Las siete 10
Daniela no solo lo miraba; lo espiaba, lo estudiaba, lo deseaba. Ahora, Hugo tiene la llave de su destino y decide probar si esa devoción es tan fuerte como parece, obligándola a arrodillarse ante extraños en un parque público. ¿Está ella dispuesta a perder todo por él?
Capítulo 10.
Pasaron tres semanas. Teníamos una rutina. Cristina venía por las mañanas a limpiar y María los martes y jueves pero rehuía a Cristina y si no estaba durmiendo en su cama del salón estaba tumbada bajo mis piernas. Cristina seguía discutiendo por naderías que achacaba a María pero antes de que subiera Ana a por su café me la follaba y ya pasaba el resto de la mañana tranquila hasta sus orgasmos de la bicicleta. Junto con la cinta le estaban dejando en muy buena forma y su culo fofo ya tenía mucha más consistencia y daba gusto agarrarlo.
María aún no se atrevía a venir los fines de semana, se contentaba con los martes y los jueves. No me importaba, me gustaba verla por la casa gateando y ya con su cola puesta que la movía cuando se percataba que la miraba. Ya se habituó a comer en sus comederos y a hacer el pis en el arenero limpiándose con el artilugio que le mande hacer a un metalero. Durante la mañana solía dormir pero por la tarde cuando estábamos los dos solos no paraba de restregarse por mis piernas ni de maullar pidiendo sexo.
Isabel seguía viniendo los viernes hasta el lunes por la mañana que se iba a la facultad. Todos los exámenes que hacía eran con buena nota y se lo premiaba con una buena follada, pero lo que más me gustaba de ella era su paciencia. Se podía pasar en espera de rodillas en el salón la tarde entera y no solo no protestaba sino que encima agradecida de estar esperando disponible para su Amo. Además por supuesto de sus mamadas, las mañanas del sábado, domingo y lunes eran una delicia despertar con mi polla en su boca.
Irene me costó más trabajo que entendiera su posición. Ella pretendía estar siempre en mi casa y tenía celos de las otras esclavas por el tiempo que pasaban conmigo. Al final no tuvo más remedio que aceptar lo que le ofrecía. Solía venir los sábados por la tarde, algunas veces por la mañana, le daba una sesión de azotes que utilizaba también para ponerme en forma. Le dolía más que le devolviera a su casa y no se quedase a dormir que las flagelaciones que le daba que las esperaba ansiosa orgasmo tras orgasmo. Algún día llegaba a tener hasta cuatro orgasmos en una sesión. Los domingos eran más tranquilos, a veces las ponía a las dos, a Isabel y a ella a jugar y cuando yo no podía más le solía dar por el culo a alguna de ellas.
Un tranquilo martes, después de follarme a Cristina y de tomar café con Ana, un escándalo en mi dormitorio me levantó del ordenador del trabajo.
María en un rincón del dormitorio bufaba a Cristina que con un paño la azotaba.
-¡Seras guarra gata del demonio! ¡Te vas a enterar!.- Le gritaba Cristina a una María que muy en su papel se limitaba a cubrirse con las manos y bufar.
-¡Quietas las dos!, que ocurre aquí. Gatita ven aquí.- Indiqué a Maria que gateando se puso entre mis piernas.
-¡Señor! Esta guarra estaba restregándose el coño por toda la cama, hasta por la almohada.-
-Eso no está bien gatita. Tienes prohibido subir a la cama.- Le dije con el tono cantarín que se usa cuando se regaña a una perrita.
-No es sólo eso Señor. Ahora tendré que cambiar todas las sábanas que olían a flores, y ahora huelen a coño sucio de esa guarra.- Dijo una alterada Cristina.
-Cristina relájate, ella no tiene prohibido masturbarse.- Le dije sereno para templar las aguas.
-No se estaba masturbando Señor. La muy guarra se estaba restregando. Creo que pretendía dejar su olor por todos lados. Así no se puede trabajar, las sábanas tienen que estar limpias y con un olor agradable, no a coño mojado de gata.- Me miró como retándome a tomar una decisión grave.
-Vamos a hacer una cosa. Como parece que no termináis de congeniar, a partir de ahora dejaremos que duerma hasta las doce, entonces le enganchas la correa y te la atas en el cinturón y así donde tú vaya tendrá que ir ella. Eso será hasta que os llevéis bien.-
-Señor eso no es justo, así no podré trabajar tranquila llevando a rastra a la gata.- Lo que me gustaba de Cristina es lo rápido que aceptó que María ya era una gata.
-Es mi decisión, y ahora aunque me moleste lo que has hecho con las sábanas, lo que no está bien es que te hayas subido a la cama sin permiso. Eso tiene un castigo, sobre mis rodillas ya.- Le dije sentándome sobre la cama. Cristina que se iba a marchar la paré con la mano y se quedó de espectadora.
Una vez María sobre mis rodillas le acaricié el culo un par de veces y comencé a azotarla con la mano alternando en sus cachas mientras ella daba maullidos lastimeros con cada azote. Le di un total de diez azotes por cacha, el culo lo tenía rojo y ardiendo. Entonces la bajé y le puse la correa atándola a la puerta de la habitación. Agarré a Cristina que se sorprendió, la tumbé boca arriba en la cama y puse sus piernas sobre mis hombros. Apunté mi polla que desde los azotes estaba dura y caliente y se la metí en un coño más caliente aún y mojado. Empuje unos minutos para sacarla y cambiar de agujero entrando sin problemas ya que estaba lubricada de los flujos del coño. Estuve alternando hasta que me vino la corrida y Cristina me acompañó.
Cuando mi polla salió sola, hice un gesto y María vino a limpiarla con cara de disgusto.
-Por ser una gatita mala y subirte a la cama además de los azotes estarás castigada sin sexo hasta que decida. Aunque sí te lo permito con Cristina, si ella quiere claro.-
Las dos me miraron extrañadas y ambas sabían de que iba. María estaba tardando demasiado en sentirse parte de nosotros en cuanto al sexo se refiere. Algún concepto arcano moral la estaba retrayendo y yo intentaba que lo superase aunque sabía que de esa forma no lo iba a conseguir pero al menos dejé de forma indirecta lo que pretendía.
Pasaron unos meses que escrito es muy corto pero vivido es mucho. Se acercaba el verano y mi familia poco a poco se acomodaba. Ya pillaba algunas veces a María lamiendo el chocho de Cristina y su vergüenza se fue disipando. Actuaba con ella con total naturalidad, naturalidad de una mascota claro. Ya no iba atada a la cintura de Cristina. Más de una vez aparecía corriendo a gatas con un paño en la boca mientras Cristina con una indignación falsa la perseguía por toda la casa refunfuñando.
Una mañana que estaba charlando con Ana mientras tomábamos el café, María entró en la cocina, y esta vez sin la menor vergüenza. La que se puso colorada fue Ana que abrió los ojos lo más que pudo cuando la vio acercarse al arenero, mear y después sin pudor alguno frotarse en el rollo de papel. Lo rasgó con la boca y lo llevó a la basura para después frotarse entre mis piernas maullando.
Ana que había estado en silencio todo el rato y sin saber que decir se movió inquieta en su silla.
-La tienes muy bien educada. ¿Que quiere ahora con tanto maullido?.-
-Pues como todas las gatitas quiere algo de mimos. Gatita ve con Anita, es nuestra vecinita y le gustan mucho las mascotas.- Dije cantarín.
-No, no. Yo paso de esto. ¡Hugo!.- Dijo cuando María estaba ya entre sus piernas buscando una caricia.
-No te asustes que no muerde. Acaríciala, le gusta mucho en el pelo y en sus partes claro.- Le dije divirtiéndome de la situación.
-Hugo, no me hagas esto. Me da vergüenza.-
-Venga mujer, no la dejes así que la pobre sólo quiere mimos.-
-Vale, pero no pienso tocar más allá del cuello.- dijo acariciando los pelos de María que ronroneaba.
-¿Ves?, le gustas y es una gatita de hacer pocas amistades.-
-Eres un cabrón.- Me dijo mientras yo me reía.
A partir de esa mañana todo cambió con María. Venía al escucharnos con el café y se pegaba a Ana que al principio se resistía pero acabó acariciándola como si de verdad fuera una gata y sin prestarle atención mientras charlábamos. A veces incluso llegó a darle trozos de galleta con la mano.
Pero no fue sólo con Ana con quien se soltó María. Empezó a venir los fines de semana, primero los domingos y se quedaba a dormir en su camita a los pies de mi cama. Después fue ya el viernes, llegaba incluso antes que Isabel.
La interacción con ella como una mascota fue lo que esperaba en mis fantasías. Mis esclavas me pedían permiso para jugar con ella y la hacían que intentara atrapar un trapo. Incluso una vez Isabel se trajo un puntero láser y nos reímos viendo como seguía la luz para cogerla. De ahí a tener sexo con ella fue un paso corto y placentero para todos.
Como María antes venía un día y se marchaba al siguiente no tuve oportunidad, pero cuando empezó a quedarse los fines de semana decidí que los sábados le tocaba baño. El primer día nos reímos intentando meterla entre Irene y yo en la bañera mientras ella muy en su papel bufaba y se intentaba escapar. Al final tuvo que ayudarnos Isabel y entre los tres la bañamos no sin ponernos perdidos de agua. Al tercer sábado ya se dejó mansa y aproveché a darle un baño conmigo dentro de la bañera, tocando donde sabía que más le gustaba hasta conseguir que se corriera si haber todavía aclarado el jabón.
-Ves gatita, si te portas bien al final tienes premio.- Le dije cuando ya la aclaraba y se dejaba hacer aún sofocada del orgasmo.
Volvió su cabeza chorreando agua y me dijo: -Mi dueño, esto es lo más raro que he hecho en mi vida pero ahora soy la persona más feliz del mundo. Muchas gracias por convertirme en lo que deseaba ser.-
-No te convertí María, sólo empujé para que saliera de donde lo escondías.-
Isabel terminó el curso con excelentes notas. Yo esperaba que me pidiese poder venir más tiempo a casa. Pero lo que hizo fue buscar un trabajo de prácticas en un periódico online para tener así una excusa con sus padres y no tener que volver al pueblo durante el verano, y poder pagarse el alquiler.
Irene aparecía menos. El hotel la llamaba muy a menudo los fines de semanas para hacer extras que intentó esquivar pero que se lo negué. Cuanto más dinero ganase antes se podría comprar su ansiada casa.
Las siete esclavas que dejé en la anterior ciudad tenían un contacto más o menos regular conmigo por medio de correos e incluso algunas veces nos llamábamos. Ese contacto se fue enfriando con el tiempo hasta perderlo con casi todas menos con Sara, mi antigua novia con la que tenía una conexión más especial y le contaba todo lo que me ocurría. Continuamente me decía de intentar escaparse unos días para conocer a mis nuevas esclavas, sobretodo a María ya que ella sabía mi fantasía de tener una mascota humana. Tanto ella como Raquel lo intentaron en su momento para complacerme pero no dio resultado, no les acababa de gustar y no salía bien eso de ser mascotas. No llegaron ni a asomarse a la relación que tenía ahora con María.
Un día entre semana, por la tarde estando solo en casa, era miércoles, me llamó Sara. Ella lo sabía todo de mi y de mis esclavas, por eso creo que eligió ese día.
-Hola Sara, que alegría que me llames.-
-Hola Amo.- Ella se negaba a dejar de decirme Amo, decía que lo sería siempre, y cuando sus padres no estuviesen, que es ley de vida, buscaría trabajo en mi ciudad y se vendría a servirme, que era su fetiche, ser una sirvienta doméstica, no limpiadora como Cristina sino camarera, encargada de vestirme, de lavarme…
-Hablé contigo la semana pasada, ¿ha ocurrido algo?.- Me extrañaba, normalmente nos llamábamos cada dos semanas.
-Pues sí Amo, pero ni siquiera sé como empezar. No es algo malo, al contrario pero es una historia larga.-
-Ya me tienes en ascuas y tengo tiempo, cuéntame esa historia.- Dije socarrón al ver que no era grave.
-Verás Amo, ayer me vino una chica medio llorando a casa y después de lograr tranquilizarla un poco me dijo que tú eras el causante.- Lo dejó ahí para crear expectación y lo consiguió.
-¿Culpable yo? Creo que el último año que estuve allí no tuve contacto con ninguna mujer salvo vosotras, incluso si la memoria no me falla lo puedo alargar hasta dos o tres años.- Pensaba lo normal cuando te dicen eso y lo asocias a una chica llorando, está embarazada.
-Ya lo sé Amo, ni siquiera la conoces. Es compañera de Paula de la universidad.- Paula fue la estudiante que tras una conferencia la sometí y tras ella vino su tía Raquel.
-Ya no me está haciendo mucha gracia esta conversación.- Eso de la chica llorando no me gustaba nada.
-Te voy a contar la historia que me costó trabajo sacar a la chica, que por cierto se llama Daniela. Y con mi madre por medio también intentado calmarla fue de locos. Esta chica es de la clase de Paula y hace unos años en la misma conferencia en la que atrapaste a Paula se quedó ella totalmente enamorada de ti.-
-Joder.-
-Cuando vio que Paula quedaba mucho contigo sumó dos y dos y llegó a la conclusión que eráis novios. Su gozo de joven veinteañera se hundió al ver truncada la posibilidad de estar contigo.-
-Yo no recuerdo a nadie más de esa conferencia, claro que eso fue hace mucho tiempo.-
-La historia Amo, es más truculenta y ahora empieza lo jugoso. Daniela nació como Daniel y aunque su padre se negó a admitirlo dándole palizas cuando lo pillaba vestido de mujer, su madre si lo entendió y desde muy pequeña la administraba a escondidas del padre hormonas. Bueno pues esta chica se quedó enamorada probablemente de tus ojos Amo.-
-Sí ya, ese imán que siempre dices que tengo.-
-Ese Amo. El caso es que al poco tiempo se hizo muy amiga de Paula y un día que la pilló de alcohol hasta las trancas en una fiesta, la bocazas de tu esclava le soltó la relación que tenía contigo. Un rayo de luz se le apareció a la enamoradiza joven. Ayer me convenció de que era muy sumisa, que se vestía de mujer solo para que su padre le pegara, y que no eran los azotes lo que le gustaba sino los insultos y las humillaciones del padre.-
-Vaya culebrón.-
-La chica ideó un plan perfecto Amo. Quería ahorrar dinero para hacerse la operación. Y una vez hecha presentarse a ti como esclava. La chica había seguido varias veces a Paula hasta ver donde vivíamos. Allí descubrió que Raquel también entraba, y las demás chicas. Pensó que no aceptarías a una transgénero no operada.-
-¿Es verdad lo que me cuentas o es de una serie de televisión?.- Pregunté ya mosqueado.
-Es todo cierto Amo. El caso es que los dos anteriores años se esforzó en los estudios sacando las mejores notas y ahorró a casi tener el dinero para la operación. Según sus planes le quedan unos seis meses para operarse. Mientras seguía “paseando” a las horas que sabía que salías de casa para que su corazón enamorado te viese y le diera fuerzas para seguir en su plan.-
-Llevo casi un año ya aquí, ¿no se dio cuenta de la ausencia?.-
-Sí Amo, de repente dejó de verte. Seguir a Paula o a su tía no sirvió de nada, no volvió a verte. Pero como enamorada paciente que es siguió su plan. Y ha sido esta semana cuando se ha desbaratado todo.-
-Esa chica empieza a darme algo de grima.- Una enamorada es una cosa pero eso me sonaba más a loca.
-No Amo, es que lo miras desde otros ojos. Piensa que ella tiene veintidós años y el amor hace locuras a esas edades.-
-Eso ya lo sé Sara, pero una persona que ni siquiera conozco y nunca he hablado con ella que se comporte así es más de loca que de enamorada.-
-Es posible Amo, pero la historia no termina aquí, como te he dicho se desbarató el lunes. Con sus notas logró entrar en el programa que tenéis de prácticas en la empresa. Llena de dicha llegó el lunes a trabajar.-
-Y se encontró que yo no estaba.-
-Exacto, se informó de tu paradero e inmediatamente pidió traslado a tu ciudad pero le dijeron que eso no se contempla en el programa. Así que se quedó sin plan y sin saber que hacer hasta que acorralada no le quedó otra cosa que venir a mi casa llorando y pidiendo tu dirección.-
-Joder con la historia. ¿Y que quieres que haga con eso?.-
-Ostia Hugo, no te creía así. Que la chica no se haya operado no es para insultarla.-
-No coño Sara, no tengo ningún problema en ese aspecto. Me refiero a que hago con esa historia, ¿que pretendes darle mi dirección a la loca?.-
-No haré nada que tu no me digas Hugo. Pero creo que al menos podrías conocerla. Cuando se calmó me di cuenta que es una sumisa de campeonato, igual te sirve para alcanzar las siete, bueno las seis que la siete seré yo cuando pueda.-
-No sé Sara, déjame que lo piense. Me da mala espina, esa chica parece desequilibrada, ¿a quien se le ocurre espiar una casa? Y durante años planificar lo que va a hacer.-
-Esa chica no está disgustada con su pene Hugo. Lo hace porque te ve sólo con mujeres y quiere ser una de ellas. Y si no lo ha hecho ya es por dinero, por eso lleva tanto tiempo. Pensaba que si se presentaba antes y la rechazabas no tendría otra oportunidad ni siquiera después de operarse. Juega sus cartas a una sola mano y no quiere que te decepciones, por eso no ha dado un solo paso hasta tener el dinero para la operación. Pero al perderte la pista se la ha venido todo abajo. Es una chica enamorada y sin conocerla ya está sometida a ti. ¿Que más quieres?. Yo no la veo loca, algo joven con las ideas muy idealizadas pero nada más.-
-¿Tan cara es una operación de esas?.-
-No lo sé, lo que ella me ha dicho que es la primera operación le sale por unos 3.500 euros, pero que hay otras más de estética hasta que queda bien. Creo que se puede poner en más de diez mil euros.-
-Joder Sara. Además sabes que no me gustan las operadas, ni pechos, ni labios y no lo había pensado hasta ahora pero tampoco me gustan que se operen en los bajos. Pero me estoy saliendo del tema, me sigue preocupando la cabeza de la chica. Mira, es una patata caliente que te ha tocado y comprendo que no es justo.-
-No me importa Hugo, ayer me dio mucha pena y me siento un poco obligada a ayudarla.-
-Está bien, lo que vamos a hacer es que le digas que este fin de semana se venga aquí, quedaré con ella el sábado en un sitio público, no quiero que sepa donde vivo. Nos conocemos y a partir de ahí ya veré que hago.-
-¿No puedes venir tú? Así nos vemos también nosotros, Amo.-
-¿Ahora en verano? Tu sí que estás loca, con el calor que debéis tener allí. Además que ella venga demuestra su compromiso. Pero dile que es una primera reunión para conocernos y que la siguiente vez la avisaré. No quiero que se quede en esta ciudad por ahora.-
-Creo que estás algo paranoico. Pero así se lo diré.-
Al día siguiente me volvió a llamar Sara.
-El sábado la tienes allí. Y tengo más información para añadir a su historia Amo.-
-¿Qué pasa?, no me dirás ahora que también se ha enamorado de ti.-
-No seas tonto Hugo. Me ha contado que sus años más felices fueron entre los dieciséis y los diecinueve. En esos años, y aquí viene el bombazo...-
-¿Más sorpresas? Mira que anulo la cita.-
-No calla, que el bombazo es que durante esos años fue primero amante y después sumisa de su propio primo diez años mayor que ella. Por desgracia falleció en un accidente laboral que no me ha querido contar. Es una sumisa entrenada y sabe lo que quiere.-
-Ya, lo que ocurre es que lo que quiere es a mi. Ya veremos, te contaré el sábado por la noche.-
El sábado había quedado con ella después de almorzar en un parque público. Yo seguía pensando que no estaba bien de la cabeza, no que fuera peligrosa pero no quería una acosadora que conociera mi casa. Y como quería hablar con ella sin tapujos preferí un parque antes que una cafetería con gente alrededor muy cerca.
No les dije nada a mis chicas pero se olían que algo me pasaba, estaba un poco nervioso e irritable.
Me ponía nervioso también que ella me conociese y yo a ella no, no sabía ni que pinta tenía, sólo que Sara me dijo que era rubia y muy mona. Ese calificativo viniendo de una mujer me aterraba.
Llegué al parque y mi culo aún no había tocado el banco para sentarme cuando una chica rubia se me acercó.
-Hola Señor Hugo, me llamo Daniela.- Hizo el intento de darme dos besos pero se asustó y me dio al final la mano sentándose a mi lado. Estaba hecha un flan, no sabía a donde mirar ni que hacer con sus manos que las tenía en su regazo sin parar de moverlas.
Sara tenía razón, era muy mona. Melenita corta rubia rizada al final sin llegarle a los hombros, el mismo peinado que Irene. Una cara bastante guapa y proporcionada con ojos marones, una nariz algo ancha pero adecuada a la cara y bonita con unos labios sensuales. Pero lo que más me llamó la atención agradablemente es que no se le apreciaba nada de maquillaje aunque si unas cejas muy cuidadas y recortadas. Tenía la piel algo morena y se le adivinaban unos pequeños pechos desde un recatado escote. Pero no me gustó que tuviera varios piercings, dos en la nariz, y uno que vi en su lengua. Además de una fila por su oreja. Soy ese tío raro que no le gustan ni los pendientes, ni siquiera los anillos.
-Hola Daniela, me alegra conocerte. Veo que estás demasiado nerviosa. Intenta tranquilizarte que sólo hemos quedado para charlar y conocernos.-
-Ese es el problema, llevo no se cuantas tilas. Pero me asusta decir algo que no le guste.- Me dijo muy tímida y sin atreverse a mirarme.
-Los dos sabemos por qué estás aquí. Vamos a ahorrar tiempo de charla insustancial y mal rato. ¿no te parece?.-
-Lo que usted diga.- Seguía sin levantar la vista de sus pies.
-Yo nunca he tenido esclavos hombres y tampoco esclavas con pene. Eso no me asusta pero ahora mismo realmente no se como encajarías entre mi familia de esclavas. Pero eso tampoco es lo que me preocupa. Mi problema es que no te conozco, no se quien eres ni lo que buscas.-
-Yo sólo quiero ser suya. Mi vida se la puedo contar ahora, pero eso en realidad da igual, lo que pretendo, si puedo usar ese verbo ya que una esclava no debe querer nada que su amo no le de, así que mejor uso deseo, lo que deseo es ser su esclava para lo que usted quiera de mi. Puede asustar que sin conocernos se lo diga, pero estoy dispuesta a todo lo que me pida para poder ser suya. Ya tengo asumido que deberé venir a vivir aquí. Sólo espero su orden para hacerlo.-
-Espera, no tan rápida chica. Esta es una primera reunión y habrá otras antes de una decisión. Cuéntame tu vida y así vamos rompiendo el hielo.-
Me contó más o menos lo mismo que ya me había dicho Sara. Le hice varias preguntas sobre su primo que me contó sin vergüenza pero cuando llegó a su fallecimiento quiso no decir nada, la excusa es que le dolía mucho.
-Comprendo tu dolor por tu anterior amo, pero si no puedes hablar de ello es que quizás no lo has superado.- Estas palabras las interpretó inmediatamente, no se acepta a una esclava, ni a una pareja que todavía llora a la anterior.
-No es por eso.- Entonces por primera vez me miró a los ojos para en dos segundos volver a mirar a sus pies.
-Señor Hugo, mi primo quedó enganchado en una máquina en la fábrica textil donde trabajaba. La máquina lo ahogó antes de que pudieran pararla. El sindicato se movió para presentarlo como accidente laboral ya que era en su horario de trabajo. Pero en realidad es que estaba con una compañera de trabajo teniendo sexo.-
-Bueno, eras su esclava ¿no?. No sé si a ti te lo prohibió, pero él como amo podía estar con quien quisiese.-
-Sí, lo sé Amo.- Ahí le corté.
-No, aún no soy tu amo, con Señor Hugo es suficiente.-
-Perdón Señor Hugo. Lo que ocurrió es que a los pocos días del accidente me vino un tipo a preguntar si había aceptado el trato que mi primo me ofreció antes de morir. Y él no me ofreció nada, me refiero a mi primo.-
-¿Y?.-
-Pues que me enteré que ella, la chica con la que estaba cuando murió, había convencido a mi primo, a mi amo, para prostituirme y por largas temporadas fuera de la ciudad. Eso terminó de hundirme y aún me duele. No la pérdida que está asumida desde hace años, sino la traición.-
-¿Y como sabes que yo no haré lo mismo?.-
-Me da vergüenza decirlo, pensará que estoy loca.- Me reí por dentro.
-Sabes que una esclava no le oculta nada a su amo, si empiezas así no tienes muchas posibilidades de que te acepte.-
-Le espié señor.- lo soltó rápido, para no dar lugar a pensar lo que decía.
-Cuando le vi en la universidad y quise ser suya, no me fiaba de nadie, así que le espié.-
-Querrás decir cuando te enamoraste ¿no?.-
-Bueno, para mi es lo mismo. Pero tenía miedo de no saber como acabar. Por eso estuve casi un año entero espiando todo lo que hacía, usted y sus esclavas. Bueno, al menos las siete que descubrí.-
Caramba con la chica, era buena como investigadora. Alguna de mis anteriores esclavas no venían a mi casa. Pero ahora la miré desde otra perspectiva. Ya no era la loca acosadora, ahora la miraba como la asustada que deseaba algo pero asegurándose que no era peligroso lo que deseaba.
Seguimos hablando un rato más. Antes de despedirme de ella quise probarla y ver sus límites de sumisión de una forma algo cruel para darme así la excusa de dejarla sin remordimientos.
Cogí un folio que ya tenía preparado donde ponía “mamadas gratis”, y se lo di.
-Pasea por el parque y sin decir en ningún momento una palabra lo enseñas a quien quieras. Después de cada mamada la escupes en un lado del folio. No quiero que vuelvas hasta haber mamado tres pollas y traer el folio con las tres manchas. Te espero media hora, no más tiempo.-
Se asustó ante la petición. Me miró a la cara y vio mi determinación. Así que dejo su bolso en el banco, cogió el folio y se marchó.
Cogí el bolso de ella y disimuladamente la seguí. No tardó mucho en encontrar a un chaval joven que pasaba corriendo. Le enseñó el papel y al poco estaban tras unos setos. Era una chica guapa, así que su único problema era su pudor, que al parecer tenía poco o ninguno.
Salió del seto con una mancha en el folio en busca del siguiente. El afortunado fue un joven gordito que pasaba con un maletín para guardar un violín o algo del estilo. Le costó trabajo ya que no podía hablar y el chaval creía que era una broma o algún vídeo oculto, pero al final él la llevó detrás de un árbol después de mirar a todos los alrededores.
El tercero le costaba encontrarlo, casi todos los que veía eran parejas. Finalmente fue a por un anciano que simplemente estaba pasando el tiempo sentado en un banco. Desde mi punto de vista fue mala elección, a saber cuanto tardaría el viejo en correrse pero ya me daba igual.
No la esperé, regresé al banco donde habíamos quedado, dejé su bolso y una nota donde le ponía que nos encontraríamos dos semanas después en el mismo sitio. Y me marché no sin antes dar un rodeo y escondido ver como tras un buen rato consiguió hacer feliz al anciano. Ella fue casi corriendo al banco, habían pasado casi cuarenta minutos, un récord sobretodo por el anciano. Se encontró con su bolso y la vi leyendo la nota que guardó mientras se sentaba y lloraba.
Me dieron ganas de ir a consolarla hasta que noté que sus lágrimas eran de alegría. Me marché a casa aún sin saber que hacer con ella.
Pasé una semana dándole vueltas a la cabeza. Sara no paraba de llamarme para saber que había decidido. El domingo llamé a Cristina y le dije que se pasara por casa a comer que quería hablar con las cuatro.
Isabel e Irene estaban arrodilladas en mitad del salón. Cristina sentada en el sillón con María entre sus piernas mientras le acariciaba el pelo.
Les expliqué la historia de Daniela y les dije que no sabía que hacer, y necesitaba que me dieran su opinión.
-¿Le molesta el rabo Amo?.- Dijo Irene tan tranquila.
-No, no es eso, ese tema no es necesario tratarlo, eso no me molesta en absoluto aunque reconozco que no se como voy a reaccionar al verlo.-
-Igual es más grande que la del Señor.- Se rió Cristina.
-Chicas, ya vale de bromas. Esto es serio, hablamos de la vida de una persona. O le digo que no y a saber el daño que le puedo hacer, o le digo que sí, se viene a vivir a esta ciudad, cambia su vida y después no resulta. Seamos serios.-
-No creo que sea muy grande, si lleva hormonándose desde muy joven no se le habrá desarrollado mucho.- Dijo Isabel seria para seguir hablando antes de que la reprendiera. -El Amo se refiere a la posibilidad de que no esté en sus cabales. ¿No es así Amo?.-
Estuvimos casi dos horas hablando sin llegar a nada. Cristina y María estaban con la chica, que era normal que me espiara para saber donde se metía. Isabel e Irene decían que si de verdad era sumisa no tendría que espiar, lo que dice el Amo se hace aunque sea prostitución. Empate y yo con la cabeza que no sabía que hacer. Hasta Ana me vio ensimismado cuando venía a tomar café a casa.
Llegó el sábado y allí estaba sentada en el parque esperándome. El venir desde tan lejos para solo estar un rato charlando, o mamando, y después volver, es un viaje largo y caro, me daba muestras de su entrega. Pero no de su cordura.
Después de los saludos de rigor y de esperar a que terminara de agradecerme el tiempo que perdía con ella, eso lo dijo ella, no yo, decidí entrar en temas más escabrosos.
-Me dijo Sara que quieres operarte, ¿Tan incómoda estás con pene? Me refiero no físicamente sino a la cabeza.- Se puso colorada y pensó unos minutos.
-Deseo ser su esclava más que nada señor, y ya me advertiste que no debo ocultarte nada pero me da mucho miedo contar estas intimidades y que me rechaces.-
-Nunca llegarás a encajar con mis esclavas ni conmigo si ocultas algo. Al final se descubre y es peor. Nunca fui muy aficionado a los azotes salvo para los castigos, y habría seguido así hasta que apareció una de mis esclavas que directamente me dijo que la azotara. He descubierto que me excita con ella y los dos contentos, a las otras esclavas solo las azoto por castigos. Si se hubiera callado o me lo hubiera ocultado, ella estaría en una relación que no le llena por entero. Es importante que no ocultes tus deseos o los pensamientos a tu amo.-
-¿Puedo ya llamarle Amo?.- Me dijo contenta y esperanzada.
-Ni mucho menos, aún quedan temas importantes de los que hablar. El primero es sobre tu pene que no me has contestado.- Se lo dije serio haciendo que volviera su mirada de nuevo a sus zapatos.
-Me cuesta decirlo. Mi padre me obligó a ir a un psicólogo y cuando se lo conté a él me llamó degenerada, con palabras suaves pero en definitiva es lo que me llamó.-
-Yo no soy psicólogo ni juez, pero necesito saber cosas para ver si te integrarás o no.-
-No me molesta el pene.- Lo dijo atropelladamente como para pasar el mal trago lo antes posible.
-Mi pene me gusta y me gusta masturbarme tanto con él como por detrás.- Imposible estar más colorada.
-Entonces ¿porqué te vas a operar?.- Cualquier tipo de operación me aterra, si fuera ella no me acercaba a un quirófano por nada, ni por la posibilidad de tener un amo, o en mi caso de conseguir una esclava o siete.
-Por usted señor. Sólo tiene esclavas mujeres y estoy dispuesta para ser suya.-
Pensé un momento. Esta situación no se da normalmente y no sabía exactamente como reaccionar con una esclava con polla.
-Quiero verlo, levántate la falda y me lo enseñas.-
Se levantó la falda hasta la cintura y se bajó unas bonitas bragas de encajes. Entre las piernas apareció el pene más pequeño que había visto en mi vida. Tendría unos tres o cuatro centímetros algo gordote que para ese tamaño no lo era tanto en realidad. Como una de esas salchichas, pero las normales sin relleno ni las especiales barbacoa, las baratas de paquete de fábrica. Pero no de esa longitud, como ya he dicho era muy corto. Era sonrosado con unos huevos pequeñísimos debajo y bien pegados al cuerpo, estaba totalmente depilada.
No se que me pasó en ese momento pero la verdad es que me gustó, era agradable a la vista y me dieron ganas de tocarlo, incluso de chuparlo. Me vino a la cabeza la de veces que Isabel me decía lo que le gusta sentir como mi polla le crecía en su boca. Mi feroz heterosexualidad apartó esos pensamientos de la cabeza pero mi curiosidad me hizo seguir mirando.
-Quiero que te masturbes.- Le dije mientras miraba alrededor para confirmar que nuestra parte del parque estaba vacía de gente.
Ella empezó a tocar su pollita con dos deditos arriba y abajo pero no se ponía dura.
-Lo siento Señor, estoy muy nerviosa y no puedo.- Dijo muy compungida. Entonces le puse la mano en el muslo y se lo acaricié. Eso basto para que en unos segundos esa pollita creciera hasta un centímetro más.
-¿Es lo más a lo que llega?.- Pregunté curioso sin dejar de mirarla.
-Sí Señor. Lo siento.- Le notaba que se mezclaban la excitación por mi mano con las ganas de llorar por pensar en que me había defraudado.
-No lo sientas, me gusta, es bonita.- No se porqué lo dije y mi parte hetero se arrepintió en seguida.
-Cuéntame sobre tu primo, ¿que hacíais?.- Le dije para cambiar el tema de lo que acaba de decir.
Ella respondió cuando dije que su pollita era bonita con una sonrisa pero se tensó un poco al hablarle de su primo. Dejó de masturbarse e intentó subirse la braga.
-No te he dicho que te vistas ni que pares de masturbarte.- Lo dije tranquilo, sin levantar la voz y mirando alrededor.
Ella siguió su labor masturbatoria con tan solo dos dedos, no creo que se pudiera con la mano entera.
-No se exactamente a que se refiere Señor. El vivía solo en una casa a una manzana de la mía. Al salir del instituto comía en casa rápido y con la excusa de estudiar más tranquila sin el ruido de la tele que mi padre ponía muy alta me iba a su casa a estudiar. Mi madre se imaginaba algo pero mi padre estoy segura que se alegraba de no tener que ver por casa al “mariquita” de su hijo, como él me llamaba.-
Yo seguía acariciando su muslo que era muy suave y con curiosidad me pregunté como se depilaría. Después me enteré que se lo hizo definitivo con láser por todo el cuerpo y que le costó una fortuna que su madre sisaba sin que su padre se enterase. Como está haciendo ahora con la operación, ya que ella no trabaja y los padres le costean la carrera, sobre todo el padre que está contento de tener al “mariquita” lejos del pueblo y de su casa.
-Cuando mi primo me hizo su esclava, al entrar en casa me desnudaba salvo por un tanga o una braga para que no se viese mi pene. A mi primo no le gustaba mucho, se enfadaba conmigo cuando me corría y veía el semen. Solía castigarme si eso pasaba.-
La masturbación estaba dando sus frutos y su respiración era más acelerada así como sus dedos subiendo y bajando mientras su mirada no se apartaba de mi mano acariciando.
-Normalmente el estaba en el sofá viendo la tele, entonces yo tenía que ir a hacerle una mamada.-
La mano que tenía libre agarró la mía sobre su muslo y la apretó cuando unas gotas de semen empezaron a salir sin mucha fuerza resbalando hacia abajo por su pollita. La cara se le crispó de placer y tras un par de exhalaciones se calmó y dejó de mover sus dedos dejando la polla suelta que rápidamente se encogió ese centímetro de más que había ganado.
-¿Ya está?.- Le pregunté más que nada para que siguiera relatando su vida con su primo. Pero ella lo entendió de otra forma.
-Lo siento Señor, es por el tratamiento de hormonas, mis eyaculaciones son pequeñas.- Dijo azorada aunque también pudo ser que aún se recuperaba del orgasmo.
-No me refiero a eso. Sigue con tu primo. Pero no pares de tocarte.- Volvió con sus dedos a tocarse la pollita.
-No creo que se ponga dura otra vez Señor, es también por las hormonas.-
-Eso da igual, no te he dicho que parases y por eso tienes que seguir. Y ahora sigue contando.- Lo dije un poco enojado aunque no lo estaba, quería ver como reaccionaba ante un amo riguroso.
-Después de la mamada a mi primo, le limpiaba la casa y le dejaba preparada la cena. Entonces me iba al salón donde el seguía viendo la tele y me arrodillaba a sus pies. Él me restregaba el pie por mi… polla y me tiraba de mis pezones. Entonces ya tenía algo de pecho, no como ahora que ya es igual que el de una mujer, aunque pequeños. Cuando estaba excitado me volvía y me la metía por detrás. Era entonces cuando me sentía mujer y suya, era mucho el placer que me daba a pesar de que mientras lo hacía me insultaba todo el rato. La humillación me excitaba también mucho. Después se la limpiaba, me bebía su meada y me marchaba a casa. Eso era lo normal Señor.-
-¿Te bebías su meada?.-
-Sí Señor. El tema de la escatología también me excita mucho, me gustaba mucho limpiársela cuando acaba de darme por detrás. A veces los fines de semana que pasaba más tiempo con él me obligaba a comerme sus heces mientras él me meaba. La lluvia dorada me excita tanto que cuando me hacía eso me corría sin tocarme. Entonces él se enfadaba y me abofeteaba hasta ponerme la cara roja. No se lo que puede estar pensando ahora Señor, pero no quiero ocultarle nada.- Seguía tocándose con sus deditos e inclinó la cabeza todo lo que pudo de vergüenza.
-Te dije que no soy juez. Pero si te adelanto que la coprofagia no entra en mis fetiches, ni en los más remotos. Incluso no me agrada verlo, así que si sigues obstinada en ser mi esclava eso no lo tendrás nunca. Lo de la lluvia dorada e incluso beber el pis puede que sí.-
-No me importa Señor. Yo haré lo que usted quiera, no me importa dejar atrás cosas siempre que me acepte.- Cuando dijo eso me pasó una idea por la cabeza.
María pasaba los martes y jueves por mi casa, era un solo día. Pero también se venía los viernes por la tarde y se quedaba hasta el lunes por la mañana que se iba al trabajo. Eso son un par de días en los que nunca la vi defecar. No es que quisiera verla pero de pronto recordé que nunca lo había hecho ya que tenía órdenes de avisarme si lo hacía para limpiarla, cosa que tampoco me apetecía mucho pero lo consideré como un acto más del dueño a su mascota. Quizás con Daniela tendría la solución a ese problema matando dos pájaros de un tiro.
Vaya, pensé, ya estoy incluyendo a Daniela en la familia.
-Hay una cosa en la que tengo mis dudas contigo Daniela. Si eres tan sumisa como estoy viendo y me dices, si tanto deseas tener un amo. ¿Como es que te da tanto rechazo la prostitución? Sabes que un amo tiene derecho a eso y a más.-
-Ya lo sé Señor. No es la prostitución en sí. A veces mi primo invitaba algún amigo a casa. Tenía dos que también eran amos y solían venir con sus esclavas, ellas eran nacidas mujeres lo que aprovechaba mi primo para humillarme más e insultarme, soy una degenerada porque eso me gustaba. El caso Señor es que a ellas sus amos las prostituían y para hacerlas más receptivas a los clientes como ellos decían, las drogaban. Al principio no le daba importancia pero con el paso del tiempo pude ver como sus cuerpos se marchitaban rápidamente y parecían bobaliconas. Además muchas veces venían con marcas de que les pegaban. Eso me aterró pero lo peor fue cuando me enteré que uno de ellos vendió a su esclava, no se a quien ni donde fue pero no volví a verla. Y el otro dejó a la suya por que contrajo una enfermedad venérea grave. A veces la veía a la pobre haciendo la calle como una sombra de lo que fue. También lo asocié a unos compañeros del instituto que también tomaban drogas y vi como acabaron. Desde entonces las drogas y la prostitución me asustaron mucho Señor. Yo me entrego a un amo para lo que él decida pero si me va a vender o abandonar después de destrozar mi cuerpo me da mucho miedo mi futuro.-
Esa historia me disipó las dudas sobre si su locura de acoso eran reales o no. O yo quise que se disiparan, empezaba a gustarme esa rubita de cara angelical.
-¿Llevas sujetador?.-
-Sí Señor. Aunque son pechos pequeños lo necesito, no son tan pequeños como muchos piensan cuando les dices que eres trans.-
-¿Pero operados?.-
-¡No!, es gracias al tratamiento que llevo desde chica.- Dijo orgullosa sacando el pecho imperceptiblemente hacia delante.
-Quítate el sujetador, quiero verlos.- Dije en el tono que seguía desde hace rato de amo riguroso.
Tímidamente miró a nuestro alrededor para asegurarse que no había nadie. Se apartó las tiras del vestido y se lo bajó hasta el vientre. Se quitó el sujetador a juego con sus braguitas de encaje y aparecieron dos hermosas tetas. Es verdad que no muy grandes pero justas para abarcarlas con la mano con unas areolas marroncitas que destacaban sobre su piel algo morena, y unos pezones medianitos y del mismo tono que las areolas, eso sí, se le veían duros. Pero de nuevo los piercings que tanto me molestan estaban ahí en sus pezones, dos barritas discretas.
-Bien, termina de quitarte las bragas y nos vamos a tomar algo que todavía tenemos que hablar de otros temas.- Lo dije seco.
-Es que… Señor, no es bueno que vaya sin bragas. Aunque no llevo ropa ceñida si me empalmo se notará sobre la falda.-
-Ese no es mi problema, venga vamos.-
Resignada fue a ponerse el sujetador y la paré negando con la cabeza. Se alisó el vestido, guardó su ropa interior en su bolso y me siguió.
-Me da mucha vergüenza Señor. Mis pechos son muy sensibles y solo el roce del vestido hace que se noten mucho, sobre todo los piercings.- Me dijo mientras andábamos por el parque. La miré y era cierto, los pezones se notaban sobre su vestido veraniego, pero no le hice caso y en silencio seguimos hasta una terraza de un bar. Ella se sentó agradecida de no atraer miradas disimulando con su bolso en la silla. Pedimos un par de refrescos.
-Queda una cosa importante Daniela. Aún no me he decidido pero si te aceptara ¿como vivirías?.-
-Ya he terminado mis estudios de económicas, buscaría trabajo y me da igual aquí que en la otra ciudad, por que a la mía no puedo volver, mi padre no me dejará.-
Es verdad que en mi empresa siendo el gerente puedo poner a quien quiera, como hice con Irene, pero no me gusta hacer ese tipo de cosas ni tampoco abusar por si necesito esos favores más adelante.
Ya había tomado una decisión, no fue racional, fue las imágenes de estar dándole por el culo mientras tiraba de esos pezoncitos pequeños. Su forma de hablar, de explicarse y de actuar me parecieron de una persona sensata y no de una alocada enamorada y eso facilitó que mi otro cerebro decidiera por el más lógico.
-Te voy a proponer algo que decidirá si te acepto.- En ese momento que bajaba su vaso de refresco a la mesa casi se le cae al no apoyarlo bien. Me miró con una sonrisa de oreja a oreja que la hacia muy guapa, quizá si sus ojos hubieran sido color miel no me hubiera contenido a besarla.
-Lo haré Señor.- Me dijo al interrumpirme.
-Daniela empiezas con mal pie. A mi no se me interrumpe, eso lo primero, lo segundo es que no sabes lo que propondré y no me gustan las personas insensatas. Tendrás que escucharlo y decidir después.- Mi propuesta era una tontería no una prueba pero me salió así para intentar no enfadarme mucho con su interrupción.
-Lo siento Señor. Por favor perdóneme.- Me dijo en un hilo de voz con la cabeza gacha.
-Te lo voy a perdonar ya que no eres mi esclava aún pero si algún día lo eres me recordarás que te castigue por esto, así veré si tienes memoria.- Levantó la cabeza sonriendo no queriendo decir nada para no interrumpirme pero sabiendo que algún día sería mi esclava.
-Te doy de plazo una semana para buscar trabajo aquí, me da igual de lo que sea pero de jornada completa y lo suficiente para vivir y pagar un alquiler. Eso no quita que mientras trabajas puedas buscar otro trabajo mejor que ese primero, pero en una semana debes tener un contrato, si lo consigues, al igual que con los contratos reales, estarás a prueba conmigo y mis esclavas. Por que tenemos que aceptarte todos, si veo que no congenias con mi familia, lo sentiré mucho pero tendrás que dejarnos, ellas son lo más importante para mi y no les impondré una esclava con la que no estén a gusto. Ahora tenemos una relación estupenda y no quiero que cambie. ¿Lo tienes claro?.-
-Sí Señor. ¿Puede ser cualquier trabajo? No sé, de camarera que ahora en verano a lo mejor me es fácil encontrarlo.-
-De lo que sea, primero consigue el trabajo y con el contrato en la mano pasarás a estar a prueba conmigo. El piso de alquiler te ayudo a buscarlo si quieres.-
-Gracias Señor. Gracias. ¿Puedo llamarlo Amo?.- Dijo muy feliz.
-No hasta el contrato. Otro detalle, no me gustan los piercings, si quieres estar conmigo todos fuera, pechos, lengua, nariz e incluso pendiente.-
-¿El del ombligo también Señor?.-
-Todos.-
Charlamos un poco más para convencerme que no metía en mi vida a una loca y nos despedimos con el intercambio de los teléfonos. La vi alejarse contoneándose de felicidad.
Se lo conté a Sara que también se alegró mucho y a mis chicas que lo recibieron con algo de frialdad, esta vez sin bromas. Estábamos muy a gusto los cinco, encajando como un puzle y no les gustaba que entrase nadie más, aunque ellas sabían que tenía pensado llegar a las siete esclavas.
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