes a una esposa candente que te espera en casa todos los días, dispuesta a dejar que le hagas todo lo que tú quieras y a la que ignoras de forma rutinaria?” Eduardo estaba por meterse un bocado a la boca cuando escuchó la pregunta “Sabes amigo Terry, cuando lo dices así, me haces sonar como un completo imbécil malagradecido” Terry sonrió, viendo a Eduardo “Mhm… Mira Ed, yo solo he visto a tu esposa un par de veces, y de eso hace ya mucho tiempo. Ella ocasionó una fuerte impresión en mí, y te aseguro que ese efecto también está presente en otras personas que la conocen, si sigues frustrando a tu Daniela, alguien más se ofrecerá a satisfacerla” Eduardo dio una risita incrédula “Dani nunca me haría eso. No a mí. Ella me quiere demasiado, ¿Sabías que he sido el único hombre en su vida?” Por toda respuesta, Terry levantó su ceja “Right, y ella ya no es la única mujer en tu vida. Tú no te estás portando muy bien con ella, Ed” Eduardo bajó el tenedor y cuchillo, y miró fijamente a Terry “A ver, a ver… Terry, tú y yo somos amigos, pero en mis asuntos mejor ni te metas. Además, tú eres tan cabrón o más que yo, no tienes motivo para juzgarme” Terry sonrió, estaba divertido con la situación “Hold up Ed, espera un momento. Tú a mí me pediste consejo, me contaste de tu esposa, ¿Y ahora ya no es de mi incumbencia? No puedes pedir mi consejo en una situación así y de pronto decidir que ya no quieres escuchar más cuando te digo algo que no te parece. Y sí, soy un cabrón también, me gusta divertirme, ¿So what? Yo no estoy casado, ni tengo responsabilidades tampoco, pero no es el mismo caso contigo” Eduardo estaba a punto de responder cuando su teléfono sonó, al mirar la pantalla sonrió “Oh my God, ¿Ves a lo que me refiero? Déjame adivinar, ¿Rena?” Eduardo hizo una señal al mesero y pidió la cuenta “Rena” respondió con una palabra, una sonrisa en su rostro le mostró a Terry lo que Eduardo tenía planeado “For fuck sakes… Ok, Ed, ¿Podrías al menos asegurarte que Rena se presente al showroom a tiempo, por favor? Ayer llegó veinte minutos tarde” Con una sonrisa burlona, Eduardo dio una palmada en el hombro de Terry “Ya hombre, no te quejes. Te invito la ensalada y tu pinche jugo de naranja, y en cuanto a Rena… Pues… No promises”. Eduardo se giró y se retiró, dejando a un Terry ligeramente frustrado “Son of a bitch…”.

Renata Díaz era edecán y modelo para la misma compañía para la cual Terry y Eduardo trabajaban. Era una rubia de buen cuerpo y con el claro enfoque en el dinero. Ella había identificado a las personas en posiciones de poder e influencia y desde que fue contratada, había comenzado a flirtear con todos los jefes de área y departamento. Eduardo, quien enfrentaba dificultades con Dani desde hacía mucho tiempo, era una de las personas dentro de la compañía con quien Renata, más conocida como Rena, había flirteado. Y en un momento de debilidad, incluso habían comenzado a estar juntos. Ella era el secreto de Eduardo, su excusa para quedarse a trabajar horas extra e incluso salir más frecuentemente a viajes y la razón por la cual él siempre llegaba exhausto a su casa.

Rena sabía usar sus atributos para su ventaja. Siempre mostraba un generoso escote, siempre vestía minifalda, y siempre usaba zapatilla de tacón para resaltar sus piernas. También sabía que las perversiones más oscuras eran las que estaban presentes en personas importantes, el truco era simplemente descubrirlas, Eduardo no era diferente en ese sentido, y lo que lo volvía loco era que además del espectacular cuerpo de Rena. Ella tenía una carita angelical y siempre que estaban juntos, ella se refería a él como ‘Papi’.

El mensaje que ella le había mandado tenía una fotografía adjunta: Ella se mostraba con las piernas separadas, vistiendo una minifalda que casi no le cubría nada, y con su hilo dental a un lado. Un texto acompañaba la imagen: ‘Me siento sola, ¿Dónde está mi papi?’. Eduardo era capaz de abandonar todo lo que estaba haciendo con tal de responder el llamado de Rena.

Eduardo había dejado el restaurante y se dirigía a toda velocidad a los elevadores. La habitación de Rena estaba en el quinto piso, y segundos después de tocar la puerta, la despampanante rubia se mostró completamente desnuda ante él. Eduardo tragó saliva, no sabía para donde ver, ¿Sus generosas curvas? ¿Sus tetas redondas, completas con duros y erectos pezones? ¿Su culo respingón? O quizás, simplemente se concentraría en el angelical rostro que hacía que su imaginación se dirigiera a las zonas más oscuras de su mente y le proporcionara los pensamientos más retorcidos e impropios.

Eduardo se lanzó sobre ella, azotando la puerta detrás de él. Rena respondió de la misma manera. Comenzó a desvestirlo de forma frenética, antes de que pudieran alcanzar la cama, Eduardo solo estaba en calzoncillos, pero con un simple movimiento, se deshizo de ellos, se puso un condón de la forma más apresurada posible, y se lanzó sobre Rena de nuevo. La rubia lo besaba pasando su lengua sobre sus labios, pasando sus manos sobre su cuerpo. Él tampoco perdía tiempo y de forma ansiosa, él la besaba desesperadamente, como si quisiera que ella fuera parte de él. Como una consumada actriz, ella gemía en su oído “Así papi… Dale miel a tu niña” La voz, la entonación, y la caliente situación hicieron que la verga de Eduardo se pusiera aún más dura. Eduardo continuó besando a la chica, mientras sus manos tocaban sus caderas y bajaban, sintiendo cada centímetro de su suave piel “Papi ya no aguanta más, mi amor…” La voz de Eduardo era como un gemido y sonaba como una súplica. Con una sonrisa pícara, Rena abrió sus piernas “Ven papi, ven y dame tu verga… Dame duro” Con un solo movimiento, Eduardo se deslizó dentro de ella. Con un gruñido comenzó a moverse. El sexo con Dani no era malo, él sabía muy bien que cualquier hombre haría lo que fuera con tal de tener a una mujer como ella, pero después de más de una década y media de casados y dos hijos, la mente de Eduardo se había condicionado para rechazar la intimidad con ella. Además, Rena era más joven, y era una completa pervertida, algo que ni siquiera Eduardo sabía que disfrutaría tanto.

Un gemido se escuchó por el cuarto, Rena rodeó la cintura de Eduardo con sus piernas, sus brazos estaban rodeando sus espaldas, sus uñas se habían clavado en su piel “Sí, papi… Así papi… Dame más” Eduardo sintió la lujuria apoderarse de él y comenzó a mover sus caderas más rápido, sintiendo placer en la estrechez de la joven edecán. Eduardo comenzó a gruñir y bufar con cada embestida que daba “¿Te gusta la verga de papi, niñita traviesa?” Con otro gemido exagerado, Rena veía a los ojos a Eduardo “¡Sí, papi! ¡Me gusta la verga de papi!” Eduardo besó a Rena, entrelazando su lengua con la de ella, mientras sus caderas se seguían moviendo de forma frenética y arrítmica. “¡Más fuerte papi! ¡Ya casi…!” Rena mordió la oreja de Eduardo y eso fue el desencadenante para él “¡Me voy a venir!” Eduardo gimoteó mientras cerraba sus ojos “¡No papi, aguanta un poco más!” La voz de Rena casi sonaba como una súplica, súplica la cual Eduardo no escuchó “¡Mierda!” Con un gemido propio, Eduardo alcanzó el clímax, atrapando su esperma en el profiláctico dentro de la joven y colapsando sobre ella.

“Eso… Fue… Increíble…” Eduardo tenía problemas para recuperar el aliento, mientras él se sentía en la gloria, Rena apenas podía disimular su cara de frustración. De pronto, era como si se recordara a sí misma por qué estaba haciendo todo eso, su cara cambió justo en el momento en el que Eduardo se incorporaba para verla “Si papi, fue maravilloso” Eduardo se rodó en la cama, quedando boca arriba, viendo hacia el adornado cielo del cuarto. Sonrió para sí mismo. En su mente, aún era el atleta de la preparatoria: Incansable, ágil, e inigualable. Si para él el sexo con Rena había sido excelente, era lógico pensar que para ella había sido hasta mejor. De pronto, las palabras de Terry vinieron a su mente. ¿Qué sabía Terry del asunto si ni siquiera estaba casado? Además, Dani nunca lo traicionaría. Ella era demasiado inocente y demasiado fiel para hacerle eso. No tenía nada de que preocuparse. Finalmente, él se incorporó y comenzó a vestirse “El showroom es a las cinco de la tarde, Rena” Finalmente habló mientras terminaba de vestirse “No a las cinco con veinte, no a las cinco y media, a las cinco. Trata de llegar al menos diez minutos antes. Ayer llegaste tarde y Terry estaba muy enfadado” Rena suspiró mientras se sentaba en la cama con toda su desnudez a la vista. Ella se las había ingeniado para seducir a Terry una vez, y la experiencia con él había sido tanto increíble como exhaustiva. Terry no era una persona que estaba contenta con llegar al éxtasis una vez. En su muy particular caso, Terry se recuperó rápido y volvió a la faena minutos después de haberse venido. Rena casi enloquecía por las olas de placer que Terry causaba en ella. Pero con el tiempo y a pesar de que Terry se mantenía cordial y hasta amable con ella, él dejó de responder a sus insinuaciones y flirteos. Para ella, Terry era lo opuesto a Eduardo, tanto físicamente como mentalmente. “Necesitaré comprar algo bonito para el showroom, papi” Eduardo se paró en seco, y con una sonrisa burlona, miró a Rena “¿Otra vez? Apenas ayer me pediste lo mismo” Rena se encogió de hombros mientras Eduardo terminaba de abotonarse la camisa “Sí, y hoy es un showroom diferente, no querrás que muestre el mismo atuendo dos veces, ¿Verdad papi?”.

Ahí estaba esa pícara voz, cargada de seducción y la promesa de futuras perversiones, Eduardo tomó la billetera de su bolsillo y depositó varios billetes sobre la mesita de noche “Ahí tienes, pero tiene que ser algo acorde con el showroom, ¿De acuerdo? Tenemos clientes muy importantes que llegarán hoy mismo” Con una sonrisa en el rostro, Rena contó los billetes y asintió “¡Gracias papi! ¡Eres el mejor! Creo que esta noche te visitaré de nuevo para mostrarte mi aprecio” Completamente vestido, Eduardo se dirigió hacia la puerta “Después del showroom, te estaré esperando en mi cuarto, y prepárate porque te espera otra embestida como la de hoy” Con una risita que Eduardo no terminó de entender, Rena simplemente asintió “Espero que si papi, ¡No puedo esperar!”.