Carla y el nuevo paquete de su vecino
Fran sabe que Carla lo está mirando. Y ella sabe que él lo sabe. Cuando el ascensor se detiene y la mano de él se posa en su cadera, las reglas del vecindario se rompen para siempre.
Tras observar a su joven vecina Carla por la ventana mientras esta se masturbaba con un consolador regalado por su novio y otro más grande que él mismo le había regalado, Fran estaba deseando follarse a su vecina por todos sus agujeros. El próximo fin de semana su mujer y sus hijas se marchaban al pueblo a visitar a la familia y se quedaba solo “por trabajo”. No pensaba desaprovechar esa oportunidad.
El jueves por la tarde Fran coincidió con Carla en el ascensor. Ella vestía una minifalda negra bien cortita y ajustada y un top blanco que dejaba poco a la imaginación, ya que no llevaba sujetador, marcando sus pequeños pezones y llevaba el ombligo al aire, luciendo su vientre plano. La tensión sexual se respiraba en el ambiente.
-Hola, vecinita. Que guapa vas...parece que te gusta ir provocando.- le dijo Fran mientras deslizaba sus dedos sensualmente por su brazo derecho hasta posar la mano en su cadera. Con fuerza, le atrajo hacia él, apretando su erección contra ella.
Carla permanecia callada, pero mordió su labio sensualmente. Le encantaba provocar y sentirse deseada.
Fran apretó el culo de Carla, la atrajo hasta su oido y le dijo:
-Dame tus bragas. Ya me has enseñado que eres una zorrita y esta noche irás paseando tu coño como tal.
A Carla le encantó escuchar sus ordenes y sentirse sumisa ante él. Sin mediar palabra y mirándole a los ojos, sujeto su tanguita, que ya estaba muy mojado, se agacho, se lo bajó y se lo entregó. A su novio no le gustaría eso, pero no pensaba contarselo.
Fran cojio el fino tanga semitrasparente, estaba caliente y humedo, y se lo acercó a la nariz para olerlo.
-Que zorra eres, estás cachondísima.- Fran hundio sus grandes dedos en el coño de Carla y se los llevo a la boca- Que rica estás, niña.
El ascensor paró en el primer piso. Subieron dos personas y debieron apretarse. Fran aprovecho para refregar su paquete en el respingón culito de Carla. Al llegar al bajo, se despidio diciéndole:
-Adios, vecina. Por cierto, ha llegado un nuevo paquete. Pasate mañana a las 15h a recogerlo.
A Carla está situación le había puesto como una perra. Notaba como su coño chorreaba y sus muslos se mojaban. Ahora tendría que salir de fiesta así con sus amigas. No quería ponerle los cuernos a su novio, pero no se sentía capaz de desobedecer las ordenes de su madurito vecino.
Al día siguiente a las 15h Carla estuvo puntual tocando al timbre de su vecino. Este le había citado a una hora a la que sabía que estaría ya solo en casa. Como estaba de resaca y solo pensaba recoger el paquete y volver a casa, acudió en pijama, el cual consistía en un culot rosita y una camiseta corta con un estampado de Piolin que marcaba sus grandes pero firmes pechos. Sabía que ese aspecto infantil le pondría aún más cachondo.
Tras escuchar el timbre, Fran abrio la puerta.
-Joder, con la niña. ¿A quién pretendes engañar con ese aspecto angelical? Si se ve a leguas que eres una guarrilla. Ten, tu paquete. Te espero esta noche a las 22h. No me falles, zorrita. Los dos sabemos que lo estás deseando.
Posó suavemente su mano sobre la mejilla de Carla y acaricio sus labios lascivamente.
-Coje fuerzas, por que las necesitarás. No hagas planes, este fin de semana eres mia.
Carla llegó a casa con las pulsaciones aceleradas y el coño ardiendo. Abrio ansiosa el paquete y encontró una nota que ponía “quiero que me demuestres,a mi y al mundo, lo zorrita que eres. Esta noche a las 22h, voy a sacarte a pasear”. Junto a esta había un dildo con una colita de zorra, una diadema con unas orejas de zorra y un body transparente muy elegante, con una apertura que dejaba al aire sus agujeritos, permitiendo tener libre acceso a ellos y lucir su colita de zorra.
Se pobró el body y le quedaba espectacular. Se ceñia perfectamente a sus curvas, cubria levemente sus preciosas tetas, haciendole un escote digno atraer todas las miradas y marcaba sus pezones, qe estabán durísimos de tanta excitación, como ha ella le gustaba. Cogio el dildo y comenzó a lamerlo, como si de los huevos de su vecino se tratara, y cuando lo tuvo bien lubricado de saliva se lo introdujo en el culo. Le encantó la sensación de sentir como le abria ese agujerito tan estrecho. Se puso las orejas y se miro en el espejo. Estaba hecha una autentica zorra. Movía su culito y sentia como se movia la colita. Su coño se veía brillante de lo mojado que estaba.
Sabía que le había dicho que cogiera fuerzas, pero esa imagen y pensar todo lo que le esperaba...no podía esperar a las 22h para correrse. Cogio el consolador más grande que tenía, también regalado por su vecino, y se lo metio en el coño como si fuera una fiera muerta de ambre a la que alimentar. No le hizo falta ni lubricarlo para introducir esos 25cm en su agujerito. De rodillas, frente al espejo, se masturbó hasta que se corrio tantas veces que se quedo exausta.
De repente, le sono el móvil. Era un mensaje de Fran, su vecino. No sabía como había conseguido su número, pero ahí estaba: “Que niña más desobediente, te dije que cogieras fuerzas y has estado corriendote toda la tarde como la zorra que eres. Aquí las normas las pongo yo. Preparaté para recibir tu castigo”
Uffff, lejos de asustarle, ese mensaje le puso aún más cachonda. Tenía que ir pensando una excusa para ponerle a su novio, porque estaba claro que este coqueteo se le había ido de las manos e iba sobrepasar todas las barreras.
Si queréis un próximo relato, en el que porfín la zorra de Carla pruebe la polla de su vecino y quien sabe si alguna más, solo tenéis que pedirmelo. Yo sigo poniendome cachóndisima escribiendolo e imaginando que soy yo.
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