Xtories

Capítulo 11: la puta del pueblo

Naty no fue a la playa a descansar, sino a cazar. Con sus padres a metros de distancia y las novias de los chicos mirando con recelo, ella decide que la mejor venganza es la infidelidad. ¿Podrás resistirte a ver cómo desarma, uno por uno, a los hombres que juraban fidelidad?

yonatalia10K vistas8.8· 8 votos

Hoy les voy a contar, como me gané en tan solo 4 días el apodo de “la puta de pueblo”. Fue en unas vacaciones en una ciudad costera, tenían la pinta de ser mucho más tranquilas. Razón? Iba sola con mis viejos, mi hermano se había ido a Brasil con los amigos, por lo que ese año fuimos solo los 3.

En el relato pasado conté como entré en una etapa donde me volví cada vez más puta. No me importaba nada, y si me calentaba un pibe me lo garchaba y listo. Todo el aburrimiento lo evacuaba con una promiscuidad excesiva.

La cuestión es que este relato comienza un día de playa, yo aburrida mal, y veo en una carpa en frente a la nuestra, un grupo de 3 chicas leyendo y comentando una revista. Me acerco, empezamos a charlar, y cuando les comento que estaba sola con mis viejos me dicen si quería sumarme a su grupo. Tenían todos más o menos mi edad y eran del sur del país. El grupo lo completaban 4 chicos.

Los nombres no me los acuerdo, así que acá meto bolazo… la onda era así: había 2 parejas; Leila con Gastón y Macarena con Juan. La otra piba, Sabrina, le tenía ganas a Mariano, y el otro chico Diego quedaba solito pobrecito. Esa primera noche me invitaron a salir a comer con ellos, estuvimos paseando un rato. Tenían una casa alquilada, no muy lejos de donde yo estaba. Ese día se quedaron en la casa, jugando a las cartas.

El problema se da cuando nos quedamos sin Coca, y había que ir a comprar. Me ofrecí y en seguida Mariano me dice que me acompaña. La minita que se lo quería comer me miró con un odio terrible (yo ya sabía de esta onda). Yo había notado cierto histeriqueo entre ambos, por lo que pensé que el flaco también le tenía ganas y solo estaba haciéndose el difícil.

Sorpresa para mi, el flaco en el camino me agarró de la cintura y me quiso comer la boca. Me resistí, pero no mucho, y terminamos a los besos en el medio de la calle. Compramos, volvimos, le pedí que se ubicara porque Sabrina se iba a enojar, me dijo que no había drama que entre ellos no pasaba nada.

Lejos de ubicarse, una vez que me levanté para ir al baño, se levantó atrás mío y disimuladamente me siguió y otra vez, me arrinconó en la puerta. Chau, dije… No solo que me lo transé sino que le metí mano abajo del pantalón y lo pajeaba despacito. Me di vuelta, me metí en el baño y cerré la puerta. Quedó echando humo pobre. Sabía que no había vuelta atrás.

Al otro día, en la playa, el flaco no se me despegó ni un segundo. La minita me venía a preguntar que onda, que el pibe era de ella, y que no me metiera. Me lo vino a decir de mala manera, muy prepotente. Le expliqué que no pasaba nada, que era problema de él, que yo no lo buscaba y no le daba cabida.

En un momento, se levantan todos para ir al mar. Yo fui a mi carpa para dejar unas cosas, y atrás viene el pibe, que me mete adentro y otra vez me come la boca. “Mucho beso mucho beso… pero te quedas siempre ahí” le dije mientras le acariciaba la pija por arriba de la malla. Hasta ese entonces me estaba controlando, pero la actitud de mierda de Sabrina me había hecho enojar.

El chabón explotaba. “esta noche no te salvas”, me dijo y se fue. Llegó la noche, salida nocturna, boliche, música, pocas luces, champagne… Yo esperaba que Mariano activara, pero Sabrina no se le despegó un segundo (a propósito). Para mi sorpresa, Diego (el que estaba solo) me pegó una encarada de novela. Lejos de importarme, me lo comí en el boliche y nos rajamos para la casa donde nos pegamos una garchada fenomenal.

Primero me tiró en la cama y me comió la concha de una manera salvaje que me encantó, empezó a meterme los dedos y jugar adentro de mi concha que estaba cada vez más caliente. Después se desnudó y sin preguntar nada me agarró de los pelos y me metió la pija en la boca. Yo seguía acostada, y estaba tan caliente que me seguí tocando y metiéndome los dedos por mi cuenta mientras con la otra mano manejaba la pija del chabón. Le pedí que me la meta, y obediente se puso encima de mí me empezó a coger.

Después se puso atrás mío, como si estuviésemos en cucharita. Me encanta esa pose, y no puedo evitar moverme y mucho, y lo hice acabar al toque. Se levantó y se fue al limpiar al baño. En ese momento llega el resto del grupo. Entre risas y cargadas, me fui a la cocina a tomar algo y atrás mío se mete Mariano. Con una cara de culo fenomenal (todo lo contrario Sabrina, que pensaba que tenía el camino libre para cogerse a Mariano)

- no te puedo dejar sola un rato eh

- Vos estás con Sabrina, no quiero quilombos

- Yo no estoy con nadie!! Te quiero a vos.- me dijo agarrándome de la cintura. La posta posta, es que seguía con la calentura por las nubes, y sentir su respiración cerca, y la marcadisima pija dura pegarse a mi pierna la terminó de levantar.

Le comí la boca y le metí la mano en la pija de nuevo, pero esta vez le saqué el pantalón y me agaché a chuparsela. Le pasé la lengua por todo el tronco mojandolo y cuando llegaba a la cabeza la rodeaba con la lengua. Jugué un rato así, hasta que empecé a metermela lo más adentro que podía, mientras acompañaba el movimiento de mi boca con la mano, pajeandolo.

La mano empezaba a resbalarse cada vez más por la saliva que iba dejando. Sacaba la cabeza para respirar, y le chupaba las bolas… Después volvía a comerme la pija… En la mejor parte, entra Macarena, una de las chicas con novio. Nos ve grita un “ahh bueeeno” y se va. Puff.. se había pudrido todo. Pero lejos de parar, seguí comiéndole la pija a full hasta hacerlo acabar.

Obviamente, me fui sin decir nada y dudaba poder volver. Al otro día en la playa, Notaba como las pibas me miraban con un odio terrible. Cuando fui al bar a comprar para comer, uno de los mozos se me acerca y me dice que le habían dicho que yo hacía petes por plata, que cuanto pedía. Le dije amablemente que estaba equivocado. Sabía de donde venía. Esperé mi momento.

Y fue cuando Juan (el novio de Macarena, la que me había pescado la noche anterior) se fue al mar, y solo. Me hice la boluda y me fui también. Lo seguí y “accidentalmente” me lo crucé. Nos pusimos a charlar de lo ocurrido la noche anterior, y ahí yo aproveché para acercarme un poco y tocándole el brazo le dije "es que me gusta MUCHO la pija” mientras le clavaba la mirada. Sus ojos empezaron a brillar, sin entender que pasaba.

Ahí me di cuenta que poco le importaba estar de novio y que si tenía la chance me entraba como loco. Le dije: “mira. Yo me voy a ir en un rato. Mis viejos se quedan hasta tarde en la playa”. Le expliqué donde estaba la casa de mis viejos. Que lo esperaba. Le sonreí y me fui a seguir caminando por la playa.

Tal como había dicho, cuando vi que Juan ya estaba en el grupo, me levanté, agarré mis cosas y me fui. Cuando pasé por al lado de ellos, siento que una de las chicas dice “se va la putita de pueblo”. Me di vuelta y me reí. Ni se imaginaban lo que iba a pasar. Mis viejos seguían en la playa, les dije que me dolía la cabeza de tanto sol y que me iba a recostar un rato. Me sentía doblemente excitada: por un lado, hacer esto a escondidas de vacaciones con mis viejos y por otro, con el chabón este que tenía a la novia ahí al lado.

Que chamuyo puso Juan, ni idea, la cuestión es que firme lo tenía en la puerta de la casa dispuesto a todo. Sin muchas palabras nos fuimos a la habitación. Mi intención era simplemente cagarles la vida a las otras minas.

Lo tiré en la cama y le empecé a chupar la pija con desesperación. Le chupé desde las bolas hasta la punta de la verga como si fuese un helado. De frente, de costado, con las manos, sin las manos, la puntita, hasta el fondo. El pibe estaba que volaba. Se agarraba la cabeza y no lo podía creer.

Me subí arriba, agarré el tronco y lo dirigí a la entrada de mi concha. Despacio me fui sentando y sintiendo como iba entrando cada centímetro de pija llenándome bien adentro. Hasta que hizo tope, y ahí subí. Y bajé de nuevo. Apoyé mis manos en la cama, al lado de su cabeza y empecé a subir y bajar la cola con fuerza y velozmente, mientras Juan me pedía que fuera más despacio que lo iba a hacer acabar.

Me sonreí y me moví más despacio. “Así esta bien?” le susurraba al oído. Muy despacio, subía y la sacaba casi toda y volvía a meterla hasta el fondo. Me levanté, siempre con la pija clavada, y empecé a moverme como en una licuadora. “Que rica pija que tenes por favooorrr” le gritaba mientras me mordía los labios.

“Así que soy la puta de pueblo… vas a ver lo que hacen las putas de pueblo” pensaba para mi. Me bajé de la cama, y me puse contra la pared, como cuando la policía revisa a los presos, pero con la cola bien levantada. “Cógeme bien fuerte”. Juan se levantó de un salto y me la puso. Se movía despacio, y yo le gritaba que me diera fuerte y que me pegara.

Empezó a acelerar el ritmo. No aguantó y acabó. “Ya acabaste?? Yo quería la lechita acá”, le dije tocándome las tetas. Me dijo que se le volvía a parar al toque y me llenaba de leche, pero lo rajé con la excusa que estaban por venir mis viejos y que la novia iba a sospechar. Me faltaba uno.

Pero con la fama que me había hecho, no iba a ser difícil. Seguro, entre los chicos ya habían comentado lo que había pasado, así que tenía que usar eso a mi favor. Gastoncito iba a caer solito. Y cayó nomas. Estaba en la barra tomando un licuado, y vino a comprar para él y su novia.

- Hola!- le dije. Charlamos un rato, hasta que le digo – Volvé rápido, que tu novia se va a preocupar si no te ve ni a vos ni a mi.

- jaja y bueno… vos también!! La fama te la hiciste solita. Así que te lo cogiste a Juan también?- me dice acercando su cara.

- Si.- le dije riéndome

- Jaja, sos terrible Naty! Yo me voy a salvar?-

- Si vos querés…- Noté como se puso nervioso y no sabía que decir.

- Ahh pero sos putita en serio, nena…-

Me dijo que esta noche iban a salir. Y me pasó el dato del bar donde iban a estar y cambiamos celus.

Sola al bar no iba a ir, así que le dije que si se podía escapar me avisara, que lo iba a estar esperando. Me mandó un mensaje “Salí a comprar cigarrillos, no tengo mucho tiempo!”. Nos encontramos en la puerta de la casa de ellos.

Entramos y contra la misma puerta, nos besamos mientras yo con la mano ya tenía atrapada su pija, y él con un dedo jugaba en mi concha. Me puso contra la puerta, me dio vuelta y me abrió las piernas. Yo esperaba el pijaso, pero llegó el lengüetazo. Instintivamente largué un suspiro al aire y levanté más la cola, acompañando el movimiento de su lengua. Tenía toda la cara de Gastón enterrada en mi concha. Sentía que me mojaba cada vez más.

Cogeme YA, le ordené. Se paró y así como estaba me la puso. Me cogía tan fuerte que se sentía el ruido de mi cola chocando contra su cuerpo. “Los elegí al revés!” pensaba, recordando al otro nabo que me cogía como si fuese de porcelana. Pero bueno… Me tiré al piso y siempre en 4 me la siguió enterrando con fuerza. No aguanté más, mis brazos se cansaron y me dejé caer al piso, mientras él se tiró encima mio sin sacarla de adentro y me seguía cogiendo.

Cuando estaba por acabar le dije que me llenara de leche la espalda. Sacó la pija y me sentí un latigazo caliente que se desparramó por toda mi espalda. “No coges seguido con tu novia, eh?” le pregunté tocándome su terrible y espesa acabada en mi espalda. Me dijo que la piba medio que no quería porque estaban los otros y le daba vergüenza. Bueno, mejor para mi pensé. Me quedé un rato tirada, hasta que nos fuimos cada uno para su lado. Antes, me encargué de dejar el forro usado medio a la vista. El bobo no se preocupó por esconderlo, y yo me ocupé de dejarlo a la vista.

En la playa, los días que quedaron, fueron tranquilos. No hice nada, y me reía cada vez que pasaba cerca del grupo y me decían “ojo que pasa la puta de pueblo”. Se notaba que entre las parejitas estaba todo mal.

El último día, antes de mi vuelta, y cuando escucho “la frase del verano”, me doy vuelta y les digo: “quien dijo que soy más puta? Juan, el día que se fue antes de la playa? O Gastón cuando se fue a comprar cigarrillos cuando estaban en el bar?”. Me di vuelta y no quise ni mirar para atrás, imaginando el quilombo que se les venía a los dos pajeros. Y la bronca de las otras 2 cornudas.