Xtories

La fiesta de Halloween

La fiesta bulle a su alrededor, pero su atención se fija en él: un demonio de espaldas anchas que no pide permiso, sino que toma. En medio del caos de Halloween, una noche de lujuria sin nombre promete ser inolvidable.

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Hola mis amores.

Les quiero contar que hace apenas unos días mi amiga me invitó a una fiesta de disfraces de halloween. A mi me encanta porque puedo vestirme sexy.

Para la ocasión escogí un disfraz de conejita, que consistía en una medias de red, un body negro con corset de media copa y una diadema con orejas de conejo.

No les voy a mentir, me costó un trabajo meterme en él, pero me encantó como se veía. El corset se pegaba a mi como una segunda piel, marcando la cintura. Las medias y el body resaltaron mis caderas y las piernas. Me veía y me sentía muy sexy.

Solo me maquillé con colores profundos, me puse perfume, tacones y tomé mi gabardina.

Me gusta como me veo, pero tampoco voy andar dando espectáculo en la calle.

Lo bueno es que no estaba muy lejos.

Llegué a la fiesta ya estaba en pleno apogeo. Encontré a mi amiga rellenando las charolas de botanas.

—¡Chiquis! ¿Dónde andabas? Te esperaba desde hace una hora.

—Todo esto —dije señalando mi cuerpo—. Lleva su tiempo.

—Perra!. Pero te perdono, pero solo porque te ves cogible.

Puse los ojos en blanco y le ayudé a rellenar las provisiones. Después tomé un vaso de vodka con jugo de arandano y nos fuimos a la pista de baile. Había varios vampiros, piratas, fantasmas, brujas y otros disfraces que no alcanzó a ver, todos bailando o fajandose en cualquier rincón disponible.

Empecé a mover las caderas al ritmo de “the weekend” en medio de la sala. Levantando los brazos con mi trago. Me dejé arrastrar por la música en medio de todo el alboroto de la fiesta.

Hasta que sentí una presencia detrás de mí. Ignorándola seguí bailando.

—Te vi desde el otro lado de la habitación, te mueves muy rico mami—. Dijo una voz masculina,lamiendome la piel justo al lado de la oreja.

Pero qué diablos

Me aleje de él, pero me retuvo de la cintura jalandome hacia su cuerpo. Me giré para tenerlo cara a cara y darle su merecido al muy patán.

Me encontré con un tipo alto, ancho de espaldas, no muy mamado, pero sí robusto. Traía vaqueros desgastados, con una cola de diablo enredada en su cintura, playera roja y un par de cuernos pegados a los lados de su frente.

La verdad es que no estaba nada mal, pero la forma en que me abordo no me agrado.

—¿Quién diablos te crees? No te pases de cabrón, eh.

— Si lo pides a gritos mami, ahora no te hagas la que no.

—No se de que hablas.

De manera repentina me tomó de la base de la nuca y llevó mis labios a su boca. Su beso era brusco, animal.

Me retorcí, pero solo logré que se apretara más, mientras que su puño se cerraba y jalaba mi cuero cabelludo. Su lengua invadió mi boca poseyéndola. Mordí su labio hasta que probé el óxido de su sangre.

El beso se detuvo.

—Así me gusta más, rudo—. Curveo sus labios en una sonrisa ladina. Ese gesto lo volvió más apuesto y terrorífico si es posible.

Me sacó de la improvisada pista, hacia el pasillo distribuidor de la casa.

Y volvió al ataque, sus labios violentos me tomaron, sus dientes me devolvieron la mordida. Sentí como se ponía duro.

—Mira como me pones.

—No creo que ese sea mi problema, quítate—. Lo empujé del pecho, pero no se movió ni un centímetro.

—Yo creo que sí —coloco mi mano en su bragueta y la verdad estaba bien dotado. Recuerdo que mis dedos traicioneros se cerraron en torno al bulto, dándome una probada de su longitud, una que se notaba grande. sentí como mi clítoris palpitó. Como adivinando mi deseo me arrimo su verga a la mano y el ahueco mi entrepierna.

—También lo deseas, puedo sentir lo caliente que está tu pepita—. Sus sucias palabras, contra todo pronóstico, me ponían cachonda. — Enséñame tus chichis.

Tomó el borde mi corset y lo bajó bruscamente, haciendo que se me vieran los pezones.

—No mames, wey—. Le di un manotazo— Aquí no.

Y sin demorarnos mucho entramos a la habitación más cercana. Cerró la puerta. Y atacó mi boca de nuevo. Esta vez le devolví el beso, enredando mi lengua con la suya, mientras sus manos manoseaban la circunferencia de mis nalgas y su erección clavándose en mi bajo vientre.

Mi cuerpo automáticamente comenzó a buscar fricción para aliviar un poco mi chochito.

—Así, zorrita. Restriégate en mi verga—. Luego sentí una fuerte nalgada.

Se me escapó un gemido. Joder, podría ser un psicópata y yo sobandome contra él como una perra en celo.

Termino de poner mis tetas al aire, dándole palmadas a mis pezones

—ahhh —Salió sin querer de mis labios.

Su boca me chupo los pezones, mamando como un bebé hambriento. Los dedos de mis pies se retorcieron de lo rico que se sentía sus chupadas.

Sin previo aviso me puso de rodillas y se sacó la verga, poniéndomela en la boca.

—Mama —ordenó, casi gruñendo.

La tomé con mi mano y me la metí. Comencé dándole lengüetazos en la cabeza. Jalando su piel hacia abajo. Su falo era una cosa deliciosa, grande, grueso y un poco curvo.

Succione el pitó, llenándolo de baba y calor. El demonio me tomó del cabello, obligándome a tragarmelo hasta la garganta, duro, sin piedad. Las arcadas que me daban no lo detuvieron hasta sentir su saldo esperma vaciándose en mi.

Me levanto empujándome a la cama, agarro mis piernas y las jalo hasta la orilla del colchón, las abrió. Rompió mis medias y abrió el broche del body.

Se arrodilló directamente a mi sexo. Lo olfateó y le dio una laminada desde el centro hasta el clítoris.

Mi cuerpo se estremeció de placer. Moví mis caderas para acercarlas más a su boca.

Es cuando comenzó a succionarme, su lengua jugaba con mis labios vaginales, su labios con mi clítoris. Podía sentir como mi pushita goteaba de humedad.

Los cuernos en su frente rozaban la piel sensible de mi pubis, dándome escalofríos.

Hundí mis dedos en su cabello, jalandoselo.

—Más—. Jadeé, él respondió arremetiendo contra mí, introdujo dos dedos en mi vagina a la vez que chupaba mi clítoris. El placer recorrió mi cuerpo haciéndome venir con un fuerte estremecimiento.

Mi respiración se volvió agitada y él calor se subió a mis mejillas.

Se paró, terminandose de quitar los vaqueros y la playera. No sin antes quitarse la cola de demonio.

Me jalo de nuevo, esta vez hacia arriba. Tomó la cola y la enredó en mis muñecas, agarrándome a la cabecera.

Su miembro semi erecto colgaba de su mano, la cual empezó a mover la sobre sí mismo. Masturbandose frente a mi. Ver crecer esa gruesa verga es una de las imágenes más eróticas que he presenciado.

—¿La quieres?

—Si

Me tomó de los tobillos y me dio la vuelta quedando boca a abajo. Mis brazos se resistieron un poco.

—Arriba ese culo — dándome una nalgada.

Me arrodille como pude. Otra nalgada.

—Solo el culo. Agacha la cabeza.

Obedecí. A estas alturas del partido la lujuria había nublado mi mente.

Sus dedos tocaron mi raja húmeda, la retiró con una leve palmada en mi clítoris que sentí hasta el último cabello de mi cabeza.

Sentí como la punta de su verga se introducía en mi, hasta que la dejó resbalar entera.

—Ahh, no mames. Que rico.— Dije.

—Eres toda una putita.

Y comenzó con las estocadas, rudas, fuertes…no muy rápidas. Sentí como me dilataba el canal, como estiraba mi vagina y sus huevos golpeaban mi punto más dulce.

Nuestros gemidos eran acompañados con el choque de las carnes. Era tan lascivo, tan erotico. Que me corrí por segunda vez esta noche.

Se salió de mí y me volvió a dar la vuelta. Mi muñecas ardieron por la fricción de la tela.

Coloco mis tobillos sobre sus hombros y de una sola estocada me penetro. Grite, por la intrusión repentina. Pero inmediatamente una ola de placer me recorrió.

Las embestidas, hacían golpear la cabecera con la pared. Menos mal, que la música de la fiesta era fuerte, sino todo mundo hubiera sido testigo.

—Me encanta cómo rebotan tus tetas—. Jadeo. Mientras las tomaba y ejercía presión sobre ellas.

Moví las caderas para encontrarlo a medio camino de la penetrada. Su miembro comenzó a hincharse.

— Eso es perrita. Ordeñame.

Me cogió fuerte hasta que ya no pudo más y se salió de mí, bombeandose la verga con la mano. Un sonido gutural salió de su garganta cuando el orgasmo lo alcanzó. Su falo lanzó chorros de leche sobre mi corset y mis pechos.

Sus dedos recogieron el semen y me lo llevo a los labios.

—Abre la boca— Dijo, aún con las respiración agitada.

Chupe sus dedos, hasta la última gota.

Cuando mi mente se despejó un poco de la lujuria, vi que ya no traía un cuerno y que mi disfraz ahora estaba arruinado. Pero valió la pena el sacrificio.

Fue una de las mejores cogidas que he tenido. O será que como no lo había hecho durante un tiempo lo sentí rico. Sea como fuere… feliz noche de brujas.