Xtories

Familia ( Madre e hija ) 2 parte

Emi creía que oler la ropa interior no contaba como infidelidad. Pero cuando Miguel descubre que su hija se excita con las palabras del portero y ve cómo la madre cede ante la presión del viejo, la línea entre el secreto y la traición se desvanece.

dulceymorboso21K vistas9.4· 59 votos

La mañana en el taller transcurrió sin muchas novedades y a cada momento echaba un vistazo al reloj que había en la pared. Aquellas agujas se movían lentamente, mas producto de mi impaciencia que de la pereza de estas.

- Miguel! – escuché que me llamaba mi jefe y giré la cabeza mientras comprobaba los niveles de aceite del coche al que estaba haciendo una puesta a punto – Me ha pedido Emi si podía darte dos semanas libres para que puedas dedicarle tiempo a pintar el piso también por las mañanas. Que te parece la idea? Por supuesto que te pagaría ella ese tiempo.

- Pero a usted no le importa? – pregunté sorprendido de aquella propuesta.

- Intentaré apañarme – no parecía muy convencido – Esta gente que tiene el dinero por castigo hacen lo que les da la gana, pero Ramiro, el marido de Emi, es uno de nuestros principales clientes y no quiero que pueda molestarse.

- Puedo hablar con ella y aunque sea vengo un par de días a la semana – le dije sabiendo del volumen de trabajo que teníamos.

- Vale, tú mira como puedes organizarte y me dices.

A las cuatro llegué al portal y al entrar vi a don Faustino barriendo.

- Sabe si Emi ha llegado? – le pregunté de manera bastante seca.

- Todavía no ha llegado – me respondió también bastante cortante – Precisamente estoy barriendo ahora para verla de cerca cuando llegue. Joder, como iba vestida esta mañana! Ese vestido lila que lleva le hace un culo impresionante – se acercó para hablarme en bajo – Se me puso dura nada más verla y a la muy guarra, creo que le pone cachonda que le diga cerdadas porque tenias que ver su sonrisa cuando se lo dije.

- Cuando le dijo lo que? – me podía la curiosidad.

- Que tenía que probar mi polla y vería lo que es bueno.

- Y ella que le dijo?

- Lo de siempre. Que está casada y que es una mujer fiel – contestó parando de barrer – A esa me la follo yo como que hay dios ahí arriba! Ni casada, ni ostias! Y la hija… Joder con la niña. Viste las mallas que llevaba ayer? Se le marcaba todo el chochito.

Recordé lo que me había contado Carolina de como lo había visto masturbarse y como después de contármelo se había ido a masturbar a la ducha.

Salí a la calle a esperar a Emi y la vi bajándose de un mercedes rojo descapotable. El viejo baboso tenía razón, con aquel vestido lila estaba impresionante.

- Perdona, Miguel – me dijo – Fui a la peluquería y se retrasaron un poco.

- No se preocupe – le dije fijándome en su pelo recién peinado – Está muy guapa.

- Gracias. Vamos!

Al entrar en el portal, vi como el portero se ponía a barrer y me fijé como la desnudaba con la mirada.

- Buenas tardes, Emi – la saludó mirándole el escote – Veo que la peluquera hizo un buen trabajo pero ya le dije esta mañana que a un bellezón como usted no le hace falta ir a la peluquería.

- Gracias, don Faustino – pasó a su lado y me pareció ver que intentaba no sonreír mientras caminaba moviendo el culo.

Me sorprendió la confianza con la que le había hablado después de haberle dicho esa burrada por la mañana.

Ya dentro del ascensor, Emi se giró para verse en el espejo.

- Te puedes creer que hoy el viejo verde del portero me dijo que tenía que probar su polla y vería lo que es bueno? – me dijo sin parecer demasiado enfadada.

- Es un degenerado – le dije – Supongo que le habrá dado un corte cuando se lo dijo, no?

- Me quedé algo cortada – contestó – Le dije que soy una mujer casada y soy fiel.

- Pero así se pensará que si no folla con él, el único motivo es porque está casada – le dije algo molesto – No cree?

- Puede ser que tengas razón – se quedó pensativa – Otro día le dejaré claro que ni en sueños podría estar conmigo – me miró y me sonrió – Te molesta que ese viejo pueda pensar que tiene alguna posibilidad conmigo? Ayer ya te demostré que soy una mujer fiel, verdad?

- Si – contesté.

- Entonces no te sientas molesto – me acarició la cara – Habló contigo Francisco? Le pedí que te diera facilidades para venir por las mañanas y así podemos estar más tranquilos tú y yo. Mi hija me comentó que vendrá por las tardes a estudiar y así no habría manera de repetir lo de ayer.

- Si, habló conmigo. Alguna mañana tendré que ir al taller a echarle una mano a Francisco pero me centraré en esto.

- Gracias, eres un sol de niño.

Estuve tres horas pintando el cuarto de estudio y mientras lo hacía, escuchaba a Emi andar por la casa y hablar por teléfono.

Estaba quitando los plásticos de los muebles cuando se acercó y miró cómo había quedado.

- Me encanta! – dijo sentándose en la silla ahora ya sin plástico que la cubriera – Vas a hacer algo más hoy?

- Quitaré el encintado de los marcos y mañana me pongo con otra habitación – al mirarla para contestarle, vi que tenía los muslos un poco separados y se podían ver las bragas lilas a juego con el vestido.

- Genial – dijo – Así tenemos un rato para nosotros – me sonrió con gesto pícaro.

Al terminar me llevó a su dormitorio y me hizo sentar en la cama. Imaginándome lo que iba a pasar, sentí mi corazón acelerarse cuando la vi llevar las manos al cuello para desatar el vestido.

Con el vestido en el suelo, me fijé en los pezones que presionaban la tela del sujetador.

- Se me ponen muy duros con todo esto contigo – me dijo al sentir mi mirada en ellos – Serias capaz de desnudarme tú sin tocar mis pechos ni mi coño?

Poniéndome de pie, pasé las manos por debajo de sus brazos y busqué el cierre del sujetador. Con la habilidad adquirida con mi madrastra, no me fue complicado desabrocharlo a pesar de los nervios. Tenerla tan cerca de mi me producía una tremenda excitación.

- A ti también te hace poner muy duro todo esto conmigo – me dijo levantando la mirada de mi pantalón – Puedo desnudarte?

- Si, hágalo.

Lentamente me quitó la camiseta, el pantalón. Con cuidado de no tocarme, me bajó el bóxer y yo le bajé las bragas.

- Los dos mojamos la ropa interior – miró mi bóxer – Te gusta saber que mis bragas están mojadas por tu culpa?

- Si – dije mirando la prenda – Y a ti te gusta que mi bóxer esté mojado por ti?

- Si.

Verla oliendo la mancha de mi ropa interior me hizo acercar las bragas a la cara y oler sus flujos. Suspiramos juntos. Estaba tan cachondo con aquella situación que acerqué los labios a la prenda y besé la tela. Al verme hacerlo, su cara se contrajo de deseo.

- Hacer eso será ser infiel a mi esposo? – me preguntó.

- No nos estamos tocando – dije excitado.

- Tienes razón – sus labios besaron mi bóxer – Joder!

Con las manos que teníamos libres comenzamos a masturbarnos uno frente al otro. Emi gimió al verme pasar la lengua por las bragas recogiendo los deliciosos flujos. Gemí al verla pasando la suya por mi bóxer mojado.

Nos corrimos en breves segundos mientras saboreábamos los flujos sin dejar de mirarnos a los ojos.

Carolina se puso muy contenta cuando vio el cuarto pintado y me agradeció la rapidez con un beso muy dulce en la mejilla.

- Que tal con mi madre? – me preguntó sentándose en la silla del escritorio – Está siendo muy pesada?

- No, que va! Bien – respondí nervioso - A ella también le gustó como quedó esto.

No pude evitar recordar que esa mañana también nos habíamos masturbado juntos. Que a su madre le había excitado mucho que la desnudara lentamente y se había tocado con mi cara muy cerca del coño porque habíamos llegado a la conclusión que oler tampoco era ser infiel. Yo también me había masturbado con la cara de ella muy cerca de mi polla y mientras me pajeaba podía sentir como me olía y me habia corrido sintiendo su aliento cálido sobre mi glande.

Aquellas dos mujeres, madre e hija, me estaban volviendo loco. Una con su dulzura y sus confesiones y para que negarlo, con su hermosura. La otra, con nuestras sesiones masturbatorias que rozaban la infidelidad.

- El lunes tenías que verle la cara al portero cuando salí a entrenar – se rio – Me hace gracia, parece que le va a dar un infarto.

- Pero te gusta como te mira? – pregunté curioso.

- A ver… me halaga saber que mi culo le gusta tanto – contestó – Y como los chicos de nuestra edad se sienten tan intimidados conmigo, cuando el viejo me dice esas cosas me llama la atención.

- Ayer me habló de ti – le dije.

- Quien? El viejo?

- Si.

- Y que te dijo? – me preguntó interesada.

- Me preguntó si te viera con las mallas y… - dudé si decirlo -… Que se te marcaba todo el chochito con ellas puestas.

- Joder! Eso ya me lo dijo alguna vez.

- Y que le dijiste?

- Nada… ya te dije que no estoy acostumbrada a que me digan esas cosas y no supe que contestar.

- Y al no estar acostumbrada, sientes que te gusta que te las diga?

- Un poco… no se explicarlo.

Vi que como la otra vez, Carolina movía las piernas nerviosa.

- Te excita? – pregunté nervioso.

- Es que me siento mal porque me pase eso porque el hombre es repugnante, pero no puedo evitarlo.

- Eso quiere decir que si? Te excita?

- Si – se sonrojó – Si mi padre se entera que me pasa eso me mata. Guárdame el secreto, por favor.

- Te entiendo – le dije asombrado por su confesión – Te guardaré el secreto.

- Gracias. Eres mucho mas maduro que todos los chicos que conozco – me miró nerviosa – Me gusta poder confiar en ti y poder contarte estas cosas que nadie sabe.

Saber los secretos de Carolina me resultaba muy excitante y estaba muy sorprendido de que ese viejo pudiera excitar a una chica por la que cualquier chico perdería la cabeza.

- Carolina… - la miré sin saber si preguntárselo o no – Alguna vez te masturbaste pensando en ese señor? Perdona mi curiosidad.

- No vas a pensar mal de mi? – ella también dudaba si responderme.

- Por supuesto que no.

- Algunas veces – me dijo – Si lo hice algunas veces – sus pálidas mejillas estaban coloradas.

- Gracias por confiar en mi.

Aquella revelación me dejó descolocado. En ese momento supe que el lunes en la ducha se había masturbado pensando en ese viejo asqueroso.

- Tengo que continuar con la faena – le dije aturdido – Y tu deberías estudiar un poco.

- Vale – me dijo – Voy al baño un momento y me pondré a estudiar.

Cerrada en el baño, no pude resistir la tentación de acercarme y pegando la cara a la puerta, escuché sus gemidos.

Los días fueron transcurriendo entre masturbaciones matinales con Emi y confesiones de Carolina en las que siempre terminaba en el baño.

Aquella tarde, cuando vi llegar a Carolina, me quedé asombrado al verla con las mallas y un top ajustado que marcaba con detalle sus pechos.

- Después tengo entrenamiento – me dijo sonriendo – Tanto se nota? – preguntó mirando entre sus piernas.

- Bastante – dije excitado al ver cómo en las mallas se notaba el coño dibujado en ellas – Te vio? – pregunté sin necesidad de decir a quien me refería.

- Si – me dijo – Y me dijo lo del chochete.

- Y te excitó que lo dijera?

- Por qué quieres saber tanto? – acercándose a mí, se quedó a escasos centímetros de mi cuerpo – Te lo digo si tú me respondes a esa pregunta.

- Es que me da curiosidad que puedes sentir cuando te dice esas cosas – contesté nervioso por su cercanía – Cualquier chico daría lo que fuera por estar con una chica como tú y me sorprende que ese viejo te haga sentir esas cosas.

- Y tú? – preguntó – Tu harías lo que fuera por estar conmigo? – me acarició la cara.

- Si – respondí con el corazón a mil – Eres preciosa y…

Estirándose me besó en los labios y nuestras lenguas se entrelazaron en un morreo impresionante. Al separarse me miró a los ojos.

- Sigues queriendo saberlo? – me preguntó.

- Si – contesté excitado.

- Compruébalo tú – separando la goma de la cintura, me estaba invitando a que comprobara como estaba.

Metí la mano por dentro de la malla y de las bragas. Su coño estaba empapado y parecía que estaba recién salida de la ducha. Sus preciosos ojos negros se entrecerraron al sentir mi mano.

- Ahora está así por el beso – su voz estaba agitada – Pero cuando don Faustino me dijo eso me hizo mojarme.

La lujuria se apoderó de mi y esta vez fui yo quien la besó apretándome contra ella. Llevé las manos atrás y le agarré las nalgas que se notaba que hacía patinaje porque estaban firmes, duras, suaves. Hice que sintiera la dureza de mi polla presionando su pubis.

- Joder! Que cachondo estás! – me dijo acalorada llevando la mano a mi pantalón – Veo que tú también la tienes grande.

- También? – pregunté excitado de por fin estar tocando ese culazo tremendo y de sentir su mano palpando mi dureza.

- Si. Como el viejo.

Sin dejar de comernos la boca, me llevó a su habitación y prácticamente nos arrancamos la ropa con ansia.

Aquella chica era como un ángel de la lujuria. Sus inocentes braguitas rosas con un lacito blanco, contrastaban con la pasión que desbordaba mientras se abrazaba a mi frotando su cuerpo contra el mío.

Sus pechos, algo más pequeños que los de su madre, estaban blanquitos y sus pezones colorados parecían cerezas que saboree mientras ellas agarraba la polla y me pajeaba excitada.

Los tímidos gemidos que le había escuchado en el baño mientras se masturbaba las otras veces, esta vez se convirtieron en sonoros cuando comencé a saborear su delicioso coño encharcado.

Agradecí a mi madrastra el haber aprendido a usar mi boca sobre los genitales de una mujer cuando vi como Carolina se retorcía de placer abriendo las piernas por completo y apretándome contra ella.

- Dios! Me corro otra vez, Miguel – decía gimiendo como una gata en celo – Que bien sabes comer coños.

Si saborear su sexo fue una delicia, cuando la vi de rodillas besando mi polla creí desfallecer de placer. Todo mi cuerpo tembló cuando sentí el glande traspasar los carnosos labios y comenzó a mamar mi sexo. Era la segunda boca que me hacía eso y me sorprendió que a pesar de su juventud supiera moverla de forma tan placentera.

- Te gusta? – me preguntó sacándola de la boca y lamiendo mis testículos.

- Me gusta muchísimo – volvió a meterla y gimió.

Desnuda con las piernas abiertas, agarró la polla y le restregaba por el coño. Minutos antes me había preguntado si quería follarla y excitado como estaba le había dicho que deseaba hacerlo.

Su coño era estrecho y tuve que hacer esfuerzos sobrehumanos para no correrme al sentir su calor y la suavidad de su interior abrazando mi polla.

- Joder, me encanta tu polla – me dijo al sentirme dentro de ella – Fóllame, por favor.

Si me parecía preciosa a lo largo del día, verla gimiendo con la boca abierta con los ojos casi cerrados y la melena desparramada en la almohada, me hizo verla como una hermosura sin precedentes.

Abrazada a mi cuello, me besaba y movía las caderas buscando correrse una y otra vez.

- Ha sido increíble – me dijo abrazada a mi después de corrernos juntos – Oh, mierda! – exclamó al ver la hora en la radio-despertador de la mesilla – Son menos diez y mi madre estará apunto de llegar.

El tiempo entre sus brazos había pasado sin enterarnos y nos vestimos deprisa. A las siete en punto tuvo que marcharse no sin antes abrazarme y besarme en la boca.

- Mi madre llegará en breve – me dijo cogiendo la bolsa de los patines – Mañana nos vemos!

En cuanto se fue me puse a hacer algo sin poder dejar de intentar asimilar lo que acababa de pasar.

A las siete y media me extrañó que todavía no hubiera llegado Emi al piso y me impacienté al ver que me hacía falta cinta para colocar en uno de los marcos.

Enfrente del portal había una ferretería y decidí bajar un momento ya que solo me llevaría un par de minutos conseguir un rollo de cinta. Arrimé la puerta y bajé corriendo por las escaleras. Me extrañó no ver al viejo en la portería y vi luz en el cuarto de los contadores por lo que entendí que estaría allí. Me acerqué para avisarle que tenía que dejar el piso solo unos minutos, cuando escuché la voz que me hizo quedarme paralizado.

- Ya le dije que soy una mujer casada y soy fiel a mi esposo.

- Pero si se ve a leguas que estás necesitada de una buena polla. Me vas a decir que no te calienta ponerme cachondo?

- Ya le dije que no puede ser – protestaba sin demasiada convinción – Tengo que subir.

Sigilosamente me acerqué al cuarto.

- Estoy seguro que te matas a pajas, se ve en tu cara la necesidad de emociones fuertes. Dime, te masturbas, verdad?

- Si lo hago o no es cosa mía. Déjeme pasar!

Aún a riesgo de ser descubierto, no pude evitar asomar la cabeza con cuidado.

Emi se encontraba arrinconada contra una esquina y el viejo portero intentaba levantarle el vestido y ella sujetaba su mano impidiéndoselo.

- Pues yo me pajeo todos los días pensando en ti y en tu culo – intentó de nuevo levantar la ropa.

- Usted es un guarro – lo miraba intimidada – Déjeme pasar.

- Estoy seguro que te gusta que sea tan guarro – soltó el vestido – Por lo menos déjame verte las bragas y así me haré una paja recordándolas.

- Déjeme pasar o gritaré.

- Enséñamelas y te dejo ir. Que te cuesta?

- Usted cree que voy enseñándole las bragas a cualquiera?

- Yo no soy cualquiera – insistió – Nos conocemos hace muchos años.

- Siempre es tan insistente con todo?

- Con lo que de verdad me interesa, si.

Emi miraba al techo pensativa y perplejo vi como resoplaba con cara de fastidio.

- Y me dejará pasar si se las dejo ver?

- Si. Te lo prometo.

No me podía creer lo que estaba escuchando y mucho menos viendo. Emi, resignada, llevó las manos al borde del vestido y se lo estaba levantando para que ese viejo asqueroso le viera las bragas.

Desde mi posición pude escuchar la respiración agitada de ese degenerado mientras le miraba las bragas azules celestes.

- Son de seda? – acercando la mano tocó con los dedos la prenda.

- Quite la mano – pidió mirándolo nerviosa.

- Sabía que estarías mojada – dijo mirando los dedos húmedos.

- Ya está – se bajó el vestido – Ahora déjeme pasar.

- Está bien, lo prometido es deuda – le dijo mientras se olía los dedos – Menuda paja me voy a hacer a tu salud – comenzó a apartarse para dejarla pasar – Ven mañana por la mañana a las once después de que llegue el cartero. A esa hora podemos estar tranquilos y así te digo cosas que te gustan.

Antes de que saliera apresurada, logré subir las escaleras sin hacer ruido e intentado disimular, cogí uno de los rodillos en el momento que la escuché entrar por la puerta.

- Hola, Miguel – me saludó y parecía sofocada.

- Hola, Emi – saludé sin mirarla por si mi cara me delataba – Estaba preocupado. Carolina me dijo que llegaría a las siete.

- Fui a llevar a una amiga a casa y acabo de aparcar – me dijo también evitando mirarme – Que tal estás? Quieres descansar un poco mientras me cambio?

- Vale.

Al verla sentada solo con la ropa interior puesta, supe que esa mancha de humedad que tenían las bragas había sido provocada por don Faustino.

- Está muy excitada – le dije sorprendido de verla así de mojada.

- Si – reconoció, y al mirar la mancha, se sonrojó – Crees que por tocar un poco la braga seria infiel a mi esposo? – me preguntó y supe porqué lo decía.

- No lo sé – me arrodillé – Imagino que ser infiel es mas si hay sentimientos, pero yo nunca le toqué las bragas.

- Lo sé – me miró – Si tocas mi braga sabrías decirme si es de seda o de satén?

- No lo sé – respondí avergonzado por mi ignorancia – Quiere que la toque a ver si acierto?

- Vale – separó los muslos.

Al acercar la mano, sentí que la tela estaba muy caliente. Pasé los dedos por ella como había visto al viejo hacerlo minutos antes, recorriendo el dibujo de su sexo marcado en la prenda y vi que Emi se estremecía y cerraba los ojos.

Me preguntaba que estaría pensando en esos momentos. Estaría recordando lo que acababa de pasar en el cuarto de los contadores? Estaría imaginando que mis dedos eran los de ese viejo?

- Son de seda? – pregunté como había hecho don Faustino.

- Si – gimió – Las compré para mi esposo pero a él al ser azules no le gustan.

- A mi me encantan – al subir el dedo rocé el clítoris que estaba incrustado en la tela.

- No sé si esto que hacemos está bien – gimió al sentir la yema del dedo masajear el clítoris como le hacía a mi madrastra – Pero me gusta mucho lo que siento.

- Nos tenemos confianza – dije repitiendo palabras que había escuchado abajo – Si le gusta, esto quedará entre nosotros.

- Si me gusta – cada vez gemía más fuerte – Tu ropa interior de que tejido es?

- No lo sé – contesté excitado – Supongo que algodón. Si la toca sabría decirme?

Ahora no era yo solo él que estaba tocando entre sus piernas. Emi tenía la mano en mi bóxer y acariciaba mi pene por encima de la tela.

- Son de algodón – me dijo entre suspiros mientras yo pasaba la mano sobre sus bragas empapadas – Joder! La tienes durísima.

- Y usted está empapada. Le gusta sentir mi mano?

- Me gusta mucho. Y a ti la mía?

- Si – gemí al sentir los dedos agarrar la polla sobre la tela – Movemos mas rápidas las manos?

Comenzamos a gemir cada vez mas descontrolados. A pesar de estar la tela entre nuestras pieles, sentíamos mucho placer y comenzamos a temblar cuando nuestros sexos comenzaron a explotaron traspasando nuestra eyaculación los tejidos y mojando nuestras manos.

Ella fue la primera en acercar la mano mojada a la cara para olerla y acto seguido vi como lamía la mano saboreando mi semen. Al verla, lo hice yo con mi mano y saboree sus flujos.

- Me das un abrazo? – me pidió.

- Pero estamos desnudos de cintura para arriba – le dije.

- Espera – vi que cogía la sábana y la ponía cubriendo los pechos – Abrázame.

Tumbados en la cama la abracé. Era nuestro primer abrazo y sentí como olía mi cuello. A pesar de la fina sábana, podía sentir perfectamente los pechos apretados contra el mío y sus pezones clavándose en mi piel.

- Todo esto me provoca sensaciones mucho más intensas que lo que vivo con mi esposo – me decía al oído – Lo amo pero estoy descubriendo cosas que nunca me imaginé.

- Es muy excitante lo que hacemos, Emi.

Nos hablábamos al oído como con miedo de ser escuchados por nuestra conciencia. Sus labios rozaban mi oreja y mi cuello. Los míos rozaban el suyo.

- Me gusta mucho estar así abrazada a ti – suspiró y su aliento acarició mi oído.

- Y a mí – dije estremeciéndome – Me gusta que me hable al oído.

- Me pasa lo mismo – gimió – Tienes una voz muy varonil. Dime cosas… Que te gusta de mi cuerpo?

- Sus tetas… su coño… – le fui diciendo con voz agitada -… su culo… Es que me gusta mucho porque aún por encima, usted es muy guapa.

- Tu también eres guapísimo y me sorprende estar haciendo todo esto con un joven que podría ser mi hijo – muy suavemente besó mi cuello – Tanto te gusta mi cuerpo?

- Si.

No sé si ella se dio cuenta o no, pero con la emoción de lo que estaba sintiendo, ni cuenta me di que la sábana habia resbalado y sus pechos entraron en contacto con el mío.

- Joder! – exclamó – La sábana se ha resbalado – suspiró.

- La ponemos otra vez?

- No – me pidió – Me gusta sentir mis pechos pegados a ti.

- Emi… - susurré – Estoy cachondo otra vez.

- Y yo – sin esperarlo vi que se quitaba las bragas – Quítate el bóxer.

Me lo quité y vi que ponía la sábana entre sus piernas.

- Abrázame tumbado sobre mi – pidió mirándome sonrojada.

No hicieron falta nuestras manos porque comenzamos a movernos frotando nuestros sexos con la sábana como frontera de acabar teniendo una unión carnal completa. Sus pechos se apretaban contra mi y sus pezones parecían piedras queriendo rasgar mi piel.

- Dios! Estoy tan cachonda que podría hacer una locura.

- Que locura?

- Dejar que me folles y ser infiel a mi esposo al que adoro.

- Sigamos así frotándonos – le pedí entre gemidos – No quiero sentirme culpable de que le atormente terminar follando.

Me abrazó con fuerza rodeando con las manos mi cuello y hundió la cara en él.

- A mi también me encanta tu cuerpo – gimió – Tu polla es hermosa y huele delicioso. Muévete… si… Me voy a correr, Miguel.

Después de aquella sesión de sexo, entendí que una nueva barrera había sido derribada. Ahora ya no era un obstáculo para Emi el contacto corporal mucho más intenso que antes en él que solo teníamos aceptado el tocarle los pies. Ahora me abrazaba sin molestarle no tener ropa que evitara que sus pechos sintieran el calor de mi pecho.

Mientras se daba una ducha, terminé de hacer unos retoques en el otro dormitorio y la vi aparecer con tan solo una toalla rodeándole el cuerpo. Yo me había dejado sin camiseta y me observaba desde la puerta.

- He estado pensando en lo de antes – me dijo acercándose.

La miré y temí que hubiera recapacitado mientras se duchaba.

Me miró con intensidad a los ojos y vi como se quitaba la toalla quedando totalmente desnuda.

- Abrazarte me resulta demasiado agradable – apoyó las manos en mi cintura – Prométeme que nadie sabrá jamás esto.

- Se lo prometo – le dije sintiendo que las manos iban hacia mi espalda y pegaba su cuerpo al mío.

- Gracias por haberme ayudado antes a no caer en la infidelidad – me besó el cuello – Hubiera follado contigo y se que ahora me sentiría fatal si lo hubiéramos hecho. Eres muy maduro para tu edad y eso me hace estar relajada moralmente.

En casa, por la noche, no podía dormir pensando en ellas.

(Continuará)