Me entrega el culo de su esposa
Te enviaron lejos para que no hicieras daño, pero no sabían que tu arma no es la fuerza, sino la tentación. Ahora estás frente a la mujer de tu jefe, un tirano que cree tener el control, pero que en realidad anhela verla perderse en tus brazos. La cena promete ser mortal, y el silencio de la oficina, cómplice.
Me voy a “bautizar” con el nombre de Arturo por lo que significa. Ahora mismo tengo 27 años, soy tauro, mido 1.78, castaño oscuro, ojos verdosos y de piel morena, con que me dé un poco de sol me pongo negro. Mis “virtudes” trabajador, extrovertido, alegre y simpático, domino la palabra, solidario. Defectos, muchos, el principal me gustan mucho las mujeres, sobre todo las que están casadas, tienen novio o viven en pareja. Tengo facilidad en seducir y conquistar, para eso me ayuda mi físico, que tengo una verga de 25 centímetros y gruesa. Sumándole que tengo buena labia, una lengua diestra y que muchos hombres al creer que soy retraído, indefenso, no me celan cuando estoy cerca de sus mujeres. Durante siete años todo fue estupendo, como una balsa de aceite.
Mi madre era una de las catequistas del colegio, alma mater del AMPA y de cualquier otra cosa que se organizase. Por eso cuando les faltó un entrenador para el fútbol de los más pequeños, pensaron en mí, que me gusta el fútbol y lo práctico. A los pocos meses de empezar a entrenar, empecé a tener sexo con muchas madres, me sorprendida la facilidad. Eran polvos AVE, deprisa y corriendo porque no había tiempo. Muchas de ellas, aunque eran más jóvenes que mi madre, mantenían una relación de amistad. Terminé mis estudios, me puse a trabajar con mi padre y seguí entrenando al fútbol. Todo hasta que al conserje de las instalaciones deportivas le dio un infarto o una embolia pulmonar, que no se ponían de acuerdo mi madre y sus amigas. Al final no les quedó más que ponerse de acuerdo, porque se murió. Era un hombre solitario, taciturno y poco hablador. Ahora se querían poner de acuerdo en ver a quién se contrataba por el tema de que había niños y niñas pequeños. Eran las fuerzas vivas del colegio (privado)
Quedaron en ir a vaciar el cuarto del muerto. Fueron dos mujeres, por cierto, ninguna de esas dos me caía bien, entre otras cosas porque me llamaban siempre con el diminutivo, porque eran mujeres de estar dándose golpes en el pecho y repartían moral a diestro y siniestro. Por lo visto el cabrón del muerto tenía en su cuarto un montón de DVD, USB, donde tenía grabaciones de los vestuarios de mujeres y del cuarto donde nos beneficiábamos mutuamente algunas madres y yo. Todo pasó de jurar que sería un secreto, a enterarse todos, aunque era solo un rumor, ya que las imágenes se las había quedado mi madre y no se hicieron copias. Mi madre con ayuda de las más incondicionales, lograron apaciguar los ánimos, mintiendo como auténticas profesionales y dejándolo como si fuera un bulo malicioso. Algunos maridos ya no me miraban nada bien y dejé de entrenar.
Como no vivimos en un lugar grande, que tampoco es que sea pequeño, que pasamos los 200,000 hab. los rumores seguían muy presentes y en algunos casos habían sido exagerados. Mi familia es muy respetada y como diría mi madre, son pilares de la sociedad. Me hacen una encerrona en una comida familiar a tres, mi madre, mi padre y yo. Empieza mi padre que ya tengo una edad para conocer mundo, etc. Y sin dejarme pregunta que sucedía me dicen que me tengo que ir por una temporada, un cambio de aires. Lo primero que me surge, irme a Madrid que me gusta mucho y recibo la primera negativa, luego propongo Barcelona, de nuevo no, porque quieren un sitio más parecido a donde vivimos nosotros. — Tu madre y yo, después de analizarlo mucho pensamos que los mejores sitios son Bilbao, Córdoba, Gijón, Vigo, Oviedo —les respondo que no me parece bien y — sabéis que detesto el frío, porque para pasar frío me quedo aquí, que, si no quieres que trabaje contigo, me buscaré la vida, porque si me tengo que ir de aquí, que sea un sitio con calor y a ser posible con playa — entramos en un tira y afloja, les propuse varias zonas del mediterráneo y me dijeron que solo podía ser una, donde mi padre tenía una delegación y podría baquetearme y para que fuera mejor, no podía decir que era hijo de quien era. Como el primer apellido era muy común, no habría problemas.
De la noche al día después de la conversación, mi padre me informa de que en diez días me tengo que presentar en mi nuevo trabajo y m recomienda que cuanto antes me vaya mejor, porque tendré que encontrar alojamiento, también me dice que para eso tengo un mes como máximo, que mientras estaré en un hotel, pero solo un mes. Está claro que me está puteando, porque desde que vio las imágenes, solo me llamo degenerado, adicto al sexo, inmoral... y ya no hablamos más del asunto, pero no lo olvidaban.
PRIMER DIA DE TRABAJO
Me tengo que presentar a Sancho que es quien manda. Antes de irme leí su expediente tenía 45 años, llevaba en la empresa desde los 22. Casado, con hijos y profesionalmente un crack, aunque bastante exigente. Me hace esperar cerca de media hora, por cierto, tenía una secretaria que daba miedo. Me hace pasar, me siento y me dice si alguien me ha dicho que me siente. Eso no era ser exigente, era ser un tonto. Sin mirarme porque estaba con el teclado, me dice de forma despectiva — la verdad que no se para que te han mandado aquí, porque no nos haces ninguna falta, pero bueno si el jefe (por mi padre) chochea, ya encontraremos que puedes hacer — me dice que me puedo ir, que ya me darán un sitio y como no me muevo, entonces me mira y m pregunta que pasa — mis funciones ya las tengo establecidas, por el viejo chocho, que son coordinar y supervisar el trabajo y la situación de los empleados, pero, además supervisar algunos aspectos financieros. Así que eso de buscarme un sitio nada, necesito un despacho — me acababa de crear un enemigo y por lo que había leído de él, un gran enemigo.
PRIMERA SEMANA DE TRABAJO
No me hicieron falta muchos días para saber que Sancho era un tirano y que ese era su reino. Puteaba a todo el mundo sin distinción, se creía por encima de todos. Antes de llegar había cambiado mis redes sociales y aparecía que era de Madrid, me podía defender porque muchos fines de semana iba a Madrid. A los tres días tenía una cita para visitar un piso que me estaba gestionando una inmobiliaria. Se lo digo y sin mirarme me dice que eso en mis horas libres, a pesar de que le dije que el tiempo que faltara lo recuperaría saliendo más tarde, ni con esas. Todo reino necesita una reina y llegó la reina, la mujer de Sancho, que rápido me contaron todo de ella, hasta que tenía 40 años recién cumplidos. Al verla que estaba cañón pensé que era mucha mujer para tan poco hombre y recordando a algunas madres del colegio y a sus esposos, me cuadraba que el en su casa, en el sexo debía de ser un cero a la izquierda, por eso esa inquina con todo el mundo y el no fijarse en algunas compañeras que era imposible no fijarse, salvo que no te gustaran las mujeres o que supieras que no ibas a poder con ellas.
Pasada la primera semana y teniendo ya una idea de cómo funciona Sancho, no le quito ojo y observo con todo detalle lo que hace. No grita a nadie, pero el tono que usa, sus miradas, son más ofensivas que un grito. La esposa de Sancho por lo menos es educada, saluda cortésmente. Tiene muy buen tipo y ese día llegó con su bolsa de deportes y en mallas, mi verga quería guerra con ese culo. Era un imposible, porque para tener una opción tenía que ser amigo de su marido y que este me invitara a tomar una copa, que ella asistiera. En una conversación que tuve con mi padre, le expresé mi opinión sobre las “actitudes” de Sancho, lo único que me preguntó mi padre si había cometido algún ilícito, si se había sobrepasado con alguien, etc. a todo le conteste que no y mi padre me dijo que entonces estaba todo bien, porque no tenía que compartir un vino con sus subordinados. En tres semanas mi media era de enfrentamiento y medio al día con Sancho. Con amenazas subliminales de que no llegaría a tomarme el turrón con ellos. Me llama mi padre por suceso luctuoso en la familia, que quien se murió me la sudaba porque no nos hablamos de años. Pero había que guardar las apariencias además mi padre y el muerto eran “hermanos” no de sangre.
Me dice que tengo que ir para casa sin pérdida de tiempo. Al rato le llamó diciéndole que Sancho me había dicho que no me corresponden días y todavía no podía coger días de vacaciones. Mi padre maldice y me deja a medias. Aparece Sancho con cara pálida — Arturo, se puede ir usted el tiempo que sea necesario, que ya me ha llamado su padre y me lo ha explicado — uno que ya se había enterado de mi “secreto” y le había sentado como una patada en los cojones.
REGRESO DEL ENTIERRO
Nada más estar de vuelta Sancho quiere reunirse conmigo. Ha tenido cuatro días para hacerse a la idea y mi padre me ha dicho que nadie más lo debe de saber y que ahora que Sancho lo sabe, me comporte con él. He tratado de hacer ver a mi padre o lo he intentado de forma inútil, que ese Sancho es un déspota, una pérdida de tiempo. Al entrar a su despacho me puso una sonrisa forzada.
—Lo primero es darle el pésame y decirle lo que le he dicho a su padre, por mi parte nadie sabrá su vinculación familiar. —¿Eso es todo? —Creo que debemos de llegar a un entendimiento, limar cualquier aspereza y que sepa que me tiene a su completa disposición, cualquier cosa que quiera de mi... —No me gusta usted nada, pero debemos de convivir y quiero que esa convivencia sea de lo más pacífica, siempre que se pueda. No hay nada que me interese de usted, por lo tanto, convivamos.
No quise seguir hablando con él y me levanté para marcharme, abro la puerta y voy a salir, pero me paro, vuelvo a entrar, cierro la puerta y le digo — si hay algo que tiene y me gusta — es como si se le hubiera abierto el cielo, porque se alegra, me interrumpe diciéndome — pues lo dicho es suyo, cuente con ello, ¿qué es? — y siendo muy cabrón por mi parte le digo que el culo de su mujer, que me tiene obnubilado. Ahora si me salgo del todo, viendo su cara desencajada. Lo he hecho solamente por joderle y porque se viera en el papel de los demás, con sus contestaciones y sus malas maneras. Después de ese día la mujer no volvió a aparecer por el trabajo y mi único contacto con Sancho era visual. Tres semanas más tarde Sancho empezó a consultarme todo, en privado claro está, también dulcifico algo su forma de tratar al personal, algunos se dieron cuenta y un día me invita a cenar a su casa. Le digo que no se vuelva loco, que no voy a ir a su casa a cenar, pero con él ni a tomar una cerveza. Se queda desconcertado y no dice nada más.
Una hora después me entra una llamada por el teléfono de la empresa, el que está en la mesa y es una voz dulce y agradable. De forma sensual me dice que es Teresa la esposa de Sancho — ya me ha dicho mi esposo, que estás muy ocupado el sábado por la noche y que no puede venir a cenar, pero lo podemos cambiar al viernes por la noche y no me puede decir que no — me gusto tanto la voz y la manera de intentar embaucarme que acepte. Voy al despacho de Sancho y le digo que he aceptado la invitación de su mujer y que no hace falta que sea el viernes, sino que sea el sábado como había propuesto él en un principio. Su expresión era de satisfacción y le quería quitar esa expresión de triunfo — pero eso sí, ya le puedes elegir bien el vestuario a ti esposa, porque quiero que lleve unas mallas bien ajustadas, que no sean negras ni oscuras y me gustan que lleven escote sin sujetador, que con las tetazas de tu esposa se debe de ver... si no es así, me llamaran a los diez minutos y diré que me tengo que marchar— se quedó en silencio y su expresión había cambiado, ya no era de éxito.
CENA EN CASA DE SANCHO
Mis elucubraciones son que si llego a su casa y su esposa está como quiero, la ha convencido de alguna manera, para que me alegre la vista y me vaya contento. Me da mucha curiosidad saber cómo la ha podido convencer y que le habrá dicho. Es Sancho quien me abre la puerta, luego llama a su esposa que lleva una malla de color limón, de frente se le nota bien la raja del coño y lleva una blusa azul oscura con escote en V y no lleva sujetador o lleva uno muy malo que no sujeta. A ella no se la ve entusiasmada, aunque es correcta y amable. Sancho está más complacido. Estamos solos y veo alguna foto de los que supongo serán sus hijos. La comida me desvela cómo es Sancho, todo dicho por su esposa. Llegaron de fuera de allí, porque le ascendieron a él, Teresa, aunque encontró trabajo, él la convenció para que no trabajara, porque los niños eran muy pequeños. Quedó muy claro el concepto que tenía de las mujeres y lo defendía con argumentos que no se sostenían, como se los rebatía todos, la mujer se alineó conmigo.
Teresa nos dice que nos sentemos en los sillones y que ella nos va a traer una de sus especialidades. Era ron con baileys y zumo de fresa natural. Al agacharse para ponerlo en la mesa baja, por el escote se le vio hasta el ombligo, no llevaba nada y se le vieron dos pezones grandes. Mi verga iba a romper mis pantalones. Teresa dijo que iba un momento a la cocina porque se manchó la blusa. Sancho me preguntó cómo me encontraba y le volví a destrozar con mi respuesta — estaré mejor cuando me muestres el culo de tu mujer y pueda comprobar su suavidad — le dio la tos, pero no me echó a la puta calle. Que eso me hizo pensar que le estaba gustando los aprietos en los que le estaba poniendo. ¿Sería capaz? Y si lo era, ¿cómo respondería su esposa? Teresa se sienta con nosotros y está locuaz. Intercambiamos impresiones ella y yo sobre distintos temas, hasta que se queda mirando a su marido — ¿Sancho te encuentras bien? porque te veo raro, pensativo — y era verdad. Se frota las manos tratando de dar naturalidad a lo que iba a decir — pues que hablando con Arturo le decía a un comentario que hizo de tu trasero un día que te vio en mi despacho, que era muy bonito, le dije que además de bonito es duro, hermoso y de una suavidad como el terciopelo — Teresa perdió el color de su cara, pasó a ser blanco y se recompuso como pudo de lo escuchado y con una leve sonrisa. Muy falsa, por cierto — pues muchas gracias a los dos, pero no creo que sea un tema de conversación, ¿no creéis? —
— Entre conocidos y estando en un momento distendido como este, tampoco es un problema, no hay que hacer ningún drama — le conteste para echar una mano a Sancho. Quien se creció un poco al apoyarle y al ver que su esposa tampoco puso el grito en el cielo o eso pensaba él, que tal como se lo dijo era para leer entre líneas y saber que le estaba diciendo, cuando nos quedemos solos te voy a cortar las pelotas, que estaba muy claro y tuvieron un amago de pelea cuando Sancho le suelta a bocajarro — no es para tanto, que estoy yo aquí, no iba a ser un drama que se lo enseñaras y le dejaras acariciártelo — la situación de como estábamos era de la siguiente forma, ellos dos en un sillón de dos piezas y yo en el sillón del costado que era del mismo tamaño. Se gira de golpe y con el tono de voz muy serio — espero que esto sea una broma de los dos, porque si no es que estas mal de la puta cabeza, tú que eres un puto machista, me dices eso, no me lo puedo creer —le aclaro que por mi parte no es ninguna broma. Sancho trata de argumentarle que lo podía hacer, usa todo tipo de argumentos, cada cual más falso, porque solo había uno, que es que quería sentirse cornudo, todo lo demás era y es una excusa. Teresa se ha sentado bien en el sillón, tiene los brazos cruzados y está sin saber qué hacer. Me mira y me pregunta — si es verdad lo que dice Sancho, ¿tú sabes por qué me lo propone, por qué quiere? — le digo que lo tengo muy claro, pero que solo le contestare si pasa.
— Vale Sancho, pero voy a poner mis condiciones. Tú te saldrás al pasillo, puedes escuchar, pero no mirar, así te jodes. Y tú Arturo, solo una caricia y no te pases ni un pelo, que saco la mano a pasear y de doy un guantazo — los dos aceptamos, aunque yo estaba más que dispuesto a recibir el guantazo. Sancho se va al pasillo una de las hojas de la puerta queda abierta, a mí me dice que le vaya contando las motivaciones de su marido y le digo que lo haré mientras acaricio su culo. Protesta porque dice que no es lo acordado y le digo que es de esa manera o me planto. Se da la vuelta y se baja las mallas hasta el límite del culo, que así se podía tocar, pero le digo que así no, que no se aprecia bien y que se tiene que bajar todo, hasta un minúsculo hilo que lleva como bragas. Su cara ya no es de enfado sino de excitación. Se baja todo hasta las rodillas y le digo que se apoye en el sillón. Emite un bufido de protesta, pero me obedece. En voz alta y mientras acaricio ese culo que está bien duro y terso — tu marido se cree que lo está haciendo forzado, pero no, tu marido es un puto cornudo, que ahora mismo, sabiendo que te estoy tocando tu culo, seguro que tiene la verga fuera y se toca el muy maricón. Tu marido me ha entregado tu culo — Teresa respiraba bien fuerte y mis dedos iban hacia su panocha, que estaba hinchada de excitación y cuando metí los dedos dentro de su coño entraron fácilmente porque era un reguero y quise que Sancho lo supiera.
— Cojones Sancho tengo los dedos en el coño de tu mujer y se los traga todos, está muy mojada, me he encontrado con un cornudo y con una cachonda— me agacho y se lo cómo, está muy cachonda lo noto cuando aplasta su cuerpo contra mi boca. Me levanto, la desnudo y me desnudo, cuando me ve mi verga, hace un gesto de gustarle. Me siento en el sillón y Teresa sin necesidad de ayuda se sienta sobre ella y es cuando digo en voz alta que me la estoy follando. Entra veloz Sancho y nos dice, con protección y nada de besos. Teresa y yo a la vez le mandamos a la mierda y nos pusimos a morrearnos. Sancho se queda callado y al final opta por seguir haciéndose una paja viendo como su mujer es follada por otro tío. Nos corremos juntos pero mi verga sigue con ganas de guerra y le pregunto si le han follado el culo, ella se ríe y me dice — ¿tú qué crees? — y hago que se ponga a cuatro patas en el sillón, luego le digo a Sancho que me prepare y me entregue el culo de su esposa. Se niega y es Teresa quien le chilla — tú vas a hacer lo que te están ordenando, me has hecho vestirme casi como una puta, para darle una alegría y lo que querías es que te hiciera cornudo, pues ahora lo eres con todas las consecuencias y obedeces — Teresa mientras me come la verga para ponerla dura del todo y su marido le come el culo.
Sancho se queja porque hay parte de mi corrida por ahí y ella le dice que se joda. Me cuesta follarle el culo y ella mirando a su marido me dice que normal, que comparada con la de Sancho no había color. Seguí follándoselo hasta que volvimos a corrernos y nos quedamos satisfechos por el momento. Tenía pensado irme, pero decidimos seguir follando toda la noche y así lo hicimos. El lunes después de ir al gimnasio se pasó a ver a su marido, en cuanto la vi me fui al despacho de Sancho. Le dije que vigilara y ella se puso de rodillas a hacerme una mamada, que fue espectacular, no quise correrme y encima de la mesa de su marido me la folle, resultó muy caliente, por tener que guardar silencio, pero fue un polvo de los mejores que he tenido.
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