Xtories

Juego de damas. El intercambio 2. Inés, el desper

Inés siempre ha sido la tímida del grupo, pero su silencio esconde un volcán de deseos prohibidos. Cuando Gerardo la mira con esa intensidad, sabe que la rutina de su matrimonio está a punto de romperse para siempre.

Anacoreta11K vistas9.4· 13 votos

Cuatro amigas maduras, aburridas de la rutina diaria, inician un morboso juego para compartir sus maridos. Tras Marta, es el turno de Inés

Inés

¡ Como he podido meterme en este lío!. Cuando María propuso este absurdo juego, que básicamente consiste en follarnos a los maridos de las demás, me opuse en redondo pero me molesta muchísimo tener siempre el papel de la aguafiestas. Al final cedi porque me parecía imposible que lo hiciéramos. Cuando a Marta le tocó el tercer rey y tuvo la posibilidad de elegir y eligió a Juan, que todas sabíamos que había sido su amor platónico en la juventud, la cosa se complicó y Marta no sólo accedió a hacerlo siguiendo el guión que le marcamos, sino que lo hizo con sobresaliente y se dió un festín.

María nos contó que su marido sabía que había sido Marta, no porque lo hubiera dicho, sino por sus silencios y sonrisas.

- Menudo trabajito le hiciste cabrona, ahora quién está a tu altura? - dijo María, pero no estaba enfadada.

- Necesitaba un mantenimiento, ya sabes yo por una amiga lo que haga falta- soltó Marta

- Olvídalo guapa, hasta que se quede viudo.

Marta estaba cambiada después de la cita con Juan, se la notaba mas segura y tenía una sonrisa siempre en la cara, la había sentado muy bien.

- Te toca Inés, dijo Lidia, con Gerardo ehhh pillina.

Había aceptado el juego, pero sencillamente yo no era capaz.

Tengo 47 años, soy alta, rubia y pecosa, siempre con una coleta en el pelo, de ojos verdes. Con unos pocos kilos de mas, unas tetas grandes y un culo algo mas grande de lo que me gustaría, creo que en general todavía resulto atractiva. Mi mayor defecto siempre ha sido mi enfermiza timidez, lo que me hace ser muy introvertida y vergonzosa y a veces puedo resultar cortante.

Conocí a Mario, cuando ya tenía 27 años. Solo había tenido un par de de experiencias, ambas desagradables y no había tenido ninguna pareja estable. Mario era amigo de mi prima y me lo presentó en unas fiestas. Le gusté, no tengo ni idea de porque ya que solo hable monosílabos toda la noche. Me llamó, con ayuda de mi prima, y quedamos varias veces mas. Nuestra relación progresó y como Mario ya vivía solo, acabábamos en su casa. Mi falta de experiencia y mi timidez hacia que el sexo careciera de imaginación y muy pocas veces conseguía alcanzar el orgasmo.

Después de casarnos nuestras relaciones no mejoraron y acabaron siendo escasas e insatisfactorias. Se convirtieron en una obligación que siempre por iniciativa de Mario consistía en unos cuantos besos, unas pocas caricias y darse media vuelta para ponerse encima mio. La metía y esperaba que acabara lo antes posible, normalmente en poco mas de cinco minutos. No era culpa de Mario, la culpable era yo, que siempre había sido una estrecha y me había negado a cualquier cambio que me había propuesto. Yo lo sabía y me avergonzaba de ello, pero no disfrutaba del sexo. Por lo demás tenía un matrimonio cómodo y satisfactorio con Mario, que siempre estaba dispuesto a ayudar en cualquier cosa y que estaba seguro de que me quería, aunque no tenía dudas de que había tenido sus aventuras siempre había sido discreto.

Cosa muy distinta era en la soledad de mi intimidad, donde podía dar rienda suelta a mis deseos mas ocultos. Me gustaban los relatos de dominación, veía porno del mismo tema y había participado en algún chat, pero cuando la cosa podía avanzar me aterrorizaba y cortaba la conexión. Sintiéndome dominada mis dedos exploraban mi coño hasta alcanzar el orgasmo. Naturalmente nadie sabía nada de todo esto, me hubiera muerto de vergüenza de haberse sabido.

Mis amigas planeaban mi cita con Gerardo, una cita que yo sabía que no se iba a producir, pero tendrían que desistir ellas. Las quería muchísimo y, en gran medida, las admiraba. La inteligencia y determinación de María, la clase, dulzura y sensibilidad de Marta, la picardía, el sentido del humor y la amistad sin límites de Lidia. Disfrutaba mucho de su compañía, aunque me sentía pequeña a su lado, pero estaba claro que me querían con locura.

Me miraban enfurruñadas y yo a ellas divertida, no podía aceptar sus propuestas, unas como el anal por ejemplo porque no lo había hecho nunca y me daba bastante miedo y otras porque necesitaba una participación activa por mi parte y no me veía llevando la iniciativa en una cita con Gerardo. En esas estábamos cuando Lidia soltó.

- Inés lo que necesita es que Gerardo le dé unos buenos azotes que la hagan espabilar.

No debí reaccionar muy rápido porque las tres se me quedaron mirando estupefactas. Lidia no podía dejar de sacar punta

- Inés, que sorpresa, si eres una pequeña guarrilla, dijo descojonándose.

Estaba roja de vergüenza pero tenía que decir algo

- En la intimidad puedo tener mis fantasías pero ya podéis olvidarlo, no me atrevería.

- Inés, pon algo de tu parte, arriésgate un poco aunque sea solo una vez- dijo María en tono cariñoso.

Las emociones luchaban dentro de mi, quería pero no me atrevía, tenía miedo a todo, a no ser capaz, a que se enterara la gente que me conocía, a perder la imagen que había creado de mi misma.

- No puedo deciros que si, veamos cómo sería y veré si me siento capaz- dije no muy convencida.

Marta, que había permanecido callada, saltó de repente.

- Si mujer, mientras tú te lo piensas yo tengo que convencer a Gerardo y tampoco

yo me veo capaz, que trola le cuento?. Menudo marronazo me estáis dejando.

María estaba pensando, mal asunto

- A Gerardo tienes que decirle casi la verdad, no conoce a Inés, dile la verdad, que le hace mucha ilusión, por una vez en la vida, tener una cita con alguien que la guíe y la domine

- Que fácil lo ves, como es tontito se lo va a tragar sin mas- dijo Marta

- No se lo va a tragar, pero a todos los hombres les encantaría, entonces no le fuerces, si empieza a preguntar demasiado dile que habíamos pensado en él pero que tenemos dos suplentes por si acaso, eso le decidira.

- En que lío nos estamos metiendo- dijo Marta

- No, si encima tendrás quejas tu, que te he dejado a mi marido en bandeja- dijo María sonriendo.

- Está bien, esta noche hablo con Gerardo

Cualquiera las decía que ya me estaba arrepintiendo, estaba hecha un mar de nervios.

Fui nerviosa a la reunión del día siguiente, si Marta había convencido a Gerardo me sería imposible negarme.

- Bueno, ya está, lo he pasado fatal y Gerardo no se ha creído nada de nada, pero ha aceptado cuando le he dicho que no se preocupara, que se lo pedíamos a otro. Pero ya os digo, esto nos va a salir mal, van a acabar enterándose de todo- nos contó Marta.

- Ya nos preocuparemos de eso cuando pase, si pasa - sentenció Marisa.

- Perfecto, pues a planificar la cita - dijo Lidia frotándose las manos.

- De eso nada- comentó Marta,- Gerardo ha puesto sus condiciones, la cita la planificará él y se reunirá previamente con Inés.

- Queeeee -casi doy un salto en la silla-en esas condiciones no contéis conmigo.

- Inés piénsalo un poco- dijo María con voz conciliadora- una cita de esas características requiere un conocimiento previo, es normal y además no tendría sentido que lo planificaramos nosotras.

- Esto ha ido demasiado lejos- confesé asustada

- Creo que te vendría bien saltarte tus propias normas, aunque sea una vez en tu vida- me sorprendió Lidia, esta vez muy seria.

-¿ Le doy tu teléfono para que te llame? me preguntó Marta.

Las tres me miraban expectantes

- Está bien, dáselo

ll

Marta estaba nerviosa cuando me contó la historia de Inés y el papel que esperaban que yo jugase en la cita. Muy sorprendente porque no creía haber dado la sensación de mis gustos por la dominación, aunque era cierto que me sentía atraído. Cuando empecé a hacer mas preguntas, me dijo que lo olvidase que ya les había dicho a sus amigas que yo no iba a estar dispuesto y que tenían un suplente. Decidí aceptar pero con condiciones, debía conocer previamente a Inés y, por supuesto, nadie iba a decirme cómo debía comportarme. Torció el morro pero al día siguiente, con el consentimiento de la interesada, me dio su teléfono

- Con muchísima discreción Gerardo,es mi amiga, tratala bien.

- Cuenta con ello

La llamé esa tarde, me presenté y le pregunté si podía hablar con libertad.

- Si, estoy sola- me comentó

- Debemos conocernos, estas libre mañana a las 7?

- Esto es una malísima idea

- Como quieras, creía que estabas interesada, lo dejamos no te preocupes

No colgué, esperé su respuesta

- ¿Porque es tan importante conocernos?

- Porque yo necesito conocer muchas cosas de ti y tu necesitas confiar en mí plenamente.

Entendía lo que pasaba por su cabeza, lo deseaba, pero estaba asustada, como un conejillo atrapado en una trampa. Debía dejarla, no presionarla, la decisión tenía que ser suya.

Finalmente aceptó, sin mucho entusiasmo en apariencia,y le propuse un pub alejado para tomar unas cervezas. Era un sitio con cierta intimidad y difícil de encontrarnos con alguien conocido.

Antes de entrar al pub le envié un selfie para que me reconociese al entrar y me senté en una mesa al fondo.

La vi cuando entró, miró nerviosa en todas las direcciones hasta que me vió, luego se acercó a mi. Me levanté para saludarla y le dí un beso en la mejilla. Creo que pensó que la iba a besar en la boca, de ahí si gesto de sorpresa.

- Te he citado aquí porque Marta me ha pedido mucha discreción y yo también quería pedirtela a ti.

- Por supuesto cuente conmigo y espero lo mismo de usted.

Me pareció un buen síntoma que no me tutease. Inés era alta, tenía un rostro agradable, se podría decir que era guapa, con una coleta que recogía una melena rubia y aunque su ropa no era en absoluto entallada, parecía que tenía un bonito cuerpo, quizás con un ligero sobrepeso. Llevaba un pantalón holgado y una chaqueta ligera sobre una blusa, hacía calor y no parecía con ganas de quitarse la chaqueta.

- ¿No tienes calor con la chaqueta?, igual estarías más cómoda sin ella.

- Ah si- me dijo con su primera sonrisa- y la dejó sobre el sofá.

Estaba claro que era muy tímida y que estaba terriblemente incómoda y nerviosa, por eso empecé despacio hablando de mi mismo, contando anécdotas y preguntándole a ella sobre su vida. Noté que se relajaba y hasta disfrutaba de la conversación. Era el momento de avanzar. Puse mis manos en sus muslos. Ella se sobresaltó y fue a retirarlas.

- No es una buena idea Inés.

Me miró y retiró sus manos, mirando nerviosa en el local.

- Tienes que confiar en mi, yo puedo hacer realidad tus fantasías.Cuéntame que te gusta

- Solo son fantasías

- Y que ocurre en esas fantasías

Mis manos recorrían sus muslos por encima del pantalón. Veía como se debatía internamente, al final se rindió, soltó aire y me dijo

- Me atan, me azotan y me follan- lo dijo bajito

- Y te corres con esa fantasía?

- Si, siempre es algo similar cuando me masturbo.

- Vamos a conocernos mas, mañana quedaremos igual que hoy, pero vendrás con un vestido corto y escotado, que se ciña a tu cuerpo.

- No tengo nada así

- Estoy seguro de que si, en cualquier caso debes venir de forma que yo pueda tocarte fácilmente en cualquier parte.

- No puedo hacer eso

- Yo te esperaré aquí, si quieres dejarlo esperaré un rato y luego me iré, no te volveré a llamar.

Me levanté y ella también, la agarré de la cintura y la bese con fuerza en la boca, ella no se retiró pero tampoco participó.

- Voy a volver a besarte y quiero que abras la boca para que pueda meterte la lengua. Lo has entendido??

No le salía la voz y movió la cabeza en señal de asentimiento. Agarré su nuca y la besé intensamente, ella abrió la boca esta vez, incluso al final también su lengua se unió al beso.

Al día siguiente no estaba nada seguro de que fuese a venir, pedí mi cerveza y me coloqué en el sofá de la misma esquina del día anterior. Pasaban unos minutos de la hora y ya estaba convencido de que no vendría, cuando entró. Estaba muy diferente del día anterior, llevaba un ceñido vestido negro, con vuelo y por encima de la rodilla, tenía un escote en pico que dejaba ver parte de unas magníficas tetas. Me buscó en el rincón del día anterior y se acercó, parecía tensa,cuando me vio. Me levanté y cuando llegó la agarré y le planté un beso en la boca mientras ponía mi mano en su culo Fue un gran momento y me la puso bien dura. Cuando nos separamos, la invité a sentarse.

- Si quieres hacerlo tendrás que luchar contra ti misma porque habrá cosas que te costará mucho hacer. No pienso ponértelo fácil y no voy a aceptar negativas. Lo entiendes?. Estás decidida?

- Lo estoy y se que me va a resultar muy difícil.

Puse mis manos en sus rodillas desnudas, ella bajó la vista, le abrí las piernas y subí ligeramente la falda. No se opuso a pesar de que miraba nerviosa alrededor. Una nueva vuelta de tuerca.

Tenía unas piernas bonitas y el tacto de sus muslos me la puso dura de inmediato. Parecía un cervatillo asustado y yo era el depredador.

- Quítate las bragas

Se asustó, no contaba con eso

- ¿Aquí? ¿Ahora?

- Si vas a discutir todo lo que te mando mejor lo dejamos ahora.

Miró a todas partes, se levantó ligeramente y se las bajó, luego se sentó y las sacó por los pies, todo eso sin dejar de mirar nerviosa. Las tenía en la mano

- Damelas

Me las dió discretamente, pero yo las abrí y las inspeccioné, las pasé por la nariz y las olfatee. Luego las guardé en mi bolsillo

- Huelen a perra cachonda

Un señor mayor en la barra, parecía un ejecutivo gordo, no perdía detalle.

- El señor de la barra está disfrutando- la dije. Ella le miró y bajó los ojos asustada.

- Quiero que abras las piernas y te levantes la falda.

Me miró suplicante, pero yo esperé

- Hazlo, le dije finalmente

Inés abrió un poco mas las piernas y levantó ligeramente la falda. El gordo no podía ver nada, porque estaba oscuro, pero sabía que estaba desnuda por debajo y hoy se iría a casa con un buen calentón.

Ines estaba preciosa, con las piernas abiertas la falda levantada y la cara asustada Metí mi mano por la cara interior de los muslos muy lentamente, mientras la miraba, la suavidad de su piel y su cara, entre el miedo y la excitación, me la ponía muy dura. Cuando me acercaba a su coño su boca se abrió anticipando el momento. La acaricié despacio pasando mis dedos por su húmeda hendidura, introduciendo uno superficialmente, provocándole un silencioso gemido.

- Estás muy cachonda Inés

- Si señor, lo siento

- Me encanta sentirte así

Estaba entregada, quise dar un paso mas y llamé al gordo de la barra.

- ¿Quieres sentarte con nosotros?- le pregunté haciéndole sitio a mi lado. Se sentó cohibido.

- ¿Te apetece tocarla?

Inés estaba luchando en su interior, entre el deseo de seguir adelante y su conciencia que le pedía marcharse de inmediato. El gordo me miró con lujuria y meneó su cabeza asintiendo.

- Pon tus manos en sus rodillas.

Inés cerró ligeramente sus piernas pero lo permitió.

- Abre mas las piernas Inés - le ordené imperativamente pero sin levantar la voz.

Cuando las abrió un poco mas, me dirigí al gordo

- Sube lentamente las manos. Disfruta de su tacto.

El gordo se agachó un poco, para tener mejor acceso y fue subiendo sus manos por entre los muslos de Inés, hasta llegar a su encharcado coño.

- Acariciala, pasa los dedos por su raja

De repente Inés soltó un sonoro gemido y se puso una mano en la boca. El gordo le hacía un buen trabajo y Inés se estaba conteniendo como podía.

- Metele los dedos

Inés ya no podía permanecer quieta, estaba al limite.

- Córrete Inés

En ese momento vi como temblaba, como apretaba su boca para no gritar, como cerraba sus piernas. Fue un orgasmo silencioso, pero el mas bello que había visto nunca.

- Es suficiente, retira las manos- ordené al gordo. Lo hizo lentamente.

- Gracias, déjanos solos por favor- el gordo asintió y se levantó, dándonos las gracias antes de irse.

Puse mis manos en las rodillas de Inés.

- Estoy muy orgulloso de ti Inés, lo has hecho muy bien.

- Gracias

- ¿Cuándo estás disponible?

- Cuando desee, mi marido está fuera toda la semana

-¿ Entonces mañana seras mía, Inés?

- Estoy a su disposición.

Quedamos para el día siguiente y me despedí de ella con un intenso beso que esta vez si, ella correspondió intensamente.

III

Fui a mi casa recordando todo lo que había pasado esa tarde No me reconocía, me había portado como una puta, pero había gozado mas que en toda mi vida. Tumbada desnuda en la cama, recordaba las sensaciones cuando esa mano sudorosa de ese gordo desconocido, recorría mis piernas, escalando hasta mi desnudo coño, la tremenda excitación que me recorrió cuando sus dedos me exploraban, mientras Gerardo me miraba fijamente. Contenía como podía el volcán de sensaciones que era mi cuerpo cuando Gerardo dió la orden: " Córrete". Mi cuerpo se liberó de sus ataduras y estallé en el mas intenso orgasmo que recordaba, mientras luchaba por no gritar, por disimular la explosión. Recordando la experiencia en la intimidad de mi casa, sola y desnuda en la cama, con mis dedos chapoteando en mi coño, me corrí sin contener mis gritos.

Mañana era el día y no lo iba a hacer obligada por el juego ideado por mis amigas, ya no era una obligación, ahora era un intenso deseo, la necesidad de sentirme viva, el despertar de una perra.