Xtories

Viaje a la ciudad de las diagonales (2)

Betty no espera preámbulos: entra en la farmacia y compra lo necesario para una noche sin límites. Entre gel íntimo, vaselina y la promesa de llenar su 'colita', la tensión se dispara en la habitación del hostel. No es solo sexo, es una lección de anatomía y paciencia donde el cuerpo manda más que las intenciones.

El Negro6.5K vistas8.9· 7 votos

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón.

Este relato bien podría encuadrarse en cualquiera de tres categorías: Sexo con maduras (por la edad de la protagonista), Sexo con maduros (por la mía) o bien Hetero general (por razones obvias).

Continuación de mi último viaje a la ciudad de La Plata y mi noche con Betty.

Tras un paseo por la ciudad, fuimos a cenar y volvimos al hostel. Pedimos solo mi llave y fuimos a la habitación.

Nada de preámbulos, cruzar la puerta y comenzar a comernos la boca fue una sola cosa. Nos liberamos de las ropas y fuimos por una ducha conjunta, caricias, manos indiscretas hundiéndose en lugares privados, estábamos casi desnudos cuando retomamos algo de cordura.

Alejo: una buena ducha, higiene profunda y cama a la brevedad, ya no somos chicos.

Betty: plan perfecto, mientras paseábamos entré en una farmacia y compré lo necesario para esta noche. Gel íntimo, forros y una buena dosis de lubricante para mi colita.

Alejo: no perdamos tiempo, son solo ocho horas de abstinencia antes de los estudios.

Pasaron apenas 10 minutos y ambos desnudos estábamos revolcándonos en la cama, caricias, besos y manos que iban y venían en ambas direcciones.

Betty: sé que te gusta chuparme la concha, pero también vas a tener que hidratarme el culo si querés acabar adentro.

Alejo: te pienso dar la mejor chupada de orto y concha que jamás tuviste.

Una cosa es proponer y otra llevar a cabo, se acomodó en la cama para recibir lengua en concha pero sin dejar espacio para llegar a su prieto culito.

Alejo: ponete en 4 mi amor, de esa forma voy a cumplir con tu pedido, levantá el orto y abrí las piernas.

Lo hizo, mientras sus manos abrían sus cachetes dejándome liberado el espacio para trabajar a conciencia y profundidad. El gel íntimo ayudó para lubricarla analmente mientras hundía uno de mis dedos y me lengua jugaba con sus labios vaginales.

Betty: me corro, por favor ponemela, lléname la concha que para el culo hay tiempo. Enterrala.

Apenas si pude enfundar la pija en un forro antes de meterla, ella se movía como si la vida le fuera en ello. Parecía absorberme y tirar de mi pija hacia su interior. Fueron 5 minutos gloriosos, la concha chorreando, mi dedo metido en su culo y el forro a rebalsar de leche.

Caí sobre ella, agotado pero feliz y ella sonreía mientras su concha palpitaba con mi pija reduciendo su tamaño en ella.

Betty: ufff… qué buena revolcada!! Hacía rato que no me chupaban tanto la concha, hasta dejarme al borde del orgasmo y ese dedo trabajando la cola… Hermoso.

Alejo: tenés una conchita muy sabrosa y jugosa, hasta de sabor agradable, nada fuerte.

Nos separamos y recostamos uno junto al otro. Había una sonrisa en nuestros labios, mientras las manos de ambos recorrían el cuerpo ajeno.

Betty: tengo ganas de más, pero tenemos que recuperarnos para que no sea algo que no podamos disfrutar. Te invito a una ducha

Alejo: vamos, prometo una ducha reconfortante y cariñosa, sin sexo, pero muy caliente.

Fuimos juntos al baño, templamos el agua y nos colocamos uno frente al otro. Tomé una esponja, la llené de jabón y comencé a recorrer su cuerpo de manera delicada, pasando por cada uno de sus rincones. La giré y llevando mis manos enjabonadas, masajeé su cuello mientras el agua ayudaba a relajar sus músculos.

Minutos más tarde fue su turno, inicio por la cara, bajando por los hombros, abdomen y se detuvo en mi ingle. Allí su trabajo fue suave, higienizando delicadamente cada centímetro de la herramienta que lentamente fue recuperando vida. Luego fue turno de mi espalda, devolviendo el mismo masaje que le había proporcionado.

Nos secamos mutuamente y para luego cubrir su cuerpo con un camisón suave y el mío con una remera algo larga, que no hacía necesario colocarnos ropa íntima. De la mano volvimos a la cama, nos cubrimos con una sábana y cara a cara charlamos durante un rato, intercalando pequeños besos y caricias.

Producto de esa tranquilidad nos dormimos un rato. Apenas pasada la medianoche, sentí como su mano comenzaba a manipular mi pija, tratando de despertarla completamente. Lentamente fue tomando rigidez y tamaño, aprovechó la situación para girarse en la cama y levantando apenas su camisón, la fue acomodando entre sus piernas. Hacía pequeños movimientos para que resbalara desde su culito hasta rozar sus labios ya húmedos.

Betty: despertate dormilón, ya es hora de comenzar a trabajar mi cola.

Estiró una de sus manos hasta la mesa de noche, tomó de ella el pote de la vaselina y después de abrirlo, pasó un dedo por el contenido y abriendo sus piernas lo depositó en la entrada de su culito.

Betty: tranquilo, comenzá a frotarme para que mi cola se vaya dilatando.

Alejo: Pasame el pote, así agrego más a mi pija y resbalará con más facilidad.

Betty: solo un favor, quiero que mi cola vuelva abrirse a fuerza de pija, sin dedos.

Así comenzamos la penetración, muy lentamente. Ella ayudando con movimientos de apertura y yo tratando de ingresar cuando esos movimientos se producían. Unos cinco minutos de trabajo solo habían permitido ingresar unos centímetros.

Betty: ya hay dilatación, me voy a poner en 4, parando mi cola para que puedas completar la entrada.

Ubicó su cara contra la almohada, se acodó en la cama y arrodillándose, levantó ese culito. Me ayudó abriendo con sus manos los cachetes, dejándolo totalmente expuesto, se veía ligeramente abierto.

Betty: es tiempo, apoya la punta y vamos a empujar para que entre totalmente.

Apunté al pequeño hoyo y empecé a empujar hacia adelante, mientras ella hacia el movimiento contrario. Lentamente fue ingresando en su cuerpo, cada tanto se detenía como amoldándose, para luego seguir el tratamiento.

Alejo; necesito más lubricante, está casi listo pero no vamos a poder movernos.

El gel íntimo ayudó más que la vaselina, al cabo de 3 o 4 movimientos más ya habían entrado completamente. Unos segundos de descanso y fue ella quien comenzó el movimiento de mete-saca, primero hasta la mitad y cuando sus gemidos empezaban a brotar de su boca, ya casi era completo el entrar y salir. Soltó sus cachetes y dirigió sus manos a la conchita para jugar con ella mientras yo seguía enfocado en perforar esa cola a ritmo continuo.

Los gemidos eran casi bramidos cuando su cuerpo se tensó, su culito hizo fuerza por cerrarse con mi pija dentro, haciéndome explotar en sus entrañas. Un orgasmo brutal, compartido.

Sus piernas cedieron y cayó sobre la cama con mi cuerpo encima. Sentía latir su culito y los chorros de mi leche completar su desagote.

Betty: no lo saques, déjalo que salga solo cuando ya no tenga fuerza.

La reducción demoró unos 5 minutos. Me corrí hacia un costado y pude observar el manchón que había dejado su corrida vaginal a base de manos y como escurría desde su cola la leche que había dejado dentro de ella.

Betty: gocé como hacía tiempo no lo hacía. Gracias por todo esto.

Alejo: me encantó lo bien que la pasamos, tu habilidad para coger por la cola y lo brutal de tu orgasmo.

Betty: de haber cogido de manera vaginal, estarías empapado. Soy así cuando disfruto al máximo. Una pena que mis estudios no lo hayan permitido.

Sin bañarnos nuevamente, nos dormimos abrazados, hasta que el despertador nos obligó a abrir los ojos. Semidesnudos, era una tentación atacarla, pero rápidamente se separó.

Betty: no podemos, mi estudio lo impide. Tratemos de convencer a la encargada de usar una de las habitaciones hasta las 18 y ahí si, terminados los estudios nos damos un último momento de sexo a full.

Nos levantamos, nos duchamos por separado, ella fue a su habitación a vestirse para concurrir a la clínica mientras yo hacía lo propio en la mía.

Nos juntamos en el hall de entrada, solicitamos la excepción para quedarnos hasta el atardecer.

Encargada: lamentablemente no puedo hacerlo y menos para que vuelvan a encamarse como lo hicieron anoche, hubo quejas. Les recomiendo un hotel alojamiento a 2 cuadras de la terminal: hoy martes tiene turnos dobles y triples.

Nos miramos y esbozamos una sonrisa, jamás habíamos pensado que pudiésemos molestar a otros pasajeros, pero era evidente que en nuestra lucha cuerpo a cuerpo, habíamos perdido noción de nuestros sonidos.

Agradecimos igualmente la gestión, retiramos nuestras pertenencias y nos fuimos a las clínicas. Salimos bastante tarde y no tuvimos tiempo para ir a completar lo que habíamos programado.

A las 22 horas, subimos al transporte que nos traería de vuelta. Éramos solo 8 pasajeros al salir, nos sentamos juntos al fondo y cuando las luces se apagaron, nos dormimos abrazados, cubiertos por una pequeña frazada. Pudimos haber intentado algo más, pero como dije al principio del relato, cuando uno llega a cierta edad, uno propone y el cuerpo dispone.

Nos despertamos muy cerca de llegar a nuestra ciudad, nos dimos una buena sesión de besos y caricias y nos comprometimos en mantener aquello que nos dijimos después de la primera sesión de sexo: lo que sucede en un viaje, queda en el viaje.

Nos duró poco, porque el sábado pasado, agotamos dos turnos en un albergue transitorio para completar la sesión inconclusa. Pero no será otra historia, ya que no tuvo más que lo que acaban de leer en las dos entregas de esta historia.

Espero comentarios de esta historia 100% real, y agradezco a quienes se tomaron el trabajo de hacerme llegar sus comentarios via mail o a través de los comentarios en la web.

Saludos a todos.

Alejo Sallago – [email protected]

Continúa en