¿Sabés lo que se siente? (2)
Pablo siempre confió en Julieta, hasta que las mentiras se volvieron demasiado evidentes. Esta noche, mientras ella cree estar a solas con su amante en su propia casa, Pablo se esconde en la oscuridad de la cocina para escuchar la verdad que destruirá su matrimonio para siempre.
¿Sabés lo que se siente?
Segunda parte
Así planteadas las cosas en nuestra relación, hasta ahora no dista de lo que puede vivir o sentir cualquier pareja o matrimonio que se ama, proyectos, sueños, buenos momentos, complicidad, entendimiento, pasión y momentos duros, por supuesto, pero para que se entienda el contexto, era necesario explicar mi vida con Julieta.
Mentiras
Todo era felicidad con su nuevo puesto, aunque también esta nueva situación laboral requería nuevas “disponibilidades”, reuniones fuera de horario, llamadas incluso en fin de semana y algunos eventos que requerían su presencian junto a sus socios.
Hasta allí todo perfectamente entendible, también a mí me tocaba trabajar algunos sábados o fines de semana, pero a pesar de compartir menos tiempo juntos, cuando podíamos lo tratábamos de aprovechar de a mejor manera.
Recuerdo esa tarde noche en el cine, que al sonar su teléfono, salió de la sala para atenderlo o ese almuerzo de sábado en un restaurante, que también fue interrumpido por un llamado que demoró unos quince o veinte minutos o el cumpleaños de uno de mis amigos al que no pudo ir, por tener una cena con sus socios y un futuro cliente.
A pesar de ser socia, Julieta seguía yendo a las reuniones mensuales con sus compañeros del estudio, a las que Hugo y Carla, según me había contado nunca asistían, el buen clima de trabajo se notaba y ella se llevaba muy bien con todos.
Julieta me contaba que desde que ese hombre, Franco, había dejado en manos del estudio sus negocios, era ella quien se encargaba de todo lo referente a sus cuentas, ya que ella había sido la que lo había conseguido y en varias ocasiones, Julieta me contó de las reuniones que había tenido con él por cuestiones contables y financieras de sus negocios.
Nunca sentí que nada extraño pasara con ese hombre, según me contaba Julieta, esas reuniones eran en el estudio, salvo una de ellas, que había sido luego de su horario de trabajo, en un café del centro.
Llegó el mes de diciembre y con él, las fiestas para despedir el año que se suelen hacer en todos los lugares de trabajo, de hecho en mi empresa se hacían cada año y en el estudio de Julieta también.
La primera fiesta de ese año fue la de su estudio a la que, como años anteriores, fuimos los dos.
Era en un salón, donde estaban todos los empleados con sus parejas y sus clientes también con sus parejas.
Esa noche conocí a Franco, Julieta me lo presentó y luego pude ver el trato entre ellos, de confianza sin dudas, hablando no solamente cosas de trabajo, sino también de las fiestas, las vacaciones y otros temas.
Durante la cena, como estaba en otra mesa, no hablaron, pero luego estuvieron hablando nuevamente, incluso en un momento me sentí un poco perdido, ya que casi no conocía a nadie.
Bueno, supongo que algo normal entre gente que se ve seguido por cuestiones de trabajo, así lo entendí.
El resto de la fiesta estuvo muy bien y nos divertimos mucho bailando y riéndonos con Julieta, luego de que ese hombre se fuera, a eso de la una de la mañana.
Dos semanas después, era la fiesta de mi empresa, también un viernes, casi llegando a la Navidad, y como en años anteriores, iría con Julieta, aunque las fiestas de mi empresa en nada se parecían a las de su estudio, éramos casi todos hombres y luego de la cena, rara vez se armaba baile, por lo que casi siempre a eso de la una o una y media de la mañana, la gente ya se había ido.
Faltaban unos días para esa fiesta, y mientras cenábamos, Julieta me comentó que ese viernes también era la fiesta de la empresa de Franco y que había invitado a Carla, a Hugo y a ella.
Que decir, en el momento no me cayó nada bien, pero entendiendo que Franco era uno de sus mayores clientes, y que Julieta llevaba sus cuentas, así como lo habían invitado a la fiesta del estudio, él los invitaba a la suya.
Le dije que estaba bien, que no pasaba nada, sobre todo sabiendo que sus socios también irían.
Al día siguiente me confirmó que iría con Carla y Hugo a esa fiesta, que se haría en el salón que Franco tenía en Villa Elisa.
Ese viernes, de camino a la fiesta de mi empresa, dejé a Julieta en casa de Carla y Hugo y al despedirnos, le dije que seguramente antes de las dos de la mañana estaría libre, que si quería la iba a buscar y me dijo que cualquier cosa me avisaba, probablemente si sus socios se iban más temprano y ella se quedaba, cosa que no me hizo mucha gracia.
Tal cual lo suponía, a la una y cuarto de la mañana, casi toda la gente se comenzó a retirar, y minutos después lo hice yo.
De camino a casa, le envié un mensaje a Julieta, diciéndole que la fiesta ya había terminado, por si quería que fuera a buscarla.
No me respondió y pensé que con el teléfono en su cartera, y el bullicio de la fiesta no lo habría escuchado.
Llegué a casa cerca de las dos de la mañana y me quedé un rato viendo un capítulo de la serie que venía siguiendo.
Cuando terminó el capítulo miré la hora en mi teléfono y eran las tres y diez de la mañana, y no había respuesta de Julieta.
Empecé otro capítulo, pero se me cerraban los ojos, y a eso de las cuatro menos veinte, me fui a la cama.
Me dormí ni bien me acosté, pero le subí el volumen al teléfono por si Julieta me llamaba.
Escuché entre dormido las llaves de la puerta de casa y por un momento, el ruido de los tacos de Julieta, que luego se debe haber quitado, ya entraba la claridad del día por la ventana, miré la hora en mi teléfono y me sorprendí, eran las seis y cuarto de la mañana.
Escuché que Julieta entraba al baño y luego de un rato me volví a quedar dormido, no la escuché salir del baño ni acostarse.
Cuando abrí los ojos, Julieta dormía a mi lado, miré el teléfono y eran las once menos cuarto, me levanté, pasé por el baño y fui a prepara el mate.
Sentado en la cocina mateando, pensaba en la hora en que había llegado Julieta, de la fiesta del tal Franco, ¿hasta esa hora se habrían quedado también sus socios?
Me surgieron en ese momento, algunas dudas que nunca había tenido en mi relación con Julieta, quizás eran ideas equivocadas o no tenían sentido, pero decidí hacer una pequeña prueba, cuando se levantara, le diría que al llegar de la fiesta, me desplomé en la cama y no la escuché llegar, para ver su respuesta, claramente no sabía con quien había vuelto, pero sí a qué hora.
Se levantó a las cuatro de la tarde, yo estaba sentado en el sillón viendo la serie, cuando la escuché saludarme al entrar en el estar.
-JULIETA: Hola mi amor! Perdón por la hora! Recién me despierto!
-PABLO: Yo me desperté hace un rato también! ¿Hago unos mates o querés comer algo?
-JULIETA: Unos mates nomás!
Volví con el mate y me senté junto a ella en el sillón.
-PABLO: Llegué de la fiesta como a las dos y me desmayé!
-JULIETA: Con la música no escuché tu mensaje anoche! Lo vi recién cuando salimos!
-PABLO: Me imaginé! Pero cuando me acosté le subí el volumen por si llamabas!
-JULIETA: A la hora que lo vi, no te iba a contestar!
-PABLO: Ni te escuché llegar, ni acostarte!
-JULIETA: Llegué cerca de las cuatro! Me trajeron Carla y Hugo!
En ese momento no dije nada, pero su respuesta me sorprendió, me quedé pensando en por qué no me había dicho realmente la hora en que había llegado, ¿pensaría que me podría enojar?, podía ser tan solo una tontería para no decir que estuvo de joda hasta entrado el día, o podía significar otra cosa…
Un momento después me fui al baño y allí pensé en que haría o qué diría. Habiendo dicho que no la había escuchado, no podía salir y decir que sabía a qué hora había llegado, lo que tampoco podía saber, era si realmente la habían traído Carla y Hugo, por lo que decidí no decir nada por el momento, quizás sean solo ideas mías, pero lo que sí haría, sería estar un poco más atento.
Pasaron las fiestas y me fui olvidando de ese tema, nuestra vida continuaba normalmente, incluso en esos días de vacaciones de la segunda quincena de enero, en la que nos fuimos nueve días a Cariló.
Fueron unos días hermosos de sol, playa, paseos y cenas en los que también nos disfrutamos sexualmente.
En febrero ambos volvimos al trabajo, y esa mentira de la fiesta fue quedando en el olvido, pero solo hasta un sábado en la tarde, en el que estábamos haciendo algunas cosas de la casa, ella limpiaba el piso del comedor, mientras yo repasaba los muebles con una franela.
Julieta había se había ido, supongo al lavadero, cuando escuché vibrar su teléfono que estaba sobre la mesa baja del estar, y al mirar la pantalla, vi que era una llamada de Franco.
No dije nada, y cuando volvió con el balde en la mano, de espaldas a ella le dije:
-PABLO: Amor, te sonó el teléfono!
Apoyó el balde en el piso, se secó las manos y miró su teléfono.
-JULIETA: Era Mariana! Después la llamo!
Su respuesta me trajo inmediatamente a la memoria esa madrugada del regreso de la fiesta de ese tipo, y ahora la llamaba y ella me volvía a mentir. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué no me decía la verdad? Siendo un cliente, podría entender que la llamara por algún tema de trabajo, pero esa nueva mentira encendió mis alarmas, ¿qué otras cosas me podría estar ocultando? ¿Desde cuándo?
Mientras seguía repasando los muebles, pensé en seguir en mi postura de no decir nada, no era la idea quedar como un controlador o celoso o un marido inseguro que controlaba su teléfono, ya que me podría dar varias explicaciones razonables.
Quizás me había relajado este tiempo y dejado de prestar atención a ciertas cosas, pero de allí en adelante, estaría más que atento.
*
Sospechas
Pasaron un par de semanas y una tarde, estando en casa, recibí un mensaje de Julieta, le dije que ya estaba en casa y ella me dijo que se retrasaría un par de horas, que tenía una reunión en el estudio y que llegaría a casa a eso de las siete de la tarde.
Le dije que aprovecharía para hacer unas compras y nos despedimos.
Salí de casa, me subí al coche y me fui para el centro, ella sale habitualmente a las cinco de la tarde, hora en que cierra el estudio.
Cinco menos veinte, estaba en la esquina, a una distancia en que si salía no podría verme.
Esperé hasta que se hicieron las cinco, vi salir a varios chicos y chicas, y por último a Carla y a Hugo que cerraron el estudio y se fueron.
Julieta no había salido, lo que significaba que no estaba allí, o se había ido antes, me había vuelto a mentir, ¿por qué? Entre que leí su mensaje y llegué al estudio, había pasado poco menos de media hora, posiblemente si estaba allí, se habría ido antes.
Y mis sospechas se fueron haciendo más profundas, por un lado quería pensar que estaba siendo un boludo que creía ver cosas donde no las había, pero por otro, sus mentiras me llevaban a sospechar de lo que hacía Julieta cuando no estaba conmigo, ¿se puede vivir con esas dudas?
Le había dicho que salía a hacer unas compras, así que de camino paré en un mercado y compré varias cosas, por si ella estaba ya en casa, no llegar con las manos vacías.
Volví a entrar a casa a las seis y veinte de la tarde y Julieta no había llegado aún, y por mi cabeza pasaban un montón de cosas.
Solo en la cocina, mientras sacaba las cosas de las bolsas, pensaba en que tendría que hacer, como tenía que actuar, si bien lo que había descubierto era por demás sospechoso, no tenía un buen argumento para enfrentarla sin quedar un desconfiado, si sus respuestas llegaran a ser creíbles, quedaría como un boludo, un perseguido.
Decidí seguir en mi postura de no decir nada de momento, y ver lo que me dice al llegar.
Escuché la llave de casa a las siete y diez, yo estaba en la cocina y me asomé en el momento en que ella dejaba su cartera en el sillón, al verme me dijo:
-JULIETA: Hola amor! Perdón por el retraso!
-PABLO: Hola corazón! No pasa nada… ¿cómo te fue?
-JULIETA: Al final la reunión no se hizo en el estudio, es un nuevo cliente, salí un rato antes y fui a su empresa, nos reunimos ahí con el administrador!
-PABLO: ¿Y te fue bien?
-JULIETA: Aún no se definió… tendremos otra reunión el jueves…
Sacándose la chaqueta, se fue para la habitación, lo que me dijo explicaba que no saliera del estudio con el resto, pero… ¿sería esa la verdad? ¿Existirá realmente ese nuevo cliente? Conociendo varias mentiras suyas, era inevitable sospechar que me podría estar mintiendo nuevamente.
La cosa quedó ahí, pero yo ya tenía la mosca detrás de la oreja, no quería pensar lo que estaba pensando, lo necesitaba, deseaba con todo el corazón que fueran solo estupideces mías, que nada de lo que yo imaginaba fuera la realidad.
*
Sorpresa
Aunque estaba atento todo el tiempo, no había vuelto a detectar otras mentiras, pero claro, no estábamos juntos todas las horas en que ambos trabajábamos, y ya no siendo empleada sino socia, suponía que tendría ciertas concesiones que le otorga ese puesto, como por ejemplo salidas en horario de trabajo, justificadas por reuniones con algún cliente.
Claro está que podía ponerme en modo espía, y seguir sus movimientos, o quizás también, podría escudriñar en su teléfono buscando algo que confirmara o diera por tierra con mis sospechas, pero el solo hecho de pensar en llegar a eso, me hacía sentir para la mierda, nunca me había tomado el atrevimiento de mirar su teléfono, como creo que tampoco ella lo hacía con el mío, aunque ambos sabíamos nuestro patrón de desbloqueo, no podía dejar de pensar en que no podía llegar a eso.
Estábamos una tarde en casa, tomando unos mates, y le llegaron varios mensajes, cinco o seis, que en el momento no leyó, lo hizo cuando me fui a buscar unas galletitas a la cocina, antes de volver, la vi tecleando en la pantalla con una sonrisa, enviaba y recibía mensajes, esperé un par de minutos y en el momento que volví al sillón, dejó de hacerlo, apoyando el teléfono en la mesita baja, y con la pantalla hacia abajo.
Creí que me diría con quien chateaba pero no lo hizo, y decidí no preguntar, aunque la curiosidad me mataba, sobre todo por su sonrisa al leerlos.
En otras muchas oportunidades, cuando se escribía con alguien, me lo contaba, incluso haciéndolo delante de mí o mostrándome la pantalla de su teléfono.
La verdad es que es una mierda estar pensando así de la persona que amás y con al que compartís la vida, pero no podía evitarlo, tanto que esa noche, cuando ya dormía, me levanté, di vuelta a la cama y tomé su teléfono, que como cada noche, se estaba cargando sobre su mesa de luz.
Con el teléfono en la mano, me pregunté, ¿qué estás haciendo Pablo? ¿De verdad vas a hacer esto? ¿Vas a traspasar ese límite, invadir su privacidad husmeando en su teléfono?
Pero todo lo que estaba pasando por mi cabeza me hizo mirar a Julieta, cerciorarme de que dormía y encender la pantalla, deslizar mi dedo en el patrón, pero sin éxito, volví a intentarlo, creyendo haberme equivocado, pero no, y la sorpresa fue mayúscula, Julieta le había cambiado el patrón y nunca me lo había comentado ni me había dicho cual era.
Apagué la pantalla y dejé el teléfono en su lugar y volví a la cama, mirando el cielorraso en la oscuridad, no pude conciliar el sueño, ¿por qué no me dijo que había cambiado el patrón? ¿Había en su teléfono algo que me estaba ocultando? ¿Algo que yo no podía ver? Sin lugar a dudas, mi esposa no paraba de sorprenderme.
*
Traición
Ese primer viernes de marzo, mientras cenábamos, Julieta me dijo que el viernes siguiente, sería la juntada mensual con los compañeros de trabajo, a las que acostumbraba ir, y que esta vez, irían a cenar a un restaurante.
En esa semana, a mi me tocaba viajar por trabajo a Saladillo, nos iríamos el miércoles por la mañana y volveríamos, como en otras ocasiones, el sábado luego del mediodía, pero eso ya se lo había contado hacía un par de días.
En esa semana, ya decidido a tratar de confirmar lo que estaba imaginando, hablé con mi director y le pedí volver de Saladillo el viernes en la tarde, diciéndole que esa noche la familia le festejaba los setenta años a una tía, con una fiesta en un salón.
No hubo problemas con eso, lo único, que como solíamos ir y venir en las camionetas de la empresa, para poder volver el viernes, tendría que ir en el auto, que habitualmente dejo en la empresa en esos viajes.
El martes en la noche, preparé mi bolso como en cada viaje, con un par de mudas para cambiarme, nos despedimos al llegar a su estudio, donde la dejé como cada mañana, quedando como siempre, en hablarnos o mensajearnos.
Desde allí ya estaba nervioso, en esos días de trabajo en Saladillo, no podía dejar de pensar en lo que encontraría a mi regreso, y aunque no era mi forma de actuar, tendría que fingir situaciones y decir un par de mentiras, las que podría rebatir, si las cosas no eran como las estaba pensando.
Ese viernes me subí al auto en Saladillo faltando unos minutos para las cuatro y media de la tarde, desde allí hasta casa, eran poco más de tres horas de viaje, con lo que al llegar a casa, me encontraría con Julieta a punto de irse a su reunión de los viernes.
El tráfico para entrar a La Plata, estaba bastante cargado, un camión se había quedado obstruyendo uno de los carriles, por lo que mi llegada se demoró casi media hora.
Ya en la esquina de casa, pasé por la puerta y pude ver que la persiana de la ventana del comedor estaba cerrada, Julieta ya se habría ido o estaba por hacerlo.
Miré el reloj del tablero y eran las ocho menos veinte, supuestamente aún debería estar en casa.
Estacioné a la vuelta y caminé hasta el edificio, entré y en vez de usar el ascensor, subí con mi bolso los dos pisos por la escalera.
Al llegar a mi piso, en la oscuridad del palier, no se veía luz dentro de casa por debajo de la puerta.
Separé la llave de la puerta de entrada del resto de mis llaves y tratando de hacer el menor ruido posible, la abrí y entré.
No había ninguna luz encendida, al parecer, Julieta no estaba en casa, salvo que estuviera en nuestra habitación, con la puerta cerrada.
Dejé mi bolso en la cocina y recorrí el pasillo en silencio, la puerta de la habitación estaba abierta y Julieta tampoco estaba allí, en cierto modo sentí un alivio, aunque no sabía dónde estaba mi esposa.
Volví a la cocina, saqué el teléfono del bolsillo, ya con los nervios a flor de piel y le escribí un mensaje.
-Hola amor! Acabamos de terminar el trabajo por hoy! Estoy reventado! ¿Cómo fue tu día? Seguramente te estés preparando para irte, espero que la pases muy bien! Nos vemos mañana! Un beso.
Era una mentira ese mensaje, pero no tuvo respuesta en ese momento, lo contestó recién a las ocho y cuarto, y decía:
-Hola mi amor! Perdón, me estaba bañando y no escuché el mensaje, tenía el teléfono cargando en la habitación! Voy un poco tarde, y para variar no sé que ponerme, Paola me pasa a buscar por casa ocho y media y me falta vestirme y maquillarme todavía!
-Hacé tranquila! Si todo va bien mañana, y terminamos unas mediciones que no pudimos hacer hoy, quizás a eso de las once pueda estar ahí!
-Qué bueno! Te espero!
-Qué la pases bien! Y no vuelvas en taxi! Que alguien te lleve a casa!
-Quedate tranquilo! Seguramente vaya y vuelva con Paola!
-Te amo! Pasala lindo!
-Yo también te amo! Nos vemos mañana! Un beso!
-Otro para vos!
Se terminaron los mensajes, sin dudas podría haberla llamado por teléfono o hacer una videollamada, pero las cosas estaban así, me volvía a mentir y sin ningún reparo ya.
Volví a la cocina, saqué una cerveza de la heladera y me la tomé, y luego otra, y sentado en la mesada de granito, hablaba en voz alta, solo como un loco.
¿En que andás Julieta? ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué me mentís así? Estás tranquila por la confianza que sabés que te tengo, pero tus mentiras me llevaron a sospechar de vos, me obligaron a esto, a estar acá, a mentirte así, y si se confirman mis peores pronósticos, habrás echo mierda nuestro matrimonio.
Ya por la tercera lata de cerveza, miré el reloj y eran las nueve y media, ya no volvería a llamarla o mandarle mensajes, esperaría su regreso allí, solo, a oscuras, tan oscuro como el panorama que me veía venir.
Fui al baño, después me senté un rato en el sillón, luego volví a la cocina, saqué otra cerveza y me volví a sentar en la mesada.
Mi cabeza no dejaba de elucubrar decenas de teorías, posibles escenarios, diferentes situaciones, que en gran parte dependían de lo que ocurriera a su regreso.
Ya por la quinta cerveza eran casi las doce de la noche, desde la pequeña ventana de la cocina, que también daba al frente, se podía ver la calle y la vereda del edificio, por lo que al llegar, podría ver si en verdad volvía con esa chica Paola.
Todas mis sospechas le apuntaban al tal Franco, por la confianza que había visto que tenían en esa despedida de año, por esa madrugada en su fiesta de la que volvió al amanecer y por ese llamado en que me mintió.
Deseaba con el alma estar equivocado, en esa eterna espera, decidí que si nada raro pasaba esa noche, al día siguiente de todas maneras me sentaría a hablar con ella, no podía seguir viviendo así, sospechando, desconfiando y vigilando sus movimientos, corría el riesgo de quedar como un pelotudo, hasta me resultaba contradictorio, amarla como la amo, pero al mismo tiempo sentir todas estas cosas.
Siendo la una de la mañana, con la sexta cerveza a medio tomar, me quedé parado frente a la ventanita, mirando hacia la calle con las luces apagadas.
Pasaban algunos autos, pero cada tanto. En el silencio de la noche, los escuchaba antes de verlos, pero ninguno se detenía.
Hasta que a la una y treinta y cuatro minutos, mis peores pensamientos se hicieron realidad, en la vereda de enfrente, se detuvo un Mercedez Benz gris, de dos puertas, no podía ver en su interior por la poca iluminación debajo del árbol y por el tinte de los vidrios, pero ¿Qué remota posibilidad existía de que no fuera el auto de Franco y que no fuera Julieta quien estuviera dentro? Definitivamente ninguna!
Y lo confirmé tan solo un par de minutos después, el tipo bajó del auto, dio la vuelta y le abrió la puerta, Julieta bajó y el tipo la volvió a cerrar.
Julieta iba con una pollera corta que hacía tiempo no usaba, por sobre las rodillas, una camisa blanca, una chamarra de cuero marrón hasta la cintura por encima y zapatos negros de taco alto. Caminaron juntos hasta la parte delantera del auto, hablaron un momento, claro que no podía escuchar lo que decían, pero un momento después, la mano del tipo fue debajo de la pollera, llegando supongo hasta el culo de Julieta.
Ya todo estaba dicho, no hubo cena de compañeros ni una mierda, había salido con ese tipo, y ese gesto no rechazado por Julieta lo confirmaba todo.
No pude evitar las lágrimas, ¿Qué me podría decir, que no había pasado nada? El pecho se me estrujó de solo pensar en que todo se había terminado, incluso si no hubiera tenido sexo con él, las mentiras, los ocultamientos y ese desinterés por nuestra relación, eran suficientes, todo eso para mí, era una traición, una traición a nuestro amor, a nuestro matrimonio, a mi confianza en ella, a nuestra vida juntos.
*
Decepción
Aún mirando por la pequeña ventana, los observaba hablando, vaya a saber qué cosa, lo que estaba viendo era suficiente para mí, para darme cuenta de que ese hombre se había metido en la vida de Julieta y por ende en la mía, pero si algo podría ser peor, un instante después, lo fue.
Cruzaron la calle juntos, caminando en dirección a la entrada del edificio, donde al acercarse a la puerta, los perdí de vista y encima, la mano del tipo seguía debajo de su pollera.
En ese momento pensé en si realmente Julieta traería a ese tipo a casa o solo la acompañaría hasta la puerta, pero en el silencio del edificio a esa hora, escuché detenerse el ascensor en nuestro piso, ¿habría subido sola o con ese tipo?
Ya había dejado de mirar por la ventana, atento al ruido de la puerta de entrada al departamento.
En ese momento pensé en lo que diría si ella entraba sola, pero por el contrario, no imaginaba mi reacción, si lo hacía con ese tipo.
Sentí una profunda decepción por el comportamiento de Julieta, si ese hombre entraba a nuestra casa, a este espacio que era nuestro, en el que compartíamos la vida, me daría cuenta de que ya nada le importaba y que lo nuestro caía por un barranco, una dolorosa decepción.
*
Desconcierto
La actitud y los comportamientos de Julieta, me tenían totalmente desconcertado, nunca…, nunca la hubiera creído capaz de algo así, de cagarse olímpicamente en nuestra relación, en nuestro matrimonio, en nuestra vida, en nuestra casa…, en mí.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo fue que llegó a esto? ¿Qué la hizo romper ese tácito acuerdo de pertenecernos?
Si en algún momento de nuestra relación, sintió que algo no estaba bien, lo razonablemente honesto debería haber sido planteármelo, sentarnos y hablarlo, y si las cosas ya no eran para ella lo suficiente como para que nuestra relación siguiera adelante, me lo tendría que haber dicho, a la cara, si su amor por mí se había terminado, al menos por respeto, el primero en saberlo debería haber sido yo, de lo contrario, es sencillamente una infidelidad en la que se cagó en nuestra relación, en mí, y en mi amor por ella.
*
Humillación
La puerta se abrió y no hizo falta más que un instante para saber que definitivamente ese tipo había entrado en nuestra casa, escuché su voz y la risa de Julieta.
Parado en la cocina, a oscuras, no podía imaginar lo que seguía, ¿irían directamente a nuestra habitación, a coger en nuestra propia cama?
Si lo hacían, muy probablemente con las luces apagadas no me verían, pero si venían a la cocina, claramente se encontrarían de frente conmigo.
Se quedaron en el estar, supongo que en el sillón, y desde donde estaba, podía escuchar perfectamente lo que decían, pensando en mi reacción, en que hacer, si salir y enfrentarlos o esperar a que entraran al ruedo y pescarlos en ese momento.
Pero me quedé escuchando, y para mi desgracia, lo que llegó a mis oídos, fueron los clavos que le faltaban al ataúd de nuestro matrimonio.
-FRANCO: Dale Julietita! Vamos a tu cama!
-JULIETA: No Franco! Ya te dije que estoy reventada! Me quiero ir a dormir!
-FRANCO: No seas mala! Un polvito!
-JULIETA: ¿No te alcanzó con el de hace un rato?
-FRANCO: Ya sabés que me tenés loco y que siempre quiero más!
-JULIETA: Por hoy basta! Estoy cansada y necesito dormir! Además mi marido puede llegar a las once de la mañana! Necesito estar descansada! Subimos solo para que agarres tus llaves!
-FRANCO: Bueno… pero ya que estamos acá…
-JULIETA: No Franco, ya te dije que por hoy basta!
-FRANCO: Que mala sos conmigo! Sabés muy bien que desde que empezamos a coger ya no lo hago con ninguna otra! Tengo exclusividad con vos!
-JULIETA: No sé…
-FRANCO: Es la verdad! Me tenés loco! Me tiene loco ese culo hermoso que tenés! ¿Cuándo me vas a dejar cogértelo? Me muero por estrenarlo! Y te aseguro que cuando la tengas adentro, no vas a querer que la saque!
-JULIETA: Ya te dije que es muy gorda! Que no me va a entrar en el culo! Pero igual lo vengo preparando! Tené paciencia! Cuando sienta que me voy acostumbrando al aparato ese que me diste…
-FRANCO: Plug!
-JULIETA: Sí, eso! Ya te voy a avisar!
-FRANCO: Acordate que me dijiste que en la conchita, esta no iba a entrar, y bien que entró! Todita te entra! Y lo que te gusta!
-JULIETA: Sí boludo! Pero la concha es una cosa! El culo es otra!
-FRANCO: Ya vas a ver! Cuando la pruebes, solita me lo vas a pedir!
-JULIETA: Bueno Franco! Andá que me quiero ir a dormir!
-FRANCO: Bueno me voy! Pero antes decime lo que me gusta escuchar!
-JULIETA: No hinches la bolas Franco!
-FRANCO: Dale! Me lo decís y me voy! Decime que te gusta mi pija más que la de tu marido!
-JULIETA: Basta Franco!
-FRANCO: Decimelo otra vez!
-JULIETA: Bueno! Pero después te vas! Sí, me gusta más tu pija que la de mi marido! Es más gorda y me hacés acabar como una loca! ¿Contento?
-FRANCO: ¿Te gusta más coger conmigo que con el cornudito?
-JULIETA: Sí, ya te dije que sí!
-FRANCO: Decimelo vos!
-JULIETA: Sí, me gusta más coger con vos que con el cornudito! ¿Conforme?
-FRANCO: Que me lo digas me la pone dura! Mirá…
*
Ira
Escuchaba eso y no lo podía creer, me llené de ira, sentía que la cabeza me iba a explotar, apretaba los puños de la bronca que tenía, que ganas de bajarle todos los dientes, de romperle la cara a golpes, de despegarle la cabeza del cuerpo, un par de veces miré el primer cajón del bajo mesada, en ese cajón en el que está la cuchilla grande con la que cortamos la carne, por mi cabeza pasó la idea de salir y cortarle las pelotas al hijo de puta ese!
Esa ira que nunca en mi vida había sentido me arrasaba, miraba hacia todos lados buscando tomar la decisión, llegó un momento en que pensé que ya no importaba nada, que podría matarlos, matarme también o terminar en la carcel de por vida, abrí el cajón de la mesada sin hacer ruido, con el corazón acelerado tomé la cuchilla, la sostuve en mi mano, la miré por un momento, respiré hondo un par de veces y la volví a guardar en su lugar.
Pero por suerte la razón volvió a mí, ¿Qué sentido tenía? Más allá de lo sorete que me resultaba ese hijo de mil putas, la cosa no era con él, el asunto era con Julieta, ese tipo puede ser lo que se le dé la gana, pero la que me estaba traicionando, la que se estaba cagando en mí, la que me estaba humillando, la que me estaba haciendo mierda era Julieta y a ella nunca le podría hacer daño, en ese momento entendí a tantos tipos que terminan matando al amante, y la verdad es que ganas no me faltaban.
*
Desprecio
-JULIETA: Andá Franco!
-FRANCO: ¿Me vas a dejar así? Mirá como se me puso de dura! No me podés dejar ir así! Al menos haceme una mamada de esas que me hacés y tanto me gustan!
-JULIETA: Prometeme que te la chupo y te vas!
-FRANCO: Dale!
-JULIETA: No! Prometeme!
-FRANCO: Ok, te lo prometo! Me pegás una buena chupada de pija y me voy!
Dejaron de hablar y lógicamente sabía lo que estaban haciendo, decidí que no aparecería, ni siquiera quería ver a Julieta chupándole la pija, ni a ese hijo de puta, y no porque le tuviera miedo, sino porque no sabía si me podría controlar, y no valía la pena ensuciarme las manos con esa mierda.
Ya todo estaba perdido, ya todo se había ido al carajo, pero aún faltaba un poco más.
-FRANCO: Siiií! Así Julietita! Como te gusta comértela toda! Siiií Asiií! Dale que te acabo… Pajeame un poquito… esooo…. Asiiií… ¿Te la vas a tragar toda? ¿Sí? ¿Te vas a tragar toda la lechita como a vos te gusta?
-JULIETA: Sabés que sí…
-FRANCO: ¿Al cornudito no le tragás le leche?
-JULIETA: Ya te dije que no!
-FEANCO: Que putita hermosa que sos! Ya te digo! La próxima no te salvás! Te voy a coger ese culito hermoso que tenés, ya vas a ver!
-JULIETA: No sé cuando Franco, ya te dije…
-FRANCO: Voy a tener paciencia, pero prometeme que voy a ser el primero, que no se lo vas a dar al cornudito antes que a mí!
-JULIETA: Ya te dije que a él no! Me gusta más la tuya!
-FRANCO: Así me gusta! Chupá que estoy por acabar! Siiiiií! Tomá putita! Tragate todo! Esooo! Ahh! Siiií! Como te gusta mi lechita!
Ya no podía escuchar más, el puñal que me atravesaba el pecho lo hacía una y otra vez, y en ese momento hubiera querido morirme y que todo ese sufrimiento se terminara de una vez.
Pensé una y mil veces en aparecerme en el estar, pero sabía que si lo hacía, terminaría cagando a trompadas a ese malnacido, rompiéndola la cara a trompadas o vaya a saber que más...
*
Angustia
La angustia que sentía en ese momento no la había sentido en mi vida, un nudo en el estómago y una puntada en el pecho que no podía soportar.
-JULIETA: Listo Franco! Por favor andate que necesito dormir!
-FRANCO: Ya me voy! ¿Nos vemos el martes?
-JULIETA: No sé como estaré de trabajo!
-FRANCO: Te inventás una reunión fuera del estudio como siempre y listo! Sos una socia Julietita! Salí antes y nos vamos a casa como el jueves!
-JULIETA: Hablamos al mediodía!
Los escuché caminar hacia la puerta, la puerta se abrió y un momento después se cerró.
Escuché un par de pasos con los tacos y luego ya no, se los había quitado.
Parado en la cocina, apoyado en la mesada y con los brazos cruzados, la angustia me oprimía el pecho, seguramente iría al baño o a la habitación, pero un instante después, la luz de la cocina se encendió, el destello de luz me iluminó y cuando Julieta me vio, se asustó, su cara lo dijo todo, sin dudas no se esperaba encontrarme ahí, y en un tono casi angustiante, de miedo, sorpresa o qué sé yo, dijo:
-JULIETA: Pa…Pablo…
Tan solo la miré a los ojos, seguramente mi expresión lo haya dicho todo.
-JULIETA: Dejame que te…
-PABLO: Está bien Julieta! Ni falta que hace! Está todo más que claro… creo que no te hace falta explicar más nada… ya lo entendí todo.
-JULIETA: Pabli, yo…
-PABLO: Está bien Julieta…, está bien, y no me mires con esa cara de pavor porque sabés perfectamente que no te voy a hacer nada, de haberlo querido, los podría haber matado a los dos, pero no valen la pena, y creo que con lo que he tenido que escuchar esta noche, me he ganado el derecho de hablar y que me escuches, si no querés hacerlo estás en tu derecho, pero desde ya te digo que esta noche va a ser la última vez que escuches mi voz.
-JULIETA: Por favor Pablo!
-PABLO: No Julieta, no te voy a escuchar, nada de lo que puedas decir va a hacer que cambie lo que pienso en este momento de vos, me has mentido tanto, que ya no te puedo creer más nada, así que ahorrate el trabajo. No voy a ser muy extenso, de hecho no te voy a preguntar nada porque ya no tiene sentido, solo te voy a decir un par de cosas, nada más.
Las lágrimas corrían por su mejilla, pero a pesar de eso, ya no me conmovían
-PABLO: En verdad lo lamento, lo lamento por nuestra relación, porque creí que lo nuestro era bueno, era noble, era de verdad, era para siempre, pero me doy cuenta cuan equivocado estaba, lo lamento por mí, porque creí que me amabas, porque todo esto me desgarra el alma, pero más lo lamento por vos, porque, en lo que te quede por vivir, no vas a encontrar a un hombre que te ame como te he amado yo. Por un segundo imaginate en mi situación y en cómo te deberías estar sintiendo si estuvieras en mi lugar.
En la vida tomamos decisiones y en cada una de ellas, nos toca afrontar las consecuencias, vos has tomado tus decisiones, y yo ahora tomaré las mías.
*
Sinceridad
En mi vida siempre he tratado de ser sincero, sobre todo con las personas que me importan, creo que en las relaciones personales, la sinceridad es fundamental, y con ella, a pesar de todo lo que estaba sintiendo en ese momento, también lo sería.
-PABLO: Pero voy a ser sincero con vos, hoy te mentí por primera vez, cuando te envié los mensajes esta tarde, te dije que estaba en Saladillo, pero lo hice desde aquí mismo, tan solo para volver a escuchar mentiras.
Pero no te deseo ningún mal, de corazón te lo digo, por el amor que te tengo…, al contrario…, deseo que seas feliz y que en el futuro, si realmente te interesa otra persona, pienses bien antes de hacer algo que pueda lastimarla.
Entenderás que a esta altura, ya no me interesan las razones, ni las veces que hayas cogido con él, ni desde cuando lo hacés, aunque supongo que la primera vez debe haber sido en su fiesta de fin de año, que por cierto, te escuché llegar ya de día, y me mentiste horas después, de ahí en adelante, si confiando en vos y sin mucho esfuerzo, te descubrí varias mentiras, es porque debe haber habido muchas más.
Y aunque no lo veas así, puedo entender muchas cosas, no soy un tipo tan obtuso, ¿creés que no podría haber entendido que te sientas atraída por otro hombre? Y también entiendo a ese tipo, lo único importante para él es él y su ego, conseguir lo que quiere, y vanagloriarse en ello, y vos entraste en su juego, tendrás tus razones, claro… pero… ¿imaginte cuando se entere de que el cornudito ya lo sabe? ¿Pensás que se va a poner feliz porque sos libre y va a querer una relación con vos? Me temo, y supongo que vos también lo sabés, que va a estar con vos, solo hasta que consiga cogerte por el culo, y después… después se cogerá a otras y vos solo vas a formar parte de su curriculum…
Dolor
Quizás tan solo alguien que ha estado en mi lugar, pueda comprender el dolor que sentía en ese momento, uno que nunca me había tocado sentir, uno que no esperaba que viniera de la persona que amaba.
-Pablo:¿Sabés qué Julieta? Me hubiera gustado que fueras sincera, que vinieras luego de esa primera vez que cogiste con ese tipo, arrepentida, llena de culpa, y me pidieras perdón por esa equivocación, y hasta te podría decir que, aunque claramente me hubiera dolido, sin dudas te hubiera perdonado, pero a partir de la segunda vez…, esa ya fue tu decisión, y esa es la que más duele…, duele tanto como escuchar lo que tuve que escuchar esta noche, no te podés imaginar lo que duele que la persona que amás, con la que compartís la vida te haga algo así, que diga lo que te escuché decir, esa humillación gratuita no tiene justificación para la persona que supuestamente decís amar.
*
Respeto
PABLO: ¿Creés que yo no podría haber salido a buscar una mujer que me dejara metérsela por el culo o que se tragara mi semen, o que tuviera las tetas más grandes que las tuyas? ¿O el culo más duro? Por supuesto que hubiera podido, pero no lo hice, ¿y sabés por qué? Por respeto, por respeto a vos y por respeto a nuestra relación. Ese respeto que hubiera querido tener de vos, escuchar de tu boca lo que escuché esta noche… uff… la verdad… pero bueno… me queda claro que el respeto no era recíproco… que le vamos a hacer…
Bueno hasta acá el sermón…
-JULIETA: Por favor Pabli, escuchame!
-PABLO: Ya no Julieta, ya escuché suficiente por esta noche, ahora voy a ir a la habitación, y por favor no me sigas, voy a buscar algo más de ropa, el lunes conseguiré un lugar para vivir y te voy a avisar cuando vengo a buscar el resto de mis cosas, en el momento que vos no estés claro, pero quedate tranquila que solo me voy a llevar mi ropa y mis cosas personales, lo demás te lo dejo todo, igual que la casa, quedate con la casa, ya no me interesa nada que tenga que ver con vos. No te voy a volver a llamar o a escribir, cuando venga a buscar mis cosas, voy a llamar al estudio para que te den el mensaje, y entenderás que cuando venga, no quiero que estés acá. No voy a poner ninguna pega en el divorcio, será de común acuerdo y con la casa a tu nombre, ya tendrás noticias a través de un abogado.
Sus lágrimas no paraban de caer, sin dudas estaría sufriendo, le tocaba, no tenía opción, no se la estaba dando, como tampoco yo la tuve, teniendo que tragar no solo con mis cuernos, sino con la humillación de mi propia esposa.
Fui a la habitación con el bolso, metí dentro toda la ropa que cupo, y en una bolsa ropa para ir al trabajo, zapatos y zapatillas.
Julieta no me siguió, ya no quería decir más nada, ya había dicho muchas cosas y en el fondo nada tenía ya sentido, nuestro matrimonio estaba roto, sin ninguna posibilidad de recomponerlo.
Salí de la habitación con el bolso y la bolsa, uno en cada mano, caminando hacia la puerta, ni siquiera miré o me detuve en la cocina, pero la escuché caminar detrás de mí, aún llorando.
Llegué a la puerta, apoyé la bolsa en el piso para poder abrirla y cuando la volví a tomar, la escuché decir:
-JULIETA: Por favor Pablo, hablemos…
Sin girar mi cabeza, sin mirarla, le dije:
-PABLO: Ya no más Julieta! Tendrías que haber hablado antes! Adiós! Qué tengas una buena vida!
Salí al pasillo, sin siquiera cerrar la puerta, no esperé el ascensor, bajé por las escaleras y salí del edificio llorando como nunca antes lo había hecho, llegué al auto, tiré las cosas en el asiento trasero y lloré amargamente por un buen rato.
*
Castigo
Imagino que tanto hombres como mujeres en una situación como la mía, desearían un buen castigo al infiel, no sé… supongo que se les pueden ocurrir muchas cosas, hacerles sentir lo mismo, o llegar a la instancia de una golpiza, o tal vez desquitarse económicamente, dejando a su ex pareja sin casa o sin dinero, hasta aquellos que utilizan a los hijos como instrumento de castigo, pero ese no sería mi caso.
Podría pensar en unas cuantas formas de castigar a Julieta, ¿pero qué sentido tendría? ¿Pagarle con la misma moneda? Eso ya no me serviría, acababa de dejarla, además no soy un hombre que tenga esos sentimientos de revancha.
Si en verdad alguna vez me amó, que sé que fue así, decididamente no pude haber estado tantos años equivocado, si en verdad alguna vez valoró lo que teníamos, si en todo este tiempo sintió el verdadero amor que le he tenido, el no tener todo eso supongo que será para ella un castigo suficiente.
Por mi parte, estoy seguro de que podré aceptar lo que me toca, asumir la situación y buscar la forma de salir adelante.
*
Venganza
Muchas veces hemos escuchado que del amor al odio hay un solo paso, y otras tantas en que la víctima de la infidelidad busca venganza de diferentes formas, gritando a los cuatro vientos que su pareja le ha sido infiel, buscando que familiares, amigos, vecinos o conocidos, crucifiquen al infiel, como hay también, los que dan a conocer videos íntimos, exponiendo la intimidad del malvado o malvada con el perjuicio que esto acarrea.
También existe la venganza a través del dinero, de la casa, del auto, del trabajo o de los hijos en común, en muchos casos, poniéndolos en contra de su progenitor infiel.
Si bien en el momento de escuchar todo aquello me llené de ira, la venganza se atravezó por mi cabeza, pero ni se me pasa ni se me pasará por la cabeza vengarme de Julieta, no sería consecuente con mis sentimientos ni con mi forma de ser y proceder.
¿Qué sentido puede tener esa venganza? ¿Acaso me haría sentir mejor? ¿Repararía o compensaría el daño? ¿Haría que todo vuelva a ser como antes? Claramente que no.
Acciones así, harían que esas personas que hasta antes de los hechos compartían su vida, lo transformaran en una guerra en la que sin lugar a dudas no habría un vencedor, sino por el contrario, más rencor y más dolor.
Continuará…
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