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Las siete 9

María siempre había sido la vecina curiosa, pero esa noche decidió cruzar la línea. No buscaba solo chismes, sino convertirse en la pieza más dócil de su colección privada. Ahora, con collar y correa, su vida ya no le pertenece.

Mariscal6.5K vistas9.5· 17 votos
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Capítulo 9.

Isabel e Irene llegaron puntuales esa tarde de sábado. Como María me había dejado con ganas de mascota, las hice ir a cuatro patas de la correa por la casa usando el culo de Irene con la fusta para que fueran más rápido.

Me resistía un poco a tener sexo, me apetecía pero aún quería tener el recuerdo de la noche pasada con María.

A final de la tarde me llamó para quedar a cenar fuera. Le mentí, le dije que había quedado con mis esclavas a cenar, la invité a unirse pero declinó y quedamos en llamarnos para el siguiente fin de semana. Me senté en el ordenador e hice de nuevo otro pedido para ella con entrega el jueves o viernes.

Pensé en convertir la mentira en verdad y les dije a mis esclavas que salíamos a cenar fuera. Me gustaba pinchar a mi vecina Ana y como le tenía la hora tomada en la que salían todos los sábados, solía intentar coincidir con ella y su marido. Pero esta vez me despisté y salimos un poco antes.

Al salir del portal con mis esclavas a ambos lados, nos quedamos decidiendo a donde íbamos a cenar. Entonces apareció ella sola.

-Buenas noches vecino y compañía, o ¿debería decir esclavas? ¿debo saludarlas?.- Me dijo mirándome fijamente. Isabel e Irene se pusieron coloradas.

-Claro que puedes saludarlas, y te agradecería que no las llames así en la calle. Esto ya lo hablamos hace tiempo tomando café.- Le dije serio.

-Perdón.- Dijo realmente arrepentida por ellas. -¿Quien fue la afortunada de anoche? ¿O eso tampoco puedo preguntarlo?.- Dijo con algo de malicia.

Mis dos esclavas bajaron la cabeza con algo de vergüenza pero sobretodo con envidia y curiosidad de lo que pasó la noche anterior.

-La de anoche no viene hoy. Quizás más adelante. ¿Tanto ruido hicimos?.- Pregunté algo alarmado.

No quería ser el objeto de los cuchicheos del edificio.

-Pues sí, sobre todo ella.-

-¿Aprovechasteis el morbo tu marido y tú?.- Le dije devolviendo su pelota.

No dijo nada, se enfadó aunque yo sabía que el lunes volvería a por su café y que era más una pose que otra cosa. Se volvió para volver a entrar en el portal pero en ese momento salió su marido.

-Cariño ¿que te ha pasado que has salido tan rápida sin esperarme?.- La pregunta del marido me sacó una sonrisa y ella se puso roja avergonzada. La había pillado, me escuchó salir y salió tras de mí para curiosear.

-Buenas noches vecino, ¿otro sábado de diversión?.- Le dije riendo.

El marido tenía ya cierta confianza conmigo y entendía que su mujer más aún, por tomar un café conmigo todos los días. Se me acercó al oído.

-Igual hacemos doblete, ayer y hoy.- Y se separó con una carcajada que le acompañé.

Cada uno nos fuimos en direcciones opuestas. Al regresar de la cena y algunas copas en las que las chicas se divirtieron mucho bailando, le dije a Irene que la acompañábamos a casa. Hizo algunos pucheros fingidos y se agarró a mi.

-Amo por favor, puedo dormir en la otra habitación si quiere mientras escucho los libros. Así si mañana tiene que hacer ejercicio me ofrezco para que me use con la fusta o el látigo.- Me dijo guiñándome un ojo.

-Está bien, pero no te acostumbres.- Subimos con una Irene contenta.

Nos acostamos los tres pero yo les dije que no quería sexo. Si ellas les apetecía les daba permiso pero sin molestar mucho.

Fue mala idea. El sesenta y nueve que tenía a mi lado me calentó mucho y aunque seguía resistiéndome a mi polla le dio igual y me pidió guerra. Isabel estaba tumbada boca arriba e Irene sobre ella ambas chupando el coño de la otra. Empecé por pajearme despacio mientras miraba. Isabel se dio cuenta y quiso hacerlo ella, le aparté la mano pero recapacité y la dejé hacer.

Después de un rato, me puse de rodillas detrás de Irene, le aparté los cachetes del culo y puse un poco de lubricante. Mi polla entró despacio mientras miraba los ojos de Isabel debajo comiendo el coño golosa por que llegaran mis huevos para lamerlos. Una vez dentro entera empecé a bombear con fuerza. Isabel apenas podía lamer mis huevos con la velocidad con la que iba. Recordé la noche con María y me resistí a borrar ese recuerdo antes de tiempo, así que aminoré y se la saqué. Me volví y me puse delante de Isabel, le coloqué la almohada bajo la espalda y se la metí en el coño encharcado mientras Irene seguía chupando mi polla mientras entraba. No aguanté mucho y me corrí a los pocos minutos, pero Isabel también lo hizo al mismo tiempo que yo. Una vez mi polla fuera ya flácida, Irene se dedicó a limpiarla.

-Primera, esta zorra se ha portado bien. Haz que se corra rápido o te irás a dormir a la otra habitación.- Le dije a Isabel que estaba algo lacia de su orgasmo. Pero sacó fuerzas y chupó directamente el clítoris de Irene que cayó con su orgasmo encima de ella mirándome y susurrando “gracias Amo”.

Definitivamente tendría que cambiar la cama de matrimonio por una king. Sospechaba que cada vez sería más frecuente que estuviéramos más de dos en la cama para dormir. Me llegó el sueño pensando en eso mientras buscaba hueco entre mis dos calientes esclavas que me apretaban por cada lado.

El martes por la mañana mientras trabajaba en casa recibo un wasap de María.

-”Podemos vernos esta noche?”-

-”No sé, entre semana estoy muy liado. Ocurre algo?”-

Se marcó que lo había leído pero no respondía así que dejé el teléfono y seguí a lo mío. Al minuto contestó.

-”Eres un cabrón. No se como lo has hecho pero necesito verte.”-

-”Estás enfadada conmigo? Si yo no he hecho nada.”-

-”Sabías que jugaría a lo de ser gatita. Así que ahora te toca a ti.”-

-”Esta conversación es muy rara. Te llamo y aclaramos?.”-

-”NO!, estoy en el trabajo. Y no es rara, estuve el domingo y ayer jugando con el collar por casa. Tú sabías que lo haría y sabías lo que pasaría. Estoy muy cachonda y te necesito esta noche.”-

-”Las gatitas y las perritas saben lamerse donde les pica. Tú tienes la ventaja de los dedos.”-

-”Déjate de dedos que ya los he usado, necesito tú polla. Quedamos o me dejas tirada?”.-

-”Pásate a eso de las siete, y no te olvides del collar, sin él no podrás entrar en mi casa.”-

-”Cabrón.”- No puso nada más hasta pasada una hora donde me escribió un escueto “ok”.

A las siete en punto llegó a mi casa. Cuando le interesa es puntual. Nada más entrar la agarré en el vestíbulo y la estuve besando y tocando, al igual que ella conmigo.

Abrí una de las taquillas que tengo para mis esclavas y me fijé que traía un bolso de viaje.

-Deja aquí la ropa, el bolso y ponte el collar.- Le dije mirándola con lujuria.

-Eres un hijo de puta. Al final me convertirás en una de tus esclavas.- Pese al aparente enfado se fue desvistiendo y dejando la ropa en la taquilla.

-Yo no te voy a convertir en nada, serás tú la que lo hagas por el simple hecho de que te gusta y lo necesitas.- Terminó de desvestirse y se colocó el collar que le había regalado. Le enganché la correa y suavemente con la mano en su hombro la empujé hasta que se puso a cuatro patas. Desde abajo me miraba sumisa y seria. Y sin yo decirle nada, sacó de su bolso las rodilleras y los guantes hechos de pelos imitación a una gata, o perra, que también le regalé junto con el collar. Se los puso algo nerviosa. Una vez lista tiré de la correa y me siguió al salón, aunque ella quiso ir por el pasillo imagino que camino del dormitorio. Pero no la dejé, tiré fuerte y con un ligero gruñido me siguió.

Me senté en el sillón del salón con ella a mis pies mirando expectante.

-Túmbate boca arriba gatita.- Dije con el típico tono que se usa para un animal, como cantando.

Dudó unos segundos y se tumbó. Empecé a acariciar sus pechos, su barriga pero sin llegar al monte de venus que seguía enmarañado de pelos.

Tras un rato acariciando y notando sus pezones duros no pudo aguantar más y suplicó.

-Fóllame ya Hugo, por favor.-

-No, no, no.- Decía cantando igual que cuando enseñas a una mascota como si te entendiese o le hablases a un bebé. -Las gatitas no hablan, maúllan o ladran.-

-Cabrón, estoy muy caliente.-

-Si sigues así tendré que castigarte y te quedarás sin sexo.- Decía tranquilo en el mismo tono y divirtiéndome de la situación.

-Miauuu, miauuu- Empezó a decir de forma lastimera.

Llevé mi mano a su coño y le agarré los pelos dando pequeños tirones y mesándolos.

-Estos pelos no me gustan nada, tendrás que deshacerte de ellos lo antes posible gatita.-

Ella seguía maullando implorando y abriendo todo lo que podía sus piernas sin dejar de mirarme a la cara. Metí dos dedos en su coño empapado. Y era verdad que estaba muy caliente. No llegué ni a rozar su clítoris y en menos de un minuto se corrió con espasmos en las piernas.

Me gustaban sus orgasmos, no era el primero que le veía como sus piernas se descontrolaban. Muchas chicas es casi al revés, las piernas se quedan algo rígidas mientras el resto del cuerpo convulsiona. Ella se quedaba lacia de cintura para arriba con algunos pequeños temblores, pero eran las piernas las que se movían sin control viendo como los muslos eran como flanes.

Quedó tumbada y relajada en el suelo. La dejé unos quince minutos.

-Hasta ahora no has visto la casa entera, sólo el salón y el dormitorio. Levanta que te enseño una habitación importante, la sala de los castigos. Aunque esa es sólo para gatitas malas, debes conocerla.- Me puse de pie y tiré de la correa. Fue a levantarse y con suavidad le empujé para que quedara a cuatro patas. Mi miró enfadada pero accedió a seguirme gateando.

Entramos en la sala de los castigos y al encender la luz se sentó sobre sus talones.

-Dios mío.- Dijo sorprendida y asustada. -Esto no Hugo, por esto no paso. No estoy tan loca.-

-Gatita, esto es para que veas donde se dan los castigos. Que no te asuste lo que veas, el castigo depende de la intensidad con la que se aplique, da igual que sea en un potro o en una silla del salón. Que se realice con un látigo o con una cuchara de cocinar. Y te advierto que si sigues hablando acabarás aquí gatita.-

Me miró con odio unos segundos para después soltar un maullido forzado.

Tiré de nuevo de la correa y la llevé al salón. La dejé a cuatro patas y me arrodillé detrás de ella para acariciarle las tetas con una mano mientras la otra se aventuró en su coño que seguía mojado. Entonces soltó otro maullido y esta vez de placer. Cuando la noté ya muy excitada saqué mi polla y se la metí muy despacio. Tan despacio la metía que ella intentó echarse hacia atrás para meterla entera y de un azote en el culo la paré.

-No gatita, entrará como yo quiera. Y esta vez quiero sentirte por dentro. Hum… me gusta lo que siento. Estás suavecita y calentita.- Seguí despacio hasta llegar a meterla entera. Entonces empecé el vaivén de forma cadenciosa, sin prisas y disfrutando mientras le acariciaba la espalda.

-Cuanto me gusta mi gatita. No te corras aún, espera a tu dueño.- Le decía. Ella soltaba gemidos intercalados con maullidos.

Cuando ya no podía más aumenté el ritmo hasta soltar mi corrida con un fuerte suspiro y ella me acompañó con una exhalación. Me senté en el suelo y dejé que ella se acurrucara a mi lado para reponernos.

Al rato, me levanté y tiré de la correa. Ella se sorprendió un poco ya que estaba medio dormida pero se puso a cuatro patas y me siguió. Fuimos a la cocina.

-Antes de que llegaras he comprado la cena. No se si te apetece quedarte esta noche, pero al menos cenada te irás. He comprado pensando en mi gatita salmón y bacalao ahumado.-

Me miró sonriendo y se pasó la lengua por los labios soltando un maullido.

Puse su comida en un cuenco y se la dejé a los pies de la mesa.

-¿Vas a hacer que coma en el suelo?.- Me preguntó indignada.

-Tranquila gatita, recuerda que no puedes hablar.- Me di cuenta que estaba yendo demasiado deprisa. -Llevas razón, ven ponte cerca de mi, te daré yo de cenar.-

Se arrodilló a mis pies y mientras yo cenaba le iba pasando comida a ella con mi mano. Eso si lo aceptó. Cenamos en silencio y al terminar puse en el cuenco leche y lo dejé en el suelo. Esta vez no dijo nada, se acercó, la olió y empezó a darle lametazos hasta acabarla.

-Gatita buena, ven que te limpie los morritos.- Se acercó sonriendo con los labios blancos de la leche y cuando le iba a pasar una servilleta me lo pensé. Me acerqué a ella y la limpie con mi lengua mientras ella abría su boca intentando agarrarla.

Tiré de la correa y la llevé al dormitorio.

-¿Te quedarás esta noche?¿Has traído lo necesario para ir mañana al trabajo?- Le pregunté nada más entrar en la habitación.

Giró la cabeza sonriente y maulló afirmando.

-Pues quítate las rodilleras y los guantes y sube a la cama. Pero recuerda una cosa, tienes prohibido subirte a sillones o a la cama si tu dueño no te lo permite. No quiero que lo llenes todo de pelos.- Le dije con una mueca graciosa mientras yo me acostaba boca arriba.

Entró en la cama y fue derecha a chuparme la polla. La dejé hacer, a las gatitas hay poco que puedas obligarle a hacer o negarle. Y cuando la consideró ya lo suficientemente dura, cabalgó sobre ella.

Yo le tiraba de los pezones y la miraba a la cara. Esa cara tan guapa con una expresión de placer mirándome a los ojos me volvía loco y en cuanto dio varios pequeños maullidos no pude más y me corrí. Ella no había llegado e intentaba seguir mientras mi polla aún no se había retirado. Bajé una mano, y busqué su agujero entre los cachetes, le metí un dedo en el culo y se corrió al instante cayendo sobre mi pecho.

Muy temprano entresueños la escuché levantarse y asearse. Apareció ya vestida en el dormitorio. Se me acercó y me besó en la frente diciendo: “Gracias mi dueño”. Y se marchó.

Más tarde me llegó un wasap de ella.

-”A que hora voy esta tarde?”-

-”Hoy no puedo, de verdad me es imposible quedar”- Le respondí mintiendo.

-”Eres muy malo con tu gatita, miauuu”-

-”Podemos quedar el jueves”- Le respondí.

-”Hecho, allí estaré. Ya lo estoy deseando. Y ya estoy depilada.”- Eso respondió sin saber que para ese día mis planes eran ya someterla del todo o dejarla marchar. Me dolería mucho pero otro tipo de relación con ella no cabía en la forma en que quería llevar mi vida en ese momento.

El jueves por la mañana me llamó por teléfono.

-¿Has vuelto a enviarme una caja regalo?-

-Sí, ¿la has abierto ya?- Le pregunté.

-Sí, son preciosas pero no se a que viene.-

-Es muy sencillo, son cinco gargantillas. Una para cada día de la semana que trabajas. Así podrás llevar una cada día distinta.-

-Son muy bonitas pero sigo sin ver por qué lo has hecho.- Me dijo muy intrigada.

-Son gargantillas de esclava.- Eran cuatro en acero inoxidable donde los eslabones eran de forma sutil hechas como si fueran una correa. La otra de cuero y terciopelo negro. Todas se unían en el centro con distintas formas, corazón, una llave, un eslabón más grande que el resto, un pequeño candado y un aro la de cuero. Las cinco era elegantes y sobretodo muy discretas para que pudiera ponérselas sin llamar la atención.

Se quedó un rato en silencio y pude notar que por los ruidos de alrededor estaba en la calle, no en la oficina.

-¿Soy ya tu esclava? Creo que me dijiste que era yo quien decidía.-

-Y así es. Pero como te conozco y sé tú decisión he pensado en hacerte ese regalo para celebrarlo. Mientras vayas a trabajar quiero que lleves una de ellas siempre. Claro, si aceptas. Pero mejor si prefieres lo hablamos esta tarde. Si vienes es porque lo tienes ya claro, pero si dudas mejor no vengas. No quiero ni es bueno dilatar la decisión que por otro lado estoy seguro que has tomado.-

-Eres un cabrón.-

-Sí, creo que eso ya me lo has dicho alguna vez. Entonces ¿te espero esta tarde o no?.-

-Sí.- Y colgó.

Esta vez no llegó puntual como la otra, fueron veinte minutos tarde. Quizás estuvo pensando o simplemente le fue imposible. Su impuntualidad me daba igual, para lo que quería de ella lo hacía hasta más morboso eso de tener un gata que viene y va a su antojo.

Al entrar me fijé que llevaba una de las gargantillas. Se agarró a mi cuello y me besó durante un rato. Le señalé la taquilla número cuatro.

-Sí, ya sé. Me desnudo y lo dejo todo en la taquilla ¿no?.- Simplemente asentí con la cabeza.

Se desnudó y se puso sus guantes y rodilleras. Se quitó la gargantilla y la cambió por el collar. Y lo que más me gustó es que cogió la correa, se la enganchó y se arrodilló ofreciéndomela.

Tiré de ella y la llevé al salón pero esta vez la dejé en mitad de rodillas y yo me senté en el sillón. Hizo la intención de venir hacia mi pero la frené con un gesto de la mano.

-Antes de seguir debo decirte lo que espero de ti. Si en algún momento no entiendes o tienes dudas de algo te esperarás a que termine cada punto y te de la opción de preguntar. Si me interrumpes serás castigada.- Lo dije serio, tanto que creo que se asustó.

-No debes tener miedo, en cualquier momento que desees puedes marcharte. Yo no obligo y además suelo ser muy permisivo. Pero sí debes recordar una cosa y es que si te marchas no volverás. Ya te lo he dicho con anterioridad, no busco otro tipo de relación. Eso no quita que si te marchas cuando te vea en el trabajo no te salude o charle contigo si lo deseas. ¿Entendido?.-

-Sí, por ahora todo claro.- Seguía algo asustada.

-Lo primero es que no puedes hablar salvo que te lo indique expresamente o debas decirme algo importante. Para afirmar usa un maullido o ladrido y para negar utiliza dos. Te dejo usar ambos, ladridos o maullidos aunque me gustan más los de gatita.- Le dije sonriendo tratando de relajar el ambiente.

-Miau.- Dijo algo menos tensa.

-Empezamos por la jerarquía, tengo como sabes otras tres esclavas más y te aseguro que no serán las únicas. Los celos entre esclavas no tienen sentido en esta relación así que si los tienes lo mejor es dejarlo. En cuanto a la jerarquía por ahora la que está arriba es Primera, aunque en temas de la casa es Segunda quien manda. Tú no entrarás en esa estructura por ahora, ya veremos como funciona. Serás independiente y sólo estarás sometida a mi y bajo mis órdenes. Eso quiere decir que aunque ellas te puedan dar órdenes tienes la libertad de hacer lo que quieras. Es más o menos como funciona una gatita.- Le dije sonriendo. Me devolvió la sonrisa ya claramente relajada.

-Te voy a dar una llave de la casa para que vengas siempre que te apetezca aunque no avises. Eso te puede llevar a encontrarte con situaciones en la casa que a lo mejor no esperabas. Lo que debes hacer nada más entrar y cambiarte es buscarme y besarme los pies. También puedes marcharte cuando quieras siempre que de nuevo antes de irte vengas a besarme los pies. Como te doy libertad para ir y venir a tu antojo, esa es la manera que tendré de saber si estás o no en casa. Por supuesto, si vienes y no estoy, en cuanto me oigas entrar vendrás complaciente a besarme los pies. ¿De acuerdo?.- La vi alegrarse cuando le dije lo de la llave pero extrañarse con lo de besar los pies.

-Miau.-

-Mañana mismo compraré una serie de cosas para tu uso. Primero una cama de mascota de tu tamaño. Me hubiera gustado que fuese de gata pero no las hay tan grandes, así que será de perrita. Estará siempre aquí en el salón y será tu sitio para dormir durante el día, si alguna vez te quedas de noche la llevaremos a mi dormitorio donde dormirás independientemente de si juego contigo en la cama antes. Tienes prohibido subirte a sillones o a la cama sin mi permiso ¿Entendido?.-

-Miauuuu.- Ya le iba gustando más lo que le decía.

-Lo segundo y tercero quizás no te guste tanto. Compraré unos cuencos para ponerte la comida y el agua y estarán en el suelo de la cocina. Ni para comer o beber puedes usar tus “patitas”. Y no te preocupes si te ensucias, tu dueño estará pendiente por si te tiene que limpiar y ya te aviso que aunque a las gatitas no le gusta el agua, de forma regular te bañaré.-

-Miauuu.- Se movía algo inquieta queriendo jugar ya.

-Lo que más te va a costar, cerca de los cuencos pondremos un arenero para que hagas tus cosas, todas, no sólo el pipí. Se que eso tardarás en asimilarlo pero estoy seguro que como buena gatita aprenderás a hacerlo sin problemas, y a avisar a tu dueño para que después te limpie.-

Me miró con la cabeza de lado pensando que igual eso le costaría.

-Tu forma de actuar es la de una mascota, no pienses y hazlo como ellas hacen. Ya te iré enseñando. Por supuesto no dejas de ser mi esclava, así que si quiero sexo no necesito pedirlo, estarás siempre dispuesta y complaciente. Como también lo harás si te lo pido con alguna de mis esclavas o a quien yo considere. Pero recuerda dos cosas, primera que tienes que confiar en mi y segunda que no haré que esta relación interfiera en tu otra vida.-

Levantó dudando la mano para preguntar.

-No necesitas levantar la mano como en el colegio. Entiendo que muchas cosas no se pueden decir con unos simples maullidos, cuando tengas que hablar hazlo, pero nunca me interrumpas.-

-¿Y si soy yo la que quiere sexo?.- Dijo con una amplia sonrisa.

-Puedes insinuarte pero al final la decisión es mía, por mucho que lo desees si no me apetece o simplemente no quiero, tendrás que buscarte otra solución. A las otras esclavas les tengo prohibido la masturbación, a ti no.-

-Me da miedo eso que dices de hacerlo con las otras esclavas, nunca he estado con una mujer, pero sobre todo lo de hacerlo con otras personas que me digas. Eso me suena a prostitución.-

-No es eso. Esas otras personas serán de mi confianza y no creas que hay orgías continuamente. Desde que estoy en esta ciudad aún no he estado en ninguna, pero es algo de debes saber si llega el caso. En cuanto con otras mujeres no es más que una ampliación al concepto que tienes del sexo y te aseguro que lo disfrutarás. Y antes de seguir, cuando me hables siempre debes decirme Amo o en tu caso Dueño.-

-Sí mi Dueño. ¿Puedo hacer una petición?.-

-Claro, dime pero ya veré si la acepto o no.-

-Estoy muy excitada, mucho mi Dueño. Pero aún tengo algo de miedo, esto va muy rápido. Lo que yo creía que sería una serie de polvos sin saber a que nos llevaría resulta que me ha llevado después de un par de ellos a ser esclava. Tengo muchas ganas de entrar en esto pero le pido a mi Dueño que sea comprensivo y no me fuerce tan rápido en algunas cosas.-

-No te preocupes gatita, iremos a tu ritmo. Ahora viene lo más delicado, los castigos. Tus faltas como mascota serán castigadas con azotes de la mano en el culo, pero tus faltas como esclava serán en la sala de castigos y allí dependiendo de la falta se usarán la fusta, el látigo o lo que considere. Pero no te asustes, no soy de usarla mucho y mi cuota sádica se la lleva Tercera, así que no seré de castigos fuertes. Además esa sala puedo usarla con cualquier esclava simplemente por placer pero contigo haré una excepción y sólo se usará para castigarte si has cometido algún fallo.-

-Miau.- Dijo metiendo su cabeza entre sus brazos con falso miedo.

-Por ahora ya está. Aunque te he dicho que puedes venir cuando quieras sin avisar, ten en cuenta si te quedas a comer o cenar para tenerlo previsto.-

-¿Y a desayunar mi Dueño?.- Dijo sacando la cabeza de entre sus brazos con carita de niña buena.

-También a desayunar. Y procura cuando vengas ponerte antes un enema y si piensas pasar varios días aquí como los fines de semana igual. Me gustan los culitos limpios.-

-¿Puedo decirle algo mi Dueño?.- Hice un gesto para que continuase.

-No sabía que esto iba a pasar, ni las condiciones ni la forma de llevar la relación. Pero como aún me daba y me da algo de reparos de hacerlo con sus esclavas delante ya pensé en una solución y hablé con mi jefe. Me deja los martes y jueves hacer teletrabajo. Así que la noche del lunes al martes y la del miércoles al jueves puedo hacer todo el trabajo y tener esos días enteros libres.-

-Pero por la mañana estarás agotada de estar toda la noche trabajando y sin dormir.-

-Ya, pero pensaba dormir mientras mi Dueño trabaja. Además ahora me va a comprar un camita ¿no?.- Me dijo pícara.

-Bueno, no lo había pensado pero no me importa poner otra mesa en mi despacho con un ordenador para ti.-

-No, trabajaré en mi casa y cuando termine me vengo aquí.-

-Vale, haz lo que veas, ya te he dicho que te doy la llave. ¿Esta noche te quedarás a dormir?.-

-Miauuu.- Dijo lasciva y pasándose la lengua por los labios.

-Pues vamos al ordenador a buscar y comprar una colita para ponerte en el culito de gatita.-

-Ya lo he hecho mi Dueño. En realidad me he comprado dos. Una tipo zorrita color ámbar con la punta blanca y otra más de gatita con bandas negras y grises. No pude elegir una y me las he comprado las dos, se supone que me llegan el lunes. También me he comprado una diadema con orejas de gatita, espero que le gusten a mi Dueño.- Mi miró y volvió a pasarse la lengua por los labios.

-Seguro que sí. Ahora vamos,- tiré de la correa, -a la cama que antes de cenar te dejaré subirte a ella un rato.-

La llevé al dormitorio que esa misma mañana me había llegado la cama tamaño king y pasamos la de matrimonio al dormitorio donde está la cinta y la bicicleta que quedó a pesar de todo holgada ya que la habitación era grande. No tanto como la sala de castigos donde puse la cama individual que me sobraba, medio convertida en sofá y ajustando un poco el resto de los muebles.

Follamos con cariño, como celebrando lo que nos estaba por llegar con nuestra nueva relación. Tras descansar un poco salimos a cenar y no puso ningún reparo esta vez en que le pusiera la comida en un bol en el suelo. Me miró y con una sonrisa de mala, empujó el bol con la nariz hasta ponerlo de forma que para comer se inclinara dándome la espalda y así mostrándome su culo que lo movía graciosamente.

Después de cenar le limpie la cara y sin decirle nada me fui al sofá a ver una película. Ella vino detrás de mi gateando y cuando me senté se restregó un poco en mis piernas hasta encontrar una postura cómoda y se tumbó.

Al terminar la película la llevé de la correa al baño.

-Aún no tenemos arenero, así que puedes usar el retrete antes de dormir.- Le dije sin soltar la correa.

-¿Pero mi Dueño estará delante?.-

-Claro, además tendré que limpiarte ¿no?.-

Dudo unos instantes y se sentó mirando al suelo pero sin poder hacerlo.

-Lo siento, pero contigo delante no me sale. Me pongo nerviosa.-

Antes de que le recriminara la forma de hablar se dio cuenta.

-Mi Dueño.-

-Espera que te ayudo.- Me agaché frente a ella y le abrí las piernas. Con una mano le acariciaba el monte de venus y al mismo tiempo le soplaba sobre su vulva.

-Así noooo, eso me calienta mi dueño. Que gustito.- Decía cerrando los ojos y al poco empezó a echar un chorro continuo. Cuando terminó cogí un trozo de papel y la limpie. Tiré de la correa para apartarla y orinar yo. Se quedó de rodillas a mi lado viendo curiosa como mi chorro caía en el retrete.

Nos fuimos a la cama donde volvimos a follar de forma sosegada y acaramelada. Ya tendría tiempo de juegos más pasionales, ahora me apetecía algo más afectuoso.

Cuando me desperté a la mañana siguiente ya no estaba ella, pero al levantarme me molestó un papel en mis pies. Era un pósit pegado en mi planta del pie con un beso dibujado. No pude reprimir una carcajada.

Mi fin de semana fue lo ya habitual. Estuve follando con Isabel y con Irene aunque a esta sobre todo la llevaba a la sala de castigos donde se corría como un perra nada más sentir el látigo o la fusta. Les expliqué la novedad de María o Cuarta o Gatita.

El martes recién levantado desayunando escuché la puerta. Pensé que sería Cristina pero al mirar la hora me di cuenta que lo más seguro es que fuese María.

Entró gateando en la cocina, me miró y me besó los pies. Llevaba ya puesta la diadema de orejas de gatita y la cola de zorrita. Quiso arrodillarse poniendo su culo en los talones pero la posición le incomodó y lo hizo de lado.

-Mi Dueño, perdón por hablar pero la cola me molesta mucho y me duele una barbaridad.- Puso carita apenada.

-Claro gatita, tienes que seguir una semana más o menos con los plugs hasta que tu esfínter se acomode, entonces la llevarás sin problemas. Ve a quitártela y ponte el plug.-

-Miau.- Y salió de la cocina. Tardaba un poco y al terminar mi desayuno y dirigirme al despacho a trabajar me la encontré en la cama que le había puesto en el salón totalmente dormida.

Al poco rato escuché a Cristina llegar y en cinco minutos la tenía en la puerta del despacho.

-Señor, hay una, supongo que esclava, durmiendo en el salón.-

-Sí, es gatita. Será la mascota de la casa. Es la chica que le dimos la comida el pasado sábado. ¿A que es mona?.- Lo dije como admirando un cachorro.

-No sé si es mona o no Señor. Pero cuando vaya a limpiar el salón se despertará.-

-Lo entiendo, déjalo para el final. En principio ella tiene libertad para venir a la casa cuando quiera pero creo que sólo lo hará los martes y los jueves por ahora. Pero hay una cosa que quería decirte, ella aún no lo sabe. En la cocina hay un arenero junto a sus cuencos de comida y agua. Entre tus funciones ahora será la de revisar que tiene agua y también si ves que usa el arenero de limpiarla.-

-¿Qué? ¿Voy a tener que limpiar el chocho de meado?… ¿Señor?.- Dijo algo escandalizada.

-No creo que ella te busque para eso por ahora, me buscará a mi. Pero cuando tenga más confianza lo harás tú. Y además no es solo meado, será también si defeca pero me parece que eso lo traerá hecho de casa.-

Me miró muy seria pero la cara se le fue relajando.

-Por lo menos no soltará pelos ¿no?.- Dijo riendo mientras se marchaba a hacer sus cosas.

A media mañana estaba tomando café con Ana como siempre en la cocina y la puerta se entreabrió apareciendo la cabeza de María con su diadema. Nos miró y volvió a marcharse.

Ana se quedó en silencio un segundo y se volvió a mi.

-¿Una nueva esclava a la colección?.-

-Sí, es una esclava mascota, por ahora la llamo gatita. ¿Te gusta?, es un animal muy dócil.-

-La verdad es que la chica es una belleza.-

-¿La llamo para que la conozcas?.-

-No, no, ni en broma. Tus juegos los dejas aparte, no quiero saber más de lo que ya sé.-

Al rato de marcharse Ana y de estar de nuevo en el ordenador del despacho apareció María y se tumbó en mis pies.

-¿Que tal tu primer día gatita?.- Me miró sin saber que hacer, si hablar o no. Finalmente decidió que a base de maullidos no se haría entender.

-No está muy mal mi Dueño. Pero con muchísima vergüenza, sobre todo cuando te he visto con otra mujer en la cocina.-

-Esa es la vecina de abajo, viene casi todos los días a tomar un café. Más tarde o temprano la conocerás. Ella sabe todo lo que pasa en esta casa aunque no quiera reconocer algunas cosas. Fue un intento de esclava que salió mal. A veces me gusta chincharla un poco y como se pasa el día estudiando en casa sin salir en el fondo le gusta por mucho que no quiera reconocerlo.-

-Me dio tanta vergüenza que estuve a punto de marcharme.-

-¿Y con Cristina que tal?-

-Bien, no me hace ni caso ni yo a ella, procuro no coincidir en la misma habitación. Es muy bochornoso andar a cuatro patas desnuda delante de desconocidos.-

-Pues ve intimando con ella. Te la encontrarás si vienes entre semana por las mañanas.-

-Sí mi Dueño. Otra de las cosas que me cuestan mucho es lo que le voy a pedir.-

-Dime.-

-Necesito ir al baño a hacer pis y no se como hacerlo. Bueno se como hacerlo pero cuando no pueda hablar ¿como se lo pido para que me limpie?.- Se puso muy colorada.

-Pues no sé, no lo había pensado. Puedes morder mi pantalón y tirar de él. Pero estoy pensando algo mejor. Vamos al arenero.- Cogí su correa, la enganché y la llevé a la cocina. En el pasillo nos cruzamos con Cristina que la miró con una sonrisa.

-Señor, ¿la gatita muerde o araña?.- Me preguntó mirando a María que intentaba esconder su cara roja como un tomate.

-Conmigo no. No sé como tratará a otras personas pero si lo hace le regañas.-

Entonces alargó la mano y acarició toda la espalda de María. Tiré de la correa y llegamos a la cocina.

-Ponte a hacerlo.- Mientras pensaba en una idea, el problema es encontrar donde la venderían.

María con la cara aún roja se puso en cuclillas en el arenero y sin mirarme soltó una caudalosa meada. Debía estar reventando. Al terminar cogí un poco de papel y le limpie su lampiño coño.

-Voy a buscar un soporte para que el rollo de papel esté en horizontal.- Le dije mientras tiraba el papel al cubo de basura que es de esos de pedal. -Así no tendrás que avisar a nadie para limpiarte el pis. Cuando termines te restriegas en el rollo, después con una patita lo sujetas y con la boca rasgas el trozo que has usado y lo tiras a la basura pulsando el pedal.-

Me miró como si yo estuviera loco con una expresión que me sacó una carcajada.

-Al principio igual te cuesta, pero eres una gatita muy lista y aprenderás a hacerlo. De esa forma no tienes que pedir a nadie que te limpie. A veces no podré yo y se lo encargaré a Cristina, así que lo que prefieras.-

Se acercó a mi y me lamió las piernas.

-Bueno, yo tengo que seguir trabajando todavía, haz lo que te apetezca. Igual te compro algunos juguetes para que no te aburras.- Me marché al despacho pero se vino tras de mi y se tumbó al lado de mi silla en el ordenador. Mientras trabajaba la veía mirándome fijamente a la cara hasta que pasada media hora le regañé.

-Anda gatita, fuera de la habitación, me pones nervioso.- Y con el pie le fui dando hasta echarla.

Estaba ya a punto de terminar cuando escuché una escandalera en la cocina. Cristina gritaba y María la escuchaba maullar.

-¡Fuera de aquí gata guarra!.- Le gritaba Cristina a una María que al salir de la cocina se encontró conmigo y se enredó entre mis piernas buscando cobijo.

-¿Pero que pasa Cristina?.- Pregunté al entrar en la cocina intentando no caerme con María entre mis piernas dando leves maullidos.

-¡Señor esto no va a funcionar! Esta guarra cuando bebe pone todo el suelo perdido.- Me dijo indignada.

-Tranquila Cristina, aún estamos acomodándonos. Compraré esos papeles absorbentes y los ponemos bajo los comederos. Pero no hay razón para que te enfades.- Dije tranquilizando la situación. Para eso de la limpieza Cristina tenía mucho genio.

-No es solo eso Señor. Desde que está esa gata guarra no me ha follado.- Y no se avergonzó lo más mínimo en decirlo, aunque bajó algo la cabeza.

-Cristina, ella es el primer día que está aquí. Además sabes que no siempre follamos, depende del trabajo que tenga y por supuesto de lo que a mi me apetezca. No quiero tener que repetir esto continuamente. Hace poco fue por tomar café con Ana, ahora con la gatita. Cristina te follaré cuando quiera eso es lo que debes tener claro.-

-Sí Señor, pero es que aumentan los días en que los únicos orgasmos son los de la bicicleta.- Dijo cabizbaja.

-Razón de más para llevarte bien con la gatita. Con ella puedes jugar, todos sabemos lo bien que lamen las gatitas ¿no?.- Dije mirando a María que me devolvió la mirada aterrada.

Le enganché la correa y tiré de ella al salón llamando a Cristina.

-Cristi, siéntate en el borde del sillón y abre bien las piernas.- Ella no se lo pensó y se puso como le dije dejando bien expuesto su coño que brillaba.

María tiró de la correa maullando claramente dos veces para indicar que no quería hacerlo. Me agaché poniendo mi cara frente a la suya y con una mano la bajé a su coño buscando el clítoris escondido para estimularlo.

-Venga gatita, te gustará. El sexo es sexo lo hagas con quien sea. Además si lo haces bien te prometo que estaré a tu espalda y te follaré con fuerza, como te gusta.-

Seguía acariciando su clítoris y tiraba de la correa pero ella se resistía. Cristina ya había empezado a tocarse viendo el espectáculo.

-Cierra los ojos y déjate llevar. Haz lo mismo que haría una gata en celo.-

Me hizo caso y dejó de resistirse. Cerró los ojos y dejó que la acercara hasta la vulva de Cristina que miraba excitada. Al notar su cara en el coño de Cristina se metió en su papel y se puso a olerle el mojado coño por todos lados. Yo no paraba de tocarle su clítoris y por fin se decidió sacando la lengua y lamiendo los labios de Cristina. Entonces me coloqué tras ella, le levanté un poco la cadera y ella misma abrió sus piernas. Apunté y se la metí del tirón.

Arqueó la espalda y soltó aíre.

-No dejes de lamer gatita.- Le dijo Cristina que agarró la cabeza de María para dirigirla.

Empecé un bombeo fuerte haciendo sonar nuestros cuerpos al chocar. A los pocos minutos me relajaba y agarraba desde atrás sus tetas para apretarlas y tirar de sus pezones. Ella seguía lamiendo el coño encharcado de Cristina sin abrir sus ojos. De nuevo embestía con fuerza y notaba como Cristina movía la cara de María de forma que al yo embestir su nariz le rozase el clítoris.

Así estuve hasta que no pude aguantar más y me corrí como un bestia con unos empujones fuertes exhalando todo el aire que tenía. Ya relajado y con mi polla en retirada se corrió María que dejó de lamer y apoyó su cara en el monte de venus de Cristina que nada contenta le dirigió de nuevo a su coño.

-Venga gata guarra que ya estoy a punto, no pares de chupar.- María que aún tenía pequeños temblores en sus piernas sacó la lengua y envolvió el clítoris de Cristina. Lo chupó, lo succionó y lo mordió hasta que Cristina de corrió de forma escandalosa resbalándose del sillón y quedando sentada en el suelo. Cuando reposamos tiré de la correa hasta el sofá donde me senté y la puse entre mis piernas.

-¿Ves como es placentero?.-

-Es el primer coño que me como mi Dueño.- Dijo serena y sonriente.

-Pues ha sido espléndido gata. Esto habrá que repetirlo.- Dijo Cristina mientras se levantaba.

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