Revivir
Tres años sin intimidad. Ella lo confiesa con timidez, y él, un hombre casado, ve en esa vulnerabilidad la oportunidad perfecta para sentirse joven otra vez. En la habitación del hotel, el tiempo se detiene mientras él decide si el placer vale el riesgo de destruir su vida.
Postpandemia.
Es poco común como le cambió la vida a muchas personas, y que a mi edad una mujer me diga que tiene años sin tener intimidad, se hace hasta irrisorio, pero… nunca lo digas de frente, porque ¡te mientan la madre!
Aunque he de reconocer que mucha gente tuvo quebrantos muy fuertes en lo que se refiere a finanzas y que terminó en repercutir en su persona, familiar, de pareja y por ende en su vida sexual.
Al caso en concreto, hasta me sentí alagado por ser quién diera nueva marcha a esta dama en el aspecto sexual, ya me había asegurado que tenía 3 años sin vida íntima, obvio no lo creía, pero… por azahares del destino se dio la oportunidad de comprobarlo y lástima que no lo planeé de manera correcta, porque la verdad, “aquello” estaba como nuevo, no fue cosa del otro mundo, a mi edad eso de presumir que “me aventé dos sin sácate” ya parece burla y puedo ser objeto de mofa y sin modo de reclamar respeto, sólo fue una vez, pero me di mi tiempo y pude gozar el reestreno de manera muy gratificante.
Como dije en líneas anteriores, la vida (en pandemia) a algunos -me incluyo- nos dio una mega madriza en lo económica al ser propietarios de negocios “no esenciales” (así los llamó el gobierno en mi país) y ella no fue la excepción aunque sé de fuentes confiables que no ha tenido pareja estable, si sé que con la perdida de su trabajo y problemas con su familia se volvió muy ermitaña y ello me dio la confianza de acercarme para tratar de tener un encuentro íntimo que estoy seguro será la base de muchos encuentros más.
Pues para no hacer el cuento muy largo, la cité y afortunadamente llegó, la recogí y nos fuimos directo al hotel, muy linda me prodigó unas ricas succionadas que le llegaron a la garganta provocando unas cuantas lágrimas y el hecho de ver a una mujer que al sacar el pene de la boca se le forme un hilo de su baba que una al glande con sus labios, a mí me vuelve loco.
El preludio a lo que venía, era inevitable… llegar a la penetración, en el momento indicado, me pidió que fuera gentil, en mi mente pensé “qué exageración” pero, no lo niego, quisiera que me hubiesen tomado foto de mi cara de sorpresa, aquello estaba como nuevo, si, como nuevo, fue maravilloso sentir esa presión en la punta al ingresar a esa cavidad húmeda y caliente y al avanzar centímetro a centímetro sentía como sus paredes vaginales iban cediendo pero, a la vez apretando de manera muy rica mi pene, aclaro, que en todo momento estuve al pendiente de su aprobación para ir avanzando poco a poco, al faltar unos pocos centímetros para entrar totalmente me pidió que esperara, reconozco que, es un martirio delicioso, pero, no sé ni como me contuve para no dejar ir mis 100 kilos de un golpe, esos minutos que tuve que esperar valieron la pena -repito-, esa sensación de sentir como llegas al fondo y eres “abrazado” por la vagina de una dama, es fenomenal.
Solo puedo decir que, aunque muchas veces me puedo jactar de resistir el tiempo que quiera, en este caso era tan deliciosa la sensación que no dure mucho y que pienso que ella agradeció que no fuera mucho tiempo, ya que, aunque lo gozó me reconoció que sintió un leve dolor.
El hecho de volver a sentir que te había tocado un “quintonil” y revivir esa sensación de hace muchos ayeres, en que tuve la suerte de que en tiempos distintos fueran 2 damas las que me escogieron para que yo fuera su primera vez, me hizo revitalizarme y solo espero no hacer ninguna estupidez que ponga en riesgo mi matrimonio, pero, de que quiero repetirlo, si, si quiero.
Tal vez muy soso el relato, pero… quise compartir esa vivencia.
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