El camino secundario de la mama de Lucas (01)
La tormenta los atrapó, pero fue la soledad de la cabaña lo que encendió la llama. Entre el rugido del trueno y el calor de la piel, Julieta descubrió que no necesitaba a un marido para sentirse viva, solo a un hombre capaz de romperla. Pero con un niño en la casa, el secreto tiene un precio: inventar mentiras tan absurdas como el placer vivido.
Julieta había quedado viuda antes de tiempo, o más bien, antes de casarse. Su novio, un cirujano de renombre, la dejó embarazada y se fue al otro mundo en un congreso médico en Brasil. Un tiroteo frente a un banco en Río de Janeiro, una bala perdida en medio del caos urbano. Ella, con el vientre apenas hinchado, lloró en Buenos Aires mientras organizaba el funeral. Lucas nació meses después, un pibe de ojos curiosos que nunca conoció a su viejo. Julieta: morocha de pelo negro largo y lacio, ojos verdes intensos, tetas grandes y firmes, cintura marcada y un culo enorme, redondo, parado y carnoso, de esos que rebotan al caminar. Bien sabia ella que a su paso provocaba sueños y erecciones. piden verga a gritos. Con el dinero del seguro que premonitoriamente el habia contratado y designado a ella como beneficiaria, mas los importantes ahorros que el marido tenia depositados y que luego de varias instancias legales pudo usufructuar, luego de demostrar una relacion de hecho y la paternidad del hijo y demas leguyadas, Puso un Gym en el Barrio porteño de Belgrano. Alli ella podia ejercitar su trabajo placentero: profesora de yoga, manteniendo el cuerpo tonificado, las tetas firmes y el culo redondo que volvía locos a los hombres en el gimnasio.
Eran habituales estos viajes, en su VW Amarok V6 Extreme con Lucas ya de ocho años y medio. manejaba bien pero con poca dedicacion. Estas vacaciones elgieron Iguazú, las cataratas, el paraíso selvático. Pero el destino es caprichoso y ella imprudente. Tomaron un camino secundario “para conocer algo nuevo” dijo, y de golpe, el cielo se abrió en una tormenta escandalosa. Truenos que retumbaban como bombas, lluvia que azotaba el auto como latigazos. El camino se volvió un pantano en minutos, las ruedas se hundieron en el barro. Julieta frenaba y era peor, aceleraba y era peor. Ya era tarde: el Amarok, quedó empantanado hasta los ejes. Lucas, en el asiento trasero, miró a su mamá con cara de susto. "Mamá, ¿qué pasa?", preguntó, mientras el agua golpeaba el techo como un tambor loco.
Pasaron minutos eternos. Julieta intentaba llamar por celular, pero no había señal en esa selva del orto. De repente, luces a lo lejos. Un todoterreno blindado, de esos preparados para el apocalipsis, con ruedas gigantes y faros que cortaban la lluvia como cuchillos. Se acercó rugiendo, y de él bajó un tipo que parecía sacado de una película de acción. Alto, musculoso, brazos como troncos, pecho ancho bajo una camiseta empapada que se pegaba a sus pectorales.pectorales un pantalon jeans que parecia que marcaba algo mas que ella se nego a imaginar inmediatamente, un sombrero tejano marron claro, Barba de tres días, ojos verdes penetrantes y una sonrisa que decía "tranquila, yo me encargo ". "¡Eh, ¿necesitan ayuda?! Soy Julian ", gritó por sobre el estruendo.
“No puedo salir de esta mierda de zanja” grito Julita enmbravecida y acelero.
Tranquila,! Tranquila que entra mas en el bbarro.Julian observo un rato miro el auto. Ahora no se puede hacer nada, aunque podria remolcarte, correriamos el riego de perder el control de los vehiculos y volcar sobre el campo que esta debajo del terraplen, le ofrezco que vengan a mi casa, pasen la noche y mañana vemos.
"Suban a mi camioneta, los llevo a mi casa. Vivo a 7 kms, en un chalet al borde del parque. Julieta dudó unos segundos, ero si habia intenciones ocultas él sabia mover las fichas. “claro que tiene la opcion de dormir aquí bajo la tormenta” en ese exacto momento como en una confabulación perfectamente organizada un relampago golpeando el campo a pocos centenares de metros desperto el rugido terrorifico del trueno.. “ahh vamos lucas. Vamos ya mismo yaaa” no habia mucho que pensar: entre un tipo apuesto, de trato agradable, olíendo a hombre de verdad, a sudor limpio y aventura… y ese bul… no Julieta se nego a dejar entrar esa imagen del bulto en su mente. Pero entre el y el trueno.. todas hubieramos elegido lo mismo. Lucas, emocionado, ya estaba trepando al asiento. Llegaron a la cabaña: madera rústica, chimenea encendida, un refugio en medio de la nada. Julian les dio toallas, ropa seca, y preparó mate y sandwiches. Charlaron: él era guardaparque, ex–bombero, soltero, con historias de selva y animales salvajes. Julieta sintió un cosquilleo en la concha, hacía años que no tenía un hombre así cerca. Lucas, cansado, se durmió en el sofá.
Esa noche, con la tormenta aún rugiendo afuera, Julian y Julieta se miraron en la cocina. Él se acercó, la tomó por la cintura. "Sos hermosa, che. Hace rato que no veo una mujer como vos". Ella no resistió. Se besaron con hambre, lenguas enredadas, manos explorando. Julian la levantó como si nada y la llevó al dormitorio. La tiró en la cama, le arrancó la ropa. "Mirá qué tetas, qué concha jugosa tenés". Julieta gimió, ya mojada. Él se sacó la remera, revelando abdominales marcados, y luego los pantalones. Su pija, dura como una verga de acero, saltó libre: gruesa, venosa, cabezona, lista para romper todo.
La cogió de entrada, sin preámbulos. La puso en cuatro, le abrió las nalgas y le metió la verga en la concha de un empujón. "¡Ah, sí, cogeme fuerte, Julian!", gritó ella, arqueando la espalda. Él embestía como un animal, bolas chocando contra su culo, el sonido de carne contra carne mezclado con la lluvia. La concha de Julieta chorreaba, lubricando cada entrada. "Qué concha apretada, puta, te voy a romper". La volteó, le chupó las tetas, mordiendo los pezones duros, mientras le metía dedos en el culo para aflojarlo. Ella jadeaba, "Dame más, meteme esa pija por todos lados".
Julian la levantó, la empaló de pie contra la pared. La verga entraba y salía, frotando el clítoris hinchado. Julieta arañaba su espalda, "¡Cogeme el culo, rompemelo!". Él escupió en su mano, lubricó el ano y empujó. La cabezota entró despacio, luego todo. "¡Ay, me duele pero me encanta, aflojame el orto a verga limpia!". Julian la nalgueó fuerte, palmadas que dejaban marcas rojas en las nalgas blancas. "Tomá, perra, te lo aflojo a cachetazos". Embestía salvaje, el culo dilatado tragando la pija entera. Julieta gritaba de placer, orgasmo tras orgasmo, la concha goteando jugos al piso.
La puso de rodillas, le metió la verga en la boca. "Chupala, mamona, hasta la garganta". Ella tragó, gargantas profundas, saliva chorreando. Julian la cogía la cara como una concha, tirando del pelo. Luego la tumbó de espaldas, piernas abiertas, y la penetró alternando: concha, culo, concha. "Te voy a llenar de leche, puta". Aceleró, gruñendo, y explotó dentro del culo, semen caliente inundando todo. Julieta se corrió una última vez, temblando, el cuerpo exhausto pero satisfecho.
Se besaron entre los efluvios relantes a semen expulsados concha amable y enjuguecida y culo abierto y dolorido
A la mañana siguiente, el sol entraba por la ventana. Julian preparaba desayuno: café, facturas, jugo. Lucas se despertó, frotándose los ojos, y se sentó a la mesa con su mamá. El clima era divertido, risueño, como si nada hubiera pasado. Pero el pibe, inocente pero curioso, miró a Julieta con picardía. "Mamá, anoche escuché cosas raras en ese cuarto señalando el cuarto de julian. No entendí nada, pero sonaban graciosas. ¿Me explicás?"
Julieta se sonrojó un poco, pero sonrió, mirando de reojo a Julian que disimulaba una carcajada. "Bueno, dale, preguntá, mi amor".
"Primero, ¿por qué gritabas 'cogeme fuerte'? ¿Estabas jugando a algo con Julian?"
Julieta rió. "Era un juego de grandes, como lucha libre, pero sin lastimarse".
"Después oí 'rompeme el culo'. ¿Se te rompió algo en el baño o qué?"
"Ehh, no, era que Julian me ayudaba a... estirar músculos. Yoga nocturno".
"Y 'aflojame el orto a nalgadas'. ¿Te dolía la panza y te daba palmadas?"
Julian tosió para no reírse. Julieta: "Sí, algo así, masajes para relajar".
"Escuché 'meteme la pija por todos lados'. ¿Julian te prestaba un juguete o algo?"
"Ah, era un chiste, mi vida. Hablábamos de herramientas para arreglar el auto".
"Luego 'chupala hasta la garganta'. ¿Estaban comiendo helado raro?"
Julieta se atragantó con el café. "Ehh, sí, un caramelo grande que se chupaba".
"Y al final 'llename de leche'. ¿Julian te dio un vaso de leche caliente?"
"Sí, exacto, para dormir mejor. Cosas de adultos, Lucas. Ahora comé tu desayuno".
Todos rieron, el ambiente liviano, mientras la tormenta de anoche quedaba en el recuerdo, y quizás, en una promesa de más noches así.
Primera de dos partes.
Relatos similares
- Hetero: General
Mi vecina de al lado
La vecina no solo te mira, te busca. Y cuando la puerta se cierra, las excusas se desvanecen.
Comparte:Bdsm suaveErotismo romanticoDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Mis ardientes vecinas
La luz de la vecina se enciende y el visillo se aparta. Él sabe que no debería mirar, pero el calor de la noche y la tentación son demasiado fuertes.
Comparte:Relacion medico pacienteBdsm suaveDeseo reprimido
- Hetero: General
Los vidrios y algo más
El semáforo se pone en rojo y el tiempo se detiene. Un joven desconocido se acerca a su ventanilla con una sonrisa peligrosa y una promesa que no…
Comparte:Bdsm suaveErotismo romanticoDeseo reprimido
- Hetero: General
El verano
La arena, el sol y la soledad de septiembre son el telón perfecto para un encuentro inesperado.
Comparte:Erotismo romanticoBdsm suaveDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Rompiendo los esquemas
Conocieronse en la oscuridad de un chat, donde la edad era solo un número y el deseo, una promesa. Ella dudó en el mundo real, pero él no se rindió.
Comparte:Relacion medico pacienteBdsm suaveDeseo reprimido
- Hetero: General
Vicios (3)
Ella tenía ocho años más que él, pero su mirada lo delataba todo. En la oscuridad del bunker, las barreras sociales se desmoronaron y solo quedó el…
Comparte:Bdsm suaveRelacion medico pacienteDeseo reprimido