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Toneta: ¿Trabajo o infidelidad? - 3

La promesa de una oportunidad profesional los lleva a Budapest, pero la habitación asignada no es la que esperaban. Entre la excusa del 'trabajo' y la tentación de un colega, la línea entre la lealtad y el deseo se desvanece en cada mensaje que Marta no se atreve a enviar.

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El vibrante zumbido del móvil de Marta rompió la calma de la tarde, proyectando un halo azulado sobre su rostro concentrado en la pantalla. Juanma, recostado a su lado en el sofá, apenas despegó los ojos del videojuego, acostumbrado al ir y venir de mensajes en la cuenta de OnlyFans que Marta compartía con Raúl. Pero esta vez, el brillo en los ojos de Marta era diferente, una mezcla de asombro y excitación que hizo que el mando cayera de las manos de Juanma.

"No te lo vas a creer", su voz era un susurro cargado de electricidad; los dedos temblaban ligeramente mientras leía. "Es de Viktor Volkov. ¿Sabes quién es, verdad? El puto Volkov."

Juanma frunció el ceño, el nombre resonando con una familiaridad que le revolvió el estómago. "El productor checo, ¿el de las pelis hardcore? ¿Qué quiere ese?" Su tono, aunque intentaba ser casual, no lograba ocultar la punzada de inquietud.

Marta se giró por completo; el pelo moreno y largo se deslizó sobre su hombro, revelando el piercing de su ombligo. Su cuerpo atlético, apenas cubierto por unos shorts diminutos y un top sin sujetador que dejaba adivinar la firmeza de sus pechos, se tensó con la emoción. "Nos ha visto, Juanma. Ha visto nuestros vídeos. Quiere que grabemos una escena para su web."

Una escena. La palabra flotó en el aire, densa, cargada de implicaciones. Juanma sintió un nudo en la garganta. "Pero... ¿Él? ¿Con vosotros?"

"Sí, él en persona. Sería en Budapest, en su estudio." Marta se levantó, incapaz de contener la energía que la recorría. Caminó por la sala, sus movimientos ágiles y felinos. "Es una oportunidad, Juanma. Una publicidad brutal. Una sola escena, pero la gente nos vería, sabría quiénes somos. Sería un antes y un después para OnlyFans."

"¿Y el dinero? ¿Cuánto os paga por esa 'publicidad'?" Juanma se levantó también, su voz más firme ahora, aunque el miedo seguía arañando en su interior.

Marta dudó un instante. "No es mucho, la verdad. Solo por esa vez. Pero es la puerta, ¿entiendes? La puerta a algo grande."

El silencio se hizo espeso. Juanma la miró, sus ojos oscuros buscando una respuesta en los de ella. Conocía a Marta, sabía de su ambición, de esa chispa salvaje que la impulsaba. Pero también conocía sus propios miedos. "¿Y yo, qué? ¿Me quedo aquí? ¿Mientras tú y Raúl os vais a Budapest a grabar para un tío que hace porno hardcore?"

"Juanma, por favor, sabes que es trabajo". Marta se acercó, sus manos suaves buscando las de él. "Es solo una escena. Como las que hacemos aquí, pero con más medios, con un equipo profesional. Maquilladores, sonido, cámaras de verdad."

"¿Y no se te va a ir de las manos? ¿Con ese tío grabándoos? ¿Con Raúl? Conozco a Raúl, Marta. Sé cómo te mira." La voz de Juanma era un hilo, la inseguridad carcomiéndole.

Marta apretó sus manos, sus ojos fijos en los de él. "Confía en mí. Sabes que te quiero. Esto es solo para avanzar, para que nuestro proyecto crezca. Es un paso, nada más. Una oportunidad que no podemos dejar pasar."

Juanma cerró los ojos, el peso de la decisión aplastándolo. Confiaba en Marta, sí, pero la imagen de ella con Raúl, bajo la dirección de ese hombre, en otro país, le taladraba la mente. "Prométeme que es solo trabajo. Que no vas a cruzar ninguna línea."

"Lo prometo". El aliento de Marta rozó su mejilla. "Solo trabajo. Volveré contigo, como siempre. Seremos Marta y Juanma, los de siempre."

Él suspiró, la batalla interna librada y perdida. Su amor por ella, su deseo de verla feliz y realizada, pesaban más que sus propios celos. "Está bien. Pero quiero que me lo cuentes todo. Cada detalle. Y que me escribas a cada rato. ¿Entendido?"

Marta sonrió, un brillo de alivio y gratitud en sus ojos. "Entendido. Te quiero."

Los días siguientes fueron un torbellino de preparativos. Primero, la inevitable visita médica para los análisis de ETS. Marta y Raúl se encontraron en la sala de espera, un silencio incómodo se cernía entre ellos.

"¿Nervioso?" Marta rompió el hielo, su voz resonando un poco demasiado fuerte en la quietud.

Raúl, su imponente figura tatuada y musculosa ocupando casi dos asientos, levantó la mirada de su móvil. "Un poco, la verdad. No por los resultados, que sé que estamos limpios. Más bien por lo que viene. Volkov no es cualquiera. Sus escenas son... intensas." Una sonrisa astuta se dibujó en sus labios. "Aunque creo que nosotros tenemos lo nuestro también".

Marta sintió un leve sonrojo, pero mantuvo la compostura. "Sí, pero esto es otro nivel. Cámaras profesionales, un equipo entero. No es lo mismo que nuestras grabaciones caseras."

"Es un salto. Un puto salto de fe." La enfermera los llamó, y ambos se levantaron. El proceso fue rápido, y a las pocas horas, los resultados negativos confirmaron que estaban listos para el viaje.

El vuelo a Budapest fue largo, pero la emoción de Marta no disminuyó. A través de la ventanilla, el paisaje europeo se desplegaba bajo ellos, una promesa de aventura. "¡No me lo puedo creer, Raúl! ¡Vamos a Budapest! ¡Y para grabar con Volkov!"

Raúl, con su habitual calma, sonrió. "Disfruta el momento, preciosa. Es lo que siempre hemos querido, ¿no? Llevar esto más allá."

"Sí, pero me da un poco de miedo. ¿Y si no doy la talla? ¿Y si no estamos a la altura?" La voz de Marta se volvió un susurro, la duda asomando por primera vez. "No es lo mismo que grabarnos nosotros con Juanma."

"Tranquila. Saldrá bien. Estamos hechos para esto." La mano de Raúl rozó la suya, un gesto de apoyo que Marta agradeció.

Al llegar al hotel, la primera sorpresa los esperaba en la recepción. La recepcionista, con una sonrisa profesional, les entregó una sola llave. "Habitación 304. Disfruten de su estancia, Sres. Martín".

Marta y Raúl se miraron, la confusión grabada en sus rostros. "Perdone, creo que hay un error", Marta intervino. "Él y yo tenemos habitaciones separadas."

La recepcionista consultó su pantalla. "No, aquí indica una habitación doble, a nombre de la pareja. Su productor lo especificó así".

Una pareja. El productor había asumido que lo eran. Marta sintió un escalofrío. Miró a Raúl, que simplemente encogió los hombros, una leve sonrisa en los labios.

Ya en la habitación, el corazón de Marta dio un vuelco al ver la enorme cama de matrimonio que dominaba el espacio. No había dos camas, ni siquiera dos individuales juntas. Solo una, grande y tentadora. Sacó el móvil, la promesa a Juanma revolviéndole el estómago.

"Juanma, ya estamos en el hotel", escribió, el pulgar dudando sobre las teclas. "Pues sí, al final nos han puesto en la misma habitación. Pero no te preocupes, hay camas separadas, así que todo bien." La mentira piadosa se deslizó, una pequeña grieta en su promesa.

El móvil vibró casi al instante. "Joder, ¿en serio? ¿Y por qué? ¿No les dijiste que no sois pareja?" El celo de Juanma traspasaba la pantalla.

"No, ha sido el productor. Creía que éramos novios de verdad, ya sabes. Pero te juro que hay camas separadas. Es una habitación enorme, no te preocupes."

"Más te vale. No quiero que Raúl se aproveche de la situación." El mensaje de Juanma llegó, lleno de desconfianza.

Marta suspiró. "No lo hará. Te lo prometo. Te mantengo al tanto." Guardó el móvil, una sensación de incomodidad instalada en su pecho.

"Bueno, ¿qué hacemos? ¿Deshacemos las maletas y salimos a explorar?" La voz de Raúl la sacó de sus pensamientos. "Tenemos la tarde libre y no grabamos hasta dentro de dos días. Podríamos cenar algo típico de aquí."

Marta asintió, intentando sacudirse la tensión. "Sí, buena idea. Necesito estirar las piernas."

Recorrieron las calles empedradas de Budapest, con el Danubio brillando bajo el sol de la tarde. Marta no paraba de hacer fotos; cada rincón, una nueva maravilla. Pero su móvil vibraba cada pocos minutos con mensajes de Juanma.

"¿Dónde estáis? ¿Con quién?"

"¿Qué tal la comida?"

"¿Raúl está contigo ahora mismo?"

Marta respondía con paciencia, intentando tranquilizarlo, pero la insistencia de Juanma la agotaba. Sabía que sus celos eran el reflejo de su amor, pero también la asfixiaban.

Ya en el restaurante, la luz tenue de las velas creaba un ambiente íntimo. Raúl la observó mientras ella picoteaba su goulash. "Te veo un poco pensativa. ¿Todo bien?"

Marta suspiró. "Sí, bueno... Juanma. Está un poco celoso con todo esto."

"Normal", Raúl sonrió con una mueca. "Si yo tuviera una novia como tú y la mandara a grabar porno conmigo, también estaría celoso."

"No es solo eso". Marta jugueteó con su tenedor. "Estoy nerviosa por el rodaje. ¿Y si no sale bien? ¿Y si no estamos a la altura de lo que espera Volkov?"

Raúl dejó su cubierto; su mirada se fijó en la de ella. "Marta, eres una jodida diosa. Tienes un cuerpo que vuelve loco a cualquiera, y esa energía que desprendes... No hay duda de que lo harás genial. Pero entiendo los nervios. Es un salto." Se inclinó ligeramente, su voz bajando un tono. "Si necesitas practicar algo antes, para sentirte más segura, solo dilo. No hay problema."

El corazón de Marta dio un vuelco. Entendió la implicación. Era una oferta, una invitación velada. Por un lado, la lógica le decía que tenía sentido. Afilar la química, la sincronización, asegurarse de que todo fluyera a la perfección. Pero, por otro lado, la imagen de Juanma apareció en su mente, su promesa, la línea roja que habían trazado.

"Yo... no sé". Marta miró a su plato, la comida de repente sin sabor. "Si no tuviera novio..."

Raúl la interrumpió suavemente. "Si decidimos 'practicar', Marta, sería solo trabajo. Para que la escena salga impecable. Nada más. Sin implicaciones, sin drama. Solo por el éxito del proyecto."

Las palabras de Raúl eran un bálsamo para su conciencia. Solo trabajo. Una justificación perfecta. La oportunidad era única, y no podía permitirse que los nervios arruinaran su gran momento. Si no le decía la verdad a Juanma, sería una infidelidad, sí. Pero era por el trabajo, ¿verdad? Por la publicidad, por el futuro.

"Está bien", susurró, con la decisión ya tomada y un fuego lento encendiéndose en su vientre. "Solo para que salga perfecto."

De vuelta en la habitación del hotel, el aire se había vuelto denso, cargado de una tensión palpable. La enorme cama de matrimonio parecía llamarles como una tentación silenciosa. Marta se despojó de su vestido ligero, el hilo de su tanga asomando por debajo. Raúl la observaba, sus ojos oscuros recorriendo cada curva de su cuerpo atlético.

"Entonces, ¿empezamos la 'práctica'?" La voz de Raúl era un ronroneo bajo, sus ojos fijos en los de ella.

Marta no respondió con palabras. Un paso, y otro, hasta que estuvo frente a él. Sus manos se alzaron, buscando el cuello de Raúl, mientras sus labios se unían en un beso voraz. Fue un estallido de deseo contenido, una liberación salvaje. La boca de Raúl se abrió a la suya, su lengua explorando cada rincón, succionando la suya con una avidez que le robó el aliento. Sus lenguas se entrelazaron en una danza húmeda y caliente, el intercambio de saliva un preludio a lo que vendría. Un gemido gutural escapó de la garganta de Marta mientras sus cuerpos se pegaban, la tela de la ropa un estorbo insignificante.

Las manos de Raúl se deslizaron por su espalda, aferrándose a sus nalgas firmes, apretándolas contra su erección que pulsaba bajo la tela de sus pantalones. Marta sintió la dureza de su polla, grande y prominente, y un escalofrío de excitación la recorrió. Sus dedos se engancharon en la camiseta de Raúl, tirando con fuerza hasta que el tejido cedió y sus músculos cincelados quedaron expuestos. Los tatuajes, intrincados y oscuros, se retorcían sobre su piel, un lienzo de arte sobre un cuerpo de dios.

"Joder, Marta..." La voz de Raúl era áspera, sus labios aún pegados a los de ella. Sus manos bajaron, desabrochando el botón de sus pantalones, el tejido cediendo para revelar la erección que luchaba por liberarse.

Marta se separó apenas unos centímetros, sus ojos brillando con una lujuria descarada. Sus dedos se deslizaron por el elástico de su tanga, tirando de él con una lentitud tortuosa. El hilo de tela se deslizó por sus caderas, revelando la piel suave y morena, el montículo de su pubis apenas oculto por la tela fina.

Raúl, empujado por un ansia incontrolable, le arrancó el tanga de un tirón, la tela fina apenas oponiendo resistencia. El sonido del elástico cediendo fue un susurro en el silencio de la habitación. Sus ojos se clavaron en la entrepierna de Marta; sus labios se curvaron en una sonrisa depredadora.

"Qué ganas tenía de esto"; su voz era apenas un jadeo.

Marta, con una risa ronca, se arrodilló frente a él, sus manos desabrochando el pantalón de Raúl, liberando la bestia que se escondía debajo. El miembro de Raúl, descomunal y perfecto, se irguió con una fuerza impresionante, su cabeza púrpura palpitando con deseo. Marta lo miró, sus ojos brillando con una mezcla de asombro y adoración.

"Dios..." Sus dedos se envolvieron alrededor de la base del pene, sintiendo la piel tibia y sedosa, las venas abultadas bajo sus yemas. Su lengua se deslizó por la punta, probando el sabor salado y excitante del pre-cum que ya perlaba el glande. Un gemido de placer escapó de Raúl.

Marta abrió la boca, abarcando la cabeza del pene con una delicadeza experta, succionando con suavidad, luego con más fuerza. El sonido de su boca trabajando, los shlicks húmedos y rítmicos, llenaron la habitación. Su garganta se estiró, intentando abarcar más y más de la longitud impresionante de Raúl, sus ojos cerrados en pura concentración.

Raúl arqueó la espalda, su respiración entrecortada. Sus manos se enredaron en el pelo de Marta, guiando sus movimientos, empujando suavemente su polla más profundamente en su boca. La sensación era abrumadora, la presión de su garganta contra su pene, el calor húmedo, el sabor.

Marta se retiró solo para lamer el eje, su lengua trazando un camino húmedo desde la base hasta la punta, saboreando cada gota de su esencia. Luego, bajó sus labios y lengua explorando el escroto, besando los testículos, sintiendo la piel suave y sensible bajo su boca.

"Ahora tú". La voz de Marta era ronca, sus ojos invitando.

Raúl no se hizo de rogar. Con un movimiento ágil, la tumbó en la cama, su cuerpo cubriendo el de ella. Sus labios se dirigieron a su clítoris, ya hinchado y pulsante. La lengua de Raúl se deslizó sobre él, primero suavemente, luego con una intensidad creciente, succionando, lamiendo, mordisqueando con una delicadeza que la llevó al borde.

Marta arqueó la espalda, sus manos aferrándose a las sábanas. "Oh, Dios... oh, sí..." Sus gemidos llenaron la habitación, su vagina chorreando con una humedad que empapaba la tela bajo ella. La lengua de Raúl era experta, sabiendo exactamente dónde presionar, dónde succionar para maximizar su placer.

"Ah... ahhh... ¡Más! ¡Más fuerte!" Su cuerpo se convulsionó, un orgasmo tras otro sacudiéndola, su clítoris vibrando bajo la lengua de Raúl, una descarga eléctrica que la dejaba sin aliento.

Cuando el último temblor se disipó, Marta jadeaba, su cuerpo cubierto de sudor, su vagina ardiendo. Raúl subió sobre ella, su enorme pene ya erecto y lubricado, rozando su entrada. Marta se sentó a horcajadas sobre él, sus muslos fuertes apretando sus caderas. Miró su polla, grande y poderosa, y luego a los ojos de Raúl.

"Vamos a ello", susurró, y con un grito ahogado de placer, se dejó caer sobre él.

El pene de Raúl se deslizó con facilidad en su vagina, ya empapada y lista. Un gemido profundo escapó de ambos. Marta sintió cómo la llenaba por completo, el grosor de su miembro estirándola hasta el límite, pero de una manera exquisita. El aire se escapó de sus pulmones con un siseo.

"Oh, joder..."

Marta comenzó a cabalgarlo, primero con suavidad, sintiendo la fricción, la plenitud. Luego, el ritmo se aceleró, sus caderas bombeando con una ferocidad inaudita. Sus pechos firmes rebotaban con cada embestida, sus pezones duros rozando el pecho de Raúl. El sonido de sus cuerpos chocando, el schlick-schlick húmedo de la carne contra la carne, el slap de los testículos de Raúl contra sus nalgas, llenaba la habitación.

"¡Ah! ¡Sí! ¡Así! ¡Más rápido!" La voz de Marta era un grito entrecortado, sus ojos cerrados en éxtasis. Cabalgaba con una intensidad salvaje, como si el mundo fuera a terminar esa misma noche. Sentía su vagina arder, caliente y húmeda, chorreando con cada embestida. La presión del pene de Raúl contra su cérvix era una sensación dolorosa y placentera a la vez, empujándola más y más al borde.

En algunos momentos, la imagen de Juanma parpadeó en su mente, una punzada de culpa. Pero el placer era demasiado intenso, la polla de Raúl demasiado grande, demasiado buena, para permitirse distracciones. Cada vez que sentía su miembro partirla en dos, cada embestida profunda que la dejaba sin aliento, borraba cualquier pensamiento que no fuera el puro y crudo placer.

"¡Joder, Marta! ¡Me vas a destrozar!" Raúl gruñó, sus manos aferrándose a sus caderas, empujándola hacia abajo, profundizando la penetración.

Marta no paraba, sus ojos salvajes, su cuerpo un torbellino de deseo. Un orgasmo tras otro la sacudía, su vagina contrayéndose alrededor de su pene, exprimiéndolo con cada espasmo. El colchón chirriaba bajo sus movimientos frenéticos; la cama golpeaba contra la pared con cada empuje. Los gemidos y gritos se mezclaban en una sinfonía de lujuria desenfrenada.

De repente, el teléfono de la habitación sonó, un timbre estridente que rompió la burbuja de su éxtasis. Ambos se detuvieron, jadeando, sus cuerpos aún unidos. Marta miró el aparato con su respiración agitada, no quería ni pensar que pudiese ser su novio. Raúl se estiró y descolgó.

"¿Diga?" Su voz era ronca. Escuchó un momento, su expresión cambiando. "Sí, sí, lo sentimos. Entendido." Colgó, una sonrisa avergonzada en sus labios. "Recepción. Dicen que varios huéspedes se han quejado del escándalo. Que bajemos el tono."

Marta soltó una carcajada, una risa ronca y satisfecha. "Lo siento. Me he dejado llevar."

"Y yo", Raúl sonrió, sus ojos brillando. "Pero no hemos terminado."

Se besaron de nuevo, esta vez con una sensualidad más pausada. Raúl la giró, poniéndola de espaldas, y comenzó a embestirla desde atrás, sus manos aferrándose a sus caderas, levantándolas para una penetración más profunda. La nueva posición, la vista de su espalda arqueada, sus nalgas apretadas contra su pelvis, lo volvió loco.

Marta se apoyó en los codos, su cabeza echada hacia atrás, sus gemidos ahora más controlados, pero no menos intensos. Sentía cada centímetro de su polla dentro de ella, el roce de sus bolas contra sus nalgas, el golpe rítmico. Cambiaron de postura varias veces, explorando cada ángulo, cada sensación, la urgencia inicial transformándose en una danza de placer más prolongada y exploratoria.

Finalmente, Raúl sintió la urgencia de correrse. "Voy a terminarme, Marta. ¿Dónde quieres que me corra?"

Marta, con los ojos cerrados, apenas podía hablar. "En mi boca... quiero sentirte dentro de mí..."

Raúl la giró, la sentó sobre su regazo, su pene aún dentro de ella. Se inclinó, sus labios buscaron los de ella para un beso profundo, mientras él se retiraba lentamente. Marta abrió la boca, su lengua ya lista. Raúl se inclinó, su pene goteando pre-cum, y la colocó en la boca de Marta. Con un gruñido, empujó, y un chorro espeso y caliente de semen se derramó en su garganta.

Marta lo tragó todo, la salinidad y el calor llenando su boca, sus ojos fijos en los de Raúl, una expresión de devoción y satisfacción. Cuando terminó, se retiró, jadeando, y Marta corrió hacia la ducha, la necesidad de limpiarse, de borrar las huellas, una urgencia instintiva.

Cinco minutos después, el vapor llenaba el baño. Marta, bajo el chorro de agua caliente, sentía el agua deslizarse por su piel, limpiando el sudor y el semen. De repente, sintió unas manos fuertes envolverla por detrás. Raúl, ya empalmado de nuevo, la pegó a su cuerpo.

"¿Ya echas de menos mi polla?", susurró en su oído, su aliento caliente.

Marta rió, una risa clara y cristalina. "Siempre."

Raúl la giró, la empujó contra la pared de la ducha y, sin preámbulos, volvió a penetrarla.

El agua caía sobre ellos, mezclándose con el sudor y los fluidos de sus cuerpos. Sus gemidos resonaban en el azulejo, la ducha, un nuevo escenario para su pasión desenfrenada.

Lo que había comenzado como una "práctica" para afilar su escena se convirtió en casi día y medio de sexo sin apenas pausas. Dormían a ratos, sus cuerpos entrelazados, para despertar y reanudar su frenesí. La habitación del hotel se convirtió en su pequeño universo de placer, el mundo exterior difuminándose en una neblina.

Mientras tanto, el móvil de Marta vibraba con mensajes de Juanma.

"¿Qué tal todo? No te habrá dicho de practicar, ¿no?"

"¿Has cenado? ¿Con quién?"

"¿Estás con Raúl ahora mismo?"

Marta respondía con evasivas, con mentiras piadosas que le pesaban, pero que eran necesarias para mantener la fachada. "Sí, todo bien. Hemos cenado, estoy en mi cama, cansada. Raúl está en la suya." Cada mensaje era una puñalada a su conciencia, un recordatorio de la línea roja que había cruzado, destrozado y olvidado.

Pero ya habría tiempo para pensar en eso, para lidiar con la culpa y las consecuencias. Ahora, mientras se vestían para ir a grabar su primera escena profesional con Viktor Volkov, Marta sentía una energía renovada, una confianza inquebrantable. Sus cuerpos, entrenados y agotados por el placer, estaban listos. Raúl le sonrió, sus ojos brillando con una complicidad que iba más allá del trabajo.

"¿Lista para la acción, diosa?"

Marta le devolvió la sonrisa, un brillo salvaje en sus ojos. "Más que lista."

Salieron de la habitación, sus pasos resonando en el pasillo. La puerta se cerró tras ellos, dejando atrás el eco de sus risas, sus gemidos y las mentiras que, por ahora, quedaban enterradas en la intimidad de esas cuatro paredes. Esa era otra historia, una que aún no había terminado de escribirse.

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Si has llegado hasta aquí, GRACIAS por leer el relato. Sé que debo mejorarlos, especialmente en el formato, y en ello estoy mientras voy aprendiendo.Agradecería cualquier tipo de comentario o sugerencias, siempre son bien recibidos.

Todos los relatos están basados o inspirados en historias reales, algunas contadas tal y como ocurrieron y muchas otras adaptando algunas experiencias para darle un aspecto más de relato.