Como convencerte de aquello que deseas
Ella espera con el corazón acelerado, lista para entregarse por completo. Pero cuando él le venda los ojos, el juego deja de ser solo placer para convertirse en sumisión absoluta. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar?
Me había avisado de su llegada a la estación del AVE, me vestí rapidamente con una fina camisa blanca suya, que me tapaba justo por debajo de las nalgas, mi ropa interior tan sólo consistía en unas diminutas braguitas blancas, no llevaba sujetador y mis pezones se entreveían a través de la camisa, me calcé unos zapatos negors de tacon. Pasada una media hora, abrió la puerta y mi corazón se disparó, caminé hacia la entrada mientras respiraba hondo, frente a mi, fuí incapaz de articular palabra, él tampoco habló, pero daba igual, sobraban las palabras, nuestras hambrientas miradas lo decían todo. Dió un paso al frente, llevó una mano hacia mi mejilla, humedecí mis labios con la punta de la lengua y entonces sentí sus labios, suaves, calientes, húmedos, fue un beso lento, como un mar en calma previo a la tormenta. Lentamente las lenguas se fueron entrelazando, cada vez más apasionadas... Nuestras respiraciones se iban acelerando y decidí tomar la iniciativa, llevé mis manos hacia su chaqueta y logré quitársela hábilmente. Una de sus manos pasó por debajo de la camisa, el roce de sus dedos por la fina tela de mis bragas, hizo apretarme contra él, la bragueta de sus pantalones entró en contacto con mi cuerpo, lo noté, me separé ligeramente y una sonrisa se dibujó en sus labios mientras yo le decía.
- Espero que esto sea por mí.
Le agarré por el cinturón y le arrastré por el pasillo hasta llegar al salón. Con los acordes de una sintónia de jazz, es fan de esta música, comenzé a desnudarle, primero la hebilla del pantalón, seguí por los botones de la camisa todo ello sin dejar de mirarle. Cuando solo quedaban los calzoncillos, recorrí con dos dedos el contorno de su miembro hinchado. Me gustaba acariciarsela así, moldear su forma y sentir como se le endurecía, bajé la cinta elástica de los calzoncillos y salió como un resorte, sin dejar de mirarle se la cogí con una mano.
- La tienes ardiendo -, dije sonriendo, mientras le subía y bajaba la mano por ella.
- Toda para tí.
Le quité definitivamente los calzoncillos, le senté en una de las sillas del salón y en menos de lo que pudo percatarse, me subí a horcajadas sobre él. Con una mano separé mi braguita, y sin dejar de mirarle, yo misma guié su polla a la entrada del coño dejando caer todo mi peso para introduciendomela totalmente. Nuestras caras se quedaron casi a la misma altura, su lengua empezó a buscar la mía como si quisiera comerme, a la vez que movía sus caderas rozándose contra mí. Cogió mi cabeza con fuerza pegando su frente a la mía, sentía su aliento en la cara, empecé a sacar la polla lentamente y miré hacia abajo,ví como su polla volvía a sumergirse de nuevo, los músculos de mi vagina la aprisionaban, un juego de aflojar y presionar a mi antojo.
- Vamos, juega conmigo -, le dije.
Me desabotonó la camisa, cogió uno de mis pechos con una mano y lo estrujó y yo, encantada, permití que lo hiciera, sus labios atraparon los rosados pezones, su lengua recorrió su rugosa piel, estaban duros y firmes lo que facilitó que los mordisquease, me estremecí más de placer que de dolor. su miembro entraba y salía en mi coño al compás que yo seguía marcando. A cada embestida mis gemidos se hacían más sonoros, con sus manos me separaba las nalgas, a cada una de mis embestida veía como el placer se reflejaba en su mirada, me frotaba frenéticamente contra su pelvis hasta que inevitablemente me llegó el orgasmo, me mantuve quieta, hasta que una mano me golpeó las nalgas, esto me hizo volver en sí y me derrumbé sobre él, sentada sobre sus piernas mientras mi respiración se acompasaba. Salí de él, me incorporé y mirandole fijamente, con un dedo dibujé eses desde su pubis hasta llegar al glande.
-Te gusta que te haga esto, ¿verdad?. Me sonrie y me ordena.
- Ponte en cuclillas.
Me senté sobre los talones y él la acercó a mis labios que se abríeron para recibirla, durante unos momentos me entretuve en jugar con la lengua en el glande, y sin que mis ojos perdiesen de vista los suyos, me la introduje llegando hasta su base, para después, volver a subir hasta liberarla completamente humedecida. Su excitación estaba creciendo, aumenté ligeramente el ritmo de mi mano agarrandosela firmemente por la base mientras me introducía el resto en la boca, masturbándole y mamándosela a la vez. Fué el tiempo justo para no correrse. Se apartó mirandome, sin decir nada, con la mandíbula tensa, me estába provocando y, sin querer hacer un drama, dije:
- Vale lo asumo, quizas el otro día me pasé un poco.
- Sabes..., no me importa que seas una soñadora, pero ahora de momento eres mi mujer.
- Siii.... lo soy..., puedes disponer de mí ¡¡ Hazlo….ya!!
Salió por un momento y volvió con un pañuelo de seda negro lo bastante largo como para poder vendarme los ojos.
- Será más excitante -, dije aprobando la idea:
Sus ojos brillaban de morbo, y yo me mostré gustosa y expectante. Pensar en lo que me podría someter, me excitaba, estaba segura que aquel juego me llevaría al máximo placer. Ya con los ojos vendados, me indicó que terminase de desnudarme, llevaba aún la camisa desabrochada y las bragitas. Cogida de la mano me llevó a la habitación, de pie, hubo un tiempo de silencio, para despues
- Separa bien las piernas y sobate las tetas como lo que eres.
No me suponía ningún problema el adjetivo que él pensase en aquel momento, no perdí el tiempo. Tomé mis pechos por la base, acariciandome los pezones y frotando mis senos entre si. Sabía lo que estos movimiento le provocaba. Caliente, desesperada por ser atendida, una de mis manos bajó hacia mi sexo, pero mi recompensa fue un fuerte golpe entre las piernas, lancé un liguero chiilido...
- No te he dado permiso para acariciarte, alguna objeción.
Asumí mi condición, y centré mi atención en los pechos. Una de sus manos me abrió los labios intimos mientras con los dedos de la otra mano encontraban mi clítoris, que comenzó a manipular con energía. No estaba yo como para tener pensamientos racionales. Solo tenía consciencia para sentir las manipulaciones de esa mano, primero el índice, el dedo medio y se había sumado el hábil pulgar, que me estimulaba el clítoris en tanto los otros dos seguían entrando y saliendo dentro de mi mojadísimo coño. Me había inclinado hacia delante y de inmediato las convulsiones me preanunciaban el orgasmo y cuando éste llegó. Me escuché gritar, jadear, gemir roncamente como una golfa. Cuando me remitíeron los efectos, sacó los dedos y un nuevo golpe, pero en esta ocasión, el azote fué más fuerte.
- ¿Qué te pasa? Pensé que te gustaba.
- Me gusta...., pero ya… me duele.
- Déjame recordarte algo, tu misma as dicho que puedo disponer de tí.
- Siii...Pero.
- Relájate...cariño, ¿supongo que quieres continuar?
Hago el gesto de afirnación moviendo la cabeza y no perdió tiempo para colocarme de rodillas sobre la cama, el pecho contra las sabanas con el culo en pompa. Dijo lo mucho que le provocaba ver mi culo sonrosado, mientras me soltaba azotes en cada nalga con su mano. Me humedecí, cuando se tumba sobre mí refregandome su mienbro
por la espalda, agachándose haciendo círculos alrededor de las nalgas, sus manos se pasean por mi trasero y resoplo cuando el frescor de la crema dilatadora cae entre ellas,
sobre el orificio anal. Fuí encorvando la espalda hacia atrás, levantando al mismo tiempo el culo, mostrandole el deseo de ser penetrada.
- Te he traido un nuevo amigo.
Me lo paseaba lentamente por entre las nalgas, es un vibrador, tengo uno pero este sera diferente pensé, me hace pequeñas penetraciones en coño y ano, aumentando poco a poco la velocidad y cantidad de centímetros que introducía en ambos orificios, me llegaron jadeos pronunciados y temblores. El vibrador zumba y yo ya tengo el clítoris hinchado y palpitando, como me gusta. El placer me vuelve loca. Sigué jugando conmigo. El clímax está a punto de llegarme y cuando mi cuerpo se tensa, grito extasiada,
- ¡Cabrón!, ¡cabrón!, ¡Hijo de puta!.¡ Follame!.
Quitó el vibrador, se tumbó sobre mí y, mientras mi vagina se contraía con los espasmos del orgasmo, Sus manos me separaron las nalgas, y me penetró el culo sin contemplaciones. Chillé. Agarrandome por la cintura para impulsar su polla, siguió penetrándome durante un buen rato, con todas sus fuerzas. Me perdí, no pude pensar mas y, mi mente quedó en blanco, como un desvanecimiento, sus jadeos aumentaron a la vez con sus movimientos pelvicos, el alarido de Franc fué brutal y un calor inundó el interior de mi culo recorriendo todo mi cuerpo, a continuación exploté con un gran gemido de placer, perdí la noción del tiempo.
- Ahhhh, como me excitas cariño, pero que puta me he vuelto -. Le besé en la boca, mientras él acariciaba mi cabeza
- Cuentame que te pasa.
Le explique que no lo sabía exactamente, cada día tenía más deseos más ganas, deseaba más y más sexo, era una situación extraña lo que sentía. Me dí cuenta por las facciones de su cara que le estaban excitando mis comentarios, pues su polla empezaba a endezarse.
- Sabes me pone cachondo lo que me estás contando -, dijo con sonrisa perversa.
- Hemos visto porno por internet y es algo que nos ha excitado, pero nunca hemos tenido la oprtunidad de probarlo.
- ¿Cuando dices de probarlo te refieres a participar?.
- Estaría bien...¿No cres?.
Me inundó la boca con un beso calido y jugoso, me mordió los labios con deleite, volviéndome loca, se apretó contra mí rodeandome con brazos y piernas, me abracé a él con fuerza, se le había puesto dura de nuevo
- Eres increible. ¿Que le quieres hacer a tu puta esposa?.
- Dime lo que quieres, tu decides, no me importa.
- Quiero placer, ser una puta zorra, para el cabrón de mi marido.
- Caprichosa.
Se puso de rodillas delante mio y se pajeó para correrse en mi cara, le deje hacer estaba exahusta, aún soltó un par de corridas, despues hice lo que me pidió, me la coloqué en la boca para limpiarle los últimos restos. No comentamos nada más, nos dimos una ducha, exhustos y satisfechos los dos, nos dormimos muy relajados y felices de haber participado en un juego donde creo que ganamos los dos.
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