Mi querida Profesora de Francés
Ella vino a traducir un texto, pero él tenía otra lección preparada. Entre mallas ajustadas y miradas cómplices, la frontera entre el aula y el placer se desdibuja. Esta noche, la clase no termina hasta que ambos hayan aprendido el idioma del deseo.
Mi Profesora de Francés
Desde que la conocí en la Escuela de Idiomas supe que había algo entre los dos que hacía que nos entendiésemos. Ella es una mujer de unos 40 años, morena, pelo corto, 1.65 cm de estatura y un buen culito apretado, en fin físicamente normal pero su inteligencia se convierte en el mejor de sus atractivos. Nos conocimos cuando yo era estudiante de segundo curso con mi mujer y algún tiempo después iniciamos una relación de amistad que duraría bastante tiempo.
Un día habíamos ido mi mujer y yo hasta su casa a cenar y después de la cena comenté lo mal que me sentía últimamente debido al stress del trabajo, a lo que ella respondió que lo que yo necesitaba era una sesión de relajación. Entre risas y bromas ella se ofreció a hacerme una demostración de las bondades terapéuticas de ese tipo de sesiones. Su marido acompañó a mi mujer al piso de arriba para dejarnos en silencio.
Ella me pidió que me acostase en la alfombra y me concentrase en el seguimiento estricto de sus instrucciones. Me ordenó con suavidad que me relajase y apagando la luz me dijo que cerrase los ojos. Empezó a recorrer con la suavidad de sus expertos dedos todo mi cuerpo y eso hizo que se disparase mi imaginación sobre lo que estaba a punto de suceder. De repente sentí su aliento sobre mis labios y pensé que había llegado el momento. Me la imaginaba desnuda sobre mi enseñándome otro tipo de "francés". Ella tuvo que darse cuenta de mi exitación por el bulto de mi entrepierna y debió pensar que ya habíamos llegado bastante lejos aquella noche, además su marido y mi mujer estaban sólo unos escalones más arriba. Aquella noche follé como un loco con mi mujer pensando en ella.
A mi querida profesora le gusta practicar algo de deporte para mantenerse en forma, ya sabes salir a correr por el Paseo Marítimo, andar un poco en bicicleta,... Por aquella época yo trabajaba por las mañanas en el despacho que tenía en casa. Una mañana recibí una llamada suya diciéndome que, de paso que iba a salir en bicicleta, se iba a acercar por casa para traducir un texto que le había encargado mi mujer.
En seguida me di cuenta que aquella era la oportunidad para recibir una auténtica lección de Francés de mi querida profesora. Decidí vestirme para la ocasión y me puse unas mallas azules sin ropa interior que dejaban bien claro cuáles eran mis intenciones al dibujar fielmente mi abultado paquete y, como complemento, una ajustada camiseta.
Ella se presentó ataviada con un femenino mono ciclista que destacaba sus formas femeninas. La hice pasar hasta el ordenador. No quitaba ojo a mi entrepierna que iba tomando valores crecientes haciendo adivinar el tamaño que tendría aquella polla en pleno estado de excitación. Me acerque a ella para indicarle cuál era el archivo que debía traducir y, en una certera maniobra de aproximación, dejé descansar mi paquete sobre su brazo desnudo provocando en ella un escalofrío que hizo que sus pezones se pudiesen duros marcándose claramente en su mono de lycra y evidenciando la ausencia de sujetador. Estaba claro a qué habia venido.
Pensé que lo mejor sería darle un respiro y le dije que me ducharía mientras ella acababa la traducción. Cuando ya me estaba secando me llamó porqué había algo que no entendía bien y acudí con una toalla a la cintura que apenas tapaba mis atributos. Ella dejó caer su lápiz y al recogérselo le dejé una visión panorámica de mi culo que le impulsó a tirar de la toalla dejándome ante ella completamente desnudo. Mi miembro colgaba enseñándole el capullo de forma tentadora. Ella alargó la mano agarrándolo con suavidad mientras decía:
Te voy a dar una buena clase de Francés
Diciendo esto se metió suavemente mi polla en su boca empezando una mamada espectacular. Estaba claro que sabía lo que hacia, era una auténctica profesional. Empezó lamiéndome mis afeitados huevos para seguidamente recorrer los muchos centímetros de mi polla que a estas alturas se encontraba en completo estado de erección. La habilidad de su lengua y el espectáculo que se brindaba ante mis ojos hizo me corriese en su boca rápidamente, circunstancia ésta que aprovechó para tragarse toda mi leche sin rechistar. Aquello no había hecho nada más que empezar. Era el momento de devolver a aquella diosa del sexo una parte del maravilloso placer que acababa de entregarme.
La desnudé con delicadeza y comencé a recorrer con mi lengua su cuerpo deteniéndome en sus pechos endureciendo sus pezones hasta ponerlos como piedras arrancando de ella gemidos y suspiros de placer. Bajé lentamente recreándome en cada rincón de su cuerpo hasta llegar a su jugoso coñito depilado que me ofreció abriendo bien sus piernas. Le introduje mi lengua rozando su abultado clítoris arrancándole un sonoro orgasmo que me inhundó con sus salados jugos. Continué mi labor encadenánole otros tres orgasmos seguidos que le hicieron implorar que la follara de una vez. Para entonces mi polla se había recuperado plenamente por lo que me dispuse a ensartarla hasta el fondo. Al verme acercar con mi tarugo enhiesto me rogó suavidad para no hacerle daño, pero ya no era momento de juegos preliminares por lo que de un certero embite se la clavé hasta que mis huevos apaludieron contra su inflamado chochito arrancándole un grito que debieron oir todos los vecinos.
A partir de ese momento empezó a moverse pidiendo que me corriese de una vez porque estaba a punto de desmayarse. No era esa mi intención todavía y cuando dijo que ya no podía correrse más le respondí que eso ya lo veríamos, la agarré de los pelos y, dándole la vuelta, la apoyé sobre la mesa. Trató de revolverse al percatarse que mis intenciones no eran otras que darle un buen meneo en ese culito precioso, me rogó que no lo hiera que le partiría en dos con semejante polla.
Había llegado el momento de devolverle la clase de idiomas y así como ella me habia dado una buena clase de francés yo estaba dispuesto a regalarle una de griego. Le pegué un buen azote para tranquilizarla y lo único que conseguí fue excitarla más. Me agaché para obsequiarle una buena lamida que hizo que su pequeño agujero empezase a dilatar, momento que aproveché para apoyar la cabeza de mi glande en la puerta de su preciosa gruta y empezar a empujar sin prisa dejando que su hoyito se fuese adaptando al generoso tamaño de su nuevo inquilino. Ella empezó a culear tragándose poco a poco mi caliente rabo. Gemía diciendo que se la metiera toda hasta el fondo, que la follara y le diera fuerte por el culo. Le complací hasta que se corrió apretándome la polla y provocando que mi leche entrase como un misil hasta el fondo de sus entrañas. Nos quedamos un rato abrazados en esa posición, luego nos duchamos juntos y decidimos que, sin duda, había sido una buena forma de comenzar nuestro particular curso escolar.
Querida Profesora si te has reconocido en este relato házmelo saber y sabré recompensarte por todo este tiempo de abstinencia. [email protected]
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