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Trio- el taxista y su amigo parte 3 (Fin)

Andrea siempre supo que tenía el control. Pero cuando Alfonso y César le proponen un nuevo acuerdo, cruzan la línea de lo permitido. Esta es la historia de cómo una noche de pasión se convirtió en la última palabra de una mujer que no se deja comprar.

andrea8.6K vistas9.0· 10 votos

Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 32 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres y algunas mujeres que botan su cabeza para mirar o envidiar, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.

Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.

Hoy les continuaré mi historia del taxista Alfonso y de su amigo César, iniciada en los anteriores relatos: de romance con mi vecino taxista por aceptarle una cerveza y con el amigo del taxista, parte 2. Las cosas se fueron evolucionando a su propio ritmo hasta que me encamé con los dos amigos.

Recordemos que Alfonso está por los 30 años, es trigueño, cejas pobladas, usa barba de candado, 170 estatura, atlético, es bien parecido y esos ojos negros picarones brillan cuando se emociona, su herramienta de unos 16 centímetros no la usa como debiera, está centrado en sus gustos. Su amigo César, llega a los 38 años, es más bajo de estatura, unos 165 cm, tez blanca, ojos amarillos oscuros, pelo café, muy barrigón, viste con pantalones de poliéster, camisa manga corta, zapatos de vestir, es como chapado a la antigua, pero muy decente y algo calmado.

Llevaba un par de meses encontrándome con mis machos amigos, a escondidas de Alfonso me encama a César, ambos me traían noticias del otro y lo que no me decían se los iba sacando sin que ellos lo notaran. Sabía que el de la idea del trío era Alfonso quien ya tenía experiencia y César le copiaba esa idea, pero nunca había estado en esa situación y no sabía nada del tema.

Dicen que el ansia rompe el saco y eso precisamente me pasó a mí, por avarienta perdí a esos dos proveedores de buen dinero y trataré de explicarlo a lo largo de esta historia. Todo va perdiendo el encanto, igual que un juguete en manos de un niño. Alfonso y César solo se iban limitando a pagar la tarifa convenida y poco o nada de otro regalito adicional, eso fue solo al comienzo, mientras coronaban y se les fue olvidando. Lo del trío me daba un dinero extra adicional, como una multa que ellos mismos se impusieron, creí que esa era una mina de plata que me iba a dejar buenos billetes, creía poder recibir dinero por atenderlos a cada uno por aparte y otro extra por atenerlos a la vez; pero estaba equivocada.

Llegó el día de nuestro encuentro, un amigo de César le prestó su apartamento de soltero para que disfrutara su primer trío, así ahorraba un dinero y no había límite de tiempo. Después del reporte telefónico con mi esposo, le dije que iba a apagar el celular, pues estaba cansada y no quería interrupciones para poder dormir. Aceptó sin problemas, quedaba libre de control por ese lado, esa excusa siempre me funciona para salir de programa y evitar que me vuelva a llamar.

Tipo nueve y media de la noche estaba entrando al apartamento del amigo de César, Alfonso estaba esperándonos y entramos los tres al segundo piso, apartamento 202, en la parte de atrás estaba otra torre de apartamentos, una piscina y un pequeño parque infantil. Otros conjuntos a lo lejos dejaban ver a algunos residentes.

En la cocina había una nevera con cerveza, aguardiente y whisky, agua en un dispensador. Todo lo habían planeado los muy pillos.

Alfonso tomó la iniciativa de darme un beso en la boca, seguramente creyendo que César nunca lo había hecho conmigo. Sus manos recorrían mi espalda y terminaban en mis nalgas apretándolas para hacer que mi pelvis se pegara a la suya. Terminado ese beso, pedí una cerveza, mientras la destapaba cogí a César y le di un beso en la boca, más o menos igual que el que acababa de recibir de Alfonso. No quería que alguno llevara más atenciones que el otro.

Me hicieron quitar mi blusa, mi lycra y mis sandalias, quedé en sola ropa interior, llevaba un conjunto que César me había regalado, seda con encajes, rojo. Con mi cerveza en la mano me llevaron a conocer el apartamento, me hicieron desfilar por todas las estancias, dos habitaciones pequeñas, una con baño privado. Todo estaba tranquilo cuando escuchamos unos gritos, al poner atención, era una señora de un bloque vecino que me había visto en ropa interior y caminando con dos hombres. Gritaba algo como: “cochinos”, “depravados”, “puercos”, “vístanse”, “ya viene el fin del mundo” etc. Otras personas se asomaron y nos vieron también, hasta que se cerraron las ventanas. No les contestamos nada.

Malpa – ridos, me hicieron desfilar casi desnuda y la gente no es boba, ya se están imaginando lo que vamos a hacer, “uy sí”, se asomaron como 20 personas, afortunadamente ninguna conocida. Me volví a abrazar a Alfonso y caímos de medio lado en la cama principal, una cama doble, sábanas limpias, me solté de Alfonso y atraje a César a la cama, ellos estaban aún vestidos, ahora me besaba con César mientras mi culo era explorado por Alfonso, mis tetas no se escapaban a esas manos inquietas. “bueno, vamos a ducharnos y entremos en materia” les dije con voz de mando.

Se desvistieron con rapidez y entramos a la ducha, casi no cabíamos en ese espacio reducido, cuando cayó el jabón de nuestros cuerpos, me agaché por iniciativa propia a alternar esas vergas para mamar y tragar hasta el fondo, mientras mis manos se colgaban de sus huevas, el que estaba de turno en mi boca bombeaba con fuerza y rapidez para que entrara un poco más. Ambas vergas estaban bien duras ya y salimos así húmedos para la cama.

Me senté en el borde y volví a mamar un poco más, Alfonso que era el más vergón se acostó y me le acomodé encima, como un misionero, su pose favorita. César que le gustaba más el culo, intentó meterlo por ahí, le dije: “si quieres por ahí, ya sabes que debes terminar, o te bañas”, entendió el mensaje y comenzó a tratar de meterlo en el mismo canal que estaba metido Alfonso, con algo de dificultad lo logró meter y comenzó el mete y saca, no estaba muy cómodo, entonces me di la vuelta, sentándome de espaldas a Alfonso y quedando de frente a César, así se acomodó mucho mejor, Alfonso me agarraba de mis tetas y las apretaba como en sincronía.

Dos vergas entrando y moviéndose por el mismo agujero, yo gemía de placer, pocas veces me había sentido tan realizada como mujer, tan llena de satisfacción. Me acomodé al estilo perrita, ofreciendo mis nalgas a César y mamando profundamente a Alfonso, pronto su verga volvió a cobrar firmeza. Me senté encima de la tranca de Alfonso meneando mis nalgas de adelante hacia atrás o en círculos suaves, apretando mis músculos para que sintiera más emoción y César pasó a recibir una buena mamada, sus manos se aferraban a mi cabeza, en mi quijada permanecía una de sus manos para evitar que dejara de mamar.

“Ya quiero terminar, estoy que no me aguanto” dijo César con voz entrecortada, “yo igual” dijo Alfonso. ¿dónde la quieres Andreita? Preguntó César. “si quieren, la recibo en la boca o donde ustedes quieran, aquí hay agua y jabón” les dije con tono burlón.

“Yo quiero en la boca” dijo Alfonso. “yo también” se apresuró a decir César. Ni modo, a trabajar con la boca. Aumenté la velocidad en la verga de César y este se ayudaba con movimientos de adelante hacia atrás con velocidad, pronto un estallido de semen inundaba mi boca, salió tanta que me hizo toser, pero no dejé escapar nada, cuando la verga de César perdió fuerza, bajé a chupar a Alfonso, quien se estaba pajeando con rapidez, apenas puse mi boca en su cabecita, disparó su leche y me facilitó el trabajo, tragué y limpié con mi lengua lo que se escurrió. “Que delicia” dijo Alfonso, “definitivamente es lo mejor que nos ha pasado” dijo César.

Nos recostamos en la cama, yo estaba en medio de ellos dos, cada uno se apoyaba como cabecera en uno de mis brazos, besaba al uno y besaba al otro, mis piernas estaban algo abiertas y se arropaban con una de las piernas de mis machos, cada uno me tenía una pierna encima de las mías, sus manos jugueteaban con mis tetas, con mi rajita que no paraba de ser explorada. Mi clítoris estaba al rojo vivo, dos manos recorriendo mi raja, mi vientre y mis tetas, aparte de los besos que me daban cuando yo estaba ocupada besando a alguno de ellos, era tanta mi emoción, que pronto mi clítoris hizo un estallido de jugos, un squirt me hacía estremecer, mi uretra bombeaba jugos como si un macho estuviera orinando, mi cuerpo temblaba y se estremecía, cuando dejó de fluir ese líquido, mi cuerpo quedó en una tranquilidad y una paz absolutas. Fue hasta un momento después que Alfonso estaba chupando para probar aquellos jugos que para ellos eran algo nuevo, nunca lo habían visto en la vida real y no sabían ni qué era eso.

Volvimos a acomodarnos abrazados los tres para descansar un momento y permitir que me recuperara, ellos también necesitaban ese descanso para que se les volviera a parar. Al rato nos levantamos para la sala a beber una cerveza, todos desnudos nos acomodamos en las sillas, Alfonso se acomodó una toalla en la cintura y abrió la puerta del balconcito, dos o tres personas estaban seguramente pendientes de nuestras ventanas. César salió a chismosear también, vestido con otra toalla. Los vi como saludando a alguien y me dio como rabia, entonces salí totalmente desnuda, corriendo y les quité las toallas y volví a entrar, ellos detrás de mí sin dejar de protestar.

Al rato volvimos a la cama y eso estaba todo mojado por mis jugos. Le dieron vuelta al colchón, buscaron una sábana limpia y seca, arreglando nuevamente nuestro nido de infidelidad amorosa. Me acomodé boca arriba y Alfonso se me echó encima, en su posición favorita, al estilo misionero. César se acomodó con mi cabeza entre sus piernas, sus nalgas en mi pecho, Alfonso taladraba con fuerza y furia, César empujaba su verga lo mejor posible agarrado de mi cabeza por la parte de atrás para acomodarse mejor. Al rato Alfonso estaba bombeando su leche dentro de mi raja, César estaba algo incómodo.

Cuando Alfonso se tiró de medio lado, exhausto, César me hizo colocar en cuatro y se dirigió a mi culito, su plato favorito, con suavidad, pero con firmeza lo fue haciendo desaparecer totalmente, al rato estaba echando sus restos de leche dentro de mis esfínteres, una palmada se estrelló en una de mis nalgas y mi protesta no se hizo esperar, César por alegría y agradecimiento y de mi parte por evitar huellas delatoras con mi esposito. Nos juagamos y dormimos un rato, ellos colocaron una alarma a las cuatro de la mañana, mi celular estaba apagado.

Cuando sonó esa alarma, César se me echó encima y se desocupó al estilo misionero, Alfonso protestó y César le dijo, eso no había casi nada, toda la entregamos anoche. Con algo de rabia Alfonso se acomodó también encima de mí y comenzó su ataque de verga, pronto su frenesí lo hacía olvidar del semen de César y depositaba su chorro de semen. En ese momento nos percatamos que César ya estaba bañado y vestido. Hicimos lo propio con Alfonso y nos disponíamos a salir.

Andrea, le tenemos una propuesta, ¿qué será? Les dije, hablen que nos cogió el día, quiero llegar temprano a mi casa.

Alfonso siguió. “es que hay unos amigos nuestros, que quieren entrar al juego, que tú lo atiendas personalmente o en grupo, que ellos tienen los medios para salir a otra ciudad si es del caso, que la paga es buena y… no les dejé terminar su propuesta, mi mente se imaginó miles de problemas, de contratiempos y explotó de rabia. ¿Qué se han creído estos miserables, que estoy muerta de ganas o qué?, pues se la perdieron conmigo, ambos, miserables, pendejos, no saben comer callados, no necesito que me estén buscando vergas, esas me sobran, ustedes solo fueron dos más en mi vida y me los comí las veces que se me antojó a ambos. Alfonso miró sorprendido a César, no lo podía creer seguramente.

No me busquen más, no volveré a estar con ustedes, con ninguno, si lo hacen le cuento a mi esposo que me están acosando y veremos qué pasa. Salí en un taxi particular para mi casa, había perdido esa mina de plata, por recibir más, dejé de recibir callada de los dos, pero eso no sería por mucho tiempo, pronto entrarían más actores en mi vida y les iré contando algunas de esas historias reales.

Aquí termino otra historia de mi vida, son situaciones nada del otro mundo, pero que he vivido plenamente. Envío un abrazo y un beso a los lectores. Igualmente agradezco a quienes dan su voto, así piensen que es malo el relato, seguramente tienen toda la razón, ya que no soy escritora ni estoy compartiendo fantasías para adornar mi relato, solo hechos reales, tampoco uso figuras literarias y uso mi propio estilo de escribir. Aclaro que no busco parejos por este medio, necesito tener el control de todo, pero si quieren podemos escribirnos por correo.