Las siete 11
Daniela llegó con los nervios a flor de piel y el deseo en la cara, pero su primer encuentro con su nuevo Amo terminó en lágrimas y castigo. Ahora, bajo el techo de Cristina y la mirada de sus hermanas, deberá aprender que la sumisión no perdona los errores, y que la noche apenas comienza.
Capítulo 11.
Entrada la semana, el martes, se repitieron los gritos que hacía meses que no escuchaba entre Cristina y María. Esta apareció gateando mientras se escapaba de los zurriagazos que Cristina le daba con un paño en el culo hasta conseguir refugiarse entre mis piernas cuando salí del despacho.
-A ver, ¿que ha pasado ahora?.-
-La guarra de la gata Señor. No tiene remedio, habrá que taparle ese coño sucio con algo, un cinturón de castidad sería poco.- Decía alterada Cristina.
-¿Otra vez te has subido a la cama gatita mala?.- Le regañaba mirándola y ella me devolvía una mirada de traviesa que me encendió en el momento.
-Pero Señor no le de mimos. La muy guarra ha sacado todos sus calzoncillos,- yo uso slips pero para Cristina toda la ropa interior de hombre son calzoncillos, -y uno por uno se los ha frotado por su coño.- Miraba muy enfadada a María.
-Bueno, tampoco es tan grave,- por dentro me estaba carcajeando y me hubiera gustado ver esa escena, -la castigaré por coger lo que no es suyo.- Decía mientras acariciaba la cabeza de una María ronroneante y lujuriosa entre mis piernas.
-No es eso Señor, es que no ha dejado uno limpio. Tendré que lavar algunos a mano para que tenga uno seco para mañana. Y le aseguro que algunos están muy pringosos. Con sus castigos no hay forma de enmendarla Señor, tiene que ser más duro con ella.-
-Llevas razón. Lo primero será que le cambiaremos esos guantes y le buscaremos unos tipo manoplas, así no podrá usar los dedos.- María me miraba poniendo cara de pena y maullando dos veces como negándose.
-Pero el castigo grande será ponerle cascabeles y así saber siempre donde está.-
-Muy bien hecho Señor, un cascabel en el collar, así podré controlarla mejor.- Dijo Cristina.
-No, en el collar no. Llevará dos, uno en cada pezón.- Miré con cara de falso enfado a María y esta me la devolvió con carita de pena haciendo mueca de lloro. Cristina se dio la vuelta para seguir con su trabajo mascullando obscenidades sobre María. La enganché con la correa y la llevé al salón.
-No creas que no sé que algunas veces haces esto para llamar la atención. Pues esta vez ya ves, manoplas y cascabeles. Y como no quiero que sigas chorreando por ese coño que Cristina dice que está muy sucio, vamos a remediarlo, date la vuelta.-
Se giró estando a cuatro patas, le pasé la mano por su coño y es verdad que estaba chorreando. Ella se inclinaba para facilitarme que mi mano la tocara. En su estado, y en el mío, no lo pensé mucho. De una vez y sin que ella se lo esperase se la metí hasta el fondo y sin cambiar de postura estuve bombeando mientras los dos gemíamos a la vez. Tanto que hasta Cristina se asomó a ver lo que pasaba, que tuvo que sospecharlo, no son unos ruidos muy difíciles de adivinar su origen.
Pasados unos quince minutos me corrí después de notar como las piernas de María se contraían y al segundo lo hacían las paredes de su vagina apretándome tanto que no aguanté. Los temblores de sus piernas me echaron fuera y me quedé sentado en el suelo viendo como bailaban esas piernas por el placer recibido.
-Así no hay quien la eduque.- Escuché a Cristina decir cuando se iba por el pasillo.
El jueves me llamó Daniela. Y por su tono de voz estaba claro que lo había conseguido.
-Hola Amo, ya tengo trabajo. Me traslado este fin de semana y empiezo el martes que es día uno.-
-¿Que dijimos de llamarme Amo?.-
-Lo siento pero como ya tengo el contrato pensé...-
Le corté, -no pienses si eres mi esclava salvo para darme placer. Cuéntame lo del contrato.-
Al final lo consiguió en un bar, pero no de camarera. El dueño tenía tres bares de tapas y dos pubs, y necesitaba ayuda con la contabilidad durante el verano. Mejor trabajo que de camarera pero igual sueldo. Le dije que no buscara piso, que yo me encargaba.
Esa tarde reuní a mis chicas. Cristina seguía algo enfadada con María y creyendo que yo no la miraba le daba pequeñas patadas que María protestaba con leves maullidos pero que se dejaba hacer con cara traviesa.
Les hablé de Daniela y que estaría a prueba con nosotros, aún no sabía cuando estaría en casa pero el primer fin de semana de ella en la ciudad las quería el sábado a todas para conocerla. En eso no hubo problemas, pero cuando planteé que si alguien quería acogerla en su casa, todas miraron a otro lado. Pensé que para Irene sería una buena idea pues le ayudaría a pagar el alquiler pero no dijo nada. Fue Cristina quien después de pensarlo unos segundos se ofreció a tenerla en casa de forma temporal, al menos hasta final del verano que es cuando hay más posibilidades de alquilar casa a precios razonables.
-Espero que sean tan limpios como se suele decir.- Dijo seria Cristina.
-¡Cristina!-
-¿Qué? Es verdad Señor, dicen que los mariquitas son muy limpios.- Dijo sin darse cuenta que los tiempos cambian y la forma de pensar también.
-No es mariquita Cristina, es una mujer. No olvides eso.-
-Vale Señor.- Lo dijo no muy convencida.
A mis esclavas las llamo de todo, zorras, putas, guarras y un sin fin de insultos que a ambos nos excitan. Es el poder de la humillación por la palabra. Pero a Daniela no sé si además de esos insultos podría llamarla mariquita o maricón. Ella ya me dijo que su primo lo hacía y que a ella le excitaba, pero algo dentro de mi no me dejaba ni pensarlo. Alguna insistencia ética me decía que esa humillación no me iba a gustar. Todo sería cuestión de probar.
Quedamos en que nos reuniríamos todos el sábado para presentarla, después iríamos a cenar para que se fueran conociendo.
Llegó el sábado por la tarde y a la hora en punto que le dije estaba llamando a la puerta. Le abrí personalmente y entró con una sola maleta y muy nerviosa.
-¿Solo traes una maleta?.- Le dije al dejarla entrar y cerrar la puerta.
-No sabía donde me iba a instalar ni que necesitar. Así que lo he enviado todo a casa de mis padres, cuando necesite algo se lo pediré a mi madre.-
-Bien pensado. Esta es tu taquilla, la número cinco. Cada esclava tiene la suya. Desnúdate y deja la maleta aquí por ahora y tu ropa en la taquilla.-
Seguía con muchos nervios mientras se desnudaba mirándome con disimulo.
-¿Que han dicho tus padres del cambio de ciudad?.- Le pregunté para intentar calmarla un poco.
-Mi padre está contento, para él esta ciudad está más lejos, pensará que así los visitaré menos. Mi madre entre triste por que la veré menos y por otro lado muy contenta por mi. Amo, cuando pasó… ¿ya puedo decirle Amo?.- Dejó de desnudarse para mirarme, sólo le faltaban las bragas.
-Sí, ya puedes llamarme Amo.- Lo dije con el tono de que pesada eres.
-Pues Amo, cuando murió mi primo y antes de enterarme de que me quería prostituir con drogas, yo estaba muy deprimida y se lo conté todo a mi madre. Ella al principio se escandalizó pero después me comprendió, me refiero a lo de sumisa. Ahora ya no tengo secretos con ella y sabe desde el principio que yo estaba deseando ser suya. Cuando le he dicho que lo he conseguido se ha alegrado mucho por mi.- Se me quedó mirando con una cara de felicidad bobalicona.
-Termina de desnudarte, no nos vamos a quedar todo el día aquí.-
-Lo siento Amo, ¿las bragas también? Es que me da mucha vergüenza.-
-¿No me dijiste que no te avergüenzas de tu pene y que incluso te gusta?.- Mi tono era ya de preocupación.
-No es eso Amo, es que estoy empalmada.- Dijo pasando a rojo intenso en su cara.
Me reí, la agarré por la barbilla, me acerqué y la besé. Fue un leve beso pero al separarme seguía con los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Unos labios que salvo María eran los más bonitos de mis chicas.
-Vamos, desnúdate y ponte este collar.-
Se quitó las bragas y entre sus piernas apareció esa pollita que si estaba empalmada era porque ella lo dijo, sino no se sabría. Aunque es verdad que estaba mirando al frente en vez de abajo. Me fijé y ya no había ni un solo piercing aunque aún quedaban los agujeros que esperaba que se fuesen cerrando poco a poco.
Se puso orgullosa el collar y le aparecieron dos lagrimones.
-Amo, mi primo nunca me puso un collar. Estoy muy feliz Amo.-
La enganché con la correa y la llevé al salón. Allí estaban todas. Cristina de pie, a su lado Isabel e Irene arrodilladas y María medio tumbada al lado del sillón que uso para leer. Como siempre la única vestida era Cristina con su vestido de criada. Daniela entró muy asustada e intentando con las manos ocultar su polla al andar. La llevé frente a ellas y le quité la correa.
-Esclavas esta es Daniela, también se llamará Cinco. Pon tus manos a los lados que te vean bien. Os presentaré. Esta es Primera o Isabel.- Se levantó y le dio dos besos para volver a su sitio. Todas miraban de forma más o menos disimulada el pene de Daniela que si ya estaba roja eso la ponía aún más avergonzada, sin embargo el pequeñín no parecía querer de dejar de mirar al frente.
-Primera es la de más jerarquía y ella te enseñará las posturas y las normas de la casa. Segunda o Cristina es la encargada de la limpieza.- Hice un gesto con la mano y se acercó a darle dos besos sonriendo descaradamente mientras le miraba el pene.
-Ella manda sobre la limpieza o el orden y tiene muy malas pulgas en ese aspecto, así que no la hagas enfadar.- Cristina se llevó las manos a la cintura en un gesto de enfado.
-También ella se ha ofrecido a acogerte en su casa al menos durante el verano.-
-Gracias Cristina.- Dijo Daniela.
-De Cristina nada, para ti Señora ¿no es así Señor? Ella está por debajo de mi, debe llamarme señora ¿verdad?.- Dijo Cristina que ese día se había puesto carmín rojo en los labios y sus ojos azules le destacaban más.
-Entre las esclavas eso no es así, pero ya que tú la acoges es justo que te llame señora.-
-Sí Amo, sí señora.- Dijo sonriente Daniela a una Cristina crecida.
-Esta es Irene o Tercera.- Se levantó y le dio dos sonoros besos para volver a arrodillarse.
-Y la última por ahora es Cuarta o María, pero comúnmente es gatita. Es nuestra mascota y salvo a mi obedece como le da la gana al resto.- María se levantó haciendo sonar sus cascabeles que llevaba en unas pinzas en los pezones, le dio dos besos y con un ligero maullido se volvió a sentar a mis pies.
-¿Puedo preguntar algo Señor?.- Dijo resuelta Cristina.
-Claro, pregunta.- Dije con aire cansado de su postura.
-Cuando esté en mi casa, ¿puedo usar a la nueva esclava?.- Me dejó sorprendido la pregunta, y creo que a todos en la habitación.
-Pues…,- hice algo de tiempo para pensarlo, no me lo esperaba, -mientras no indique lo contrario o no interfiera en algo que le haya ordenado, tienes permiso para usarla.-
-Gracias Señor.- Se relamió Cristina mientras Daniela se preguntaba donde se estaba metiendo.
-Y ahora que nos conocemos todos vamos a estrenar a la nueva. Ponte a cuatro patas. Irene chúpale el culo para lubricarlo. Isabel a mi polla.- Hicieron lo que les dije y en un minuto ya estábamos preparados. Daniela pese a los nervios estaba jadeando con las lamidas de Irene.
Aparté a la golosa de Isabel y apunté al culo de Daniela que tragó mi polla sin esfuerzo hasta el fondo con un gemido apagado de placer. Noté como mis huevos balanceando tocaron los suyos. Giró la cabeza para mirarme con los ojos entrecerrados disfrutando y antes de que pudiera decir nada, mi inteligente esclava Isabel la agarró por las mejillas y se la puso mirando al frente al tiempo que le decía:
-Cuando el Amo te folle en esta postura nunca vuelvas tu cabeza atrás.-
Embestí dos veces, quizás tres y ella no pudo aguantar corriéndose con unos quejidos más cercanos a bramidos. Cuando se serenó un poco se sacó mi polla al volverse hacia mi y besar mis pies.
-Lo siento Amo, lo siento. No he podido aguantar, castígueme, me lo merezco, lo siento.-
-¿Pero que haces zorra?.- Estaba indignado por no dejarme terminar a mi y el resto de mis esclavas se asustaron previendo mi enfado.
-Lo siento, lo siento Amo.- Ella no paraba de besarme los pies y pedir perdón.
De un empujón la tiré al suelo y agarré a Irene que estaba al lado, la tumbé y me puse encima a follarla. Aunque el coño de Irene no era de mis preferidos, había mejorado mucho desde que la conocí y la follé por primera vez. Pero en aquellos momentos de enfado me sirvieron para una follada animal con fuertes empujones que Irene disfrutó pese a la brutalidad. Con el rabillo del ojo vi como Isabel apartó a Daniela que aún intentaba besar los pies pidiendo perdón. La arrodilló y se puso a su lado acariciando su espalda mientras Daniela empezaba a llorar sin hacer ruido. También me pareció escuchar a Cristina acercarse a su oído y decirle que no me gustaba que lloraran, pero Daniela era incapaz de parar.
Yo veía eso como en otra dimensión, estaba enfadado y en ese momento me concentraba en bombear con todas mis fuerzas en el jugoso coño de Irene mientras metía mi cabeza entre sus enormes tetas. Me corrí con un gemido y tras de mi lo hizo Irene con un gritito, como no queriendo molestar por si le salpicaba algo de mi enfado.
Me senté en el suelo, esperé a recuperarme con todos en silencio salvo por los sollozos apagados de Daniela y me pasé al sillón.
-Has empezado con mal pie Daniela, con mucho mal pie. No se ni por donde empezar, no tienes derecho a correrte antes que yo, ni tampoco a sacar mi polla de donde la haya metido.-
Daniela hizo el intento de venir de nuevo a besarme los pies, pero Isabel la agarró del collar y la mantuvo de rodillas.
-Lo siento Amo. No he podido, han sido años esperando esto y no he podido remediarlo. Lo siento me merezco los castigos pero por favor perdóneme.-
-No estoy seguro de que los castigos arreglen esta actitud. Me asegurabas que eras sumisa y te puedo pasar el orgasmo pero el moverte sin esperar a que yo acabe es muy grave.- Realmente estaba enfadado. María se enredó entre mis pies a riesgo de que la pateara y desde abajo me miró con cara triste con un maullido lastimero intercediendo por Daniela. Entonces descubrí la belleza de María.
No es una cara espectacular que llame la atención hasta que no te fijas en ella, pero lo que la hace de verdad bella son las expresiones que logra poner, que son perfectas. En el diccionario, cuando se define lujuria, tristeza, felicidad, traviesa, pícara o algunas de estas palabras, debían llevar al lado como ejemplo la cara de María porque es ahí donde se nota su auténtica belleza. Así es imposible enfadarse mucho y sabiendo que había ganado agitó un poco sus cascabeles y moviendo el culo la cola.
-Mientras me relajo un poco, Irene lleva a Daniela a la sala de castigos y la atas al potro, ahora iré a darle el castigo.- Irene se levantó como pudo del suelo, enganchó la correa a Daniela y se la llevó.
-Señor, no sea duro con la chiquilla. Es normal después de años deseándolo que no pueda aguantar. Es un deseo muy fuerte el que tenía y se le ha desbordado. No se lo tenga en cuenta.- Dijo Cristina.
-¿Tú también quieres castigo?.-
-Vaya con el Señor, cuantas más esclavas más gruñón.- Me dijo con su desparpajo natural.
Me tuve que aguantar la risa para mantener la pose. Me levanté despacio y fui a la sala.
Nada más entrar, Daniela me miró desde el potro. Irene estaba arrodillada al lado de la puerta.
-Amo tiene además que darme otro castigo por interrumpirle cuando no era su esclava, me dijo que se lo recordara. Y de nuevo le pido perdón.-
Cogí sin decirle nada la fusta. Entre sus piernas abiertas veía colgar su pequeño pene con sus testículos pegaditos. Nunca había azotado a nadie con pene, no estaba seguro de como hacerlo, igual el daño era demasiado y me asustó que pudiera acabar en algo grave si dañaba los testículos. Que irónico, con las vulvas no tenía compasión pero quizás al pensar en mis atributos me asustaba.
-¿Te han azotado alguna vez?.- Pregunté calmado mientras le pasaba la fusta entre las piernas tocando su polla.
-Sólo bofetadas y con la mano en el culo Amo.-
-¿Tienes miedo de lo que pueda hacerte?.-
-No Amo, me merezco los castigos.-
Sin esperar a que terminara empecé a darle fustazos en el culo. A cada uno ella lanzaba un grito, a pesar de no ser muy fuertes era la que más gritaba de mis esclavas, ni siquiera Cristina que los odia gritaba tanto.
-Irene ponle la mordaza y desátala del potro que ponga las manos en la nuca y se las agarras fuerte que no se suelte.- Esperé mientras lo hacía pasando de nuevo la fusta por sus genitales.
Una vez en la posición con Irene agarrándola por detrás le solté unos pocos, no muchos fustazos en las tetas que por su cara y las lágrimas es lo que más le dolió.
-Este es el primer castigo, mañana te daré el otro que quizás sea más fuerte. Ahora que Irene te enseñe como atarla a ella a las cadenas del techo que enseguida vuelvo.-
Regresé al salón a tomar un poco de aire, no había sido nada del otro mundo pero me preocupaba que su llegada a la casa empezase de esa forma y no podía dejar pasarlo.
Isabel seguía de rodillas en espera. Cristina acariciaba a María con mimo y me hizo gracia verlas. Era una especie de relación de amor odio muy divertida que ellas mismas propiciaban. Quizás eran las dos más compenetradas de mis esclavas. Las tres me miraron expectantes.
-No soy ningún ogro,- dije abriendo los brazos, -nunca la han azotado, así que he sido blando. Pero a ti,- dije señalando a Isabel, -tampoco te habían azotado nunca y la primera vez que lo hice fue más del triple de lo que he sido con ella. Así que no me miréis así porque ese bautizo de azotes aún lo tiene pendiente, estos han sido por un castigo como todas habéis recibido alguna vez.-
-¿Va a seguir azotándola Señor?.- Me preguntó Cristina.
-No, ahora voy a darle un poco a Irene.- Dije como sin importancia.
-Uf, pues podemos ponernos cómodas.- Dijo Cristina de nuevo sentándose en el sofá.
Bajo la atenta mirada de Daniela estuve azotando como una hora a Irene. Le enseñé y la misma Irene también, como tenía que atarla, tanto de las cadenas, como del potro o en la mesa. Y como pasaba siempre salimos con Irene agotada y llena de marcas pero feliz y contenta.
Nos duchamos y salimos a cenar. Hacia mucho que no coincidía con mis vecinos de abajo en el portal, la curiosidad o el morbo de Ana lo tenía en mi casa cuando tomaba el café. El charlar sobre el tiempo o la política mientras acariciaba a María era ya algo normal. Pero esa noche bajamos juntos todos por las escaleras, no cabíamos en el ascensor. Algo debió escuchar Ana que cuando salimos del portal apareció ella.
-Buenas noches vecina.-
-Buenas noches, veo que la familia crece.- Dijo sonriendo con malicia.
Isabel e Irene se quedaron algo atrás con un tímido saludo. Daniela las imitó. María se fue derecha a ella y le estampó dos besos para saludarla que la dejó algo descolocada.
-Sí, y si el Señor sigue sumando esclavas e invitándolas a cenar acabará arruinándose.- Soltó con una carcajada Cristina.
-Sí, la próxima vez os llevo a un sitio de comida rápida.- Me reí de mi comentario.
Ana me agarró del brazo y me apartó de ellas.
-¿Es que no tienes mesura? ¿A cuantas jovencitas vas a degenerar?- Me preguntó enfadada, aunque como su cara normalmente es de enfado no estaba seguro.
-Ni Cristina ni María son jovencitas. Las otras tres son ya lo suficientemente mayores para tomar sus decisiones. Pero lo que me preocupa es por qué te molesta tanto, ¿celos?.- Disparé esperando la bofetada.
Me salvó su marido que apareció y nos unimos al grupo saludando.
-Hoy vas muy bien acompañado vecino, que suerte la tuya ¿eh? Hoy diversión a tope.- El pobre no reaccionó a tiempo de callarse la broma.
-Pues ya ves vecino, pero tú tampoco vas mal, y si quieres divertirte te va costar arreglar lo que has dicho.- Dije riendo mientras nos despedíamos y los escuchaba de fondo.
-Era una broma cari, no te pongas así…
Después de la cena nos fuimos los seis a tomar una copa o varias. Las chicas más jóvenes no pararon de bailar en todo el rato, miraba de lado sus copas como tras dos sorbos habían quedado en la mesa mientras el hielo se derretía. Cristina, María y yo intentábamos hablar con la música de fondo. En un momento que me fui al baño, al regresar habían secuestrado a mis dos tertulianas y todas estaban bailando haciendo gestos para que las acompañara. El baile no es lo mio aunque según mis anteriores esclavas, sobre todo Sara, se me da bien y soy muy sensual, que no se que significa eso en un hombre, pero no es una actividad que me guste. Fue María la que vino a la mesa y tirando de mis brazos me sacó a la pista de baile. En un momento dado, la agarré por la cintura y me acerqué a su oído.
-Esta me la vas a pagar, te lo aseguro.- Y puse cara de demonio enfadado, lo que hizo que se riera.
Tras un buen rato Cristina se sentó seguida por Daniela y como pude me escamoteé y me senté con ellas. Mientras charlábamos y las veíamos bailar. Una por una en algún momento de la noche acababan yendo al baño, pero yo esperaba mi desquite que llegó cuando María se dirigía a ellos.
Me levanté diciendo a Cristina que se quedaran pero que me mandaran a Daniela y me fui a por María. La agarré del brazo que le produjo un pequeño susto que pasó a sonrisa cuando vio que era yo. La empujé fuera del pub, hacia una zona de la calle algo alejada pero la verdad no mucho.
-Dueño, necesito ir a orinar, estoy que no puedo.- Me dijo sonriendo.
-Eso tendrá que esperar.- La puse entre dos coches aparcados y le di la vuelta. Vi aparecer por la puerta a Daniela que nos buscaba.
-Bájate los pantalones y las bragas.- Es la única que no tiene prohibido llevar pantalones.
-No llevo bragas sino tanga.- Dijo queriendo hacer una gracia. -Pero de verdad que no me aguanto, tengo que ir al baño mi Dueño.- Lo dijo suplicando pero sin parar de bajárselos.
Una vez lo hizo, sin decirle nada la incliné sobre el capó de uno de los coches y se la metí hasta el fondo de una vez y con rabia empecé a bombear. En eso Daniela ya estaba a nuestro lado.
-No se te ocurra correrte o te castigaré tanto que acabarás afónica de maullar.-
Seguí embistiendo con un frenético ritmo hasta que me corrí.
-Sigues sin tener permiso para correrte.- Cuando la saqué y me estaba abrochando el pantalón se volvió suplicando mientras en vez de mirarme a mi, miraba a Daniela pensando alguna trastada mía.
-¿Puedo ya correrme mi Dueño?.-
-No, ese es el castigo por sacarme a bailar, te quedas con el calentón, y ahora puedes orinar, pero aquí, dentro no te dejo.- Y saqué de nuevo mi cara de demonio.
No suplicó más, creo que la urgencia por orinar era más fuerte que su orgasmo o su vergüenza en aquel momento. Se agachó como pudo con los pantalones por las rodillas y soltó un potente chorro para evitar mancharse.
-Daniela, cuando termine límpiale el coño con tu linda boquita y volvéis a entrar.- Lo dije ya volviendo al pub.
Cuando entraron, Daniela se vino a nuestra mesa, pero María fue a los baños, y eso me intrigó mucho. Cuando la vi salir iba directa a seguir bailando y con un solo dedo la llamé.
Cristina muy diplomática cogió a Daniela y se fueron a bailar dejándome solo en la mesa.
-¿Que has hecho en los baños si ya habías orinado?.- Le pregunté a María que miraba con cara de pícara.
-Me he masturbado mi Dueño, entre usted y la limpieza a fondo de la nueva no podía aguantar más.- Dijo mirándome directamente a los ojos y antes de que yo abriera la boca me besó apasionadamente.
El beso me vino bien para pensar en mi error. Ella no tiene prohibido masturbarse, aunque le dije en la calle que no lo hiciera, ¿pero durante cuanto tiempo? Eso no lo especifiqué, cualquiera de mis otras esclava tiene claro que es hasta que yo lo revoque pero ella como mascota funciona de otra forma. Quizás pensó que una vez que yo me fuese tenía ya permiso, o que después de la limpieza de Daniela ya podía hacerlo.
Después del tórrido beso la aparté con cariño pero tratando de ser severo. Resultó inútil frente a la cara de adoración que tenía frente a mi relamiéndose los labios con sus ojos entornados mirándome.
-Esa no era la idea gatita puta, ¿ves aquellos chicos que revolotean alrededor de nuestras chicas? Pues vas y les dices que sois un grupo de bolleras y que no tienen nada que hacer. Pero quiero que uses la palabra bollera. Después puedes quedarte bailando si quieres.-
Me miró esta vez seria. Ella no había sido puesta a prueba nunca fuera de casa salvo hoy, y follar entre dos coches es una cosa pero dirigirse a unos chavales de veinte años y decirles eso la avergonzaba mucho, para ella era una humillación muy fuerte si además añadimos que debe usar esa palabra tan fea como es bollera.
Lo pensó unos segundos mirando alternativamente a los chicos y a mi. Finalmente se levantó y fue directa a uno de los chicos. El mensaje pasó de uno a otro de los chavales que como ya suponía no hicieron caso y aumentaron el tonteo alrededor de ellas aunque sin ser agobiantes.
Después de un rato decidimos recogernos. Es falso que me incluya en esa decisión, cuando las mujeres se ponen a bailar las que deciden cuando irse o no, es algo suyo exclusivamente, y en ese grupo están contenidas las esclavas que no les importa ganarse un severo castigo a cambio de unos minutos más de baile.
Ya en la calle nos dirigimos paseando a la casa de Cristina.
-Te acompañamos a casa Cristi, y después a Irene. Daniela se quedará hoy y mañana en mi casa y ya el lunes después de tu trabajo irá a la tuya.- Le dije a Cristina.
-Señor, ¿puedo recordarle algo?.- Dijo Cristina con voz zalamera.
-Por supuesto, dime.-
-¿Sabe el Señor que nunca hemos dormido juntos, y que nunca he pasado una noche en su casa?.-
-Pues no lo había pensado, ¿tan importante es para ti?.- Le pregunté realmente preocupado, quería que mis esclavas estuvieran contentas con nuestra relación.
-Mucho Señor. Hace muchos años que no duermo con un hombre que me gustaría recordarlo.-
-Sin problemas Cristi, el fin de semana es muy complicado, pero el miércoles te quedas a dormir en casa, ¿de acuerdo?.-
-Gracias Señor.- Dijo con una amplia sonrisa.
-Pues yo también querría pedirle algo mi Dueño.- Aprovechó la coyuntura María.
-A ver, dime.- Lo dije con voz de fastidio.
-Como siempre llevo el plug de la colita puesto, a mi nunca me ha dado por detrás, y eso que debo ser la más preparada mi Dueño.-
-Bueno, me lo recuerdas esta semana y lo solucionamos.-
-Mi Amo, ¿yo puedo pedir también?.- Dijo en voz baja Irene.
-¿Pero esto que es? ¿Ahora todas tenéis peticiones? Esto es la rebelión de las esclavas.- Dije riendo.
-Isabel, pequeña, comprarás una agenda y apuntarás las peticiones de todas las guarras y ya veremos que hacemos.- Dije en broma. Isabel era la más joven de mis esclavas, con dos años menos que Irene y ahora Daniela. Sin embargo era muy madura y serena por eso estaba la primera en la jerarquía y por eso confiaba en ella para dirigir la complicada vida social que empezaba a tener.
-¿Lo hago Amo?.- Me dijo seria, no sabía si se lo había dicho en broma o no.
Pensé un segundo.
-Sí, hazlo, pero no sólo las dichosas peticiones que como esclavas les permito decirlas pero que las cumpliré si quiero. También vas a llevarme el horario de cada una de ellas, el del trabajo y el de estar en casa.-
-¿Me va a poner un horario para ir a su casa mi Dueño?.- Dijo asustada María.
-No, gatita, a ti no. Tu puedes seguir como hasta ahora.-
-¿Y mi petición Amo?.- Insistió Irene.
-¿Cual es?- Dije dramatizando el cansancio de escucharlas.
-Además del sábado quiero también azotes los domingos.- Dijo poniendo cara de niña buena con sus gafitas rosas.
-Isabel ¿alguna petición tú? A Daniela no le pregunto que acaba de llegar.-
-No mi Amo, yo sólo quiero lo que mi Amo me da.- Y lo dijo muy seria. Por eso ella es Primera en la jerarquía. Y lo confirmó al poco, ya que íbamos Cristina, María y yo charlando y las tres más jóvenes comentando el baile y los chicos. En un momento me di cuenta como Isabel pasó a un lado dejando a Daniela en el centro de ellas, como arropando a la nueva.
Dejamos a Cristina en su casa y continuamos a la de Irene. Yo iba con María cogida del hombro y ella a mi cintura y las demás delante hablando de los chicos del pub. Parecíamos un matrimonio con sus hijas. Un matrimonio que debió tener hijas a una edad muy temprana.
-Y de esos chicos ¿alguno os ha gustado, hay noviazgo a la vista?.- Dije divertido, pero de repente un silencio nos acompañó durante unos pasos.
-¿Que ocurre que de repente os calláis?.-
-Si somos esclavas no podemos tener novio ¿no mi Dueño?.- Dijo María.
-En absoluto. A Isabel ya se lo dije, no hay ningún problema en que tengáis pareja, para eso no debéis pedirme permiso. Pero para el sexo sí, si queréis follaros al noviete me lo tenéis que pedir y os advierto que soy muy parco con esos permisos.-
-¿Que es parco Amo?.- Lo bueno de Irene es que no le daba vergüenza admitir su falta de vocabulario y preguntar, lo malo es que su vocabulario era muy corto y pregunta mucho. Parece que obligarla a escuchar audiolibros no funciona como me esperaba, o quizás tenga que darle más tiempo.
-Pues quiero decir que no suelo dar muchos permisos, así que si acabáis con una pareja el pobre lo pasará mal. Aunque claro, siempre os queda la opción de dejar nuestra relación.-
-No Amo, eso no.- Casi gritaron todas abrazándome sin dejarme respirar.
-Bueno, entonces ¿hay algún chico que os haya gustado?.- Les pregunté mientras retomábamos la marcha.
-El del paquete,- dijo Irene, -había uno que se notaba que la tenía gorda.-
-Pues el morenito no estaba mal.- Apostilló Daniela.
Y así seguimos el camino con las tres delante parloteando mientras María se abrazaba a mi como una madre orgullosa.
Dejamos a Irene que quiso poner pucheros pero no se lo permití, y llegamos a casa Isabel, Daniela, María y yo. En el vestíbulo, con la maleta de Daniela todavía allí, ellas se desnudaron mientras yo me fui al dormitorio a ponerme una ropa más cómoda. Cuando ya terminaba de cambiarme apareció gateando María que llevaba a duras penas su cama arrastrándola con la boca. Ni me miró, la llevó a los pies de mi cama, la alisó con sus manoplas y se fue moviendo pizpireta el culo para ondear la colita sabiendo que la miraba.
En el salón estaban Isabel y Daniela arrodilladas en espera y María se tumbó expectante a los pies del sillón que yo uso.
-Me apetece una peli, pero es tardísimo así que lo dejaremos. Vamos a organizarnos, Primera, recuerda que cada vez que tengas un hueco debes enseñar a Daniela las posturas y las normas.-
-Sí Amo.-
-Me he dado cuenta que cuando nos acostamos con Irene te turnas en hacer la mamada de por las mañanas.-
-Sí Amo, alguna vez lo ha intentado María pero no la hemos dejado.- Dijo Isabel mirando a María que le soltó un bufido. Podría hasta ser cómico que hace unos minutos ella estaba abrazada a mi por la calle y ahora era totalmente una gata.
-Pues a partir de ahora eso sólo te corresponde a ti.-
-Gracias Amo.-
-En cuanto a ti,- dije mirando a María, -me he fijado que a veces no llevas los cascabeles y no creo haberte dado permiso para quitártelos.-
-Eso es culpa mía Amo.- Soltó Isabel antes que de María hablase. -Pensé que de noche son muy escandalosos y al atardecer se los quito siempre. También le dije que lo hiciera los martes y jueves aunque yo no estuviese. Lo siento Amo.-
-No te preocupes, es una buena idea. De hecho gatita, sólo te los pondrás cuando esté Cristina o yo te lo diga ¿ok?.-
-Miau.-
-Pues antes de irnos a la cama quiero tratar un tema espinoso con la gatita.- Me miró curiosa.
-Ya estás totalmente integrada en la familia y me gusta mucho la interacción que veo entre todos, pero hay un detalle que aún te falta y entiendo que es por que te avergüenza mucho, pero debes superarlo.- La cara de María era de extrañeza total con algo de miedo a lo que venía.
-El martes y el jueves estás sólo un día, pero los fines de semana estás desde el viernes por la tarde hasta el lunes por la mañana, ¿en esos días no defecas?.-
Su cara se cambió a un rojo intenso mirando de lado a las otras chicas, especialmente a Daniela que no la conocía como para contar sus intimidades delante de ella.
-No mi Dueño, lo hago antes de venir y el lunes cuando acabo de trabajar.- Lo dijo en una voz tan baja que me costó trabajo escucharla pese a tenerla a mis pies.
-Eso no es sano, y además quiero saber que eres capaz de hacerlo delante de cualquiera de nuestra familia.-
-Pero Hugo, perdón mi Dueño, eso no tiene importancia, tampoco me cuesta tanto aguantar.-
-Este punto no lo voy a discutir, quiero que lo hagas cuando tengas ganas y no que las aguantes. Pero ahora no tienes que avisarme a mi para limpiarte. Lo harás y te limpiará Daniela cuando ella esté en casa. Y por cierto Daniela, al lado del arenero hay bolsitas de esas para recoger las heces de los perros, cuando ella termine las recoges y a la basura, que no se queden ahí plantadas.-
-Pero...yo...- Decía implorando María.
-Ya he dicho que esto no se discute. ¿Entendido?.-
-Sí Amo.- Dijo Daniela.
-Como digas mi Dueño.- Dijo lastimeramente María.
-Además si vas a hacer pis y está Daniela, también ella te limpiará, hay que ser ecológicos y ahorrar papel. Ahora a la cama, y por ser tan tozuda con este tema, la gatita no puede esta noche subir a la cama.-
-Miauuu.- Dijo triste mientras nos íbamos a la cama.
Continúa en
- Relato #223619— title-regex: contiguous parts (10 -> 11)
Relatos similares
- Dominación
Cómo conseguí convertirme en la esclava de mi jefe
Cristina siempre supo que no era para ella el amor convencional; su verdadera naturaleza latía bajo la piel de una sumisa.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
La sumisión de Raquel hija de Ana III
La casa se vacía a las ocho y la jerarquía se invierte. Raquel no es solo la hija de Ana; esta noche, es su criada, su perra y su propiedad.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Descorchando a Marta VII. Ruth y la gran familia
Marcos siempre supo que Ruth tenía un secreto oscuro. Esta vez, Carlos y él deciden sacarlo a la luz, no con palabras, sino con golpes, penetraciones…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Club de Cornudos, Putas y Machos 8- Enculada
Jacobo no tolera fallos. Mientras Alba se arrodilla a sus pies, tú intentas no llorar bajo los azotes y el peso de su polla.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Chantaje a mi puta perra xxi
La entrevista no era lo que Rosa esperaba. Mientras desvestía su dignidad frente a desconocidas, descubrió que su madre no solo la había vendido,…
Comparte:Dominacion masculinaBdsm plenoHeterosexual general
- Dominación
Mi mujer, mi esclava (Parte 2)
En el reservado más exclusivo de Madrid, el alcohol y la oscuridad no son excusa, sino escenario. Él no busca una noche de copas, sino una esclava.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general