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¿Sabés lo que se siente? (1)

Pablo cree que su matrimonio es perfecto, pero Julieta acaba de cruzar una línea que no volverá a poder borrar. Mientras él celebra su éxito profesional, ella ya no es la misma mujer que conoció en la universidad.

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Comentario inicial

Esta historia me llegó a mi correo electrónico enviada por un lector llamado Pablo, así su verdadero nombre, aunque no es su verdadero apellido el que figura en el relato, al que le sugerí cambiar por obvias razones.

En el primer mail, me contó un poco de su historia y me preguntó si podía publicarla haciendo las correciones y agregados que estimara conveniente para que sea de una lectura entretenida.

Le dije que sí y en los siguientes mail, me mandó fotos de sus escritos a mano alzada en un cuaderno, ordenadas por fecha, ya que las fue escribiendo durante varios meses.

No tuve que hacer muchos cambios, solo cuestiones de redacción y ortografía, pero decidí no hacer ningún agregado, tan solo algunos diálogos de acuerdo a lo que él mismo fue escribiendo detalladamente.

Una vez terminado se lo envié por correo para que me diera su visto bueno, y me dijo que lo publicara.

Aquí la historia de Pablo, contada por él mismo.

*

¿Sabés lo que se siente?

Primera parte

Muchos de nosotros tenemos gente cercana, familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo, cuya relación amorosa se terminó disolviendo, novios que se han separado o matrimonios que se han divorciado.

Muchas son las causas por lo que esto sucede, porque se termina el amor, porque la relación se desgastó con el tiempo o porque la convivencia demostró que el sentimiento no era el suficiente para perdurar en el tiempo.

Muchas parejas o matrimonios, luego de la separación pasan a ser enemigos, y otros llegan a un acuerdo y continúan con un trato amable, incluso de amistad.

Prueba de esto, es que por ejemplo, soy hijo de padres divorciados, uno de mis mejores amigos, también lo es, hace cerca de dos años, terminó la relación de ocho años con su novia.

Un primo hermano, casado por casi veinte años con su esposa, teniendo dos hijos ya grandes, también se divorció hace un tiempo, pero en este caso en buenos términos, tanto que para su último cumpleaños, quién preparó las pizzas qué comimos esa noche, fue su ex esposa, que compartió la velada con nosotros.

También tengo un compañero de trabajo, que luego de quince años de matrimonio, con dos hijos, se separó de su esposa, y actualmente está de novio con otro hombre.

Pero hay una causa de separación qué suele ser la más traumática: La infidelidad.

Quizás conozcamos a alguien que le tocó pasar por eso, que sea un conocido o un ser querido y aunque empaticemos con esa persona, es muy difícil ponerse en sus zapatos y sentir lo que de verdad se siente.

Y hablo con conocimiento de causa, me ha tocado vivirlo en primera persona, sí, mi matrimonio se terminó por la infidelidad de mi esposa.

En este aspecto también hay atenuantes y agravantes, no es lo mismo un polvo en una situación determinada, qué una seguidilla de encuentros con esa tercera persona, la primera puede ser una equivocación, pero a partir de la segunda, ya es una decisión, al menos así es como yo lo veo.

En mi caso, enterarme que mi esposa me era infiel, me hizo transitar por una serie de sentimientos que intentaré describir.

Claro está que esto no intenta ser el decálogo de lo que vive y siente un cornudo, tan solo es mi experiencia, lo que me tocó vivir y lo que sentí y siento, entonces...

¿Sabés lo que se siente?

*

Amor

Y sí, cuando una pareja te es infiel y eso te desgarra el alma, es porque hay amor por esa persona, al menos así fue en mi caso.

Supongo que si una persona no ama realmente a la pareja infiel, es probable que tan solo termine con su orgullo herido, enojo y poco más, pero cuando se ama de verdad, cuando sentís ese amor profundo y verdadero por esa persona, lo que se siente es muy diferente.

Soy Pablo Esteban Fuentes y mi ex esposa se llama Julieta, Julieta Soledad Portieri y la conocí en la universidad, en el primer año de ingeniería industrial, éramos compañeros de curso, desde que la vi, sentí que era diferente a lo que me había ocurrido con otras chicas.

Siempre me pareció una mujer hermosa, no solo físicamente, aunque también, me encantó su forma de hablar, su sonrisa y su carácter.

Nunca fui muy lanzado con las mujeres, y durante ese año, tan solo tuve unos tibios intentos de acercamiento, el más osado, invitarla a tomar un café en el buffet de la facultad en una hora libre.

Aceptó pero en esa ocasión no estuvimos solos, otros compañeros también se nos unieron.

Hablamos muchas veces ese año, pero solo como compañeros, y en el último mes de clase, en una conversación me dijo que dejaría la carrera, que no era lo que le gustaba, y que el año siguiente comenzaría en la facultad de ciencias económicas, para ser contadora.

Y fue en ese preciso momento que se desmoronaron las ilusiones que yo mismo me había fabricado.

Pero claro, ¿qué podía pretender?, una chica tan hermosa como ella, sin dudas no se fijaría en mí, más que como un amigo, en esa época, tenía unos kilos de más, producto de no hacer ninguna actividad física.

En la secundaria me gustaba jugar al hándbol, y al año siguiente con unos compañeros y chicos de otras facultades, armamos un equipo.

Entrenábamos dos veces por semana, y jugábamos los sábados en una liga amateur de la ciudad.

Ahí me puse las pilas con mi físico y además de entrenar, también iba al gimnasio, con lo que mi cuerpo fue cambiando, nada marcado ni musculado, tan solo perdí nueve kilogramos y gané algo de masa muscular.

Acompañé el cambio de look, dejándome el pelo largo, de color castaño claro que llegué a atar en una cola cuando era lo suficientemente largo, además de dejarme también la barba, aunque la recortaba seguido.

Promediaba el último año de mi carrera, cuando en el estadio único de la ciudad, tocaba una banda de rock que me gustaba de siempre.

Dijimos con los amigos de ir, mis dos amigos sacaron platea, y unas horas después cuando llegué a casa, tan solo conseguí entrada en campo, pero de todas formas la compré.

Ese día nos juntamos horas antes a tomarnos un par de cervezas y después nos fuimos para el estadio.

Cómo teníamos ubicaciones diferentes, también entrábamos por puertas distintas, cuando ubiqué la puerta por la que tenía que entrar, la cola de gente era interminable, cuadras y cuadras de gente.

Caminé buscando el final de la cola, y luego de poco más de una cuadra, entre tanta gente alguien dijo mi nombre, Pablo!

Era una voz femenina, y al mirar en esa dirección, me encontré a Julieta, y para qué mentir, el corazón se me aceleró.

-PABLO: Julieta!

-JULIETA: Vení Pablo! Te estábamos esperando!

Sin dudas había dicho eso, para que la gente de la cola no protestara por meterme delante.

Me acerqué a ella y me saludó con un beso, estaba con dos amigas y dos amigos, que luego supe que dos ya eran pareja, y los otros dos estaban en camino de serlo.

Creí que tan solo me saludaría, pero me dijo que me quedara con ellos y así me ahorraba la cola.

No lo podía creer, luego de tantos años la volvía a ver y como si fuera poco, compartiría con ella el show.

En el tiempo que tardamos en entrar al estadio, hablamos un poco de nuestras carreras, de amigos, le conté del hándbol, y en un momento me dijo:

-JULIETA: Estás re cambiado Pablo!

-PABLO: No sé… Supongo que será por el deporte…

-JULIETA: Estás lindo con el pelo largo y la barba…

Y aunque me salió sin pensarlo, le dije:

-PABLO: Vos estás igual… hermosa como siempre!

Me dio con la palma de su mano en el brazo, pero con esa sonrisa que atrapa.

Ya en el campo y comenzado el espectáculo, en uno de los temas más famosos de la banda, sus amigas estaban sentadas en los hombros de los chicos, y le pregunté:

-PABLO: Julieta, ¿Querés subir?

-JULIETA: Ay Dale! No veo nada!

No lo podía creer, y varios temas del show la tuve sentada en mis hombros, tomándola de sus piernas para que no se cayera.

Cuando terminó y salimos entre la multitud, le pregunté cómo se volvía a su casa, me dijo que caminando, y me ofrecí a llevarla en mi auto.

Vivía en un edificio de una zona semicéntrica y compartía el departamento con otra chica también estudiante del interior.

Ya en la puerta de su edificio, aún dentro del auto, me dijo de intercambiar números de teléfono, para seguir en contacto.

Se lo di y me mandó un mensaje para que me quedara su número, nos saludamos con un beso y entró al edificio.

De camino a mi casa, no podía creer lo que había sido la casualidad de que nos volviéramos a encontrar, y mis ilusiones, reflotaron de una manera inesperada.

Pensé que pedirme el teléfono era tan solo una formalidad, no sé, una manera de mostrarse agradecida por llevarla hasta la casa, pero el martes por la tarde, estaba en clase cuando me llegó un mensaje suyo, diciéndome:

-JULIETA: Hola Pablo! Salgo de la facu a las ocho, si te pinta nos podemos ver.

Ese día yo cursaba hasta las diez de la noche, pero le dije:

-PABLO: Hola Julieta! Dale! A las ocho estoy ahí, te espero en la puerta!

-JULIETA: Buenísimo!

A las siete y media de la tarde me rajé de la facultad, y me fui al centro.

Unos minutos después de las ocho, estaba en la puerta de su facultad y la vi salir, al verme me sonrió, caminó hasta mí, y para mi sorpresa, me dio un abrazo y un beso en la mejilla.

Fuimos a comer una hamburguesa al local de la cadena norteamericana y allí me contó que hacía casi un año que había roto con su novio, con el que había estado casi cuatro años.

Luego de cenar, la acompañé caminando hasta su departamento, donde nos volvimos a despedir con un abrazo, y antes de entrar, me miró y me dijo:

-JULIETA: La próxima llamás vos!

-PABLO: Ok!

Le dije con una sonrisa antes de despedirnos con la mano, una vez que cerró la puerta de vidrio del edificio.

Caminando hasta el auto, fui pensando en cuando llamarla, si por mi fuera, en ese mismo momento, pero decidí hacerlo el jueves, para vernos el viernes.

El jueves a eso de las nueve de la noche, le mandé un mensaje:

-PABLO: Hola Julieta, ¿cómo estás?

-JULIETA: Hola Pablito!

Guau… que me dijera Pablito me sorprendió, la cosa se iba poniendo buena.

-PABLO: ¿Cómo estás de horarios mañana? ¿Te pinta vernos?, a partir de las seis estoy libre!

-JULIETA: Dale! Salgo a las ocho! ¿Me vas a buscar a la facu?

-PABLO: A las ocho estoy ahí!

Para que mentir, me entusiasmaba la idea más que cualquier otra cosa.

A las ocho en punto estaba ahí, la vi salir y nos volvimos a saludar con un beso y un abrazo.

Esta vez fuimos a comer a una pizzería a unas cuadras de la facultad y esa noche volvimos a hablar de muchas cosas, entre las que le conté sobre mi trabajo en la empresa, donde estaba desde hacía más de un año con una beca de practicante, trabajaba por las mañanas con un sueldo más o menos aceptable, pero con la posibilidad de seguir allí, una vez recibido de ingeniero.

Como la vez anterior, la acompañé hasta su casa y al despedirnos, me dijo que la próxima llamaba ella.

Y así fue, y para mi sorpresa, una café en la tarde del sábado, es decir, al día siguiente, aunque luego tenía el cumpleaños de una amiga, por lo que estuvimos hasta las siete y media de la tarde.

Siguieron varios encuentros más, una o dos veces por semana, hasta que en un acto de arrojo, decidí proponerle ir a un show de otra banda que también nos gustaba, en el Luna Park, en la ciudad de Buenos Aires, una semana después.

Se lo propuse sin muchas expectativas, pero inmediatamente me dijo que sí, con lo que le dije que yo sacaría las entradas.

Ya en casa, recostado en mi cama mirando el techo, pensé hasta donde llegaría esto, ¿amigos? ¿Algo más?

El show en Buenos Aires era un viernes, y quedamos en que la pasaría a buscar por su casa a las siete de la tarde, ese día saldría más temprano.

Ir a Buenos Aires y disfrutar el show con ella, me hacía sentir en el aire.

Al salir del espectáculo, comimos algo en un restaurante de Buenos Aires y luego nos volvimos para La Plata.

Al llegar a su edificio, cerca de las tres de la mañana, me detuve en la puerta y me dijo:

-JULIETA: Mi compañera se fue a sus pagos el finde, ¿querés subir a tomar un café?

¿Qué otra respuesta podía dar?

-PABLO: Claro! Dale!

Estacioné bien el auto y entramos al edificio, ya en su departamento, se quitó las zapatillas al entrar, y descalza, fue a preparar el café.

Ya con el café, sentados en el sillón, una mirada en silencio nos llevó al beso, ese suave beso nos llevó a otro más intenso, de allí a las caricias tiernas, y esas caricias nos llevaron al abrazo y a un terrible beso y no paramos hasta estar los dos, parados junto a su cama quitándonos la ropa mutuamente.

Ya desnudos y recostados en la cama, recorriendo nuestros cuerpos con manos, dedos, labios y lenguas, estábamos tan excitados que el siguiente paso era inevitable.

Pero, pequeño detalle, no tenía preservativos y en el fragor de los besos se lo dije, me sonrió, se levantó de la cama y salió de la habitación, permitiéndome verla caminar desnuda, una hermosura.

Volví un momento después, con un preservativo en la mano, le había sacado uno a su compañera de piso del cajón de su mesa de noche.

Si haberla vuelto a encontrar había significado mucho para mí, estar en su cama, desnudos los dos, a punto de hacer el amor, era definitivamente, la gloria misma para mí.

Su cuerpo me encantaba, si bien podía hacerme una idea de él viéndola vestida, el verla desnuda me voló la cabeza, nada exuberante, pero todo hermosamente armonioso y en su lugar, sin dudas una tremenda mujer.

Lo único que deseaba era que mi excitación de ese momento, no me jugara en contra, tenía que hacer lo posible por no llegar primero al orgasmo, y lo logré.

Su primer orgasmo llegó por obra de mi lengua en su clítoris, el segundo, mientras hacíamos un sesenta y nueve, y el tercero durante la penetración, que aunque no fue por mucho tiempo, me valió para hacerla gozar antes de mi eyaculación.

Luego nos quedamos dormidos, pero en la mañana del sábado, casi medio día lo volvimos a hacer, y también el sábado en la tarde y en la noche, el domingo antes de salir a almorzar, y a la tarde antes de que llegara su compañera.

Sin dudas los mejores días de mi vida, y al despedirnos en la puerta de su edificio, me dijo de vernos al día siguiente.

*

Ilusión

Mis ilusiones crecieron exponencialmente luego de ese fin de semana, al que le siguieron varios más, pero ya en mi casa, ya que yo vivía solo.

Estaba terminando el año, así como mi carrera, luego de terminar las cursadas, tan solo me quedarían dos finales para rendir en el mes de diciembre, quería llegar al título ese mismo año.

Ya Julieta se quedaba a dormir en casa cada fin de semana, y algunas noches entre semana también.

Llegó diciembre, en el primer final saqué un ocho y al salir del aula, Julieta me esperaba en el pasillo, para abrazarme y besarme felicitándome, uno más y terminaba la carrera.

Ese diecinueve de diciembre marcó un hito en mi vida, no solo aprobé el último examen con un nueve, sino que al salir, entre huevos, harina y papel picado, Julieta me abrazó sin importarle ensuciarse y mientras me besaba, me dijo:

-JULIETA: Te amo mi ingeniero bonito!

-PABLO: Y yo te amo a vos mi reina!

Si bien compartíamos muchas cosas, pasábamos mucho tiempo juntos, dormíamos muchas noches juntos, no le habíamos puesto ningún rótulo a nuestra relación, aunque fuera como de novios.

Ya en casa, quitándonos la ropa enchastrada, medios borrachos los dos por el festejo, debajo del agua en el baño, nos besamos y me dijo:

-JULIETA: Pabli, habría que ponerle nombre a esto… ¿querés ser mi novio?

La miré a los ojos, la besé y le dije:

-PABLO: Solo si vos querés ser mi novia!

Nos terminamos de bañar entre risas y nos fuimos directo a la cama a hacer el amor.

Me sentía el hombre más afortunado del planeta, teniendo a esa mujer que en algún momento pensé que sería un imposible, por primera vez en mi vida, estaba perdidamente enamorado.

*

Entrega

Al año siguiente, le propuse venirse a vivir conmigo, así se podría ahorrar el alquiler que compartía con su compañera de piso, y me dijo que sí, por lo que antes de irse a su ciudad a ver a sus padres, le dijo a esa chica que se mudaría a mi casa.

Hicimos la mudanza los primeros días de enero y luego se iría a Tapalqué, de donde era oriunda, a ver a sus padres hasta finales de enero.

La extrañaba tanto, que hablábamos todos los días por teléfono, y creo que ella también, porque me preguntó si podría ir algún fin de semana, para vernos y conocer a su familia.

Yo no tenía vacaciones en la empresa hasta el mes de marzo, por lo que me fui a casa de sus padres, esos dos últimos fines de semana de enero.

Sus padres me parecieron gente sencilla y educada, me trataron muy bien, también conocía a su hermano mayor y a su cuñada, que vivían y trabajaban en Azul.

Ese último domingo de enero nos volvimos a La Plata y allí comenzó nuestra vida juntos.

Ese año hubo cambios en mi trabajo, pasé al horario completo y con una suba en mi salario que me sorprendió, no pensaba que sería tanto.

Julieta comenzaba el último año de su carrera, en la que le iba muy bien, era uno de los mejores promedios de su clase.

No podía estar más enamorado de esa mujer, nuestra vida era la que cualquiera podría imaginar cómo idílica, nos llevábamos muy bien, nos apoyábamos mutuamente, hacíamos muchas cosas los fines de semana y nuestra sexualidad era una locura, muchos fines de semana, en la época en que Julieta no tenía exámenes, nos la pasábamos el fin de semana haciendo el amor.

No hubo rincón de mi casa que no fuera testigo de nuestra pasión, hasta una madrugada en el balcón, desnudos los dos, nos dimos placer en la oscuridad.

Me entregué a esa mujer, como nunca creí que lo haría, me sentía pleno y me desvivía por hacerla feliz, ese año se dedicó solo a estudiar y nos mantuvimos solo con mi trabajo, cuando le tocaba preparar exámenes, me hacía cargo de las cosas de la casa y en lo que podía, le daba una mano, aunque esos temas contables no eran lo mío, pero estudiando con ella, fui aprendiendo también muchas cosas.

Consiguió su título ese fin de año, al último final vinieron sus padres de Tapalqué y cuando salió de rendir, con una inmensa sonrisa y lágrimas en los ojos, me abrazó y le dije:

-PABLO: Te amo mi contadora bonita!

-JULIETA: Te amo mi amor! Gracias por bancarme!

Saludó a sus padres y a su hermano, el posterior enchastre, y luego de darnos un baño, cenamos con su familia en un restaurante para celebrarlo.

*

Orgullo

En el mes de marzo de ese mismo año, Julieta se presentó a una entrevista de trabajo, ya había tenido una par, pero sin éxito, pero esta vez, cuando volvió a casa, su cara me lo dijo todo, había conseguido trabajo en un estudio contable, cuyos dueños eran un matrimonio de contadores que andarían por los cuarenta y cinco años.

Comenzó a trabajar en el mes de abril y rápidamente, se hizo un lugar en ese estudio, sus calificaciones en la facultad habían sido excelentes y por su capacidad aprendía muy rápido, tanto que para el mes de agosto, ya llevaba las cuentas de dos empresas.

No podía sentirme más orgulloso de ella y de su capacidad para el trabajo, la que también valoraban sus patrones.

Grande fue mi sorpresa también, cuando en el mes de octubre, me llamó el dueño de la empresa donde trabajo, para decirme que me encargaría de un proyecto, una obra vial en la ciudad de Cañuelas a unos ochenta kilómetros de La Plata, lo que implicaría viajar hasta esa localidad en el tiempo en que durara la obra, mi primera obra.

*

Confianza

Luego de algunos meses de trabajar en el estudio, donde trabajaban chicos y chicas de nuestra edad y un poco más grandes, una tarde al llegar a casa, Julieta me dijo que los compañeros se reunían una vez al mes a tomar unas cervezas o a cenar y que la habían invitado.

Por supuesto me alegré por ella, además del reconocimiento de los dueños del estudio, también había logrado una buena relación con sus compañeros.

Así fue que un viernes al mes, se juntaba con sus compañeros, si era para tomar una cerveza, solía volver a eso de las once de la noche, pero si se juntaban a cenar en casa de algún compañero, lo hacía a la una o dos de la mañana.

Yo también lo hacía con mis compañeros, pero no teníamos esa regularidad, quizás porque no siempre coincidíamos, por los viajes de trabajo.

En sus salidas, muchas veces la esperaba despierto, por si necesitaba que la fuera a buscar, pero casi siempre una compañera la traía hasta casa.

En alguna oportunidad, coincidió que salía con sus compañeros mientras yo estaba de viaje por trabajo, los que solían ser como mucho de un par de días, y en la primera de esas ocasiones, me dijo que no iría si yo no estaba, pero le dije que fuera, siempre y cuando alguien la trajera, me daba miedo que volviera de madrugada sola en un taxi.

En una de esas salidas, cuando llegué a casa el sábado en la tarde, me dijo que la había traído unos de sus compañeros, y me pareció de lo más normal, tenía plena confianza en ella y en ningún momento me dio por pensar en nada raro.

Nuestra relación era tan estrecha que nos contábamos todo, lo sabíamos todo del otro, hasta las pequeñas cosas del trabajo o de los amigos, nada nos ocultábamos.

Por el amor que le tengo, confiaba en ella más que en ninguna otra persona, y creo que ese sentimiento era recíproco.

*

Frustración

No era la primera vez que lo hacíamos, pero ese sábado luego de almorzar en el estadio de Estudiantes de La Plata, caminando de la mano por el Paseo del Bosque, volvimos a hablar sobre tener un hijo.

Nos sentamos a la sombra de un árbol y hablando sobre nuestros deseos de ser padres, decidimos que al año siguiente, para el que faltaban solo tres meses, lo intentaríamos.

Y así fue, cuando volvimos de unas vacaciones en Mar del Plata, Julieta visitó a su ginecólogo y se quitó el DIU, a partir de ese momento, buscaríamos un embarazo.

Pasaron varios meses en los que hicimos el amor sin cuidarnos, pero Julieta no quedaba embarazada, por lo que decidimos visitar a los médicos para hacernos los estudios que hicieran falta.

En mis análisis, el conteo de espermatozoides era normal, aunque la movilidad de muchos de ellos estaba algo descendida, pero el médico me dijo que no era ningún impedimento para la concepción.

Los estudios de Julieta también dieron dentro de los parámetros normales, pero su ginecólogo le dijo que si en los próximos meses no lograba quedar embarazada, se podrían intentar alguno de los métodos de fertilización.

Tres meses después, sin lograr un embarazo, decidimos intentarlo con ayuda.

En esa oportunidad, con una estimulación ovárica y testicular, a través de medicamentos.

Lo hicimos durante tres meses, luego de que Julieta tuviera su período normalmente, y al tercer mes, ante la falta, hicimos un test de embarazo y dio positivo.

Nos invadió la felicidad, durante esa semana, hasta la consulta con su ginecólogo hicimos mil planes, pensamos mil nombres y nos imaginamos mil situaciones como padres.

Pero en la consulta con su médico, durante el estudio ecográfico, se nos vino el mundo abajo, si bien los análisis daban altos niveles de la hormona hCG, el embarazo no se había concretado.

Eso nos dejó muy tristes a ambos, la ilusión de un hijo se nos había esfumado de repente.

Lo volvimos a hablar y unos meses después, lo volvimos a intentar, esta vez, con una fertilización artificial, utilizando mis mejores espermatozoides, que se introducirían, luego de una estimulación ovárica, en el útero de Julieta.

Dos semanas después, tras los análisis, nos volvimos a ilusionar, Julieta volvía a estar embarazada, aunque en esta oportunidad, con la experiencia anterior, fuimos un poco más cautos.

Su médico nos dijo que en un mes teníamos que volver para un estudio ecográfico de control y nos fuimos ilusionados de la clínica.

Traté todo ese mes de que Julieta anduviera entre algodones, tan solo iba a trabajar y volvía, del resto me ocupaba yo, la limpieza, las compras, del lavado de la ropa, de la comida, cuando Julieta volvía, casi que la obligaba a que descanse, muchas veces, sentada en el sillón, con los pies sobre la mesa baja, mirando tv o alguna serie.

Volvimos al mes y el embarazo seguía su curso, con lo que salimos más ilusionados aún, por fin se nos daba.

Al mes siguiente teníamos que volver, y en ese mes, seguí en la misma tesitura, que Julieta tan solo trabajara.

Pero en la ecografía del mes siguiente, el mundo se nos volvió a venir abajo, el embarazo se había detenido y nos pudimos evitar las lágrimas en la camilla del ecógrafo.

El médico nos explicó que son múltiples las causas por las que un embarazo se detiene, que es más común de lo que creíamos y que siempre podíamos volver a intentarlo, aunque lógicamente eso no nos conformó.

Julieta estaba tan mal, que durante dos semanas no fue a su trabajo, ya que al día siguiente, le tuvieron que practicar un legrado por prevención.

Fue en esos días, que hablando una tarde en casa, decidimos que Julieta comenzara terapia, era un momento difícil para ella, entre lágrimas me decía que todo estaba mal en su cuerpo, que no era capaz de llevar adelante un embarazo.

Decidimos no volver a intentar una nueva fertilización, al menos de momento.

Era un momento difícil, yo intentaba estar todo el tiempo posible en casa, buscando contener a Julieta.

En ese tiempo, nuestra relación pasó por varios estados, silencios interminables de Julieta, que por momentos parecía fuera de este mundo y lógicamente nuestra sexualidad hiso una pausa, casi tres meses estuvimos sin hacer el amor, y yo lo entendía.

Poco a poco, y pienso que terapia mediante y por su trabajo, Julieta fue volviendo a ser la que siempre fue, volvieron algunas salidas, conversaciones y hasta retomamos nuestros encuentros sexuales, aunque no al ritmo acostumbrado.

Dejamos la idea de tener un hijo en stand by, y lo entendía perfectamente, suponiendo que Julieta no podría volver a pasar por otra pérdida.

Seguimos haciendo el amor sin cuidarnos, entendíamos que no estábamos en condiciones de conseguir un embarazo y poco a poco, fuimos volviendo a la normalidad.

Ese verano hicimos coincidir nuestras vacaciones y nos fuimos unos días a una casita que alquilamos en Villa General Belgrano, en la provincia de Córdoba.

Fueron unos días hermosos donde pudimos desconectarnos de todo y volver a conectarnos entre nosotros, incluso hicimos el amor casi todos los días.

Esas vacaciones nos sentaron muy bien, y podría decir que volvimos renovados, casi como antes.

Pero mes y medio después, una mañana mientras desayunábamos Julieta me dijo:

-JULIETA: Amor… me tendría que haber venido hace dos semanas, pensé que podía ser algún atraso, pero no tengo ni síntomas…

-PABLO: ¿Creés que podría ser?

-JULIETA: No lo sé…

-PABLO: Salgamos de dudas… hoy compro un test!

-JULIETA: Dale! Así no sigo con la duda!

Compré el test y al día siguiente al levantarse, fue al baño y volvió con el test en la mano.

En esos pocos segundos, la segunda rayita se dejó ver y nos miramos entre lágrimas, sin buscarlo y sin ayuda, ese aparatito decía que Julieta estaba embarazada.

Pero con las experiencias anteriores, no quisimos ilusionarnos, iríamos con pies de plomo, día a día.

Julieta pidió turno con su ginecólogo y tres días después fuimos a la consulta, nos felicitó y le recomendó reposos a Julieta, al menos durante el primer trimestre, según el atraso que tenía, sería un mes más, por lo que en el estudio contable explicó su situación y arregló trabajar desde casa.

Fue un mes muy movilizante para los dos, Julieta entre algodones nuevamente y yo, a gusto por hacerlo, a cargo de todo.

En el control de casi el tercer mes, mostró un embarazo normal, con un embrión cercano a los cinco centímetros, y el médico nos dijo que según el tamaño, estaría en los dos meses y algo más.

Esta vez salimos mucho más contentos, más ilusionados, creyendo que la tercera era la vencida.

Julieta arreglo en el estudio, trabajar un mes más desde casa, por lo que casi no salía, solo los fines de semana salíamos a pasear para despejar un poco del encierro.

Pero en el siguiente control volvió a ocurrir, el pequeño feto no daba señales de vida, el ecografista llamó al médico y entre ambos nos dieron la peor noticia, el embarazo no había prosperado y la puta madre que lo parió.

Abracé a Julieta entre lágrimas, no decía nada pero su semblante lo decía todo, el legrado fue esa misma tarde y a la noche nos volvimos para casa, con una Julieta totalmente abatida.

Los días que siguieron fueron los más difíciles que nos tocaron vivir, la semana siguiente, Julieta volvió al psicólogo y la semana siguiente volvió al trabajo.

Fueron un par de meses muy duros, trataba de sostenerla todo el tiempo, ni siquiera hablábamos, Julieta tan solo me contestaba con monosílabos, estaba metida para adentro.

En ese tiempo no volví a verla llorar, y luego de dos meses, en la primera conversación, digamos normal, Julieta me dijo que volvería a ponerse el DIU, que ya no podría volver a pasar por lo mismo otra vez, y la entendí.

Sin dudas nos sentíamos frustrados por no poder ser padres, y Julieta lo estaba sufriendo más que yo.

Se refugió en su trabajo y no volvimos a hablar del tema por meses, esos mismos meses que tardamos en volver a tener una relación bastante parecida a la que solíamos tener.

Volvimos a hacer el amor, casi un mes después de que Julieta se pusiera el DIU, ya no quería otra sorpresa.

*

Alegría

Tuvo que pasar casi un año para que nuestra relación volviera a ser la misma, y en el momento que estuvo preparada, hablamos del tema del embarazo, una noche de sábado de mediados de noviembre, luego de cenar en un restaurante de Buenos Aires, caminamos buscando un lugar para tomar un café, y una vez allí, Julieta sacó el tema.

-JULIETA: Amor, no lo hemos vuelto a hablar, pero necesito que lo hagamos…

-PABLO: Por su puesto mi amor! Tan solo esperaba que estuvieras preparada para hacerlo.

-JULIETA: La terapia me ha ayudado mucho… a entender muchas cosas y a ver todo esto de otra manera… Lo hemos intentado, y luego de la pérdida de los tres embarazos, entendí que quizás debería aceptar la situación… si no estoy en condiciones de ser madre, ¿qué puedo hacer? ¿Seguir intentándolo para volver a sufrir? ¿Hasta cuándo?

-PABLO: Te juro que lo entiendo, sé lo que ha significado para vos todo eso, sabés lo que te amo y estoy de acuerdo si decidimos no volver a intentarlo, me mata verte sufrir y si decidimos que nuestra vida tiene que seguir sin tener hijos, pues así será, lo único que me importa es verte feliz, sé perfectamente que ambos lo deseábamos, pero desgraciadamente no siempre podemos tener lo que deseamos.

-JULIETA: Es justamente eso lo que vengo trabajando en terapia, aunque no podamos tener hijos, nuestra vida continúa, somos jóvenes aún, nos amamos y tenemos mucha vida por delante!

-PABLO: Claro que sí mi tesoro! Tenemos mucha vida por delante.

A partir de esa conversación, nuestra relación dio un giro, como si hubiéramos dejado en el camino esa pesada mochila de frustración y dolor, para seguir adelante con nuestra vida.

Casi dos meses después, una noche mientras cenábamos, me dijo que el viernes era el cumpleaños de una de sus amigas y haría una fiesta en su casa, por desgracia, me tocaba viajar el jueves y volver el sábado en la tarde, por lo que no podría ir con ella.

Ese sábado volví a casa a la una del mediodía y al entrar, me sorprendió que Julieta aún durmiera, seguramente la fiesta se habría alargado y se habría acostado tarde.

La dejé dormir, me quedé en la cocina preparando algo para almorzar, cuando la vi aparecer con su remera larga de dormir, y cara de recién despertada.

-JULIETA: Hola mi amor! No te sentí llegar!

-PABLO: Hola mi cielo! No te quise despertar! Supuse que te habrías acostado tarde!

-JULIETA: Tal cual! ¿Cómo te fue?

-PABLO: Todo bien por suerte!

Me dijo de ir al baño y cuando volvió nos sentamos a comer.

-JULIETA: Amor, tengo que contarte algo!

-PABLO: Decime!

-JULIETA: Anoche, en casa de Ale, conocí a un amigo de Aldo, el papá de Ale, este hombre hablaba con Aldo de sus negocios y protestaba por el contador que tenía, diciendo que era un boludo y que no se lo bancaba más. Alejandra escuchó lo que estaba hablando y en un momento le dijo que yo era contadora y que trabajaba en un estudio importante. Un hombre de unos cuarenta y siete años o por ahí, de nombre Franco. Me preguntó un par de cosas y le dije si quería lo podía contactar con los dueños del estudio y me dijo que sí!

-PABLO: Qué bueno!

-JULIETA: Sí! Entonces le pregunté por sus negocios y me estuvo explicando que tiene varios emprendimientos, tres departamentos de excelente nivel en Puerto Madero que alquila a gente de dinero, una casona muy grande en un campo que también alquila para eventos de gente de alto standing, una flota de autos de alquiler de alta gama, un yate en el puerto de San Fernando para eventos embarcados, fiestas, despedidas de solteros y esas cosas, un petit hotel de categoría en Mar del Plata y un salón para eventos de categoría en Villa Elisa.

-PABLO: Pobre hombre!

-JULIETA: De pobre nada! Me dijo que todos sus negocios están enfocados a la gente de mucho dinero, que incluso tiene muchos clientes extranjeros! Y anda en un Mercedez Benz, de esos más chicos de solo dos puertas!

-PABLO: ¿Y vive en Buenos Aires o acá?

-JULIETA: Me dijo que tiene su casa en villa Elisa!

-PABLO: Supongo que no debe ser fácil manejar las cuentas de ese hombre, son un montón de cosas!

-JULIETA: Por lo que entendí, tiene varias sociedades, según el rubro, así que el lunes voy a hablar con Hugo y Carla para programar una reunión lo antes posible, no sea cosa que se nos escape!

-JULIETA: Me pareció un tipo piola, incluso Ale me dijo que lo conocía hacía muchos años, que desde jóvenes eran amigos con Aldo! Muy educado, bien hablado, estuvimos hablando un buen rato de sus empresas y cuando quise acordar, eran casi las cuatro de la mañana, le dije a Ale que ya me iba, que me pediría un taxi, pero Franco me dijo que también se iba y se ofreció a traerme, así que anduve en un Mercedes Benz! ¿Qué tal?

-PABLO: Bueno! No digas eso que nuestro Peugeot se va a poner celoso!

La veía contenta y eso era suficiente para mí, quizás el hecho de que otro hombre la trajera de madrugada a casa, debería preocuparme, pero de eso nada, confiaba plenamente en ella, y ni siquiera hice ningún comentario al respecto.

El lunes por la tarde, ni bien entré a casa, se me colgó del cuello y me besó, estaba desbordante de alegría, nos sentamos en el sillón y me contó.

-JULIETA: No te puedo explicar cómo me siento! No lo puedo creer! Te juro que todavía no caigo del todo!

-PABLO: Contame que te tiene así de contenta!

-JULIETA: Esta mañana ni bien llegué al estudio, hablé con Carla y con Hugo, les conté de Franco y de sus negocios, me dijeron que ese mismo día podíamos tener una reunión, así que lo llamé y a la una se reunieron con él. Luego de cómo una hora, Carla abrió la puerta y me dijo que también estuviera! Bueno no te doy los detalles contables, pero Franco decidió que el estudio lleve sus empresas. A eso de las tres de la tarde, nos despedimos y se fue.

Seguí trabajando y media hora antes de salir, Carla me llamó al despacho y los dos me hicieron una propuesta, como ese cliente que había conseguido era muy importante, decidieron asociarme al estudio, con el mismo salario, pero además con el veinte por ciento de las utilidades de las empresas que manejo! Y eso es mucho más dinero! Cómo el triple de lo que gano ahora mi amor!

-PABLO: Que bueno mi vida! Que feliz me pone verte así! Te merecés esto! Esto y mucho más! Estoy muy orgulloso de vos! Te felicito mi vida! Me pone re feliz tu progreso!

-JULIETA: Y ya me dijo Carla que cambiarán el cartel en el frente, que pasa de “Lopez y Wagner” a “Lopez, Wagner y Portieri”

No abrazamos y me siguió contando un montón de cosas sobre su nueva situación en el estudio.

Su felicidad era la mía, y a diferencia de otros hombres, a los que les incomoda o los hace sentir inferiores cuando sus mujeres tiene mejores ingresos, a mí, que sus ingresos superaran los míos me daba lo mismo, siempre su dinero y mi dinero, fue nuestro dinero, por lo que no me preocupaba en lo más mínimo que Julieta ganara más que yo, bien merecido lo tenía.

Pero con el correr de las semanas, fui entendiendo que esa nueva posición como socia en el estudio, implicaba también otras responsabilidades, pero a pesar de eso, verla feliz por ese reconocimiento a su trabajo, a su dedicación y a sus conocimientos, me alegraba la vida tanto como a ella, ver su felicidad, era la mía.

*

Así planteadas las cosas en nuestra relación, hasta ahora no dista de lo que puede vivir o sentir cualquier pareja o matrimonio que se ama, proyectos, sueños, buenos momentos, complicidad, entendimiento, pasión y momentos duros, por supuesto, pero para que se entienda el contexto, era necesario explicar mi vida con Julieta.

Continuará…